Saturday, July 31, 2010

"Romantic Warriors" o el amor al rock progresivo desde una óptica actual







HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Tenemos en esta ocasión una reseña muy especial, y lo es porque está centrada en el documental “Romantic Warriors: A Progressive Music Saga”. En realidad, se trata de algo más que un documental, es ante todo una labor de amor hacia un tipo de música que busca desafiar, enriquecer y retorcer los parámetros y los confines del rock, y es mucho el amor que tiene que fluir para con este género habida cuenta las inmensas cuotas de escepticismo, desdén y desatención que recibe tanto de los directores del mainstream como del gran público general. La pareja de José Zegarra Holder y Adele Schmidt desarrolló, creo y produjo este ítem relevante dentro de la comunidad progresiva contemporánea, y de hecho, ya ha llamado sumamente la atención en varios e-zines, enciclopedias y colectivos internautas. José, melómano incansable, es el creador y anfitrión de Autopoietican, nuestro blog de reseñas progresivas. Adele es una cineasta de origen germano y residente en los EE.UU. que ya tiene varios documentales y cortometrajes en su haber – más sobre ella en los enlaces http://www.zeitgeistmedia.tv/about_us.htm y http://www.docsinprogress.org/index.php?option=com_content&view=article&id=52%3Aadele-schmidt-bio&catid=901%3Aabout&Itemid=66 – , y que ahora ha tenido a bien desarrollar su propia visión fílmica sobre el rock progresivo. Ambos comparten para todo el mundo sus amplios intereses por lo innovador y lo estimulante en el arte, en el caso de “Romantic Warriors: A Progressive Music Saga”, la forma de rock más sofisticada que se haya inventado jamás.

No soy el primero en indicarlo, pero nunca está de más reiterar que éste no es un documental armado arquitectónicamente en una secuencia hilada temáticamente con impoluto rigor, sino que literalmente documenta “lo que pasa” en la actual escena progresiva de la Costa Este de los EE.UU. (principalmente los eventos RoF Festival y NEARFest, así como los conciertos en el Orion Studios) en una actitud de exposición relativamente aleatoria, casi como dejando el micrófono abierto y esperando que se vayan dando los asuntos específicos necesarios y más recurrentes. Teniendo en cuenta este enfoque, es un gran éxito de “Romantic Warriors” el haber podido generar un aura de cercanía entre las personas entrevistadas y el entrevistador “anónimo”. Da gusto atestiguar los ensayos y el periplo estadounidense del ensamble mexicano Cabezas De Cera (quienes prácticamente fueron los reyes del NEARFest 2009), así como los trajines por los que tuvo que pasar Deluge Grander - esencialmente un proyecto de estudio - para armar sus primeras presentaciones en vivo y el vigor de bandas como Cheer-Accident, La Maschera Di Cera o Karmacanic, cuyos componentes ya llevan una buena cantidad de años de trayectoria musical: el espectador puede sentir en verdad el derroche de energía que necesariamente acompaña a estas propuestas musicales tan ambiciosas. Desde el área de los veteranos tradicionales, no nos topamos con luminarias como la dinastía de Yes, la tríada de Emerson, Lake y Palmer o los sobrevivientes de Pink Floyd, sino más bien con héroes marginales como Gary Green (el guitarrista de Gentle Giant) y la dupla estadounidense de Stanley Whitaker y Frank Wyatt (ex-Happy The Man y ahora en Oblivion Sun). Gary ofrece una definición del rock progresivo que parece simplista pero que en realidad guarda una complejidad sutil: “encontrar la voz propia y única, esperando que salga algo reflexivo de ella” – se trata, pues, de buscar la plasmación de algo peculiar dentro de las infinitas posibilidades eclécticas que se pueden generar desde el rock, partir de la emoción para llegar a algo bien pensado, corazón y mente unidos en una misión artística. De este modo, la música se halla a sí misma y no tiene que identificarse falsamente con la moda (para Gary, la música de moda no es música real sino tan solo moda). Por su parte, Stanley y Frank aluden sin mayores dramatismos al hecho de que la movida progresiva está destinada a ser olvidada e ignorada por los medios de difusión musical comerciales, y más bien debe encontrar su impacto en escenarios de pequeña cobertura y en un público underground convenientemente dedicado a disfrutarla. Pero si queremos una definición un poco más “concreta”, John Collinge, de Progression magazine, sostiene que el rock progresivo como música de base rockera que intensivamente incorpora elementos de otras fuentes musicales como el jazz, el folk, la cámara y la electrónica: puede sonar trillado, pero hasta ahora son definiciones como ésta las que mayor éxito tienen a la hora de plantear un estándar en la mente como punto de referencia, y eso es lo que se espera de una definición, ¿no? (Desde los lejanos tiempos del inquieto e inconformista filósofo Sócrates sabemos para qué sirve una definición).

Si Gary Green ofreció una pauta general para definir lo progresivo, la gente de Cabezas De Cera le da una concreción particular a dicha pauta al manifestar su intención musical de absorber y reciclar el eclecticismo propio de la cultura urbana y el mundo moderno: México D.F. es definida por ellos como la ciudad de todas las ciudades mexicanas, y por tanto, su multivocidad les basta y sobra para estimular la diversidad de fuentes y recursos en su propio repertorio. Todos ellos evocaban con candoroso cariño sus inicios en el aprendizaje musical, y luego, sus inicios como grupo de rock que buscaba hacer algo nuevo. Dentro de esta incesante búsqueda de cosas nuevas está la creación de instrumentos, incluyendo el Charrófono, un significativo “mito viviente” dentro de la leyenda de Cabezas De Cera. Adicionalmente, el ensamble mexicano se resiste a dejarse etiquetar, y esa misma actitud hallamos en las declaraciones hechas por los músicos de Cheer-Accident, quienes simplemente gustan de calificarse como músicos y compositores rockeros de caminos variados. Particularmente, los miembros de Cheer-Accident ofrecen la consabida distinción entre los músicos progresivos que se focalizan en reiterar esquemas sonoros propios de los 70s y aquellos otros que buscan ir “más hacia adelante” a partir de las influencias añejas recibidas. La gente de D.F.A. es la más explícita a la hora de exponer su proceso compositivo: se parte de cómo uno recibe una idea de otro con una actitud crítica, y en vez de desecharla, la va modificando y aumentando a fin de que se ajuste más a sus expectativas, un juego de correcciones y retos mutuos que finalmente aterrizan en composiciones complejas y de generoso aliento. Ellos mismos reconocen que buscan hacer una música que exija 20 (o más) escuchas atentas para que el oyente se familiarice con ella, pero también saben que esto les impide abiertamente ajustarse a la “ley del disfrute inmediato e instantáneo” que impera en el negocio musical. Aquí se describe una dimensión colectiva de la voz propia y única. Este gusto por crear nuevos recursos de complejidad y desafiar las restricciones usuales del lenguaje musical rockero se plasma también en la intervención de Rob Martino, miembro del Chapman Stick Center: él nos explica un poco en qué consiste su trabajo de procesamientos digitales destinados a reciclar y replantear sonidos no habituales para instrumentos eléctricos de cuerda (incluyendo sonidos vintage de órgano Hammond y mellotron, sonidos realmente fetichistas…).

También hay espacio para proyectarnos hacia el aspecto del negocio musical que existe en torno al mundillo progresivo. Steve Feigenbaum nos habla desde sus oficinas de Cuneiform Records sobre sus inicios en el negocio de ventas de discos de música experimental, siguiendo así el sueño de difundir música que tenía un mérito artístico especial pero que no recibía debida atención de parte de los administradores de las discotiendas donde trabajó desde su juventud. Él nos cuenta cómo su sello sirvió para estimular el trabajo de varias bandas orgullosamente situadas en las veredas más experimentales del género progresivo (los quebequenses de Miriodor parecen ser los campeones del catálogo de Cuneiform), aunque principalmente son las reliquias del Canterbury (bootlegs de Soft Machine, prácticamente todo disco donde esté involucrado Robert Wyatt o Hugh Hopper) las que suponen los ítems de mejor pegada comercial para el sello. En relación inconsciente con ello, también captamos las palabras de Dan Britton, el líder de Deluge Grander, señalando que los grupos prog actuales no solo tienen que luchar contra corriente frente al desinterés del gran público y las grandes compañías fonográficas, sino también contra las reediciones, compilaciones y demás nuevas ofertas de las bandas prog clásicas (Pink Floyd, Yes, ELP, etc.). Al fin y al cabo, toda oportunidad de gloria comercial (en términos progresivamente marginales, claro está) está en las ventas de discos que se realizan en los quioscos armados durante los festivales: a mayor afluencia de público, mayores posibilidades hay de llamar la atención de un público que está genuinamente dispuesto a engrosar sus colecciones. En este sentido, tal como nos vuelve a decir el propio Britton, tocar en el NEARFest es pasar a las ligas mayores pues es la vitrina ideal para la difusión del género. Ahora bien, también vemos en el documental el rol que jugó y sigue jugando hoy en día Orion Studios en la dinamización del progresivo en la Costa Oeste. Creado por Mike Potter hace varios años como sala de ensayo, él siempre fue un fan del rock progresivo desde sus años mozos en los cuales escuchaba música de King Crimson, The Moody Blues, Pink Floyd, etc., mientras veía las estrellas con su telescopio. Desde los años 90s él tiene las estrellas más cerca de sí (estrellas progresivas, claro está), quienes preparan sus ensayos en Orion Studios cuando no tocan en un escenario acogedor para un público que se sabe, de alguna manera, “selecto”. El hecho de que los asistentes cuelguen posters para que otros los puedan ver llevó a la formación espontánea y continua remodelación de un “museo del rock progresivo” – una señal de que parte innegable de la esencia del amor al progresivo es el compartir, más que un acto de generosidad, es un ritual de amor hacia el género que se manifiesta como una búsqueda de la ampliación de ese amor a través de ese mismo compartir. Otra muestra vital de este compartir está en la labor difusora que la entusiasta DJ Debbie Sears realiza desde la estación Prok Rock Diner Radio, siendo ella misma una asidua a los conciertos que se llevan a cabo en los Orion Studios.

De hecho, es de agradecer que veamos imágenes de grupos tocando en el festival ProgDay y en los Orion Studios. La estructura del escenario de Orion Studios da casi la apariencia de que se está ensayando en el garaje: pero bueno, bandas como Phideaux, Karmacanic y Oblivion Sun se sienten bastante cómodas tocando para un público despierto y receptivo. Por su parte, el ambiente campestre y casi “casual” del ProgDay realza ese aire de familiaridad e intimismo del cual las comunidades melómanas progresivas se enorgullecen tanto. Me pareció un poco chocante ver a los miembros de La Maschera Di Cera aguardando pacientemente a que se acercara la gente para comprar discos y solicitar autógrafos sentados en su modesta carpa bajo el sol (era todavía el tiempo de “LuxAde” y uno sabe que con LMDC no hay pierde, por lo que uno siempre se imagina y casi sueña con que el grupo atrape multitudes de fans en el entorno progresivo), pero en las imágenes que los muestran tocando para el magro público reunido en ProgDay sí se capta el factum de su comunión intensa con quienes se dignan prestarles su atención. Las imágenes del grupo japonés Qui tocando en medio del público en un contacto milimétricamente cercano refuerza la idea del ProgDay como un camping musical, no tanto un festival: la música de Qui es idónea para este ambiente, pues pone énfasis en sonoridades acústicas basadas en la fusión y la World Music para generar una línea progresiva a partir de ellas. Los músicos de Qui no son los únicos japoneses que se hacen presentes en el documental: también aparece un ejecutivo de Poseidon Records, una compañía disquera japonesa dedicada a editar y difundir vigorosamente a las bandas japonesas progresivas y experimentales del presente y del pasado. Adicionalmente, las imágenes del local Silver Elephant son impagables: ¡cuántos discos y DVDs en vivo de estupendas bandas japonesas han sido grabados allí! Este ProgDay sirvió a Deluge Grander para debutar sobre un escenario: las vicisitudes por las cuales tuvo que pasar el combo por causa de la ausencia del bajista fueron resueltas con un trabajo duro y corto de arreglos nuevos para un material que es sumamente complejo de por sí en cuento a desarrollos melódicos, cambios de ambientes y estructuras rítmicas. Empresas y esfuerzos como estos justifican el llamado de Mike Potter por que estas bandas surgidas desde fines de los 80s e inicios de los 90s "reciban la antorcha" del rock progresivo de parte de los viejos maestros de tiempos pasados.

Estas y más cosas se pueden apreciar en los 90 minutos que dura “Romantic Warriors”, un documental, un DVD, un testimonio audiovisual, pero sobre todo, una labor de amor.

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