Wednesday, May 27, 2015

FIELDS: contrastes de ayer y hoy


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos metemos en una de las muchas arcas de tesoros perdidos que existen en el inmenso y frondoso bosque lejano del rock sinfónico británico de inicios de los 70s: al hacerlo, nos topamos con FIELDS, un trío centrado en la presencia del teclista Graham Field tras su salida del relativamente exitoso cuarteto RARE BIRD (autores del himno pacifista ‘Sympathy’). Aunque dentro de RARE BIRD había bastante espacio para los teclados con las presencias de Field y David Kafinetti, tras la producción del segundo álbum del cuarteto, Field decidió formar un trío con él mismo como único teclista: sus compañeros de aventuras fueron el baterista-percusionista Andy McCulloch (recientemente ido de KING CRIMSON por sentirse poco interesado en la evolución estilística de la banda y su escasa logística para tocar en vivo tras grabar “Lizard”) y el cantante-guitarrista-bajista Alan Barry. Este último también tenía un pasado semi-Crimsoniano en su currículum vitae por haber integrado entre 1962 y 1963 la banda DOWLANDS con los hermanos Peter y Michael Giles (¡vaya por dónde!). El estilo propuesto por FIELDS está, en cierto sentido, cercano al paradigma Emersoniano (tanto por lo de los últimos discos de THE NICE como por el primero de EMERSON, LAKE & PALMER), pero también se notan los aires de familia con la vitalidad impenitente de unos ATOMIC ROOSTER, así como con la pulcritud melódica de unos CRESSIDA y la soltura mayestática de unos COLOSSEUM. También se anticipa la gracilidad colorida y estilizada que poco después habremos de disfrutar en el cuarteto GREENSLADE: es curioso que nos veamos en la situación de mencionar a estos últimos dos grupos, pues justamente Andy McCulloch, tras la temprana debacle de FIELDS, rehízo su carrera musical como baterista-percusionista de aquel grupo que surgió comandado por el ex COLOSSEUM Dave Greenslade. FIELDS grabó un disco homónimo para el sello CBS a mediados del 1971. El poco apoyo del sello y la mínima repercusión comercial del álbum lo convirtió en el único de la banda… o eso se creía hasta marzo pasado.

  

Resulta que a fines del año 1971, el trío decidió resistir un poco más a pesar del fracaso de “Fields” y el inconveniente de la partida de un decepcionado Barry: así, Field y McCulloch convocaron como reemplazante de Barry a Frank Farrell (quien había formado parte de SUPERTRAMP para su segundo álbum “Indelibly Stamped”) y se pusieron todos manos a la obra para armar nuevo material con la meta de grabar un segundo disco a ser titulado “Contrasts”. El disco fue efectivamente grabado pero los masters fueron abandonados y despreciados por la CBS, provocando ya el desánimo decisivo y fatal para el trío: disueltos los FIELDS, el maestro Field retomó el proyecto de RARE BIRD. En fin, más de 4 décadas después, Graham Field ha rescatado los masters de aquel segundo disco y los ha sometido a una mezcla de sonido más meticulosa que la que se podía hacer con la tecnología disponible en aquellos tiempos de gestación del disco… y ya es una realidad bajo el título extendido de “Contrasts – Urban Roar To Country Peace”. El sello Esoteric Recordings se ha encargado de publicar este tesoro perdido con una edición refinada que incluye en su librito varios dibujos y una entrevista al buen Sr. Field. El disco nos ofrece un repertorio oficial de 8 canciones y 3 bonus tracks: con esto ya podemos decir que la comunidad progresiva internacional tiene al alcance de la mano todo lo que FIELDS pudo aportar al ideal del rock progresivo durante sus escasos 18 meses de existencia. En el balance general que planteamos ahora para terminar con estos preámbulos, valoramos principalmente la mayor fuerza expresiva del álbum debut, mientras que “Contrasts” tiene a su favor una labor de artesanía refinada a la hora de elaborar nuevas texturas dentro del sonido grupal, así como una producción de sonido más solvente, lo cual claramente se debe al hecho de que la postproducción se ha hecho en nuestros tiempos.

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Vayamos ahora a los detalles de estos dos discos de FIELDS, respetando el orden cronológico. “Fields” se inicia con una pieza ágil y vibrante que dura poco menos de 5 ½  minutos: ‘A Friend Of Mine’. Con los ornamentos barrocos y manieristas de los teclados (órgano y pianet) se tiene garantizado un colorido melódico sólido, mientras que McCulloch hace gala de su inteligente punche a través del rigurosamente exigido dinamismo que se da de principio a fin del tema. Luego sigue la dupla de ‘While The Sun Still Shines’ y ‘Not So Good’: el primero de estos temas juega con un groove R’n’B no ajeno al paradigma de TRAFFIC, pero robustecido por una vitalidad rockera propia del DEEP PURPLE pre-Gillan, mientras que el segundo consiste en una balada sencilla con cierto aire a PROCOL HARUM (de la época del “A Salty Dog” y “Home”) y con algunos guiños a RARE BIRD. ‘Three Minstrels’ juega con atmósferas y ritmos renacentistas: la línea melódica ceremoniosa se complementa con ciertos recursos percusivos llamativos, mientras que en algunas secciones el trío elabora una sonoridad fastuosa. Cerrando la primera mitad del álbum, ‘Slow Susan’ es un hermoso instrumental lento e intimista: el sencillo desarrollo temático ostenta una aureola etérea que parece retratar un ensueño en un atardecer otoñal. Durando casi 6 minutos, ‘Over And Over Again’ resulta la canción más larga del disco: heredando mucho del dinamismo con que nos golpeó ‘A Friend Of Mine’ y también algo del groove coqueto de ‘While The Sun Still Shines’, se impone como un cénit crucial del repertorio. Las dos baladas ‘Feeling Free’ y ‘Fair-Haired Lady’ sirven para mostrarnos la faceta apacible del trío: la primera de ellas vuelve al prototipo de PROCOL HARUM mientras que la segunda se centra en el dueto de voz y guitarra acústica, totalmente pastoral, con algunos añadidos arreglos de madera muy suavizados (creados por la invitada Dafne Downes, encargándose ella misma del clarinete, así como por el propio Barry al mellotrón). ‘A Place To Lay My Head’ se explaya en clave blues-rock con una cierta ligazón al esquema de COLOSSEUM aunque con un espíritu menos filudo. Con ‘The Eagle’ concluye el álbum, y lo que se nos muestra en este epílogo es el clímax final del álbum: un instrumental donde se da luz verde a todos los recursos de estilización propios del sinfonismo británico, con ciertos guiños ocasionales a la vitalidad del jazz-rock, y como broche, un hermoso pasaje de piano de cola casi a lo CHOPIN.

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Ahora nos centramos en el recuperado disco “Contrasts – Urban Roar To Country Peace”, el cual se abre con ‘Let Her Sleep’: 5 minutos de gloria progresiva donde el medio tiempo imperante se reparte entre estándares de inspiración barroca y vibraciones de rock melódico refinado. El ensamble se muestra pulcramente afiatado, satisfecho con su propia fuerza de carácter a la hora de expresar sus inquietudes musicales. Si esta canción sonaba a una versión de THE NICE hecha por RARE BIRD bajo la dirección artística de ATOMIC ROOSTER, la siguiente, titulada ‘Wedding Bells’, nos remite a la línea de COLOSSEUM con algunos ribetes propios del YES pre-Howe. Teniendo un epílogo de violín, esta canción abre el camino de engarce para los aires de blues lento de ‘Someone To Trust’. El violín (evidentemente tocado por un invitado) se queda allí para añadir colores en algunos lugares estratégicos a fin de realzar la vibración contemplativa de la canción. Por su parte, ‘Wonder Why’ sube la intensidad rítmica con una dinámica jazz-progresiva muy ágil que se inspira en parte en el paradigma del Motown: los coros femeninos, más que acompañar al canto de Farrell, lo envuelven y opacan. La pieza es muy llamativa, material propio de las listas de éxitos radiales, y es una pena que no tenga una duración más amplia. ‘Music Was Their Game’ tiene un extraño pero atractivo aire al CARAVAN del “In The Land Of Gray And Pink”: líneas melódicas bien dibujadas, una actitud picaresca y un canto sereno. Una vez más hay que decir que… ¡es una pena que solo dure 3 minutos! La dupla ‘The Old Canal’ y ‘Put Out To Grass’ se encarga de redondear los recursos estilísticos del trío: la primera pieza es una balada serena donde el violín entra a tallar para engalanar la base armónica bien armada por el piano y el órgano; la segunda es una proyección instrumental que se desdobla entre los paradigmas de THE NICE y COLOSSEUM, sacando el jugo al coqueto motivo central que se desarrolla con impoluta fluidez. El repertorio oficial de “Contrasts” se cierra con ‘Storm’, una canción que nos devuelve a la prestancia estilizada y grácil de ‘Let Her Sleep’ mientras reitera algunos guiños al Canterbury lírico de CARAVAN. Da la impresión de que esta canción tiene dentro de sí un potencial épico pero su fade-out final llega antes de que se pueda crear una especie de clímax resonante. Pero la música no acaba aquí, pues tenemos 3 bonus tracks. ‘Set Yourself Free’ se sigue explayando en el patrón de CARAVAN con una soltura llamativa (tal vez afín también al primer YES pero sin guitarra), mientras que los dos instrumentales ‘The River’ y ‘Spring’ se enfilan hacia climas relajantes, uno ostentando un cariz pastoral y el otro centrándose en una languidez etérea en base a amables cadencias blueseras.

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Este legado entero de FIELDS es valioso para conocer un poco más a fondo y apreciar a la vertiente sinfónica del rock progresivo británico que ya tenía sus estándares bien asentados: teniendo en cuenta este entorno inmediato dentro del que se movieron Field, McCulloch, Barry y Farrell, “Fields” y “Contrasts – Urban Roar To Country Peace” son testimonios estupendos del tipo de creatividad musicalidad que se sentía ebullente e incesante dentro del rock artístico británico. Y de paso, nuestro redescubrimiento de FIELDS será un homenaje justo al músico Frank Farrell, quien nos dejó en julio de 1997, a poco de cumplir el medio siglo de edad. 


Muestras de FIELDS.-



[Reseña dedicada con camaradería y profundo agradecimiento a Ernesto Vidal, el jefe de La Progresión, por haberme mostrado a FIELDS]

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