Monday, August 29, 2016

LITTO NEBBIA: promesas y milagros desde fuera del cielo

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HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

LITTO NEBBIA, cantante, músico y autor natural de Rosario (21 de julio de 1948, como Félix Francisco Nebbia Corbacho), es en sí mismo una polivalente institución de la historia del rock argentino, una historia que aún sigue vigente y viviente en nuestros días. En los 60s como miembro de LOS GATOS él fue uno de los gestores del rock argentino, y desde 1969 fue forjando una carrera solista prolífica y entusiasta, donde se paseaba por el rock, el folklore y el jazz a punta de curiosidad y versatilidad. Fue a mediados de los 70s que él decidió reformular su visión musical por unos senderos más complejos que lo que había estado surcando hasta entonces, impulsado por sus propias investigaciones aventureras plasmadas en los discos “Muerte En La Catedral” (1973) y “Melopea” (1974). Este último en particular supuso un hito para la evolución estética de NEBBIA, quien se planteó la idea de ir más allá de la estructura habitual de la canción y jugar con desarrollos sonoros más propios del jazz en oposición al limitado estándar del rock. El movimiento rockero progresivo y la fusión calaron hondo en sus renovados intereses musicales de aquel entonces, y fue en este contexto que él creó tres discos que conforman su etapa progresiva, aquella en la que las ideas fluyen con mayor holgura: “Fuera Del Cielo”, “Bazar De Los Milagros” y “El Vendedor De Promesas”. Ya para esta época, NEBBIA tenía una relación con la poeta Matha Defilpo, quien aportó su gran talento literario a las letras de esta época de nuestro héroe. El sello Viajero Inmóvil ha hecho una estupenda y encomiable labor a la hora de rescatar los legados de estos tres discos en sendas reediciones con bonus tracks incluidos: (años 2003, 2005 y 2002, respectivamente), aunque también el mismo NEBBIA se encarga de mantener todo su catálogo vigente desde los cuarteles de su propio sello Melopea. Comenzamos la presente retrospectiva con “Fuera Del Cielo”, disco en el que NEBBIA se multiplica en los roles a los pianos acústico y eléctrico, órgano, clavinet, guitarras acústica y eléctrica, percusión y canto, con el efectivo apoyo de Jorge González [bajo, contrabajo, percusión, coros] y Néstor Astarita [batería, percusión, coros]. Las letras de autoría de Delfipo conforman una manifestación especial de la grandeza artística expuesta en este disco y los otros dos que comentamos en la presente retrospectiva. El repertorio de “Fuera Del Cielo” se registró en poco más de treinta horas de sesiones en el Sound Center Studio de Buenos Aires: estos fueron el tiempo y el lugar para la creación de esta magia musical cuyos detalles repasamos a continuación.


La pieza homónima ocupa los primeros 17 minutos y pico del álbum, comenzando con efectos de percusión y contrabajo bastante oníricos para crear una conveniente expectativa para el motivo central, mayormente romántico y evocativo. Durante el desarrollo del motivo y la inserción de variantes a lo largo del camino, la musicalidad se asienta sólidamente en aires fusionescos manejados con consistente sobriedad. El clavinet con fuzz es el instrumento líder en la plasmación de los desarrollos melódicos de la pieza: NEBBIA aprovecha muy bien el potencial de sonoridad exquisitamente cósmica que se puede verter desde dicho instrumento. Los últimos minutos de la pieza se asientan en un alegre motivo en 5/4 en el que los punteos de guitarra y el tarareo de NEBBIA se explayan elegantemente sobre la cadencia elaborada por la dupla rítmica y el teclado. ‘Negocio Celestial’ cierra la primera mitad del disco con ágiles aires jazzeros reciclados a través de una aureola progresiva afín tal vez al CAMEL pre-“The Snow Goose” o a GREENSLADE. ‘Arcano Del Loco’ abre la segunda mitad del repertorio oficial con una combinación de capas misteriosa de órgano, percusiones atmosféricas y precisas intervenciones del bajo y la guitarra que se sitúan a medio camino entre el blues y el jazz: si no fuera por la presencia del bandoneón – cortesía del ilustre invitado Juan José Mosalini – en medio de la ordenada amalgama instrumental, uno podría jurar hasta cierto punto que está escuchando un tema perdido de BO HANSSON. Ya la sección cantada desarrolla un lirismo marcado, trabajado con sencillez mas no exento de sofisticaciones jazzeadas en su concreción. ‘Sin Decir Nada, Sin Despedida’ despliega un fragor jazzero más contundente en comparación, lo cual ayuda gravitantemente a iluminar el aire extrovertido inherente a la composición.


Posiblemente esta última pieza que acabamos de comentar y ‘Negocio Celestial’ sean las que condensan mejor el encuadre instrumental gestado por NEBBIA, González y
Astarita. ‘Nino Y La Invitada’ cierra el repertorio oficial del disco. Se introduce con una atmósfera solemne signada por acordes sostenidos de órgano y casuales rasgueos de guitarra acústica, para luego pasar a un cuerpo central donde se alternan los tempos de 5/4 y 4/4, basado en un sólido esquema fusionesco y asentado sobre los trazos marcados por el piano acústico. Los tres bonus tracks son piezas compuestas por NEBBIA como parte de una cantata titulada “Historia de un hombre”, arreglada por el legendario Rodolfo Alchourrón: ‘Amor’, ‘Niñez’ y ‘Vejez’ son básicamente baladas amables, destacando ‘Amor’ por sus bien logradas cadencias jazzeras, y en general, se trata de piezas armadas sobre ingeniosos desarrollos melódicos, y eso es algo que revela el impulso inicial de NEBBIA por proyectarse hacia el tipo de música que poco después habría de concretarse en “Fuera Del Cielo”. Éste es, como valoración general, un disco concebido como el inicio de algo grande que acaba de emerger, y que tendrá que crecer en el siguiente disco “Bazar De Los Milagros”. NEBBIA se hace cargo de los pianos acústico y eléctrico, el órgano, el sintetizador Mini-Moog, la guitarra de 12 cuerdas, alguna intervención a la batería, y claro, el canto. Asociándose con el guitarrista Daniel Homer y dejando pendientes subsiguientes empresas musicales con el dúo rítmico de Jorge González y Néstor Astarita, el buen LITTO NEBBIA acometió el segundo ítem de esta etapa progresivo-fusionesca con un entusiasmo enriquecido. Teniendo en cuenta el carácter casi totalmente exclusivo del dueto Nebbia-Homer, la sección rítmica quedó dividida entre ambos de manera “menos experta”, lo cual hizo  que este disco se concentre más en los desarrollos sonoros intimistas y bucólicos en las guitarras y los teclados. Aquí tenemos las primeras incursiones de NEBBIA en el mundo del Mini-Moog, pero todavía es utilizado como un proveedor de matices y no tanto como un instrumento nuclear: ese rol más bien lo ocupa la dupla de guitarras acústicas de parte del propio NEBBIA y su invitado permanente Homer. Con los ocasionales de Manolo Juárez [piano eléctrico en ‘Para Daniel’] y Chany Suárez [coros en ‘Bazar De Los Milagros’, ‘Bituca’ y ‘Transeúntes’] se completa el esquema instrumental del disco.


El repertorio de “Bazar De Los Milagros” se grabó en marzo de 1976. El tema instrumental homónimo, que dura poco menos de 8 minutos, da inicio al disco con cálidos aromas de folk acústico donde se insertan fluidamente aires jazzeros por vía del piano eléctrico y etéreos matices sinfónicos a través de los arquitectónicos solos de sintetizador Moog. ‘El Nuevo Testamento’ cambia la luminosidad patente del tema de entrada por una suave niebla de atardecer otoñal: la contemplativa solemnidad transmitida por el canto de NEBBIA y las sobrias líneas de piano eléctrico arman el cuerpo central, para que en el minuto final un solo de sintetizador irrumpa con el fin de aportar una dimensión cósmica al asunto. ‘Bituca’ es un nuevo instrumental marcadamente bucólico, un primo cercano de ‘Bazar De Los Milagros’ aunque con una prestancia menos imponente, más bien creando un puente con facetas jazzeras sencillas que sirven para brindar agilidad a la calidez reinante. Por su parte, ‘Para Daniel’ cierra la primera mitad del disco con un tenor melancólico tan delicado como envolvente, intimista y revelador a la vez. ‘Transeúntes’ inicia la segunda mitad del repertorio oficial con un tono muy distinto, más extrovertido, muy a lo bossa nova: el aporte vocal de Cheny Suárez ayuda a realzar el espíritu juguetón del motivo melódico central. ‘La Muerte Y La Mirada’ contiene la que nos parece de las letras más desafiantes de Defilpo para la obra musical de NEBBIA: “Poseo por herencia a aquellos que me muestran / Su extraño corazón de muerte acurrucada.”“Ahora me abandono en el profundo centro / A merced de los días y de las grandes noches / Que sin remordimiento se resisten a sueño.”. Respecto a la canción en sí, la musicalidad se hace más sofisticada en los bucólicos arreglos de las guitarras acústicas y la eléctrica así como en los muy elegantes aportes del sintetizador.

‘La Caída’ se hace eco del escalonamiento de expresividades extrovertidas que se ha venido dando desde los dos temas precedentes, ofreciendo así una recapitulación conjunta del colorido de ‘Transeúntes’ y el refinamiento exquisito de ‘La Muerte Y La Mirada’. ‘Reflexiones Sobre La Soledad’ cierra la obra con un clima de sereno ensimismamiento, solamente variado en los pasajes finales con la presencia de ágiles cortinas de Moog. Los bonus tracks pertenecen a la banda sonora de la película “Bobeta, ilusión y despertar” de Julio Pantano: en ellos, NEBBIA cuenta con la complicidad de sus socios habituales Jorge González (batería y percusión) y Néstor Astarita (bajo y contrabajo), más el genial Gustavo Moretto (quien por entonces ya fungía como líder del genial grupo ALAS, uno de las máximos exponentes de la tradición progresiva argentina de los 70s) en la trompeta en el caso de ‘Tema De Amor’. Este tema es el más jazzero de este lote, bien insertado en el esquema de Latin jazz, mientras que los demás (‘Tema De Los Títulos’ y ‘Tema Del Final’) recurren a atmósferas reposadas y suaves. El cuadro musical que da así completo, listo para ayudarnos a apreciar los estándares de musicalidad que NEBBIA forjaba en este periodo particular de su obra… la cual todavía nos tiene reservada su momento cumbre con la magna obra del año siguiente, “El Vendedor De Promesas”. En efecto, “El Vendedor de Promesas” conforma el punto culminante de esta etapa que tan fehacientemente impulsó las ambiciones estéticas más rotundas de NEBBIA. Esta opinión está generalizada entre los conocedores aunque, claro está, no es un indicio de una verdad inobjetable ni nada por el estilo. Este trabajo es un disco conceptual que gira en torno a la idea del rol del destino en las vidas de los hombres; las letras de Mirtha Defilpo portan una magia lirica que se amolda perfectamente al espectro sonoro concebido por NEBBIA. Los dos grupos de cuatro temas reunidos en sendos lados del vinilo están distribuidos en ilaciones fluidas, lo cual ayuda a realzar la intención de unidad. Para esta ocasión, NEBBIA añade el sintetizador ARP String Ensemble al Moog mientras completa su arsenal de teclados con los pianos eléctrico y acústico y el clavinet (en desmedro total del órgano), además de las guitarras eléctrica y acústica. Astarita y González vuelven en pleno como firme dupla rítmica para las sesiones de grabación, realizadas en un total de 90 horas del mes de marzo de 1977, como siempre, en el Sound Center Studio de Buenos Aires. 


La hermosura sistemática de “El Vendedor De Promesas” radica en el ingenioso manejo de las ideas melódicas básicas a través de arreglos sumamente exquisitos, los mismos que son guiados por la confluencia de la estilización de urdimbres musicales al más puro estilo del prog sinfónico (CAMEL, YES) y la magia vibrante del jazz-fusión estadounidense (WEATHER REPORT, RETURN TO FOREVER) con raigambre latinoamericana. Los dos grupos de cuatro temas reunidos en sendos lados del vinilo están distribuidos en ilaciones fluidas, lo cual ayuda a realzar la intención de unidad. Los teclados son las fuentes sonoras predominantes, especialmente el piano eléctrico y los sintetizadores. En líneas generales, el producto resultante me parece bastante afín a lo que sus compatriotas del trío ALAS hicieron en su homónimo disco debut, gestado también en el mismo año. La secuencia de las dos primeras piezas del disco, ‘Obertura’ y ‘El Vendedor De Promesas I’, nos pone cara a cara con el tenor general del disco, destacándose especialmente los posicionamientos del piano eléctrico y el Moog en un compacto matrimonio regido por la ley de la textura, orientando así los diversos grooves que se explayan en los alternados momentos de calma y extroversión. La autoridad con la que ‘El Vendedor De Promesas I’ impone su cautivadora ilación multitemática es simplemente irresistible: la coda instrumental de ‘El Vendedor de Promesas I’ conforma uno de nuestros momentos favoritos del disco y confirma plenamente que se trata de nuestra canción preferida de toda esta etapa de NEBBIA. ‘El Hombre del Adagio’ ofrece un ambiente general más melancólico, aunque el empleo de recursos de intensidad expresiva en un breve interludio y el final, así como la inclusión de un solo de batería, ayudan a meter una dosis extra de polenta en medio del carácter eminentemente nostálgico. Está muy bien lograda la idea de resaltar el alucinante solo de Moog al final de ‘El Hombre del Adagio’ por vía del contraste con la lánguida magia del breve ‘Final Instrumental’ con el que llegamos al descanso de intermedio del disco.  

  

‘Preludio’ es el equivalente de ‘Obertura’ para las instancias iniciales de la segunda mitad del álbum, una bella pieza ejecutada al piano clásico que, en cierto modo, se nos hace que tiene un dejo Emersoniano en su faceta más relajada (¿o tal vez el lado contemplativo de Patrick Moraz?). Acto seguido, con sus casi 12 minutos y medio de duración, emerge ‘Sueños De Ofelia’ para mostrarnos la mayor cantidad de variantes estilísticas dentro de las coordenadas generales del disco: la temática feminista de la letra muestra una actitud de sobria denuncia en busca de una esperanza por un nuevo día, y todo esto se refleja adecuadamente en la dinámica vitalidad del trío. Este tema incluye un envolvente solo de bajo desde el cual el esquema sonoro adquiere un matiz renovador en medio de la sofisticación reinante que se regenera con una vibración orquestal en la última sección instrumental. ‘El Vendedor De Promesas II’ desarrolla una maravillosa exhibición de esplendor sinfónico, haciéndose eco a la vez del talante ensoñador de ‘Sueños De Ofelia’ y del hechizo nostálgico de ‘El Hombre Del Adagio’. No hay espacio para interludios u ornamentos extrovertidos como en el primer ‘Vendedor’, pues ahora la perspectiva no es de expectativa ante lo que será sino de contemplación de lo que ha sido y que ahora se muestra como imparable hado. El  breve ‘Final’ que cierra el disco sustenta una oportuna réplica de atmósferas etéreas al piano eléctrico en un sencillo desarrollo temático, sintetizando algunos motivos ocasionalmente integrados en otras piezas más largas del repertorio. La reedición del año 2002 contiene tres bonus tracks – ‘Ellos, Los Mares’, ‘Manías De Graciela’ y ‘Limpia Silueta’. Estas piezas están basadas en melodías cristalinas y relativamente sencillas de seguir, en las cuales el piano y el canto marcan la pauta: optando por un esquema de trabajo más despojado frente a las ambiciones jazz-progresivas expuestas en “El Vendedor De Promesas”, su valía estética se muestra en la capacidad de NEBBIA para crear ideas musicales efectivas y evocadoras.

Todo esto refleja muchas de nuestras emociones y pensamientos que se activan en nosotros al escuchar estos discos de la fase progresiva de LITTO NEBBIA: no sabemos cómo llenar esta conclusión sin recurrir a una fútil reiteración de elogios vertidos en párrafos anteriores, así que solo diremos emocionadas palabras de agradecimiento a NEBBIA por haber organizado esta milagrosa excursión fuera del cielo y cumplir la promesa de sublime deleite melómano. “Pescando el drama no tenemos relevo / Pero el pez es muy corriente. / El alimento es pascua prolongada… /Por un pez que pescado / No podemos tirar de nuevo al agua...”


Muestras de LITTO NEBBIA.-
Sin Decir Nada, Sin Despedida: https://www.youtube.com/watch?v=AKaCgOFPRvk




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