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Tuesday, May 11, 2010

Los caminos actuales del jazz progresivo: desde Noruega, ELEPHANT9



HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

ELEPHANT9 es el nombre del ensamble noruego formado por Ståle Storløkken a los teclados, Nikolai Hængsle Eilertsen al bajo y Torstein Lofthus a la batería: siendo ellos miembros de bandas tan diversas como SUPERSILENT (free-jazz ecléctico), SHINING (R.I.O. de tendencias metaleras) y THE NATIONAL BANK (rock indie), el resultado de su asociación es este power-trío de jazz progresivo que ya ha cosechado elogios a lo largo de sus cortos tres años de existencia en curso. El núcleo sónico de ELEPHANT9 se enmarca convinventemente bajo las pautas del jazz-rock contemporáneo a lo NIACIN, además de influencias inspiradas en la vieja escuela de jazz-fusión 70era (la faceta más agresiva). El resultado es bastante robusto, para lo cual ayuda el empleo bastante habitual de texturas experimentales y atmósferas psicodélicas. El trío está a sus anchas explorando ambientes y atmósferas variadas, pero suele tomarse su tiempo para terminar de explotar cada idea; las creaciones musicales se desarrollan en jams, no hay una labor meticulosamente melódica en las piezas que conforman sus hasta discos “DodoVoodoo” (2008) y “Walk The Nile” (2010). Es este último que pasamos a reseñar inmediatamente.


El tema de apertura ‘Fugl Fønix’ instala una secuencia musical ágil sostenida sobre un vibrante compás de 6/8: el trío expone de frente su vitalidad ante los ojos del oyente con un muy inspirado Lofthus que luce su entusiasta destreza con desparpajo y sin tapujos. ‘Aviation comienza con un tenor muy distinto, más introvertido, casi cósmico, basado en cortinas minimalistas de órgano que ocupan el centro del primer minuto y medio. El bajo emite trazos de lo que será la línea básica mientras que la batería empieza a emerger de forma calculada, y uno sabe que no tardará el ensamble en procurar un nuevo viaje jazz-rockero intenso y extrovertido. Una vez más, la mezcla da un espacio importante a la batería de Lofthus pero son las sonoridades emitidas por el teclista Storløkken las que naturalmente conforman el centro neurálgico del desarrollo instrumental. Las huellas de NIACIN están patentes en el swing tan abiertamente dinámico que los ELEPHANT9 saben crear con aparente facilidad... pero con un robusto compromiso con los ideales de la experimentación psicodélica. El tercer tema es justamente el homónimo – una sorpresa musical de 10 minutos de duración cuya estructura sónica está encapsulada en una lánguida atmósfera cósmica. Aquí la cosa a apreciar no está en la composición ni en el gancho sino en la consistente complacencia en climas misteriosos y expectantes que aluden a paisajes intergalácticos y nebulosas surrealistas. ¿Cómo describir este tema? Un traslado de los espíritus del TANGERINE DREAM de “Phaedra” y CLUSTER a la faceta más abiertamente deconstructivista del WEATHER REPORT pre- Pastorius, con añadidas sazones de post-rock “reciclado”. Ha sonado muy extravagante, y quién sabe si ha tenido algo de sentido, pero es lo mejor que se nos ocurre por ahora.


El cuarto tema ‘Hardcore Orientale’ nos devuelve a una vibración más abierta, semejante a la del primer tema: aunque comienza con una dosis un poco menor de calidez, las cosas van pasando a incrementados niveles de intensidad que hacen que el último minuto sea realmente pletórico. ‘Habanera Rocket’ nos trae otro momento de largo desarrollo musical (casi un cuarto de hora) y filuda experimentación espacial. Durante los primeros minutos, el trío elabora un clima hipnótico y cadencioso que no se halla muy lejano de AGITATION FREE o EXMAGMA: la dupla de Eilertsen y Lofthus opera como una maquinaria impecable. La mecánica monotonía – solo rota por las sobrias improvisaciones armónicas a cargo del órgano – establece un aura expectante que finalmente vira hacia un groove exquisito e irresistible: el bajo de Eilertsen dibuja un loop que no podría ser mejorado por sintetizador alguno. Poco antes de llegar al minuto 10, el esquema rítmico muta hacia cadencias fusionescas mientras que los aportes del teclado y del bajo transitan por suaves climas cósmicos: ELEPHANT9 también se da maña para experimentar con atmósferas de corte free-jazz, según parece. La coda llega con una breve retoma del segundo motivo con añadidos matices psicodélicos. El disco termina con una pieza como ‘John Tinnick’ que se explaya sólidamente sobre un compás frenético impetuosamente armado con precisión arquitectónica: los riffs y efectos varios que se emiten desde el Hammond son intensos y llamativos.


Como balance general, “Walk The Nile” me resulta un disco bastante llamativo, un muy buen síntoma de que todavía existe un enorme potencial para la polenta y la renovación en el escenario mundial del jazz-rock y el progresivo de base jazzera. Desde las frías tierras escandinavas emerge ELEPHANT9 como un pozo de sonoridades abrasivas. ¡¡Recomendado para la lista de más destacados del año 2010!!

Saturday, May 16, 2009

GARGAMEL asciende con "Descending", gran obra prog para el año 2009

HOLA AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.
Siguiendo con nuestra exploración de los aportes recientes que varios grupos están dando al género progresivo con sus discos de 2009, nos topamos ahora con el ensamble noruego GARGAMEL, que para su segunda obra fonográfica “Descending” pasa a ser un cuarteto después de haber sido un quinteto para su disco debut oficial “Watch For the Umbles”.

‘Descending’, el tema homónimo, ocupa los casi primeros 10 minutos del álbum, focalizándose en climas un tanto cáusticos, al modo de un AREKNAMÉS menos endurecido mezclado con el ANEKDOTEN post-“From Within” y el esquema cósmico de METROGNOME. Los viajes instrumentales que se destacan entre los pasajes cantados no son excesivamente complejos pero sí logran edificar una intensa arquitectura neurótica que bebe tanto del VDGG etapa 75-76 como del space-rock y, en menor medida, del stoner. Con la segunda pieza del álbum, la gente de GARGAMEL empieza a soltarse un poco más en sus inquietas búsquedas de sofisticación progresiva: ‘Prevail’, que dura casi 14 minutos, supone un clímax de colorido e intensidad. El tema comienza con un efecto de ventisca psicodélica antes de que el ensamble entre en un robusto despliegue sonoro que me hace recordar a GNIDROLOG en su faceta más agresiva, aunque GARGAMEL lleva esta orientación hacia quiebres un poco más tétricos.
En algún momento, este clima grisáceo al modo de una pesadilla atenuada se traslada hacia atmósferas menos explícitas cuando una procesión liderada por la flauta recrea un aura misteriosa. Con la inclusión de un interludio en clave jazz-rock y el tránsito hacia las siguientes secciones cantadas, ola cosa se pone a tono con la herencia vandergraffiana (una vez más). Poco antes de llegar al noveno minuto y medio, emerge un estupendo clímax semi-cacofónico que, a su vez, desemboca en un épico pasaje cantado en clave de blues progresivo. La incorporación de un solo de trompeta aporta un colorido llamativo al asunto, aunque la mayor responsabilidad de eso está en las calculadamente opresivas cortinas de teclado que se hacen notar sin apelación alguna. ‘Trap’ es la pieza menos larga del disco: comenzando con una cadencia casi tribal en 15/8, la sección intermedia instrumental vira hacia un compás lento antes de que la segunda parte cantada se concentre en una alternancia de psicodelia beat y lánguida solemnidad progresiva.

Los últimos 17 ¾ minutos del disco están ocupados por ‘Labyrinth’, tema que supone un verídico cénit para el disco. Las ceremoniosamente vibrantes cortinas de mellotron y theremin resultan familiares para cualquier melómano familiarizado con el estándar escandinavo, así como el puntilloso esquema rítmico de claras referencias space-rock que completa esta excelente obertura. La primera parte cantada se decanta por un enojo contenido, con un Tom Uglebakken que parece emular a un híbrido de Bowie y Lou Reed. A partir del quinto minuto, el grupo extiende sus pasiones psicodélicas a través de una extensa sección aleatoria que resucita al PINK FLOYD etapa 68-70 y al krautrock en una contundente comunión cósmica. El solo de saxo que se desarrolla desde el minuto 9 abre poco a poco las puertas hacia el proceso instrumental más violento del disco, donde lo cósmico se alía con sonoridades heavy prog y jazz-rock – es como si GARGAMEL quisiera hacer un simultáneo homenaje a KING CRIMSON, EAST OF EDEN y HAWKWIND. Esta explosiva orgía sonora mantiene un sólido nivel de incandescencia que reposa consistentemente en la laboro percusiva de Morten Tornes, así como en los metaleros efluvios que Arne Ton extrae de sus bases y solos de Hammond. El epílogo cantado nos devuelve a un lánguido tempo de ¾, a su vez arrastrando convincentemente el delirio psicodélico que se había estado armando – el añadido del mellotron resulta crucial a la hora de explotar totalmente la efectividad de este epílogo, lo cual redunda en el tipo de broche que debe cerrar “Descending”. Este final tan redondo simboliza muy bien el nivel de musculatura sonora que GARGAMEL ha elaborado en su propio proceso de maduración, ahora manifiesto en este segundo trabajo de estudio. ¡¡Escucha recomendada!!

Friday, July 25, 2008

Metrognom "Twangyluck" (2006)


HOLA AMIGOS PROGRESIVOS, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

En el mismo día en que Joal Paiva, gran amigo progresivo y primo de Autopoietican me presentó a THE GOURISHANKAR, también hico lo propio con el grupo escandinavo METROGNOM, cultor de un sonido complejamente psicodélico, bañado en ambientes que oscilan entre lo denso y lo espacial, coqueteando ampliamente con el jazz-rock más ácido así como con el espíritu lánguido del post-rock, añadiendo ciertas dosis de la tensión expansiva de un VAN DER GRAAF GENERATOR. Quinteto noruego, su disco “Twangyluck” (2006) es clave para comprender los niveles de energía y creatividad que tienen lugar hoy en día en la marginalidad progresiva escandinava ahora que ANEKDOTEN no es lo que era antes, LANDBERK y ANGLAGARD son historia, y WHITE WILLOW está que no se decide a resucitar de una buena vez.

Aquí transcribo una reseña que originalmente publiqué en La Caja de Música en agosto de 2007. Espero que sea de su interés.

“La labor instrumental dell quinteto METROGNOM se caracteriza por su garra y por la consistencia con la que pueden sostener sus jams, los mismos que constantemente oscilan entre pasajes que tienden hacia lo aguerrido y otros donde se da notable prioridad a atmósferas flotantes. El repertorio revela una actitud muy ambiciosa a la hora de enarbolar ideas musicales y disponerlas en sus correspondientes arreglos: tres temas que oscilan entre los casi 14 minutos y casi 15 minutos de duración más uno que dura más de 20. El grupo se las apaña para mantener el interés en sus viajes instrumentales sin que los instrumentos melódicos (guitarra, saxos, teclados) se manden con pirotecnias ni sobregrabaciones exaltadas: estos ítems se concentran más en ambientes y estructuras armónicas, aunque cabe señalar que casi todos los fraseos solistas de saxo tienen una connotación jazzera muy oportuna para calibrar las armazones sonoras de la guitarra y el teclado de turno. Más bien, gracias a esto sucede que la sección rítmica se hace notar de una manera especial, y esto es algo bueno, pues su labor está muy inspirada en lo que se refiere a asentar las bases para las diversas secciones que se suceden en el repertorio. Al igual que muchos grupos escandinavos, la presencia de instrumentos prototípicamente añejos como el Mini-Moog, Theremin, mellotron, el sintetizador Akai (una reliquia en el sentido más literal de la palabra), así como del Hammond, juega un rol tremendamente gravitante en la elaboración de los vuelos instrumentales.

El tema de apertura ‘Max Planet (incl. The Sudden Turbulent Landing Procedure)’ comienza con un anuncio cuasi-robótico muy a lo HAWKWIND en su etapa más lisérgica, para luego dar lugar a un motivo en 6/8 que es todo un homenaje clónico al legendario himno progresivo ‘Watcher of the Skies’ de GENESIS, pero como si fuera ejecutado por un combo de músicos donde alternan miembros de ANEKDOTEN y LANDBERK, acompañados de Tim Blake (de GONG) y con ciertas pautas vandergraafianas completando algunas sutilezas del espectro sonoro. Su gancho y potencia lo convierten en una apertura adecuada para el disco, pero desde ya vale indicar que se trata del tema menos impresionante en lo relativo al manejo de variantes y recursos diversos en el desarrollo. Los tres temas restantes tienen mucho más de estos elementos. ‘Ten Peppermint Butterflies in a Ray of Moonlight’ comienza con una secuencia de leves sonidos causales al modo de estar probando la afinación de la guitarra y del saxofón, cuando el batallón completo entra a tallar con el motivo central, sólidamente llevado por la guitarra mientras que las capas y adornos de los sintetizadores sopesan aires cósmicos y texturas de carácter sinfónico, con matices tenebrosos muy propios de la línea germana de ELOY y NOVALIS. Cuando llegamos a la sección lenta, llegamos a un extenso momento ceremonioso marcado por una mesurada pastosidad: los rasgueos de guitarra acústica y las cortinas de mellotron dirigen el asunto mientras los solos de saxo y adornos de sintetizador explotan las alusiones de manera efectiva. Con el regreso de la sección principal tenemos una sólida recuperación de la dimensión más filuda de METROGNOM, bien encuadrada entre los alucinados fraseos del sintetizador y la esforzada labor percusiva del baterista, añadiendo algunos toques de tenor jazz-rock mientras nos acercamos al final. El final llega en forma de coda de guitarra acústica a la cual se suman climas distantes creados por los teclados.

El tercer tema es ‘Opening Ceremony to the Trolls Seventeenth Olympic Games’, donde el grupo vuelve a explorar sendas sonoras semejantes a las del primer tema, aunque con una vibración más dinámica y un mayor tesón en el armado de la diversidad de ambientes y los giros de compás. También hay espacio para momentos acústicos tenues, y de hecho, se logra en éstos una ambientación más introspectiva que en la pieza anterior, pues estos pasajes se concentran en lo evocativo y nunca se mandan hacia sonoridades fastuosas. La entrada abrupta de un pasaje inquietante está bien lograda, como una brevísima tormenta musical que opera como puente entre el pasaje acústico y el retorno de la faceta eléctrica del grupo. Los últimos 21 ½ minutos del disco están ocupados por ‘Tellus Will Tell Us Its Will’, el cual tiene una introducción de chapoteos de agua y una brisa misteriosa. El motivo de arranque es un pasaje lento y lánguido, algo así como una cruza entre el ‘Echoes’ de PINK FLOYD y el estándar del post-rock. Luego llegan los pasajes más frenéticos, en donde los músicos exploran su progresivo psicodélico ya familiar para el oyente. La alternancia entre secciones lentas y extrovertidas es manejada con excelente oficio por la banda. Uno de los detalles más significativos de este tema es la inclusión de vibraciones jazzeras en buena parte de su segunda mitad, las cuales nos pueden recordar un poco a COLOSSEUM o GNIDROLOG (más que al Canterbury o al jazz vangardista norteamericano).