Saturday, November 17, 2018

Eclipses y tempestades en este tiempo de renovación para FLOR DE LOTO



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos la ocasión de presentar el nuevo disco de la ya veterana banda peruana FLOR DE LOTO, la cual, desde su asentamiento en la provincia prog-folk-metalera dentro del gran espectro progresivo que existe en el mundo, va reforzando con cada lanzamiento fonográfico su posición como una de las entidades monarcas de la avanzada rockera de su país. El nuevo disco del quinteto actualmente integrado por Alonso Herrera [voz y guitarras], Alejandro Jarrín [bajo], Sergio “Checho” Cuadros [flauta y vientos andinos], Gabriel Iwasaki [teclados] y Álvaro Escobar [batería], se titula Eclipse”. El disco en cuestión fue presentado oficialmente en un concierto limeño del 16 de noviembre en el Centro Cultural CAFAE. Publicado por el sello Melodic Revolution Records, Roy Z (él mismo músico y también productor bastante cotizado que ha trabajado para IRON MAIDEN, JUDAS PRIEST, HELLOWEEN, etc.) se encargó de las labores de mezcla y producción del material recogido en Eclipse” en los Mountain View Studios de Los Ángeles (California) tras haber pasado una breve temporada en la capital peruana de Lima para dirigir las sesiones de grabación en los Estudios Dragón Verde. Fue todo un proceso de varias etapas que se fue prolongando por bastante tiempo, pero bueno... ya está aquí el disco como una realidad tangible y una nueva manifestación del cosmos musical de FLOR DE LOTO. El EP “Tempestad”, publicado a fines del pasado mes de abril, fungió como adelanto para este disco de larga duración que ahora tenemos en nuestras manos. El mencionado EP incluía versiones acústicas de ‘Hasta El Final’ (un auténtico himno de la banda que se remite al año 2011) y ‘Regresión’, además de dos adelantos del nuevo material como son ‘Locomotive’ y la canción homónima. “Eclipse” es el primer disco en muchos años donde Herrera funge como único guitarrista de la banda, por lo que el legado de preciosista pesadez que hereda del disco precedente “Árbol De la Vida” es manejado con un poco de más de ponderación en lo referente al desarrollo y el explayamiento del músculo rockero en el sonido global.


También es el primer disco donde interviene Cuadros como integrante (reemplazando a Pablo Alayza, quien a su vez había reemplazado al tradicional vientista-charanguista Junior Pacora). Por su parte, Iwasaki, quien ya había colaborado en el disco precedente y apoyado al grupo sobre los escenarios, funge actualmente como miembro oficial (no había teclista permanente en el grupo desde la membrecía que tuvo Daniel López Gutiérrez durante la época 2012-5). El arte gráfica de Estefanía Hernández merece una mención especial por su ingeniosa mezcla de misticismo y fatalismo tanático. También hay que destacar los aportes ocasionales de la violinista Elvira Zhamaletdinova dentro del esquema sonoro de este disco que ahora tenemos en nuestras manos. Bueno, vayamos ahora a los detalles del mismo. La dupla de dos composiciones ajenas ‘El Cóndor Pasa / Locomotive’ sostiene la canción de apertura de “Eclipse”. Claro está, nos referimos a la sección más célebre de la zarzuela peruana de Daniel Alomía Robles que data de inicios del siglo XX y a la penúltima canción del indiscutiblemente clásico cuarto álbum de JETHRO TULL “Aqualung”, ‘Locomotive Breath: para este último caso, se usó una letra en español adaptada por el propio Herrera con razonable lealtad al mensaje de la autosaturación del mundo moderno en manos de la misma humanidad que lo puebla y organiza“En este mundo maldito / Mi batalla va a empezar. / Todos están perdidos, / Su muerte llegará. / Siempre me encuentro en esta guerra, / ¿Será que tiene un final? / ¡Oh!, este tren que nunca para / Al infierno llevará a la humanidad, a la humanidad.” Llegamos ahora a la segunda pieza, ‘Tempestad’, cuya misión consiste en desarrollar una instancia de ruda vitalidad que nos remite a un punto de encuentro entre el paradigma de SYMPHONY X (post-2007) y el de AYREON a través de un filtro Maidenesco: el gancho patente de la canción se explaya creativamente a través de los bien delineados espacios de las mudanzas y los estribillos junto a ciertas vibraciones bélicas instauradas por la dupla rítmica. El intermedio en clave de power metal es desarrollado con impoluta distinción, incluso abriendo espacios para que los vientos no queden opacados en medio del impositivo vendaval eléctrico. ‘Animal’, canción coescrita por Herrera y Roy Z, desarrolla una polenta aún más electrizante que la de la pieza precedente en base a un swing más voraz. La maquinaria rockera descarga su energía metalera bajo la lógica habitual del vitalismo sofisticado, siendo así que la imponente metralla sonora ostenta su fuego agresivo sin pizca alguna de vulgaridad. El solo de sintetizador que desafía a los de guitarra en el pasaje intermedio es realmente alucinante.


  

El tema homónimo inicia una parte del repertorio del disco donde la gente de FLOR DE LOTO expande su núcleo expresivo con un bien enfocado manejo de la persistente garra rockera que ha marcado consistentemente la esencia de la banda junto a la inclusión de matices renovadores dentro de su expansivo esquema estilístico. ‘Eclipse’ traslada todo el vigor heredado de las dos canciones precedentes a una dimensión más épica y con un manejo más caleidoscópico del esquema de trabajo prog-metalero, a la par que preserva la consistente musculatura colectiva. ‘Esclavitud De Tu Ser’ revela un momento de fastuosa celebración progresiva potenciada por el impulso de la sofisticación esencial a la modalidad prog-metalera. Su sección prologar introspectiva permite a la quena y a la amalgama de teclado y bajo orientar las primeras instancias del lirismo nuclear de la canción. Ya poco antes de llegar a la frontera del segundo minuto, el cuerpo central emerge para  instaurar un ágil mezcla de los patrones de IRON MAIDEN y RUSH mientras los vientos andinos se encargan de preservar los matices folklóricos creados para la ocasión. El gancho de la pieza va fluyendo de forma muy natural mientras el grupo maneja su paradigmática energía con elegancia y sobriedad, creando así una equilibrada confluencia de nervio rockero y preciosismo melódico. La letra ostenta un refinado dramatismo: “Si pudieras liberarme de la esclavitud de tu ser, / Si es que acaso me pudieras renacer. / Si tus ojos me envolvieran en el vacío de tu piel. / Si es que acaso volveré.” Cuando llega el turno de ‘Támesis’, el grupo se dispone a dar rienda suelta a sus proyecciones progresivas en base a la confluencia entre lo pesado, lo céltico y lo andino. Esta composición instrumental de Iwasaki se dispara hacia una solventemente estilizada ilación de varios motivos cuya magna envergadura melódica se halla convenientemente encuadrada dentro de una ingeniería prog-sinfónica muy pulidamente organizada. Así las cosas, cada riff, cada solo y cada base armónica se hace sentir mientras se va asentando sobre la versátil labor de la dupla de Jarrín y Escobar. ‘Paraíso’ vuelve de lleno a la energía frontal que ya había impuesto su ley de hierro y fuego en la serie de las canciones segunda a la cuarta, situándose más cerca de ‘Tempestad’ en cuanto al talante general y más cerca de ‘Eclipse en cuanto a la arquitectura sonora



‘Almas Perdidas’ tiene la misión de hacerse eco del fulgor incandescente de la pieza precedente y bajarla a una dimensión más terrenal, un poco más convencional si se quiere, pero sin renunciar a la majestuosidad esencial del grupo. De hecho, los aportes del violín en el pasaje intermedio sirve para eso. Nos acercamos al final del repertorio cuando emerge ‘Eterna Proyección’, que nos lleva al territorio de SYMPHONY X con matices andinos en otra demostración del impacto que ocasionó ‘Tempestad’ en la configuración general del disco: el hermoso solo de quena y la fuerte presencia de los sintetizadores despliegan sus relevantes efigies sonoras en medio de los riffs y solos de guitarra‘Líneas De Nazca’, el  otro instrumental del disco, llega para cerrar el repertorio y lo hace realmente a lo grande. Composición de Herrera que se prolonga por más de 1/4 minutos, esta pieza ostenta una magnificencia sinfónica que está penetrada por un absorbente despliegue de claridad melódica, la misma que cruza estándares del hard rock clásico y el prog sinfónico. Tras un breve preludio de carácter cósmico, la garra rockera se impone dentro de una ingeniería preciosista que permite a los predominantes aires folklóricos y al refinamiento estructural llenar espacios con elegante energía: todo aterriza en una atmósfera contemplativa. Aquí acaba el repertorio oficial de “Eclipse”, mas todavía nos queda un bonus track: la versión en vivo de ‘El Cóndor Pasa / Locomotive’ tal como se tocó en la más reciente edición del RoSFEST (el 6 de mayo, en el Majestic Theater de Gettysburg, Pensilvania). Esto es todo lo que se nos brinda en Eclipse”, un disco que encapsula, condensa e integra este nuevo tiempo de renovación para FLOR DE LOTO, un disco que ayuda a esta entidad ya veterana dentro de de la avanzada rockera peruana a mantenerse en su privilegiado sitial puntero dentro de la escena hispanoamericana.


Muestras de Eclipse”.-

Wednesday, November 14, 2018

THE MESSTHETICS: los funámbulos del nuevo jazz-rock progresivo estadounidense


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da el momento de presentar al trío estadounidense de jazz-rock ecléctico que responde al nombre THE MESSTHETICS y cuyos integrantes son el baterista-percusionista Brendan Canty, el bajista Joe Lally y el guitarrista Anthony Pirog. Los dos primeros han sido los eternos socios de la base rítmica de esa banda paradigmática del post-hardcore que fue FUGAZI, mientras que el tercero es una figura celebrada dentro del circuito del jazz contemporáneo de Washington. Durante la segunda mitad del mes de marzo del presente año 2018, el grupo grabó su álbum de debut, titulado al igual que él. La serie de nueve temas que conforman este disco fue registrada en el estudio de Canty en el año anterior, con muy pocas sobremezclas. Por vía de su básica logística de guitarra, bajo y trío, THE MESSTHETICS practican una rotunda mezcla de jazz-rock, psicodelia de raigambre progresiva, post-rock y rock duro de vieja escuela, dando como resultado una propuesta musica pletórica de carácter donde se combinan lo estructurado con lo improvisado. La soltura es la ley y el vigor es el programa ejecutivo en el régimen artístico que THE MESSTHETICS, cuales excelsos funámbulos, convierten en acto gimnástico para la mente y el corazón. Veamos ahora los detalles que nos brinda el repertorio contenido en 
“The Messthetics”. 



Con la dupla de ‘Mythomania’ y ‘Serpent Tongue’, el trío nos brinda unos reveladores 8 minutos y pico de la mayoría de las coordenadas estilísticas que tiene en mente para la organización y la expansión de su visión musical a lo largo del disco. La pieza de apertura se revela bien instalada bajo las coordenadas híbridas de los KING CRIMSON de los 80s y los STICK MEN sobre la base de un groove jazz-rockero que coquetea levemente con cadencias funky, siendo estas sobriamente extrovertidas a través de su contagiosa agilidad. ‘Serpent Tongue’, por su parte, nos brinda un ejercicio de pletórico frenesí rockero sobre un tempo de 5/4. La guitarra se regodea sólidamente en modismos a lo STEVE VAI con algunas referencias al vitalismo exquisito del JEFF BECK más sofisticado; mientras tanto, le dupla rítmica sostiene la ingeniería global de la pieza con una actitud punzante muy propia de eso que se ha dado por llamar jazz-punk. El trío se mantiene firme bajo esta línea de trabajo mientras la guitarra va guiando unos ligeros quiebres temáticos cerca del final a fin de bajar un pococ la ostentación en nombre del realce del punche visceral que siempre ha estado operando. Con cuatro golpes recios termina todo, de forma instantánea mas no chocante, pues era el tipo de final que la pieza exigía sin negociaciones. Sigue a continuación ‘Once Upon a Time’, un número que cambia totalmente de registro para exhibir una etérea anexión de psicodelia cósmica y jazz-prog sibre un groove calmado. El swing casi mecánico de la batería usualmente impone condiciones a la base armónica de la guitarra y a las sencillas líneas de bajo, pero en algún pasaje la guitarra se yergue con un talante furioso. Esto nos recuerda un poco a ALGERNON con una remodelación cuasi-Crimsoniana. Recoge la siembra del segundo tema ‘Quantum Path’ y lo hace acentuando la coquetería celebratoria de antes. Punche y gancho se hermanan en este momento de entusiasta realce de la faceta más frontalmente rockera del trío, un realce que se toma sus buenos 5 minutos y pico para explayarse en todo lo que quiere decir. El epílogo es sereno, como anunciando el descanso necesario tras tanto despliegue de energía expresiva.

La segunda mitad del repertorio se inicia con la secuencia de la miniatura ‘Your Own World’ y el tema ‘The Inner Ocean’ (dicho sea de paso, el más largo del disco con sus 6 minutos de duración). ‘Your Own World’ exhibe una atmósfera calmadamente sombría cuyo único recurso de garra reside en los ornamentos percusivos de la batería que vana contrapelo de la espartana parquedad de los fraseos de la guitarra. Es así que se prepara el terreno para el dramatismo lánguido de ‘The Inner Ocean’, una pieza con atmósferas de tenor post-rockero cuya primera mitad por un cauce impresionista muy sosegado aunque su aureola no es precisamente relajante, sino portador de una tensión emocional autoconstreñida que amenaza con explotar en algún momento. Y lo hace, sí, lo hace en algún momento a mitad de camino cuando el guitarreo se torna voraz y con ello obliga a los dos instrumentos compañeros a elevar el nivel de intensidad. Cuando nos vamos acercando al final del repertorio surge otra miniatura, ‘Radiation Fog’, la cual crea otro cuadro sonoro cuyos grisáceos retazos impresionistas están cabalmente inspirados en el estándar del post-rock. ‘Crowds And Power’ se convierte en el clímax definitivo del álbum. Con su talante triunfante y su penetrante robustez, el trío elabora viriles afluencias de versátiles musculaturas rockeras donde se combinan stoner, jazz-rock y psicodelia pesada bajo un convincente manto progresivo. El disco se cierra con el arribo de ‘The Weaver’, una pieza envolventemente serena cuya marca es ahora de sosegado ensimismamiento. Tiene mucho encanto esta pieza de clausura, algo a lo cual colabora la efímera presencia de un arreglo de cuerdas así como el espectro de matices cristalinos que viene de la mano de la guitarra acústica. Nos hubiese gustado mucho que durara más de los 3 minutos y pico que el trío le otorgó como campo de expansión, pero así son las cosas y este es el momento del cierre del álbum.



Todo esto fue lo que se nos mostró en “The Messthetics”, todo esto es lo que sacaron de su aquelarre espiritual THE MESSTHETICS para el sumo deleite de los melómanos receptivos. Los nombres del trío y del disco merecen ser anotados y subrayados en nuestras agendas de próximas exploraciones melómanas de las avanzadas jazz-rockera, progresiva y demás vías extravagantes de expresión musical fuera del mainstream. La verdad que este disco nos deja con ganas de más; ojalá el Dios Destino tenga en reserva cercana nuevas obras fonográficas de parte de THE MESSTHETICS.


Muestras de “The Messthetics”.-

Serpent Tongue: https://themessthetics.bandcamp.com/track/serpent-tongue
 The Inner Ocean: https://themessthetics.bandcamp.com/track/the-inner-ocean 
Crowds And Power: https://themessthetics.bandcamp.com/track/crowds-and-power 


[Fotos de Antonia Tricarico: agradecimientos por permitirnos su uso en este blog.]


Monday, November 12, 2018

VAN DER GRAAF GENERATOR: rescate de una jornada en Leverkusen del año 2005


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

La gente de VAN DER GRAAF GENERATOR se hace presente en esta ocasión en su formato del cuarteto clásico durante la época de su breve retorno a la escena fonográfica del año 2005, pero el ítem que reseñamos hoy no data de esa época sino que fue publicado a fines de mayo del 2018 por el sello MIG-Music GmbH, bajo la licencia de WDR Media Group. Nos estamos refiriendo a “Live At Rockpalast – Leverkusen 2005”, una caja de 1 DVD y 2 CD que registra el concierto que ofreció el colectivo de Peter Hammill [voz, guitarras y piano], Hugh Banton [órgano y pedales bajos], David Jackson [saxofones tenor, alto y soprano, flauta y flauta de émbolo] y Guy Evans [batería] ante un muy entusiasmado público en, en el día 5 de noviembre del año 2005, llenó el Rockpalast. ¡Y encima era el día del cumpleaños #57 de Hammill! Para los VDGG era la temporada de promoción de su segundo disco de retorno “Present”, y este concierto en especial fue parte del festival Leverkuneser Jazzstage, que acoge mayormente a artistas de jazz. Jackson se sentía contento como un niño con un juguete nuevo y bastante cómodo en ese ambiente pues él estaba siempre muy comprometido y muy cercano con el ámbito de las estrellas del jazz. Por su parte, Evans se sentía inicialmente más ansioso pues, aunque su peculiar paradigma rítmico recibe influencias del jazz de vanguardia, al principio se sentía un poco fuera de lugar. Sus propias palabras: “Me parecía un poco abrumador tocar en un lugar donde se lucieron tantas leyendas, pero la experiencia pronto me recordó que el espíritu del jazz está en la emoción y la exploración, sin tener en cuenta las definiciones. Desde la experiencia de Leverkusen, me siento totalmente cómodo tocando en festivales de jazz sin siquiera tener que declarar que lo que tocamos es jazz. Y eso que el grupo, a pesar de haber vuelto a la actividad sobre los escenarios para la promoción de “Present”, había contado con un par de semanas de descanso antes de este concierto en Leverkusen, por lo que en el seno del ensamble latía un sentido de riesgo y de energía inutilizada, según manifiesta Banton, durante el ensayo previo al concierto. Parece mentira que seis meses antes, cuando el cuarteto decidió organizar la presentación oficial del disco nuevo en un magno evento en el Royal Festival Hall en el 6 de mayo de ese año 2005*, aún no estaba establecido si habría realmente un gira o si el asunto se reduciría a un par de conciertos como mucho. Pero el pronto agotamiento de las entradas para ese concierto en el Royal Festival Hall con asistentes procedentes de diversos países del mundo les convenció de que valía la pena expandir una agenda de actuaciones hasta el último mes de ese año. Y ahora estaban con un lugar asignado en el cartel de la entonces actual edición del festival Leverkuneser Jazzstage, contando con la primera oportunidad para la filmación entera de un concierto de VDGG. Banton recuerda que su camaradería de antaño (nunca rota por las separaciones del grupo) se sentía tan sólida como siempre mientras que el grupo había adquirido una confianza nueva en su presencia real sobre los escenarios. Sí, es verdad, por lo que se ve en “Live At Rockpalast – Leverkusen 2005”, esto es verídico, no es retórica vacía. Pero mejor veamos los detalles del DVD, ¿vale?

  

El repertorio aquí contenido es una versión reducida del mismo que se utilizó en el anteriormente mencionado concierto de retorno en el Royal Festival Hall, con la impactante dupla inicial de ‘The Undercover Man’ y ‘Scorched Earth’ (todo el lado A de “Godbluff”, el primer álbum de retorno del cuarteto paradigmático), concluyendo todo con el himno místico-existencialista ‘Wondering’ (original de “World Record”, el disco de despedida para el cuarteto en los 70s). Esta estructura performativa da la impresión de un círculo que se va completando mientras avanza pues el prólogo de matices sincopados repartidos entre la flauta y el órgano de ‘The Undercover Man’ regresa de lleno para las instancias finales de ‘Wondering’. En el caso de esta canción elegida para cerrar la jornada, su letra de talante místico respecto al misterio abrumador de eso que solemos denominar la vida en el más allá y su manera de confrontarnos con el sentido de la existencia terrenal, se explaya apasionadamente sobre el mágico esquema melódico compuesto por Banton en el año 1976 en un muy inspirado ejercicio combinatorio de lo gótico y lo barroco. ‘The Undercover Man’ y ‘Scorched Earth’ se sienten muy bien juntos: dos abordajes distintos de la autorreflexión, uno grisáceo y otro rutilante. Como es de esperar, junto al elegante delirio muscularmente arquitectónico de ‘Scorched Earth’, los momentos más majestuosos y excelsos del repertorio vienen de la mano de ‘Childlike Faith In Childhood’s End’ y ‘Man-Erg’ (temas #6 y #9, respectivamente)**. La primera de estas gemas, que cerraba el álbum “Still Life”, está basada en una de las más celebradas novelas de ciencia-ficción de Arthur C. Clarke, El fin de la infancia, y su musicalidad refinada y pulimentada se adecúa muy bien a los sempiternos moldes expresionistas en los que la banda se siente cómoda. Con la letra centrada en el punto de vista del personaje Jan Rodricks, astrofísico que investiga en el rol de seres inteligentes extraterrestres en el armazón general de la cultura y la historia de la humanidad, Hammill mueve su canto grácilmente a través de las diversas claves melódicas y atmósferas que conforman la  canción. En la épica belleza de sus estribillos, que llega a un culmen emotivo crucial en el epílogo cargado de tanático misticismo, se instala uno de los momentos más vibrantes de la noche, algo que el público agradece con sus elocuentes ovaciones. 

  

‘Man-Erg’, por su parte, se destaca desde la primera vez que salió a la luz pública como parte de ese crucial disco titulado “Pawn Hearts” (1971): es una de las muestras más logradas e intelectualmente tortuosas de pathos lacerante dentro de todo el catálogo histórico de VDGG… ¡y eso ya es decir mucho! Con esa  vitalidad que se reparte igual entre los pasajes líricos y los oscuros a través de una esquizoide homogeneidad, la banda dirige este himno a la dualidad ángel-asesino en el hombre con una vehemencia bien orquestada. Más ovaciones tremendas de parte del público asistente. Hay dos temas del entonces nuevo álbum “Present” que se hacen presentes aquí: ‘Every Bloody Emperor’ y ‘Nutter Alert’. A despecho de su letra cínica y airada respecto a la sempiterna gula de poder y el sádico instinto abusivo de toda autoridad política, su groove y su estructura musical son más bien sobrias y con un énfasis en lo atmosférico, por lo que viene bien que aparezca después del dinamismo tenso y electrizante con el que se arma el epílogo de ‘Scorched Earth’. ‘Nutter Alert’, por su parte, tiene un swing más intenso sin llegar a ser impetuoso, por lo que su caña rockera se expone dentro de una ingeniería bien cuidada. La letra que designa el estrechísimo margen que traza la frontera entre la cordura y la locura es impactante, como casi todo lo que reflexiona Hammill en su poesía rockera: “I can see we’re in trouble / From that glint in the eye you’ve got; / There’s no sense to the story, / Comprehensively lost the plot. / And how contorted is that logic / You so forcefully exert? / You’re a car crash in the making, / Head-on, that’s a racing cert.” ¡Fabuloso! Eso sí, ambas canciones no vienen juntas: después de  ‘Every Bloody Emperor’ sigue la dupla de dos canciones emblemáticas de la primera fase de la banda: ‘Lemmings’ y ‘Darkness (11/11)’, la que abría el cuarto álbum de la banda y la que abría el segundo, respectivamente. Lo que tenemos en ‘Lemmings’ es la excursión más frontalmente rockera del grupo a lo largo del concierto, con un Hammill dispuesto a dar cierto protagonismo a su guitarra a pesar de sus limitaciones técnicas. Son sus compañeros quienes sostienen el vigor inflexiblemente neurótico de la canción con la consistencia épica originaria: los expresionistas bloques sonoros emanados del órgano de Banton, las sesudas maniobras de Jackson y la sofisticada precisión de Evans se conjugan en un rotundo mecanismo progresivo. En cuanto ‘Darkness (11/11)’, ese manifiesto del carácter trágico e inescrutable de la vida, arrojada a la incertidumbre del mañana por un destino ciego e insensible, mantiene su vigencia a través de los años como el primer manifiesto de la faceta más oscurantista de la ideología musical del grupo.


Las canciones séptima y décima son ‘The Sleepwalkers’ y ‘Killer’. Con la primera de estas canciones mencionadas ya tenemos tres cuartos del disco “Godbluff” en el repertorio del concierto aquí filmado. ‘The Sleepwalkers’ suelta con vivaz arrojo la soltura esencial de sus variados desarrollos temáticos, incluyendo esa pequeña excursión en el cha-cha-cha en clave jazz-rockera (uno de los momentos más simpáticamente estrafalarios del ideario de VDGG, un grupo de por sí bastante extravagante), todo ello mientras la letra exhibe intrigantes elucubraciones sobre el contraste entre el consciente y el subconsciente. Para la segunda mitad del tema, para cuando Hammill decide dejar el canto a secas y añade su intervención al teclado, el groove se hace más robusto y la base armónica de los cuerpos centrales suenan más enriquecidos. Por su parte, ‘Killer’ da rienda suelta a su gancho rockero con un primordial destaque de bizarras vocalizaciones de Hammill en las partes cantadas y unos aguerridos solos sucesivos de órgano y saxofón durante el electrizante intermedio instrumental... y no solo se lucen estos instrumentos, sino que también Evans elabora uno de elos swings más intrincados e intrépidos de la noche. La letra compite de tú a tú con la de ‘Darkness (11/11)’ en cuanto a dramatismo poético pero es en el desarrollo de los pasajes instrumentales donde la poesía oscura creada para la ocasión asume una especie de autoafirmación vitalista... por paradójico que suene. Volviendo a Evans, es toda una revelación ver su expresión facial semejante a la de un espiritista concentrado en el momento climático de una sesión de comunicación con los espíritus, es alguien que no solo siente el ritmo dentro de sí sino que también parece verlo reflejado en las cosas que se le presentan antes sus ojos. Pero también algunos de esos gestos reflejan la ansiedad que siempre le ha producido ser grabado mientras tocaba: tal como lo expresa en el librillo del DVD, en los 70s, él echaba miradas amenazantes a los camarógrafos que le hacían enervarse con la proximidad de sus cámaras para espantarles, pero ahora las cámaras estaban programadas virtualmente con lo que no podía ordenar a esos aparatos robóticos que le dejaran en paz. En fin, cosas de la tecnología televisiva moderna. Los volúmenes del doble CD se reparten las seis primeras y cinco últimas canciones que hemos apreciado en el DVD, respectivamente.



Solo se nos ocurre concluir esta reseña con palabras de infinito agradecimiento para con las corporaciones discográficas que decidieron publicar este fabuloso ítem que, como dijimos en el primer párrafo, muestra la primera filmación completa de un concierto de VAN DER GRAAF GENERATOR: “Live At Rockpalast – Leverkusen 2005” es realmente el testamento perfecto de esta alineación clásica y definitoria de este genial grupo cuya fase de reunión en el nuevo milenio duró demasiado poco. En efecto, para inicios del año 2006, se abrió un abismo insondable entre el Sr. Jackson y los Sres. Hammill, Banton y Evans tanto en lo profesional como en lo interpersonal, siendo así que estos últimos decidieron que, fuese lo que fuese que hicieran en adelante como VDGG, sería como trío (cosa que, en efecto, han venido concretando con cuatro discos más hasta el año 2016). En palabras del mismo David Jackson, no exentas de amargura: “¡Uno no se va a topar con otra oportunidad de ver un mejor show de parte de esa alineación!He aquí la sombra de turbia desazón que acompaña necesariamente a nuestro emotivo deleite con este fabuloso ítem audiovisual. 



Muestras de “Live At Rockpalast – Leverkusen 2005”.-
The Undercover Man: https://www.youtube.com/watch?v=SZTiUEZDcAY
Childlike Faith In Childhood’s End: https://www.youtube.com/watch?v=jDXQXFLBnj8
Nutter Alert: https://www.youtube.com/watch?v=Nu73OnOByy4


* Dicho concierto quedó plasmado en el doble CD “Real Time – Royal Festival Hall”, publicado en el año 2007 por Fie! Records, el sello de Hammill.

** La misma sensación tuvimos con ‘Childlike Faith In Childhood’s End’ y ‘Man-Erg’ respecto al repertorio del DVD “Recorded Live In Concert At Metropolis Studios, London”, publicado en el año 2011 y con el grupo ya operando como trío.

Friday, November 09, 2018

Música para flotar y para volar con CANTURBE


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos la ocasión de presentar el nuevo trabajo fonográfico de CANTURBE, una de las bandas más elegantes de la escena rockera argentina desde la década de los 80s: estamos hablando de un grupo realmente veterano pero para nada desgastado, pues este nuevo disco titulado “Flotteur” es un exquisito muestrario de renovación estilística que enfoca la gente de CANTURBE sin dejar de respetar su propia tradición ecléctica de rock, jazz y fusión con raíces porteñas. El disco en cuestión ha sido publicado por el sello Viajero Inmóvil el 10 de mayo del presente año 2018. La formación de CANTURBE que gestó este disco que tomó un buen tiempo para terminarse de grabar y producir está conformada por Jorge Garacotche [guitarras, bajo y voz], Gabriel Herrera [teclados, voz y coros], Daniel González [bajo, percusión y coros] y César Carreras [batería y coros]. A lo largo del repertorio de “Flotteur”, el grupo cuenta con las participaciones de los invitados Diego Souto al Stick, los bandoneístas Lucas de Carlo y Santiago Faryna, Eva Fiori a la voz, Marcela Torresi, también a la voz, el violinista Alvar Llusá-Damiani, Jorge Senno tocando la steel guitar, y Nicolás Hashimoto aportando algo con ese mágico instrumento japonés de cuerda que es el shamisen. Definitivamente, en el proceso de arreglos y posproducción no se ha escamoteado esfuerzos por brindar un esquema sonoro rico y sugerente. CANTURBE es una entidad muy veterana cuyo peregrinaje musical remonta sus orígenes a los Buenos Aires de fines de los 70s, siendo así que a lo largo de la primera mitad de los 80s, el grupo publicó dos discos (“El Vuelo De Los Olvidados” y “Bonpland”) con la formación de los guitarristas Jorge Garacotche y Alejandro Fiori, el baterista Gerardo Antonel y el bajista Luis Blanco. Más adelante, el grupo publicó casetes con el decaimiento del vinilo. Su propuesta inicial estaba enmarcada en un rock melódico con tintes progresivos y afinidades con el folklore urbano. Cuando ya en el nuevo milenio, Garacotche decidió resucitar y remodelar al grupo, su orientación progresivo-sinfónica se hizo un poco más intensa, logrando así gestar discos muy agradables y muy estilizados como “Sociedad Secreta De Melancólicos” (2008) y “Tangos En Espera” (2011), los cuales sirvieron para cimentar el camino evolutivo hacia la preciosista ingeniería de sonoridades fastuosa que hallamos ahora en “Flotteur”. Garacotche concibió el título del nuevo álbum de CANTURBE a partir de cómo le gusta el sonid ode lverbo flotar en francés:“Me gusta la palabra en francés porque tiene otro peso, otra sonoridad. Flotar es no estar atado a nada”. También añade que en varias canciones de este disco hay referencias a las paranoias y soledades del mundo moderno: “‘Una canción detrás’, por ejemplo, ancla en la tristeza y la soledad del que provoca su propio desvelo… un tema melancólico, con una parte instrumental que trata de musicalizar esas sensaciones internas”.* Pasemos de una buena vez a los detalles de este disco que tenemos en nuestras manos, ¿vale?



La pieza encargada de abrir el repertorio se titula ‘Los Jinetes Del Apocallipsis Viajan En Subte’ y en su espacio de 2 ¾ minutos desarrolla un galante y ligeramente siniestro viaje instrumental que suena a algo así como una partitura perdida de GOBLIN que fue rescatada y relativamente remozada por los GENESIS de la época 73-4. La manera en que las ocasionales líneas de violín se compenetran con las orquestaciones de los teclados sirve para añadir una pertinente cuota  de elegante densidad que, de por sí, está planificada  para que se intensifique en los estratégicamente situados solos de guitarra y de sintetizador que surgen a lo largo del camino. ‘En Bajón’, el primer tema cantado del repertorio, sigue a continuación para darle una nueva vuelta de tuerca  a la predominante aureola de otoñal ceremoniosidad, aunque esta vez la cuestión se enfila menos hacia lo sombrío y más hacia lo melancólico. Las capas de teclado siguen transmitiendo algo de densidad pero las líneas vocales y los aditamentos de bandoneón también brindan algo de calidez al asunto. La dupla de ‘Autres Yeux’ y ‘Nostos’ sirve para que el grupo siga expandiendo horizontes sonoros cuyos recursos, cuales ases bajo la manga, van mostrando, paso a paso, estrategias dinámicamente diversificadas dentro del motivador juego del rock artístico. En el caso de ‘Autres Yeux’, disponemos de un extrovertido ambiente rockero sobre un medio tiempo que despliega un desarrollo melódico agradable y envolvente: la cosa suena a un espacio intermedio entre la esencia luminosa de PABLO EL ENTERRADOR y la faceta más serena de unos JINETES NEGROS. Por su parte, ‘Nostos’ elabora una cándida y absorbente arquitectura típicamente sinfónica donde la estilización es la fuerza ingenieril impulsora del entramado sonoro integral. Nos da pena que la pieza en cuestión solo dure 3 ½ minutos pues nos parece que su sofisticado magnetismo melódico daba para más, pero bueno, así son las cosas. De todas formas, llega el turno de la llamativa canción ‘Los Intocables’, la cual establece una excursión rockera en la frontera entre los GENESIS de la época 76-8 y los SERÚ GIRÁN de los dos últimos discos. La comedida garra de los riffs de guitarra y las gráciles escalas del piano sustentan solventemente el desarrollo temático de la canción. Nos parece que con esta tríada de ‘Autres Yeux’, ‘Nostos’ y ‘Los Intocables’ el disco alcanza un momento de rutilante eminencia.


‘La Mar’ nos toma un poco de sorpresa con su lirismo cándido, el cual se inicia con un ensoñador y lánguido arreglo orquestal de teclado antes de que el canto y la guitarra acústica instauren el motif central. Llegan otros arreglos orquestales en otros pasajes ulteriores, notablemente más fastuosos (un poco al estilo de los momentos más suntuosos de THE ALAN PARSONS PROJECT), para que al final todo culmine con un bello epílogo guiado por el piano. Cuando llega el turno de ‘Jíbaros’, el ensamble se pone a dar nuevas vueltas de tuerca a su esencial claridad melódica a través de una  ambientación donde confluyen lo reflexivo y lo extrovertido. El swing marcado por la batería y los ornamentos percusivos le dan un tenor fusionesco al asunto, siendo así que cuando entran a tallar algunos ornamentos sintetizados se nos transporta momentáneamente al cosmos de PETER GABRIEL (de la fase 86-92). ‘A La Orilla Del Tiempo’ es otro momento de introspección que nos regala la banda, esta vez con el piano ocupando un lugar protagónico. Con las irrupciones de algunos interludios expresionistas y pomposos sobre un tempo de 5/4, la  canción adquiere una prestancia efectiva, a medio camino entre lo estrafalario y lo mágico. ‘Me Vas A Ver’ es lo más cercano al pop en cuanto a la estructura melódica de la canción, pero la presencia del bandoneón y los quiebres rítmicos jazzeros en algunos breves pasajes facilitan la inserción de algunos trucos progresivos. Los últimos 11 ¼ minutos del repertorio oficial de “Flotteur” están ocupados por la dupla de ‘Una Canción Detrás’ e ‘Informe Sobre Ciegos’. ‘Una Canción Detrás’ también tiene al bandoneón como instrumento invitado con fuerte presencia dentro de la amalgama instrumental. Básicamente, se trata de una balada sinfónica de talante Genesiano, aunque también hermanado con los legados de SPINETTA-JADE y de SERÚ GIRÁN. El solo de sintetizador que emerge señorialmente en el intermedio tiene mucho de CAMEL mientras que los fraseos de la guitarra flotan con un aura Floydiana. El fulgor etéreo que conforma la esencia de esta canción es manejado con sobriedad, dejando que los instrumentos se luzcan sin romper con la ingeniería omnisciente. Tras el fade-out de ‘Una Canción Detrás’ llegan las vibraciones atmosféricas de ‘Informe Sobre Ciegos’, canción situada a medio camino entre el estándar de PETER GABRIEL (etapa 86-92) y los PABLO EL ENTERRADOR del “Threephonic”. Si el espíritu contemplativo de ‘Una Canción Detrás’ se encuadraba en un paisaje reflexivo donde el alma contempla su propia profundidad, aquí lo contemplativo se desarrolla de una manera más asertiva, incorporando virajes rockeros en ciertos interludios y reemplazando la fastuosidad que tenía la canción precedente por un vigor revitalizador. También termina en fade-out pero es una pena que en este caso no llegue más tarde pues el solo de guitarra que estaba asentándose sonaba muy hermoso.


Todavía queda más música a nuestra disposición con los bonus tracks ‘Un Cronópio Como Yo’ y ‘Nuevo Berlín’, solo disponibles en el blog de Bandcamp de CANTURBE. La primera de estas canciones nos muestra una brillante exhibición de combinación entre los SERÚ GIRÁN de la etapa 1979-80 y los GENESIS de la etapa 1978-9, cerrándose todo con una simpática coda en clave de tango-jazz. Sofisticiada a través de su calidez melódica, esta canción podía dar para más de los ½ minutos que el grupo le otorgó. La segunda de ellas se inclina más claramente hacia lo popero aunque con algunos matices rockeros moderadamente furiosos que salen a relucir en ciertos riffs de guitarra y algunos efectos de sintetizador. También hay una coda sorpresiva en clave tétrica, casi gótica: es una canción amena y rara a la vez. Bueno, todo esto fue “Flotteur”, un disco bello y bien pulido en el que sus gestores han concretado una muy inspirada labor de orfebrería sonora. Gracias a todos los músicos de CANTURBE y a sus ocasionales colaboradores por esto.


Muestras de “Flotteur”.-

Una Canción Detrás: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/una-canci-n-detr-s


* Enlace de la entrevista publicada en Página 12 en el 30 de julio del 2018: https://www.pagina12.com.ar/131729-adaptados-si-pero-no-domesticados

Tuesday, November 06, 2018

Temporada de luna llena para VESPERO



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hace poco, de hecho, a fines del antepenúltimo mes del 2018, los incansables VESPERO nos han brindado su nuevo trabajo fonográfico, el cual nos complace mucho reseñar en esta ocasión. El título de este nuevo disco es “Hollow Moon”. El ensamble conformado por Ivan Fedotov [batería, percusión, cajón y Wavedrum], Arkady Fedotov [bajo, sintetizador y efectos de sonido], Alexander Kuzovlev [guitarras y mandolina], Alexey Kablukov [teclados y sintetizadores] y Vitaly Borodin [violín, acordeón, piano y sintetizador], se luce a lo grande aquí. esta banda rusa campeona de la movida space-rockera de la escena progresiva mundial en la última década no tiene un momento de declive, no importa con cuánto rigor detetivesco nos empeñemos en encontrarlo. En algunos pasajes del álbum añade su presencia Pavel Alekseev al saxofón tenor. Un año muy ocpado han tenido los VESPERO con sus actividades junto a ÁNGEL ONTALVA y, además, con algunos de sus integrantes manteniendo viva la llama del grupo MAAT LANDER, pero parece que la mente creativa colectiva de VESPERO tiene una fuerza propia que desafía los límites del espacio y del tiempo a la hora de invertir energía, logística y estrategias tecnológicas en la gestación de un disco... ¡Y tiene que ser uno tan soberbio y tan fabuloso como “Hollow Moon”! Nos aventuramos a adelantar nuestra sensación de que esta nueva obra fonográfica conforma una de las más logradas de su muy nutrida discografía (es su décimo trabajo de estudio desde el año 2007). Bueno, vayamos ahora a los detalles del disco en sí, ¿vale?



La sección prologar del disco está en manos de ‘Watching The Moon Rise’, un pasaje cósmico que muestra abiertamente el poder de sus capas de sintetizadores y retazos de guitarra. La composición es de talante sutil pero la dinámica performativa es señorial. El segundo tema, titulado ‘Flight Of The Lieutenant’ pone en proceso de plena activación el primer cénit del repertorio. Los primeros espacios que se abre para la instalación y el apuntalamiento del cuerpo central señalan una confluencia entre el dinamismo visceral de unos HAWKWIND y la elasticidad robusta de los OZRIC TENTACLES pre-1995. Cuando arriba un breve puente en clave reggae, el grupo prepara una segunda sección donde la garra rockera se torna más estilizada a fin de que los sucesivos solos de violín y saxofón que han de entrar a tallar se sienten a sus anchas durante sus respectivos momentos de protagonismo. El groove de aires reggae regresa para impulsar la coda en la que el ensamble retomará las pulsiones electrizantes de la primera parte. Imponencia exquisita y elegancia arrolladora, he aquí la dual esencia de esta fenomenal segunda pieza del álbum. Con no menos recursos de magnificencia progresiva que los utilizados en la pieza precedente, ‘Sublunarian’ asienta un eclecticismo signado por una mayor dosis de policromía. Su primera sección se centra en gráciles aires folklóricos signados por el encuadre de tambores étnicos y violín mientras la guitarra acústica aporta matices armónicos relevantes. La segunda sección, introducida por sobriamente filudas capas de sintetizador, abre campo a un sólido ejercicio híbrido de jazz-rock y psicodelia progresiva. La intervención del saxofón aporta un inteligente subterfugio de continuidad tras el protagonismo inicial del violín mientras la dupla rítmica sostiene el momentum con un groove hipnóticamente complejo. La parte final (que sentimos demasiado breve por su encantadora belleza) regresa a las vibraciones folklóricas iniciales, pero esta vez con el protagonismo de la guitarra acústica. El clímax del segundo tema se perpetúa y amplifica en esta tercera. Durando poco más de 8 ½ minutos, ‘Moon-Trovants’ establece una vitalidad majestuosa donde la fuerza del rock y el vitalismo lisérgico de los sintetizadores cuyo marco paisajístico permite al violín y a la guitarra entablar diálogos consistentes y sustanciosos. El empleo de un esquema rítmico complejo permite que la batería meta alguna que otra virguería en el armazón de su swing mientras los teclados van llenando la mayor parte de los espacios restantes. El clímax space-prog-psicodélico de los VESPERO no tiene donde parar.

‘Mare Ingenii, que ocupa un espacio de 3 ¼ minutos, se caracteriza por desplegar una disposición reflexiva e introspectiva con inspiración en la tradición extremo oriental. Mientras la mandolina enfatiza algunos golpes de la percusión, el violín se explaya a sus anchas en el delineamento de la fisonomía temática creada para la ocasión- De este modo, se abren las puertas para el arribo de la pieza más extensa del disco: ‘Feast Of Selenites’.  Durando 11 minutos y segundos, este tema sirve para dar rienda suelta a la faceta más agresiva del grupo, siendo así que los guitarreos se sienten particularmente filudos durante la primera parte. Poco antes de llegar a la frontera del quinto minuto, el grupo vira hacia un groove más elocuente donde la garra es parcialmente reemplazada por el preciosismo. Ahora se hace más gráfica la interconexión entre violín, guitarra y sintetizador antes de que la segunda vuelva al frente durante un paraje particularmente climático del tema. el majestuoso epílogo redondea perfectamente los aires suntuosos que fungían de base para el arreglo integral de un tema tan ambicioso como éste. La dupla de ‘Watershed Point’ y ‘Tardigrada’s Milk’ sirve para que la gente de VESPERO siga expandiendo sus horizontes sonoros. En el primero de estos temas se nos brinda una breve excursión minimalista al estilo de los TANGERINE DREAM de la fase 1973-4, mientras que el segundo regresa a la dimensión folk-psicodélica de la banda, esta vez bajo un manto de brumosa languidez que, aunque suene extraño, establece vínculos entre el paradigma sinfónico y el acid-folk. Este último detalle se debe a que el motif central es manejado con un lirismo abrumador y envolvente, el mismo que establece la ingeniería idónea para la recta confluencia de cortinas electrónicas, percusiones, mandolina, violín y guitarra eléctrica. Se trata de algo así como un inaudito hermanamiento entre ANTHONY PHILLIPS, HIDRIA SPACEFOLK y VANGELIS... clar oestá, con el toque esencial de VESPERO. Tiene mucho de sortilegio esta hermosa octava pieza del álbum, la verdad que sí.



‘Space Clipper’s Wreckage’ encarna una nueva vuelta de tuerca a la esfera más extrovertida de la banda. usando una dosis muy medida de rudeza en algunos aspectos mientras el bloque ingenieril sonoro se deja  llevar por su propio esplendor inherente. Con sus fraseos y solos, la guitarra se erige indeclinablemente en ítem de liderazgo para la coalición instrumental durante los primeros 4 minutos y pico. Luego, la pieza da un giro dramático hacia un momento de incierta robustez donde lo aleatorio reina por unos instantes, un interregno necesario para que el bloque sonoro se reagrupe en torno a un lento motif marcado por una opulenta ceremoniosidad. Este pasaje que nos remite a un híbrido de STEVE HILLAGE y PINK FLOYD es, a su vez, el puente hacia un epílogo electrizante que incorpora elementos de sinfonismo y heavy prog dentro del entramado space-rockero que es marca de la casa. Ocupando los últimos 3 ½ minutos del disco, ‘Watching The Earth Rise’ vuelve a la bruma cósmica de donde había emergido la pieza inicial, pero esta vez se emana una densidad emocional bastante punzante, algo así como un pensamiento nostálgico que tiene una pizca de desgarro no muy bien disimulada. Es el violín quien indica este matiz especial en este momento para bajar la cortina y decir adiós. Casi 1 hora y 5 minutos con mucho de lo mejor que han hecho los VESPERO en todo lo que va de su nutrida y trabajólica producción fonográfica, nada menos que esto es lo que se nos ofrece en este disco alucinante que es “Hollow Moon”. Es que los despliegues de vitalidad, ingenio ecléctico y fineza performativa que se derrochan a lo largo del repertorio de este disco son de nivel estratosférico. Más allá de extraer temas individuales favoritos (‘Sublunarian’, ‘Moon-Trovants’, ‘Feast Of Selenites’, ‘Tardigrada’s Milk’), este álbum se destaca como un todo orgánico a través de las emisiones y connotaciones de cada partícula de sonido de cada tema. Como dijimos unas líneas más arriba, “Hollow Moon” es uno de los mejores discos que ha hecho la gente de VESPERO hasta la fecha. 


Muestras de “Hollow Moon”.-
Sublunarian: https://music.vespero.ru/track/sublunarian

Saturday, November 03, 2018

¿En qué andaban los Sres. Hopper, Dean, Gowen y Pyle a fines de los 70s?


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se nos antoja hacer una retrospectiva sobre un momento particular de la escena progresiva británica de fines de los 70s y la enfocamos en torno a la pregunta del encabezado: ¿en qué andaban los Sres. Hopper, Dean, Gowen y Pyle a fines de los 70s? Pues ocupados formando el cuarteto instrumental SOFT HEAP y componiendo material propio a ritmo frenético. Nótese que el nombre del grupo tiene en la segunda palabra las iniciales de los apellidos de cada uno de los involucrados. SOFT HEAP era un ensamble espectacular que procuraba reclamar y reactivar los últimos coletazos de ese gran crucero musical que fue el movimiento mal bautizado Canterbury. También fue un ensamble que tuvo el triste honor de ser el primero en tener todos sus integrantes muertos dentro de la historia del movimiento progresivo, siendo el primero en irse Gowen (17 de mayo de 1981, pocos meses antes de llegar a los 34 años de edad) y el último, Hopper (7 de junio del 2009); en medio se fueron Dean y Pyle, en febrero y agosto del mismo año 2006, respectivamente. En esta retrospectiva también echaremos un vistazo al disco que hicieron a dúo Hugh Hopper y Alan Gowen “Two Rainbows Daily”, del año 1980. Luego, nos zambulliremos en el último proyecto fonográfico en el que estuvo involucrado Gowen, el cuarteto simplemente llamado ALAN GOWEN / PHIL MILLER / RICHARD SINCLAIR / TREVOR TOMKINS con su único disco “Before A Word Is Said”, del año 1981, un disco que Gowen no alcanzó a ver convertido en ítem físico. Finalmente, dando un gran salto hacia los primeros años del nuevo milenio a través de la máquina del tiempo, nos remitiremos a una efímera pero intensa aventura japonesa en la que estuvieron involucrados los maestros Dean y Hopper: SOFT MOUNTAIN. Más detalles, posteriormente.  




SOFT HEAP surgió en enero de 1978 por el simple hecho del deseo común de los cuatro colegas de hacer música progresiva con alto componente de jazz experimental. Cuando llegó el momento de salir a los escenarios para promover la nueva música que este mágico y genial aquelarre de héroes del Canterbury había creado, Pip Pyle estuvo poco disponible para la ocasión debido a sus ocupaciones con NATIONAL HEALTH (alternaban las actuaciones que podían lograr con las sesiones de grabación para su entonces en ciernes segundo álbum) por lo que tras un puñado de presentaciones tuvo que ser reemplazado por Dave Sheen: así las cosas, el grupo modificó ligeramente su nombre a SOFT HEAD. De hecho, el debut de SOFT HEAP se hizo bajo esta guisa de SOFT HEAD pues en 1978 se publicó el disco en vivo “Rogue Element”, a partir de una actuación que tuvo lugar en mayo de ese año 1978 en el Chez Jacky “A L’Ouest de la Grosne”, en la localidad francesa de Bresse sur Grosne. La publicación de este disco estuvo a cargo del sello Ogun mientras que los originales de SOFT HEAP solo pudieron reunirse en octubre de 1978 para ensayar y grabar de una buena vez su repertorio de seis piezas nuevas en los pequeños Pathway Studios de Londres. El disco homónimo “Soft Heap” fue publicado a inicios de 1979 por Charly Records, el mismo sello que publicó los dos álbumes de NATIONAL HEALTH. Más adelante, en SOFT HEAD, John Greaves (emigrante de justamente de NATIONAL HEALTH) reemplazó a Hopper y en 1981 el grupo empleó al guitarrista Mark Hewins para reemplazar al entonces recientemente fallecido Alan Gowen. Por respeto a la memoria de Gowen, el ensamble siguió conservando el nombre de SOFT HEAP durante los pocos meses de actividad que le quedaban. Por ahora, concentrémonos en el disco “Soft Heap”.



‘Circle Line’, una composición de Hopper, abre el disco con unos aires de free-jazz que se desarrollan como una evocación continua desde la cual la mente renuncia a completar sus ideas para concentrarse en dirigir mil y una miradas hacia el cambiante entorno que nos rodea: los primeros golpes adustos de su bajo, prestamente acompañados por las delicadas florituras del saxo de Dean, anuncian el que será una permanente disposición de vigilante levedad. Este tema que más bien funciona como un preludio permanente de casi 7 minutos de duración nos prepara para recibir con los brazos abiertos al ejercicio de expresividad más suelta de ‘A.W.O.L.’, una composición colectiva de 9 ½ minutos de duración en la que los cuatro músicos refuerzan las potencialidades de sus instrumentos en aras de proyectar sus respectivas libertades individuales dentro de una armazón que habrá de encontrar su propio orden bajo reglas inestables y pautas aventureras. El bajo de Hopper se regocija explotando varios trucos desde su propio fuzz, y mientras que el sintetizador espacial de Gowen se reparte el armzón del aura misteriosa con el saxo introspectivo de Dean, Pyle exhibe sus habituales dosis de musculatura y nervio hasta el punto de asumir prácticamente el rol central dentro de la instrumentación (incluso en aquellos momentos en los que baja el punche). En los dos últimos minutos, Gowen se manda con un solo de Moog de esos que solamente él sabía realizar con su tacto tan único y su virtuosismo tan idiosincrático. Hablando de Gowen, el tema siguiente ‘Petit 3’s’ es una composición suya de 6 1⁄4 minutos donde típicamente se explora el lirismo etéreo que él supo convertir en marca registrada de GILGAMESH (para nosotros, una de las bandas más brillantes y exquisitas de toda la historia del Canterbury). Bajo la guía de la sedosa maestría de Gowen, los fraseos del piano eléctrico fluyen como si las teclas fuesen tocadas por pétalos de rosas, siendo así que Dean recibe perfectamente el mensaje para volcar retratos sonoros de pensamientos nostálgicos a través de su saxo. No es una pieza exenta  de vitalidad, que conste, pero sí tiene en lo melancólico su foco apropiado para expresar las vibraciones contemplativas exorcizadas en el momento.

Conformando la dupla inicial del lado B del disco, ‘Terra Nova’ y ‘Fara’ son sendas composiciones de Dean. El primero de estos temas mencionados exhibe una excursión extrovertida y colorida tras una sección introductoria reposada que en cierta medida nos recordaba al relax melancólico de ‘Petit 3’s’, pero esta vez la cosa iba en plan de preparar el terreno para un jolgorio musical en ciernes en vez de marcar la pauta. Dean se luce de manera genuina sin apelar a malabarismos manieristas, manteniéndose muy en línea con los aportes que brindó a la brillante etapa de madurez que los SOFT MACHINE experimentaron entre los discos tercero y quinto (una época tan efervescente como dramática dentro de la historia de este referente eterno de la escena Canterbury). Por su parte, ‘Fara’ es una pieza lenta en clave blues que bien remonta a los estándares de NUCLEUS y las bandas de jazz de Keith Tippett: los metales adicionales brindados por los invitados Marc Charig (trompeta) y Radu Malfatti (trombón) asumen un rol destacado que resulta conveniente a fin de que la languidez inherente al motivo básico vea bien explotado su espíritu crepuscular y meditabundo con un toque extra moderado de densidad impresionista. A modo de contrapunto concluyente, ‘Short Hand’ (otra composición de Gowen) exhibe un simpático motivo ágil ampliamente explayado por un electrizante dueto de saxo y batería: es como si el grupo quisiese despedir este registro con fuegos artificiales dibujados con tinta delicada sobre terciopelo a través de una ingeniería festiva. De por sí las variantes rítmicas imponen un esquema de trabajo intrincado pero el cuarteto le añade más sofisticación al asunto al volver a coquetear abiertamente con el free-jazz. Un final así de excitante para un disco así de genial gestado por esta congregación de auténticos genios significa un clímax totalmente adecuado para celebrar la química compartida que los cuatro músicos involucrados supieron explotar con plena solvencia; a través de las exploraciones registradas en cada ítem contenido en el repertorio de “Soft Heap”, se conquistó la perfecta comunión de individualidad y colectividad en el arte del sonido. 


Vayamos ahora a “Rogue Element”, el disco en vivo que supuso el extraño debut fáctico de este proyecto en el mercado fonográfico. ‘Seven For Lee’ abre el repertorio con casi 9 minutos de expansiones extrovertidas y tremendamente dinámicas sobre un tempo de 7/8. El saxello asume un rol protagónico sumamente intenso mientras las ingeniosas (y hasta heterodoxas) líneas de bajo cimentan el camino a ser edificado y transitado por los otros tres instrumentos. En el pasaje final se revierte todo hacia un momentáneo momento de calma antes de que el jolgorio final se deje llevar por el empuje enérgico de la dupla rítmica. La dupla de ‘Seven Drones’ y ‘Remain So’ (compuestos por Hopper y Gowen, respectivamente) se encarga de seguir adelante con este espíritu celebratorio a través de las siempre reveladoras variantes que este colectivo de luminarias del Canterbury es capaz de gestar, idear y desarrollar. ‘Seven Drones’ se deja envolver por erupciones continuas de disonancias que oscilan entre lo misterioso y lo festivo en los teclados mientras que el bajo elabora excursiones relativamente libres sobre la base armónica. Los diversos momentos de los solos de Dean brillan con un fulgor tenso e intenso. Extravagante sin llegar siquiera a acercase a lo chocante, esta pieza refleja muy bien las inquietudes más traviesas del ensamble. Por su parte, el talante predominante de ‘Remain So’ es uno de sofisticada vivacidad donde la elocuencia del momento es manejada a través de una ingeniería de complejas y variables estructuras rítmicas. Es de lo mejor y más vivaz que ha compuesto el inmortal maestro Gowen en toda su vida... nos atrevemos a afirmar algo así de categórico.




Cuando llega el turno de la extensa pieza ‘Ranova’ (una versión modificada de ‘Terra Nova’, que aquí dura casi 17 minutos), el ensamble se dispone a enfatizar su capacidad de pasearse por diversas atmósferas que van desde las más sosegadas hasta las más arrebatadoras, dándole una buen dibujada candidez  a las primeras y jugando con tensos vericuetos en las segundas. Eso sí, el vigor desplegado en estos vericuetos que acabamos de mencionar es manejado con un impoluto sentido de la distinción. ‘C You Again’ comienza con un solo de saxo que sirve como elemento introductorio revitalizador tras la experiencia de la pieza precedente, creando el contexto etéreo para una pieza que es serena mas no relajante, pues la abundancia de recursos disonantes en su cuerpo temático invita a imaginar una hidalguía grisácea y solipsista. Tenemos que especificar que ‘Ranova’ y ‘C You Again’ son bonus tracks de la edición de CD que publicó el mismo sello Ogun Records en el año 1996. Otro ítem de largo aliento es ‘C.R.R.C.’ con sus 14 minutos de duración, el cual se caracteriza por desarrollar y apuntalar una atmósfera relajante y contemplativa, muchas veces llegando a hacerse intimista. Tras un breve interludio extrovertido que emerge a poco de pasada la frontera del quinto minuto, casi como emulando el desocultamiento del sol desde detrás de unas tercamente imponentes nubes, la pieza vuelve a su espiritualidad serena e intimista, incluso afianzando más ese tipo de talante. El repertorio se cierra con el simpático tema ‘One Three Nine’, tema muy alegre donde el teclado y el saxofón toman turno en los solos, terminando todo con un solo de bajo que guía el camino hacia los golpes finales. También hay otros documentos en vivo de SOFT HEAP que son de gran valor para los coleccionistas: “Al Dente”, publicado en el 2008 por el sello Reel Recordings a partir de un concierto de noviembre de 1978 realizado por la alineación original de Hopper, Dean, Gowen y Pyle; y “A Veritable Centaur”, publicado en 1995 por el sello Impetus Records a partir de conciertos realizados en Francia en el año 1982, con la formación de Dean, Pyle, el guitarrista Mark Hewins y el bajista-organista John Greaves. Ya en esa época, como dijimos anteriormente, Alan Gowen no estaba entre nosotros. No nos detendremos en estos dos discos por sí; más bien, pasamos ahora a la secuencia del disco a dúo de los maestros Gowen y Hopper y el proyecto anglo-japonés donde estuvo involucrado el primero de estos. 

Así pues, volvemos a los tiempos de intensa interacción entre los músicos de SOFT HEAP y centramos nuestra atención en la camaradería especial que surgió entre los maestros Hugh Hopper y Alan Gowen. La edición del disco “Two Rainbows Daily” en el año 1980 por vía de Red Records fue el fruto fonográfico concreto de esta camaradería; la reedición que produjo el sello Cuneiform Records en el año 1995 contiene 5 bonus tracks en vivo registrados el día 21 de setiembre del mismo año 1980 en South Hill, Bracknell, siendo así que en esa actuación el dúo contó con la colaboración del baterista-percusionista Nigel Morris (a quien Hopper conocía de los tiempos en que era integrante de ISOTOPE). Hopper conocía a Gowen cuando aún eran ambos integrantes de SOFT MACHINE y GILGAMESH, respectivamente, y pronto surgió una mutua gran admiración y su correspondiente equivalencia espiritual de amistad. SOFT HEAP fue la primera ocasión en que Hopper tocaba con Pyle y Gowen: le encantó notar lo velozmente que entabló una sólida dinámica rítmica con el buen Pip, pero sobre todo le llamó la atención el modo en que los solos e improvisaciones del Mini-Moog de Gowen y el saxofón de Dean creaban una magia dual con vida propia. El cuarteto tenía preparado un repertorio con sus nuevas composiciones del todavía potencial álbum homónimo más algunas piezas compuestas para SOFT MACHINE por parte de Dean y Hopper, pero, como ya vimos antes, la gira francesa que el grupo programó se tuvo que hacer bajo el nombre de SOFT HEAD debido a la presencia de Dave Sheen en lugar de Pyle. Tras la gira francesa y un par de conciertos en sus Inglaterra natal, el grupo se tomó un tiempo de receso, algo que le venía muy bien a Gowen porque quería rearmar a GILGAMESH, algo para lo cual convocó a un bien dispuesto Hopper. Cuando estaba a punto de terminarse el año 1978 y GILGAMESH ya tenía clausurada su segunda y última etapa, Hopper decidió dejar la música por un año y unos meses, aunque seguía tratando con frecuencia a sus viejos amigos de diversos grupo en ocasiones sociales. Mientras todavía existía el GILGAMESH del segundo álbum existía una pieza a dúo entre Gowen y Hopper llamada ‘Foel’d Again’ que hizo pensar al buen Alan que tal vez ambos podrían hacer un disco entero solo como dúo. Estaba terminando el primer tercio del año 1980 cuando Gowen notó en Hopper el nuevo despertar de la inquietud por crear música y así, apelando al ímpetu del momento, los dos se armaron con un bajo, dos sintetizadores Moog y ARP, un piano eléctrico y otro acústico, y pusieron manos a la obra en el estudio 139 Trinity Road de Tooting (la casa  de Gowen, para ser más exactos) en la gestación de “Two Rainbows Daily”, algo que les ocupó entre los días  2 y 7 de junio.


Repasemos ahora los detalles de este disco. Su tema de apertura dura poco menos de 6 minutos y se titula ‘Seen Through A Door’: despliega unas arquitecturas melódicas pletóricas de recovecos manieristas donde las diversas capas de sintetizador y bajo se apoderan de todos los espacios y la riqueza de modalidades para dar vueltas al cuerpo central resulta envolvente. Los siguientes 6 ½ minutos están ocupados por ‘Morning Order’, pieza que llama principalmente la atención por su talante contenido y otoñal, haciendo que la atmósfera reposada que se expande con refinada convicción oscile suavemente entre la indefinida melancolía y la etérea apacibilidad. El bajo realiza una labor relativamente sencilla en la mayor parte del tiempo pero la ingrávida sutileza que dibujan los teclados le permite hacerse notar sin mayor esfuerzo. ‘Fishtank 1’ entra a tallar para explorar la faceta más propiamente atmosférica del grupo: el motif creado para la ocasión tiene una cualidad flotante. Esto suena hasta cierto punto celestial, pero también hay algo de sombrío latiendo por allí de manera persistente a través de las distorsionadas capas minimalistas del bajo: ojo que en algún momento el bajo estalla en un solo filudo que, en lugar de romper con el aura flotante imperante, le da un matiz más robusto. La pieza homónima se encarga de cerrar la primera mitad del álbum y lo hace de una forma genuinamente majestuosa: con el piano ocupando un rol protagónico por primera vez, su manera de enseñorearse del desarrollo melódico es sustentada a la perfección por las capas subterráneas de los teclados mientras Hopper va hallando espacios para acentuar algunos momentos estratégicos del groove reinante. 4 ¼ minutos de pura gloria musical a cargo de estos dos genios inconmensurables. El lado B del disco se inicia con ‘Elibom’, una composición de Hopper (la única que no es del dúo) que juega con un amplio groove jazzero que tan pronto nos remite a los tiempos del “Six” de SOFT MACHINE como también a ciertos factores del paradigma de unos WEATHER REPORT (pre-Pastorius). Crear un espíritu de soltura con pulso firme, ése es el lema de este quinto tema del disco.


‘Every Silver Lining’ se caracteriza por exhibir vibraciones extrovertidas que refuerzan el lado modernista de la banda: toda la parafernalia de las múltiples capas de sintetizadores y las imperiosas pulsaciones de bajo que resuenan como una inquietante maquinaria se articulan en un esquema de trabajo propio para poner música de fondo a imágenes frenéticas y tortuosas de una fábrica. Algunas capas esta de sintetizador y bajo realmente suenan amenazantes… y aun así, también hay algo de acogedor en el reinante aire de gracilidad que signa a esta pieza, por paradójico que suene. Los últimos 9 minutos y pico de “Two Rainbows Daily” están ocupados por ‘Waltz For Nobby’, una pieza diseñada para hacer una síntesis entre el colorido del primer tema del álbum y el talante introvertido del segundo, tal vez con un mayor énfasis en estos último. Uno no puede decidir cuál de los muchos solos de sintetizador que realiza Gowen a lo largo del camino es el más bello, todos son inapelablemente cautivadores, imponiendo su magia sin aspavientos. El armazón de piano eléctrico y bajo sobre el que se respalda el groove constante se porta con precisión matemática. La serie de bonus tracks comienza con ‘Chunka’s Troll’, una pieza extrovertida portadora de una espiritualidad grave. Luego sigue la dupla de ‘Little Dream’ y ‘Soon To Fly’, ambas piezas estipuladas para poner algo de relax emocional tras el despliegue de adusta garra de ‘Chunka’s Troll’: el primero de estos temas mantiene una estrategia tentativa y onírica, algo muy acorde con su título, a través de una serie de viñetas sonoras ingrávidas y misteriosas; por su parte, el segundo de estos temas se centra en una serie de efluvios manieristas de piano que oscilan entre lo contemplativo y lo vivaz. ‘Bracknell Ballad’ se explaya en juegos de deconstrucciones manejados con sigilosa lucidez mientras que ‘Stopes Change’ se orienta entusiastamente por los drásticamente aventureros caminos del free-jazz: aquí no hay deconstrucción sino continua reconstrucción que repudia la comodidad de lo fijo.

Teniendo ya dictaminado el fin de su vida en el corto plazo por culpa de la leucemia, Gowen vivió el resto de sus meses de vida como un auténtico trabajólico dispuesto a dejar tras de sí un testamento lo más nutrido de música que sea posible. Fue así que nació el cuarteto simplemente llamado ALAN GOWEN, PHIL MILLER, RICHARD SINCLAIR & TREVOR TOMKINS, el cual registró un hermoso disco titulado “Before A Word Is Said”. Grabado en dos jornadas en ese estudio de Trinity Road que era la casa de Alan Gowen, una entre el 25 y el 27 de abril de 1981, y la otra entre el 2 y el 4 del mayo siguiente, el catálogo de ocho piezas que conforma “Before A Word Is Said” fue lanzado al mercado por vía del pequeño sello Europa Records. Pero para entonces, ya no estaba Alan Gowen entre nosotros: de hecho, su muerte ocurrió menos de dos semanas después de la última sesión de grabación de este disco. Un testamento final de la visión musical que trajo consigo durante si existencia terrenal, “Before A Word Is Said” refleja a la perfección el tipo de conexión creativa que a Gowen le gustaba generar en torno a sí, y de hecho, merece ser considerado como una de las joyas más sobresalientes de la producción progresiva mundial después de los 70s. Cómo no, también como una de las obras más hermosas emergidas de la vertiente Canterbury, ya sea durante los 70s o en cualquier momento de la historia, para tal caso.


‘Above And Below’ irrumpe con todo al llenar de color y vigor los primeros minutos de “Before A Word Is Said”, más de 7 ½ minutos para ser más exactos. Su estructura comienza con un esplendor contenido, al modo de un apacible día soleado de fines de otoño que prepara el camino para las primeras horas de la próxima primavera. Así las cosas, a poco de traspasar la frontera del tercer minuto y medio, el bajo promueve la realización e instauración de un groove más extrovertido, faena que se completa cuando el sintetizador toma la posta del liderazgo. Para las últimas instancias, la guitarra pasa al frente con el dibujo de unos arquitectónicos fraseos portadores de un encanto sobriamente luminoso. Luego sigue la bella pieza ‘Reflexes In The Margin’, la primera de las tres composiciones de Gowen que forman parte del disco. El cuerpo central y el swing ostentan sus propios dinamismos congregados al unísono para gestar un fulgor tremendamente cautivador; mientras los dos instrumentos de cuerda fungen como socios perfectos de las bases armónicas de sintetizador, la batería exhibe un empuje señorial desde cuya fuerza de carácter se arropa a los demás instrumentos. Solo cuando se abre una cavidad para el solo de guitarra es que el entramado instrumental se relaja un poco mientras preserva el tempo. ‘Nowadays A Silhouette’ es una composición de Miller cuyos orígenes se remontan al último año de NATIONAL HEALTH (esa época en que Gowen reemplazó a su amigo y cofundador Dave Stewart). El halo introvertido bajo el cual va fluyendo el continuo reforzamiento de la base armónica de la pieza deja campo para varios solos de sintetizador, cada uno más impactante que el otro; mientras tanto, el bajo se hace sentir con sus acentuaciones del swing vigente, creando así un efectivo contrapunto grisáceo ante las gráciles florituras del sintetizador. Es tan atrapante la aureola contemplativa de esta pieza que uno puede muy bien lamentar que tan solo dure 4 ½ minutos. La breve pieza ‘Silver Star’ – dura poco más de 2 ¼ minutos – se encarga de cerrar la primera mitad del disco y lo hace con un groove llamativo de inspiración funky aunque sin llegar a hacerse realmente trepidante. Lejos de arrojarse a los brazos de una trivial ligereza, el grupo sabe crear recursos de ilustrativa densidad por vía de los teclados de Gowen y, claro está, el solo inicial de guitarra ya había aportado algo de garra al asunto. 



‘Fourfold’ traspasa el ecuador del repertorio con un talante extrovertido que, en muchos aspectos, instaura los momentos más joviales del álbum. De todas maneras, la vitalidad de la batería causa un impacto sesudo y meticuloso en el armazón global de los instrumentos, y también tenemos una magistral sucesión de solos a cargo de Gowen y Miller en una sucesión electrizante: el primer solo fue señorialmente aristocrático, el segundo, exquisitamente sobrio… y todavía queda un solo más de Gowen que da irrefutable muestra de una elegancia performativa que se hallaba en un nivel estratosférico. La verdad que este tema es una verdadera gozada. La pieza homónima ocupa un espacio de casi 8 minutos: no solo es el ítem más extenso del álbum sino que también es el más conmovedor con esa mágica languidez que ostenta a través de la recurrente repetición de la sencilla base armónica que sirve como núcleo compositivo. Comenzando y terminando con el ruido de niños jugando y corriendo en la calle, el hálito de ‘Before A Word Is Said’ es triste y el atavío que lo recubre es abstractamente solemne. Al modo de un crepuscular ensueño cuyo esencial aire de reposo nos confronta ante el misterio de la penumbra definitiva que abraza a la vida después de la vida, las recurrentes capas de sintetizador y las minimalistas cadencias de la guitarra (con añadidos tarareos a cargo de Sinclair) van inundando espacios con una languidez surrealista. La labor de Tomkins está mayormente centrada en los platillos mientras que la guitarra de Miller, a mitad de camino, crea espacios para soltarse un poco más. ¿Una elegía que Gowen anticipó para sí mismo? Es muy posible que se trate de eso mismo. La penúltima pieza del disco es una composición de Sinclair titulada ‘Umbrellas’, la cual se porta un aura jovial que nos remonta a los tiempos de HATFIELD AND THE NORTH pero bajo el embrujo de los GILGAMESH del primer álbum. Aunque la pieza no tiene letra – Sinclair solo tararea – se nota en ella que late el espíritu de una canción alegre que invoca al aspecto eternamente juvenil del espíritu que ama la vida: en este sentido, su función es la de fungir como contraparte a la pieza inmediatamente precedente. Tan poderoso como emotivo, ‘A Fleeting Glance’ cierra el repertorio con un impresionante esquema de sofisticaciones jazz-progresivas a través del intrincado desarrollo temático que gestó su compositor Miller. La labor del baterista es colosalmente prodigiosa teniendo en cuenta la cantidad de compases inusuales que hay en juego aquí; también tenemos aquí el más impresionante solo de Miller en todo el disco. 



Damos un salto de gigante en el tiempo para llegar a inicios del nuevo milenio cuando nos topamos con el dúo de amigos Elton Dean y Hugh Hopper (ya por entonces, colegas en SOFT WORKS y SOFT MACHINE LEGACY) formando parte de un proyecto internacional (británico-japonés, para ser más específicos) denominado SOFT MOUNTAIN junto con el teclista Hoppy Kamiyama (DAIMONJI) y el baterista Yoshida Tatsuya (RUINS, KOENJI HYAKKEI, KOREKOYOJINN, DAIMONJI). Todo empezó durante la gira japonesa que estaba realizando el cuarteto SOFT WORKS (cuarteto completado por Allan Holdsworth y John Marshall), contando Hopper y Dean con tiempo libre para satisfacer su inquietud por grabar algo refrescante e improvisado para aliviar un poco la monotonía en que se había convertido la labor de SOFT WORKS. Hopper se contactó con Kamiyama, un influyente y trabajólico teclista que se movía por varios terrenos del jazz y el rock experimentales y a quien conoció en el año 1999. El buen Hoppy reservó una jornada de grabación en el Gok Studio de Tokio tras contactarse con el también trabajólico músico Yoshida Tatsuya. SOFT MOUNTAIN fue el nombre escogido para este proyecto efímero para combinar la tradición de la MÁQUINA SUAVE y aludir al apellido de Hoppy, quese traduce como Montaña DivinaLa sesión en cuestión tuvo lugar el 10 de agosto del 2003 para salir al mercado en el año 2007 por vía del sello británico Hux Records, cuando el maestro Dean ya no estaba entre nosotros. La sesión consistió en una improvisación de poco más de una hora que en el disco se editó por unos pocos minutos menos de la hora completa: el repertorio se divide en dos partes de la ‘Soft Mountain Suite’. Se trata, al fin y al cabo, de un ejercicio de free-jazz condimentado sabiamente con vicisitudes progresivas de inspiración Canterburyana. 


La primera parte de esta suite comienza de frente con una improvisación de la dupla rítmica en comunión con notas sostenidas de saxo, con el piano uniéndose a los pocos instantes. El aire de improvisación y expectativa toma algún tiempo en explayarse y asentarse, pero ya pasados los dos minutos tenemos un esquema de trabajo reconocible, el mismo que está armado bajo la desafiante lógica de un free jazz que ostenta su radiante deconstrucción. Al minuto siguiente, unos reflexivos pasajes de piano entran a tallar para sustentar una esquematización más firme de la atmósfera que se va afianzando. Subsiguientemente, el ensamble forja un jam enérgico donde la esencia jazzera se nutre dinámicamente de ambientes psicodélicos: la batería de Tatsuya permite que el esquema global fluya convincentemente bajo una aureola de sofisticada exquisitez, mientras que los solos de Dean y los aportes de Kamiyama se erigen en protagonistas del asunto. Al llegar al minuto 15, emerge un pasaje caótico bastante electrizante, el mismo que logra establecer un interludio coherente con el despliegue de energía que se ha estado desarrollando desde hace rato. Al llegar al minuto 19, las cosas bajan un poco el frenesí para elaborar un caos expectante - es en un momento así que el oyente tiene más espacio para concentrarse en la magia de distorsión y matices que Hopper es capaz de generar con su bajo. No tarda mucho el ensamble en reinstalar el jam precedente por unos minutos más, antes de que sendos duetos de Dean-Tatsuya y Hopper-Kamiyama establezcan un puente hacia el jam final: el usualmente hiperbólico estilo de Tatsuya halla una expresión particularmente impresionante en este punto. Las cadencias free-jazz que se imponen a través de los últimos minutos de esta primera parte son manejadas con infinita soltura e incombustible energía. Es una pena, al menos para nosotros, que el fade-out tenga lugar, pues así resulta que se añora un final más impactante: como sea, esta sección del disco resultó tremendamente interesante en su desafiante posicionamiento sonoro.

La segunda parte de la suite se inicia frontalmente con un frenético caos que puede casi parecer como un tributo a JOHN ZORN: una vez más, deja espacio parta que Tatsuya se explaye en su naturaleza incombustible, y por supuesto, sus tres compañeros no son en lo absoluto tímidos a la hora de generar sus respectivas vías de bizarra exploración. Poco antes de llegar al tercer minuto y medio, el jam se regenera sobre un compás definido, lo cual hace que el cuarteto pueda reciclar sus fuerzas sobre un esquema regularizado. Por supuesto, esto no hace sino darle un matiz diferente al arrebatador bajo de Hopper y al travieso saxo de Dean, mientras que el otro maestro nipón decide trasladar su teclado preferentemente hacia un terreno más oculto. Llega un momento en que el saxo de Dean calla para que Hopper pueda establecer una impetuosa exhibición de turbulenta psicodelia a través de las cuerdas de su bajo a través de las capas cósmicas del sintetizador. Más adelante, cuando Dean regresa a la palestra, la señal está dada para que se vaya elaborando un crescendo que permita llevar la neurosis reinante hacia niveles extravagante de calor. Al llegar a la frontera de los 12 minutos y medio, el esquema rítmico se calma un poco a fin de crear una alternativa de misterio frente a los predominantes aires de furia colectiva. Por supuesto, Tatsuya no permitirá que esto dure mucho, y casi sin darnos cuenta, sus ingeniosos e intrusivos redobles entran a tallar nuevamente para desarrollar nuevas vías de inagotable tensión. Afortunadamente, a la postre decide Kamiyama hacer que su teclado sobresalga un poco más, por lo que durante un minuto y poco más tenemos un sonido más lleno. El momentum concluye con un breve homenaje sutil al jam espacial de ‘Shaving Is Boring’ (de HATFIELD AND THE NORTH), siendo así que al llegar el minuto 19 y medio, nos hallamos con un atractivo interludio de piano y saxo que nos retrotrae a tiempos de JOHN COLTRANE y THELONIUS MONK. A partir de pasados los 23 minutos, el ensamble completo vuelve a involucrarse de lleno en el viaje, siendo así que las vibraciones ya no son neuróticas sino alegres, portadoras de un swing contagioso. El fade-out llega dejando un espacio pertinente para un efectivo desarrollo de esta última idea: sin duda que el jam en cuestión siguió adelante en la vida real, pero en esta manifestación virtual, se trata de un final más que adecuado. De hecho, todo el disco es un prodigio de rectitud artística que se inventa y reinventa sobre el camino de manera convincente y cautivador.

  


“Soft Mountain” es, por decirlo con la mayor simpleza posible, una gema para no perdérsela, así como lo son los otros tres discos que hemos comentado en esta relativamente aleatoria retrospectiva. Al final, hemos traspasado las fronteras temáticas que delineaba la pregunta que encabeza a esta retrospectiva, pero bueno, nos hemos dejado llevar por las diversas memorias de varios momentos creativos que tuvieron estos genios en sus propios páramos durante y tras la experiencia de SOFT HEAP. Así pues, dedicamos esta retrospectiva múltiple a las memorias respectivas de los maestros Hugh Colin Hopper (muerto el 7 de junio del 2009) y Elton Dean (muerto el 8 de febrero del 2006), agradeciéndoles por todo lo que nos dieron en todos los proyectos musicales en los cuales estuvieron involucrados y cuyos registros nos brindaron y seguirán brindando mágicos deleites melómanos.


Muestra de “Soft Heap”.-

Muestra de “Rogue Element”.-

Muestras de “Two Rainbows Daily”.-

Muestras de “Before a Word Is Said”.-

A Fleeting Glance: https://www.youtube.com/watch?v=g809NxWn6Vg



[Esta retrospectiva está basada, en buena medida, en las siguientes reseñas originalmente publicadas en la página web de La Caja De Música: