Thursday, June 11, 2026

Esplendor musical desde la oscuridad post-metalera de SYBERIA

 

HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
 
He aquí nuestra humilde reseña del más reciente del cuarteto catalán SYBERIA, titulado “Quan Tot 
S’apagui” y publicado a fines del pasado mes de enero. Este cuarteto instrumental asentado en Barcelona cultiva una intensa e interesante propuesta híbrida de post-metal, space-rock y psicodelia progresiva con cimientos ruidistas desde sus orígenes a inicios del segundo decenio del nuevo milenio. El grupo en cuestión está integrado por Óscar [guitarra], Jordi Only [guitarra y sintetizadores], Quim [bajo] y Manel Woodcutter [batería]. El disco que hoy nos ocupa sucede por menos de 4 años a. Fue publicado en vinilo por la asociación del sello estadounidense Silent Pendulum Records y el alemán Moment Of Collapse Records (formatos blanquinegro, rojinegro y hueso-transparente), y en CD por el segundo de estos. Las sesiones de grabación y mezcla para este nuevo disco se realizaron en los meses de mayo y junio del pasado año 2025 en el estudio de Gaua Producciones bajo la organización de Gorka Dresbaj. En agosto del mismo año, Magnus Lindberg hizo la masterización en su estudio Magnus Lindberg Productions. El arte gráfica es de la autoría de Haití De Diego y el diseño gráfico fue realizado por Woodcutter; las imágenes portan una precisa elocuencia apocalíptica.


El rumbo del disco comienza con ‘En La Foscor Una Llum Que Brilla,’, pieza de amplias proyecciones atmosféricas que se delinean con vibraciones oscurantistas desde los primeros instantes. Tras un prólogo marcado por retazos cortantes de sintetizador, el cuerpo central entra a tallar tras un anuncio de acordes minimalistas de guitarra. La parafernalia de pesadez parsimoniosa armada por la batería permite que el entramado grupal asiente su vigor sonoro hasta que el esquema rítmico se intensifique dramáticamente desde antes de traspasar la frontera del cuarto minuto. Cuando el grupo regresa a un refugio contemplativo con variantes muy contrastadas de expresividad, lo hace para gestar un epílogo mordazmente furioso. Sigue a continuación ‘Llampecs d’Oblit d’Uns Records En Vida,’ con la meta de virar hacia grooves un poco más sofisticados a través de una intensidad rockera que se renueva con texturas aristocráticamente densas. Hay un cierto embrujo orquestal en la labor de las guitarras mientras la dupla rítmica alterna su operatividad entre lo tribal y lo stoner. Mientras avanzan los minutos, el crescendo rockero se enfila hacia la retoma del fulgor dramático que predominó en el inaugural, siendo así que todo aterriza en una neblina solipsista donde late un remanso, un descanso envuelto bajo un manto grisáceo de oscuro misterio. Mayormente, se trata de la apertura de puertas a la garra suntuosa con que se inicia ‘Naixença d’Una Mort Tranquil·la.’, la tercera pieza del álbum. En efecto, este ítem recibe los ecos de esa muscular fastuosidad que se desarrolló en los parajes más pesados de los dos temas precedentes y los transprta dentro de una bien definida majestuosidad. El realce de la aureola dramática que también se hizo presente en gran medida dentro del desarrollo de ‘Llampecs d’Oblit d’Uns Records En Vida,’ ostenta una densidad incrementada. ‘Dins La Meva Ànima La Sang Em Bull...’ es el tema más largo del repertorio con sus más de 10 ¼ minutos de duración. Su prólogo abstractamente futurista abre la puerta a un señorío fulguroso arropado por un brío grave. El talante solemne de las bases y armonías elaboradas por las dos guitarras acomodan su distinguido nervio sobre el groove contenido que la batería elabora con impoluta convicción. A poco de pasada la frontera del sexto minuto y medio, las cosas se calman un poco dentro de un ajuste sutil para impulsar desde allí el clímax final; éste es fiero y trágico, agitado como un voraz relámpago space-rockero y persistente como un trueno obstinado. Hasta da la sensación de que muchos de los pasajes de los tres primeros temas eran preparaciones para la sección final de este cuarto.

  

Los últimos 10 minutos y pico del repertorio están ocupados por ‘Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls.’. Su sección prologar también es abstracto, pero esta vez con un enfoque ambient marcado por un minimalismo grisáceo, un momento al modo de los legendarios GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR. Una vez que entra a tallar toda la logística instrumental, el cuarteto se dispone a reavivar el fuego más dinámico y ansioso que forma parte de su arsenal fundamental; la severidad visceral de la batería a través de los diversos grooves y la acidez airada de los guitarreos se asocian en una metralla contundente y absolutista. El epílogo consiste en una serie de capas cinematográficas por medio de la cual se presenta un soliloquio reflexivo donde la inquietud emocional parece contener una rabia que vibra desde un rincón controlado. En fin, todo esto fue el esplendor musical que “Quan Tot S’apagui” pone a nuestra disposición: este nuevo disco de SYBERIA les permite reforzar su posicionamiento preferente dentro de la avanzada rockera de España. Desde sus cuarteles de Barcelona, este cuarteto ha gestado un disco repleto de insignes espasmos y exquisitos despliegues de retorcida musculatura post-metalera a modo de testimonio de los aspectos más tanáticos de la condición humana. Un disco arrollador y lúcido, en resumen, bastante recomendable. 
 
 
Muestras de “Quan Tot S’apagui”.- 

Tuesday, June 09, 2026

Una montaña más en la escalada musical de los finlandeses HADAL SHERPA



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

Hoy tenemos una muy grata novedad desde los cuarteles del grupo finlandés HADAL SHERPA: se hace presente en la producción progresiva del actual año 2026 desde su provincia space-rockera con el disco “Mountains”. Si “Memoria” (publicado en diciembre de 2025) se completó en medio de la consternación por el repentino fallecimiento del líder y fundador Vesa Pasanen, “Mountains” pasa a ser un nuevo pico de tránsito en la persistente escalada musical del grupo que funciona como testamento de Pasanen firmado y validado por sus colegas sobrevivientes. El material contenido en este disco publicado a inicios de este mes de junio procede de varias sesiones de grabación organizadas entre los años 2021 y 2025 en la sala de estudios de la banda y los estudios domésticos de varios integrantes. De hecho, los procesos de mezcla y masterización tuvieron lugar durante le primera mitad del pasado año 2025; con la mencionada muerte del buen Vesa que sucedió en julio, la edición final de lo que ahora es “Mountains” se realizó a inicios de 2026 en manos de Max Laine. La formación activa de HADAL SHERPA para el repertorio de este disco consta del multiinstrumentista Pasanen [guitarras solista y rítmica, bajo, sintetizador, saxo, oud y percusión], Ville Kainulainen [guitarra rítmica], Ilja Juutilainen [batería y percusión] y Pi Viana [voz y flauta]. En el tema de apertura, el grupo recibe el apoyo coral de Paula Rautoja, Saara Salo, Sonja Suni y Mari Laari. Pasanen fue el autor del arte gráfica y el disco está dedicado a su memoria.

El repertorio del disco que hoy nos ocupa se abre con su tema más largo: se titula ‘Camel On Moon’ y dura 6 ¾ minutos. Desde el mismo punto de partida se aclara el camino del groove principal para asegurar los cimientos de las exóticas vibraciones melódicas con las que se dibuja el motif principal.  El patente protagonismo de las guitarras está manejado sobriamente frente a las elegantes capas de sintetizador mientras el armazón percusivo va latiendo sobre un continuum de cadencias bien amalgamadas. ‘Goat Gaze’ sigue a continuación para explayarse en el aura extrovertida heredada de la pieza inaugural mientras el esquema rítmico impulsa la apertura de espacios aguerridos en ciertos lugares estratégicos. De hecho, algunos riffs cercanos al estándar del hard rock suenan muy orquestados, logrando funcionar como contrapesos a los pasajes más abiertamente melódicos. La dupla de ‘Dark Tides’ y ‘Ormus’ permite al ensamble reforzar vitalistamente su paleta sonora. El primero de estos temas mencionados se centra en una entusiasta agitación espacial que tiene todo lo punzante del legendario paradigma de HAWKWIND y el vitalismo colorido de los OZRIC TENTACLES de los 80 hasta mitad de los 90. Su final seco refuerza la expresividad fiera y cortante del jam. En cuanto a ‘Ormus’, se trata de un ejercicio de dinamismos progresivamente complejos sobre los que se arma un nuevo clima fusionesco remodelado por diagramaciones psicodélicas. La arquitectura rítmica es convincentemente compleja y el entramado sonoro emana un vivaz señorío mientras gesta mil y una variantes para el groove central. La aparición de instrumentos exóticos en algunos parajes estratégicos donde el vigor rockero baja un poco refuerza el embrujo inherente al núcleo melódico diseñado para la ocasión. Un cénit decisivo del álbum. ‘Return To Farum Azul’ trae el necesario momento de calma tras toda esta serie de diversos viajes intrépidos. Sobre un compás de talante blueseado en clave lenta, la banda se dispone a jugar con climas Floydianos (al estilo de la fase 71-75) mientras desarrolla un foco temático ensoñador y envolvente. El factor satinado está más cercano al patrón histórico de unos AGITATION FREE, lo cual realza el sortilegio embrujador. Una belleza de composición y otro momento culminante del disco. 

La sexta pieza es justamente la homónima y la segunda más larga del álbum: ‘Mountains’ dura 6 ¼ minutos y su enfoque estilístico está articulado en torno a una psicodelia retro donde conviven agilidad y gentileza. La frontal extroversión de la sección rítmica y el candor melódico surgido de los armazones de las dos guitarras garantizan una persistente calidez para el desarrollo temático. El bajo hace notar sus mesuradas florituras en medio de la comedida musculatura generada por la maraña instrumental íntegra. ‘Gurbet’ trae consigo el cierre del repertorio y lo hace estableciendo una senda cruzada de los aires gráciles de la pieza homónima y la exuberancia sistemática de los dos primeros temas del álbum. La banda hace justicia a la composición original de Özdemir Erdoğan, legendario cantautor turco que llegó a ser pionero del folk-fusión en su país. El hecho de que el ensamble conserve buena parte de la gentileza de ‘Mountains’ permite a la flauta añadir su soltura colorida con solvencia en medio del croquis colectivo; esto conlleva una cercanía a la banda compatriota HIDRIA SPACEFOLK. Todo esto fue lo que se testimonió en “Mountains”, el apropiado testamento de Vesa Pasanen para y desde el colectivo de HADAL SHERPA dentro del escenario actual del space-rock progresivo. En su espacio de 3 ½, que no parece mucho en comparación con cualquiera de las piezas precedentes, este tema de cierre dice mucho y lo dice con la adecuada dosis de suntuosidad. En poco más de 38 minutos, el grupo supo concretar una magia musical masiva, un hecho que pone de relieve la inmensidad de los impulsos creativos que tenían lugar en el seno de la cofradía space-rockera de HADAL SHERPA. Se nota que el ensamble estaba con la mira puesta en una centralidad bien definida dentro de una policromía refinada a fin de renovar los cimientos de la psicodelia progresiva contemporánea. ¡Totalmente recomendable!


Muestras de “Mountains”.- 

Saturday, June 06, 2026

La nueva explosión de insigne música avant-progresiva de parte del maestro sueco SIMON STEENSLAND


 
HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
 
¡Albricias! Llegan buenas nuevas desde la fábrica de hacer buena música avant-progresiva del veterano maestro sueco SIMON STEENSLAND. La noticia concreta es la publicación de su nuevo álbum de estudio “Explosion Of Bad Music”. STEENSLAND es el autor de los dos temas que ocupan este nuevo disco oficialmente publicado por el sello español áMARXE a fines de mayo de 2026. Él, como es habitual, se encarga de tocar el bajo, los teclados y las percusiones tonales y atonales, y está acompañado por una pléyade de insignes instrumentistas: Robert Elovsson (teclados y acordeón), Markus Eriksson (trompeta), Morgan Ågren (batería), Mike Johnson (guitarra), Yann Le Nestour (clarinete y clarinete bajo) y Karolina Weber Ekdahl (violín). También hay aportes vocales de parte de Linda Blom, Elaine DiFalco, Alexandra Zetterberg Ehn, Amanda Krüger, Birgitta Linder, Eva Rexed, Elle-Kari Sander, Maia Hansson Bergqvist y Alexander Ohakas. Además de la composición, el buen SIMON también se hizo cargo de la producción y la mezcla del nuevo material grabado. Buena parte del mismo se registró en el Studio No Klang en varias sesiones de este año y el pasado, aunque algunos aportes fueron registrados en los estudios personales de algunos colaboradores. “Explosion Of Bad Music” fue concebido como el álbum que cierra la trilogía iniciada por “A Farewell To Brains” (2015) y “Lets Go To Hell” (2021). El repertorio de este nuevo consta de dos suites, una que dura 27 ½ minutos y otra de 26 minutos y pico: en ambas, STEENSLAND sigue explorando a su manera esa senda oscurantista del avant-prog y el chamber-rock (UNIVERS ZÉRO, PRESENT, ART ZOYD, GUAPO, RHÙN, etc.), una constante de su enfoque estético plasmado en varios discos desde la primera mitad de los 90. “Explosion Of Bad Music” es, de hecho, su octavo trabajo de larga duración firmado a solas (también ha hecho discos en asociación con otros).
 

‘Not Dragon’ empieza con un brote de aguerrida furia que, aunque no dura mucho, tiene suficiente garra para impulsar una inquietud tensa que habrá de ser explícitamente sistematizada a lo largo de las variaciones temáticas de esta maratón. De hecho, una buena parte de la atmósfera desarrollada a partir de la frontera del primer minuto se apoya en cadencias solemnes de la dupla rítmica que permiten a las capas y bases armónicas de los teclados dirijan el núcleo musical. Más adelante, las cosas se calman un poco para preparar el arribo de una nueva sección extrovertida, la cual añade colores de surrealista jovialidad a la persistente tensión; es como un remanso vespertino que antecede a una explosión de luces y neblina en un atardecer tormentosamente ritualístico. La labor de la batería eleva su nivel de sofisticación mientras los arreglos corales se dejan llevar por una celebración de aquelarre. Todo se detiene a poco de pasada la frontera de los once minutos y medio para volver a la tarea de armar algo nuevo de a pocos: tras un tiempo un tanto prolongado de densa expectativa, surge un arcano y peligroso embrujo donde la tensión monárquica saca a relucir su talante más tétrico, arropándolo bajo un manto crepuscular para que este factor lóbrego sea manejado con particular exquisitez. Eso sí, el oscurantismo vibra sin devaneos ni eufemismos, se manifiesta con genuina pureza sónica. Los aspectos más incisivos de los grooves primordiales aguerridos que han ido yendo y viniendo nos remontan inconfundiblemente a MAGMA, WEIDORJE y UNIVERS ZÉRO. Llega un momento en que se inicia una nueva transición larga, esta vez, hacia un pasaje un poco más candoroso: es como si un fulgor entrase a tallar para remodelar la densidad a fin de que ésta resalte su señorío particular mientras nos vamos acercando al final. El epílogo opera sobre un compás marcial y una atmósfera envolvente cuyo calibre minimalista invita al reposo rematado: la conciencia se arroja al tiempo de lo onírico con elegante gradualidad.

Ahora nos concentramos en ‘Dragon’. Su sección prologar se explaya largamente bajo un aura de grisácea expectativa. Poco a poco, los inicialmente parcos retazos de luz se van ampliando y se gesta un motivo ágil y celebratorio ad portas de la frontera del cuarto minuto. Una variante un poco tirante entra a tallar para dejar una huella de inquietud arcana, la cual termina traduciéndose a una coral arcana. Una nueva sección vuelve a la luminosidad aristocrática por un breve tiempo antes de que una disrupción dadaísta reconstruya el camino para que se abra una procesión notablemente compleja. La suite llega a su ecuador y es el momento de un nuevo ejercicio de lúgubres minimalismos, lo cual motiva el surgimiento de unas armonías de piano sobre las que se arma un momentum crepuscular: en él se fusionan los universos de los MAGMA de 1970-71 y los UNIVERS ZÉRO de 1977-82, y terminan enriqueciéndose con sólidos recursos de suntuosidad que se arman desde el hermanamiento de orquestaciones y arreglos corales. A poco de atravesar la frontera del minuto 22, el entramado sonoro incorpora elementos de avant-jazz en el groove para que regresen a plenitud los aires celebratorios que se había dejado atrás hace bastante tiempo. Teas el golpe que finiquita la celebración, el epílogo queda marcado por un arreglo coral que parece coquetear con lo celestial. Un poco que nos toma de sorpresa, pero se conecta muy fluidamente con la espiritualidad expresiva de la última labor instrumental. En fin, todo esto fue lo que nos brindó el maestro sueco SIMON STEENSLAND con “Explosion Of Bad Music”, un disco desafiante e imponente que despliega liberalmente su gallardía oscurantista. Esta nueva explosión de insigne música avant-progresiva realizada por STEENSLAND y sus compañeros de viejo es de lo más notable que se ha venido produciendo en la vanguardia musical del presente año 2026. Muy aterrador y, sobre todo,... ¡totalmente recomendable!
 
 
Muestra de “Explosion Of Bad Music”.-
Not Dragon: https://amarxe.bandcamp.com/track/not-dragon
 

Thursday, June 04, 2026

THE SWELL BROTHERS: temas avant-progresivos para un western imaginario



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

Hoy tenemos la dicha de presentar el nuevo trabajo fonográfico de THE SWELL BROTHERS, el dúo estadounidense de música avant-progresiva que ahora se puso a componer piezas para un western imaginario. “The Good, The Bad And The Swell” es el título de esta nueva obra fonográfica gestada por los hermanos Dewey y Moses Swell, la cual se publicó en el primer día del pasado mes de mayo estrictamente en formato digital. todo esto es una ficción conceptual de parte del dúo conformado por Dewey (Dave Newhouse a los saxofones, clarinetes, teclados, acordeón, armónica y percusión) y Moses (Michael Bass a los instrumentos virtuales de batería, percusiones tonales y atonales, vientos, guitarra, banjo, bajo y violín) siguen adelante con su misión de crear música para diversos ámbitos cinematográficos y televisivos que existen en un universo paralelo donde la cultura popular se desarrolló de otra manera.* Veamos cuál es la narrativa de este nuevo disco. “Hemos descubierto recientemente el archivo de música incidental para películas de la colección del Gran Tristano. Hay muchas cosas estupendas allí, pero nos impresionó el descubrir un catálogo de música para westerns de THE SWELL BROTHERS. Se rumoreaba sobre la existencia de este ítem, pero no se volvió a hablar sobre ello de los años 50. […] En ese tiempo, THE SWELL BROTHERS estaban en la bancarrota durante su residencia en Hollywood. Muchos de sus proyectos de música de fondo para películas de ciencia-ficción y series televisivas de monstruos habían quedado truncos. Habían oído a la madre de un tal Ray Harryhausen (quien realmente ansiaba expulsarlos de su garaje) sobre catálogos de música y decidieron intentar algo menos específico: como las películas y series televisivas de western eran muy populares en esos años 50, decidieron componer ese tipo de música. Y ésa es la que mostramos aquí.”

Como es habitual con THE SWELL BROTHERS, los procesos de grabación y mezcla del material contenido en “The Good, The Bad And The Swell” tuvieron lugar en los respectivos estudios domésticos de los Sres. Newhouse y Bass, intercambiando archivos de audio y coordinando estrategias para llegar al resultado final deseado. El arte gráfica es de la autoría de Neil Doherty. Repasemos ahora el repertorio concreto del disco que hoy nos ocupa. La miniatura ‘Horses’ inicia el rumbo de las cosas con una serena exhibición de gentiles matices campiranos anunciados por una cabalgada. De este modo, se abre las puertas para el arribo de ‘Squarish Dance’, que es justamente lo que dice el título, una danza festivalera traducida a un lenguaje progresivo bastante jovial, acentuando lo naïf a través de una inmensa sofisticación. Es tan grácil la estructuración misma de todos los insumos sonoros que no hacen falta percusiones para que hasta las vibraciones del aire participen en esta entrañable algarabía. ‘Hymn’ sigue a continuación para instalar un sugerente viraje hacia un ambiente solemne. De hecho, aquí se diseña un desarrollo temático en clave neo-barroca que no hubiera estado fuera de lugar en algún álbum de THE ENID. La dupla de ‘Cows Come Home’ y ‘Gospel Hymn – Don’t Do That’ sirve para que los dos músicos sigan explorando la paleta sonora que tienen a su disposición. El primero de estos temas mencionados elabora un groove jazz-progresivo que coquetea con el Latin jazz mientras los armazones de vientos gestan una meticulosa orquestación signada por una distinguida extroversión. No pasan inadvertidas las citas de la archiconocida canción infantil  Old MacDonald Had A Farm en la sección final, una broma cómplice con el oyente. En cuanto al segundo, se trata de una marcha satírica de claros ribetes Zappianos, una travesura sistemáticamente enraizada en la faceta más dadaísta del avant-prog. ‘Gunfight’ se enfila hacia la nocturnidad sombría sin hacerse demasiado denso; de hecho, el groove y las bases armónicas guardan una razonable ligereza a través de su expectante exterioridad. De todas formas, se nota un abierto contraste frente a los despliegues de color que fueron (y seguirán siendo) predominantes en los temas precedentes. 

‘Temperance March’ es otra marcha, esta vez marcada por una convincente ceremoniosidad, la misma que se revela como un minucioso artilugio de melodías enclavadas y contrapuntos. El esquema rítmico diseñado para la ocasión realza la regia musicalidad del momento. Hasta cierto punto, se nota un aire de familia con el señorío de ‘Hymn’ a pesar de las notorias diferencias de expresividad. Claro está, el título indica un boato santurrón y éste siempre tiene una exuberancia propia, una referencia que THE SWELL BROTHERS acogen con plena lucidez creativa. ‘Dolly’s Song’ juega con el estándar de las melodías sentimentales para un escenario sentimental y lo hace con cálida alevosía. La patente cursilería inherente al centro melódico es bien manejada por el hermanamiento de piano y orquestaciones sintetizadas. Eso sí, hay un interludio grisáceo que hace más  interesante el esquema musical. Cuando llega el turno de ‘Oy, Another Waltz’, el dúo perpetúa los recursos de claridad melódica bajo una atmósfera más palaciega. Los arreglos se ciñen a un clasicismo sobriamente articulado mientras la adición del acordeón añade sutiles matices folclóricos al armazón sonoro. ‘The Train’ es quizás la pieza más ágil del repertorio entero y su entusiasmo estructural se anuncia desde la misma introducción de batería. Con su híbrida confluencia de charleston y ragtime, la pieza se mueve cómodamente dentro de su propia aura de esplendor de salón donde el boato del momento inspira cadencias ágiles. ‘Bandstand In The Park’ prosigue por una línea similar mientras le añade una dosis extra de sofisticación. la misma que procede de aires circenses. La vitalidad aquí reinante eleva el fulgor esencial de la pieza precedente hacia un esplendor caleidoscópico que algo tiene de Zappiano. El final del repertorio llega de la mano de ‘Campfire / Starry Night’, el necesario descanso tras el ascenso de luces musicales que emanaba de la escalinata de los tres temas anteriores. La armónica y el acordeón se hermanan naturalmente con los samplers de guitarra y banjo con un talante complacido, una nostalgia feliz con la que se evoca lo mejor del día que ya está a punto de fenecer. Algunos leves ornamentos de sintetizador evocan a las distantes estrellas del manto nocturno. 

Todo esto fue lo que nos brindaron THE SWELL BROTHERS con su nueva obra “The Good, The Bad And The Swell”. En un espacio de alrededor de 34 ½ minutos, los maestros Dave Newhouse y Michael Bass han gestado un disco donde despliegan los aspectos más gentiles de su peculiar versión de la vanguardia progresiva sistemática. Lo luminoso y lo jovial han sido factores dominantes en este repertorio porque ha habido un enfoque más contemplativo y menos asertivo en esta banda sonora avant-progresiva para un western imaginario: una idea inspiradamente concretada que hace de este disco un ítem muy recomendable. Y ojo, que el dúo ya comenzó su labor creativa para el próximo disco... pero esa será otra historia. 


* El dúo había adelantado en su presentación del disco anterior “Swell Little Monsters” que se iba a Italia para componer la banda sonora de un spaghetti western. Nuestra humilde reseña de ese disco se halla en este enlace: https://autopoietican.blogspot.com/2025/10/musica-avant-progresiva-para-peculiares.html

Monday, June 01, 2026

El nuevo trayecto del maestro francés TOM PENAGUIN



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
 
Nos llega una estupenda novedad desde los cuarteles de hacer buena música progresiva contemporánea del joven maestro francés TOM PENAGUIN, un disco que simplemente se titula “Tom Penaguin II”. El sello español áMARXE realizó el lanzamiento oficial de este ítem fonográfico a fines de mayo (hace muy poco) tanto en CD como en vinilo azul transparente. Como es habitual, él se encarga no sólo de componer todo lo que aparece aquí, sino también de tocar todos los artilugios que hacen que lo del papel pase a esquemas musicales concretos. He aquí su lista de instrumentos: 
piano eléctrico Fender Rhodes Mk2 y Columbia Elepian, pianet y cembalet Hohner, órgano Hammond L122, sintetizadores Roland SH2000 y Seagull S12, guitarras Gibson SG, Gibson Les Paul Goldtop y Jacobacci LJ612 de doble brazo, bajo Fender Jazzbass y batería Yamaha Rydeen. Hay, además, alguna colaboración vocal de parte de Maureen Piercy, quien también es autora del arte de la portada. El material contenido en “Tome Penaguin II” fue grabado entre los meses de julio y noviembre de 2025, siendo luego mezclado por el propio TOM. La ulterior labor de masterización fue realizada por Peter Deimel en el Back Box Studio. 

El repertorio de “Tom Penaguin II” se inicia con ‘Didier Dandelion In The Year Of The Great Winds’, la pieza individual más larga del disco con sus 13 ¼ minutos de duración. Tras un breve prólogo minimalista de sintetizador emerge una figura simple de piano eléctrico sobre un compás de 7/8; las florituras de la guitarra anuncian la pronta instauración de una ingeniería jovial y fulgurosa que, según se manifiesta más concretamente, habrá de exhibir también un aura señorial. Hay una ilación perfecta entre los diversos momentos donde las variaciones de la base armónica permanente se articulan sobre grooves variados, pasando de lo entusiasta a lo contenido y de allí a algún lugar intermedio. También hay un bien articulado contraste entre el carácter textural del órgano y la exaltación primorosa de la guitarra cuando alguno de ellos asume el rol protagónico durante el desarrollo temático. Lo que suena es como un híbrido entre los SOFT MACHINE de 1971-72, ZAO y HATFIELD AND THE NORTH. Poco antes de llegar a la frontera del undécimo minuto, nos damos cuenta de que se ha estado gestando de a poco un clímax jazz-progresivo bastante nítido; la batería realiza una implosión celebratoria para elevar a paso firme la fastuosidad conclusiva hasta el golpe final. Una gran manera de iniciar el disco. ‘Mandatory Intermission’ sigue a continuación con la misión de perpetuar la espiritualidad alegre que predominó en el tema inaugural, esta vez, con menos juegos de contrastes y una prestancia menos vehemente. Un recurso de calidez muy bien aprovechado en un espacio un poco mayor de 3 ½ minutos, un intermedio que también funciona como una composición con carácter propio. Los cuatro temas restantes conforman sendos movimientos de la suite ‘The Ornamental Hermit Suite’, que ocupa un espacio total de 29 minutos y pico. El Primer Movimiento ostenta una ceremoniosidad otoñal que coquetea permanentemente con lo psicodélico desde sus raíces jazz-progresivas, siendo así que las vibraciones sofisticadas de éstas aseguran la firmeza de un esplendor consistente. Pero cuando llega el momento del dominio de lo psicodélico, las densas capas de órgano instalan un enclave expresivo que se sitúa entre lo místico y lo misterioso: su función se devela como un inesperado epílogo solemne cuyo centramiento está en lo etéreo de un gentil anochecer. 

El Segundo Movimiento reactiva lo extrovertido en una primera instancia hasta que un corte en el trayecto nos lleva de regreso al tipo de swing razonablemente complejo que definió a buena parte del Primer Movimiento. Es entonces que la potencial jovialidad se trastoca en una suntuosidad imponente donde la poderosa luz del discurso rockero sabe llenar de vigor a un desarrollo temático que oculta a duras penas una tensión solapada. Todavía quedan ‘The Ornamental Hermit Suite, 3rd Movement’ y ‘The Ornamental Hermit Suite, 4th Movement’. El primero de ellos tiene una primera parte donde el arsenal instrumental se explaya liberalmente en atmósferas misteriosas que parecen apelar a una cruza entre lo Floydiano y el paradigma de los históricos AGITATION FREE. Una segunda parte vira drásticamente hacia un nuevo ejercicio Canterburyano de matices y swings seductoramente joviales sobre un compás inusual. El previo predominio del órgano se beneficia del empuja diseñado por la batería a la hora de instalar el motif central y ornamentarlo hasta el momento final. ‘The Ornamental Hermit Suite, 4th Movement’, que dura poco más de 11 ¾ minutos, repite la lógica de empezar con calmadas capas de órgano, pero esta sección prologar es más breve porque el esquema de trabaja demanda el pronto arribo de un groove animado sobre el cual puede la guitarra elaborar unas líneas refinadamente gráciles. Una vez reforzada la ingeniería básica de la composición, observamos una nueva serie de motivos musicales que evocan ecos reactualizados de POTEMKINE, EGG y HAPPY THE MAN. Aquí está lo más árido del disco, posiblemente la exuberancia del tema #1 y la extroversión muscular del Segundo Movimiento de ‘The Ornamental Hermit Suite’ fueron los pilares premonitorios para este último Movimiento. Una mención especial va para el prolongado solo de guitarra que emerge a poco de pasada la frontera del octavo minuto: es todo un homenaje al legado del maestro Phil Miller, además de ser el idóneo acicate para el grandilocuente clímax que la suite merecía. La coda es un aterrizaje en terreno líquido, un despliegue de flotantes ensoñaciones sónicas marcadas por un campaneo de iglesia. 

Todo esto fue lo que se nos brindó con “Tom Penaguin II”, un testimonio cabal del permanente genio creativo del maestro titular en éste, su nuevo trayecto. TOM PENAGUIN reafirma su sitial en la primera línea de la escena retro-progresiva de su país y el mundo entero: la imagen en la portada que le muestra en estado de gozo mientras toca su guitarra de doble brazo a campo abierto se equipara a nuestro gozo de disfrutar de este nuevo disco que él ha perpetrado. ¡Totalmente recomendable! 


Muestras de “Tom Penaguin II”.-