Saturday, February 17, 2024

THE TRACKERS y un poderoso vodevil jazz-rockero



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hace poco hemos descubierto este proyecto jazz-rockero multinacional conformado por el baterista-teclista británico Gary Husband y el guitarrista-sintetista noruego Alf Terje Hana: el proyecto común de estos dos maestros de llama THE TRACKERS y el disco que se gestó a partir de allí se llama “Vaudeville 8:45”. En este disco publicado durante la primera mitad de marzo del año 2022 por el sello Abstract Logix, Husband toca, además de la batería, el piano eléctrico, el órgano y sintetizador; por su parte, Hana se hace cargo de un arsenal de guitarras eléctricas, acústica de 12 cuerdas, la guitarra de octavas, la guitarra barítono, el sitar eléctrico y los sintetizadores, además de hacer algunas programaciones y efectos de sonido con el modulador de anillo. El dúo contó con una buena cantidad de luminarias para hacer sus respectivos aportes al bajo: Jimmy Johnson, Etienne Mbappé, Jimmy Haslip, Øyvind Grong, Mark King, Kevin Scott y Guy Pratt. “Vaudeville 8:45” contiene 9 temas en la edición física con un décimo tema asequible solamente en los blogs de Bandcamp de los propios protagonistas de este proyecto. ¿Y cómo se conocieron ellos? Resulta que el Sr. Hana, fan de Allan Holdsworth desde que escuchó los discos donde aparecía Husband tocando batería y teclados, invitó a éste a grabar un solo de sintetizador en uno de los temas de su álbum de 2016 “Invisible Colours”. La idea de ir más allá y formar un proyecto concreto juntos fue motivada originalmente por la sensación de soledad que experimentó Husband tras el fallecimiento del genio Allan Holdsworth, lo cual le hizo buscar una asociación con Hana: de hecho, el buen Gary estaba seguro de querer trabajar en un power-trío con guitarra, y hasta ya se le había ocurrido el nombre para este proyecto. THE TRACKERS, por supuesto. El proceso de grabación se llevó a cabo principalmente en el Alstone Studio de la localidad noruega de Stavanger, y dos lugares de Londres: los Eastcote Studios y el Studio 154. Ya cada bajista invitado registró su aporte en su respectivo estudio doméstico. Ulteriormente, Hans Ole Kristiansen se hizo cargo de la mezcla mientras que Björn Engelmann hizo lo propio con la masterización. Bueno, veamos ahora los detalles estrictamente musicales de este disco que nos convoca ahora. 


‘Two Foxes’ abre el álbum con un inconfundible e inapelable despliegue de vigor rockero sobre un tempo parsimonioso que permite al trío actuante jugar con ornamentos psicodélicamente progresivos para que se engalane señorialmente el sencillo motif principal. De paso, también se engalana el llamativo groove en curso para que aumente su magnetismo. Un inicio de álbum genuinamente impactante al que sigue a continuación ‘The Drowning’, una pieza cuyo centro temático y swing son un poco más complejos que los del tema de apertura, lo cual se hace notar más precisamente porque el vigor expresivo está más comedido. De esta manera, se nos brinda un ejercicio de majestuosiad jazz-rockera que se focaliza en un punto intermedio entre los paradigmas respectivos del Terje Rypdal de inicios de los 80 y el Allan Holdsworth de la etapa 1989-93. Ojalá tuviera una duración mayor que los casi 3 ½ minutos que le concedió el dúo, pero es que ya llega el turno del tercer tema, que es ‘Nisco’. Cercano en groove al tema de apertura, tiene su propia esencia particular al desplegar un vitalismo aristocrático con una imponente exquisitez. Básicamente, se trata de un despliegue de funk filtrado por una sonoridad hard-rockera que mantiene la suficiente gracilidad como para abrirse a exploraciones jazzeras y progresivas al unísono. Todo un cénit del repertorio. ‘The Middle Distance’ es el tema más extenso del repertorio oficial con sus 7 minutos y pico de duración. En lo central, sigue la senda de la pieza precedente con un esquema rítmico más solemne y una suntuosidad más discretamente repartida; esto último permite al dúo y a su invitado de turno (Haslip) encontrar espacios de lucimiento aquí y allá, siempre para el beneficio mayor de la pieza presente. Hay pasajes donde la guitarra parece ser ejecutada por un Rypdal poseído por el fantasma de Hendrix bajo la guía de John Scofield. El primero de estos temas mencionados‘Wolf Moon’ es el primer tema del álbum donde realmente se explora terrenos introspectivos, pero que conste que todavía queda nervio expresivo por salir a flote. En este escenario, la sutileza de tenor impresionista es la que inicialmente impone la lógica musical mientras la batería añade musculatura a la sutileza reinante, Este detalle resulta crucial para que, más adelante, el asunto vire hacia una inspección de cromatismos y vibraciones densas que coquetean con el paradigma Crimsoniano desde el terreno del jazz-prog donde se fusionan el avant con el Canterbury. La sección final es el hogar del reprise del ambiente inicial. Otro cénit decisivo del álbum.  

Con la dupla de ‘Wide Awake Running’ y ‘Deep Stepping’, el dúo y sus colaboradores de turno (los bajistas Mark King y Jimmy Johnson, respectivamente) siguen expandiendo su paleta sonora. El primero de estos temas mencionados, tras un prólogo lírico de tenor cinematográfico, asienta firmemente un cuerpo central de corte jazz-funky que abre campo a un fulgor extrovertido y alborozado que se condice mucho con el paradigma de David Torn y el vitalismo peculiar de los STICK MEN. El segundo de ellos, por su parte, despliega una robustez extravagante inversamente proporcional a su duración (ocupa un espacio de menos de 3 minutos). Alternando pasajes rudos y otros cadenciosos en base a un desarrollo temáticoc gentilmente disonante, el ensamble logra crear una gallarda travesura jazz-rockera. ‘Garden Of Bliss’ comienza insertándose en el terreno de BRUFORD LEVIN UPPER EXTREMITIES con añadidos toques ambient que ponen al dúo en sintonía con lo que hacen maestros como COLIN EDWIN y CÉDRIC THEYS. Un enérgico interludio establece conexiones con recursos sónicos que ya hemos apreciado en piezas precedentes. ‘Living Time’ trae el cierre del repertorio oficial con un nuevo ejercicio de vitalista jazz-rock con estilizados resabios progresivos que, en esta ocasión, hacen gala de su magnificencia estructural para afilar el fulgor reinante. Tal como dijimos al inicio de la presente reseña, hay un bonus track sólo disponible en los blogs de Bandcamp de Husband y Hana, el cual se titula ‘All I Need’. Este tema que dura poco menos de 8 ½ minutos canaliza elegantemente una serie de vicistudes sonoras que van desde el jazz-rock de tenor Zappiano hasta la fusión con elementos reggae, pasando por deconstrucciones osadamente vanguardistas que se enraízan simultáneamente en las tradiciones del free jazz y de la psicodelia de formas aleatorias. De hecho, una vez que estas deconstrucciones entran a tallar, se disponen a ocupar inmisericordemente todos los espacios que se expanden desde la sinergia de los instrumentistas actuantes; los incendescentes efluvios abstractos crean una aureola de perturbaciones solipsistas cuya fiereza parece emerger de un augjero negro para crear una agitada e inaudita materia en forma de sonido.  

Todo esto fue “Vaudeville 8:45”, uan experiencia única de música jazz-progresiva que el talentoso colectivo de THE TRACKERS tuvo a bien gestar para beneplácito del público melómano capaz de apreciar lo bizarro y lo ecléctico bajo un ropaje distinguido y majestuoso. Aunque llegue un poco tarde esta rseña, nunca es demasiado tarde para destacarlo como un ítem totalmente recomendable para cualquier fonoteca de rock progresivo y jazz-rock que presuma de ser buena. 


Muestras de “Vaudeville 8:45”.-

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