Thursday, June 05, 2014

La tribu triádica de TOHPATI


HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El maestro guitarrista indonesio TOHPATI vuelve a la carga con un trabajo solista titulado “Tribal Dance”, una sólida y excitante aventura de jazz-fusión progresivo donde el susodicho guitarrista cuenta con el genial apoyo de una dupla rítmica de súper-lujo: el bajista Jimmy Haslip y el baterista Chad Wackerman. Las sesiones de grabación desde donde se gestó este disco tuvieron lugar en setiembre del año pasado, en la siempre activa ciudad de Los Ángeles. De hecho, se nota que el material ha sido concebido y manejado por el trío como tal, no tanto como un vehículo para el lucimiento principal de uno de los músicos en particular, a pesar de que TOHPATI es el compositor exclusivo del repertorio. “Tribal Dance” es una delicia de principio a fin; incluso el repertorio contiene varios pasajes con samplers de cánticos y tonadas tribales capturados en ambientes reales y que forman parte de la biblioteca particular de TOHPATI, logrando así mantener las demostraciones sónicas del trío bien apegadas al espíritu de la Madre Tierra. Es una pena que el disco no llegue siquiera a los tres cuartos de hora de duración, pero bueno… pasemos ahora a repasar cada ítem individual del mismo.


‘Rahwana’, la primera pieza del disco, empieza con sonidos de cánticos ritualísticos para luego abrir paso a la fabulosa tríada de TOHPATI y sus compinches. El dinamismo contundente del cuerpo central se sostiene en un fluido manejo de factores explosivos y otros comedidos en relación con el vigoroso colorido tan patente. Virtuosismo y groove se funden en la ilación de diversas atmósferas que tiene lugar. ‘Spirit Of Java’ empieza transportándonos un terreno muy diferente, uno en clave de reflexiva serenidad en base a unas crepusculares cadencias lánguidas sobre las cuales la guitarra se dedica a trazar texturas ensoñadoras de cierto carácter melancólico. El interludio vira hacia un dinamismo extrovertido de talante funky-rockero donde el grupo vuelve a explorar su inherente vitalidad, logrando así que la retoma final de la sección inicial reciba el impulso del interludio y se arrope con una actitud filuda dentro de la espiritualidad serena que se ha vuelto a imponer. La tercera pieza del álbum es justamente la que le da título, y justamente para honrar el título en sí es que empieza con ruidos ambientales de una danza tribal con tambores y todo. Lo que nos exhibe propiamente el bloque instrumentista es un excitante ejercicio de fulgor sónico que bebe tanto de las aguas luminosas del primer MAHAVISHNU ORCHESTRA como del paradigma de TRIBAL DANCE, mientras se percibe también ecos del “Riot” de TOHPATI BERTIGA (el cual nos impresionó muy gratamente hace un par de años). Otros ruidos ambientales de tambores y flautas étnicas nos anuncian el arribo del siguiente tema, ‘Red Mask’, el cual se desarrolla con un énfasis en la claridad melódica que también se había hecho presente en ‘Tribal Dance’. Esta circunstancia hace que el grupo no haga traslucir del todo la sofisticación propia del desenvolvimiento temático que tiene lugar: el gancho es lo que se hace más patente. No solo notamos aires de familia entre ambos temas en cuanto a su actitud sino también por el hecho de que Wackerman goza de ciertos espacios de expresividad particular en los dos: esos momentos donde la batería asume un provisional rol protagónico son sencillamente deliciosos.

Durando poco menos de 2 minutos, ‘Savana’ nos brinda un paraje introspectivo donde nuestros oídos y almas pueden reposar de tanto fulgor que se ha manifestado hasta ahora. Los acordes cuidados y estilizados de la guitarra caen cuales gotas de rocío antes de que un cuarto retrato de tambores y cánticos tribales abra la puerta para ‘Run’: este tema vuelve al sendero del jazz-rock empapado de cadencias funky, incorporando el trío algunos quiebres rítmicos inesperados a fin de perfilar una clara orientación sofisticada para el cuerpo central. ‘Supernatural’ empieza con lo que parece ser una serie de murmullos propios de un sacerdote en trance…  y justamente es un trance de exaltación y vitalidad lo que motiva las sonoridades vertidas por el trío para esta ocasión. Imaginemos una versión Hendrixiana del dinamismo de un JEFF BECK y la soltura osada de un JOHN MCLAUGHLIN y nos haremos una idea del tipo de robustez que TOHPATI genera desde su guitarra para que sus compañeros le den el encuadre perfecto. La mezcla de maleabilidad y pulcra precisión que exhiben Haslip y Wackerman resulta esencial para que el vigor sónico de TOHPATI se vea debidamente focalizado. y dicho sea de paso, el solo de Wackerman es simple y llanamente maravilloso. Sin duda que se trata del pináculo definitivo de “Tribal Dance”… o bueno, eso es lo que nos parece. Los últimos 4 ½ minutos del álbum están ocupados por ‘Midnight Rain’, tema que nos devuelve de lleno a la dimensión introspectiva de TOHPATI con un tenor melancólico imponente. Los fraseos meticulosamente comedidos de la guitarra parecen estar flotando en medio de una neblina crepuscular desde donde se nos abren las puertas de la noche.    


Todo esto fue “Tribal Dance”, un nuevo testimonio del ingenio creativo del que goza TOHPATI cada vez que hace sus aportes al escenario jazz-rockero contemporáneo: su energía emocional y su virtuosismo elegante vuelven a llenar cada molécula de sonido en esta nueva entrega, la cual ha de seguir confirmando su situación como figura señera de la música jazz-progresiva de Asia. ¡Recomendado!


Muestras de “Tribal Dance”.-

2 comments:

Carla Marin said...

Delicia de principio a fin.....

César Inca Mendoza Loyola said...

Sí, la verdad que sí.