HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
Hoy se da la ocasión de presentar un excelente disco resultado de la asociación de cuatro mentes veteranas en las vanguardias del jazz y el rock. SLOW ACCORDION es el nombre de esta congregación y sus integrantes son Oliver Wood [guitarras], Ted Pecchio [bajo], Mark Raudabaugh [batería] y Matt Glassmeyer [piano eléctrico Wurlitzer y percusión], todos ellos residentes en Nashville, Tennessee, y amigos de toda la vida. El nombre del disco es igual que el del ensamble y fue publicado el 17 de julio último por el sello Royal Potato Family Records en vinilo. El material contenido en “Slow Accordion” brotó de sesiones totalmente improvisadas; los cuatro amigos se juntaron en el estudio sin ideas preconcebidas, aunque se nota que el jazz-rock es el referente principal para sus amalgamas sonoras: también hay índices psicodélicos, avant-progresivos y fusionescos dentro de esta generación espontánea de dinamismos experimentales. Veamos ahora los detalles del repertorio de este disco que hoy nos convoca.
‘‘71’ abre el repertorio con un jam efectivo que se encuadra dentro de un groove sólido en clave jazz-rockera. La adustez de los efectos ácidos que dignan los fraseos de la guitarra plantean un eficaz contraste frente a la calidez de las líneas de bajo. La labor del piano eléctrico se centra mayormente en llenar varios espacios de la ingeniería rítmica. Cerca del final, un momento de entusiasmo expresionista marcará una envolvente agitación antes de que todo desemboque en un retoma del swing originario. ‘Easy Rock sigue a continuación para seguir adelante con el índice señalado por la pieza inaugural, esta vez con un swing un poco más vivaz y un mayor fulgor operando en el armazón común, un fulgor que se expresa de manera un tanto maquinista la mayor parte del tiempo. La cosa es que la controlada densidad del primer tema es reemplazada por una luminosidad grácil mientras mantiene una estrategia de trabajo similar. El lenguaje de SLOW ACCORDION ha establecido ya su vocabulario nuclear y lo que sigue se edifica a partir de este enclave con oportunas variantes a lo largo del camino; así, la díada subsiguiente de ‘Castle’ y ‘Lento’ nos seguirá mostrando la especial alquimia colectiva de este cuarteto. El primero de estos temas mencionados se enfila por una senda de relajada serenidad donde el lenguaje del jazz se deja penetrar por aires grisáceos de talante post-rockero. El vitalismo notoriamente domesticado de los fraseos de la guitarra encuentra en varias ocasiones una oportuna complicidad en los galantes ornamentos del piano eléctrico; en algún momento, éste asume el rol protagónico. La dupla rítmica afianza continuamente su estilizado swing, el cual llega a aumentar tímidamente su mesurada musculatura en cierto paraje del último tercio a fin de motivar un fulgor renovado para el armazón musical. ‘Lento’, por su parte, proyecta un aura a lo nu-jazz con su oportuno que de psicodelia. El groove reposado siempre preserva un enfoque complejo para el bloque sonoro; aquí no está la serenidad de la pieza precedente, sino una traza orgullosa que expresa una inquietud contemplativa. El rol del bajo también es más imperioso que en ‘Castle’, llena más espacios mientras la guitarra y el piano eléctrico asumen un talante seriamente asertivo. Un cénit del repertorio; también es, de hecho, la pieza más extensa con sus casi 8 ¾ minutos de duración.
‘Skink’ dura apenas un minuto y medio, incluso menos. Su misión consiste en plantear un recurso de coqueteo con la fusión latina dentro de una recta preservación de la férrea garra grupal. Un jolgorio bastante llamativo para el poco tiempo de que se dispuso. ‘Mettle’ comienza tomando el testigo de ágil garbo de la pieza precedente, incluso insuflándole una dosis extra de sofisticación. Una vez pasado su ecuador, la pieza asume una incrementada musculatura para adentrarse en las aguas del punk-jazz con la adición de algunos matices de math-rock que hacen que el groove central asuma una especie de refinamiento neurótico. La sección final es señorialmente intensa, logrando redondear otro cénit del álbum. ‘When To Hug A Stranger’ es la pieza encargada de cerrar el repertorio y lo hace abandonándose a una deconstrucción donde los instrumentos actuantes van tanteando caminos que no conducen a un encuentro bien definido, sino a una sinergia surrealista donde el entramado obedece a una lógica alevosamente hermética. Es algo insistentemente atomizado donde los espacios vacíos resultan predominantes dentro de la líquida arquitectura sónica en curso. En conclusión, SLOW ACCORDION y “Slow Accordion” son dos puntos de referencia importantes de anotar en nuestras agendas de exploraciones melómanas para este año 2026. Los que nos han brindados los maestros Oliver Wood, Ted Pecchio, Mark Raudabaugh y Matt Glassmeyer es una obra magnífica que dignifica a lo grande el ideal de la vanguardia jazz-rockera de nuestros tiempos. ¡Totalmente recomendable!
Muestras de “Slow Accordion”.-



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