Hoy presentamos una novedad especial desde la vanguardia francesa de hoy en día: el nuevo disco de larga duración del grupo MONSIEUR THIBAULT. “Port-Cucu” es el título del mismo y su fecha de publicación data del 3 de abril pasado, tanto en formato digital como en vinilo. Este ensamble actualmente conformado por Míriam Bovis [bajo y voz], Philippe Delgrange [bajo, vibraphonette y voz], Frédéric L’Homme [batería, sintetizadores y voz] y Paul Muszynski [guitarras y voz] cultiva una modalidad ágil y traviesa de avant-prog que absorbe elementos de jazz-rock experimental y math-rock. Para este disco, el cuarteto recibió el apoyo ocasional de Simon Lannoy (cello), J-B Rubin (saxofón barítono) y David Lamblin (trompeta). Charly Mirioz se hizo cargo de dirigir las sesiones de grabación de “Port-Cucu” en el Bora Lustral Studio, además de la mezcla; la ulterior labor de masterización estuvo en manos de Remy Boy. Raoule La Moule hizo el arte gráfica. Repasemos ahora los detalles estrictamente musicales del disco que hoy nos ocupa.
Todo comienza con ‘Ah!’, una exultante
pieza cuyos flagrantes aires de satírica algarabía ya nos ponen en alerta clara sobre el tipo de dinamismo expresivo que será predominante en la misión estética de la banda. A través de un hermanamiento con las bandas compatriotas ULTRA ZOOK y LE GRAND SBAM, el ensamble realiza una labor deconstructiva de unas agitaciones rítmicas que oscilan entre el Latin jazz y la psicodelia, todo ello bajo la guía triangular de batería, guitarra y percusión tonal. Este circo Zappiano asentado sobre un vaivén de plena luz y nocturnidad misteriosa revela un vitalismo muy aventurero que, en principio, debe llamar la atención del oyente prestamente. ‘Cartoone’ sigue a
continuación para llevar esta jovial neurosis hacia un terreno un poco más contenido, no muy lejano del paradigma de los legendarios COS, realzando el potencial jazz-progresivo de un motif engañosamente parsimonioso. Sobre el trasfondo de las ceremoniosas cadencias armadas desde el núcleo de la ingeniería rítmica opera una extroversión situada entre lo burlón y lo mágico. A poco de traspasar la frontera del segundo minuto, emerge un breve puente onírico del cual no tardará de emerger una reconstrucción mucho más aguerrida del motif inicial. Esta vez, con una columna rítmica más asertiva y una garra más suelta de parte de la guitarra, el grupo tiende puentes con el paradigma de BENT KNEE para brindarnos un ejercicio de vibraciones surrealistas cargadas de un espíritu urgente y unas sonoridades alevosamente densas. hay algo de terrorífico aquí, pero no llega a ser tétrico, es más bien como un sortilegio cuyo fulgor está más allá de cualquier racionalización. La estilizada orquestación electrónica del final cierra todo con un recurso dadaísta inesperado. ‘BBT (Beddy-Bye Time)’ se acerca al estándar del blues con trazas de math-rock en su empleo de un groove bastante mecanicista a la hora de instalar la atmósfera central. Ésta comienza con una aureola solemne, pero el ulterior aumento de gracilidad en el swing variable permite a la pieza asumir un talante más sofisticado mientras retiene celosamente su solemnidad fundamental. Siendo el tema más extenso del repertorio
con sus cerca de 7 minutos de duración, ‘Papanari’ desarrolla un peculiar aire festivo donde late algo de ansiedad en medio del jolgorio. La combinación de tonalidades de Latin jazz, síncopas de math-rock y ornamentos cibernéticos hace que los destellos estructurales de la pieza se traduzcan a un gozo señorialmente extravagante. El epílogo nos toma de sorpresa mientras decide aterrizar en un área de flotante minimalismo que ostenta una cualidad etérea, una clausura bastante ingeniosa. En líneas generales, este tema funciona como un cénit fundamental del disco.
‘Maze’ regresa de lleno a la exaltación expresionista del primer tema, esta vez con una musculatura muy aumentada que se sitúa en un híbrido de punk-jazz, math-rock y vanguardia a lo MR. BUNGLE. Tan incendiario como es el encuadre visceral de la composición, se asienta con un hálito distinguido que revela el bien perfilado refinamiento de los arreglos instrumentales. Cuando llega el turno de ‘C’est Bien’, el colectivo decide aumentar la dosis de complejidad en el armazón rítmico mientras regresa a la dimensión más cálida de su visión estética. No falta el delirio lúdico, claro que no. La díada de ‘I-É-Oh-Ah’ y ‘La Meureingue’ trae consigo el cierre del repertorio: ambas piezas duran poco más de 6 ¼ minutos. La primera de ellas comienza con un extraño pero cautivador sortilegio vocal acompañado de suaves gotas de rocío bajo la forma de percusión tonal. Una vez establecido el ensamble entero, su labor se enfila por la senda del jazz-prog a paso firme y con una estilizada estrategia melódica, la misma que incluye algunos parajes intensos. Los complejos fraseos del bajo son cruciales para completar el majestuoso foco sonoro. Otro cénit del álbum. Algunas similitudes hay con el patrón de JAGA JAZZIST. En lo referente a ‘La Meureingue’ ofrece una vivaz síntesis de los grooves centrales de los dos temas precedentes: la vivaracha agudeza de uno atravesada por el señorío sistemático del otro. El empleo de algunos recursos misteriosos en ciertos lugares estratégicos ayuda a realzar la elegancia general. He aquí esta genial travesura musical perpetrada por el ensamble francés MONSIEUR THIBAULT: “Port-Cucu” es un ejemplo perfecto de magna música avant-progresiva para nuestros tiempos. Totalmente recomendable para cualquier buena fonoteca actualizada en propuestas excitantes del rock experimental contemporáneo.
Muestras de “Port-Cucu”.-

