Monday, February 29, 2016

Completando las cuatro dimensiones con WANZWA


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy prestamos atención al peculiar dúo instrumental estadounidense WANZWA, so pretexto del reciente lanzamiento al mercado de su cuarta placa, la cual precisamente se titula “IV”. Conformado por el guitarrista-bajista-teclista Marty Eason y el baterista Russell Richardson, WANZWA surgió en diciembre de 2011 en la ciudad de Carrollton (Georgia), no tardando muchos días en publicar su primer disco, el primer paso de su corta pero muy prolífica e intensa carrera. Publicado en el primer día del presente año 2016, “IV” recoge la cosecha de la evolución de una propuesta musical que apuesta por expresiones radicalmente filudas y alevosamente sofisticadas dentro del área del prog-metal experimental. El material de WANZWA dice mucho siendo exclusivamente instrumental: las herencias estilísticas que recibe el dúo de bandas notables como BEHOLD… THE ARCTOPUS, MESHUGGAH, CANVAS SOLARIS, y en menor medida, el primer CYNIC y THE DILLINGER ESCAPE PLAN. Definitivamente, sus excursiones feroces en terrenos del avant-metal extremo y el mathcore se alimentan sólidamente de elementos propios de la tradición progresiva, específicamente la del KING CRIMSON de los 90s. En son de broma, los WANZWA proclaman en su página de Facebook que hacen música del diablo (devil music). Pero bueno… vayamos ahora a los detalles de “IV” para aclarar un poco nuestras ideas sobre este oscuro fuego sónico que nos brindan los Sres. Eason y Richardson.


Ocupando los primeros 7 ½ minutos del álbum, ‘Skeleyon Key To The Matrix’ impone un complicado juego de osados dinamismos pesados tras una introducción semi-cósmica que aludía a un ambiente expectante. Pero no, las diversas ilaciones de riffs y síncopas que arman el cuerpo central de la pieza instauran una cabal traducción de explosiones de lava al lenguaje del ruido organizado. Jugando permanentemente al borde de la saturación, el dúo se da maña para elaborar frenéticos juegos de luces diversas, y así, darle un sentido orgánico a su propuesta. Más adelante, con ‘Love Vulture’, esta ideología estética alcanza un punto culminante imponente heredando los factores más desafiantes de esta espectacular pieza de entrada: perfeccionando los aspectos más siniestros de este enfoque y reiterando la devoción a la complejidad incandescente del art pour l’art, el dúo engloba con iguales dosis de eficacia e ingenio los discursos del prog-metal técnico extremo, el math-rock, la psicodelia progresiva de inspiración Crimsoniana y la extravagancia del primer PRIMUS. Antes de llegar aquí, los WANZWA nos obsequiaron la secuencia de ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’, ‘Naked Fist Fights With Your Dad’ y ‘Dear Friend Reunion’. ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’ Es un ejercicio de incansable punche, el mismo que sirve para que los fraseos y arpegios de guitarra se hagan notar más; también entran a tallar peculiares ornamentos de teclado en algunas instancias en las cuales el fragor metalero coquetea con lo gótico. A través de su generoso espacio de casi 8 ¾ minutos, ‘Naked Fist Fights With Your Dad’ cumple con la misión de hacerse eco de la neurosis recalcitrante de la pieza inmediatamente anterior para llevarla a niveles épicos. Algunos pasajes en los que se delinea armazones melódicas hacen notar aires de familia con lo que hicieron los legendarios CANVAS SOLARIS en sus tres primeros discos, mientras que otros pasajes más fieros nos remiten al modelo del primer CYNIC y el espíritu permanente de MESHUGGAH. ‘Dear Friend Reunion’ cumple con la función de construir un puente entre los grooves principales de la pieza anterior y los clímax de delirio desafiante que se habrán de acentuar en ‘Love Vulture’: la idea de usar efectos en reserva para las instancias finales es muy efectiva.

Bajo el título de ‘Electroshock Therapy’ se nos brinda un verdadero shock electrizante. Inicialmente, el truco radica en explotar cadencias complicadas y síncopas sorprendentes, dejando que los recursos de explícita explosividad se sitúen en lugares estratégicos. En un ulterior desarrollo, el dúo vuelve a refocilarse en su propio tormento sistemático. Una mención especial debe ir para el fabuloso solo de guitarra que emerge poco antes de llegar a la frontera del segundo minuto y que poco más tarde se repite: es un híbrido de VAI y HOLDSWORTH potencializado para acomodarse a los patrones de la modalidad más extraña de rock metalero que se pueda inventar, el mismo que deja una huella a ser retomada en otro solo más largo que ocurre poco antes del final. ‘Momma Was A Manson Girl’, a pesar de su título con alusiones homicidas, es en realidad un ejercicio más sosegado en comparación con la mayoría de las piezas precedentes. Es una pieza prima-hermana de ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’, incluso más atada a las convenciones del prog-metal en buena parte de su desarrollo temático. ‘Willowbrooke’ sí vuelve de lleno hacia los aspectos más demoledores del paradigma intrínsecamente inquieto y neurótico del dúo. Incluso algunos recursos de variantes y giros inesperados en clave masivamente disonante nos pueden remitir a la esencia estética de FRANK ZAPPA. Con ‘The Ministry Of Propaganda’, las cosas regresan a los territorios de CANVAS SOLARIS y MESHUGGAH: hay que ver cuán humanamente imposibles suenan algunos quiebres rítmicos y algunas expansiones armónicas de la guitarra... pero ciertamente fueron seres humanos quienes grabaron esto, y además, tuvieron el atrevimiento de idearlo previamente. Creando un falso efecto de fade-out, el cierre de‘The Ministry Of Propaganda’ abre inmediatamente la puerta al arribo de ‘Narcoleptic Narc’, pieza que vuelve a retrotraerse a la dimensión más sutil de la banda (dentro de lo que se entiende como sutil en este universo sonoro específico) en algunos pasajes, aunque siempre hay que esperar que surjan exhibiciones de apabullante vigor. Esto es particularmente verídico en los pasajes finales, muy influenciados por el paradigma del thrash-metal. ‘Wesley Crusher’s Holodeck Porn Stash’ pone freno a la explosividad punzante de la pieza anterior y nos mete de lleno en una interesante exhibición de confluencia entre tonalidades prog-metaleras oscuras y dinámicas de inspiración Crimsoniana, además de meter algunos factores jazz-rockeros en ciertos pasajes muy medidos.


El último cuarto de hora del disco se inicia con ‘Pendulum Of Uncertainty’, pieza que recoge decididamente el impacto volcánico de ‘Wesley Crusher’s Holodeck Porn Stash’ con la finalidad de ataladrar el alma del oyente empático y detectar las profundidades más secretas de su sangre espiritual. Acto seguido, ‘The 1984 Experience’ regresa de lleno a los máximos picos de extravagante vitalidad que habían dejado raíces profundas en los momentos más complejos del repertorio precedente. Otra vez nos abruman dichosamente los pasajes humanamente imposibles en la edificación de esquemas rítmicos y el despliegue de orquestaciones guitarreras, otra vez escalamos a un cénit expresivo del disco. La hoguera final llega de la mano de ‘Rings Of Uranus’, pieza que se inicia con el loop final de ‘The 1984 Experience’ y evoluciona con un frenesí muy similar, aunque con justicia cabe decir que porta una dosis un poco menor de sofisticación temática en beneficio de la expansión del gancho metalero. El fade-out da la impresión de que hemos tenido, por casi 80 minutos, una exhibición de fuerza visceral que nunca quiere morir. Pero llegamos ya al final del álbum y el diagnóstico nuestro sobre el mismo es positivo. ¡Casi 80 minutos de deleite enfermizo y catártico! El dinamismo incesantemente implacable del repertorio de “IV” demuestra que WANZWA es un referente crucial para el estado de la situación actual la avanzada metalera. 


Muestras de “IV”.-

Friday, February 26, 2016

FARMHOUSE ODYSSEY: notas para una bella navegación progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA

Hoy prestamos atención al joven grupo norteamericano FARMHOUSE ODYSSEY so pretexto de su segundo disco “Raise Of The Waterfowl”, el mismo que se publicó a inicios del primer mes del año. Conformado desde el otoño de 2012 por el teclista-vocalista Alex Espe, los guitarristas Aaron Laughlin y Alex Pepe (fungiendo el primero de ellos como cantante de apoyo), el baterista Thatcher Holvick-Norton y el bajista Ian Taylor, este grupo residente en la localidad californiana de Arcata se dedica a cultivar un estilo progresivo suntuoso y dinámico que combina fluidamente los legados del sinfonismo clásico y del movimiento jazz-progresivo con raíces en el Canterbury. “Raise Of The Waterfowl” es el disco que sucede al homónimo trabajo de debut que fue publicado en el año anterior 2015. La lína de trabajo practicada por este quinteto le hace afín a las propuestas de bandas como ECHOLYN (y su efímero off-shhot FINNEUS GAUGE), LAND OF CHOCOLATE, A TRIGGERING MYTH, DELUGE GRANDER y THIEVES' KITCHEN; hasta cierto punto, también hallamos compatibilidades con lo que hacen bandas de otros lares como THE WRONG OBJECT, SANHEDRIN y ALCO FRISBASS. Parece que este grupo se halla en un estado de gracia creativa pues se da muy buena mañana para concretar ideas musicales de excelente factura bajo estándares muy exigentes: adelantamos que “Raise Of The Waterfowl” nos parece un firme candidato para aparecer en posiciones privilegiadas dentro de las listas de discos progresivos favoritos del año 2016, aunque es verdad que todavía resulta muy apresurado aseverar cosas así. En todo caso, por ahora solo podemos explicar por qué tenemos tanto entusiasmo con este disco – veamos los detalles del mismo.


La dupla de ‘Daybreak’ y ‘Slumberless Sun’ nos pone en autos sobre la intencionalidad estética del quinteto. La canción que abre el álbum exhibe una agilidad colorida y cautivadora: 6 ½ minutos de magia sinfónica que destila suavidad y convicción en partes iguales, a paso firme hasta el explosivo clímax final. Siguiendo por los mismos pasos, ‘Slumberless Sun’ desarrolla un motif más conciso desde el cual la instrumentación se desarrolla con unas vibraciones un poco más gráciles: ojo al solo de guitarra tan espléndido que entra a tallar a poco de iniciada esta canción. Con la dupla de ‘Brain Song’ y ‘Calligraphy’, la banda empieza a mostrarse notoriamente más ambiciosa en cuanto a los explayamientos temáticos y las expresiones de vigor sonoro, y de hecho, su espacio compartido de 13 minutos y medio conforma uno de los picos máximos del repertorio. ‘Brain Song’ se arma sólidamente en base a los senderos melódicos trazados por la guitarra y los teclados, inspirados en los paradigmas de CARAVAN, GENTLE GIANT y HAPPY THE MAN en proporciones iguales, mientras los arreglos vocales apuntan al modelo Yessiano. El solo de guitarra que emerge poco antes de llegar a la barrera del quinto minuto y medio es simplemente espectacular, capaz de integrar dentro de sí una intensa síntesis de los momentos más enérgicos del vuelo sonoro precedente. Regresando al motif inicial para el epílogo, la pieza completa un bien dibujado círculo musical. Por su parte, ‘Calligraphy’ se mete de lleno en el molde Yessiano mientras establece nexos familiares con las bandas compatriotas ECHOLYN y DELUGE GRANDER. El swing escogido por la dupla rítmica permite al bloque instrumental global a mostrar una soltura refrescante mientras el vocalista explora matices expresionistas especiales de su canto. Para los sucesivos solos de sintetizador y guitarra, las vibraciones inspiradoras son de corte jazzero al estilo Canterbury. Con los 8 minutos y medio de duración que tiene ‘Space Revealed’ llegamos al ecuador del disco. Este extenso instrumental inicialmente se arma bajo la guía del piano y luego integrado orgánicamente en la armazón comunitaria de todos los instrumentos actores. El momento en que se luce el piano eléctrico se traduce en una expresión de sublime elegancia, mientras que el solo de guitarra se impone como un enérgico recurso de explosión de luminosidad musical: es en esta segunda instancia que se construye la ambientación final de la pieza, firmemente asentada sobre su meticulosa ingeniería jazz-progresiva. Hay aquí otro cénit del álbum.


‘Shipwreck’ nos lleva a territorios de ágil dinamismo, heredando el colorido absorbente de ‘Brain Song’ y la extroversión amable de ‘Daybreak’, añadiendo al empaque general varios ingredientes esenciales del estándar de la tradición del jazz-fusion de los 70s (especialmente, la faceta más melódica de unos WEATHER REPORT). Sin duda, tenemos aquí una de las labores más sofisticadas e impresionantes de la dupla rítmica, la cual se luce sin empacho mientras sustenta la exaltación inherente a la pieza con genial solvencia. Lo que viene a continuación es una maratón de poco menos de 16 minutos de duración… ¡y un título muy largo! ‘Speedbump Catalyst: Upon The Wheel, Blessing In Disguise, Energetic Tides, The Road Alone’ comienza exhibiendo una candidez sobria y contemplativa donde lo sinfónico y lo jazzero van de la mano con una fluidez notable. Los momentos de exaltación que entran a tallar en lugares estratégicos no son muy prolongados, pero ostentan suficiente fuerza de carácter como para reavivar la atmósfera dominante de una manera convincente – hasta aquí, tenemos un híbrido bien equilibrado de YES, JETHRO TULL y NATIONAL HEALTH, más ese toque renovador de OBLIVION SUN. Más adelante, la banda se proyecta hacia facetas más calmadas de su visión musical: el piano se hace cargo de la voz cantante en esta instancia. La inserción de este paraje resulta crucial para lo que hemos de disfrutar en lo que queda de esta larga canción, pues la banda cuenta ahora con un foco firme para explayarse cómoda y cohesivamente en ambiciosos esquemas multi-temáticos. El resultado final se traduce en una portentosa cosecha de la siembra realizada con las cinco primeras canciones del disco. ‘Safe Passage’ es el breve puente de piano y sintetizador que sirve para enlazar el final de la mini-suite precedente y la última canción del disco, ‘From The Night Sky’. Esta pieza que dura poco menos de 4 ¼ minutos sirve para que el grupo explore por última vez su gusto por ambientes serenos y grooves jazz-rockeros delicados de talante Canterburyano. Las capas orquestales utilizadas en el interludio portan una magia única mientras que la sección final reitera oportunamente la faceta contemplativa del ensamble.

  

Como balance final, “Rise Of The Waterfowl” se erige como una obra magna dentro de la producción progresiva del año 2016. Más aún, vale la pena explorar sus dos disco y no quedarnos solamente con el más reciente, pero bueno, concentrándonos estrictamente en el presente, vale concluir que la gente de FARMHOUSE ODYSSEY ha hecho un trabajo tremendamente bordado con el repertorio de este disco. ¡Recomendado al 100%!


Muestras de “Rise Of The Waterfowl”.-


Wednesday, February 24, 2016

Una bestia musical de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR, la leyenda viviente de la vanguardia post-rockera canadiense que se convirtió en un referente mundial desde los tiempos de aquel lejano primer disco de 1997 “F A”, volvió a la palestra fonográfica en marzo del año pasado 2015 con el álbum “Asunder, Sweet and Other Distress”. El grupo tuvo un historial muy activo en cuanto a presentaciones en vivo hasta que tuvo lugar un periodo de hiato, el mismo que terminó en el año 2010: ya en el 2012 disfrutamos de una electrizante obra titulada “‘Allelujah! Don't Bend! Ascend!”, y ahora prestamos debida atención a “Asunder, Sweet and Other Distress” (un poco tardíamente, es verdad). Publicado por el sello quebequense Constellation Records, este disco tiene en particular honor de ser el de menos duración de toda la discografía del grupo, durando un total de 40 minutos. Para la gestación de este disco, el personal de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR está conformado por Thierry Amar [bajo, contrabajo], David Bryant [guitarra, sintetizador Yamaha Portasound, órgano, efectos de pedal], Aidan Girt [batería], Timothy Herzog [batería, efectos de pedal], Efrim Menuck [guitarra], Mike Moya [guitarra], Mauro Pezzente [bajo] y Sophie Troudeau [violín]: o sea, casi todo el ensamble que también tocó en el disco anterior con excepción de Herzog. También se da crédito a Karl Lemieux como proyector de películas de 16mm., lo cual para nada es gratuito pues el repertorio contenido en “Asunder, Sweet and Other Distress” es el mismo que el grupo tocaba en su proyecto multimedia “Behemoth”, el cual data del año 2012. Todo el repertorio está hilado en un continuum, lo cual tiene sentido para el talante cinematográfico que es exigido de una concepción musical vinculada un proyecto donde también está involucrada la narrativa filmográfica. Bueno, concentrémonos específicamente en el repertorio del álbum a partir de ahora, ¿vale?


Durando casi 10 ½ minutos, ‘Peasantry Or 'Light! Inside Of Light!'’ abre el álbum con una ceremoniosidad rotunda e imponente, empapada de perfumes orientales. Valiéndose de la bien armada confluencia entre una mágica ingeniería de múltiples instrumentos de cuerda y una (engañosamente) lánguida estructura rítmica, el ensamble eventualmente abre paso a un cautivador solo de guitarra así como a caóticas dialécticas de guitarras y violín, antes de llegar a un pasaje sublime donde se resalta una orquestación que tiene mucho de impresionista y algo de siniestro. Después de darle un giro mágico a la atmósfera central de la pieza, las cosas se empiezan realmente a calmar de a pocos en las instancias previas a la frontera del séptimo minuto, lo cual se traduce en un ejercicio de autoconstricción introspectiva: eso sí, los ecos del momento más álgido han dejado una huella sin borrar hasta la culminación de esta pieza. A continuación sigue ‘Lambs’ Breath’, otro tema de razonablemente larga duración (ocupa un espacio de poco menos de 10 minutos), el cual comienza con exploraciones abstractas donde lo denso y lo oscuro reinan con inapelable fragor. Como si la bruma del Limbo se desvaneciera, el grupo sigue a continuación con un aura minimalista de abierta tendencia cósmica, muy reminiscente de los periodos iniciales de TANGERINE DREAM (“Zeit”) y CLUSTER (los dos primeros discos). Con la emergencia de ‘Asunder, Sweet’, el grupo se sigue explayando en estas pautas minimalistas, alimentando al persistente drone con ornamentos flotantes de guitarra y violín, incluyendo acordes sueltos con eco y notas sostenidas. El crescendo del ruido reinante resulta tan amenazante como majestuoso, y es esta misma dicotomía la que muestra al colectivo de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR como una entidad que sabe imponer el imperio de la imaginería abstracta en el arte del sonido.


‘Piss Crowns Are Trebled’ dura poco menos de 14 minutos y está a cargo de aportar el broche de oro al disco; precisamente es una pieza idónea para que el ensamble se tome el momentum final del disco con un señorío totalmente magistral. Los encantamientos vertidos por los efluvios del violín se sienten en casa arropados por los robustos sortilegios encarnados en las múltiples capas de las guitarras, mientras que la dupla de baterías desarrolla una meticulosa puntualización del groove inteligente sincopado que encapsula a la instrumentación global. El breve momentum climático que se inicia al borde del sexto minuto invita a una embriaguez solemne, siendo así que este efímero clímax es seguido por un pasaje arquitectónico donde el grupo se dispone a irradiar toda la luz ígnea que tiene dentro de sí. La vitalidad del trío rítmico. Las capas flotantes del epílogo cierran con una imponente aura cósmica el cúmulo de sensaciones místicas a las cuales nos invitó la banda a entregar nuestra mente y nuestro corazón. De este modo se completa la experiencia de “Asunder, Sweet and Other Distress”, la más reciente obra de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR, la misma que nos muestra a un ensamble que conserva incólume toda la vitalidad de antaño y renovadas energías creativas que motivan inteligentemente nuevas aventuras dentro de un mapa de viaje coherentemente trazado desde mediados de los 90s. Este grupo está tan vigente como siempre y todavía tiene para seguir dando mucho de sí en el horizonte futuro.


Muestra de “Asunder, Sweet and Other Distress”.-


Sunday, February 21, 2016

Quinta jornada de gloria prog-metalera para SCALE THE SUMMIT


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

La gente del cuarteto instrumental norteamericano SCALE THE SUMMIT ha vuelto a lucir la prestancia de su provincia dentro del mundo prog-metalero con su quinto disco, el mismo que precisamente se titula “V”. Este cuarteto de Chris Letchford [guitarra de 7 cuerdas], Travis Levrier [guitarra de 7 cuerdas], Mark Michell [bajo de 6 cuerdas] y J.C. Bryant [batería y percusión] publicó esta quinta placa a mediados de setiembre de 2015 a través del sello Prosthetic Records (el mismo que los apoya desde los tiempos de su segundo álbum “Carving Desert Canyons”, que data del año 2009). La misión esencial de “V” es la de seguir perpetuando sentimientos triunfantes y pensamientos arquitectónicos: el predominio de las atmósferas sugerentes y los esquemas rítmicos exigentes sobre lo melódico marcan decisivamente el modus operandi del grupo. Éste es el segundo disco en el que toca Michell en reemplazo del bajista original Jordan Eberhardt y el primero en el que toca Bryant en sustitución de Pat Skeffington, siendo así que esta ligera modificación de planes no ha afectado en nada al mapamundi musical de SCALE THE SUMMIT. Bueno, veamos ahora los detalles de este disco que tenemos en nuestras manos.


‘Winged Bull’ da inicio al repertorio con una sólida exhibición de gancho en los riffs así como en los trazos melódicos de los solos de las guitarras, mientras la armazón rítmica juega hábilmente con estructuras sincopadas de inspiración jazz-rockera. Tras esta estupenda vía de entrada surge ‘Soria Moria’, durando poco menos de 6 minutos y constituyendo bien pronto un cénit significativo del álbum. El grupo da rienda suelta a su dimensión más progresivamente sofisticada, principalmente bajo la influencia del paradigma Crimsoniano de los 80s, a la par que preserva la vitalidad y la musculatura inherentes a su visión musical. Con la dupla de ‘Pontus Euxinus’ y ‘Trapped In Ice’, el ensamble se dispone a seguir ahondando en la visión musical que nos exhibe con la soltura y clase de siempre: básicamente, encontramos en ‘Pontus Euxinus’ un equilibrio perfecto entre la fastuosidad absorbente de LIQUID TENSION EXPERIMENT y la peculiar exquisitez de GORDIAN KNOT; por su parte, ‘Trapped in Ice’ empieza llevándonos por senderos inundados de incandescente lava rockera donde lo incandescente y lo fulgurante se encapsulan en un dinamismo convincentemente frenético… hasta que llega la coda con una calmada guitarra que elabora una solitaria elegía minimalista. ‘Stolas’ emerge a continuación con la misión de revitalizar las aristas más extrovertidas del vigor musical de la banda, y de este modo retoma el sentido del gancho de ‘Winged Bull’ en combinación con algunos ornamentos propios de la experimentación psicodélica. Situado en el ecuador del disco, ‘The Isle Of Mull’ exhibe un aura de majestuosidad en su sección introductoria, lo cual nos prepara para otro ejercicio de musculares musicalidades y complejos desarrollos rítmicos. Las osadas ingenierías de los riffs y las no menos osadas expansiones armónicas sobre las cuales se elabora el cuerpo central ostentan un vigor genial, hasta que llega el momento del epílogo, un breve momento de serenidad lírica.


Ostentando un porte épico, ‘Kestral’ se siente señorial desde las primas instancias de la instauración de su solemne motif central, no ajeno a la presencia de atmósferas sinfónicas. El despliegue de vigor metálico es notorio, y de hecho, a partir de la frontera del tercer minuto la pieza se torna ominosamente filuda, pero la función principal de ‘Kestral’ parece ser la de enfatizar las inquietudes más sofisticadas del grupo. Luego sigue ‘Oort Cloud’, otra pieza particularmente llamativa dentro del repertorio global del disco: volviendo a los matices Crimsonianos que ya disfrutamos anteriormente en ‘Soria Moria’, el cuarteto también se atreve a coquetear con estándares del math-rock mientras convierte a esta pieza en la más autoconstreñida del álbum. Si además entran a tallar momentáneos grooves jazz-rockeros – solo de bajo incluido –, cómo no advertir confluencias con sus compatriotas de GORDIAN KNOT y AT WAR WITH SELF. Nos vamos acercando al final de “V” cuando emerge ‘Blue Sun’, tema que con su espacio de 7 minutos se erige en el más extenso del repertorio del “V”. Amalgamando influencias de FATES WARNING, STEVE VAI, los CANVAS SOLARIS de los primeros discos y los KING CRIMSON de los 80s, el grupo se explaya en una ilación de poderosos motivos repartidos a través de atmósferas muy diversas: pasando de la musculatura machacante a parajes de arquitectónica sobriedad, transitando con igual solvencia por momentos de calidez melódica y por otros que se centran en lo agresivo, el cuarteto se luce como quiere, haciendo que los 7 minutos pasen volando a la velocidad de la luz. Pero todavía queda un poco más de iluminación musical. En efecto, ‘The Golden Bird’ pone al disco un broche que ostenta la robusta gracilidad de un águila y el brillo de oro: o sea, dignifica su propio título. De hecho, en cuanto a las ideas básicas de esta pieza, se puede decir que la banda recibe el impacto de ‘Blue Sun’ a la par que recupera atmósferas sofisticadas al estilo de ‘Trapped In Ice’ y ‘Kestral’.


Todo esto es “V”, un testimonio fehaciente de cuán incombustible e inagotable es la plantación musical de la cual los SCALE THE SUMMIT extraen sus sucesivas cosechas prog-metaleras. Seguimos convencidos de que la presencia de este grupo es muy valiosa para cualquier buena colección de música progresiva de nuestros tiempos.


Muestras de “V”.-
Stolas [vídeo-clip]: www.youtube.com/watch?v=it5qQtUg9EY



Thursday, February 18, 2016

El gozoso legado de CARPE DIEM



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy volvemos nuestros oídos melómanos a la Riviera Francesa y miramos con nuestros ojos melómanos a los años 1976 y 1977 para contemplar y apreciar el legado fonográfico de la banda francesa CARPE DIEM, la cual se originó en Niza y ofreció, en su corta existencia, una de las propuestas más interesantes de la primera generación del rock progresivo francés. En efecto, hace 40 años se publicó el disco de debut de este quinteto, titulado “En Regardant Passer Le Temps”: al año siguiente se publicó la segunda y última placa del grupo, “Cueille Le Jour”, lo cual es de lamentar en términos cuantitativos… que no cualitativos. Esta asociación cuyo nombre invita a disfrutar al máximo de los momentos que nos quiere regalar la vida creaba una colorida y majestuosa combinación de sinfonismo, space-rock, cámara y jazz-fusión dentro de un mecanismo sonoro cohesivo y llamativo. Además de los exigidos niveles de solvencia performativa que el quinteto asumía como norte de su excelencia particular, se nota en el material de CARPE DIEM una magia muy especial. La simiente de este grupo se ubica en el encuentro entre Christian Truchi y Alain Bergé, quienes pertenecían a diferentes grupos de versiones y estaban ansiosos por hacer algo novedoso en el underground rockero de Niza, a fines de los años 60s: constatando sus coincidentes admiraciones hacia grupos como JETHRO TULL, EAST OF EDEN, THE MOODY BLUES, y especialmente KING CRIMSON, forjaron una instantánea amistad musical a pesar de que les separaban siete años de edad (siendo Truchi un niño prodigio aún por conocer la veintena). Ya a mediados de 1970, el grupo tenía el nombre de CARPE DIEM, con la alineación de cantante-guitarrista-teclista- bajista-baterista: el guitarrista era Gilbert Abbenanti, un joven muy talentoso y cuyo manejo de la guitarra era totalmente empírico, influenciado por JIMI HENDRIX y PINK FLOYD. Mientras el grupo animaba fiestas en clubes y pubs de la Riviera Francesa haciendo versiones de DEEP PURPLE, URIAH HEEP, JOE COCKER, también empezaba a animarse a dar vida a un repertorio propio bajo las pautas progresivas que suponían su amor rockero más íntimo y genuino. Una anécdota muy representativa de este ímpetu creativo es la preocupación de Truchi por modificar su órgano GEM de tal modo que imitara el vibrato del modelo Lowrey tan común en bandas como EGG y CARAVAN, las cuales formaban parte de su cabecera. La primera experiencia de grabar material propio fue un single que contenía las canciones ‘Alesia’ y ‘Le Mangeur D’Herbes’, cuya discreta edición estaba solamente destinada como obsequio para amigos del grupo. Otras composiciones respondían al formato de suites largas con temática apocalíptica, y aunque desgraciadamente nunca vieron la luz del día como parte de un disco oficial, sí sirvieron como experiencias de aprendizaje en la composición de las piezas de sus futuros discos.


En el transcurso del año siguiente, el grupo logró tocar en otras ciudades del país e incluso ganaron concursos de rock, pero ciertos cambios esenciales en la alineación del grupo fueron teniendo lugar mientras se tanteaba posibilidades de obtener un contrato de grabación. En 1973, el vocalista dejó al grupo, el cual decidió seguir adelante como una entidad puramente instrumental, mientras que su público de culto en Niza aumentaba; un momentáneo cambio de idea hizo que el grupo contratara brevemente a otro vocalista, pero la experiencia no fue nada fructífera, por lo que el esquema de trabajo instrumental fue el que prevaleció a fin de cuentas.  En el otoño de 1974, los integrantes de CARPE DIEM decidieron darle un giro exclusivamente profesional a este oficio, y a partir de allí se fue definiendo la primera alineación estable de la banda: primero con el ingreso del baterista-percusionista Alain Faraut (tras las sucesivas deserciones del original Claide Merchard y su efímero reemplazante Jean-Marc Moutain) y del vientista Claude-Marius David: él provenía de RECITALL, una banda de versiones de KING CRIMSON que se había disuelto poco antes. Así las cosas, la alineación clásica de Gilbert Abbenanti [guitarras eléctrica y acústica], Alain Bergé [bajo y pedales bajos], Claude-Marius David [flauta, saxo soprano y percusión], Alain Faraut [batería y percusión] y Christian Truchi [teclados y canto] estaba lista para abordar la grabación de su primer disco en agosto de 1975. Para llegar a este punto, el grupo tuvo que llamar la atención de los productores del programa televisivo “Midi-Prèmiere” y tras presentarse allí, llamaron a su vez la atención de los directores del sello fonográfico Arcane, quienes fueron a verlos actuar en un concierto en la localidad de Dôle. El grupo aceptó la oferta del sello con la condición de que se dejara al grupo las labores de producción de sonido del disco de debut, a titularse “En Regardant Passer Le Temps”. Las cuatro piezas registradas en los diez días de agosto que duraron las sesiones de grabación se revelaron al mercado en febrero de 1976, bajo una bella cubierta ilustrada por Hubert Pattieu, la cual ostentaba intrigantes imágenes cósmicas y surrealistas en un encantador formato de blanco y negro.

   

En general, los aspectos que más nos llaman la atención de este primer álbum de CARPE DIEM son dos elementos cruciales para la esencia artística del grupo: uno, un lirismo bien delineado que inunda la totalidad de las ideas melódicas y que muchas veces se explaya en atmósferas “raras” de tendencia espacial; y dos, el despliegue de energía vertido por el ensamble, el cual algunas veces raya con lo áspero pero que siempre ostenta una presentación pulida. Estando siempre flotando en el aire un aura psicodélicamente oscura, el bloque sonoro de la banda se emparenta con lo que ya hacían sus compatriotas de PULSAR en sus dos primeros discos, y anticipa en parte lo que hará pocos años después el grupo turco-francés ASIA MINOR. También se hacen sentir alusiones al KING CRIMSON de las épocas 70-71 y 73-74, además de ciertas vibraciones ágiles jazz-progresivas propias del Canterbury. A través de estas influencias y confluencias, la gente de CARPE DIEM hace sentir su propia voz a los oídos del oyente atento y cómplice. El comienzo de “En Regardant Passer Le Temps” se da con el instrumental ‘Voyage Du Non-Retour’, que dura poco menos de 4 minutos. Ostentando una vitalidad robusta que paradójicamente se eleva con una luminosidad etérea sobre los aires, expone una gracilidad cósmica a lo GONG con ciertos aires del SOFT MACHINE pre-1969. Este jam se siente en verdad muy corto cuando llega el fade-out, pero bueno, las cosas se ponen eventualmente más coloridas y envolventes con las tres piezas siguientes, las mismas que encajan perfectamente dentro de la descripción general vertida en el párrafo anterior. ‘Réincarnation’ es una suite de casi 13 minutos de duración, que comienza con un acento patentemente lírico: esa flauta pastoral que se explaya con delicadeza sobre los evocadores arpegios de teclado crean un preludio muy efectivo a la hora de plasmar un ambiente onírico. Para cuando llegamos al segundo minuto, las cosas están instaladas sobre una base más pomposa y potente: lo pomposo está bastante medido, eso sí, y no es usado como un recurso para esconder o reemplazar lo melódico, sino para darle una dimensión más estilizada. A partir del sexto minuto encontramos nuevos elementos cósmicos, esta vez cercanos a la faceta más alucinada de GENESIS y al PINK FLOYD del “Meddle”. El clímax final, desarrollado a través de los dos últimos minutos, perpetúa este lado cósmico con notable esplendor. Tan impresionante como nos parece esta primera mitad del disco, admitimos que en la segunda está lo mejor de “En Regardant Passer Le Temps”. En los casi 10 ¼ minutos que dura ‘Jeux Du Siècle’, se establece bajo un parámetro similar al de ‘Réincarnation’, pero en su conjunto nos parece más logrado en lo que se refiere a la integración interna de los motivos y variaciones que se van sucediendo. La breve parte cantada que conforma la coda se instala como un momento de cálido reposo emocional después de los diversos recursos de vitalidad sonora que tuvieron lugar en los primeros 8 minutos. ‘Publiphobie’ concluye el disco poniéndole una guinda progresiva de alto calibre. Casi pegado a la breve sección cantada de cierre del tema anterior, ‘Publiphobie’ emerge como una tormenta distinguida y exquisita de sonoridades progresivas, realizada a punta de una potencia compartida equilibradamente por los cinco músicos. Incluso la dupla rítmica opera como un elemento de creatividad influyente dentro de la riqueza melódica del tema. Ya sea al unísono, o complementándose mutuamente a través de líneas diversas centradas en notas comunes, la cosa es que el quinteto opera con una compacidad increíble. No se nota un espacio vacío, por mínimo que sea, en ninguna de las secciones ni tampoco en el tránsito de una a otra. El aura melancólica de las partes cantadas recibe parte de su fuerza expresiva de la frenética obertura instrumental que le precede, al modo de una huella marcada a fuego lento. El interludio es otro momento clave de esta pieza: trabaja con una tensión evidente, pero sin dejar que ésta explote a pesar del despliegue de polenta emanado por la guitarra y el saxo: la tensión se mantiene contenida dentro de un equilibrio misteriosamente trazado por las pinceladas sonoras que se van sucediendo. El coqueto motif de apertura reemerge para cerrar el tema y el disco redondamente.


Es sin duda el magistral aporte de los vientos de David el elemento más saltante a través de las trayectorias dialógicas que el trío de guitarra-teclado-viento traza en el desarrollo de los motivos; claro, para nada quiero desestimar el buen gusto y sensibilidad de Abbenanti en sus solos, ni tampoco la capacidad de Trucchi para ejecutar mil y un fraseos y orquestaciones (en buena parte, bajo la influencia del Canterbury) que mantienen un núcleo claro y oportuno dentro de las expansiones melódicas. Mientras tanto, la sólida base rítmica Bergé y Faraut, amalgamada a partir de la mezcla entre lo rockero y lo jazzero, ayuda a mantener una fuerza consistente a través de la mágica exuberancia de las expansiones melódicas en proceso. Si “En Regardant Passer Le Temps” fue un gran punto de partida para los CARPE DIEM, todavía falta pasar revista a su siguiente álbum, “Cueille Le Jour”, cuyo título responde simple y llanamente a la traducción francesa del nombre latín del grupo mismo. Este disco grabado en el último mes de 1976 y publicado en marzo del año siguiente apuesta frontalmente por los principios de belleza serena y la creación pausada de ambientes emocionales cautivadores, a través del inteligente empleo de texturas y el sutil artificio de transmitir una energía poética a través de líneas melódicas bien dibujadas, siempre elegantes, nunca llegando a ampulosidades extremas. El sonido grupal se siente acoplado desde sus elementos individuales de una forma más orgánica, lo cual refleja una maduración consistente en CARPE DIEM como entidad. El lado A del vinilo consiste en una suite de cinco secciones, ‘Couleurs’, y hay que decir desde ya que se trata del punto máximo del disco, ilustrando a la perfección los puntos que se expusieron en las últimas oraciones del párrafo anterior. Los títulos autónomos de las cinco secciones de ‘Couleurs’ son ‘Phase Noir: Premiers Pas’, ‘Phase Orange: La Traversée Des Sables’, ‘Phase Vert: Dernier Village... Premières Neiges’, ‘Phase Violette: Recontre’ y ‘Phase Blanche: Les Portes du Silence’. Los sucesivos motifs centrales son exquisitos, sofisticados sin llegar a ser nunca demasiado ampulosos, incluso recurriendo a la reiteración con la finalidad de apuntar a la gestación de específicos puntos climáticos. El diálogo constantemente fluido entre los músicos ayuda a la suite a preservar incólume su magia esencial a través de sus variantes temáticas. En medio de las texturas predominantes, los solos de guitarra, vientos y teclado que van entrando a tallar logran añadir retazos con pulcra efectividad. También se notan los infaltables quiebres jazzeros en la manera en que el vientista maneja sus solos y algunos ornamentos del órgano – sin duda, producto de la influencia del Canterbury – en nombre de la elaboración de dinámicas interesantes que enriquecen las melodías básicas. El concepto de esta suite se basa en diversos colores, tal como indica el título: la única sección cantada es ‘Phase Violette: Recontre’, la cual empieza a instaurar una aureola extrovertida que se irá prolongando durante el resto de la suite. El clímax final es simplemente soberbio: arquitectónico y visceral a la vez.


Los temas del lado B son más concisos y menos impresionantes que la suite del lado A, pero para nada resultan pieza desechables… ¡para nada! Temas como ‘Naissance’ y ‘Le Miracle De La Saint-Gaston’ exhiben recursos de serena y envolvente belleza semejantes a los de la suite, a pesar de no gozar de las mismas dosis de fastuoso esplendor. En todo caso, sus estructuras más concisas motivan a la banda a explorar estrategias meticulosamente orgánicas de colorido sonoro. Tras pasar por un breve momento divertido de tono funky-rock en ‘Laure’, ‘Tramontane’ nos devuelve la faceta serena y reflexiva de la banda, aunque sin dejar de incluir pasajes medianamente veloces y con gancho en su desarrollo temático. El final del disco llega con el melancólico dueto de piano y saxo soprano titulado ‘Divertimento’, el cual muestra la luz interior del alma humana con una pertinente aureola de solemnidad, al modo de una despedida de buenas noches que contrasta con la riqueza lumínica que se nos había regalado en la suite ‘Couleurs’. En las mismas sesiones de grabación se grabó una versión en inglés de la cuarta parte de ‘Couleurs’ con miras a convertirlo en lado A de un single, pero este pequeño plan no prosperó. En todo caso, “Cueille Le Jour” es un éxito artístico de primer nivel. Para el tiempo en que los CARPE DIEM habían logrado publicar este segundo álbum, ya gozaba de una buena reputación en los círculos del art-rock francés. Aparte de sus previas mini-giras en círculos nacionales, de hecho fueron sus participaciones en un festival de enero de 1976 (compartiendo cartel con MONA LISA, ANGE y TANGERINE), así como en la red de conciertos Le Rock d’Ici, en la cual se promovía a la avanzada rockera del país, a mediados del mismo año, ayudaron a poner el nombre de CARPE DIEM con letras grandes en la escena progresiva francesa. La grabación y publicación de “Cueille Le Jour” era el resultado concreto natural de este momento de ímpetu, con el optimismo de haber vendido casi 15.000 ejemplares de “En Regardant Passer Le Temps”. De todas maneras, las inestabilidades en la formación de la banda no tardaron en darse cuando ésta tenía que lidiar con el inconveniente de no contar con una dirección comercial realmente efectiva. Para empezar, el guitarrista Gilbert Abbenanti abandonó la banda en busca de un modo de vida más estable, por lo que tuvo que ser prontamente sustituido por Georges Ferrero; por su parte, Bergé duplicó su labor en el grupo al convertirse en manager de facto del grupo, mas finalmente tuvo que dedicarse a esto último en exclusiva. Así las cosas, tuvo que entrar en escena el guitarrista Gérald Macia (hasta entonces, experto en guitarra acústica y violín) mientras que Ferrero pasó al bajo. Dado el pedigrí folk-rockero de Macia, el estilo de CARPE DIEM empezó a navegar por las aguas del modelo folk-progresivo, algo que de hecho fue bien visto por los integrantes veteranos que aún seguían adelante, era una motivación nueva con miras a la composición de un futuro nuevo repertorio. De hecho, las ideas para un tercer disco estaban madurándose mientras Bergé rompía el contrato con el poco eficiente sello Crypto y la banda busca infructuosamente contratos con otros sellos con mayor infraestructura. La constante sucesión de respuestas negativas y propuestas de contratos demasiado castrantes hicieron que la labor de grabar una maqueta con nuevas composiciones hubiera resultado prácticamente en vano; además, dada la moda del punk y el resurgimiento del rock duro melódico en la escena francesa, las puertas de los escenarios ya no se abrían tan raudamente para el persistente quinteto. La persistencia duró un poco más hasta que la amigable, aunque triste decisión de separarse tuvo que ser tomada: la última actuación de CARPE DIEM fue en un programa televisivo en octubre de 1979, tocando un repertorio de menos de media hora ante las cámaras.


Las reediciones de los discos de CARPE DIEM están dedicadas a la memoria de Claude-Marius David, quien partió al más allá en el año 1993; nosotros hacemos lo propio con esta retrospectiva que humildemente publicamos aquí con el fin de no dejar que este legado no se borre. CARPE DIEM fue – no nos cabe duda alguna – una fuerza creativa importante en el microcosmos progresivo francés de los 70s.


Muestras de CARPE DIEM.-



[Esta retrospectiva incluye información originalmente publicada en los enlaces de La Caja de Música http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/carpediem_enregardantpasser.html y http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/carpediem_cueillelejour.html]

Monday, February 15, 2016

THE WINSTONS: bailando y tocando en los parques de la psicodelia retro-progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Todavía no termina el segundo mes del año y ya podemos (al menos, eso creemos) tener la alegría de complacernos con la idea de disfrutar de uno de los discos progresivos más notables del año: nos referimos al disco homónimo de debut del trío italiano THE WINSTONS. “The Winstons” ha sido publicado a inicios de enero pasado por el sello AMS, tanto en vinilo como en CD. Este trío conformado por Enro Winston [verdadero nombre Enrico Gabrielli, al canto, el órgano, los pianos, el saxofón y el clarinete], Rob Winston [verdadero nombre Roberto Dell’Era, al canto y el bajo] y Linnon Winston [verdadero nombre Lino Gitto, al canto, la batería y el órgano] se dedica a cultivar una ágil y grácil propuesta retro-psicodélico-progresiva inspirada en las etapas arcaicas de GONG, PINK FLOYD, CARAVAN y SOFT MACHINE, además de añadir elementos sinfónicos ocasionales que se inspiran en el periodo proto-progresivo (pensamos en el legado de CRESSIDA, COLOSSEUM y en los primeros discos de PROCOL HARUM, así como en los primeros pasos de la escuela progresiva italiana). También vemos algunos factores jazz-rockeros y del Canterbury maduro (HATFIELD AND THE NORTH) que salen a relucir en varios pasajes del álbum que tenemos en nuestras manos. Con todo, también es justo añadir que este peculiar trío sabe darle una musculatura propia a todos estos elementos retro que son asumidos con semejantes dosis de fascinación y desvergüenza. En su propio perfil de Facebook, el trío proclama que su propuesta musical es de psicodelia con anarquía ancestral. Los integrantes deciden en el susodicho perfil no mencionar la ciudad de la formación de la banda; se limitan a indicar que uno procede del norte de la península italiana, otro del, centro, y el tercero, del sur, mientras realzan sus respectivos apodos. Así de sencillo, así de críptico. De todas maneras, se sabe que Enrico Gabrielli es integrante de varias bandas como CALIBRO 35 y MARIPOSA, así como que fue miembro de AFTERHOURS, grupo donde sigue operando Roberto Dell’Era; tenemos ante nosotros a unos auténticos veteranos del rock experimental contemporáneo. “The Winstons” ha sido publicado en el pasado mes de enero a través del sello AMS Records, tanto en CD como en vinilo: repasemos ahora los detalles del mismo.


‘Nicotine Freak’ abre el repertorio del álbum con contundente convicción, explorando atmósferas abundantemente ceremoniosas sobre un groove autoconstreñido: es prácticamente una mezcla de EGG con el PINK FLOYD de la época “Atom Heart Mother” y el ROBERT WYATT del “Rock Bottom”. ‘Diprotodon’ sigue explorando estas atmósferas y lo hace con tanta expresividad que llega a gestar el primer cénit del disco. Realzando el factor jazzero en el esquema rítmico y explotando más a fondo los desarrollos temáticos de turno, el trío concretiza una musicalidad imponentemente sofisticada. Tenemos ahora todo un homenaje a los años seminales del movimiento progresivo con sus alusiones al SOFT MACHINE del primer disco y al COLOSSEUM de los dos primeros. Vale añadir que la letra de esta canción está en japonés, y de hecho es en el idioma japonés en que está escrito su título original. Con la dupla de ‘Play With The Rebels’ y ‘…On A Dark Cloud’, el grupo sigue caminando por los diversos senderos por los que les lleva sus musas retro-progresivas. ‘Play With The Rebels’ ostenta un lirismo sereno y contemplativo, lo cual se condice muy bien con la atmósfera de himno que delinea su estructura melódica: los recursos clasicistas del órgano imponen una aureola sinfónica al estilo de esa etapa originaria comandada por bandas como RARE BIRD, CRESSIDA y PROCOL HARUM. Por su parte, ‘…On A Dark Cloud’ nos pone en onda con la psicodelia retro de una manera abrumadora: el desarrollo temático no es demasiado ampuloso per se pero la instrumentación exhibe una musculatura especial para resaltar su esplendor inherente. Más adelante, la sección de cierre entra a tallar con vibraciones jazz-rockeras de clara inspiración Canterburyana (un poco al modo robusto de unos MATCHING MOLE), así como cierta influencia de sus legendarios coterráneos de PICCHIO DAL POZZO, pero esto último está filtrado a través de implementos sonoros propios de fines de los 60s (no tanto de mediados de los 70s). Dicho sea de paso, se trata de la pieza más extensa del repertorio con sus casi 8 minutos de duración.

  

‘She’s My Face’ nos muestra fehacientemente la faceta humorística del grupo, la cual casi nunca está escondida, valgan precisiones: escrita con un tenor pop-psicodélico, esta canción se explaya sobre un compás de 5/4 con un gancho inocente y coqueto. ¿No se tratará de una canción perdida de THE ZOMBIES que luego fue re4scatada por EGG durante las sesione de grabación de su segundo disco y que, tras desaparecer nuevamente, vinieron estos tipos de THE WINSTONS para sacarla a la luz de una buena vez? Dejaremos esta pregunta como intento de descripción de esta llamativa canción. Otro cénit del álbum lo conforma ‘A Reason For Goodbye’, canción que nos ofrece 6 minutos pletóricos de diversas modalidades sonoras, las mismas que oscilan entre el SOFT MACHINE de los dos primeros álbumes y los inicios de la carrera solista de WYATT, y a lo largo del camino, también hay alusiones claras a los estándares de la movida jazz-progresiva inicial de CATAPILLA y, cómo no, COLOSSEUM. Acto seguido, ‘Dancing In The Park With A Gun’ se encarga de recoger el impacto de la pieza anterior pero en un primer momento rebaja un poco los niveles de vigor para hacer las cosas un poco más gráciles; la ocasión resulta idónea para seguir explorando motivos y arreglos vocales juguetones y “alevosamente inocentes”. Esto es engañoso, pues poco antes de pasar a través de la frontera del segundo minuto, la instrumentación vira hacia un dinamismo psicodélico (un poco a lo ARZACHEL con retazos del PINK FLOYD 67-68) sólido y, hasta cierto punto, amenazante. También se puede notar algún que otro atisbo de influencias Zappianas durante aquella etapa inicial de THE MOTHERS OF INVENTION, pero básicamente, el esquema de trabajo que emplea el grupo aquí es bastante anglófilo. Esta dupla de ‘A Reason For Goodbye’ y ‘Dancing In The Park With A Gun’ conforma un pico inapelablemente rotundo del repertorio. Si queríamos que este grupo tuviera aunque sea un solo tema con título italiano, pues se cumple nuestro deseo con la octava pieza del disco: ‘Viaggio Nel Suono A Tre Dimensioni’. Se trata de un ágil instrumental en clave pop-psicodélica que tiene algo de sintonía para una serie televisiva de policías – de hecho, su swing tan marchoso y la extrema vitalidad con la que el bajo y el órgano despliegan sus respectivas intervenciones invitan al oyente empático a imaginar escenas de persecuciones callejeras mientras escucha.


Nos acercamos al final del álbum cuando emerge ‘Tarmac’ para mostrarnos una faceta introspectivamente misteriosa de la banda… o mejor dicho, un homenaje claro y directo a la faceta introspectivamente grisácea de ROBERT WYATT, especialmente en lo que se refiere a las dos primeras canciones de su clásica joya “Rock Bottom”. Los últimos 6 minutos y pico del disco están ocupados por ‘Number Number’, otra canción con letra y título original en idioma japonés. Su primera sección porta un groove solemne y sereno en 6/8 donde se trabaja mayormente la expresividad de los desarrollos armónicos del órgano y los ornamentos de viento que entran a tallar en ciertos lugares estratégicos; la segunda sección se hace más intensa y explora con convincente vigor el estándar jazz-progresivo primigenio al cual el grupo es tan religiosamente devoto. Un estupendo broche de oro para el álbum, y de hecho, podemos decir que se trata de otro genuino cénit del mismo. En total, fueron casi 50 minutos de grandeza retro-progresiva los que nos brindaron estos muchachos de THE WINSTONS, minutos de heroísmo musical motivado por un genuino interés en reivindicar una época específica del rock artístico con refrescante creatividad. De hecho, actualmente la banda está en actitud muy proactiva para la promoción de este álbum de debut sobre los escenarios. “The Winstons” amenaza seriamente con erigirse en una de las obras progresivas más notables del presente año 2016.


Muestras de “The Winstons”.-

Friday, February 12, 2016

La expansión jazz-progresiva del universo de THIEVES' KITCHEN


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos complacemos en centrar nuestra atención al disco más reciente del grupo anglo-escandinavo THIEVES’ KITCHEN: se trata de “The Clockwork Universe”, el mismo que fue publicado en la última semana de setiembre del año 2015. Ha sido uno de los discos más elogiados y celebrados en los rankings de lo mejor del género progresivo del año pasado en varias redes virtuales dedicadas al género, y queda claro que esta recepción tan abiertamente positiva está totalmente justificada. El núcleo tripartito de Amy Darby [canto], Thomas Johnson [teclados] y Phil Mercy [guitarras] ha contado con la eficaz complicidad de Paul Mallyon [batería], Johan Brand [bajo] y Anna Holmgren [flauta] para concretar en “The Clockwork Universe” un giro importante para la evolución artística del grupo. Los nombres de Brand y Holmren nos suenan tremendamente familiares a los coleccionistas de los discos de ÄNGLAGÅRD, por supuesto. Bueno, el hecho es que hoy por hoy THIEVES’ KITCHEN opera como un ensamble jazz-progresivo muy imbuido en las influencias de la escena Centerbury, aunque sin renunciar del todo a las influencias de la vieja tradición sinfónica que se tradujeron de forma muy expresiva en la trilogía precedente (“Shibboleth”, del año 2003; “The Water Road”, del 2008; y “Two For Joy”, del 2013). En general, no hay tanto una ruptura frente a caminos musicales antes recorridos como un nuevo comienzo motivado por un legado previo propio, pero de todas maneras, el aire de novedad se impone con una maestría creativa renovada. Las colaboraciones ocasionales de Tord Lindman (otra personalidad del mundo de ÄNGLAGÅRD) a las percusiones adicionales añaden matices interesantes a ciertos grooves… pero mejor pasemos de una vez a los detalles del repertorio de “The Clockwork Universe”, ¿vale?


Con ‘Library Song’ las cosas se ponen en marcha y lo hacen muy a lo grande. Tras un breve preludio sereno, incluso lánguido, el motif central se instaura con convincente energía: ostentando matices y desarrollos temáticos muy a lo Canterbury (al estilo de HATFIELD AND THE NORTH y GILGAMESH), la canción enciende llamas sonoras tremendamente cálidas en una plácida hoguera donde también hay sitio para capas y orquestaciones de los teclados que se inspiran en el modelo del sinfonismo. El canto de Darby es simplemente sublime. ‘Railway Time’ surge a continuación para aportar un poco más de robustez al ambiente general del disco, esta vez con un esquema jazz-rockero que acerca al grupo a lo que hacen bandas como la japonesa INTERPOSE+ o la estadounidense ECHOLYN. El factor progresivo está consolidado en el modo en que se articula la ingeniería de las interacciones de los instrumentistas, y sobre todo, en los pasajes intermedios donde la banda explora atmósferas más reposadas dentro de un muy natural flujo del desarrollo temático. Una mención especial va para el solo final de sintetizador, que va muy en la onda de Peter Bardens en el glorioso quinquenio inicial de CAMEL. Los siguientes 12 ½ minutos están ocupados por la dupla de ‘Astrolabe’ y ‘Prodigy’. El primero de estos temas consiste en un bello pasaje de piano de profundo carácter introspectivo, aunque no ajeno a cierta calidez espiritual, algo que se evidencia con los medidos ornamentos de guitarra y los apropiadamente tenues añadidos de bajo a la elaboración de la cadencia general. Por su parte, ‘Prodigy’ nos devuelve a los grooves sueltos y coloridos de ‘Railway Time’, así como al vitalismo pulcramente orquestado que se ha venido imponiendo (y se seguirá imponiendo) en el disco. Eso sí, vale señalar que hay un efectivo realce del factor sinfónico en algunos pasajes donde la banda coquetea abiertamente con el estándar de YES.

  

‘The Scientist’s Wife’ es la prueba de fuego del disco, una espléndida maratón progresiva de casi 20 minutos de duración en la que hacen falta dos asadores para que los músicos y Amy Darby puedan poner toda la carne musical que tiene a su disposición. La primera sección es una exhibición instrumental de expresionismos varios pulcramente amalgamados en un desarrollo melódico bien definido. La dupla rítmica no solo opera como tal strictu sensu sino que también aporta detalles productivos en algunos parajes melódicos con ornamentos inteligentemente armados. Alrededor de la frontera del quinto minuto, logramos escuchar por primera vez el canto evocativo de Darby, siendo así que el nuevo motivo ostenta una dinámica mezcla de los paradigmas de GENESIS, HAPPY THE MAN y YES. Las líneas de flauta encuentran espacios donde elaborar recursos de lucimiento mayores de los que había encontrado en las piezas anteriores del repertorio, y esto se debe a la utilización de climas pastorales dentro del entramado sonoro de turno. Por su parte, los teclados se sienten muy a sus anchas a la hora de construir las bases armónicas y capas sustentadoras para cada motivo que va surgiendo en el camino. Recalcando la importancia de la labor de los teclados, cabe destacar la saltarina belleza de los breves solos de piano eléctrico que entran a tallar al iniciarse la segunda mitad de la pieza; teniendo en cuenta que en esos momentos la guitarra se suelta más, el piano eléctrico funge como contraparte dialogante. Poco después, los instrumentistas se congregan en la elaboración de un pasaje irresistiblemente climático que curiosamente nos remite a las memorias de aquellas bandas perdidas de los 70s como son CATHEDRAL y EPIDAURUS. Poco antes de llegar a la frontera del decimosexto minuto se forja la sección final, la cual nos remite directamente a las atmósferas predominantes en la primera parte cantada de esta larga pieza... y de hecho, el factor pastoral se resalta más aún. Durando casi 4 ¾ minutos, ‘Orrery’ cierra el álbum con una calma ceremoniosa distinta a la que encontramos en ‘Astrolabe’: si en éste nos sentíamos movidos hacia la contemplación del cosmos que gira y vibra sobre nuestras diminutas cabezas, en ‘Orrery’ se nos hipnotiza para que nos centremos rigurosamente en contemplar el mundo interior, es como el trasfondo musical idóneo para una introspección que nos ha de llevar al reposo tras finalizar nuestro trayecto.

  

Todo esto fue “The Clockwork Universe”, tal vez la obra cumbre de THIEVES’ KITCHEN hasta la fecha. Sin duda alguna, este quinteto ha conquistado una nueva instancia de madurez en la sólida visión musical que se ha venido enriqueciendo desde los lejanos tiempos de su primer disco. Sin duda – y aunque suena ahora un poco tardío de decir – se trata de una de las obras progresivas más bellas y cautivadoras del año 2015, un muestrario de fabulosas musicalidades articuladas en un mágico engranaje sónico.


Muestras de “The Clockwork Universe”.-


Wednesday, February 10, 2016

VOLVOX: la generación de nuevo oxígeno para el actual escenario progresivo de Argentina



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy prestamos atención al grupo argentino VOLVOX, un cuarteto instrumental inicialmente conformado por Marcelo Pijachi [teclados], Pablo Giménez [bajo], Cristian Violante [guitarras] y Pablo Pucheta [batería], y cuyo disco homónimo de debut se publicó en el año 2014 por vía del sello Icarus Music con esta misma alineación. Hoy por hoy, el bajista de lgrupo es Pablo Salvatelli. La línea de trabajo del grupo está situada en un intermedio híbrido entre el prog-metal sesudamente melódico y el jazz-rock con fuerte raigambre hard. Fundado en el año 2007, este ensamble proveniente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires nombra en su perfil de Facebook (dirección: https://www.facebook.com/volvoxprog/) a grandes figuras del rock, la música académica y la vanguardia (p.e., FRANK ZAPPA) como influencias para el armado definitivo de la ingeniería de su propia voz musical. Este disco homónimo que tenemos en nuestras manos supone una efectiva plasmación de las grandes ambiciones estéticas hacia las que se proyecta la gente de VOLVOX: repasemos ahora el repertorio mismo del disco.




‘Oxígeno’ tiene punche y gancho hasta para regalar, un hecho que de por sí basta para que se alce como una de las piezas más llamativas del álbum. ‘Después Del Ocaso’ recibe una buena herencia de las atmósferas y esquemas melódicos de oxígeno para remodelarla con un groove más complejo y un desarrollo temático más sofisticado, lo cual nos hace esperar que lo que haya de venir a continuación siga explorando por esta vía de creciente sofisticación progresiva. Y así es. Lo que pasa es que con la emergencia de ‘Más Allá De Lo Evidente’ – la tercera pieza del álbum – que la banda se muestra convenientemente oxigenada para ir un poco más allá de los esquemas mentales con los que gestó las dos piezas anteriores… o sea, está situándose más allá de lo que había sido evidente en los primeros 9 minutos del repertorio. Ostentando una musicalidad rica que nos hace maginar una versión aguerrida de YES así como al estereotipo del DREAM THEATER de la primera mitad de los 90s, las ilaciones temáticas en curso se manejan bajo una ingeniería sólida y coherente. Cuando llega el momento de ‘El Arte De La Guerra’, la gente de VOLVOX está preparada para seguir mostrándonos las dimensiones más explícitamente épicas de su propia voz musical. Siendo así que los teclados adoptan un rol particularmente protagónico dentro del gran engranaje instrumental, el punche rockero sigue tan filudo como siempre. Vale hacer una mención especial al primero de los solos de guitarra, los cuales ostentan un aura atemorizantemente aguerrida, haciendo un uso medido de la pirotecnia y explorando matices propios de las tonalidades graves; otra mención tiene que ir para el efectivo – aunque tal vez demasiado breve – momento de lucimiento para el bajo. ‘Síndrome De Estocolmo’ se mete un poco en terrenos del jazz-rock (a medio camino entre la tradición de JEFF BECK y el modelo de TRIBAL TECH), lo cual hace que el grupo se focalice con especial determinación en la elaboración de cadencias inteligentemente sofisticadas para, a partir de allí, sondear el desarrollo del motif central. Cuando nos acercamos al final de la pieza, la simpática cita al último solo de guitarra en el clásico de QUEEN ‘Bohemian Rhapsody’ logra añadir un cariz entrañable al asunto.


  


‘Cobra’ nos devuelve a las exaltaciones progresivas de otras piezas precedentes, esta vez con el estímulo especial que crea la utilización de un motif arábigo para la edificación y el desarrollo del esquema global de la pieza. La magia de esta idea se preserva fluidamente a través de la introducción serena así como a lo largo del despliegue de frenesí rockero que tiene lugar en el cuerpo central: definitivamente, las huellas del DREAM THEATER de fines de los 90s y de LIQUID TENSION EXPERIMENT se hacen sentir con fuerza en esta pieza específica. El momento de ‘Eclipse’ es uno de envolvente serenidad que se deja empapar por cautivadoras aguas fluviales de la fusión latina con domesticados matices aflamencados. Estableciendo vínculos con la CHICK COREA ELEKTRIC BAND y el WEATHER REPORT de los últimos discos, la gente de VOLVOX explora exitosamente su faceta más cálida. Inmediatamente después de esto, ‘Obsessive Blues’ nos lleva al terreno del blues-rock estilizado que hallamos en varios momentos cumbre de las obras de JEFF BECK y GARY MOORE: la guitarra de Violante es protagonista indiscutible de la armazón sonora, pero también se hacen notar los ribetes semi-Emersonianos del órgano en algunas instancias en las que el teclado se sale del mero trasfondo. Con la dupla de ‘Jacques Cousteau’ y ‘Degeneración En Generación’ se completan los últimos 11 minutos del álbum. La primera de estas piezas, al durar poco más de 7 minutos, se erige como la más extensa del álbum. ‘Degeneración En Generación’ es un epílogo calmo e introspectivo, signado por un solitario piano que desarrolla elegantes series de manierismos donde se alternan el barroquismo meticuloso de un RICK WAKEMAN y la gracilidad osada de un PATRICK MORAZ: Pijachi nos brinda un broche de oro para estos 50 minutos de deleite melómano.




Todo esto fue “Volvox” y esto es lo que nos muestra la gente de VOLVOX por ahora: una propuesta enérgica y refrescante para la avanzada progresiva argentina de nuestros días. Ojalá tengamos prontas noticias de nuevos discos de parte de esta muy buena banda.




Muestras de “Volvox”.-


Síndrome De Estocolmo: http://volvox1.bandcamp.com/track/sindrome-de-estocolmo