Wednesday, February 20, 2019

Segunda caída de MANNA / MIRAGE desde el cielo progresivo estadounidense



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos a MANNA / MIRAGE, nombre del proyecto solista de Dave Newhouse, el teclista-vientista de la excelente banda estadounidense THE MUFFINS (una de las más gloriosas de la escena vanguardista de los 70s en el país de Edward Hopper y Sam Rockwell). El propósito fundamental para la fundación de este proyecto fue el deseo de Newhouse de crear nueva música que recoja el espíritu experimental de los primeros discos de la banda madre, una mezcla de Canterbury y rock-in-opposition de estilo anglosajón; de hecho, el nombre de este proyecto proviene del título del primer álbum de la mencionada banda, el cual data de 1978. En el pasado año 2018, MANNA / MIRAGE produjo el disco “Rest Of The World”, el segundo después de “Blue Dog” (del año 2015): allí, Newhouse se prodiga a los teclados, los saxofones alto, soprano, tenor y barítono, las flautas, el acordeón, el doumbek y algo de percusión. La nutrida lista de colaboradores incluye a los bateristas Sean Rickman y William Jungwirth, los guitarristas Mark Stanley y Bret Hart, el bajista-contrabajista-guitarrista Jerry King, el bajista-contrabajista Billy Swann (colega suyo en THE MUFFINS), el bajista Guy Segers, el percusionista Greg Segal, el violinista Forrest Fang, así como a las cantantes Michele King y Carla Diratz. El disco fue publicado a fines de octubre pasado por el sello New House Music (propiedad de Dave), grabado y mezclado en los prestigiosos Orion Studios. Veamos ahora los detalles de “Rest Of The World”, ¿vale?


Los primeros 7 ½ minutos del disco están ocupados por ‘Catawampus’. Este tema comienza signado por arreglos de vientos de talante Zappiano y un groove general que es propio del legado del jazz-rock de los 70s. Ya más adelante, cuando los teclados asumen el protagonismo en el delineamiento del desarrollo temático, el asunto deriva hacia el terreno del RIO, muy en línea con THE MUFFINS pero también con los HENRY COW del “Western Culture” y con los AKSAK MABOUL; o sea, un tratamiento fastuoso de patrones disonantes sobre un swing extrovertido y con un manejo muy elegante del vigor rockero en medio de toda esta combativa heterodoxia. Los dos temas que siguen son precisamente los dos únicos con canto femenino: ‘Zed He Said’ y ‘Alchemists In The Parlor’. En el caso de ‘Zed He Said’ tenemos un cuadro sereno y meditabundo centrado en etéreos arreglos de teclado y guitarra acústica, ligeramente perturbados por la irrupción de flotantes retazos de guitarra eléctrica. Cuando entra a tallar la batería se aligera el groove pero la atmósfera sigue siendo la misma, eso sí, con un señorío renovador que sale a flote. Al final, los arreglos de las maderas perpetran un breve retorno al motif inicial para la coda… ¿Y si este pasaje hubiese durado un poco más? Bueno, es lo que hay con esta bellísima pieza. Por su parte, ‘Alchemists In The Parlor’ resulta ser un animal muy distinto en otra jaula musical. Ahora las letras son habladas y la aureola es más extrovertida, con un tenor un poco surrealista y, sobre todo, farsesco. La ambientación del tema en cuestión es propia de un circo progresivo, una ambientación dinamizada por el sofisticado swing de la batería y los ceremoniosos arreglos de vientos y de violín. El cuarto tema del repertorio es el segundo más extenso del mismo con sus 7 ¼ minutos de duración y se titula ’30 Degrees Of Freedom’. Desde el mismísimo punto de partida, los sólidos y rimbombantes fraseos del piano nos atrapan con su suntuosa vitalidad, y ya cuando se asienta el cuerpo central estamos en territorio híbrido de los RETURN TO FOREVER y los SOFT MACHINE de la fase 71-73. Esa suntuosidad se regula con una muy inspirada esquematización jazz-progresiva. Una mención especial va para el fabuloso solo de guitarra que emerge durante el último tercio del tema. ’30 Degrees Of Freedom se erige como el cénit del álbum, no nos cabe duda alguna al respecto.

Hasta ahora todo va muy bien con el repertorio del disco y todavía queda mucho más por disfrutar. La breve pieza ‘Gonzalo’s Paints’ sintetiza muy bien el ZAPPA de la etapa 69-72, el paradigma de NUCLEUS y ciertos estándares de los WEATHER REPORT pre-1974 dentro de un motivo de talante contemplativo que no llega a completar los 2 ¾ minutos de duración. Una pieza muy ingeniosa, claro que sí, como también lo es ‘Miracle Walking’, un tema más denso en su atmósfera, siendo incluso rayano con lo sombrío. Renunciando a la ayuda de cualquier dupla rítmica y a cualquier presencia de guitarras, esta pieza que no llega a completar los 3 ½ minutos de duración se sostiene en ceremoniosas bases armónicas de vientos (con destacadas presencias de los saxos tenor y barítono) y ornamentos de acordeón. Se trata de una pieza muy crepuscular, como dijimos, una exploración de los elementos más densos de este disco.  Ya nos acercamos al final del disco cuando llega el turno de ‘Mini Hugh’. Su esquema de trabajo se vincula más directamente con el de ‘Gonzalo’s Paints’ en el sentido de que despliega capas expresivas marcadas por lo contemplativo, pero su fastuosidad estructural lo acerca más a los temas #1 y #4. Tenemos aquí una manifestación de climas otoñales y neblinas inquietantes traducidas a sonoridades jazz-progresivas que coquetean ligeramente con las vibraciones noctámbulas de unos SOFT MACHINE de la época de sus discos cuarto y quinto. Todo llega a su fin con ‘That Awful Sky’, pieza que dura poco más de 4 ¾ minutos y que es la que más abiertamente se vincula con estándares del rock-in-opposition francófono, casi como generando una encrucijada entre los modelos de AKSAK MABOUL, HONEYELK y UNIVERS ZÉRO. Curiosamente, aquí Newhouse no toca nada pero deja que sus compañeros de ruta, los Sres. Swann, Hart y Jungwirth, creen un paisaje inquietante y surrealista bajo una infinita máscara nebulosa con efectos de guitarra e-bow, bajo distorsionado, contrabajo eléctrico y ornamentos free-jazzeros de batería. Una pieza modernista y deconstructiva que no llega a ser tanático porque preserva una especie de magia etérea en su diseño sonoro. Hay incluso algo de evocativo en él, lo cual lo hace idóneo para cerrar este excelente álbum. 

Lo que nos ha brindado el proyecto MANNA / MIRAGE en “Rest Of The World” es un maná progresivo de grandes delicias y gozoso disfrute: por segunda vez, Dave Newhouse y sus compañeros de turno gestan una obra magnífica para la preservación de la vanguardia progresiva del nuevo milenio. Claro está, Newhouse no es un novato: estamos hablando de uno de esos héroes solitarios del rock progresivo en la escena musical estadounidense de los 70s; pues bien, en estas últimas instancias del segundo decenio del tercer milenio, él sigue luciendo su creatividad con solvente frescura. ¡Disco totalmente recomendable!

Sunday, February 17, 2019

El segundo golpe de parte de THE TRONOSONIC EXPERIENCE viene con todo


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos complace enormemente tener la ocasión de presentar el nuevo disco del genial ensamble punk-jazz-progresivo noruego THE TRONOSONIC EXPERIENCE, el mismo que se titula “The Big Blow”: se trata del segundo álbum que sucede a su fabuloso disco homónimo de hace un par de años. Con la alineación de Ole Jørgen Bardal [saxofón], Jango Nilsen [batería],  Øyvind Nypan [guitarras] y Per Harald Ottesen [bajo], el esquema de trabajo de THE TRONOSONIC EXPERIENCE se enfila hacia un nuevo viaje por el mar de las confluyentes aguas del jazz-prog y el punk-jazz con una vitalidad ya cabalmente demostrada en su homónimo disco debut de hace un par de años, una vitalidad que aún da mucho de sí. “The Big Blow” salió al mercado en el 15 de febrero pasado por vía del sello Apollon Records tanto en formato de CD como de vinilo azul transparente, habiendo sido grabado en el estudio Ocean Sound Recordings, situado en la isla de Giske (en la costa occidental de Noruega). Siendo casi todo el material compuesto por Ottesen, el cuarteto utilizó la dinámica de grabar el repertorio de este disco en vivo en medio de la logística tecnológica del estudio. Veamos ahora los detalles de “The Big Blow”, ¿vale?



‘The Big Blow’ abre el repertorio del disco al que da título, ocupando un espacio de poco más de 5 ¼ minutos. Todo comienza con la guitarra emitiendo riffs cortantes que, tras pasar por unos primeros instantes de tentativa, pronto inicia el groove general a ser resuelto, desarrollado y reforzado por el cuarteto en pleno. El sobrio swing principal en 7/8 armado por la dupla rítmica adquiere todo su punche por medio de las cálidas y enérgicas interacciones entre el saxofón y la guitarra: ambos ítems alternan turnos a la hora de hacer gala de sus capacidades para gestar recursos de vitalismo neurótico. Los efectos en reversa para las instancias finales sirven para crear una aureola de magia surrealista y, de paso, para engarzarse con el segundo tema del álbum, el cual se titula ‘Coup De Grace’. Aquí hay un tempo un poco más calmado así como un motif más sutil, siendo así que la ambientación que arropa al arreglo instrumental se siente otoñal y reflexivo. Eso sí, las pulsaciones constantes del bajo ayudan a impedir que la pieza caiga en la mera languidez: no hay nada de malo en ello per se, pero la función de esta pieza es la de exhibir una inquietud introspectiva sobre un trasfondo de firme virilidad sonora, y es por ello que los continuos latidos del bajo llenan los espacios adecuados en medio de los cuales flotan las intervenciones del saxofón y la guitarra. Esta última se luce de forma excelente. La dupla de ‘Voyager Pt. 1’ y ‘Voyager Pt. 2’ hace que el repertorio se enriquezca con expresividades interesantes y cautivadoras que permiten al grupo focalizar óptimamente su estética ecléctica. La primera parte comienza con un sombrío y tenue cuadro minimalista donde la espiritualidad reinante es de inmersión en una oscuridad inescrutable, pero cuando entra a tallar el cuerpo central, las cosas viran drásticamente hacia una extroversión señorial y luminosa. La garra rockera en curso está entre lo pesado y lo psicodélico durante el armado del exaltado fondo para el fabuloso solo de saxofón – uno de los más destacados del álbum – mientras que a la guitarra se le reserva los momentos más líricos. En cuanto a la segunda parte, en realidad es un epílogo de casi un minuto y tres cuartos en el que se retoma el minimalismo solipsista que había signado al pasaje inicial de la primera. Aquí hemos encontrado un cálido encuentro entre los paradigmas de ORNETTE COLEMAN y TERJE RYPDAL dentro del patentemente contemporáneo encuadre sonoro de THE TRONOSONIX EXPERIENCE.

‘Rasputin’ se sitúa en el ecuador del disco con un cuerpo central donde se exhibe una muy muscular parsimonia progresiva: ella tiene algo de Crimsoniano que se explaya cómodamente sobre un swing de blues-rock con sus correspondientes variantes sofisticadas. En la sección intermedio, las cosas se agilizan en clave de rock duro clásico con comedidas afinidades stoner. Los aires de familia con LED BIB y MARBIN son fáciles de ver: grupos de esta línea jazz-progresiva con equitativos intereses en la exquisitez y el punche comparten intereses similares en sus orientaciones específicas para la dinamización del actual escenario jazz-rockero. La miniatura ‘Maelstrom (Slight Return)’ se caracteriza por ostentar un minimalismo inquietante que coquetea abiertamente con lo siniestro, aunque se queda en lo netamente misterioso: de hecho, su título delata una continuación del segundo tema del álbum homónimo de hace dos años. Al llegar el turno de ‘Iron Camel’, el cuarteto se dispone a revisar y agitar una especie de híbrido entre ‘The Big Blow’ y ‘Rasputin’. Tenemos un esquema rítmico razonablemente complejo, un swing sobrio, un dinamismo patente en la dupla rítmica que sabe mostrar sus garras a través de su groove señorial, grandes dosis de energía expresiva de parte del saxofón y la guitarra. El vitalismo exhibido por los músicos es bastante compacto, lo cual hace que el gancho inherente a esta pieza de 3 ¾ minutos de duración esté perfectamente aprovechado. De hecho, da pena que acabe pero es que hay que abrir espacio a la penúltima pieza del álbum, la cual se titula ‘50 Let Pobedy’ y resulta ser la pieza más extensa del disco con sus casi 6 ¼ minutos de duración. La combinación de fulgor y parsimonia que se da en la arquitectura rítmica y el ambiente central de esta pieza la sitúan en un terreno híbrido de LED ZEPPELIN, JOHN ZORN y el paradigma Crimsoniano. Aquí hallamos uno de los solos más punzantes de guitarra de todo el repertorio mientras que la labor virtuosa de la batería ejemplifica cómo se puede remozar una pauta mecanicista con una musculatura genuina y electrizante. El último tema del disco se titula ‘Lost Highway’ y sus coordenadas sonoras trazan un encuadre de introversión y serenidad bajo una atmósfera relajada que algo tiene de sombrío. A través de esta envolvente exploración que hace el cuarteto de su propia faceta introspectiva, late un punche escondido: es un recoveco exigido por las características esenciales de la composición para que el lirismo reposado reine a sus anchas sin caer fehacientemente en lo lánguido. Eso sí, la sonoridad creada para los últimos segundos se disuelve en una dimensión etérea al modo de un ensueño invernal: un hermoso punto final para un repertorio realmente impresionante.


Todo esto fue lo que se nos brindó con este segundo golpe fonográfico organizado por el cuarteto THE TRONOSONIC EXPERIENCE, un golpe magnífico que nos impacta con todo en las entrañas más profundas de nuestras inquietudes melómanas. “The Big Blow” es una obra enérgica, electrizante y exquisita que amenaza seriamente con erigirse como uno de los ítems jazz-progresivos más notables y deliciosos del presente y recién iniciado año 2019. ¡Muchas gracias a los Sres. Ottesen, Bardal, Nilsen y Nypan por este disco recomendable al 200%! Ottesen




Thursday, February 14, 2019

MONO: para todo el mundo desde ningún lugar




HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Tenemos muy buenas noticias relativas a la escena musical japonesa: se trata del nuevo disco del cuarteto MONO, el décimo disco para sus 20 años de trayectoria y el primero con el nuevo integrante, el baterista Dahm Majuri Cipolla. El disco en cuestión se titula 
“Nowhere, Now HereTaka” y desde ya anunciamos que se trata de un muy bien logrado muestrario de perfeccionada síntesis de su obra de la época 2006-2012 con algunos atisbos fácilmente identificables de la más robusta línea de trabajo desarrollada en los discos posteriores. El resto de la banda sigue estando conformado por los dos infaltables guitarristas Takaakira “Taka” Goto y Yoda, así como la tambiémn infaltabñe bajista-teclista Tamaki: ella incluso canta en el tercer tema del álbum, lo cual constituye una peculiar novedad dentro de la larga trayectoria de esta señorial banda post-rockera. El disco en cuestión fue publicado en el pasado 25 de enero, tanto en formato de CD como de doble vinilo. El sello alemán Pelagic Records y el estadounidense Temporary Residence Ltd. se hicieron cargo de las respectivas ediciones en CD y vinilo en la repartición de los mercados. Hay ediciones especiales y limitadas de vinilo en colores púrpura traslúcido con manchas blancas, plateado, rojo transparente, blanco con manchas grises y blanco con manchas púrpuras. Esta gente de MONO sí que ha querido hacer una fiesta palaciega y lujosa por su vigésimo aniversario, vaya que sí. Bueno, veamos ahora los detalles del repertorio de este disco.



La miniatura de un minuto y tres cuartos ‘God Bless’ inicia las cosas con un porte minimalista cuya sutil densidad anuncia que tiene dentro de sí el germen de una vitalidad dispuesta a manifestarse en cualquier momento, lo cual sucede cuando se da el arribo de ‘After You Comes The Flood’, un tema monumental que impone el primer punto culminante del disco… así de temprano. Comenzando con una actitud sigilosa, la pieza no tarda mucho en mostrar su musculatura sobre un imponente tempo marcial en 12/8. El señorío de los guitarreos (que se reparten cadencias y bases melódicas) encuentra en la sólida dupla rítmica los cimientos adecuados para que se concrete la expresión fusionada de delirio y meditación. Algún breve solo de guitarra refuerza esta aureola bien definida, pero sobre todo, está allí el nervio de la batería en su permanente compenetración con el retorcidamente distorsionado bajo. ‘Breathe’ sigue a continuación para establecer un notorio contrapeso frente a la pieza precedente: ahora estamos en terreno de exploraciones góticas para un motif introspectivo y solemne. Las flotantes capas de sintetizador gestan un aura envolvente sobre el cual el canto de Tamaki expresa una parsimoniosa actitud contemplativa mientras que las dos guitarras entran más tarde para completar el dulce cuadro melódico en curso. Una vez que entra a tallar la batería en compañía de los aportes extra del ensamble de cuerdas, el cuerpo central adquiere una incrementada majestuosidad donde lo reflexivo se convierte en una dorada melancolía. Con sus poco menos de 10 ½ minutos de duración, la pieza homónima resulta ser la más extensa del álbum. ‘Nowhere, Now Here’ se adentra aún más en los insondables vericuetos de las cavernas de la introspección, esta vez bajo la guía de las dos guitarras, quienes inician y desarrollan el primer motif de la pieza. En una primera instancia, la dupla rítmica se une a las dos guitarras para ofrecer un recurso de momentánea garra, pero tras callarse por un rato, el retorno de esa dupla ya implicará la masiva expansión del motif hasta llegar a un punto álgido de místicas descargas eléctricas. Cuando emerge el segundo motif de las cenizas del primer clímax de la pieza, el grupo está preparado para elaborar y organizar uno de los pasajes más intensos del álbum. Es en este momento que el plan de trabajo vira hacia la edificación de una aureola de júbilo y luminosidad donde la acidez inherente al esquema instrumental se erige en herramienta de celebración. Un cénit decisivo del álbum... y tal vez una de las más esplendorosas composiciones de toda la carrera de MONO: nos hace evocar a un híbrido entre el espíritu general de “For Your Parents” y la faceta más vivaz de “Requiem For Hell”.

  

‘Far And Further’ focaliza su centro temático en una vuelta al espíritu flotante que ya habíamos apreciado y disfrutado en el ítem homónimo, lo cual permite al cuarteto explorar con especial ahínco su dimensión lírica. La arquitectura melódica está muy bien definida y la ingeniería rítmica emplea una cadencia sobriamente extravagante cuando llega el momento de mayor intensidad. El carácter medio mecanicista de la coda es un truco muy interesante para concluir la faena de una manera tan efectiva como atractiva. ‘Sorrow’ – otro tema de generoso desarrollo con sus 8 ½ minutos de duración – instaura una especie de capitalización de la sempiterna esencia contemplativa del ideario musical de MONO, esta vez con un tempo más reposado; de este modo, los diagramas melódicos y bosquejos armónicos creados para la ocasión crean una conjunción de las espiritualidades reinantes en las dos piezas previas. Los aditivos orquestales apuntalan la dramática elegancia y la grisácea ceremoniosidad con las que se impulsa el desarrollo temático, siendo así que en su crescendo conclusivo se acrecientan contundentemente las llamas de su hoguera. Las múltiples capas de las guitarras cumplen la doble función de ahogar parcialmente a los otros instrumentos partícipes y revitalizar el motif recurrente con una variante desafiantemente robusta. Mientras todo esto sucede, se cuela por allí un ornamento de sintetizador que añade un matiz modernista al asunto. Otro cénit del álbum, sin duda. ‘Parting’ utiliza el matrimonio de piano y ensamble de cuerdas para plasmar un retrato de nostalgia donde las cavilaciones que el espíritu hace sobre su propio lugar en el mundo se dejan arropar por las nubes y la brisa de un paisaje de ensueño. La exuberancia se impone por sí sola, es verdad, pero no viene mal que en algún breve pasaje se añadan algunos ornamentos armónicos de guitarra. ‘Meet Us Where The Night Ends’ (tema que dura poco más de 9 minutos). Todo comienza con unos efectos de consola donde se crea un loop vocal, el mismo que fundamenta un swing específico sobre el que una guitarra puede armar una escala recurrente como base (un poco al estilo del space-rock). Así se instaura el primer motif de la pieza: solo falta que otra guitarra cree parcos punteos desde el cual se pueda encauzar el esquema melódico en curso, cosa que sucede muy pronto. El grupo íntegro concluye la idea con pulso muy firme hasta que la dupla rítmica se detiene con abrupta precisión, lo cual prepara el camino para el surgimiento del segundo motif. Éste se perfila hacia senderos de fastuosa intensidad mientras se crea un interesante contraste entre el talante ensoñador de los arreglos de cuerda y la metralla hipnótica de la guitarra rítmica. Se nota en el modo en que la dupla rítmica vuelve al frente que esta pieza está dirigiéndose hacia un terreno de rudeza incendiaria, algo que se confirma fehacientemente en la aplastante furia que inspira a los dos últimos minutos del desarrollo temático. Un tema así de electrizante tiene que erigirse como el cénit definitivo del álbum... aunque todavía queda un poco más del mismo por disfrutar.



‘Funeral Song’ rinde honor a su título brindando un clima funerario en base a la solemne confluencia de capas minimalistas de guitarra y los señoriales aportes de las trompetas. El último tema del disco es ‘Vanishing, Vanishing Maybe’, siendo así que sus tristes vibraciones y su grisáceo ensimismamiento parecen exponer la extensión reflexiva del ambiente creado en la pieza inmediatamente anterior. Aunque hay un momento en el que el grupo emplea su habitual estrategia de añadir dosis de intensidad impresionista a un motif bien asentado, esta vez las cosas no llegan a los niveles de fiereza que ya habías mostrado en los temas #6 y #8. Más bien, lo que hay aquí es un explayamiento de varios matices para un paisaje sonoro minuciosamente uniforme, correctamente calibrado para que la inspiración artística que dio origen a la pieza se concrete con una majestuosidad magistral y con un manejo muy medido del esplendor rockero. Aquí concluye la experiencia de “Nowhere, Now Here”, un disco concebido en un tiempo muy preciso desde ningún lugar para mostrar (incluso clamar) al mundo el espacio de renovadas musicalidades que el grupo MONO ha podido conquistar con ,mano firme en esta nueva etapa de su carrera. Sin duda, estos cuatro capitanes del post-rock japonés están en plenas condiciones para seguir ostentando su regia corona dentro del reino de la avanzada rockera mundial. ¡Qué gran disco! 


Muestras de “Nowhere, Now Here”.-

Monday, February 11, 2019

PAK: la bestial energía del rock experimental estadounidense




HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy tenemos la ocasión de prestar nuestra atención en “Bestial”, sexto trabajo de estudio del grupo avant-rockero estadounidense PAK, el cual es liderado por Ron Anderson [guitarras y voz] y cuya actual conformación de trío es completada por Steve Blanco [bajo, sintetizador y voz] y Larry Kwartowitz [batería]. Publicado virtualmente en su blog de Bandcamp a inicios de octubre del pasado año 2018 tras haber sido grabado en sesiones de los días 11 y 12 de setiembre (en el estudio Menegroth de Queens, Nueva York), “Bestial” marca un renovado derrotero de experimentación progresiva para este contingente experimental de residencia neoyorquina. La edición física, tanto en vinilo como en CD, estará a cargo del sello Nefarious Industries en los próximos meses del año 2019, así que realmente su fecha de publicación oficial corresponde a nuestro año actual. Ron Anderson, veterano músico de las vanguardias del rock y del jazz estadounidenses, está por cumplir 60 años en este 2019, pero antes de eso nos ha brindado un nuevo disco de PAK, uno de sus muchos proyectos: PAK surgió a inicios del milenio con la meta de crear una propueasta ecléctica y osada donde confluyen el RIO, el Crimsonismo, el avant-metal, el punk-jazz y la psicodelia. Aunque el instrumento primordial de Anderson es la guitarra, en algún disco de PAK él se pasó al bajo, mientras que en otros compartía el rol con otro guitarrista, y casi siempre, el ensamble variable incluía a instrumentistas de vientos. “100% Human Hair” (2003), “Motel” (2005) y “Secret Curve” (2011) son excelentes y perturbadores hitos de la avanzada estadounidense; ahora, con “Bestial”, Anderson opera con una logística más reducida aunque esto no significa para nada una pérdida de la exuberancia posmoderna que el buen Ron siempre ha tenido como norte. Más bien, ahora el trío de PAK ha desarrollado experimentos renovadores desde el centro de su propio ideario musical, estableciendo coqueteos con el post-rock y el post-metal en más de una ocasión.



Ocupando un espacio de casi 4 ¾ minutos, ‘Attrition’ abre el disco con un ejercicio de exorcismo de brumas psicodélicas sobre la base de un lánguido tempo, al modo de la remodelación de un ambiente stoner dentro de un swing post-rockero. El tempo recurrente de 10/8 sirve para garantizar una oportuna dosis de sofisticación en el parco desarrollo temático, cuyo poderío aumenta a mitad de camino cuando la batería vira hacia un compás más lento. La pesadez deja de ser solamente expresión de oscuridad para añadir densidad al asunto. Luego sigue la dupla de ‘Repent Recoil’ y ‘Prophesies Of The Sybil’, la cual sirve para que el ensamble triádico explore nuevas situaciones sonoras. ‘Repent Recoil’ se orienta por senderos de vibrante extroversión mediante el empleo de un swing bastante ágil en base a un esquema rítmico complejo. Lo que suena se sitúa muy oportunamente en una encrucijada entre el math-rock, el paradigma Crimsoniano de los dos últimos decenios y el metal experimental. La vitalidad emitida por los tres instrumentos en su señorial y bien afiatada comunión casi se puede tocar con las manos, el fuego majestuoso que brilla en esta hoguera musical caliente el ambiente que rodea al oyente. ‘Prophesies Of The Sybil’, por su parte, hila una excitante fusión de avant-metal, post-metal y punk-jazz dentro de una ruda amalgama progresiva. El esquema de trabajo siendo tan extrovertido como el que se empleó para la pieza precedente, mas ahora el espíritu y el talante se sienten ásperos y broncos. Los músicos manejan con impoluto nervio el despliegue de toda esta aguerrida expresividad dentro de un groove persistentemente exigente en lo referente a sus variaciones. Estos dos temas son puntos culminantes del repertorio de “Bestial”, y lo mismo vale decir del tema que viene a continuación, el cual se titula ‘Chiaroscuro’. Para esta pieza que dura poco menos de 6 minutos, el grupo se dispone a adentrarse ciega e incondicionalmente al estándar del post-rock para explorar sus potencialidades más oscurantistas. La composición es minimalista en su estructura pero se nota que el grupo juega con los silencios para crear un espíritu de tenebrosa expectativa: esos silencios tienen un filo muy preciso cuales dagas invisibles que cortan sin piedad a las áreas más pretendidamente certeras de la conciencia. 



‘Sub Specie Aeternitatis’ se focaliza en aires stoner para remozarlos con una punzante parsimonia desde la cual los impulsos de lo nebuloso adquieren una prestancia imponente. Los guitarreos son muy precisos en su grandilocuente aridez mientras la batería deja mostrar algo de su latente gracilidad en medio de su adusta exhibición de potencia. Durando poco más de 10 minutos, ‘Reflection Consumer’ reincide en el factor stoner que fue decididamente predominante en el tema anterior pero enriquece su sistemáticamente neurótico viaje musical con elementos de no-wave, avant-metal y psicodelia free form. El engranaje sonoro es torturado, fastuoso y vigoroso; las dosis de furia empleadas por los instrumentos son contundentes e prepotentes. Los momentos de canto airado enfatizan esa aura prepotente: ya no reina aquí la oscuridad sino un denuedo que vocifera su fuego interior para mostrarlo al Dios Sol a modo de insolente desafío frente a las fuerzas superiores. Los últimos 13 ½ minutos del disco están ocupados por el tema titulado ‘Triskaidekaphobia’, el cual principalmente se dedica a condensar los esquemas de trabajo más áridos que se han hecho presentes en el repertorio precedente dentro de una síntesis tan variada como cohesiva. (¿A propósito, el título no será un homenaje al legendario grupo belga PRESENT?*) El primer cuerpo se centra en una mezcla de pesadez psicodélica y stoner mientras que el segundo se enfila hacia un híbrido de avant-metal y punk-jazz; aquél inicia las cosas con un talante belicoso remodelado bajo una ingeniería precisa, éste se sitúa en una dialéctica de orden y caos mientras el complejo esquema rítmico se asienta con una magia oscurantista. Los ornamentos de sintetizador, cuando entran a tallar, crean un ingenioso contrapunto a las metrallas terminantes de la guitarra. Justo alrededor de la frontera del séptimo minuto y medio, Anderson nos regala el que tal vez sea el solo de guitarra más impresionante del disco. Justo cuando este solo termina, el ensamble rebobina su delirio rockero para derivar todo hacia un extremadamente denso ejercicio de noise-rock con ciertos ribetes post-metaleros. De este modo se dibuja el mapa de la última sección de esta pieza, la cual es dominada por efectos de guitarra y de sintetizador: ellos manejan un cuadro de deconstrucción y misterio mientras reflejan un aire de paulatina disolución en la nada. 



Todo esto fue lo que se nos ha brindado con “Bestial”, un catálogo de robustas excursiones musicales que ostentan vibraciones oscuras, exaltaciones sórdidas y plenitudes vitalistas, todo ello sin descanso: la gente de PAK se ha lucido a lo grande con este disco, el mismo que fue promocionado sesudamente en una gira francesa entre fines de octubre e inicios de noviembre del año pasado. En dicha gira se vendía pegatinas con la imagen del álbum mientras aún quedaba pendiente su futura edición física. En cuanto a sus próximas actividades, hay una gira a punto de iniciarse que no solo incluirá diversos escenarios de su país sino también actuaciones en México. Este nuevo disco vale la pena, claro que sí. 



Muestras de “Bestial”.-
Triskaidekaphobia: https://ronanderson.bandcamp.com/track/triskaidekaphobia


* En realidad, el título de la pieza en cuestión es un homenaje a Arnold Schönberg, tal como nos indica el propio Ron Anderson. 

Friday, February 08, 2019

DEWA BUDJANA: glorioso viaje musical #11



 
HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Poco antes de que el mes de diciembre del pasado año 2018 llegara a su ecuador, ya era una realidad fonográfica el nuevo disco de DEWA BUDJANA “Mahandini”, una realidad posible gracias al sello MoonJune Records. Este virtuoso y preclaro creador musical indonesio se hizo cargo de las guitarras y los soundscapes contando con el siguiente ensamble de absoluto lujo como apoyo: Jordan Rudess a los teclados, Marco Minnemann a la batería, y Mohini Dey al bajo y el konnakol (un instrumento de percusión étnica del país de BUDJANA). Por supuesto, ya sabemos cuánta química hay entre los enérgicos genios de Rudess y Minnemann por lo apreciado en los discos del trío LEVIN MINNEMANN RUDESS, pero ahora, siendo colaboradores de un artesano excelso de los discursos del jazz-prog y la fusión jazzera con raíces, sus aportaciones gestan matices nuevos dentro de la línea de trabajo de BUDJANA. Otras apariciones importantes en este álbum que tenemos en nuestras manos son las de John Frusciante (cantando en dos piezas y añadiendo guitarreos a una de ellas), Mike Stern (haciendo un solo de guitarra en un tema) y Soimah Pancawati (cantando en un tema). Los siete ítems de este disco fueron grabados en el Steakhouse Studio de Los Ángeles, California, en un solo día: el 24 de enero del 2018. Las labores de sobremezcla y posproducción tuvieron lugar de forma veloz en el estudio doméstico de BUDJANA, el Temple Island Studio, en la capital indonesia de Yakarta. La intervención vocal de Soimah Pancawati fue registrado en otro estudio de Yakarta, y todos los aportes sonoros pasaron finalmente a los procesos de mezcla y masterización en el estudio Dogmatic Sound de Burbank, California, en el subsiguiente mes de marzo. También hay una edición limitada de 300 discos de vinilo, publicada por el sello Shack Media en cooperación con F22 Freiland: se trata de una producción alemana que añade dos bonus tracks, entre ellos, una versión acústica de la pieza homónima. El material fue grabado en el Steakhouse Studio de Los Ángeles en un solo día, el 24 de enero del 2018, con los subsiguientes overdubs y labores de posproducción y masterización en otros estudios, durante el mes de marzo. Bueno, veamos ahora cómo resultó todo.




Veamos ahora los detalles del repertorio de “Mahandini”. Durando poco menos de 6 minutos, ‘Crowded’ da inicio a las cosas con una aureola de imponente elegancia, siendo así que un motif de piano en 15/8 asienta la adecuada ambientación reflexiva para el bloque instrumental. El canto de Frusciante se hace debido eco de esta espiritualidad reflexiva mientras el desarrollo temático adquiere recursos de musculatura mientras va reforzando su posicionamiento. El talante de esta canción se centra en una ceremoniosidad prog-sinfónica. ‘Queen Kanya’ sigue a continuación para recibir los ecos de estilizada ceremoniosidad de la pieza de apertura para capitalizarlos en un esquema musical un poco más sofisticado, tendiendo puentes entre lo progresivo y lo jazz-rockero. Aquí hallamos uno de los solos más fabulosos de Rudess así como un desarrollo de punche en el swing de la dupla rítmica; también hallamos un impresionante ejercicio de cántico rítmico sobre un tempo particularmente complejo. Todo suena como un matrimonio entre los paradigmas del PAT METHENY GROUP y LIQUID TENSION EXPERIMENT: se trata de un cénit del álbum, no nos cabe duda alguna al respecto. La dupla de ‘Hyang Giri’ y ‘Jung Oman’ ocupa un total de 14 ¾ minutos. ‘Hyang Giri’ tiene un enfoque compositivo enraizado en la fusión de base asiática, siendo así que el garbo exuberante de la pieza adquiere una robustez extra gracias al nervio que imprimen los compañeros de BUDJANA. Dicho sea de paso, aquí hallamos uno de sus solos más impresionantes. El canto femenino realza la magia telúrica inherente a este tema. ‘Jung Oman’ se caracteriza por exponer una disposición introspectiva sobre un tempo bastante lento. La guitarra acústica sabe conquistar convincentemente su espacios de lucimiento en medio de otros donde se luce (con refinada autoconstricción) su hermana eléctrica. Las bases de piano realzan eficazmente el carácter evocativo de tan bella composición.



Cuando llega el turno de ‘ILW’ se produce un creativo diálogo entre BUDJANA y Mike Stern, siendo así que a este invitado especial se le reservó el espacio para el primer solo de guitarra. El dinamismo y el vigor que se imponen desde los primeros instantes en base a un swing llamativo y voraz se benefician, a lo largo del desarrollo temático, de los aportes de virtuosismo y refinamiento que los músicos invierten en su perpetua interconexión. Los solos de las guitarras y del sintetizador enriquecen el fuego constante con el que el tema afianza continuamente su garra esencial; la batería de Minnemann sostiene un maderamen fulguroso cuya precisión acentúa el fuego en ciertos momentos. Estamos aquí en un terreno híbrido del legendario JEFF BECK GROUP y LIQUID TENSION EXPERIMENT: BUDJANA se muestra más que dispuesto a explorar terrenos ya recorridos por sus compañeros de viaje. Un pedazo de tema, ¡sí señor! La penúltima pieza del álbum es la que justamente le da título y se caracteriza por encuadrarse dentro de un pleno retorno al área del jazz-fusion con un punche extra lo suficientemente dosificado como para que el desarrollo temático en curso pueda preservar intacta su esencia evocadora. Recuperándose los aspectos más sobrios de los históricos legados de MAHAVISHNU ORCHESTRA y RETURN TO FOREVER, los músicos interactúan con un norte bien definido para el armazón melódico el delineamiento de la atmósfera general. Una mención muy especial debe ir para el fabuloso solo de bajo que nos regala Dey a mitad de camino; también hay un excelente solo de piano eléctrico a continuación, así como un electrizante solo de batería cuya finalidad es la de aportar una cálida rimbombancia a los pasajes finales. ‘Zone’ cierra el repertorio con una inspección más meticulosa en la faceta contemplativa del ideario musical de BUDJANA. Frusciante vuelve a su ronco y grácil canto: eso y el cariz reflexivo del desarrollo temático nos hacen recordar un poco a la primera canción del álbum, pero ahora estamos ante un ejercicio de jazz-rock melódico con algunos tintes progresivos coloreados a mitad del camimo. El excelso solo de guitarra que crea BUDJANA en el intermedio exorciza al fantasma del maestro ALLAN HOLSDSWORTH: la vitalidad inherente a este pasaje encuentra un efectivo apoyo en los ornamentos del teclado, situados éstos entre lo orquestal y lo cósmico. 


Todo esto fue lo que se nos brindó en “Mahandini”, el glorioso viaje musical que DEWA BUDJANA y sus compañeros de trayecto registraron para nuestro total deleite en las instancias finales del año 2018. Este maestro sigue siendo una figura señera dentro del escenario jazz-progresivo mundial: lo más notable (que no lo único valioso) de este disco específico es que ha permitido al foco estético de BUDJANA adquirir un nuevo vigor, y eso es algo muy bueno.