Thursday, May 23, 2019

AKKU QUINTET: partiendo hacia nuevos caminos jazz-progresivos



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos al ensamble suizo AKKU QUINTET, ensamble que cultiva una de las modalidades de música progresiva más ricas y sugerentes hoy en día. Tal como indica el nombre, se trata de un quinteto integrado por Manuel Pasquinelli [batería], Michael Gilsenan [saxofón], Maja Nydegger [teclados], Markus Ischer [guitarra] y Andi Schnellmann [bajo]. El nombre del baterista, quien es también el compositor de todo el material de la banda, nos suena del cuarteto SONAR (una de las entidades más notables de la avanzada progresiva suiza de los últimos años). “Depart” es el título del álbum que este quinteto publicó el pasado 17 de mayo. De hecho, el nacimiento de AKKU QUINTET, que tuvo lugar en el año 2010, fue una iniciativa de Pasquinelli; el primer disco que publicó fue “Stages Of Sleep”, en el año 2013 y “Depart” es el cuarto ítem de su discografía. La verdad que este disco nos ha agradado una barbaridad con su sólida y meticulosamente estructurada confluencia de math-rock, vibraciones propias del paradigma Crimsoniano de los 80s, post-rock, RIO de tradición francófona y psicodelia dentro de una valiente amalgama jazz-progresiva. Tanto en la tarea de la inspiración compositiva como en la labor de los arreglos musicales que han de perfilar a aquélla, los cinco músicos se dedican primordialmente a crear estructuras sonoras vitalistas que transitan a través de multiformes y polivalentes parajes de densidad, tensión y misterio haciendo gala de diversos grooves, los cuales van desde lo aguerrido a lo juguetón, pasando por lo ansioso, lo relajado y lo amenazante. Hay ciertos aires de familia con la esencia musical de SONAR en el esquema de trabajo de los AKKU QUINTET, y también notamos cercanías relativamente habituales con los paradigmas de JOHN ZORN, TORTOISE, KING CRIMSON y las facetas más vaporosas del estándar jazz-progresivo. Bueno, veamos ahora los detalles del repertorio de “Depart”.



El primer tema del disco se titular ‘Largo’ y dura poco más de 14 ½ minutos. Bajo el engañosamente lánguido comando del piano eléctrico, se inicia un primer motif en 5/4 manejado sólidamente por el ensamble en blqoue en base a la ingeniosa confluencia de arquitectónicas armonías de guitarra y bajo con el sobrio groove jazz-rockero de la batería. Poco antes de pasar por la frontera del tercer minuto y medio se da un quiebre desde el que arma un breve interludio signado por una bruma un tanto sombría pero que, en el fondo, es fundamentalmente reflexiva: así las cosas, el motif inicial vuelve a apoderarse de los espacios pero esta vez con una presencia más absorbente de la guitarra, ensimismada como está con sus flotantes retazos. El saxo, por su parte, alterna momentos en los que acompaña a la dupla rítmica con otros en los que llena ciertos parajes del esquema armónico en curso. Alrededor del séptimo minuto y medio surge un inesperado momento oscurantista, no muy largo, pero sí lo suficientemente impactante como para guiarnos por una magnética aura de inquietud: sobre capas minimalistas de sintetizador y bajo, el caso elabora un solo evocador con un fuerte talante misterioso. Como dijimos, se trata de una instancia muy breve pues no tarda mucho en emerger un motif nuevo y más extenso donde reina algo muy distinto: la calidez. Bajo la pauta de los fraseos elípticos del piano, prestos a ser potenciados por la guitarra, el grupo crea una sección más luminosa que cualquiera de las anteriores. La batería se mantiene en una posición de relativo sigilo en su armazón rítmico mientras el saxo crea un hermoso solo que se regodea en su entrañable sencillez estructural. Ya en los tres últimos minutos que le quedan a esta pieza inaugural, el grupo elabora un crescendo donde lo luminoso adquiere elementos de tensión a través de una estrategia de fastuosa repetición. La coda juega con el silencio que rodea y termina absorbiendo a los moribundos ecos del último golpe, emergendo en los últimos instantes unos surrealistas golpes agudos de guitarra: secos como son, establecen efímeros recordatorios de los recursos de tensión que habían alumbrado y esquematizado el crescendo precedente. Luego sigue ‘Made In China’, pieza diseñada para explorar aires extrovertidos en base a compases inusuales y grooves dinámicos que comienzan en clave fusionesca con tintes psicodélicos (un poco a lo TORTOISE) y terminan derivándose hacia una expresividad robusta, algo muy apropiado para el momento en que la guitarra hace notar su faceta más nerviosa. Al comienzo era el sintetizador que emulaba escalas con percusiones orientales quien guiaba la estructuración del bloque sonoro global, pero una vez que la guitarra asume una actitud de despotismo rockero, las cosas no pueden ser las mismas: tienen que tornarse intensas y neuróticas a despecho de que el ensamble se encargue de mantener el aire de orgulloso garbo. Los últimos dos minutos están asentados en un enclave Crimsoniano mientras algo del talante fusionesco experimental vuelve a entrar a tallar como parte del paisaje sonoro. 



‘Breeze’ se caracteriza por exploraciones y explayamientos de ambientes oníricos, dándose un especial énfasis al rol del bajo dentro de la ingeniería instrumental general. De hecho, los aportes precisos y notablemente medidos de los demás instrumentos permiten que se reitere la gestión de breves espacios vacíos dondelos cuales los relajados delineamientos del bajo pueden explayarse sin aspavientos en su capacidad de estimular un viaje introspectivo en la mente del pyente empático. Tratándose de la pieza más breve del álbum con sus casi 3 ¾ minutos de duración, su ambientación al estilo del nu-jazz le permite exponer un remanso de serena introspección que viene muy bien después de los diversos ejercicios de mágica y enérgica sofisticación musical que se encarnaron en los dos primeros temas del álbum.  Ocupando un espacio de casi 11 minutos, ‘Depart’ está diseñado para crear una suerte de regreso a la ecléctica lógica de densidad, sutileza y garra con la que se gestó la ingeniería sonora de la primera pieza: si ésta fue un cénit, pues ‘Depart’ no quiere quedarse atrás. Volvemos a un vitalismo misterioso, volvemos a una campiña musical de inteligentes alternancias entre pasajes extrovertidos y constreñidos, todo ello enmarcado en un groove acorazado y circunspecto de parte de la dupla rítmica. Cuando llega el momento del solo de sintetizador, éste sustenta y desarrolla un andamiaje de disonancias que se suceden delicadamente a través de senderos y vericuetos donde los silencios juegan un rol crucial; de este modo, su desarrollo adquiere una prestancia saltarina que comulga perfectamente con el aire de refinada neurosis que marca a la arquitectura sonora. Cuando llega el momento en que los colores serenos y alegres del saxofón entren a tallar, llega el momento para que la tensión se libere un poco y la dupla rítmica cierre sus operaciones: el fade-out instaura un cierre flemático con el cual no se resuelve pero sí se atenúa el imperante empuje nervioso con el que se había cimentado el cuerpo central de la pieza. El cierre del álbum llega con ‘Cyan’, tema que se estructura con una matemática vitalista sin llegar a niveles estruendosos. En su pasaje inicial, la banda elabora un bien perfilado expresionismo con la estrategia de perfilar roles mutuamente complementarios mientras se sopesa un sutil aumento de la energía sonora mientras el motif sigue adelante. Pero poco antes de cruzar la frontera del tercer minuto, el grupo vira drásticamente hacia un recurso de otoñal parsimonia en base a una inspirada confluencia de punzantes retazos de los teclados  y aguzados jalones de la guitarra y el saxo. Así estarán las cosas, aportando variantes en ciertos detalles creados sobre el camino, hasta el momento final. 



“Depart” es un testimonio genial de un ambicioso musical de parte de los AKKU QUINTET en busca de nuevos caminos para la expansión del ideal de la música jazz-progresivo. Esto es algo más que un disco, que lo es... también es un cuaderno de bitácora que da buena cuenta de los altos niveles de genialidad, elegancia e inteligencia estética que estos cinco músicos comparten en su visión común bajo la guía de Pasquinelli. ¡¡Recomendado al 200%!!


Muestras de “Depart”.-

Monday, May 20, 2019

Con GONG, nada de colapsos: todo es expansión y renovación



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Buenas noticias desde el Planeta Gong: resulta que GONG ha publicado recientemente su Nuevo disco, el cual se titular “The Universe Also Collapses”. Esta publicación tuvo lugar exactamente en el día 10 de mayo pasado en formato de vinilo, por vía del sello Kscope. Este nuevo disco es un testimonio fehaciente y genuino de la persistente supervivencia y la consistente dinámica que GONG, como entidad musical, concreta a cada paso de su vida creativa. “The Universe Also Collapses” ha sido publicado en CD y en vinilo (tanto en color negro como en edición limitada de color rojo). Kavus Torabi, el líder designado por el propio Dævid Allen para mantener viva la llama de las hogueras sonoras y auroras espirituales del Planeta Gong, escribe todas las letras y, claro está, también se hace cargo del canto, las guitarras eléctrica y acústica, y el armonio. Completan el actual universo humano de GONG Dave Sturt [bajo, sintetizador y canto], Cheb Nettles [batería, píano, Theremin y canto], Fabio Golfetti [guitarra eléctrica, guitarra Glissando y canto] e Ian East [saxofones soprano, tenor y barítono, flauta y clarinete bajo]. Se trata exactamente de la misma alineación de “Rejoice! I’m Dead!” (2016), el primer disco que este paradigmático y drásticamente remodelado ensamble publicó tras la muerte de Dævid Allen. Pero no se trata solo de que Allen dirigiera en sus últimos meses de vida la obligada reestructuración de la banda para que tuviese vida propia tras su partida de este mundo terrenal, sino que los Sres. Toravi, Golfetti, East y Sturt ya eran elementos relevantes fuertemente creativos en “I See You” (2014), el último disco con Allen a la cabeza. Si “Rejoice! I’m Dead!” fue el primer paso valiente en este periodo de nuevas aperturas prog-psicodélicas eclécticas sin los aportes compositivos de Allen, “The Universe Also Collapses” resulta ser la gesta de la validación definitiva de este mismo periodo. Hay notables aires de familia con los esquemas sonoros y atmósferas predominantes del disco precedente en el repertorio de este nuevo disco, pero también se nota un énfasis en el explayamiento en la reformulación de recursos y esquemas de la psicodelia de vieja escuela. De esta forma, el resultado se concreta en un disco donde lo reflexivo es la temática predominante en las letras y la mayor parte de los ambientes y encuadres instrumentales. Bueno, veamos cómo se traduce todo esto en los detalles de cada canción del disco. 


Toda la primera mitad del álbum está ocupada por ‘Forever Reoccurring’, pieza que se extiende hacia una ambiciosa duración de más de 20 ½ minutos. Sus primeros instantes se prolongan a través de una flotante cadencia etérea minimalista elaborada por una confluencia de sintetizador, efectos glissando de guitarra y el eco envolvente de una nota de guitarra: con la irrupción de algunos cristalinos efectos de sintetizador y el inicio del canto, la zona sonora se encuadra poco a poco para lo que ha de ser el asentamiento del primer cuerpo central del bloque instrumental. Poco antes de pasar por la frontera del cuarto minuto y medio, la dupla rítmica entra a tallar con un compás de 15/8 inmersa en vibraciones jazzeras. El armazón musical gana en exquisitez mientras preserva su prestancia cósmica, y ya cuando el saxo y la guitarra solista entran a tallar, el momentum termina de armarse a fin de que el grupo pueda explorar genuinamente varias de las dimensiones enérgicas de su voz propia. Un ejercicio tremendamente efectivo de psicodelia progresivo muy leal a la tradición de GONG y, a la vez, consistente con el estado actual de la vanguardia rockera. Algunos estándares arquitectónicos de saxofón y guitarra impulsan recursos de renovada agilidad para las instancias finales de este interludio magnificado antes de pasar a una nueva sección serena. El swing es preciso y exuberante, posibilitando así que en un nuevo pasaje instrumental las cosas se vuelvan a intensificar dentro de un esquema regido por el pulso de la elegancia y el nervio de la sofisticación jazz-progresiva. De hecho, se puede decir que entre los minutos 13 y 15 ½ de ‘Forever Reocurring’ tenemos parte de la mejor labor del baterista en todo el disco. Poco antes de llegar a la frontera del decimosexto minuto llegamos al momento en que hay que armar la sección epilogar. Tras una breve fanfarria muy a lo Canterbury guiada por la tríada de las dos guitarras y el saxo, el ensamble vira hacia una labor de síntesis entre las atmósferas más etéreas y las más enérgicas, recreando buena parte del lirismo reinante en la sección precedente mientras añade nuevas dosis de musculatura a los recursos enérgicos. Hay una sensación de sobria algarabía mientras las líneas de los vientos y las labores de las guitarras en los riffs y bases armónicas dirigen el camino hasta el golpe final. El ornamento sintetizado de los últimos segundos se siente travieso y entrañable a la vez. ¡Qué enorme inicio de disco!     

Con sus poco más de 2 minutos de espacio, ‘If Never I’m And Ever You’ expone un dinamismo contagioso y llamativo sobre una ingeniería rítmica razonablemente compleja. Todo está muy bien orquestado en la manera en que el ensamble exhibe una compacta fraternidad en el manejo de las síncopas. Más que un simple tema más dentro del abundante catálogo de GONG, esta pieza ha sido una breve cátedra de cómo hacer música psicodélica con talante progresivo e inspiradas vibraciones jazz-rockeras. Qué tema tan bueno y qué pena que no dure más, pero así son las cosas y el terreno está ahora preparado para la emergencia de ‘My Sawtooth Wake’. Recibiendo el impacto de la prestancia vitalista de la pieza precedente pero dándole una vivacidad más directa, el jam inicial se proyecta hacia una luminosidad pintoresca alimentada por una grácil rimbombancia. Para las partes cantadas, el ensamble se constriñe a fin de permitir que el mensaje explícito de la letra haga gala de su ceremonioso mensaje. Es en estos pasajes donde el grupo vuelve a lucir su refinada cohesión interna pues la sintonía exigida en momentos de constricción colectiva obliga a los músicos involucrados a fusionar sus mentes en una sola en busca de una sutileza unitaria. Las partes cantadas van cambiando de estructura melódica, siendo la quinta un poco más tensa que las otras en lo que se refiere a los ornamentos que emplea la batería para sustentar el swing en curso. Poco antes de llegar a la frontera del séptimo minuto y medio, el quinteto ya está presto a explorar y activar las aristas más vigorosas del cuerpo central. Se nos viene el solo de saxofón más filudo y neurótico de todo el álbum, un pasaje particularmente notable dentro de una pieza cuya consigna es la de movilizar las sacudidas y los traqueteos más aguerridos del espíritu. Ya otras partes cantadas posteriores asumen un aire más dadaísta sin desatarse, pues todavía hay un predominio de la faceta sutil cuando interviene el canto. Para los pasajes finales, el vigor rockero se constriñe un poco y el bloque sonoro global asume un aura señorial irrefrenable. Los últimos 6 ¼ minutos del repertorio están ocupados por ‘The Elemental’, una canción que nos remite a paisajes musicales retro en su motif principal, el cual sigue las pautas básicas de una canción pop-rockera psicodélica de fines de los 60s, añadiéndose algo de la magia saltarina de los dos primeros álbumes de GONG y la calidez melódica del primer disco de CARAVAN (por qué no, también algo del primer disco de SOFT MACHINE). Eso sí, las dos guitarras establecen un empuje renovador al asunto, y cuando ellas entran en un duelo de refinados solos cerca del final, el gancho esencial de la canción recibe un colorido extra. Mientras el cántico conclusivo enfatiza repetidamente el impulso vitalista de que la única realidad es el momento actual (“Remember there is only NOW”) el brío expresivo de la canción culmina con inapelable primor: efectividad máxima es la que producen ese golpe rotundo y esa palabra cortante en el momento final.    



Con lo mostrado en “The Universe Also Collapses”, el colectivo vigente del planeta musical de GONG ha demostrado con creces que su misión sigue alentando nueva vida para la vanguardia rockera de nuestros días. Su llama creativa es el antídoto total contra cualquier tipo de colapso en nombre de una permanente situación de expansión. GONG siempre fue y seguirá siendo por siempre jamás una fuerza universal.


Muestra de “The Universe Also Collapses”.-

The Elemental [radio edit]: https://www.youtube.com/watch?v=VQQbIi4Xc5E

Saturday, May 18, 2019

DAAL: remodelando un origami sonoro progresivo



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Con algo de demora (tal vez mucha)  “Navels Falling Into A Living Origami”. El personal de DAAL, que sigue estando encarnado en el dúo de Alfio Costa [teclados, piano y mellotrón] y Davide Guidoni [batería, percusiones, loops y soundscapes], ha contado aquí con las colaboraciones de Guglielmo Mariotti al canto; Simone Montrucchio, al bajo; Lorenzo Fasanelli y Marcella Arganese, a las guitarras; Salvatore Lazzara, a las guitarras y el ehru, y; Mir Khista, al violín. Es el más experimental de los dos discos que el dúo publicó el 8 de octubre del pasado año 2018 (siendo el otro “Decalogue Of Darkness”) pues consta de una extensa suite de casi 49 ½ minutos donde se hace una suerte de collage de ideas musicales contenidas en discos precedentes, asociándolas con algunas nuevas ideas melódicas, y sobre todo, atmósferas abstractas y ambientales en claros ejercicios de coqueteo con la electrónica pionera de los 70s y el krautrock sintetizado. También se notan algunas ocasionales excursiones space-rockeras en esta obra que, ante todo, tiene toda la apariencia de ser una experiencia de aprendizaje desarrollada “al aire libre” para que cualquiera que pase por allí y sienta algo de curiosidad se detenga a escuchar lo que pasa. El título del disco es, de por sí, revelador, pues fusiona los títulos de trabajos anteriores como son“Disorganicorigami”, “Destruktive Actions Affect Livings” y “Dances Of The Drastic Navels” (de los años 2009, 2011 y 2014, respectivamente). Pues bueno, ahora nos ponemos a describir lo que va pasando a lo largo de “Navels Falling Into A Living Origami”.


El sonido de un fuerte vendaval y los aleteos de enormes figuras espectrales nos dan la bienvenida a esta ambiciosa suite para que, al poco rato, tras la intervención de unos efectos en reversa, surja el primer motif con el encuadre de acordes de guitarras acústicas y capas de mellotrones. El ambiente general es sombrío y sereno a la vez, como si se tratara del reflejo sonoro de un momento de reflexión realizado por un alma errante en alguno de los rincones más nebulosos del Purgatorio. Una rara mezcla del GENESIS de la época 70-71 y el paradigma de ANEKDOTEN (los dos primeros álbumes). Tras otro interludio focalizado en cortinas procesadas en reversa, a poco de llegar a la frontera del sexto minuto emerge el segundo motif, el cual ostenta unas vibraciones Floydianas inmersas en un soliloquio cósmico donde lo etéreo es el factor dominante. Los fraseos de la guitarra suenan muy a lo DAVE GILMOUR, mas pronto advertimos que estábamos atravesando por el primero de dos preludios a una sección más propiamente desarrollada ulterior. El segundo preludio exhibe un conciso espectro de densidades fastuosas y aguerridas antes de que la siguiente sección desarrollada se enfile hacia un grácil ejercicio de sinfonismo donde los teclados asumen un rol crucial a la hora de gestar y sustentar una atmósfera envolvente y ensoñadora. La siguiente sección recoge este espíritu para darle un viraje fusionesco-electrónico al asunto (al modo de unos DEAD CAN DANCE remodelados con recursos nu-jazzeros), y al finiquitarse ésta, otra nueva sección establece una atmósfera misteriosa que coquetea levemente con lo tétrico en lo que parece una mezcla de sinfonismo, space-rock estilizado y krautrock electrónico de matices amables. Ya una vez que los músicos han atravesado la frontera del vigésimo minuto, el potencial psicodélico expuesto y desarrollado en las dos secciones precedentes asume un rol más robusto. Lo que se hace explícito parece una danza ritual donde se celebra la anunciada irrupción de alguna fuerza superior que brotará desde detrás de un velo de Maya. El gran peso de la batería y las percusiones contrasta con el talante surrealista marcado por los retazos flotantes del ehru y el violín; mientras tanto, los sintetizadores reafirman el factor krautrockero cuya presencia ya advertimos en una sección precedente.

A poco de pasada la frontera del minuto 24, el ensamble se enfila hacia un pasaje lánguido que ya exhibe cadencias y tonalidades tétricos, aunque la sobriedad aludida en el lento esquema rítmico y el carácter electrónico del arreglo instrumental global impiden que esos aires tétricos se tornen absorbentes o arrolladores. Más perturbador es el caótico juego de deconstructivas capas instrumentales y densos efectos especiales que seguirá a continuación para instaurar una nueva versión del oscurantismo ya reinante de una manera más abstracta. Las guitarras flotan al modo de los experimentos con soundscapes de ROBERT FRIPP mientras que los diferentes armazones de los teclados nos remiten a un horizonte híbrido de los TANGERINE DREAM de mediados de los 70s y el VANGELIS de fines de los 70s. Una vez preparado el terreno para que el piano elabore unas bases armónicas tensas e inquietantes, la banda se detiene a explorar ambientes introspectivos que al principio parecían enrumbarse por una nueva travesía de introversiones oscurantistas, pero que, a fin de cuentas, desembarcan en algo melancólico y vulnerable, a veces definiéndose por senderos relajantes. Las líneas de la guitarra ostentan una vibración poética mientras el nuevo motif se va desarrollando con tonalidades impresionistas. Una vez terminada esta sección donde la guitarra porta la voz cantante, los teclados y efectos inundan todo con solipsista autosuficiencia, primero encaminándose hacia un paisaje de ensoñaciones celestiales, y en una siguiente instancia, operando con un retorno masivo a la elasticidad electrónica de inspiración krautrockera. En medio de las reinantes y cruciales capas, ornamentos y proyecciones electrónicas, emerge en algún momento una serie de punteos del ehru: esta vez no es el arco sino el pizzicato quien genera estos vaivenes exóticos que caen como gotas de rocío. Los últimos minutos de la suite sirven para que vuelva el primer motif, esta vez con un lugar predominante para la guitarra eléctrica y un rol razonablemente importante del canto. El mellotrón llena espacios con convincente plenitud mientras este motif final va preparando su camino hacia el fade-out: de este modo, el epílogo muestra su solvente señorío persistentemente mientras sus últimos empellones fluviales desembocan en el mar de la nada. 



Todo eso fue lo que la gente de DAAL nos brindó en “Navels Falling Into A Living Origami”, una obra que desarrolla una dinámica crucialmente amalgamada entre la reconsideración de viejas ideas musicales y la canalización de nuevas estrategias sonoras. Posiblemente tenemos aquí una delcaración de principios sobre nuevos rumbos a seguir en el futuro cercano o tan solo un experimento de un momento específico... el tiempo lo determinará. Lo que sí nos queda claro es que se trata de una obra estupenda que suma en el muy buen nombre que desde hace varios años tiene DAAL en la escena progresiva del nuevo milenio.



Friday, May 17, 2019

DAAL y su decálogo de lugares oscuros



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da el turno para hablar sobre el disco “Decalogue Of Darkness” del dúo italiano DAAL, uno de sus dos trabajos publicado en el pasado año 2018; el otro fue “Navels Falling Into A Living Origami” y ambos fueron publicados en el mismo día, el 8 de octubre del 2018El concepto del disco fue planificado por los integrantes del grupo, Alfio Costa y Davide Guidone, con música escrita por el primero de ellos. El repertorio de diez temas (o capítulos) de “Decalogue Of Darkness” en los TL Studios de la localidad de bergamos, entre los meses de enero y abril del año 2018. Costa se hizo cargo del mellotrón, el piano, los sintetizadores y efectos de sonido, mientras que Guidone hizo lo propio con la batería, las percusiones, los efectos de sonido y los samplers. A lo largo del disco, los DAAL fueron acompañados por Ettore Salati (guitarras) y Bobo Aiolfi (bajos). El material de este disco fue grabado y mezclado entre los meses de enero y abril del año 2018 en los TL Studios de Bergamo, realizándose las labores de masterización en el mismo mes de abril. El trabajo realizado en “Navels Falling Into A Living Origami” – disco publicado, como ya dijimos, en el mismo día que “Decalogue Of Darkness” – sirvió para que el dúo pudiese orquestar y reavivar sus energías combinadas para gestar, al fin y al cabo, otro excelente ítem dentro de una discografía que hasta ahora no conoce altibajos. Adelantamos que este disco nos gusta muchísimo y que afianza nuestra admiración por el aporte que hacen los Sres. Costa y Guidoni a la actual escena progresiva, pero mejor vayamos de una vez a los detalles de este disco. 



‘Chapter I’ pone en marcha las cosas con poco más de 6 ¼ minutos de ceremoniosidad prog-sinfónica en estado puro, explayándose en mecanismos de elegancia melódica desde las que se proyecta un espíritu grisáceo y una ambientación otoñal. El empleo de compases de 7/8 en ciertos momentos añade un color sofisticado al asunto mientras la ilación temática se mantiene compacta. Los arreglos orquestales organizados por los teclados son simplemente hermosos. ‘Chapter II’ es el ítem más extenso del álbum con sus casi 16 ½ minutos de duración. Solemnidad y densidad se encapsulan y mezclan dentro del encuadre sonoro dentro del cual se arma el primer cuerpo central de la pieza. El empleo de compases marciales en varias instancias así como el desarrollo de inquietantes climas siniestros se hace con suma elegancia, haciendo que el horror permanentemente latente haga insinuaciones sobre su potencial poder destructivo bajo un ropaje distinguido. Las capas de teclado que salen al frente a poco de pasada la frontera del séptimo minuto apuntan a una aureola siniestra, siendo así que su principal función es la de servir de puente hacia el segundo cuerpo central, el cual se caracteriza por cabalgar grácilmente sobre un sofisticado esquema rítmico donde los compases inusuales y el generoso uso de síncopas en la labor de la batería determinan la intensidad enigmática del momento. También hay un fabuloso solo de guitarra que despunta como un poderoso rayo de luna. Para las instancias finales, el groove general se torna exultante mientras preserva el carácter flotante del talante oscurantista que se impuso a través de todo el desarrollo melódico. Todo un cénit del disco, no nos cabe duda. Tras este despliegue de magnificencia absoluta llega el turno de ‘Chapter III’, pieza que se concentra en una actitud más constreñida en lo referente a la vitalidad perturbadora mientras que la agilidad inherente al groove general de la pieza hace que lo inquietante se revista de una atractiva luminosidad. Parece una paradoja pero es así. En el caso de ‘Chapter IV’ sí tenemos una pieza explícitamente turbadora, bien situada en una encrucijada entre GOBLIN y PRESENT, con algunos elementos a lo ÄNGLAGÅRD. Los aportes de la guitarra se hacen notar muy expeditamente en medio del rol primordial que tiene las orquestaciones y bases armónicas de los teclados. El epílogo con efectos abstractos de sintetizador y guitarra gesta un inesperado viraje surrealista al asunto, lo cual añade algo de extravagante gallardía a la espiritualidad imperantemente oscurantista de la pieza. Este capítulo conforma otro cénit definitorio del álbum.


   

‘Chapter V’, sobre la base a un lento compás en 7/8, desarrolla recursos de sidéreo secreto que calza muy bien al traducirse en el diálogo permanente entre el moto perpetuo del mellotrón y las escalas dinámicas de la guitarra. Los efectos de sonido y los llamados de la campana que emergen al final hacen relucir lo que hasta entonces había quedado escondido: algo muy lúgubre en los sótanos más recónditos de la psique. ‘Chapter VI’ recibe el impacto del lirismo del Capítulo precedente y lo transporta hacia una magnificencia prog-sinfónica bien cuidada, procurando que no caiga en una fastuosidad gratuita pero explotando con buen pulso el dinamismo preciosista en curso. Las cadencias sumamente reservadas de mellotrón que emergen al final dan la impresión de guardar bajo siete llaves el misterio de algo que se dejó sin decir a propósito a lo largo del aparentemente cálido desarrollo melódico de este Capítulo. Cuando llega el turno de ‘Chapter VII’, el bajo impone la consonancia prologar que al poco rato, con la sucesiva incorporación de los demás instrumentos, se traduce en una mezcla de latidos de corazón y golpes en una puerta. A fin de cuentas, el motif central realiza una mezcla de lo idílico y lo tenebroso mientras se mantiene el talante indescifrable de aquello que pretende entrar e instaurar una zozobra innombrable. La clave de ello está en la combinación de las lacónicas líneas de sintetizador y las refinadas armonías del piano. Cuando llega el turno de ‘Chapter VIII’, se impone el tercer punto álgido del disco, el mismo que se sitúa en la zona de impacto de los legados combinados de los Capítulos Segundo, Cuarto y Sexto. Comenzando con un aura de estilizada cautela en base al hermanamiento de elegantes secuencias disonantes de piano y parcas capas de mellotrón, el ensamble logra transmitir un garbo desasosegado sin mayores aspavientos. Luego, a mitad de camino, el cuerpo principal deriva hacia un sólido dinamismo siniestro que guarda algo de mágico en su atmósfera global. El motivo inicial regresa para el epílogo con delicados ornamentos de guitarra. El penúltimo ítem, ‘Chapter IX’, se centra en el piano, siendo así que este instrumento nos guía por los únicos senderos de melancolía e introspección que existen en el mapa musical del disco. La aureola impresionista y sobria del piano deja que otros recursos sonoros que emulan cellos y fagots se explayen en la manifestación de tristeza mortuoria a la cual alude el corazón del desarrollo temático.


   

Durando poco más de 10 ¼ minutos, ‘Chapter X’ cierra el repertorio. Bien metido en la lógica y el esquematismo del paradigma prog-sinfónico dentro de un esquema rítmico lento, esta pieza refleja con inspirada solvencia una inspirada secuencia de diversas atmósferas que van desde lo introspectivo hasta lo explosivo siempre dentro de un ambiente fastuoso plagado de señorío musical: en su sección inicial, de hecho, recoge los ecos melancólicos del capítulo precedente. Ya más adelante todo adquiere unas tonalidades más aristocráticas, especialmente cuando emerge un contundente solo de guitarra. Cerca del final hay una sección signada por una relativa gracilidad, pero es ante todo el preludio al retorno final a la melancolía envuelta en un ropaje oscurantista (muy a tono, por otro lado, con los capítulos #4 y #7). Todo esto fue “Decalogue Of Darkness”, un decálogo de exploraciones de cuevas y recovecos de algunas de las dimensiones más oscuras del espíritu humano y del cosmos traducidas al lenguaje del sonido: esta hermenéutica sónica tiene toda la exquisitez del rock progresivo que la gente de DAAL sabe manejar muy bien desde siempre. Aunque llegue un poco tarde, aquí va nuestro elogio a la hermosa y vivaz grandilocuencia de este disco que fue uno de los más bellos que se produjeron en el escenario progresivo italiano del año 2018.


Muestras de “Decalogue Of Darkness”.-
Chapter III [video-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=Q6pJ9jYBXfw

Wednesday, May 15, 2019

El corazón indio de Luis Cobo y la MANGLIS COMPÁS MACHINE



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy reseñamos con bastante tardanza “My Indian Heart”, hermoso disco publicado en la primera mitad del pasado año 2018 por el maestro Luis Cobo, “El Manglis”, con el vehículo de MANGLIS COMPÁS MACHINE. Este músico que se hizo inolvidable desde esos dos primeros discos de GUADALQUIVIR (grupo fundamental de la fusión contemporánea andaluza) ha sabido siempre mantener sus mente y sus instintos abiertos a las experimentaciones eclécticas dentro de los derroteros del jazz-rock y la música progresiva con raíces en varios folklores, incluyendo al flamenco, claro está. Asumimos que el título de este disco (un bellísimo disco, nos permitimos adelantar) es una simpática réplica al disco solista de CHICK COREA “My Spanish Heart”Aunque la curiosidad artística del maestro Luis Cobo respecto a la tradición musical de La India data de mucho tiempo antes, todo empezó para el proyecto específico de este disco en el año 2002 cuando el “Manglis” conoció al percusionista singapurense de origen indio Nantha Kumar mientras éste hacía algunas actuaciones Madrid. Cobo se desdobla en múltiples roles a las guitarras eléctricas de 6 y 12 cuerdas, la guitarra acústica, el bajo, el órgano, el sintetizador, la percusión, la voz, las palmas y el canto konnakol. Pero, claro está, le acompaña un numeroso tinglado de geniales colaboradores para la elaboración del repertorio de “My Indian Heart”: allí están el sitarista Subrata De, el cantante Mohsin Ali Khan, el percusionista Nantha Kumar, el baterista Robert Nalin y el violinista Imran Khan. También han colaborado dos de sus viejos amigos de los tiempos de GUADALQUIVIR, el guitarrista Andrés Olaegui y el saxofonista Pedro Ontiveros, además de los siguientes artistas: Jesús Arispont (bajo), Luis Gallo (guitarra flamenca), Carlos Guerra (bansuri), Manuel Reina (batería), Juan Reina (palmas), Chechu Sierra (bajo), Jorge Pardo (flauta), Kike Perdomo (saxos alto y soprano), Jesús Pardo (piano eléctrico, teclados y pad), Pastora Galván (zapateo), Esperanza Bermúdez (jaleos), Ricardo Miño (piano, teclados, cajón y palmas), Manolo Nieto (bajo), Charlie Moreno (bajo), Carita Boronska (voz), Álvaro Ramos (bajo y contrabajo con arco), Manbue lSutil (percusión), Kilema (marovany y katsa) y Javi Losada (órgano). 


Bajo el muy simpático título de ‘Indian Chill Out To Rita Damásio’, el primer tema del álbum ofrece una expansión electrónicamente modernizada de aires indios, tal como dice el título. Tal como ha hecho varias veces MIKE OLDFIELD en parte de su discografía del nuevo milenio, “El Manglis” y su gran gente de apoyo se dedica a explorar llamativos grooves y plácidas atmósferas exóticas en base a un ritmo electrónico que asienta una amable ligereza pop para los sortilegios de sitar y canto que van surgiendo a lo largo del camino. Luego de este simpático punto de arranque sigue la dupla de la pieza homónima y ‘48x8 Bulería’, las cuales ocupan conjuntamente un espacio de 14 ½ minutos. El primero de estos temas mencionados comienza con un talante sigiloso y evocativo, preparando así el terreno para el cuerpo central, el cual se sitúa a medio camino entre el jazz-rock y la electrónica para desarrollar atmósferas fusionescas repletas de magnífica distinción. Lo indio, lo flamenco y lo arábigo se conjugan en una comunión que suena muy modernista sin renunciar al lirismo. Lo que era celebratorio con actitud sencillamente alegre ahora se reviste de moderada solemnidad. El solo de guitarra que se va despidiendo con el fade-out es simplemente fabuloso... ¿Por qué no pudo durar un poco más? Por su parte, ‘48x8 Bulería’ se enfila hacia una mayor densidad expresiva aunque sin perder un ápice de la espiritualidad celebratoria que hasta ahora se mantiene en una posición dominante e imponente. La amplia soltura de la guitarra eléctrica genera uno de sus más exultantes solos en todo el disco, aunque también cabe mencionar el modo en que las percusiones étnicas se destacan dentro del encuadre instrumental global. El cuarto tema del disco, titulado ‘Soleá – Soler’, es el más extenso del mismo con sus más de 12 minutos de duración. Su talante es definitivamente emotivo y evocativo, todo un cambio frente a lo apreciado y gozado en las tres piezas precedentes. Es ahora la guitarra acústica quien adquiere el rol protagónico y saca buen provecho de este momento de pasión lírica a la hora de hacer lucir sus ansias y añoranzas en medio de la atmósfera sobria planteada por el bloque instrumental. En aquellos momentos cuando la guitarra se hace un lado, la flauta coge el relevo y la proporcionan aire más etéreo al núcleo temático (lo mismo vale para una breve intervención cantada). Un cénit monumental del álbum.

‘Compás Machine Bulería’ se encarga de establecer una nueva vía de expresión para la alegría de vivir en un nuevo ejercicio de dinamismos cruzados entre el folklore hinduista y el flamenco en clave fusión. Con el vitalismo de las partes de guitarra y el señorío esencial del sitar tomando turnos en los momentos de protagonismo, el duende inherente al núcleo temático tiene garantizada su claridad de elocuencia. Los colores del bajo también ayudan bastante a la hora de preservar el bien sostenido ensalzamiento de lo fulguroso en esta pieza. Marcado por un rol destacado del piano en la sección prologar que habrá de continuarse durante su inminente cuerpo central, ‘Carcelero – Carcelero’ se caracteriza por establecer una aureola ceremoniosa para su ostensiblemente reflexivo motif. Este clásico inmortal de la música popular andaluza recibe aquí una renovación refrescante desde la que se respeta la pasión originaria. Algunas confluencias con el mundo musical de PAT METHENY y con el copioso legado de CHICK COREA se hacen notar aquí: se puede decir que tenemos aquí el paraje más cosmopolita del álbum, aunque claro está, aquí no se produce ninguna enajenación en relación con la línea de trabajo general del álbum. ‘Sukkiran’ (composición del percusionista Nantha Kumar) sí se sitúa en territorio más cálido y contundente al insertarse directamente en territorio jazz-rockero sobre un llamativo swing funky que nos remite tanto al jazz-prog contemporáneo de unos NIACIN como al estándar de los WEATHER REPORT en sus últimos años. Elegante y marchoso con su preciso toque de preciosista garra. ‘Smile Of The Beyond’ se queda en el área del jazz-rock contemporáneo pero esta vez con un talante contemplativo y solemne. La alteza flotante que “Manglis” brinda a esta versión de uno de los temas del álbum de la MAHAVISHNU ORCHESTRA “Apocalypse” sirve tanto para explorar excelsos matices de la guitarra eléctrica dentro de una atmósfera líricamente envolvente como para sembrar el campo con aras a la ulterior emergencia de ‘Brother Kilema’, la pieza que está a cargo de cerrar el álbum. Ésta aborda un nuevo giro de tuerca al hermanamiento de lo hindú y lo flamenco, esta vez con un rol muy relevante de los teclados, lo cual ayuda a añadir convincentemente retazos propios del discurso progresivo. Por el lado de los aportes del saxo soprano, éstos potencian el talante vitalista de esta pieza que, de por sí, exuda delicadeza cristalina en su enfoque melódico. El solo de guitarra que se prolonga hasta el fade-out es el elemento final dentro de este hermoso ejercicio de plasticidad sonora.

Todo esto fue “My Indian Heart”, una gozada rotunda que nos brindó el personal de la MANGLIS COMPÁS MACHINE. Bajo la guía de la inteligencia estética y las intuiciones de esa leyenda viviente que es Luis Cobo, toda la congregación de maestros agrupados para la realización de este repertorio concretó una labor bordada y pletórica de vibraciones exquisitas. Este disco ha de pasar a la historia como una de las joyas más alucinantes de la fusión contemporánea que se hayan hecho en España y en cualquier parte del mundo en las últimas dos décadas. 
  

Muestras de “My Indian Heart”.-


Monday, May 13, 2019

MYTHOPOEIC MIND: el rock sinfónico como poesía musical del nuevo milenio



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión presentamos a “Mythopoetry”, el disco de debut de la banda noruega MYTHOPOEIC MIND, el mismo que fue grabado durante en varias locaciones de Oslo entre enero y octubre del año 2018 y que acaba de ser publicado en el primer día del pasado mes de febrero. El nutrido ensamble de MYTHOPOEIC MIND consta de Pål Selsjord Bjørseth [trompeta y teclados], Ola Mile Bruland [bajo], Arild Brøter [batería], Steinar Børve [saxofones soprano y alto, voz, Akai EWI, teclados y programaciones], Trond Gjellum [percusión], Kjetil Laumann [voz] y Jarle G. Storløkken [guitarras eléctricas y acústicas]. También aportan algo ocasionalmente Anders K. Krabberød (Chapman stick en el tercer tema del álbum) y Torgeir Wergeland Sørbye (sintetizadores en la última). Los nombres de Steinar Børve y Jarle G. Storløkken nos suenan porque ellos son miembros de PANZERPAPPA, un referente de la vertiente más experimental del prog escandinavo: un ensamble caracterizado por su avidez para articular confluencias entre el rock-in-opposition, el Canterbury, el sinfonismo y la psicodelia Crimsoniana. Pues bien, ahora Børve y sus talentosos compinches se dedican a cultivar un sinfonismo retro bastante evocador y consistentemente ensoñador, no exento de retazos pastorales y atmósferas bucólicas, así como tampoco reacio a incorporar ocasionales elementos cósmicos de base electrónica dentro de su esquema sonoro integral. Por supuesto,conocemos también a Pål Selsjord Bjørseth por su membrecía en el colectivo de GENTLE KNIFE. 


Oportunamente titulado ‘Prologue Song’, el tema que da inicio al disco proyecta vibraciones intensamente etéreas logran instalar una ambientación pacífica y onírica, haciendo un buen uso de desarrollos armónicos muy sutiles en medio del minimalismo reinante. Cuando llega el turno de ‘Prey’, las cosas se trasladan hacia una dimensión mucho más extrovertida, usando un groove bastante ágil que se abre fluidamente a la organización de ingenierías rítmicas inusuales – principalmente, en 7/8 – mientras el relativamente sencillo motif se ornamenta ingeniosamente con complejas líneas de bajo y estrategias hermanadas de la guitarra y los metales. El asunto suena como un híbrido entre el paradigma de YES (71-72) y KAIPA (los tres primeros álbumes), con algunos recursos de hermanamiento respecto a las bandas coetáneas WOBBLER y GENTLE KNIFE. Hemos tenido con esta canción un atractivo retrato musical de una espléndida mañana soleada tras el sobrio (y sutilmente alegre) aire ceremonioso del primer tema. Así las cosas, llega el turno del poderoso instrumental ‘Mount Doom’, pieza de casi 10 ¼ minutos de duración cuyas coordenadas iniciales se sitúan en una cruza entre el Crimsonismo de los 80s y el modelo de los primeros discos de WHITE WILLOW. Lo que en principio parece que será un proceso de explayamientos en una espiritualidad densa pronto abre vía a una expresión de candor vivaz que debe mucho a las tradiciones prog-sinfónicas británica y escandinava de primera generación (YES, CAMEL, ELK, KAIPA). Los dos primeros motivos se van sucediendo en una ilación marcada por el sistemático aumento de gallardía y garbo. Alrededor de la frontera del séptimo minuto y medio, el asunto vira hacia un talante más ceremonioso, lo cual es aprovechado por el ensamble para volver a la faceta densa con la cual se había iniciado la pieza; más aún, esta densidad se acrecienta con el propósito de garantizar una majestuosidad robusta para los pasajes finales. ¡El cénit decisivo del álbum! 

En el ecuador del repertorio de “Mythopoetry” se sitúa ‘Train Of Mind’, una bella canción que tiende a lo taciturno a pesar de que el swing armado por la dupla rítmica, desplegando una simetría con los sobrios coloridos armónicos del teclado, refleja una moderada y genuina gracilidad. Se nota el nervio jazzero en el entramado rítmico y también algunos recursos propio del sinfonismo fusionesco (ATLAS, los CAMEL de la etapa 77-78) en los arreglos de vientos que entran a tallar a mitad de camino. También hay un momento donde un austero solo de guitarra acústica detalla algunas alusiones al lenguaje folk-rockero en una modalidad que no es muy lejana del ideario de unos WHITE WILLOW. Lozana elegancia y cristalina exquisitez conjugándose con perfecta naturalidad en el realce del desarrollo temático. El penúltimo tema del disco es el más extenso del mismo: se titula ‘Sailor’s Disgrace’ y dura más de 13 ¾ minutos. La pieza comienza con un breve prefacio de talante cósmico cuya función consiste en abrir la puerta al primer motif central, el cual se centra en una languidez contemplativa que nos recuerda un poco al paradigma de los primeros discos de ELOY y de NOVALIS, así como a entidades escandinavas de los viejos tiempos como FINNFOREST y OCTOPUS (el grupo noruego). El compás principal es de 3/4 en clave lenta, lo cual permite a los instrumentistas explorar la atmósfera melancólica del momento. Cuando llega el turno del solo de saxofón soprano, el colorido aumenta, y de paso, se crea un recto augurio de la próxima irrupción de un pasaje más ágil sobre un compás de 11/8: he aquí el segundo motif central. El nuevo esquema melódico se centra en la incursión de notables elementos folklóricos dentro de este momento de bravo dinamismo que el ensamble ha construido con convincente elocuencia: ahora, el grupo ha vuelto al territorio de KAIPA con ribetes Yessianos. Aunque la letra refleja una vivencia dramática, el fulgor musical impone su danzarina luminosidad. A poco de pasada la frontera del décimo minuto, se da un nuevo viraje hacia lo melancólico y lo reflexivo, esta vez con un matiz pastoral que parece diseñado para reflejar una espiritualidad elegíaca. De todas maneras, no es tanto tristeza como una inquietud reflexiva lo que se despliega en esta sección final de la canción. Si ‘Mount Doom’ fue el punto culminante del disco y ‘Train Of Mind’ expuso el trance de mayor candor melódico, podemos decir que ‘Sailor’s Disgrace’ es la composición épica que se sitúa en un punto intermedio entre los dos temas mencionados. 

‘Epilogue Song’ cierra el álbum con un ambiente más lleno que su contraparte inicial (‘Prologue Song’): ahora ya no es hora de hacer relucir la esperanza, ahora es el tiempo de decir adiós al día vivido y empezar a mirar al misterio de la noche sin saber qué hay en el horizonte cercano. Las capas de los teclados exhiben una elegancia solemne muy al estilo de THE ENID, añadiéndose esa nebulosidad grisácea que habitualmente asociamos a la esencia del prog escandinavo. “Mythopoetry” es ,ante todo, un disco bello y melancólico, un muestrario de bien orquestados esquemas sonoros que se alimentan de las bien delineadas expansiones melódicas creadas para la ocasión. Nos ha causado muy buena impresión este primer disco de MYTHOPOEIC MIND y esperamos que nos brinden más cosas en el futuro próximo. 

Friday, May 10, 2019

PANZERPAPPA: una nueva muestra de su genio musical



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Nos complace enormemente contar hoy con la ocasión de presentar el nuevo trabajo fonográfico del grupo escandinavo PANZERPAPPA, uno de los grupos noruegos más celebrados en las redes de difusión de música progresiva en lo que va del milenio... literalmente, pues su álbum de debut “Passer Gullfisk” data del año 2000. “Summarisk Suite”, el disco que hoy traemos a colación y que es el séptimo de su catálogo histórico, ha sido publicado hace muy poco: exactamente, en el tercer día del presente mes de mayo, y desde ese mismo instante amenaza con erigirse como uno de los ítems más refinados dentro de la producción progresiva del presente año 2019. Es un disco con muy elevadas pretensiones estilísticas y con una gran elocuencia progresiva a pesar de que dura poco más de 42 minutos; ciertamente, no necesitaba más tiempo para decir lo que quería decir. La alineación de Steinar Børve [saxofones, Akai EWI y teclados], Trond Gjellum [batería, percusión, samplers y efectos de sonido], Anders Krabberød [bajos, Chapman Stick y teclados], Jarle Storløkken [guitarras, teclados y acordeón] y Torgeir Wergeland Sørbye [teclados] nos brinda un enérgico y sostenidamente sugerente híbrido de avant-prog, psicodelia y sinfonismo que se siente cómodo adquiriendo matices prestados de los paradigmas del space-rock, el jazz-prog y el Crimsonismo de los 70s. Sørbye es el nuevo integrantes del colectivo, reemplazando a Hans-Petter Alfredsen, teclista del grupo en el disco anterior “Pestrottedans”, del año 2016 (es que los PANZERPAPPA operaban como quinteto recién desde entonces tras llevar muchos años siendo un cuarteto). El sello Apollon Records Prog se hizo cargo de publicar “Summarisk Suite” tanto en CD como en vinilo (con una edición limitada de color rojo): repasemos ahora su contenido.


Exhibiendo una exquisita confluencia de ambientes etéreos y señorial languidez, ‘Algerisk Symfo’ abre el disco ofreciéndonos casi 8 minutos de grandeza progresiva. Todo comienza con una óptica de sobria majestuosidad masivamente revestida de sonoridades misteriosas, las mismas que rayan con lo introspectivo durante una buena parte del tiempo que se le asigna. Eso sí, poco antes de llegar a la frontera del tercer minuto, entra a tallar un interludio pletórico de exaltada sofisticación desde el cual el grupo proyecta; no importa que se trate de un interludio minúsculo, su impacto es decisivo para que se genere el viraje a ser fortalecido en lo que queda del tema. El empleo de bases rítmicas sintetizadas y teclados de cercanía cósmica conforma un creativo contrapelo para las sobrias florituras de vientos que se destacan en buena parte de la segunda mitad de la pieza; de todas formas, enaltecen con inapelable señorío el vigor sonoro en curso. Luego sigue ‘Belgerisk Impro’, un tema totalmente penetrado por una espiritualidad otoñal que, en algunos pasajes específicos, coquetea con la grisácea aureola de una inmensa melancolía. Los fraseos de la guitarra y del saxofón van flotando como nubes de la tarde cuyos resabios de bruma anticipan el pronto arribo del atardecer (alternando entre el Crimsonismo de la fase 70-71 y el de la fase 73-74). De todos modos, todavía hay algo de luminosidad en la manera en que el proceso melódico intensifica su fuerza expresiva durante los últimos pasajes que preceden al ejercicio de plácida languidez con el que se arma la coda. ‘Spartansk Mambo No. 5’ cumple con la función de establecer un abierto contraste con la pieza anterior, estableciendo un cálido retrato de elegantes algarabías y regios jolgorios a través de un esquema melódico cuya vivacidad inherente queda debidamente potenciada por el juguetón compás en 7/8 que la dupla rítmica arma para la ocasión. Para hacernos una idea, tenemos aquí algo así como una cruza de SAMLA MAMMAS MANNA, MIRIODOR y TAYLOR’S UNIVERSE en clave folk-progresiva, con algunos ocasionales acentos sinfónicos marcados por los solos de sintetizador. ¡Todo un cénit del disco! Con sus poco menos de 4 minutos de duración, ‘Permutert Panzerrock’ es la pieza más breve del repertorio. Portando tanta jovialidad como la que se lució ampliamente en ‘Spartansk Mambo No. 5’, y también operando con algunos compases inusuales, este tema ofrece una agilidad más llamativa, tal vez una mayor ligereza. Cualquier atisbo de neurosis en medio del jolgorio sistemático del tercer tema del álbum se desvanece para dejar que el fulgor extrovertido sea el monarca exclusivo en la edificación del espíritu predominantemente sinfónico de este cuarto tema.  


El penúltimo tema del disco, que se titula ‘Revidert Malist’, es el más largo del mismo con sus 9 ¼ minutos de duración. Si sección prologar se prolonga por más de tres minutos en la elaboración de un posicionamiento entrelazado de varios recursos minimalistas de sintetizadores y percusión que parece tener algún tipo de resonancia a ERIK SATIE, prólogo que sirve para sembrar el camino donde habrá de brotar el bello y sereno cuerpo central. Las vibraciones jazz-progresivas en curso son bastante amables, enrolladas en torno a su propio eje lírico: ahora la cosa parece una cruza entre los SOFT MACHINE de los tres últimos discos y la dimensión más introspectiva de los HENRY COW del último disco. Los ornamentos de la guitarra crean unos arquitectónicamente efectivos contrapuntos a los trazos melódicos de los vientos, y en algún momento, esa guitarra crea un breve pero muy relevante solo. El epílogo es una especie de reprise del prólogo pero con el impacto de los exquisitos coloridos que se desplegaron en el cuerpo central. El final del repertorio llega de la mano de ‘Seriell Ballade’, una pieza que comienza con la guía del piano y el saxo con algunas pinceladas de percusión tonal y guitarra: este punto de arranque tiene el perfil de ocultar algo siniestro bajo un manto y nuestras sospechas parecen confirmarse cuando a continuación emerge una sección abstracta donde los sonidos interventores imponen su presencia de forma retorcida. En realidad, se trataba de un osado preludio al motif principal, el cual dibuja influencias de PRESENT y UNIVERS ZERO, así como confluencias con YUGEN y con los inolvidables RATIONAL DIET. Late en el desarrollo temático un aire de imponente tristeza pero no ésta no se traduce en un dinamismo conmovedor sino en una mecánica tensa. De hecho, esta mecánica aumenta su tensión y añade densidad cuando el esquema rítmico se impulsa hacia un swing más enérgico: de este modo, el clímax concluyente adquiere una faz genuinamente tétrica. Elegante, sin duda, pero inquietantemente tétrica. La secuencia de estos dos últimos temas gesta un clímax contundente para el álbum como un todo. Concluida nuestra experiencia con “Summarisk Suite”, dictamos el veredicto de que se destaca por la riqueza de los dinamismos y atmósferas reflejados a lo largo y ancho de su repertorio, logrando encapsular una nueva muestra del gran genio musical progresivo del que los PANZERPAPPA han hecho gala desde sus primeros pasos. Este año 2019 también podemos celebrar la gestación de una nueva obra magnífica de su parte, una de las más notables que se han producido en estos momentos en la escena escandinava. ¡Recomendamos este disco el 200%!


Muestras de “Summarisk Suite”.-
Spartansk Mambo No. 5: https://panzerpappa.bandcamp.com/track/spartansk-mambo-no-5