Friday, June 19, 2020

ASGARD: de regreso al campo de batalla



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos el gusto de presentar el nuevo disco del grupo italiano ASGARD, el cual en su momento operó como una de las voces fundamentales para el revival progresivo italiano de los 90s: la secuencia de sus cuatro primeros álbumes – de “Götterdämmerung” (1989) a “Imago Mundi” (1993) – es valorada y recordada con mucho cariño por muchos coleccionistas de rock progresivo. Pues bien, ahora, desde mediados de mayo del presente año 2020, tenemos a nuestra disposición su nuevo trabajo de estudio, el cual se titula “Ragnarøkkr”. La alineación pentagonal vigente de ASGARD consta de Alberto Ambrosi [teclados, flauta y coros], Franco Violo [voz principal], Andrea Gottoli [guitarras], Kikko Rebeschini Sambugaro [batería y percusiones] y Paolo Scandolo [bajo]. El sello encargado de publicar este nuevo disco es Pride & Joy, de residencia alemana. Ambrosi es el único integrante sobreviviente de aquellas alineaciones iniciales que gestaron joyas como “Arkana” (1992) y la antes mencionada “Imago Mundi”; también es verdad que el grupo ya no cultiva un sinfonismo de estilo clásico con generosos matices folk-progresivos y ocasionales excursiones en el prog-metal. Hoy por hoy, ASGARD es una entidad prog-folk-metalera, persistiendo, eso sí, en las temáticas de las mitologías germanas, escandinavas y británicas del medioevo en lo referente a las letras de las canciones. El grupo siempre gustaba de emplear grafías rúnicas en algunas partes de los librillos de sus discos, y en el caso de “Ragnarøkkr” no tenemos precisamente una excepción. De todas maneras, ya en varios momentos de “Imago Mundi” y de su disco sucesor “Drachenblut” (2000), se notaba una expansión del factor prog-metalero… pero ahora el quinteto entra con todo en ello para convertirlo en su foco de expansión sonora. A propósito, el registro y el estilo vocal de Violo nos recuerda bastante al de Kikko Grosso, quien estuvo en lo cuatro primeros álbumes de la banda: en lo personal, nos parece muy oportuno este elemento. El material de “Ragnarøkkr” se grabó entre los días 12 y 26 de octubre del pasado año 2019, en los Grapow Studios de Eslovaquia.



Vayamos ahora al repertorio del disco en cuestión. ‘Trance-Preparation’ y ‘Rituals’ es la dupla que ocupa los 8 primeros minutos del álbum. La canción inicial es totalmente recia con su contundente plenitud rockera de signo prog-metalero, confluyendo un poco con el paradigma de RHAPSODY pero situándose más cerca de la majestuosidad típica de unos SYMPHONY X. no necesita completar el espacio total de 3 minutos para dejar que su gancho abra con fuerza de carácter el camino hacia el resto de su repertorio. ‘Rituals’, por su parte, ostenta unas vibraciones renacentistas en su desarrollo temático mientras el trípode de guitarra, bajo y batería se adueña del control de la mayor parte del esquema sonoro en curso. A mitad de camino, la ambientación general asume unos aires célticos, lo cual permite a los teclados incrementar su presencia dentro del bloque general y, sobre todo, crea un sólido recurso de ceremoniosidad para la canción. ‘The Night Of The Wild-Boar’ sigue a continuación, asumiendo una aureola solemne dentro de una estructura rítmica más señorial, la cual comienza siendo poco impetuosa, pero pronto las cosas vuelven a la vitalidad electrizante habitual. El nervio rockero se alimenta convenientemente de una claridad melódica llamativa y una fluida ilación de variantes en su núcleo temático. ‘Visions’ perpetúa la atmósfera de imponente solemnidad mientras añade a su propia musculatura una dosis mayor de densidad en el armazón sonoro. Su espacio de casi 7 ½ minutos está muy bien aprovechado para la expansión de las atmósferas esenciales diseñadas para la ocasión. Notamos aquí varios aires de familia con algunas de las piezas más filudas de “Imago Mundi” y de “Drachenblut”, así como a ciertos detalles góticos propios del tercer y último álbum que hicieron sus compatriotas de A PIEDI NUDI. ‘Kali-Yuga’ (nombre de la “era de la riña” en el texto hinduista Bhagavata-purana) claramente recibe los ecos de las dos canciones precedentes mientras se deja empapar por un rocío de evocadora melancolía en sus secciones más reposadas. En cuanto a las más extrovertidas, se mantiene un apego al estándar solemne de la tercera canción.

Así las cosas, el terreno está preparado para el arribo de ‘Shaman’, la pieza más extensa del álbum con sus 11 ¼ minutos de duración. Su sección prologar es serena y ligeramente misteriosa, con unas hermosas líneas de flauta que siguen la pauta de las escalas de guitarra y complementan al canto. Una vez que la batería entra en acción, el grupo gesta una musculatura flotante para armar un vigor renovado mientras mantiene el lirismo originario con esquemático rigor. Los diversos solos de guitarra aquí contenidos están entre los mejores de todo el repertorio. A pocos instantes de llegar a la barrera del tercer minuto y medio, se produce un relevante viraje temático hacia un ejercicio de ágiles pulsaciones prog-metaleras alternadas con estilizaciones prog-sinfónicas. En este interludio, el grupo vuelve a coquetear cercanamente con el paradigma de SYMPHONY X antes de volver a la atmósfera inicial. La sección final vuelve al lado impetuoso de las cosas, mas no con nervio airado sino con un espíritu celebratorio, siendo así que el armazón melódico tiene inspiración céltica. ‘Battle’, que ocupa un espacio de casi 6 minutos, cumple con la misión de asentar un enclave de mayestática suntuosidad en base a un desarrollo temático que combina lo gótico con lo manierista. Tras un hermoso prólogo de teclado, la litúrgica aridez de lo primero y el colorido de los segundo se combinan fluidamente sobre un compás en 6/8, el mismo que comienza con un swing parsimonioso y más tarde estalla en un despliegue de cristalina extroversión: el canto ayuda bastante en el refuerzo de las ambientaciones centrales de la canción. Todo termina con un reprise del prólogo de teclado. ‘Der Tod’ es una canción emparentada con ‘Battle’ y ‘Shaman’, acogiendo las vibraciones robustas y el señorío sofisticado de ambas canciones en un espacio condensado de poco más de 3 ¼ minutos, Cuando llega el turno de ‘Danse Macabre’, la banda regresa de lleno a la aureola de corpulencia estilizada que signó a la secuencia de las tres primeras canciones, añadiendo algunos retazos del circunspecto preciosismo de ‘Shaman’. De este modo, el terreno está preparado para la emergencia de ‘Anrufung’, otra canción de poco menos de 3 minutos de duración que despliega un gancho exquisito; eso sí, a diferencia de ‘Trance-Preparation’, aquí se da una serie de contrastes más pronunciados entre las diversas secciones, siendo la primera de marcado carácter ritualístico.


La pieza homónima del álbum es la segunda más extensa del mismo con sus poco menos de 9 ¼ minutos de duración, y también es la que se encarga de cerrarlo. ‘Ragnarøkkr’ saca muy buen provecho de su rol como broche del repertorio y del espacio con el que cuenta para crear una imponente atmósfera de grave pomposidad a través de la ilación de sus motivos constitutivos. Un par de ellos citan a algunas canciones precedentes, así que esta canción también funciona como una mirada general a los recursos melódicos y atmósferas expuestos en la estructura global del disco. Las secciones más agresivas suelen situarse sobre un tempo parsimonioso mientras los teclados se aseguran de que en a mayor parte del tiempo opere un subterfugio orquestal a lo largo de la garra metalera en curso. El fade-out que se va armando poco antes de llegar a la frontera del noveno minuto es rotundo en la sencilla repetición de un atractivo riff de guitarra, lo cual, a su vez, prepara el fade-in para la coda. Este truco es muy ingenioso a la hora de mostrar, como dice la letra, que nunca hay un final definitivo para las luchas de la vida. Todo esto fue lo que nos brindó el remodelado personal de ASGARD con “Ragnarøkkr”, un disco que refleja la vía completa de transformación y evolución musical que Ambrosi tenía en mente para el grupo desde la segunda mitad de los 90s. Se trata, ante todo, de un enfoque más filudo y aguerrido que nunca antes para su espiritualidad melódica de siempre. Nos gustó bastante “Ragnarøkkr”, la verdad que sí.


Muestras de “Ragnarøkkr”.-

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