Sunday, March 10, 2019

TRIGÉMINO y su revancha contra las trampas del destino



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos una ocasión muy especial, que es la de TRIGÉMINO, grupo argentino que en su momento (entre fines de los 70s e inicios de los 80s) llevó en sus manos la antorcha del ideal del rock progresivo en la escena de su país pero con la mala fortuna de no haber podido registrar nada en el mercado fonográfico durante su periodo de vigencia. Pues bueno, el cuarteto original, conformado por Carlos Garófalo [bajo, guitarras, sitar, percusión y voz principal], Jorge Minissale [guitarras, percusión y coros], Marco Tulio Pusineri [batería, percusión y coros] y Juan “Pollo” Raffo [teclados, percusión y coros], se congregó en algún día del año 2005 en unos estudios de grabación para recrear y registrar varios temas viejos de su repertorio, usando incluso los mismos instrumentos de esa época. En fin, el sello Viajero Inmóvil publicó el resultado de aquellas sesiones de grabación en el último tercio de diciembre del pasado año 2018, bajo el título de “Trampas Para Engañar”. Aunque a lo largo de su historia el grupo tuvo algunos cambios de integrantes (por ejemplo, el exbajista de REDD Esteban Cerioni tocó aquí tras la partida de Raffo, lo cual llevó a Garófalo a hacerse cargo de los teclados), el tetraedro de Garófalo, Minissale, Pusineri y Raffo (hoy por hoy, una figura destacada del jazz-fusión contemporáneo de su país) es el que clásicamente define a TRIGÉMINO. En su tiempo, a pesar de tener cierta recepción en la prensa musical y una hinchada fiel en parte del público rockero aún receptivo al ideal progresivo, nunca logró concretar un contrato de grabación. Bueno, tal como señalamos antes, esto cambió; pasemos ahora a los detalles de esta cuenta saldada con el tramposo y antojadizo destino por estos cuatro grossos.


Estableciendo un muy inspirado ejercicio sinfónico con algunos matices pastorales que emergen por allí en ciertas ocasiones puntuales, ‘Sacrilegio En El Parque Juglar’ abre el álbum envuelto por  una cálida confluencia de señorial altivez, caleidoscópico y reflexivas vibraciones. Las cadencias ceremoniosas de la sección prologar son sucedidas por una irresistible magia melódica que bebe de las aguas de YES y GENESIS (mayormente, de los primeros) mientras transita fluidamente a través de las diversas secciones. Entre ellas se incluye un solemne pasaje dominado por el piano, el cual prepara el terreno para la emergencia decisiva del clímax final. La suite de casi 32 minutos de duración con la que se titula este disco es un momento particularmente magnífico dentro del repertorio. Hay seis secciones contenidas aquí, cada una de ellas con su propio título: ‘Preludio En Blanco Y Negro’; ‘A Quién Le Sobra Un Despertador’; ‘Donde Todo Es Realidad’; ‘Donde Las Ceremonias Son Juegos’; ‘Donde Los Juegos Son Ceremonias’; ‘Final – Trampas Para Engañar’. La primera sección es un solo de piano que tiene raíces claramente fusionescas (incluyendo algunos coqueteos con el jazz tradicional), hasta que un breve fraseo manierista abre el camino para que el ensamble entre en pleno para que instaure un muy enérgico ejercicio de fluctuaciones entre los paradigmas de YES, EMERSON, LAKE & PALMER y GREENSLADE... y de paso, también los connacionales de M.I.A. La vitalidad inherente al motif se arma bajo la guía principal de la guitarra mientras el sintetizador añade pertinentes retazos a los recovecos melódicos en curso; también hay unas breves irrupciones de estrambóticos arreglos vocales, lo cual tiene sentido porque varios pasajes instrumentales ostentan joviales aires circenses. Un tercer momento se traza bajo pautas introspectivas en medio del reinado de las guitarras acústicas y el sitar: el sintetizador entra a tallar para añadir capas cósmicas creadas con suma estilización. En algún momento, la gente de TRIGÉMINO ha gestado un punto intermedio entre el modelo del folk-rock de su propio país y LE ORME, y tras un largo espacio destinado a la elaboración de climas lánguidos, este pasaje adquirirá un groove más movido en nombre de una conmovedora luminosidad bucólica. A poco de pasada la barrera del minuto 15 irrumpe una sección rockera sobre un tempo marcial que apela a un candor melódico muy afín a los legados de ESPÍRITU y M.I.A. Un poco más adelante, la cosa se pondrá un poco más osada con el empleo de tensos juegos disonantes y arreglos vocales farsescos en alternancia con otros pasajes jazz-fusionescos (esto últimos, inicialmente bajo la guía del piano eléctrico). Cuando el ensamble completo vuelve a encender una hoguera común extrovertida, la confluencia de lo jazzero y lo sinfónico se sitúa en una expresividad alborozada y fúlgida. La sección final comienza con unos juegos concretos percusivos que pronto aterrizan en un clima tribal de inspiración afro-brasileña: así las cosas, la preservación de la precedente hibridización de jazz-rock y sinfonismo adquiere una renovada musculatura. El epílogo cantado redondea los pasajes más reflexivos de la suite, esta vez arropándolos bajo un clima sónico majestuoso. 

   

La suite homónima que acabamos de dejar atrás está diseñada para constituir un punto decisivamente álgido dentro del repertorio general de este disco, mas eso no significa que lo que sigue pase a un segundo plano: por el contrario, ‘Flan’ es una excelsa canción que se caracteriza por desplegar las dosis más contundentes de energía expresiva a los ambiciosos desarrollos melódicos diseñados para la ocasión. Aquí opera la lógica de la ortodoxia prog-sinfónica bajo los signos Yessiano y Genesiano tanto en el tipo de atmósferas que evocan los motivos melódicos que se van sucediendo como en la magnificencia intrínseca a los arreglos instrumentales: fluidos diálogos entre guitarra y sintetizador que se trasladan con igual claridad en los juegos al unísono y en los contrapuntos, protocolarios armazones melódicos del bajo, potentes explayamientos de la batería que ayudan a las rutilantes orquestaciones de los teclados para proyectar una sólida majestuosidad al íntegro espectro sonoro. En este tercer número del repertorio, la gente de TRIGÉMINO luce con ostentoso orgulloso su capacidad de operar como una unidad compacta dentro de una meticulosa estrategia de explayamientos extrovertidos. Los últimos 17 ¾ minutos (o casi) del disco están ocupados por ‘Desayunando Con Pepe Rayo’. Tras unos efectos de sonido de gente agrupada en un tumulto emerge el motivo inicial, el cual refleja un aura parsimoniosa bajo la guía dual del piano y la primera guitarra. El largo prólogo se extiende por más de tres minutos antes de que el matrimonio de sintetizado y guitarra, ornamentado por el clavinet, anuncie el inminente arribo de una sección un tanto densa donde la fiereza de los riffs de guitarra y el empleo de un arrastrado groove de la batería se conjugan en un retrato de claroscura expectativa. Dicha expectativa no dura mucho pues pronto surge un nuevo motivo, esta vez impregnado de vibraciones cálidas, las cuales llegarán en algún momento a ahondarse por vía del armado de un pasaje acústico de talante trovador. Otro nuevo pasaje nos devuelve al típico esplendor sinfónico adornado con ciertos recursos agresivos; en este momento hallamos un hermoso solo de órgano que sentimos demasiado breve, así como otro solo de sintetizador que se da mañana para encontrar espacios en medio de los solos de guitarra. A poco de pasada la barrera del décimo tercer minuto, el grupo se embarca en un interludio muy dinámico donde el factor jazz-rockero vuelve a adquirir notoria relevancia. En fin, el último pasaje refleja un aura parsimoniosa y señorial típicamente sinfónica, a medio camino entre lo dramático y lo hidalgo: la nota final del bloque instrumental, en unísono con la del canto, queda abierta al horizonte mientras nuestras mentes empiezan a hacerse a la idea de que este bellísimo disco llegó a su conclusión.



Es toda una labor de amor sincero y profundo al arte es crear esta música y aferrarse a ella como un sueño que se resiste a morir; también es toda una labor de gratitud la que realiza el oyente cuando se toma su tiempo para apreciar esta bella música desde su más genuino embrujo. La propuesta musical de TRIGÉMINO era antes un tesoro perdido dentro de la historia del rock progresivo argentino de primera generación, pero ahora, con la publicación de este CD “Trampas Para Engañar”, queda asentada como un referente esencial para el rock argentino. Aunque la edición de este material es, técnicamente hablando, extemporánea, los esquemas musicales plasmadas en ella muestran orgullosamente su intemporal encanto dispuesto a embrujar perennemente a los ávidos amantes de la idea del rock hecho arte. ¡Gracias por cientos de miles a los magistrales Carlos, Jorge, Marco Tulio y Juan por reavivar esto dentro de un ítem concreto!  



Muestras de “Trampas Para Engañar”.-


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