Sunday, September 05, 2021

La unión de la distopia Orwelliana y la música progresiva en manos de los italianos KARMAMOI

 

HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
 
Hoy tenemos el enorme gusto de presentar el nuevo disco del ensamble italiano KARMAMOI, el cual se titula “Room 101” y fue publicado a fines del pasado mes de mayo. Por su título mismo, adivinamos que se trata de un álbum conceptual sobre la célebre y trágica novela distópica 1984 del maestro inglés GEORGE ORWELL (novela que ha inspirado discos de diversas figuras como ANTHONY PHILLIPS, DAVID BOWIE, EURYTHMICS para una banda sonora, etc.). Técnicamente hablando, la mencionada novela no marca la secuencia narrativa del álbum en sí misma: más bien, la idea es enfocarse en algunas temáticas sobre la condición humana y la estructura social que atraviesan a 1984 para reactualizarlas en nuestros tiempos y observar las debilidades y temores que nos marcan y acosan cotidianamente. Este disco de KARMAMOI fue lanzado al mercado el pasado 28 de mayo, siendo el quinto de su discografía iniciada en 2011 por su disco homónimo. El personal de KARMAMOI es un trío conformado por Daniele Giovannoni [batería, teclados y coros], Alex Massari [guitarras] y Alessandro Cefalì [bajos]. Además, el conjunto contó con las participaciones ilustres de Adam Holzman (piano y sintetizador Moog), Steve Unruh (violín y flauta), Sara Rinaldi (canto), Emilio Merone (piano y teclados), Valerio Sgargi (canto) y Francesca Zanetta (sintetizador Solina). O sea, hay gente que procede del área del jazz-rock, RESISTOR y QUEL CHE DISSE IL TUONO, aportes enriquecedores desde otras áreas y entidades musicales. Giovannoni se hizo cargo de la producción del disco que aquí reseñamos; también compuso toda la música e hizo casi todas las letras (en tres canciones tuvo la ayuda de Valerio Sgargi). El repertorio de “Room 101” fue grabado en tres estudios, dos romanos y uno londinense: Abbey Rocchi Studios, Millenium Audio Recording y Hermitage Works Studios. La labor de mezcla de todos los aportes del grupo y sus invitados fue realizada por Mark Tucker en el estudio The ARC, ubicado en la localidad británica de Eynsham. El arte gráfica estuvo a cargo de Joel Barrios. Bueno, veamos ahora los detalles específicos de cada tema del álbum.
 

‘Memory Holes’ abre camino a las cosas con un talante modernista que se siente urgente y robusto que nos remite a parentescos muy cercanos con las líneas de trabajo de FROST, los últimos discos de ARENA y la faceta más atmosférica de RIVERSIDE. Los arreglos vocales que no tardan en emerger ayudan bastante a dar un empuje especial al esquema melódico a ser desarrollado dentro del cuerpo central de la pieza. Los cambios de groove dentro de la ingeniería rítmica permiten al bloque sonoro alternar fluidamente pasajes contenidos con otros más propiamente musculares a través de un muy refinado continuum. También se advierte la emergencia de algunas atmósferas claustrofóbicas en algunos breves pasajes estratégicos, los cuales operan como un oportuno preámbulo para la intensidad exhibida en el último tercio de la canción. Luego llega el turno de ‘Drop By Drop’, que es cuando el ensamble remodela la sofisticación progresiva para enfocarla hacia una aureola crepuscular tras el llamativo punto de arranque. Ahora, el esquema sonoro vira hacia una prioridad de lo solemne dentro de una atmósfera que combina lo misterioso y lo lúgubre, alternando esquemas sonoros de temperamento minimalistamente grisáceo y otros un poco más nerviosos; respecto a los primeros, el aporte del violín logra realzar los subterfugios más sutiles de la canción con un colorido extra. Alrededor de la frontera del sexto minuto surge un clímax señorial guiado por la guitarra eléctrica y arropado por unas flotantes orquestaciones a los cuales luego se sumará un apasionado arreglo coral. El asunto suena a un intermedio entre el paradigma de los PINK FLOYD de la fase 73-75 y los PORCUPINE TREE de los tres últimos discos. Dramatismo y distinción se conjugan en esta canción con convincente elocuencia, convirtiéndola en un cénit decisivo del repertorio. ‘Dark City’ recibe los ecos de densa solemnidad de la canción precedente y se regodea cómodamente en torno a ésta por casi tres minutos, hasta que el asunto se torna un poco más aguerrido por un rato, logrando poner algo de variedad al desarrollo temático, abriendo, además, la puerta para que en un pasaje posterior vuelva con una mayor dosis de vigor expresivo.
 
Con sus poco más de 10 ¾ minutos de duración, ‘Zealous Man’ se erige como la pieza más extensa del álbum. El pasaje inicial está delineado por parcas escalas de piano, siendo así que el cuerpo central despliega un nuevo ejercicio de solemnidad crepuscular signado por un punche rockero tan genuino como comedido. Siguiendo fielmente la senda trazada por la pieza anterior, ésta ostenta una mayor magnificencia tanto en los arreglos contrastantes entre los pasajes calmados y los intensos como en su manejo de los diversos motivos en curso. Todo se siente muy suntuoso sin renunciar a la sutileza. Cerca del final, emerge una sección prog-psicodélica (un poco a lo DAAL) que barre radicalmente con todo indicio de lirismo que había aparecido antes. Ahora sí estamos en terreno tenebroso cuando este clímax conclusivo consigna su brío claroscuro. ‘Newspeak’ es un instrumental signado por una languidez etérea al estilo Floydiano, la cual pronto transita hacia algo más cercano a ELOY merced al rol prevalente de los sintetizadores. El epílogo centrado en el piano (con aportes del violín) instaura una espiritualidad contemplativa. La pieza homónima del álbum se basa principalmente en un medio tiempo con algunas disrupciones en el swing que emergen en lugares estratégicos para proveer al esquema melódico de una mayor dosis de tensión. Finalmente, en el último tercio, el groove se pone realmente marchoso y la guitarra realiza el que tal vez sea su solo más vehemente dentro de todo el álbum: el ensamble se acerca sugerente al estándar del prog-metal hasta los golpes finales. ‘Room 101’ opera, en general, como el perfecto antecesor para el último tema del álbum, el cual se titula ‘The New World’ y dura 9 ¾ minutos. Es la pieza con el inicio más extrovertido de todo el repertorio, haciéndose cargo de preservar la vitalidad rockera heredada de la canción homónima, lo cual supone un viraje muy interesante para la instauración de las solemnes secciones cantadas que habrán de surgir a lo largo del camino. Alrededor de la frontera del sexto minuto, la canción regresa a los recursos de solipsismo crepuscular que ya hemos apreciado en varias canciones precedentes, lo cual sirve como puente hacia el ceremonioso y majestuoso epílogo. Una mención especial va para el solo de sintetizador, espléndidamente vivaz y dispuesto a devolver al bloque grupal a la extroversión inicial. Un gran final de álbum, sin duda.
 

Todo esto fue “Room 101”, un disco que instaura un nuevo culmen para la trayectoria de KARMAMOI, una banda que desde hace un tiempo puede ser considerada como portadora de una ilustre veteranía artística dentro de la escena progresiva italiana del nuevo milenio. Su misión de crear una propuesta muy expresiva y grandilocuente a partir de un clásico de la narrativa distópica del siglo XX se cumplió a cabalidad. En conclusión, este álbum conceptual supone un referente importante para el rock artístico del presente año 2021.
 
 
Muestras de “Room 101”.-
Drop By Drop: https://karmamoi.bandcamp.com/track/drop-by-drop
Zealous Man: https://karmamoi.bandcamp.com/track/zealous-man
The New World:  https://karmamoi.bandcamp.com/track/the-new-world

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