Thursday, May 18, 2017

MIRIODOR y su novena acción de combate


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

¡Albricias!, ¡albricias! ¡Tenemos la enorme noticia referente al nuevo disco de la genial banda avant-progresiva MIRIODOR! La novedad que nos tiene tan entusiasmados se titula “Signal 9”. Este grupo canadiense residente en Quebec ya tiene más de 3 décadas dignificando el ideal del rock-in-opposition dentro de las vertientes más osadas del escenario progresivo mundial, y sigue avanzando a paso firme en lo que vamos del nuevo milenio en la difícil misión de decir algo nuevo bajo el multívoco paradigma progresivo. Grabado en Montreal a lo largo de diversas sesiones que tuvieron lugar en los años 2015 y 2016, al fin se publica el repertorio de “Signal 9” por vía del sello Cuneiform Records en el día 12 de mayo del 2017. La actual alineación estable de MIRIODOR está integrada por Bernard Falaise [guitarras, teclados y efectos de tocadiscos], Pascal Globensky [teclados, sintetizadores y piano], Rémi Leclerc [batería, percusiones y efectos electrónicos] y Nicolas Lessard [bajo, contrabajo y teclados]. Un aspecto muy significativo y conmovedor de “Signal 9” es que está dedicado a la memoria de  François Émond (1964-2016), quien fue uno de los músicos fundadores de MIRIODOR: él tocó violín, sintetizador y vientos en los dos primero discos “Recontres” (1986) y “Miriodor” (1988). 


Mientras la dupla inicial de ‘Venin’ y ‘Peinturé Dans Le Coin’ impone su presencia, notamos en los desarrollos melódicos en curso que MIRIODOR sigue siendo lo que siempre ha sido: una fuerza musical dueña de un dinamismo muy propio a través de sus influencias rectamente asimiladas. Ambas piezas duran poco más 4 ½ minutos, otro punto de simetría entre ambos temas. ‘Venin’ pone marcha a las cosas con un cáustico despliegue de tensiones rockeras que nos remiten a una ágil encrucijada de MASSACRE, THIS HEAT y HENRY COW (en su faceta más áspera). Por su parte, ‘Peinturé Dans Le Coin’ explora matices más sutiles y un vigor más grácil en base a un delicioso dinamismo jazz-rockero que articula sabiamente los juegos de disonancias creados para el motif en curso. Si en el primer tema la guitarra era el líder del desarrollo temático, ahora ese rol lo ocupan conjuntamente la batería (con su bizarra arquitectura rítmica) y el teclado (con sus alucinadas capas armónicas). Tras este estupendo inicio sigue Transit De Nuit À Jakarta’, una breve demostración de climas humorísticamente siniestros sobre un medio tiempo marcado por u agradable groove funky: el patrón mecanicista empleado en la base rítmica es muy oportuno para reflejar la musicalidad propia de un tren em marcha. Sus escasos dos minutos de duración gestan un oportuno puente para la emergencia de la magnífica luminosidad sonora de ‘Portrait-Robot’, una de las piezas más extensas del álbumAquí tenemos la primera demostración abierta de intensa extroversión dentro de los cánones de MIRIODOR. La pieza comienza realzando la vitalidad vorazmente alegre de la dupla rítmica, la cual opera en estricta y extravagante consonancia con las acentuaciones densas y oscurantistas de los guitarreos y los solos y ornamentos de los sintetizadores. Pero poco antes de llegar a la frontera del tercer minuto, las cosas se detienen para refugiarse en un sigiloso tenebrismo, el cual solo oculta por un breve momento el ansioso teatro de tinieblas musicales que se va a explayar ante nuestros oídos y mentes, alternando pasajes explosivos e implosivos con inspirada fluidez. Otro pasaje ulterior se desvía hacia lo que parece ser una instancia de calidez, pero hay algo en los efectos atmosféricos que delata señales de peligro… Y en efecto, la última sección de ‘Portrait-Robot’ completa el círculo multitemático con un convincente retorno al oscurantismo inicial, pero esta vez bajo una modalidad estrictamente etérea. 

 

‘Déboires À Munich’ es un pequeño festín posmoderno donde las caóticas puntuaciones de los fraseos de la guitarra saben amalgamarse con el tribalismo neurótico de la batería y los efectos procesados de sintetizador y voz. Podemos interpretar el leitmotiv de esta miniatura como un desfogue inevitable tras el constreñido epílogo de la pieza precedente, pero también podemos apreciarlo como un travieso juego de contrastes frente la exquisita ingeniería progresiva que nos ha de brindar la pieza siguiente, la cual se titula ‘Chapelle Lunaire’, un tema cuya estrafalaria belleza se sostiene en el robusto equilibrio que se preserva entre los instrumentos activos a lo largo de las variaciones de motivo y ambiente. Aquí encontramos ecos del primer HENRY COW y HATFIELD AND THE NORTH, así como de la primera etapa de THE MUFFINS, con algún toque a lo PRESENT. ¿Será posible que el ideal del rock-in-opposition aún tenga algo que decir en el nuevo milenio y encima lo diga con un lenguaje tan vigoroso y juvenil? Esta pieza y ‘Portrait-Robot’ conforman la manera tan señorial que tienen los MIRIODOR de responder afirmativamente a esta doble pregunta.  ‘Cryogénie’ es la tercera miniatura del disco, siendo su enfoque nuclear el de desplegar una muestra de flotantes ruidos deconstructivos: es casi como el resultado final del delirio dadaísta que ya se había desvelado en ‘Déboires À Munich’. En todo caso, la función de ‘Cryogénie’ consiste principalmente en abrir las puertas para la emergencia de ‘Passage Secret’, tema que con sus casi 10 minutos de duración resulta el más extenso del álbum. Comienza con una aureola cósmica que se va asentando a ritmo sostenido hasta que un frenético recurso jazz-rockero intercepta y distorsiona la atmósfera elaborada hasta este punto en dos momentos distintos. En realidad, se trata de una pequeña travesura funcional a la gestación del glorioso crescendo en clave de híbrido de WEATHER REPORT y KING CRIMSON con el cual la pieza habrá de concretar su clímax. El epílogo está centrado en las cadencias misteriosas de la batería y efectos de sonido. Este disco no tiene cómo abandonar las cimas creativas.   



‘Gallinulle D’Amérique’ y ‘Douze Petites Asperges’ son dos pequeñas piezas que funcionan como subterfugios de libertad expresiva aparte de la dimensión más fastuosa de la banda. La primera de ellas tiene una aureola de circo surrealista mientras que la segunda es un cálido ejercicio de nostalgia Canterburyana al estilo de los paradigmas de GILGAMESH y HATFIELD AND THE NORTH. Los últimos 8 ¼ minutos de “Signal 9” están ocupados por ‘Le Ventriloque Et Le Perroquet’. Como ya ocurrió con otros ítems de extensión particularmente ambiciosa, el grupo desarrolla una amalgama de ideas musicales dentro de un puzle contundente sustentado a través de una ingeniería tan meticulosa como cautivante. El grupo desarrolla con resuelta agilidad una espléndida combinación de los legados de UNIVERS ZERO y FRANK ZAPPA a través del particular vitalismo siniestro que la banda tiene como marca de la casa. En los dos últimos minutos y medio, el grupo elabora un reggae psicodélico en cuyo seno confluyen los aleteos crepusculares de la guitarra y los delicados ornamentos jazzeros del piano eléctrico. Un final muy simpático para esta pieza, al modo del relax necesario tras la sofisticada tormenta sonora que antes había mostrado sus retorcidas tonalidades. También lo apreciamos como un final muy simpático para un disco tan enorme como es “Signal 9”, uno de los ítems progresivos más imponentes del presente año 2019.  MIRIODOR realiza en éste, su novena acción de combate contra los convencionalismos del rock, una nueva acta de innegable constancia de su grandeza única y peculiar dentro de la élite progresiva mundial de los últimos 4 decenios.    

  


Muestras de “Signal 9”.-



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