Friday, May 31, 2019

SARCOPHAGUS NOW: desde la cabaña de los milagros jazz-progresivos



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

Hoy nos complace enormemente presentar el nuevo disco del grupo sueco SARCOPHAGUS NOW, el mismo que se titula “Maneter” y que fue publicado hace muy pocos días, el 17 de mayo pasado. El cuarteto conformado por el bajista Torkel Holmström Ljung, el baterista Nils Mörtzell, el guitarrista Gustav Kieri y el teclista Johannes Behndig se luce a lo grande en este disco grabado en una cabaña del norte de su país: el material en conjunto es breve, su serie de cuatro piezas no llega a completar el espacio de 34 minutos, pero es una excelente y muy inspirada muestra de música jazz-progresiva en clave retro. Éste es el enfoque concreto y específicamente priorizado con el que el ahora cuarteto (hasta el año pasado, el grupo incluía al guitarrista-teclista Markus Boström) gestiona la compulsión evolutiva de su visión musical; eso hace de “Maneter” una expresión renovadora de la matriz sonora que la banda aplicó con muy buenos resultados en su homónimo disco de debut del año pasado 2018. Otro cambio en la alineación está en el rol de baterista pues Kristofer Granström fue reemplazado por Mörtzell, quien además de ocupar un puesto específico en la banda también se encargó de la labor de mezcla del nuevo álbum. Dicho sea de paso, el título del álbum es medusa en sueco: bueno, veamos ahora los detalles del disco en cuestión.


El disco comienza con ‘Kasputin Jarr’, tema que tras un breve pasaje prologar de tenor sigiloso hace asentar un muy elegante cuerpo central desde el cual se establece una confluencia señorial entre los paradigmas de FINNFOREST, los NATIONAL HEALTH del primer disco, los SOFT MACHINE de la fase 73-76 y SECRET OYSTER. El empleo de algunos interludios enmarcados sobre compases inusuales en ciertos momentos estratégicos de la primera mitad y el armazón de un groove sofisticado para la sección epilogar con un temple sereno completan un cuadro musical tan estilizado como distinguido. Luego sigue ‘Samma Gamla Samba’, cuyo título ya revela lo que podemos sospechar que es un tributo a los legendarios SAMLA MAMMAS MANNA, pero en realidad, todo comienza de una forma muy distinta de la esperada, pues su primera sección consiste en un viaje musical donde predominan un espíritu sereno y un talante introspectivo. Cuando el grupo incluye algunos pasajes en 7/8 en medio del desarrollo temático, el imperante ambiente otoñal asume una dosis extra de prestancia. De hecho, es así como se prepara el terreno para que el viaje asuma un renovador músculo poco antes de llegar a cruzar la frontera del segundo minuto y medio, siendo así que la guitarra guía al esquema instrumental global. Así las cosas, pronto llega el momento en que el cuarteto sí habrá de rendir explícitamente el tácitamente prometido homenaje a SAMLA MAMMAS MANNA (en cuanto a la línea de trabajo de sus dos primeros discos): ahora tenemos un ejercicio saltarín amante de síncopas aventureras y vibraciones fusionescas que nos remiten al mencionado referente legendario de la movida progresiva sueca de los 70s, aunque no hay aquí una simbiosis real con este modelo, pues aún sigue presente con bastante fuerza la conexión con el legado de los SOFT MACHINE post-Wyatt. En cuanto al elementos fusionesco en sí, suena simpático ese recurso de samba que la dupla rítmica articula en varios parajes del último tercio de la pieza. Con el tercer tema del álbum, titulado ‘Bitonlogen’, tenemos en un primer momento una suerte de regreso a las atmósferas y grooves principales de la primera pieza, con el detalle específico de que ahora el ambiente se siente aún más vigoroso y más colorido en la comparación. De hecho, este fulgor sonoro incrementado es bien aprovechado en una sección intermedia donde el grupo realiza un momentáneo énfasis en lo sinfónico a partir de las influencias entrecruzadas de CAMEL, ATLAS y FINCH. El regreso al primer motif recoge parte de la energía expresionista de dicha parte intermedia. Es una pena que el fade-out llegue tan pronto pues justo en ese momento la batería estaba regodeándose en unos muy inteligentes juegos de redobles que avizoraban (o parecían avizorar) una potencial ampliación del vigor sónico en curso, pero bueno...  

   

Durando poco más de 14 ¼ minutos, ‘Maneter I Etern’ cierra el repertorio con el propósito de establecer una síntesis vibrante e ingeniosa de los elementos estilísticos prioritarios a lo largo del repertorio precedente. Todo comienza con un groove llamativo y contagioso, virando todo hacia un pasaje contemplativo de tenor crepuscular antes de llegar a la frontera del tercer minuto. El esquema rítmico se hace más contenido y cadencioso para la ocasión, y ello se perpetúa cuando, bajo el manto de una capa cósmica de sintetizador, el esquema sonoro se enfila hacia un sinfonismo de coqueteos space-rockeros. Este esquema no dura mucho pero cumple muy eficazmente con la función de tender un puente hacia un nuevo motif signado por una ingeniería jazz-progresiva de influencias Canterburyanas y con un agudo uso de factores disonantes al estilo de GENTLE GIANT. Mientras aún no nos recobramos de nuestra sensación de perpleja satisfacción, algunos elementos Crimsonianos en los guitarreos y el empuje muscular que asume la dupla rítmica gestan un muy poderoso pasaje intermedio que, a despecho de la glorificación de su propia personalidad que impone a todo da, en realidad está destinado a tender otro puente a una nueva sección de raigambre jazz-progresiva. A partir de la instancia del décimo minuto y medio emergen los que tal vez son los tres mejores solos de sintetizador de todo el disco, pequeñas maravillas al estilo de Jan Hammer en esos espacios que no son ocupados por los solos destinados para la guitarra eléctrica y el piano eléctrico. El ambiente general es muy a lo WEATHER REPORT con sus consabidas conexiones con FINNFOREST y SECRET OYSTER. Nos da pena que esas últimas notas de piano eléctrico pongan conclusión a la pieza y al álbum, pero en algún momento tenía que acabar esta hermosura de disco. Lo que el personal de SARCOPHAGUS NOW nos ha brindado en “Maneter” es un muestrario de excelsas afirmaciones jazz-progresivas donde cada sonido de cada instrumento se articula en el entramado de un milagroso esquema musical. Solo nos queda recomendar ampliamente el disco y dejar de una vez esta pluma para dejar que los oyentes lleguen a sus propias conclusiones sobre el mismo.


Muestras de “Maneter”.-

Wednesday, May 29, 2019

ELECTRIC ASTURIAS: santísimo pentágono del sinfonismo japonés



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión tenemos la muy agradable ocasión de presentar el nuevo disco del ensamble japonés ELECTRIC ASTURIAS, el cual se titula “Trinity” y fue publicado a fines del pasado mes de enero: sin duda, este trabajo aspira seriamente a ser uno de los ítems japoneses más destacados dentro del mundo progresivo del presente año 2019. La publicación de este disco tuvo lugar a fines de enero pasado bajo la producción independientemente gestionada de la propia banda. El personal de ELECTRIC ASTURIAS está conformado por Yoh Ohyama [bajo], Satoshi Hirata [guitarra], Tei Sena [violín], Yoshihiro Kawagoe [teclados] y Kiyotaka Tanabe [batería], siendo así que el primero de ellos está a cargo de la composición de todas las piezas que integran este álbum que ahora tenemos en nuestras manos. De hecho, Ohyama fundó hace más de 30 años el proyecto musical ASTURIAS con la proyección de desarrollar una línea de trabajo sinfónica modernizada: entonces, él se hacía cargo de las gutiarras, el bajo, casi todos los teclados y algunas percusiones, y en 1988 se concretó el álbum de debut “Circle In The Forest”. En dos momentos quiso este señor traducir este proyecto en grupos específicos: uno con orientación folk-progresiva llamado ACOUSTIC ASTURIAS y otro con un esquema de trabajo orientado hacia el retro-prog sinfónico ecléctico que es el que ahora nos ocupa, ELECTRIC ASTURIAS. El debut de ACOUSTIC ASTURIAS tuvo lugar en el año 2004 con el disco “Bird Eyes View” mientras que el de ELECTRIC ASTURIAS fue en el año 2011 con el disco “Fractals”. La formación de este disco es la misma que también aparece en los dos siguientes, “Elementals” (2014) y “Trinity”. Bueno, ya es hora de detenernos en los detalles de este último disco mencionado. 


Durando casi 7 ¼ minutos, ‘Closed World’ abre el álbum con un vigor cautivador y rotundo que no tarda mucho en enfilarse en torno a un bien definido foco musical tras el inicio de un enfático enclave de piano a lo WAKEMAN. Una vez instalado el ensamble en pleno, la cosa resuena claramente a un híbrido de EMERSON, LAKE & PALMER y JEAN-LUC PONTY, algo muy en consonancia con el primer disco de la banda compatriota KBB y con los también compatriotas FANTASMAGORIA. El piano y el violín se dividen los momentos de protagonismo para el asentamiento del motif central mientras la guitarra busca sus propios espacios de lucimiento, especialmente para llenar espacios aludidos por el teclado. El flujo con el que van desarrollándose las complejas variantes de ambientes es magníficamente impoluto; la inserción de un relajante pasaje romántico a mitad de camino tiene un exacto rigor matemático. A continuación sigue la dupla de ‘Wuthering Heights’ y ‘Skelter’. El primero de estos temas sigue por la pista del primero pero con instanciaciones más comedidas de energía expresiva y un enfoque menos suntuoso de los siempre esperables preciosismos melódicos. Esta vez, el factor sinfónico es primordial con absorbente suficiencia en el diseño de los recovecos melódicos en curso: los aires predominantes son de vals sinfónico. También hay un hermoso solo de guitarra que nos remite a un híbrido de Steve Howe y Steve Morse... y en esos momentos en que el violín acentúa los fraseos de la guitarra, el solo aumenta su belleza. Por su parte, ‘Skelter’ se revela como un grácil ejercicio jazz-progresivo enmarcado dentro de un vorazmente sofisticado armazón rítmico que se ajusta plásticamente a la preservación de las vibraciones vigorosas que alimentan al foco melódico. El violín brilla a sus anchas dentro de un dinamismo grupal muy fluido: tenemos aquí otros estupendos solos de guitarra, muy breves, pero capaces de exponer una garra genuina en sus desafíos ante los solos de sintetizador que también ostentan su propia llama. ‘Crow’ emerge con todo para mostrar la faceta introspectiva del grupo con el refinamiento habitual, pero, dadas las nuevas circunstancias de expresividad musical, ahora hay una delicadeza cristalina que impera en el desarrollo melódico de turno. La manera tan meticulosa en que se hermanan el violín y el piano resulta decisiva para marcar el desarrollo melódico y la dinámica interna de los instrumentos en bloque, determinando incluso las pautas generales del groove que ha de armar la batería. Es un tema realmente precioso, encarnación pura del romanticismo envuelto en su propia magia evocadora.


‘Rogus’ ocupa un espacio de 8 ¾ minutos y lo aprovecha muy bien, basando su desarrollo temático y sus atmósferas centrales en un punto intermedio entre el lirismo entrañable del tema #4 y la soltura ceremoniosa del tema #2, tal vez con una mayor inclinación a esta última. En comparación con lo que sucedió en‘Crow’, el bloque sonoro se siente más lleno porque a la guitarra se le da mayores espacios de lucimiento, y también, claro está, por la forma en que las columnas de la labor rítmica de la batería y los profusos ornamentos de los teclados exploran el vitalismo propio de las inquietudes románticas y barrocas del más puro estilo sinfónico. Se trata de uno de muchos puntos culminantes del repertorio, no cabe duda. La maratónica ‘Gorgon Suite’ cierra el álbum con una oportuna expansión del colorido esencial de la propuesta sinfónica del ensamble. Sus tres secciones se titulan sucesivamente ‘Medusa’, ‘Stheno’ y ‘Euryale’. Como ya las reglas de juego musicales de la banda están bin definidas desd ehace un buen rato, no nos debe sorprender que ‘Medusa’, la primera sección, se centre en dinámicos juegos de dinamismos barrocos en los armazones y orquestaciones de teclados mientras que la dupla rítmica asuma la estrategia de tender puentes entre el sinfonismo y el jazz-rock. Así las cosas, los solos de violín, guitarra y sintetizador que entran a tallar en momentos estratégicos cumplen con la función crucial de realzar el imparable colorido general de la pieza, sin ser ellos mismos demasiado extensos. Cuando llega el turno de ‘Stheno’, el grupo se dispone a explorar ambientes y grooves ligeramente cercanos a lo tenebroso, pero lo hace al modo de unos KBB o un extraño híbrido entre AFTER CRYING y FAR CORNER. Las tensiones están marcadas por el pulsátil frenesí que impone la dupla rítmica en comunión con el piano en ciertas secciones que parecen conectarse con el paradigma del rock-in-opposition de cámara, aunque hay que señalar fehacientemente que esta cercanía se focaliza exclusivamente en el tipo de atmósferas emanadas del esquema melódico en curso, no tiene un asidero estilístico de por sí. De hecho, esta pieza es una rara avis (y muy buena) dentro de las pautas generales del disco. ‘Euryale’ pone el broche de oro la suite y al álbum, y no puede empezar mejor la cosa cuando el prólogo consiste en un bello nocturno de piano y violín. Cuando el bajo entra a tallar sobriamente con miras a acentuar las bases armónicas del piano, el grupo se prepara para actuar de pleno en un exquisito y majestuoso enclave temático que nos lleva de la mano hacia una bien afianzada encrucijada de los paradigmas de RICK WAKEMAN, CAMEL y THE ENID con conexiones con las bandas compatriotas PTF, KBB y TEE. El groove armado por la dupla rítmica para el cuerpo central es ágil, usando en ciertos momentos quiebres rítmicos sin aspavientos: todo fluye muy naturalmente mientras el violín, los teclados y la guitara dirigen diversas tramas sucesivas del desarrollo temático. ¡Qué hermoso final de disco!


   

“Trinity” es, ante todo, un ejemplo magnífico y contundente de música prog-sinfónica que recoge y dignifica las semillas de sus referentes más majestuosos del pasado mientras se hace debido eco de varios recursos modernizados. Los músicos de ELECTRIC ASTURIAS irradian creatividad y vigor por doquier en cada una de las composiciones que integran este disco, un ítem que es fortísimo candidato para situarse en los más altos puestos de las encuestas que se harán a fines del año 2019. ¡Recomendado al 100%!



Muestras de “Trinity”.-


Sunday, May 26, 2019

PAPIR: pliego #6 de su incendiario relato prog-psicodélico



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Con la presente tenemos el enorme agrado de presentar el sexto disco de estudio de la banda danesa PAPIR, el portentoso y musculoso trío conformado por el guitarrista Nicklas Sorensen, el bajista Christian Becher y el baterista Christoffer Brochmann. Siguiendo con los hábitos numéricos del trío para poner títulos a sus álbumes y sus composiciones (añadiendo el dato de que el grupo ha publicado dos registros en vivo también), este sexto disco es bautizado como “VI” y los cuatro temas del álbum van desde ‘VI.I’ hasta ‘VI.IV’. A diferencia del caso de su trabajo precedente “V” (que data de agosto del año 2017), cuya generosa duración dio para que se publicara en doble CD y doble vinilo, ahora el total del material recogido en “VI” no llega a completar los 40 minutos de duración. De todas maneras, esto no juega en contra de la dinámica de profusa creatividad y señorial vigor que los PAPIR han convertido en su idiosincrasia dentro de la escena prog-psicodélica escandinava y mundial. La manera que tienen estos señores de PAPIR de fusionar estándares del space-rock, el post-metal, el stoner y el kraut guitarra-céntrico dentro de un exquisito y potente patrón progresivo de esencia psicodélica ha quedado bien registrada en sus discos precedentes, y en este nuevo trabajo se nos muestra una nueva exhibición del brío incombustible del que todavía goza la banda. El disco nuevo fue publicado el pasado 10 de mayo por el sello Stickman Records en formato de vinilo exclusivamente, siendo así que el trío deja la difusión digital a nivel de descarga digital desde su blog de Bandcamp. Veamos ahora los detalles del repertorio contenido en él, ¿vale?



Durando poco más de 10 minutos, ‘VI.I’ abre el disco con un grácil compás de 5/4 que el grupo aprovecha para desarrollar un motif ensoñador y moderadamente robusto. Mientras las diversas capas y esquemas armónicos de la guitarra crean una orquestación mágicamente densa desde donde el motif va enriqueciendo crecientemente su fuerza de carácter, la batería maneja el swing con una exuberante soltura que viene muy a tono con este ejercicio de muy refinada psicodelia. El bajo es el ítem con mayor proyección arquitectónica durante los primeros cuatro minutos y medio pero también le llega el momento de aportar su propia expansión exuberante, y justamente eso tiene lugar en un momento en que el trío decide bajar un poco el ímpetu para organizar una nueva estrategia de embrujadores crescendos, todos ellos confluyendo finalmente en una breve coda de talante onírico. En estos minutos finales de esta magnífica pieza de apertura el grupo se apropia de su señorío sónico para enfilarlo hacia dimensiones de majestuosidad no exentas de polenta. ¡Qué manera tan contundente de iniciar el disco! Con la dupla de los temas ‘VI.II’ y ‘VI.III’ – el primero de ellos dura poco menos de 9 minutos mientras que el otro llega hasta los 9 ¼ minutos de duración –, el trío se dispone a cosechar la siembra de excelencia rockera planteada e instaurada por la primera pieza del álbum. Tenemos en el caso de ‘VI.II’ una muy inspirada maraña de confluencias de RUSSIAN CIRCLES, MY SLEEPING KARMA y CAUSA SUI, con algo del vigor de GURU GURU, todo ello dentro de una ingeniería un poco más urgente que la que signó el plan de trabajo de ‘VI.I’. En este segundo tema disfrutamos de una excelente y poderosa mezcla de angularidad y densidad que se asienta sobre un swing llevadero. ‘VI.III’, por su parte, se dispone a desplegar un esquema más maleable, comenzando con la expansión de una capa minimalista de guitarra desde la que se anuncia el pronto arribo de un cuerpo central a medio tiempo. A través de la elegante garra de la batería y las pulsaciones inagotables del bajo se impone una ambientación otoñal que muchas veces se adentra en lo introspectivo, lo cual reposa mayormente en el modo en que la guitarra va alternando entre sus fraseos sugerente y sus sostenidos fluctuantes. Un tema etéreo que se las arregla para preservar y potenciar, en dosis sosegadas, su latente grandilocuencia. De hecho, al entrar en su último tercio, ésta deja de ser latente para pasar al frente y comandar la ingeniería sonora. No solo eso: también entran a tallar algunos quiebres rítmicos de talante genuinamente progresivo durante esta poderosamente climática impugnación. Una vez más, el trío decide armar una breve coda de carácter introspectivo. Si alguien quería imaginar cómo sonaría un híbrido de MONO y RED SPAROWES con ciertos ribetes Crimsonianos, pues no necesita más respuesta que escuchar con sus propios oídos este tema, el cual nos parece el más bello del álbum.
                          

Los últimos 11 minutos del repertorio están ocupados por ‘VI.IV’, tema que ejerce un abierto contraste frente al sofisticado lirismo de la pieza precedente para concentrarse en la exploración de la faceta más dinámica y recia del paradigma de PAPIR. Ya desde la medianamente sutil sección introductoria se anuncia que tendremos aquí una pieza con características machaconas y personalidad cañera. Es lo más cercano a HAWKWIND que encontramos en el álbum aunque la magia estilizada que se hace notar en medio del fuego rockero también nos puede hacer pensar en unos OZRIC TENTACLES de fines de los 80s sin teclados y con un exorcismo Sabbathiano a cuestas, mientras se establece confluencias con gente como YURT y CAUSA SUI. La pieza es de por sí llamativa, siendo así que las inclusiones estratégicas de ciertos momentos de autoconstricción ayudan a mantener el gancho esencial mientras se le añade un efectivo señorío. De hecho, lo que se va cocinando antes de llegar a la frontera del quinto minuto es el encendido de la chispa inicial del pasaje más explosivo del álbum. Ahora los PAPIR están haciendo una especie de recapitulación de los esquemas sonoros predominantes en sus discos segundo al cuarto, jugando con varios matices de la garra psicodélica, desde los más explícitos hasta los más sutiles. Parece que la batería es el instrumento encargado de perfilar cuándo se debe dar prioridad a un tipo u otro de matiz mientras el swing básico se mantiene dentro de una arquitectura dinámica muy bien perfilada. El último pasaje aguerrido está a cargo de concluir el disco con una aureola de belicosa prestancia donde la agitación de la psique humana es la cosecha extrema de una siembra sonora aristocráticamente apabullante. Todo esto fue “VI”, un testimonio preclaro de las ansias expansivas que PAPIR insufla a su consistente ideario musical en el presente año 2019. Este sexto pliego de su enérgico e incendiario relato prog-psicodélico garantiza a los Sres. Sorensen, Becher y Brochmann una sólida permanencia en la élite rockera de su país así como en el gran mapa progresivo mundial de hoy en día.



Muestras de “VI”.-



Thursday, May 23, 2019

AKKU QUINTET: partiendo hacia nuevos caminos jazz-progresivos



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos al ensamble suizo AKKU QUINTET, ensamble que cultiva una de las modalidades de música progresiva más ricas y sugerentes hoy en día. Tal como indica el nombre, se trata de un quinteto integrado por Manuel Pasquinelli [batería], Michael Gilsenan [saxofón], Maja Nydegger [teclados], Markus Ischer [guitarra] y Andi Schnellmann [bajo]. El nombre del baterista, quien es también el compositor de todo el material de la banda, nos suena del cuarteto SONAR (una de las entidades más notables de la avanzada progresiva suiza de los últimos años). “Depart” es el título del álbum que este quinteto publicó el pasado 17 de mayo. De hecho, el nacimiento de AKKU QUINTET, que tuvo lugar en el año 2010, fue una iniciativa de Pasquinelli; el primer disco que publicó fue “Stages Of Sleep”, en el año 2013 y “Depart” es el cuarto ítem de su discografía. La verdad que este disco nos ha agradado una barbaridad con su sólida y meticulosamente estructurada confluencia de math-rock, vibraciones propias del paradigma Crimsoniano de los 80s, post-rock, RIO de tradición francófona y psicodelia dentro de una valiente amalgama jazz-progresiva. Tanto en la tarea de la inspiración compositiva como en la labor de los arreglos musicales que han de perfilar a aquélla, los cinco músicos se dedican primordialmente a crear estructuras sonoras vitalistas que transitan a través de multiformes y polivalentes parajes de densidad, tensión y misterio haciendo gala de diversos grooves, los cuales van desde lo aguerrido a lo juguetón, pasando por lo ansioso, lo relajado y lo amenazante. Hay ciertos aires de familia con la esencia musical de SONAR en el esquema de trabajo de los AKKU QUINTET, y también notamos cercanías relativamente habituales con los paradigmas de JOHN ZORN, TORTOISE, KING CRIMSON y las facetas más vaporosas del estándar jazz-progresivo. Bueno, veamos ahora los detalles del repertorio de “Depart”.



El primer tema del disco se titular ‘Largo’ y dura poco más de 14 ½ minutos. Bajo el engañosamente lánguido comando del piano eléctrico, se inicia un primer motif en 5/4 manejado sólidamente por el ensamble en blqoue en base a la ingeniosa confluencia de arquitectónicas armonías de guitarra y bajo con el sobrio groove jazz-rockero de la batería. Poco antes de pasar por la frontera del tercer minuto y medio se da un quiebre desde el que arma un breve interludio signado por una bruma un tanto sombría pero que, en el fondo, es fundamentalmente reflexiva: así las cosas, el motif inicial vuelve a apoderarse de los espacios pero esta vez con una presencia más absorbente de la guitarra, ensimismada como está con sus flotantes retazos. El saxo, por su parte, alterna momentos en los que acompaña a la dupla rítmica con otros en los que llena ciertos parajes del esquema armónico en curso. Alrededor del séptimo minuto y medio surge un inesperado momento oscurantista, no muy largo, pero sí lo suficientemente impactante como para guiarnos por una magnética aura de inquietud: sobre capas minimalistas de sintetizador y bajo, el caso elabora un solo evocador con un fuerte talante misterioso. Como dijimos, se trata de una instancia muy breve pues no tarda mucho en emerger un motif nuevo y más extenso donde reina algo muy distinto: la calidez. Bajo la pauta de los fraseos elípticos del piano, prestos a ser potenciados por la guitarra, el grupo crea una sección más luminosa que cualquiera de las anteriores. La batería se mantiene en una posición de relativo sigilo en su armazón rítmico mientras el saxo crea un hermoso solo que se regodea en su entrañable sencillez estructural. Ya en los tres últimos minutos que le quedan a esta pieza inaugural, el grupo elabora un crescendo donde lo luminoso adquiere elementos de tensión a través de una estrategia de fastuosa repetición. La coda juega con el silencio que rodea y termina absorbiendo a los moribundos ecos del último golpe, emergendo en los últimos instantes unos surrealistas golpes agudos de guitarra: secos como son, establecen efímeros recordatorios de los recursos de tensión que habían alumbrado y esquematizado el crescendo precedente. Luego sigue ‘Made In China’, pieza diseñada para explorar aires extrovertidos en base a compases inusuales y grooves dinámicos que comienzan en clave fusionesca con tintes psicodélicos (un poco a lo TORTOISE) y terminan derivándose hacia una expresividad robusta, algo muy apropiado para el momento en que la guitarra hace notar su faceta más nerviosa. Al comienzo era el sintetizador que emulaba escalas con percusiones orientales quien guiaba la estructuración del bloque sonoro global, pero una vez que la guitarra asume una actitud de despotismo rockero, las cosas no pueden ser las mismas: tienen que tornarse intensas y neuróticas a despecho de que el ensamble se encargue de mantener el aire de orgulloso garbo. Los últimos dos minutos están asentados en un enclave Crimsoniano mientras algo del talante fusionesco experimental vuelve a entrar a tallar como parte del paisaje sonoro. 



‘Breeze’ se caracteriza por exploraciones y explayamientos de ambientes oníricos, dándose un especial énfasis al rol del bajo dentro de la ingeniería instrumental general. De hecho, los aportes precisos y notablemente medidos de los demás instrumentos permiten que se reitere la gestión de breves espacios vacíos dondelos cuales los relajados delineamientos del bajo pueden explayarse sin aspavientos en su capacidad de estimular un viaje introspectivo en la mente del pyente empático. Tratándose de la pieza más breve del álbum con sus casi 3 ¾ minutos de duración, su ambientación al estilo del nu-jazz le permite exponer un remanso de serena introspección que viene muy bien después de los diversos ejercicios de mágica y enérgica sofisticación musical que se encarnaron en los dos primeros temas del álbum.  Ocupando un espacio de casi 11 minutos, ‘Depart’ está diseñado para crear una suerte de regreso a la ecléctica lógica de densidad, sutileza y garra con la que se gestó la ingeniería sonora de la primera pieza: si ésta fue un cénit, pues ‘Depart’ no quiere quedarse atrás. Volvemos a un vitalismo misterioso, volvemos a una campiña musical de inteligentes alternancias entre pasajes extrovertidos y constreñidos, todo ello enmarcado en un groove acorazado y circunspecto de parte de la dupla rítmica. Cuando llega el momento del solo de sintetizador, éste sustenta y desarrolla un andamiaje de disonancias que se suceden delicadamente a través de senderos y vericuetos donde los silencios juegan un rol crucial; de este modo, su desarrollo adquiere una prestancia saltarina que comulga perfectamente con el aire de refinada neurosis que marca a la arquitectura sonora. Cuando llega el momento en que los colores serenos y alegres del saxofón entren a tallar, llega el momento para que la tensión se libere un poco y la dupla rítmica cierre sus operaciones: el fade-out instaura un cierre flemático con el cual no se resuelve pero sí se atenúa el imperante empuje nervioso con el que se había cimentado el cuerpo central de la pieza. El cierre del álbum llega con ‘Cyan’, tema que se estructura con una matemática vitalista sin llegar a niveles estruendosos. En su pasaje inicial, la banda elabora un bien perfilado expresionismo con la estrategia de perfilar roles mutuamente complementarios mientras se sopesa un sutil aumento de la energía sonora mientras el motif sigue adelante. Pero poco antes de cruzar la frontera del tercer minuto, el grupo vira drásticamente hacia un recurso de otoñal parsimonia en base a una inspirada confluencia de punzantes retazos de los teclados  y aguzados jalones de la guitarra y el saxo. Así estarán las cosas, aportando variantes en ciertos detalles creados sobre el camino, hasta el momento final. 



“Depart” es un testimonio genial de un ambicioso musical de parte de los AKKU QUINTET en busca de nuevos caminos para la expansión del ideal de la música jazz-progresivo. Esto es algo más que un disco, que lo es... también es un cuaderno de bitácora que da buena cuenta de los altos niveles de genialidad, elegancia e inteligencia estética que estos cinco músicos comparten en su visión común bajo la guía de Pasquinelli. ¡¡Recomendado al 200%!!


Muestras de “Depart”.-

Monday, May 20, 2019

Con GONG, nada de colapsos: todo es expansión y renovación



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Buenas noticias desde el Planeta Gong: resulta que GONG ha publicado recientemente su Nuevo disco, el cual se titular “The Universe Also Collapses”. Esta publicación tuvo lugar exactamente en el día 10 de mayo pasado en formato de vinilo, por vía del sello Kscope. Este nuevo disco es un testimonio fehaciente y genuino de la persistente supervivencia y la consistente dinámica que GONG, como entidad musical, concreta a cada paso de su vida creativa. “The Universe Also Collapses” ha sido publicado en CD y en vinilo (tanto en color negro como en edición limitada de color rojo). Kavus Torabi, el líder designado por el propio Dævid Allen para mantener viva la llama de las hogueras sonoras y auroras espirituales del Planeta Gong, escribe todas las letras y, claro está, también se hace cargo del canto, las guitarras eléctrica y acústica, y el armonio. Completan el actual universo humano de GONG Dave Sturt [bajo, sintetizador y canto], Cheb Nettles [batería, píano, Theremin y canto], Fabio Golfetti [guitarra eléctrica, guitarra Glissando y canto] e Ian East [saxofones soprano, tenor y barítono, flauta y clarinete bajo]. Se trata exactamente de la misma alineación de “Rejoice! I’m Dead!” (2016), el primer disco que este paradigmático y drásticamente remodelado ensamble publicó tras la muerte de Dævid Allen. Pero no se trata solo de que Allen dirigiera en sus últimos meses de vida la obligada reestructuración de la banda para que tuviese vida propia tras su partida de este mundo terrenal, sino que los Sres. Toravi, Golfetti, East y Sturt ya eran elementos relevantes fuertemente creativos en “I See You” (2014), el último disco con Allen a la cabeza. Si “Rejoice! I’m Dead!” fue el primer paso valiente en este periodo de nuevas aperturas prog-psicodélicas eclécticas sin los aportes compositivos de Allen, “The Universe Also Collapses” resulta ser la gesta de la validación definitiva de este mismo periodo. Hay notables aires de familia con los esquemas sonoros y atmósferas predominantes del disco precedente en el repertorio de este nuevo disco, pero también se nota un énfasis en el explayamiento en la reformulación de recursos y esquemas de la psicodelia de vieja escuela. De esta forma, el resultado se concreta en un disco donde lo reflexivo es la temática predominante en las letras y la mayor parte de los ambientes y encuadres instrumentales. Bueno, veamos cómo se traduce todo esto en los detalles de cada canción del disco. 


Toda la primera mitad del álbum está ocupada por ‘Forever Reoccurring’, pieza que se extiende hacia una ambiciosa duración de más de 20 ½ minutos. Sus primeros instantes se prolongan a través de una flotante cadencia etérea minimalista elaborada por una confluencia de sintetizador, efectos glissando de guitarra y el eco envolvente de una nota de guitarra: con la irrupción de algunos cristalinos efectos de sintetizador y el inicio del canto, la zona sonora se encuadra poco a poco para lo que ha de ser el asentamiento del primer cuerpo central del bloque instrumental. Poco antes de pasar por la frontera del cuarto minuto y medio, la dupla rítmica entra a tallar con un compás de 15/8 inmersa en vibraciones jazzeras. El armazón musical gana en exquisitez mientras preserva su prestancia cósmica, y ya cuando el saxo y la guitarra solista entran a tallar, el momentum termina de armarse a fin de que el grupo pueda explorar genuinamente varias de las dimensiones enérgicas de su voz propia. Un ejercicio tremendamente efectivo de psicodelia progresivo muy leal a la tradición de GONG y, a la vez, consistente con el estado actual de la vanguardia rockera. Algunos estándares arquitectónicos de saxofón y guitarra impulsan recursos de renovada agilidad para las instancias finales de este interludio magnificado antes de pasar a una nueva sección serena. El swing es preciso y exuberante, posibilitando así que en un nuevo pasaje instrumental las cosas se vuelvan a intensificar dentro de un esquema regido por el pulso de la elegancia y el nervio de la sofisticación jazz-progresiva. De hecho, se puede decir que entre los minutos 13 y 15 ½ de ‘Forever Reocurring’ tenemos parte de la mejor labor del baterista en todo el disco. Poco antes de llegar a la frontera del decimosexto minuto llegamos al momento en que hay que armar la sección epilogar. Tras una breve fanfarria muy a lo Canterbury guiada por la tríada de las dos guitarras y el saxo, el ensamble vira hacia una labor de síntesis entre las atmósferas más etéreas y las más enérgicas, recreando buena parte del lirismo reinante en la sección precedente mientras añade nuevas dosis de musculatura a los recursos enérgicos. Hay una sensación de sobria algarabía mientras las líneas de los vientos y las labores de las guitarras en los riffs y bases armónicas dirigen el camino hasta el golpe final. El ornamento sintetizado de los últimos segundos se siente travieso y entrañable a la vez. ¡Qué enorme inicio de disco!     

Con sus poco más de 2 minutos de espacio, ‘If Never I’m And Ever You’ expone un dinamismo contagioso y llamativo sobre una ingeniería rítmica razonablemente compleja. Todo está muy bien orquestado en la manera en que el ensamble exhibe una compacta fraternidad en el manejo de las síncopas. Más que un simple tema más dentro del abundante catálogo de GONG, esta pieza ha sido una breve cátedra de cómo hacer música psicodélica con talante progresivo e inspiradas vibraciones jazz-rockeras. Qué tema tan bueno y qué pena que no dure más, pero así son las cosas y el terreno está ahora preparado para la emergencia de ‘My Sawtooth Wake’. Recibiendo el impacto de la prestancia vitalista de la pieza precedente pero dándole una vivacidad más directa, el jam inicial se proyecta hacia una luminosidad pintoresca alimentada por una grácil rimbombancia. Para las partes cantadas, el ensamble se constriñe a fin de permitir que el mensaje explícito de la letra haga gala de su ceremonioso mensaje. Es en estos pasajes donde el grupo vuelve a lucir su refinada cohesión interna pues la sintonía exigida en momentos de constricción colectiva obliga a los músicos involucrados a fusionar sus mentes en una sola en busca de una sutileza unitaria. Las partes cantadas van cambiando de estructura melódica, siendo la quinta un poco más tensa que las otras en lo que se refiere a los ornamentos que emplea la batería para sustentar el swing en curso. Poco antes de llegar a la frontera del séptimo minuto y medio, el quinteto ya está presto a explorar y activar las aristas más vigorosas del cuerpo central. Se nos viene el solo de saxofón más filudo y neurótico de todo el álbum, un pasaje particularmente notable dentro de una pieza cuya consigna es la de movilizar las sacudidas y los traqueteos más aguerridos del espíritu. Ya otras partes cantadas posteriores asumen un aire más dadaísta sin desatarse, pues todavía hay un predominio de la faceta sutil cuando interviene el canto. Para los pasajes finales, el vigor rockero se constriñe un poco y el bloque sonoro global asume un aura señorial irrefrenable. Los últimos 6 ¼ minutos del repertorio están ocupados por ‘The Elemental’, una canción que nos remite a paisajes musicales retro en su motif principal, el cual sigue las pautas básicas de una canción pop-rockera psicodélica de fines de los 60s, añadiéndose algo de la magia saltarina de los dos primeros álbumes de GONG y la calidez melódica del primer disco de CARAVAN (por qué no, también algo del primer disco de SOFT MACHINE). Eso sí, las dos guitarras establecen un empuje renovador al asunto, y cuando ellas entran en un duelo de refinados solos cerca del final, el gancho esencial de la canción recibe un colorido extra. Mientras el cántico conclusivo enfatiza repetidamente el impulso vitalista de que la única realidad es el momento actual (“Remember there is only NOW”) el brío expresivo de la canción culmina con inapelable primor: efectividad máxima es la que producen ese golpe rotundo y esa palabra cortante en el momento final.    



Con lo mostrado en “The Universe Also Collapses”, el colectivo vigente del planeta musical de GONG ha demostrado con creces que su misión sigue alentando nueva vida para la vanguardia rockera de nuestros días. Su llama creativa es el antídoto total contra cualquier tipo de colapso en nombre de una permanente situación de expansión. GONG siempre fue y seguirá siendo por siempre jamás una fuerza universal.


Muestra de “The Universe Also Collapses”.-

The Elemental [radio edit]: https://www.youtube.com/watch?v=VQQbIi4Xc5E

Saturday, May 18, 2019

DAAL: remodelando un origami sonoro progresivo



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Con algo de demora (tal vez mucha)  “Navels Falling Into A Living Origami”. El personal de DAAL, que sigue estando encarnado en el dúo de Alfio Costa [teclados, piano y mellotrón] y Davide Guidoni [batería, percusiones, loops y soundscapes], ha contado aquí con las colaboraciones de Guglielmo Mariotti al canto; Simone Montrucchio, al bajo; Lorenzo Fasanelli y Marcella Arganese, a las guitarras; Salvatore Lazzara, a las guitarras y el ehru, y; Mir Khista, al violín. Es el más experimental de los dos discos que el dúo publicó el 8 de octubre del pasado año 2018 (siendo el otro “Decalogue Of Darkness”) pues consta de una extensa suite de casi 49 ½ minutos donde se hace una suerte de collage de ideas musicales contenidas en discos precedentes, asociándolas con algunas nuevas ideas melódicas, y sobre todo, atmósferas abstractas y ambientales en claros ejercicios de coqueteo con la electrónica pionera de los 70s y el krautrock sintetizado. También se notan algunas ocasionales excursiones space-rockeras en esta obra que, ante todo, tiene toda la apariencia de ser una experiencia de aprendizaje desarrollada “al aire libre” para que cualquiera que pase por allí y sienta algo de curiosidad se detenga a escuchar lo que pasa. El título del disco es, de por sí, revelador, pues fusiona los títulos de trabajos anteriores como son“Disorganicorigami”, “Destruktive Actions Affect Livings” y “Dances Of The Drastic Navels” (de los años 2009, 2011 y 2014, respectivamente). Pues bueno, ahora nos ponemos a describir lo que va pasando a lo largo de “Navels Falling Into A Living Origami”.


El sonido de un fuerte vendaval y los aleteos de enormes figuras espectrales nos dan la bienvenida a esta ambiciosa suite para que, al poco rato, tras la intervención de unos efectos en reversa, surja el primer motif con el encuadre de acordes de guitarras acústicas y capas de mellotrones. El ambiente general es sombrío y sereno a la vez, como si se tratara del reflejo sonoro de un momento de reflexión realizado por un alma errante en alguno de los rincones más nebulosos del Purgatorio. Una rara mezcla del GENESIS de la época 70-71 y el paradigma de ANEKDOTEN (los dos primeros álbumes). Tras otro interludio focalizado en cortinas procesadas en reversa, a poco de llegar a la frontera del sexto minuto emerge el segundo motif, el cual ostenta unas vibraciones Floydianas inmersas en un soliloquio cósmico donde lo etéreo es el factor dominante. Los fraseos de la guitarra suenan muy a lo DAVE GILMOUR, mas pronto advertimos que estábamos atravesando por el primero de dos preludios a una sección más propiamente desarrollada ulterior. El segundo preludio exhibe un conciso espectro de densidades fastuosas y aguerridas antes de que la siguiente sección desarrollada se enfile hacia un grácil ejercicio de sinfonismo donde los teclados asumen un rol crucial a la hora de gestar y sustentar una atmósfera envolvente y ensoñadora. La siguiente sección recoge este espíritu para darle un viraje fusionesco-electrónico al asunto (al modo de unos DEAD CAN DANCE remodelados con recursos nu-jazzeros), y al finiquitarse ésta, otra nueva sección establece una atmósfera misteriosa que coquetea levemente con lo tétrico en lo que parece una mezcla de sinfonismo, space-rock estilizado y krautrock electrónico de matices amables. Ya una vez que los músicos han atravesado la frontera del vigésimo minuto, el potencial psicodélico expuesto y desarrollado en las dos secciones precedentes asume un rol más robusto. Lo que se hace explícito parece una danza ritual donde se celebra la anunciada irrupción de alguna fuerza superior que brotará desde detrás de un velo de Maya. El gran peso de la batería y las percusiones contrasta con el talante surrealista marcado por los retazos flotantes del ehru y el violín; mientras tanto, los sintetizadores reafirman el factor krautrockero cuya presencia ya advertimos en una sección precedente.

A poco de pasada la frontera del minuto 24, el ensamble se enfila hacia un pasaje lánguido que ya exhibe cadencias y tonalidades tétricos, aunque la sobriedad aludida en el lento esquema rítmico y el carácter electrónico del arreglo instrumental global impiden que esos aires tétricos se tornen absorbentes o arrolladores. Más perturbador es el caótico juego de deconstructivas capas instrumentales y densos efectos especiales que seguirá a continuación para instaurar una nueva versión del oscurantismo ya reinante de una manera más abstracta. Las guitarras flotan al modo de los experimentos con soundscapes de ROBERT FRIPP mientras que los diferentes armazones de los teclados nos remiten a un horizonte híbrido de los TANGERINE DREAM de mediados de los 70s y el VANGELIS de fines de los 70s. Una vez preparado el terreno para que el piano elabore unas bases armónicas tensas e inquietantes, la banda se detiene a explorar ambientes introspectivos que al principio parecían enrumbarse por una nueva travesía de introversiones oscurantistas, pero que, a fin de cuentas, desembarcan en algo melancólico y vulnerable, a veces definiéndose por senderos relajantes. Las líneas de la guitarra ostentan una vibración poética mientras el nuevo motif se va desarrollando con tonalidades impresionistas. Una vez terminada esta sección donde la guitarra porta la voz cantante, los teclados y efectos inundan todo con solipsista autosuficiencia, primero encaminándose hacia un paisaje de ensoñaciones celestiales, y en una siguiente instancia, operando con un retorno masivo a la elasticidad electrónica de inspiración krautrockera. En medio de las reinantes y cruciales capas, ornamentos y proyecciones electrónicas, emerge en algún momento una serie de punteos del ehru: esta vez no es el arco sino el pizzicato quien genera estos vaivenes exóticos que caen como gotas de rocío. Los últimos minutos de la suite sirven para que vuelva el primer motif, esta vez con un lugar predominante para la guitarra eléctrica y un rol razonablemente importante del canto. El mellotrón llena espacios con convincente plenitud mientras este motif final va preparando su camino hacia el fade-out: de este modo, el epílogo muestra su solvente señorío persistentemente mientras sus últimos empellones fluviales desembocan en el mar de la nada. 



Todo eso fue lo que la gente de DAAL nos brindó en “Navels Falling Into A Living Origami”, una obra que desarrolla una dinámica crucialmente amalgamada entre la reconsideración de viejas ideas musicales y la canalización de nuevas estrategias sonoras. Posiblemente tenemos aquí una delcaración de principios sobre nuevos rumbos a seguir en el futuro cercano o tan solo un experimento de un momento específico... el tiempo lo determinará. Lo que sí nos queda claro es que se trata de una obra estupenda que suma en el muy buen nombre que desde hace varios años tiene DAAL en la escena progresiva del nuevo milenio.



Friday, May 17, 2019

DAAL y su decálogo de lugares oscuros



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da el turno para hablar sobre el disco “Decalogue Of Darkness” del dúo italiano DAAL, uno de sus dos trabajos publicado en el pasado año 2018; el otro fue “Navels Falling Into A Living Origami” y ambos fueron publicados en el mismo día, el 8 de octubre del 2018El concepto del disco fue planificado por los integrantes del grupo, Alfio Costa y Davide Guidone, con música escrita por el primero de ellos. El repertorio de diez temas (o capítulos) de “Decalogue Of Darkness” en los TL Studios de la localidad de bergamos, entre los meses de enero y abril del año 2018. Costa se hizo cargo del mellotrón, el piano, los sintetizadores y efectos de sonido, mientras que Guidone hizo lo propio con la batería, las percusiones, los efectos de sonido y los samplers. A lo largo del disco, los DAAL fueron acompañados por Ettore Salati (guitarras) y Bobo Aiolfi (bajos). El material de este disco fue grabado y mezclado entre los meses de enero y abril del año 2018 en los TL Studios de Bergamo, realizándose las labores de masterización en el mismo mes de abril. El trabajo realizado en “Navels Falling Into A Living Origami” – disco publicado, como ya dijimos, en el mismo día que “Decalogue Of Darkness” – sirvió para que el dúo pudiese orquestar y reavivar sus energías combinadas para gestar, al fin y al cabo, otro excelente ítem dentro de una discografía que hasta ahora no conoce altibajos. Adelantamos que este disco nos gusta muchísimo y que afianza nuestra admiración por el aporte que hacen los Sres. Costa y Guidoni a la actual escena progresiva, pero mejor vayamos de una vez a los detalles de este disco. 



‘Chapter I’ pone en marcha las cosas con poco más de 6 ¼ minutos de ceremoniosidad prog-sinfónica en estado puro, explayándose en mecanismos de elegancia melódica desde las que se proyecta un espíritu grisáceo y una ambientación otoñal. El empleo de compases de 7/8 en ciertos momentos añade un color sofisticado al asunto mientras la ilación temática se mantiene compacta. Los arreglos orquestales organizados por los teclados son simplemente hermosos. ‘Chapter II’ es el ítem más extenso del álbum con sus casi 16 ½ minutos de duración. Solemnidad y densidad se encapsulan y mezclan dentro del encuadre sonoro dentro del cual se arma el primer cuerpo central de la pieza. El empleo de compases marciales en varias instancias así como el desarrollo de inquietantes climas siniestros se hace con suma elegancia, haciendo que el horror permanentemente latente haga insinuaciones sobre su potencial poder destructivo bajo un ropaje distinguido. Las capas de teclado que salen al frente a poco de pasada la frontera del séptimo minuto apuntan a una aureola siniestra, siendo así que su principal función es la de servir de puente hacia el segundo cuerpo central, el cual se caracteriza por cabalgar grácilmente sobre un sofisticado esquema rítmico donde los compases inusuales y el generoso uso de síncopas en la labor de la batería determinan la intensidad enigmática del momento. También hay un fabuloso solo de guitarra que despunta como un poderoso rayo de luna. Para las instancias finales, el groove general se torna exultante mientras preserva el carácter flotante del talante oscurantista que se impuso a través de todo el desarrollo melódico. Todo un cénit del disco, no nos cabe duda. Tras este despliegue de magnificencia absoluta llega el turno de ‘Chapter III’, pieza que se concentra en una actitud más constreñida en lo referente a la vitalidad perturbadora mientras que la agilidad inherente al groove general de la pieza hace que lo inquietante se revista de una atractiva luminosidad. Parece una paradoja pero es así. En el caso de ‘Chapter IV’ sí tenemos una pieza explícitamente turbadora, bien situada en una encrucijada entre GOBLIN y PRESENT, con algunos elementos a lo ÄNGLAGÅRD. Los aportes de la guitarra se hacen notar muy expeditamente en medio del rol primordial que tiene las orquestaciones y bases armónicas de los teclados. El epílogo con efectos abstractos de sintetizador y guitarra gesta un inesperado viraje surrealista al asunto, lo cual añade algo de extravagante gallardía a la espiritualidad imperantemente oscurantista de la pieza. Este capítulo conforma otro cénit definitorio del álbum.


   

‘Chapter V’, sobre la base a un lento compás en 7/8, desarrolla recursos de sidéreo secreto que calza muy bien al traducirse en el diálogo permanente entre el moto perpetuo del mellotrón y las escalas dinámicas de la guitarra. Los efectos de sonido y los llamados de la campana que emergen al final hacen relucir lo que hasta entonces había quedado escondido: algo muy lúgubre en los sótanos más recónditos de la psique. ‘Chapter VI’ recibe el impacto del lirismo del Capítulo precedente y lo transporta hacia una magnificencia prog-sinfónica bien cuidada, procurando que no caiga en una fastuosidad gratuita pero explotando con buen pulso el dinamismo preciosista en curso. Las cadencias sumamente reservadas de mellotrón que emergen al final dan la impresión de guardar bajo siete llaves el misterio de algo que se dejó sin decir a propósito a lo largo del aparentemente cálido desarrollo melódico de este Capítulo. Cuando llega el turno de ‘Chapter VII’, el bajo impone la consonancia prologar que al poco rato, con la sucesiva incorporación de los demás instrumentos, se traduce en una mezcla de latidos de corazón y golpes en una puerta. A fin de cuentas, el motif central realiza una mezcla de lo idílico y lo tenebroso mientras se mantiene el talante indescifrable de aquello que pretende entrar e instaurar una zozobra innombrable. La clave de ello está en la combinación de las lacónicas líneas de sintetizador y las refinadas armonías del piano. Cuando llega el turno de ‘Chapter VIII’, se impone el tercer punto álgido del disco, el mismo que se sitúa en la zona de impacto de los legados combinados de los Capítulos Segundo, Cuarto y Sexto. Comenzando con un aura de estilizada cautela en base al hermanamiento de elegantes secuencias disonantes de piano y parcas capas de mellotrón, el ensamble logra transmitir un garbo desasosegado sin mayores aspavientos. Luego, a mitad de camino, el cuerpo principal deriva hacia un sólido dinamismo siniestro que guarda algo de mágico en su atmósfera global. El motivo inicial regresa para el epílogo con delicados ornamentos de guitarra. El penúltimo ítem, ‘Chapter IX’, se centra en el piano, siendo así que este instrumento nos guía por los únicos senderos de melancolía e introspección que existen en el mapa musical del disco. La aureola impresionista y sobria del piano deja que otros recursos sonoros que emulan cellos y fagots se explayen en la manifestación de tristeza mortuoria a la cual alude el corazón del desarrollo temático.


   

Durando poco más de 10 ¼ minutos, ‘Chapter X’ cierra el repertorio. Bien metido en la lógica y el esquematismo del paradigma prog-sinfónico dentro de un esquema rítmico lento, esta pieza refleja con inspirada solvencia una inspirada secuencia de diversas atmósferas que van desde lo introspectivo hasta lo explosivo siempre dentro de un ambiente fastuoso plagado de señorío musical: en su sección inicial, de hecho, recoge los ecos melancólicos del capítulo precedente. Ya más adelante todo adquiere unas tonalidades más aristocráticas, especialmente cuando emerge un contundente solo de guitarra. Cerca del final hay una sección signada por una relativa gracilidad, pero es ante todo el preludio al retorno final a la melancolía envuelta en un ropaje oscurantista (muy a tono, por otro lado, con los capítulos #4 y #7). Todo esto fue “Decalogue Of Darkness”, un decálogo de exploraciones de cuevas y recovecos de algunas de las dimensiones más oscuras del espíritu humano y del cosmos traducidas al lenguaje del sonido: esta hermenéutica sónica tiene toda la exquisitez del rock progresivo que la gente de DAAL sabe manejar muy bien desde siempre. Aunque llegue un poco tarde, aquí va nuestro elogio a la hermosa y vivaz grandilocuencia de este disco que fue uno de los más bellos que se produjeron en el escenario progresivo italiano del año 2018.


Muestras de “Decalogue Of Darkness”.-
Chapter III [video-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=Q6pJ9jYBXfw

Wednesday, May 15, 2019

El corazón indio de Luis Cobo y la MANGLIS COMPÁS MACHINE



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy reseñamos con bastante tardanza “My Indian Heart”, hermoso disco publicado en la primera mitad del pasado año 2018 por el maestro Luis Cobo, “El Manglis”, con el vehículo de MANGLIS COMPÁS MACHINE. Este músico que se hizo inolvidable desde esos dos primeros discos de GUADALQUIVIR (grupo fundamental de la fusión contemporánea andaluza) ha sabido siempre mantener sus mente y sus instintos abiertos a las experimentaciones eclécticas dentro de los derroteros del jazz-rock y la música progresiva con raíces en varios folklores, incluyendo al flamenco, claro está. Asumimos que el título de este disco (un bellísimo disco, nos permitimos adelantar) es una simpática réplica al disco solista de CHICK COREA “My Spanish Heart”Aunque la curiosidad artística del maestro Luis Cobo respecto a la tradición musical de La India data de mucho tiempo antes, todo empezó para el proyecto específico de este disco en el año 2002 cuando el “Manglis” conoció al percusionista singapurense de origen indio Nantha Kumar mientras éste hacía algunas actuaciones Madrid. Cobo se desdobla en múltiples roles a las guitarras eléctricas de 6 y 12 cuerdas, la guitarra acústica, el bajo, el órgano, el sintetizador, la percusión, la voz, las palmas y el canto konnakol. Pero, claro está, le acompaña un numeroso tinglado de geniales colaboradores para la elaboración del repertorio de “My Indian Heart”: allí están el sitarista Subrata De, el cantante Mohsin Ali Khan, el percusionista Nantha Kumar, el baterista Robert Nalin y el violinista Imran Khan. También han colaborado dos de sus viejos amigos de los tiempos de GUADALQUIVIR, el guitarrista Andrés Olaegui y el saxofonista Pedro Ontiveros, además de los siguientes artistas: Jesús Arispont (bajo), Luis Gallo (guitarra flamenca), Carlos Guerra (bansuri), Manuel Reina (batería), Juan Reina (palmas), Chechu Sierra (bajo), Jorge Pardo (flauta), Kike Perdomo (saxos alto y soprano), Jesús Pardo (piano eléctrico, teclados y pad), Pastora Galván (zapateo), Esperanza Bermúdez (jaleos), Ricardo Miño (piano, teclados, cajón y palmas), Manolo Nieto (bajo), Charlie Moreno (bajo), Carita Boronska (voz), Álvaro Ramos (bajo y contrabajo con arco), Manbue lSutil (percusión), Kilema (marovany y katsa) y Javi Losada (órgano). 


Bajo el muy simpático título de ‘Indian Chill Out To Rita Damásio’, el primer tema del álbum ofrece una expansión electrónicamente modernizada de aires indios, tal como dice el título. Tal como ha hecho varias veces MIKE OLDFIELD en parte de su discografía del nuevo milenio, “El Manglis” y su gran gente de apoyo se dedica a explorar llamativos grooves y plácidas atmósferas exóticas en base a un ritmo electrónico que asienta una amable ligereza pop para los sortilegios de sitar y canto que van surgiendo a lo largo del camino. Luego de este simpático punto de arranque sigue la dupla de la pieza homónima y ‘48x8 Bulería’, las cuales ocupan conjuntamente un espacio de 14 ½ minutos. El primero de estos temas mencionados comienza con un talante sigiloso y evocativo, preparando así el terreno para el cuerpo central, el cual se sitúa a medio camino entre el jazz-rock y la electrónica para desarrollar atmósferas fusionescas repletas de magnífica distinción. Lo indio, lo flamenco y lo arábigo se conjugan en una comunión que suena muy modernista sin renunciar al lirismo. Lo que era celebratorio con actitud sencillamente alegre ahora se reviste de moderada solemnidad. El solo de guitarra que se va despidiendo con el fade-out es simplemente fabuloso... ¿Por qué no pudo durar un poco más? Por su parte, ‘48x8 Bulería’ se enfila hacia una mayor densidad expresiva aunque sin perder un ápice de la espiritualidad celebratoria que hasta ahora se mantiene en una posición dominante e imponente. La amplia soltura de la guitarra eléctrica genera uno de sus más exultantes solos en todo el disco, aunque también cabe mencionar el modo en que las percusiones étnicas se destacan dentro del encuadre instrumental global. El cuarto tema del disco, titulado ‘Soleá – Soler’, es el más extenso del mismo con sus más de 12 minutos de duración. Su talante es definitivamente emotivo y evocativo, todo un cambio frente a lo apreciado y gozado en las tres piezas precedentes. Es ahora la guitarra acústica quien adquiere el rol protagónico y saca buen provecho de este momento de pasión lírica a la hora de hacer lucir sus ansias y añoranzas en medio de la atmósfera sobria planteada por el bloque instrumental. En aquellos momentos cuando la guitarra se hace un lado, la flauta coge el relevo y la proporcionan aire más etéreo al núcleo temático (lo mismo vale para una breve intervención cantada). Un cénit monumental del álbum.

‘Compás Machine Bulería’ se encarga de establecer una nueva vía de expresión para la alegría de vivir en un nuevo ejercicio de dinamismos cruzados entre el folklore hinduista y el flamenco en clave fusión. Con el vitalismo de las partes de guitarra y el señorío esencial del sitar tomando turnos en los momentos de protagonismo, el duende inherente al núcleo temático tiene garantizada su claridad de elocuencia. Los colores del bajo también ayudan bastante a la hora de preservar el bien sostenido ensalzamiento de lo fulguroso en esta pieza. Marcado por un rol destacado del piano en la sección prologar que habrá de continuarse durante su inminente cuerpo central, ‘Carcelero – Carcelero’ se caracteriza por establecer una aureola ceremoniosa para su ostensiblemente reflexivo motif. Este clásico inmortal de la música popular andaluza recibe aquí una renovación refrescante desde la que se respeta la pasión originaria. Algunas confluencias con el mundo musical de PAT METHENY y con el copioso legado de CHICK COREA se hacen notar aquí: se puede decir que tenemos aquí el paraje más cosmopolita del álbum, aunque claro está, aquí no se produce ninguna enajenación en relación con la línea de trabajo general del álbum. ‘Sukkiran’ (composición del percusionista Nantha Kumar) sí se sitúa en territorio más cálido y contundente al insertarse directamente en territorio jazz-rockero sobre un llamativo swing funky que nos remite tanto al jazz-prog contemporáneo de unos NIACIN como al estándar de los WEATHER REPORT en sus últimos años. Elegante y marchoso con su preciso toque de preciosista garra. ‘Smile Of The Beyond’ se queda en el área del jazz-rock contemporáneo pero esta vez con un talante contemplativo y solemne. La alteza flotante que “Manglis” brinda a esta versión de uno de los temas del álbum de la MAHAVISHNU ORCHESTRA “Apocalypse” sirve tanto para explorar excelsos matices de la guitarra eléctrica dentro de una atmósfera líricamente envolvente como para sembrar el campo con aras a la ulterior emergencia de ‘Brother Kilema’, la pieza que está a cargo de cerrar el álbum. Ésta aborda un nuevo giro de tuerca al hermanamiento de lo hindú y lo flamenco, esta vez con un rol muy relevante de los teclados, lo cual ayuda a añadir convincentemente retazos propios del discurso progresivo. Por el lado de los aportes del saxo soprano, éstos potencian el talante vitalista de esta pieza que, de por sí, exuda delicadeza cristalina en su enfoque melódico. El solo de guitarra que se prolonga hasta el fade-out es el elemento final dentro de este hermoso ejercicio de plasticidad sonora.

Todo esto fue “My Indian Heart”, una gozada rotunda que nos brindó el personal de la MANGLIS COMPÁS MACHINE. Bajo la guía de la inteligencia estética y las intuiciones de esa leyenda viviente que es Luis Cobo, toda la congregación de maestros agrupados para la realización de este repertorio concretó una labor bordada y pletórica de vibraciones exquisitas. Este disco ha de pasar a la historia como una de las joyas más alucinantes de la fusión contemporánea que se hayan hecho en España y en cualquier parte del mundo en las últimas dos décadas. 
  

Muestras de “My Indian Heart”.-