Thursday, October 10, 2013

In Memoriam: LINDSAY COOPER, ¡todo el cielo para ella!


HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy evocamos la memoria de la maestra Lindsay Cooper, fallecida el pasado 18 de setiembre a la edad de 62 años tras largos de años de postración como resultado de una esclerosis múltiple que le empezó a afectar desde fines de los 70s. Haciendo uso de los debidos tratamientos y tomando ventaja de la lentitud con que este mal se apoderaba gradualmente de sus funciones corporales, la genial Lindsay se dio abasto para seguir bastante activa actuando y componiendo material diverso en las áreas del rock experimental y la cámara de vanguardia, tanto en proyecto solistas como grupales, así como colaborando para otros (por citar unos pocos ejemplos, NATIONAL HEALTH durante los últimos meses de estadía de Dave Stewart por ejemplo, el primer álbum solista de STEVE HILLAGE “Fish Rising”, y discos de NEWS FROM BABEL y ART BEARS junto con algunos que fueron sus colegas en HENRY COW). Recién a fines de los 90s se vio totalmente incapacitada de realizar este tipo de actividades físicas, pero vista en perspectiva, su trayectoria es ampliamente valiosa para la vanguardia progresiva. Nada mal para una muchacha graduada de la Royal College of Music y que estuvo varios años como miembro de la Royal Academy of Music. Incluso desde fines de los 70s, nunca dejó de explorar nuevos recursos instrumentales, ampliando sus estudios de flauta y saxofón soprano, además de volver al piano, su primer instrumento de interés. Pero ella era algo más que una erudita académica, pues fue durante su periplo entre 1969 y 1971 en Nueva York que empezó a familiarizarse con el underground del rock experimental, y a su retorno a Londres no le faltaron ofertas para aportar su sapiencia técnica y sus intuiciones experimentales con sus instrumentos de viento. COMUS fue una de las ofertas esporádicas, pero es con su estancia en HENRY COW desde inicios de 1974 hasta el declive final de la banda en 1978 por lo que mejor se le recuerda. En homenaje póstumo a ella, reseñaremos dos discos de HENRY COW: el segundo, “Unrest”, que fue donde ella debutó como integrante del entonces quinteto, y el cuarto, “Western Culture”, donde ella aportó más como compositora.  

 

Cuando Lindsay entró a HENRY COW portando su fagot, su oboe y su flauta dulce, ya estaban dentro el guitarrista-violinista-xilofonista Fred Frith, el bajista-pianista John Greaves, el saxofonista-clarinetista-teclista Tim Hodgkinson y el baterista-percusionista John Cutler. Es así que se asentó la que se suele considerar su formación clásica de instrumentistas de HENRY COW. A fines de 1973, el vientista Geof Leigh había dejado la banda, llevando a que los amigos Frith y Cutler pidieran a Cooper ocupar su lugar, con miras a que ella aportara más elementos de cámara vanguardista en aras de una decisiva maduración de la propuesta de rock experimental de HENRY COW. Así las cosas, “Unrest” fue grabado en los primeros meses de 1974 y publicado en mayo del mismo año: en este trabajo, el quinteto  empieza a dar mayor rienda suelta a su faceta iconoclasta en comparación con su ya de por sí llamativo disco debut “Leg End”. La distribución de instrumentos indica claramente la intención esquemática de jugar con combinaciones de los varios matices sonoros propios de tan diversos artilugios... y nuestras sospechas se confirman mientras vamos escuchando este disco.


Las dos primeras piezas, ‘Bitter Storm Over Ulm’ y ‘Half Asleep, Half Awake’, son efectivamente lúcidos ejercicios de polifonías e intrincados juegos rítmicos, complementando las estructuras del jazz vanguardistas con masivos recursos atonales propios de la cámara contemporánea; a través de toda esta extravagante articulación de osadas ideas melódicas, aún se mantiene un sentido del orden fácil de reconocer para el oyente. ‘Bitter Storm Over Ulm’ funciona como un prólogo ágil y llamativo, mientras que ‘Half Asleep, Half Awake’ (compuesto por Greaves) conserva un lirismo estilizado y exquisito que en no poca medida se conecta con el factor Canterbury que había sido predominante en el primer álbum de la banda. Menciones especiales deben ir a los motivos de piano de cola en la entrada y la conclusión, respectivamente, pues conforman sendas muestras de atmósfera relajante e hipnótica. El siguiente tema, ‘Ruins’, así como ‘Linguaphone’ y ‘Upon Entering The Hotel Adlon’, muestran el lado más explícitamente osado de HENRY COW. Las inagotables atonalidades, el clima de caos del interludio que en realidad es el disfraz de una ingeniería robusta y el uso de contrastes drásticos entre momentos plenos y otros sutiles abruman de modo insolente al oyente, como queriéndolo provocar para que acepte el desafío de pasear por insospechados caminos de imaginación musical. ‘Ruins’, composición de Frith, es uno de los temas más significativos de la esencia estética de HENRY COW: la arquitectura rítmica elaborada en los pasajes extrovertidos porta un dinamismo complejo y cautivador, mientras que el interludio establece un genial ejercicio de sobrio minimalismo bajo la guía del violín.


Hasta aquí, todo lo que el grupo tenía compuesto explícitamente para el álbum. ¿Y lo demás? Salvo el caso de ‘Solemn Music’, tuvo que crearse in situ por vía de creaciones colectivas en tiempo real. La secuencia de ‘Linguaphone’ y ‘Upon Entering The Hotel Adlon’ destila una inmensa seriedad cerrada en su propio solipsismo cerebral mientras explaya su rara luminosidad surrealista a través de ambientes inquietantes que transitan entre lo tétrico y lo absurdo. Y eso que antes de esta dupla, la banda nos regala un hermoso trío de clarinete, oboe y guitarra en ‘Solemn Music’, haciendo que su chocante motivo central flote dulcemente en una aureola de melancolía. Pero ‘Linguaphone’ emerge para arrebatarnos la serenidad y arrojarnos hacia la confusión de un cosmos que va degenerándose en su propio caso interno, mientras que ‘Upon Entering The Hotel Adlon’ se encarga de sacudirnos de la confusión con una polenta agresiva y una intensidad neurótica. El bajo destaca en la mezcla, los redobles de batería del maestro Cutler son de otro mundo, y ni qué decir de los solos inescrutables de guitarra a cargo de Frith..., además de los vientos, que a veces se aparean en una comunión solida y otras veces disfrutan vivazmente de su mutuo divorcio exhibiendo quiebres atonales inmensos. ‘Arcades’ prosigue por este sendero de tensión calculadamente improvisada, pero esta vez lo hace con un esquema de trabajo mucho más calmo, al modo de una triste mirada retrospectiva a la descomposición sistemática precedente. ‘Deluge’, el tema de cierre, vuelve a los senderos jazz-progresivos menos turbulentos de los dos primeros temas, aunque incluyendo  una inquietante dinámica rítmica propia del free-jazz: la pieza concluye con una deliciosa parodia de cabaret donde el bajista, mientras toca unos acordes sincopados de piano mientras imposta su voz de una manera burlonamente ceremoniosa. En resumen, “Unrest” resulta una inmensa joya musical destinada a instaurar un paradigma insoslayable del rock-in-opposition.

 

Tal como dijimos antes, “Western Culture” fue al álbum de HENRY COW donde Lindsay Cooper más aportó como autora, pero tengamos en cuenta que esta circunstancia feliz se dio en el contexto de una coyuntura más bien tensa y desequilibrada en el seno del grupo. Resulta que la inseparable dupla de Frith y Cutler estaba componiendo material cantado con la complicidad de Dagmar Krause (vocalista que ingresó a las filas de HENRY COW cuando se inició una breve asociación con SLAPP HAPPY en 1975, y se quedó en el grupo cuando dicha asociación concluyó), mientras que Tim Hodgkinson y la misma Cooper estaban creando ambiciosos conceptos musicales sin lugares explícitamente dispuestos para la intervención vocal. Este dualismo finalmente se resolvió haciendo del nuevo disco de HENRY COW un trabajo totalmente instrumental para culminar al grupo en sí, pues Frith, Cutler y Krause tenían en mente fundar un nuevo grupo para desarrollar sus nuevas ideas – a la postre, ART BEARS. ¿Qué tenemos, a fin de cuentas, en “Western Culture”? Una nueva obra maestra del rock in opposition conformada sucesivamente por los conceptos ‘History And Prospects’ (autoría de Tim Hodgkinson) y ‘Day By Day’ (autoría de Lindsay Cooper). Dada la ausencia de John Greaves (quien salió de la banda para ingresar a las filas de NATIONAL HEALTH), el rol de bajista está compartido entre Frith y Georgie Born. Bueno, en verdad que la instrumentación desplegada en este disco es muy prolija, con aportes foráneos al piano, trombón y violín, y los mismos Frith y Cutler añadiendo aportes a la trompeta y al saxo junto a los habituales vientistas Cooper y Hodgkinson.


‘Industry’ da inicio al concepto de ‘History And Prospects’ con un nutrido juego de disonancias impetuosas marcadas por la guitarra, el teclado y los vientos, originando así el esquema para una primera sección intensa dentro de su estricta lógica iconoclasta. Un segundo cuerpo musical transita hacia ambientes más contenidos donde la tensión precedente se transforma en espíritu de expectativa revestido de gris. ‘The Decay Of Cities’ da un giro más sobrio al asunto, aunque sin dejar de lado la expresividad rotunda propia del concepto: en todo caso, se nota que el prólogo a dúo de las guitarras acústica y hawaiana instaura una aureola reflexiva con el propósito de asentar las bases para el coloridamente desafiante cuerpo central que habrá de emerger poco antes de llegar a la barrera del tercer minuto. ‘On The Raft’ cierra este concepto tripartito con una atmósfera lenta y ceremoniosa que se complace en perseverar en el aura de nocturnidad inherente al motivo central: ciertamente, esta pieza exuda tristeza y desasosiego, pero lo hace con un esquema de trabajo sumamente estilizado, no exento del vigor expresivo elaborado más explícitamente en las dos secciones anteriores.

‘Falling Away’ se encarga de abrir el concepto de ‘Day By Day’, y lo hace con una exquisita fanfarria de metales y maderas a la que le sigue un vitalista cuerpo central donde el sofisticado entramado melódico desarrolla conexiones bien fluidas entre pasajes extrovertidos y otros más sutiles. El ensamble se explaya liberalmente en el armado de delicados juegos armónicos y texturas donde lo disonante impone su reino, especialmente en el clímax final. ‘Gretels Tale’ sigue a continuación para explorar sendas un poco más gráciles dentro del exigente leitmotiv de la banda: los vientos se apoderan monumentalmente del núcleo temático de la pieza hasta que una tremenda cadenza de piano (a cargo de la invitada Irène Schweizer) entra a tallar para perturbar momentáneamente la ingeniería sónica dominante. Con la dupla de ‘Look Back’ y ‘½ The Sky’ (esta última co-escrita con Hodgkinson), ‘Day By Day’ encuentra un final esplendoroso y significativamente expansivo en recursos, es la muestra de HENRY COW latiendo desde la maduración definitiva de su esencia más rotunda. ‘Look Back’ es una breve pieza de maderas y violín cuyo tenor serenamente grisáceo sirve como oportuno preludio a ‘½ The Sky’, tema que cierra el álbum empezando con el desarrollo de atmósferas solemnes e inquietantemente densas, a medio camino entre el réquiem y el solipsismo meditativo (al modo de ‘On The Raft’); luego, en los momentos finales, vira hacia una coda extrovertidamente juguetona con un tenor patentemente celebratorio.


Nos ha resultado un enorme placer revisar estos dos discos de HENRY COW, lo cual está en abierto contraste con el motivo que nos llevó a hacerlo. LINDSAY COOPER, maestra y figura señera del rock in opposition, descansa en paz, ¡el cielo entero es tuyo!


Muestras de estos dos discos de HENRY COW.-
 


[Parte de esta retrospectiva está basada en el enlace de La Caja De Música: http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/henrycow_unrest.html]

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