Saturday, August 01, 2026

Las crónicas progresivas del dúo noruego JORDSJØ para el año 2026



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.     

He aquí lo nuevo del ensamble noruego JORDSJØ: “Pestkrønikene”, su séptimo trabajo de estudio exclusivo (el grupo tiene otros dos discos compartidos). La publicación del mencionado disco se dio el pasado 24 de julio por vía del sello Dying Victims Productions, tanto en CD como vinilo (formatos rojo y negro). El dúo conformado por Håkon Oftung [guitarras, flauta, teclados y voz] y Kristian Frøland [batería y percusión] recibió las colaboraciones ocasionales de Jon A. Henriksen (voz y pandereta), Lars Fredrik Frøislie (sí, el mismo de WOBBLER, al sintetizador Minimoog Model D), Andreas Prestmo (voz, también integrantes de WOBBLER) y Kristian Valbo (batería). La salida de este disco sirve para celebrar el décimo aniversario de JORDSJØ, un hito que la banda aprovecha para ostentar un nuevo giro más pesado que le da a su enclave históricamente centrado en el estándar folk-progresivo. El título del disco significa crónicas de la peste y ciertamente hay un dramatismo afín a esa noción en el modo en que los riffs de la guitarra eléctrica y los compases agitados de la ingeniería rítmica suenan tan prevalentes a lo largo del repertorio. De manera general, el disco gira en torno a las grandes lepras de nuestros tiempos: guerra, tensión social, la caída de gobiernos y el nuevo auge de sectas e ideologías excluyentes. En el aspecto técnico, Frøland estuvo a cargo de la producción y la mezcla de “Pestkrønikene”. Veamos ahora los detalles estrictamente musicales del disco. 
 
Durando casi 4 ½ minutos, la pieza homónima abre el repertorio con amplia prestancia. En efecto, ‘Pestkrønikene’ instaura un encuentro entre los mundos de WOBBLER y el maestro Bo Hansson con un gran impacto del factor de rock duro a la hora de concretar el esquema sónico.  En efecto, éste impone su potencia extrovertida para instalar el robusto cuerpo central. El intermedio bucólico pone una breve cuota de introspección lírica en medio del dominante fuego estilizado. Una apertura de álbum con mucho gancho, ojalá hubiera durado un poco más. ‘White Magic’ sigue a continuación para brindar una vivacidad renovada a la visión folk-progresiva que es esencial para el grupo. El cuerpo central, iniciado por un juguetón motivo de guitarra acústica, despliega un aura alegre donde los sobrios fraseos de la guitarra eléctrica añaden un colorido eficaz. El breve interludio reposado aporta una variable pastoral; finalmente, el epílogo vira hacia una solemnidad suntuosa. ‘Seven Heads’ regresa de lleno a la solidez hard-progresiva exhibida en la canción homónima, al modo de una composición perdida de QUATERMASS que pasó por el filtro de los URIAH HEEP de 1971-72. La dupla de ‘Kaosvelde – Vasallens Elegi’ y ‘Kaosveldets Endelikt’ permite al dúo explayarse en su bien definida paleta sonora. El primero de estos temas mencionados es un evocador juego folklórico cuyo emplazamiento padtora recibe interesantes ornamentos oscurantistas de parte de los teclados. Por su parte, el segundo es un animado instrumental rockero donde el grupo juega con agitaciones imponentes sobre un groove bastante intrépido. Las intervenciones del sintetizador ayudan a realzar el filo contundente del ensamble.
 
‘The Awakened’ establece un vínculo con los JETHRO TULL de 1977-78 con añadidos matices a lo DEEP PURPLE, además de una garra refinada afín al paradigma de BRIGHTEYE BRISON. Los solos de guitarra ostentan la elocuencia necesaria para preservar la claridad melódica del momento. ‘Spiritual Lament’ es la pieza más extensa del disco con su espacio de cerca de 5 ¾ minutos. Desde el mismo punto de partida, la pieza demuestra su iniciativa de explorar los recovecos más sofisticados del estándar progresivo. Tras un pasaje prologar ajustado a un tempo inusual, la banda elabora una inspirada alternancia entre pasajes aguerridos y otros más líricos, siendo aquéllos los predominantes. La labor de la dupla rítmica a través de los diversos motivos incrementa la aureola señorial de los índices melódicos. Para nosotros, se trata del momento culminante de este disco. ‘Talisman II’ dura casi 5 minutos y se encarga de cerrar el álbum. Su espíritu expresivo, que ostenta cierto aire de familia con la banda compatriota TUSMØRKE, se enfila por una síntesis de la canción inaugural y la precedente, aunque con una variante un poco más solemne. La sección epilogar despliega una magnificencia aristocrática que brinda al disco el cierre suntuoso que merece. En poco más de 35 minutos, la gente de JORDSJØ nos ha mostrado que sigue siendo una voz fuerte dentro del escenario progresivo noruego de nuestros días. Nos sorprende el grupo con esta musculatura nueva que se exhibe sistemáticamente en la mayor parte de “Pestkrønikene”; de verdad, una obra bastante recomendable. 
 
 
Muestras de “Pestkrønikene”.-