Wednesday, May 29, 2019

ELECTRIC ASTURIAS: santísimo pentágono del sinfonismo japonés



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión tenemos la muy agradable ocasión de presentar el nuevo disco del ensamble japonés ELECTRIC ASTURIAS, el cual se titula “Trinity” y fue publicado a fines del pasado mes de enero: sin duda, este trabajo aspira seriamente a ser uno de los ítems japoneses más destacados dentro del mundo progresivo del presente año 2019. La publicación de este disco tuvo lugar a fines de enero pasado bajo la producción independientemente gestionada de la propia banda. El personal de ELECTRIC ASTURIAS está conformado por Yoh Ohyama [bajo], Satoshi Hirata [guitarra], Tei Sena [violín], Yoshihiro Kawagoe [teclados] y Kiyotaka Tanabe [batería], siendo así que el primero de ellos está a cargo de la composición de todas las piezas que integran este álbum que ahora tenemos en nuestras manos. De hecho, Ohyama fundó hace más de 30 años el proyecto musical ASTURIAS con la proyección de desarrollar una línea de trabajo sinfónica modernizada: entonces, él se hacía cargo de las gutiarras, el bajo, casi todos los teclados y algunas percusiones, y en 1988 se concretó el álbum de debut “Circle In The Forest”. En dos momentos quiso este señor traducir este proyecto en grupos específicos: uno con orientación folk-progresiva llamado ACOUSTIC ASTURIAS y otro con un esquema de trabajo orientado hacia el retro-prog sinfónico ecléctico que es el que ahora nos ocupa, ELECTRIC ASTURIAS. El debut de ACOUSTIC ASTURIAS tuvo lugar en el año 2004 con el disco “Bird Eyes View” mientras que el de ELECTRIC ASTURIAS fue en el año 2011 con el disco “Fractals”. La formación de este disco es la misma que también aparece en los dos siguientes, “Elementals” (2014) y “Trinity”. Bueno, ya es hora de detenernos en los detalles de este último disco mencionado. 


Durando casi 7 ¼ minutos, ‘Closed World’ abre el álbum con un vigor cautivador y rotundo que no tarda mucho en enfilarse en torno a un bien definido foco musical tras el inicio de un enfático enclave de piano a lo WAKEMAN. Una vez instalado el ensamble en pleno, la cosa resuena claramente a un híbrido de EMERSON, LAKE & PALMER y JEAN-LUC PONTY, algo muy en consonancia con el primer disco de la banda compatriota KBB y con los también compatriotas FANTASMAGORIA. El piano y el violín se dividen los momentos de protagonismo para el asentamiento del motif central mientras la guitarra busca sus propios espacios de lucimiento, especialmente para llenar espacios aludidos por el teclado. El flujo con el que van desarrollándose las complejas variantes de ambientes es magníficamente impoluto; la inserción de un relajante pasaje romántico a mitad de camino tiene un exacto rigor matemático. A continuación sigue la dupla de ‘Wuthering Heights’ y ‘Skelter’. El primero de estos temas sigue por la pista del primero pero con instanciaciones más comedidas de energía expresiva y un enfoque menos suntuoso de los siempre esperables preciosismos melódicos. Esta vez, el factor sinfónico es primordial con absorbente suficiencia en el diseño de los recovecos melódicos en curso: los aires predominantes son de vals sinfónico. También hay un hermoso solo de guitarra que nos remite a un híbrido de Steve Howe y Steve Morse... y en esos momentos en que el violín acentúa los fraseos de la guitarra, el solo aumenta su belleza. Por su parte, ‘Skelter’ se revela como un grácil ejercicio jazz-progresivo enmarcado dentro de un vorazmente sofisticado armazón rítmico que se ajusta plásticamente a la preservación de las vibraciones vigorosas que alimentan al foco melódico. El violín brilla a sus anchas dentro de un dinamismo grupal muy fluido: tenemos aquí otros estupendos solos de guitarra, muy breves, pero capaces de exponer una garra genuina en sus desafíos ante los solos de sintetizador que también ostentan su propia llama. ‘Crow’ emerge con todo para mostrar la faceta introspectiva del grupo con el refinamiento habitual, pero, dadas las nuevas circunstancias de expresividad musical, ahora hay una delicadeza cristalina que impera en el desarrollo melódico de turno. La manera tan meticulosa en que se hermanan el violín y el piano resulta decisiva para marcar el desarrollo melódico y la dinámica interna de los instrumentos en bloque, determinando incluso las pautas generales del groove que ha de armar la batería. Es un tema realmente precioso, encarnación pura del romanticismo envuelto en su propia magia evocadora.


‘Rogus’ ocupa un espacio de 8 ¾ minutos y lo aprovecha muy bien, basando su desarrollo temático y sus atmósferas centrales en un punto intermedio entre el lirismo entrañable del tema #4 y la soltura ceremoniosa del tema #2, tal vez con una mayor inclinación a esta última. En comparación con lo que sucedió en‘Crow’, el bloque sonoro se siente más lleno porque a la guitarra se le da mayores espacios de lucimiento, y también, claro está, por la forma en que las columnas de la labor rítmica de la batería y los profusos ornamentos de los teclados exploran el vitalismo propio de las inquietudes románticas y barrocas del más puro estilo sinfónico. Se trata de uno de muchos puntos culminantes del repertorio, no cabe duda. La maratónica ‘Gorgon Suite’ cierra el álbum con una oportuna expansión del colorido esencial de la propuesta sinfónica del ensamble. Sus tres secciones se titulan sucesivamente ‘Medusa’, ‘Stheno’ y ‘Euryale’. Como ya las reglas de juego musicales de la banda están bin definidas desd ehace un buen rato, no nos debe sorprender que ‘Medusa’, la primera sección, se centre en dinámicos juegos de dinamismos barrocos en los armazones y orquestaciones de teclados mientras que la dupla rítmica asuma la estrategia de tender puentes entre el sinfonismo y el jazz-rock. Así las cosas, los solos de violín, guitarra y sintetizador que entran a tallar en momentos estratégicos cumplen con la función crucial de realzar el imparable colorido general de la pieza, sin ser ellos mismos demasiado extensos. Cuando llega el turno de ‘Stheno’, el grupo se dispone a explorar ambientes y grooves ligeramente cercanos a lo tenebroso, pero lo hace al modo de unos KBB o un extraño híbrido entre AFTER CRYING y FAR CORNER. Las tensiones están marcadas por el pulsátil frenesí que impone la dupla rítmica en comunión con el piano en ciertas secciones que parecen conectarse con el paradigma del rock-in-opposition de cámara, aunque hay que señalar fehacientemente que esta cercanía se focaliza exclusivamente en el tipo de atmósferas emanadas del esquema melódico en curso, no tiene un asidero estilístico de por sí. De hecho, esta pieza es una rara avis (y muy buena) dentro de las pautas generales del disco. ‘Euryale’ pone el broche de oro la suite y al álbum, y no puede empezar mejor la cosa cuando el prólogo consiste en un bello nocturno de piano y violín. Cuando el bajo entra a tallar sobriamente con miras a acentuar las bases armónicas del piano, el grupo se prepara para actuar de pleno en un exquisito y majestuoso enclave temático que nos lleva de la mano hacia una bien afianzada encrucijada de los paradigmas de RICK WAKEMAN, CAMEL y THE ENID con conexiones con las bandas compatriotas PTF, KBB y TEE. El groove armado por la dupla rítmica para el cuerpo central es ágil, usando en ciertos momentos quiebres rítmicos sin aspavientos: todo fluye muy naturalmente mientras el violín, los teclados y la guitara dirigen diversas tramas sucesivas del desarrollo temático. ¡Qué hermoso final de disco!


   

“Trinity” es, ante todo, un ejemplo magnífico y contundente de música prog-sinfónica que recoge y dignifica las semillas de sus referentes más majestuosos del pasado mientras se hace debido eco de varios recursos modernizados. Los músicos de ELECTRIC ASTURIAS irradian creatividad y vigor por doquier en cada una de las composiciones que integran este disco, un ítem que es fortísimo candidato para situarse en los más altos puestos de las encuestas que se harán a fines del año 2019. ¡Recomendado al 100%!



Muestras de “Trinity”.-


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