Monday, July 18, 2016

BUBU: sueños de ayer, resplandores de hoy


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


“Así continuó Anabelas su cósmico desplazarse en espiral por los espacios vacíos del sueño, ondulando entre lo que podríamos decir la conciencia propia y las intersecciones de una realidad que cada tanto la ve aparecer en la fluorescencia de las piedras, en la perfección quimérica de las estructuras móviles del abrazo, entre silencios que le son absolutamente propios.” Esta leyenda ocupa la funda interior del clásico del movimiento progresivo argentino “Anabelas”, perteneciente al colectivo BUBU. Este colectivo ya no es tan solo una figura luminosa en un relato de grandezas pasadas sino una vida renovada que ha vuelto a conectarse con el universo a través de un nuevo trabajo, un EP titulado “Resplandor”. Pongamos orden a nuestras ideas comenzando por el principio.


Las raíces de BUBU se asientan en las mentes de los jóvenes estudiantes de arte del Instituto Di Tella, quienes gozaban de un amplio y creativo marco de referencia en los mundillos de la literatura, el teatro, las artes plásticas, y por supuesto, la vanguardia rockera de esa primera mitad de los 70s. Allí se dio la primera asociación del bajista Daniel Andreoli con el baterista Jorge “Monin” Liechtenstein (entonces, de ORION’S BEETHOVEN), el flautista Ricardo La Civita, el guitarrista Sergio Blostein, el violinista Noel Reyes, el carismático cantante Miguel Zavaleta y el saxofonista Wim Fortsman en saxos. SION fue el nombre escogido para el naciente ensamble, el cual tenía la mira puesta en una propuesta sonora que fuera tan vigorosa como fastuosa: así las cosas, Andreoli y Forstman se erigieron pronto en los creadores principales del grupo, al cual concebían bajo coordenadas orquestales. Andreoli se hacía cargo de la música y Forstman, de las letras. La disolución de SION no desmotivó a los sobrevivientes, quienes armaron BUBU desde las cenizas de aquél: como a Andreoli se le otorgó una beca en el Collegium Musicum para profundizar sus estudios musicales en composición. De hecho, fue la composición el rol que Andreoli hubo de asumir en exclusiva en BUBU, pues ahora el grupo contaba con las presencias del bajista Edgardo “Fleke” Folino y el recién llegado guitarrista Eduardo Rogatti, además del nuevo baterista Eduardo “Polo” Carbella, la flautista Cecilia Tenconi, el violinista Sergio Polizzi, junto al sempiterno frontman Miguel Zavaleta. Este último era inmensamente vital en las presentaciones en vivo de BUBU: su fuerza de carácter como cantante venía acompañada de su desparpajo actoral humorístico y su manejo de los contextos teatrales y la escenografía que añadía colores especiales a la compleja y muy intelectualizada música de la banda. En palabras del propio Andreoli, “lo que atraía a la gente era una combinación entre la música de BUBU en sí y todo el despliegue que había sobre el escenario, y esto era un aporte innegable de Zavaleta.” Una de las cosas que más se suele recordar de aquellos primeros tiempos es un sketch protagonizado por Zavaleta donde éste encarnaba a un tipo de traje y corbata con una maleta llena de dinero en sus manos, manteniendo una satírica interacción con una mujer de ropas glamorosas.


Andreoli ya tenía compuesta la amplia y ambiciosa suite bipartita “El Cortejo De Un Día Amarillo” antes de recibir la mencionada beca de composición, por lo que el abandono de un rol exteriormente activo en el grupo en aras de la exclusiva labor de composición le permitió desarrollar esta máxima inquietud de su ser. Él y Fortsman tenían muy en claro que la partitura era la estrategia necesaria para el desenvolvimiento musical de BUBU: la lógica de su gestación era inusual, pues primero se hacía la música y luego se delineaba la conformación del ensamble que debía ejecutar esa música. Este tipo de disciplina creativa se plasmó fehacientemente en “Anabelas”, tema que muestra la obsesión por KING CRIMSON, OLIVIER MESSIAEN e IGOR STRAVINSKY que por entonces tenía el buen Andreoli. Por supuesto, Forstman, además de ser el gran vientista que es, tenía talento ejecutivo para poner las cosas en marcha dentro del grupo… ¿o no sería mejor llamarle orquesta de rock? Dentro de estas pautas, la batería operaba como el instrumento más libre de todos, lo cual resultaba muy útil a la hora de avivar el swing de los momentos más febriles e intensos. Dejamos a Andreoli que nos explique cómo era la dinámica de los ensayos: “Ensayábamos las bases por separado. Bajo y batería por un lado. Después bajo, guitarra y batería. Y saxo, violín y flauta por otro lado. Después se ensamblaban todas las partes. El mérito por el resultado obtenido fue de todos los músicos, ya que el esfuerzo y la entrega fueron totales. Y no era fácil, porque más de uno ya estaba casado y tenía hijos y esto no daba dinero.” Es una pena que todo este arduo trabajo por amor al arte no se reflejara en el apoyo explícito por parte de algún sello discográfico: a pesar de que BUBU tuvo muchas presentaciones en vivo, los planes de la grabación de un disco se iban postergando, lo cual creaba un creciente deterioro y una no menos creciente incomodidad en los integrantes. Cuando las sesiones de grabación para el disco “Anabelas” por fin empezaron a tener lugar (entre marzo y octubre de 1978), Zavaleta solo estuvo en el grupo en los dos primeros días: sus discrepancias continuadas frente a Forstman llegaron a su punto máximo. El disco se tuvo que realizar con Petty Guelache ocupando el rol de vocalista.

A fin de cuentas, fue ésta la alineación que quedó inmortalizada en el registro del álbum de debut de BUBU, fue éste el BUBU que logró por fin abrirse al mundo. La absoluta maestría e infinita sensibilidad de cada integrante del ensamble permiten a cada pieza de “Anabelas” mostrarse como oro hecho sonido: el ensamble es exquisito y fiero a la vez, haciendo de la musculatura una nueva variedad de estilización… tal vez una variedad diabólicamente celestial. Incluso en aquellos pesajes en los cuales la guitarra o el saxo emiten despliegues rudos prevalece impoluto el sentido de la exquisitez. En las alternaciones e interacciones de saxo, flauta y violín se da una facilidad para transitar a través de parajes arquitectónicos que se repite en los viajes más libres; en paralelo, el trípode de guitarra, bajo y batería muestra gran soltura a la hora de reciclar las influencias de KING CRIMSON – tanto la época del “Red” como del “Lizard” –, MAGMA, MAHAVISHNU ORCHESTRA y FRANK ZAPPA. También se puede observar algo de la influencia del Canterbury en su faceta más “salvaje”: pensamos en los momentos más filudos de SOFT MACHINE y de CATAPILLA, por ejemplo. En más de un ocasión notamos que hay un aguerrido fraseo de guitarra que se conjuga fluidamente con los ornamentos de los vientos, lo cual permite que el desarrollo melódico de turno se sienta tan bizarro y tan cautivador a la vez: este elemento particular es un indicio irrefutable de la capacidad de BUBU de funcionar como una orquesta sin recurrir a encorsetamientos, sino por el contrario, manejar dinámicas renovadoras propias de las vertientes más osadas y cerebrales del movimiento progresivo. El bloque sonoro del ensamble se enriquece ocasionalmente con la presencia del invitado Mario Kirlis al piano, así como por la de un ensamble coral de seis personas. Como es natural dentro del cosmos musical de BUBU, que tanto espacio da a las amalgamas orquestales de vientos y violín, la flauta es el instrumento más destacado y relevante de estos dos.


La suite que ocupa toda la primera mitad de “Anabelas” instaura, de una vez por todas, el manifiesto de las ambiciones artísticas que se proyecta BUBU: eso es lo que se nos exhibe en los casi 19 ½ minutos que dura ‘El Cortejo De Un Día Amarillo’ (con sus dos secciones ‘Danza De Las Atlántides’ y ‘Locomotora Blues’), un manifiesto. La creación de intensa complejidad es la orden de cada nuevo minuto que pasa, derrochando musculatura a raudales tanto en los momentos más explícitamente frenéticos como en los más sutiles… y con toda esta carga sonora que arrolla, la pieza no pierde consistencia en lo más mínimo. Las expansiones de cada motivo determinado son manejadas con soberbia inteligencia: el bajista Folino merece una especial mención por logar que su instrumento se haga notar en medio de la inmensidad orquestal que arma el bloque de sus compañeros. La manera en que culmina la pieza es sencillamente genial: tenemos un engañosamente relajado pasaje de guitarra acústica y coral que poco a poco es absorbido por un explosivo solo de saxo que motiva el descargo de la tensión reinante, y cuando éste se concretiza, el neurótico clímax final se desata con una compacta y rotunda energía. Un dato curioso de esta suite es que en uno de sus interludios incluye una cita de la famosa composición del maestro Edward Elgar Pomp and circumstance (anécdota musical que comparten BUBU con MIA por el caso de su primer disco “Transparencias”). Las otras dos piezas de “Anabelas”, a pesar de no ser tan épicamente diversas como ‘El Cortejo De Un Día Amarillo’, también gozan de una grácil genialidad que no se debe subestimar. ‘El Viaje De Anabelas’ resulta ser el ítem más exultante del disco, pletórico de modismos Zappianos tanto en lo que se refiere a la ostentación de extravagancia musical como a la descarada agilidad de los desempeños de los instrumentistas. Hay un determinante solo de violín que gesta una aura solemne desde el cual se proyecta un final majestuoso, marcado por una controlada explosividad. ‘Sueños De Maniquí’ comienza con una flotante sección con base de piano y canto, para que luego emerjan unos retazos sostenidos de guitarra desde donde la banda en pleno abre la puerta para entrar en acción. Las electrizantes indulgencias jazz-rockeras que tienen lugar despliegan un fabuloso frenesí que solo concluye cuando resurge la sección cantada inicial, ahora aumentada con un colorido más pomposo. El motivo en 11/8 del cierre nos puede hacer recordar a otro que apreciamos en ‘El Cortejo De Un Día Amarillo’ pero con un filo más audaz… o mejor aún, más caprichoso.


Todo esto que apreciamos en “Anabelas” fue el fin de una era. Cuando “Anabelas” salió por fin al mercado en el año 1978, el grupo en cuestión prácticamente había dejado de existir a pesar de que sus actividades en conciertos diversos aún le mantenían vigente a despecho de las tensiones y desintegraciones internas… Pero éste no fue el fin definitivo de la historia, pues BUBU ha vuelto a salir a la luz hace poco, y de hecho, ya tiene un nuevo ítem en su currículum vitae: “Resplandor”, un EP de tres piezas que conjuntamente suman una extensión de poco más de un cuarto de hora. Daniel Andreoli se hace cargo de la creación compositora que se debe concretizar por vía de las labores que están en manos de los nuevos instrumentistas… y esta vez uno de los nuevos es el mismo Andreoli al bajo. Los demás héroes son Julián Bachmanosky a la batería, Alvar Dusá Llamiani al violín, Federico Silva a la guitarra y Juan Ignacio Varela al saxo tenor. Si concebimos a BUBU esencialmente como una idea, entonces se hace preciso hablar de un regreso al mundo de los hechos dentro del aleatorio orden de la historia de la vanguardia progresiva argentina, una auténtica resurrección. Pero si centramos nuestra hermenéutica en la particularidad de todos y cada uno de sus componentes individuales desde los días de SION, debemos interpretar esta vuelta al ruedo como un acto de renovación y no tanto de resurrección, pues ninguno de los músicos comprometidos con la actual presencia de BUBU formaba parte de ninguna de las alineaciones de aquellos lejanos 70s. Eduardo Rogatti y “Polo” ya no están entre nosotros, así que también podemos apreciar esta nueva tentativa como un homenaje a la historia de lo que significó BUBU a través del esfuerzo de todos sus actores. Al igual que en los tiempos de ese ayer, el ensamble cuenta con un músico invitado a los teclados, y en este caso, se trata de Pablo Murgier, pero además, también está invitado el flautista Aníbal Domínguez.


El nuevo disco fue grabado en el último mes del año pasado 2015, siendo publicado en la red a mediados del presente 2016: veamos ahora los detalles específicos de “Resplandor”. Durando poco más de 3 minutos, la pieza homónima abre este EP con un despliegue de vigor extravagante cuya refinadamente neurótica arquitectura sónica ya reconocemos de los tiempos del primer disco. Las alternancias de protagonismo entre la guitarra, el saxo, la flauta y el violín están meticulosamente dibujadas dentro del gran espectro intensivo del bloque instrumental en pleno. Cómo no, la dupla rítmica asienta su dinamismo sustentador con un riguroso y bien afiatado músculo desde el cual se proyecta la antes citada neurosis musical. Nunca se llega al punto de saturación para el oyente cuando de combinar los paradigmas de KING CRIMSON y FRANK ZAPPA se trata. El tema más extenso es ‘Omer’, ocupando un espacio de casi 6 ¾ minutos: el lirismo introspectivo y la tensión emocional asolapada de la primera sección dan buenos réditos al ensamble, el cual toma un impulso nuevo a la hora de articular la segunda sección, construida sobre un dinamismo jazz-rockero cubierto bajo un sobrio ropaje de estilizado sinfonismo. El inicial impone su presencia de nuevo para completar el cuerpo central de la pieza con un lirismo enriquecido por una renovada fastuosidad. Cierra el EP ‘(Se Ponga El) Cielo Negro’, tema que cumple con la misión fundamental de volver a la intensidad extrovertida del primer tema y darle una expansión temática más ambiciosa, penetrándolo con ciertas referencias a los pasajes más punzantes de la suite del primer álbum. Eso sí, la inclusión de un pasaje reposado a mitad de camino nos toma gratamente de sorpresa al modo de un recurso disruptivo que reconstruye la musicalidad inherente al tema a fin de cimentar el camino hacia el clímax conclusivo. Esta nueva música es grandiosa, y a la vez, nos hace lamentar profundamente que sea tan breve, pero al menos, es un indicio indudable de una vitalidad progresiva renacida a todo dar.



Si éste es el presente de BUBU como registro fonográfico, en cuanto a la praxis es de celebrar que el ensamble reconstituido haya tenido un celebrado debut en un concierto que tuvo lugar en el Teatro El Cubo el pasado 7 de julio. Ojalá sea éste solamente el preámbulo de un próximo desarrollo de nuevas ideas musicales dentro del gran escenario de la música progresiva de hoy en día.



Muestras de “Anabelas”.-
El Cortejo De Un Día Amarillo: https://www.youtube.com/watch?v=24Pu-ngYpkU
(Se Ponga El) Cielo Negro: https://bubuprog.bandcamp.com/track/se-ponga-el-cielo-negro

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