Tuesday, April 19, 2011

VAN DER GRAAF GENERATOR perpetúa sus fundamentos artísticos en base al número 3


HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En el primer tercio del actual año 2011 salió al mercado musical el nuevo disco de estudio de una de las encarnaciones más añejas y respetadas de la historia del rock experimental desde los 60s en adelante: VAN DER GRAAF GENERATOR. El disco en cuestión es “A Grounding In Numbers”, el decimoprimero de toda su trayectoria y el segundo del trío que grabó “Trisector” algunos años atrás. A pesar de que ha pasado algún tiempo desde la separación de David Jackson del cuarteto reunido en “Present”, no es fácil quitarse de encima su legado tan vital para el sonido VDGG, especialmente en los momentos donde reina la melancolía misteriosa o se impone la fuerza de una armazón sincopada recurrente, sitios donde el “inexistente cuarto miembro” del actual trío sabía cómo marcar su osado sello característico. Pero en fin, “A Grounding In Numbers” es un síntoma de la vitalidad que este trío todavía tiene para ofrecer dentro del oficio de la música: los fundamentos sonoros y estilísticos de este disco sostienen varias ligazones con las atmósferas reflexivas que inundan los últimos discos de Peter Hammill, así como con las aventuras más típicamente rockeras que Hamill manejó en sus discos 70eros. Por lo leído en la red en las últimas semanas, no somos pocos los que consideramos que este disco más parece un solista de Hammill acompañado de sus dos más leales camaradas de toda la vida, pero hay algo más que esto en el disco: a eso puntan las descripciones expuestas en los siguientes párrafos. Una peculiaridad de este álbum es que ocasionalmente se cumplen roles inusuales para los miembros de este grupo: Hammill toca el bajo en ‘Splink’, Banton hace lo propio con al guitarra en ‘Smoke’, y Evans apoya a Hammill en la segunda guitarra en ‘5533’. Otro dato: ninguna canción llega a la barrera de los 7 minutos y la mayoría se queda por debajo de la barrera de los 4.


‘Your Time Starts Now’ ocupa los primeros 4 ¾ minutes del álbum, con un aura reflexiva que prácticamente se regodea en su compás lento (tirado hacia lo jazzero) tras un brevísimo prólogo de flotantes sonidos psicodélicos de sintetizador. No esperemos algo como ‘The Undercover Man’ al abrir “Godbluff”: la intención de Hammill & co. en la dupla de ‘Your Time Is Now’ y ‘Mathematics’ (canción que perpetúa lo reflexivo con el añadido de arreglos instrumentales un poco más complejos) es la de establecer una calma contemplativa antes de lo que seguirá después. Con ‘Highly Strung’, la atmósfera sónica empieza a adquirir más intensidad y músculo: hay algo de las tradiciones del Hammill solista 78-80 en esta canción patentemente rockera, además de algún recordatorio de las dimensiones más robustas del “World Record”, aunque queda claro que así como se sigue notando la ausencia de David Jackson en los temas lentos en lo que se refiere a aportar matices etéreos de flauta y saxo soprano, en piezas rockeras como ésta no hubieran venido para nada mal sus armonías de saxos dobles e incluso algún solo demoledor. ‘Red Baron’ es un instrumental guiado por cadencias tribales de la batería y retazos minimalistas de sintetizador y guitarra, algo muy a lo krautrock (miren por dónde…). ‘Bunsho’ restaura el factor rockero en una clave menos vigorosa que en ‘Highly Strung’ pero reformulándolo en un lenguaje sónico más sofisticado: ahora podemos hallar cercanías respecto a los dos primeros solistas de Hammill post-“Pawn Hearts” así como con la etapa 75-76, aunque el hecho de que la canción dure poco más de 5 minutos impide que la canción se explaye en vuelos instrumentales y ornamentos épicos propios de la escuela añeja VDGraffiana – bueno, es así como quiso el trío hacer esta canción. ‘Snake Oil’ ofrece la ventaja de continuar con el momentum iniciado por la canción precedente, y teniendo en cuenta su cariz propiamente hammilliano en cuanto al manejo de armonías conjuntas de piano y órgano y los cambios de ambiente, se puede con justicia señalar que en esta canción en particular renace completamente la esencia VDGG. Pero una vez más… ¡qué bien hubiesen quedado unas orquestaciones de saxos múltiples y florituras de flauta en el clímax que se inicia poco antes del segundo minuto y medio! ¡Y qué sentido hubiese tenido entonces que VDGG se sintiera a sus anchas para desarrollar la fastuosidad inherente a su estilo único y especial! Más allá de añoranzas por un presente irreal y un pasado inexpugnable, son muchas las razones para considerar a esta canción como la cúspide del disco (al menos, desde la humilde posición de quien esto escribe).


Después del auge emocional motivado por la secuencia de ‘Bunsho’ y ‘Snake Oil’, llega el instrumental ‘Splink’ para expresar matices abstractos donde conviven suaves atmósferas “cuasi-hawaianas” con aires de teatro de vodevil, articulados en torno a una batería eminentemente jazzera y alimentados con surrealistas ornamentos de guitarra slide e intervenciones diversas de los teclados: de esta manera pasamos al vigor sincopado de ‘Embarrassing Kid’, sanamente reciclado a través de variantes rítmicas inteligentemente fluidas. ‘Medusa’ regresa a la espiritualidad meditabunda de las dos primeras canciones en un tempo de 11/8, y también regresan esos aleteos psicodélicos de sintetizador que habían ornamentado el inicio de ‘Your Time Is Now’. Por su parte, ‘Mr. Sands’ retoma la faceta más optimista y extrovertida del disco, aunque las cadencias instauradas por la labor de Evans hacen que el swing sea menos rockero y más emparentado con lo jazzero: el esplendor de esta pieza compite seriamente con el de ‘Snake Oil’, especialmente en lo que se refiere al experto manejo de motivos recurrentes para crear algún tipo de tensión ágil. En este momento solo quedan poco menos de 12 minutos para la conclusión del disco, y este proceso es iniciado por ‘Smoke’, una pieza de ambientación ligera, con una batería casi anclada en la nostalgia de la psicodelia beat de fines de los 60s y unos teclados definidos en lo funky. Se vienen a la mente evocaciones de ‘Two Or Three Spectres’, la canción que cerraba “Nadir’s Big Chance”, pero la sensación no dura mucho porque apenas llegado el segundo minuto y medio, arriba abruptamente ‘5533’, una pieza jazz-progresiva que ostenta su compleja estructura rítmica mientras que Hammill habla/canturrea sobre el misterio de los números en consonancia con la estructura rítmica misma. (“Se puede crear un patrón matriz a partir de casi cualquier cosa / trazando imperfecciones causales en el flujo de información, / descontando el traspié de la identidad profesional. / Y el número es… cinco-cinco-tres-tres-doble-dos-tres”. ¡¡Éste es el Peter Hammill de siempre, el artista con corazón de científico y el científico con mente de artista!!). ‘All Over The Place’ cierra el disco con un cierto retorno a la vibración meditativa con la cual había comenzado, pero las bizarras armonías de los teclados (tanto el órgano como el sintetizador que imita el clavicordio), los ornamentos que Evans usa en su labor percusiva y el tono contenidamente furioso que Hammill emplea ocasionalmente en su canto hacen que esta canción no refleje languidez ni apatía, sino más bien un último momento de esfuerzo mental por entender alguna parte de la inmensidad que nos rodea, un momento de energía mental. La secuencia recurrente con la que se despide la canción (que hubiese supuesto un gran fade-out de haberse organizado así sus últimos instantes) porta una magnificencia innegable, lo cual inevitablemente nos lleva a evocar por enésima vez el cuadro contrafáctico de escuchar los aportes del “inexistente cuarto miembro”… [Estoy totalmente dispuesto a admitir la posibilidad de que esta apreciación específica oscurece la posibilidad de apreciar más adecuadamente este disco].


Balance final: “A Grounding In Numbers” es un muy buen disco que contiene varios momentos de grandeza progresiva (o afín a lo progresivo) que repite en ciertas dosis la proyección sonora explorada y explotada en “Trisector” pero que, tal como se indicó en el primer párrafo de esta reseña, guarda más conexiones estilísticas y ambientales con algunas fases de la prolija y diversa carrera solista de Peter Hammill. Ahora bien, no seamos injustos con el VAN DER GRAAF GENERATOR de hoy en día: es una banda que sabe funcionar y crear como tal a la perfección, una banda que sabe sacar provecho de su veteranía a través de una sólida concientización sobre su talento y visión artística, y “A Grounding In Numbers” confirma esto sin lugar a objeción.

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