Wednesday, May 27, 2015

FIELDS: contrastes de ayer y hoy


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos metemos en una de las muchas arcas de tesoros perdidos que existen en el inmenso y frondoso bosque lejano del rock sinfónico británico de inicios de los 70s: al hacerlo, nos topamos con FIELDS, un trío centrado en la presencia del teclista Graham Field tras su salida del relativamente exitoso cuarteto RARE BIRD (autores del himno pacifista ‘Sympathy’). Aunque dentro de RARE BIRD había bastante espacio para los teclados con las presencias de Field y David Kafinetti, tras la producción del segundo álbum del cuarteto, Field decidió formar un trío con él mismo como único teclista: sus compañeros de aventuras fueron el baterista-percusionista Andy McCulloch (recientemente ido de KING CRIMSON por sentirse poco interesado en la evolución estilística de la banda y su escasa logística para tocar en vivo tras grabar “Lizard”) y el cantante-guitarrista-bajista Alan Barry. Este último también tenía un pasado semi-Crimsoniano en su currículum vitae por haber integrado entre 1962 y 1963 la banda DOWLANDS con los hermanos Peter y Michael Giles (¡vaya por dónde!). El estilo propuesto por FIELDS está, en cierto sentido, cercano al paradigma Emersoniano (tanto por lo de los últimos discos de THE NICE como por el primero de EMERSON, LAKE & PALMER), pero también se notan los aires de familia con la vitalidad impenitente de unos ATOMIC ROOSTER, así como con la pulcritud melódica de unos CRESSIDA y la soltura mayestática de unos COLOSSEUM. También se anticipa la gracilidad colorida y estilizada que poco después habremos de disfrutar en el cuarteto GREENSLADE: es curioso que nos veamos en la situación de mencionar a estos últimos dos grupos, pues justamente Andy McCulloch, tras la temprana debacle de FIELDS, rehízo su carrera musical como baterista-percusionista de aquel grupo que surgió comandado por el ex COLOSSEUM Dave Greenslade. FIELDS grabó un disco homónimo para el sello CBS a mediados del 1971. El poco apoyo del sello y la mínima repercusión comercial del álbum lo convirtió en el único de la banda… o eso se creía hasta marzo pasado.

  

Resulta que a fines del año 1971, el trío decidió resistir un poco más a pesar del fracaso de “Fields” y el inconveniente de la partida de un decepcionado Barry: así, Field y McCulloch convocaron como reemplazante de Barry a Frank Farrell (quien había formado parte de SUPERTRAMP para su segundo álbum “Indelibly Stamped”) y se pusieron todos manos a la obra para armar nuevo material con la meta de grabar un segundo disco a ser titulado “Contrasts”. El disco fue efectivamente grabado pero los masters fueron abandonados y despreciados por la CBS, provocando ya el desánimo decisivo y fatal para el trío: disueltos los FIELDS, el maestro Field retomó el proyecto de RARE BIRD. En fin, más de 4 décadas después, Graham Field ha rescatado los masters de aquel segundo disco y los ha sometido a una mezcla de sonido más meticulosa que la que se podía hacer con la tecnología disponible en aquellos tiempos de gestación del disco… y ya es una realidad bajo el título extendido de “Contrasts – Urban Roar To Country Peace”. El sello Esoteric Recordings se ha encargado de publicar este tesoro perdido con una edición refinada que incluye en su librito varios dibujos y una entrevista al buen Sr. Field. El disco nos ofrece un repertorio oficial de 8 canciones y 3 bonus tracks: con esto ya podemos decir que la comunidad progresiva internacional tiene al alcance de la mano todo lo que FIELDS pudo aportar al ideal del rock progresivo durante sus escasos 18 meses de existencia. En el balance general que planteamos ahora para terminar con estos preámbulos, valoramos principalmente la mayor fuerza expresiva del álbum debut, mientras que “Contrasts” tiene a su favor una labor de artesanía refinada a la hora de elaborar nuevas texturas dentro del sonido grupal, así como una producción de sonido más solvente, lo cual claramente se debe al hecho de que la postproducción se ha hecho en nuestros tiempos.

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Vayamos ahora a los detalles de estos dos discos de FIELDS, respetando el orden cronológico. “Fields” se inicia con una pieza ágil y vibrante que dura poco menos de 5 ½  minutos: ‘A Friend Of Mine’. Con los ornamentos barrocos y manieristas de los teclados (órgano y pianet) se tiene garantizado un colorido melódico sólido, mientras que McCulloch hace gala de su inteligente punche a través del rigurosamente exigido dinamismo que se da de principio a fin del tema. Luego sigue la dupla de ‘While The Sun Still Shines’ y ‘Not So Good’: el primero de estos temas juega con un groove R’n’B no ajeno al paradigma de TRAFFIC, pero robustecido por una vitalidad rockera propia del DEEP PURPLE pre-Gillan, mientras que el segundo consiste en una balada sencilla con cierto aire a PROCOL HARUM (de la época del “A Salty Dog” y “Home”) y con algunos guiños a RARE BIRD. ‘Three Minstrels’ juega con atmósferas y ritmos renacentistas: la línea melódica ceremoniosa se complementa con ciertos recursos percusivos llamativos, mientras que en algunas secciones el trío elabora una sonoridad fastuosa. Cerrando la primera mitad del álbum, ‘Slow Susan’ es un hermoso instrumental lento e intimista: el sencillo desarrollo temático ostenta una aureola etérea que parece retratar un ensueño en un atardecer otoñal. Durando casi 6 minutos, ‘Over And Over Again’ resulta la canción más larga del disco: heredando mucho del dinamismo con que nos golpeó ‘A Friend Of Mine’ y también algo del groove coqueto de ‘While The Sun Still Shines’, se impone como un cénit crucial del repertorio. Las dos baladas ‘Feeling Free’ y ‘Fair-Haired Lady’ sirven para mostrarnos la faceta apacible del trío: la primera de ellas vuelve al prototipo de PROCOL HARUM mientras que la segunda se centra en el dueto de voz y guitarra acústica, totalmente pastoral, con algunos añadidos arreglos de madera muy suavizados (creados por la invitada Dafne Downes, encargándose ella misma del clarinete, así como por el propio Barry al mellotrón). ‘A Place To Lay My Head’ se explaya en clave blues-rock con una cierta ligazón al esquema de COLOSSEUM aunque con un espíritu menos filudo. Con ‘The Eagle’ concluye el álbum, y lo que se nos muestra en este epílogo es el clímax final del álbum: un instrumental donde se da luz verde a todos los recursos de estilización propios del sinfonismo británico, con ciertos guiños ocasionales a la vitalidad del jazz-rock, y como broche, un hermoso pasaje de piano de cola casi a lo CHOPIN.

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Ahora nos centramos en el recuperado disco “Contrasts – Urban Roar To Country Peace”, el cual se abre con ‘Let Her Sleep’: 5 minutos de gloria progresiva donde el medio tiempo imperante se reparte entre estándares de inspiración barroca y vibraciones de rock melódico refinado. El ensamble se muestra pulcramente afiatado, satisfecho con su propia fuerza de carácter a la hora de expresar sus inquietudes musicales. Si esta canción sonaba a una versión de THE NICE hecha por RARE BIRD bajo la dirección artística de ATOMIC ROOSTER, la siguiente, titulada ‘Wedding Bells’, nos remite a la línea de COLOSSEUM con algunos ribetes propios del YES pre-Howe. Teniendo un epílogo de violín, esta canción abre el camino de engarce para los aires de blues lento de ‘Someone To Trust’. El violín (evidentemente tocado por un invitado) se queda allí para añadir colores en algunos lugares estratégicos a fin de realzar la vibración contemplativa de la canción. Por su parte, ‘Wonder Why’ sube la intensidad rítmica con una dinámica jazz-progresiva muy ágil que se inspira en parte en el paradigma del Motown: los coros femeninos, más que acompañar al canto de Farrell, lo envuelven y opacan. La pieza es muy llamativa, material propio de las listas de éxitos radiales, y es una pena que no tenga una duración más amplia. ‘Music Was Their Game’ tiene un extraño pero atractivo aire al CARAVAN del “In The Land Of Gray And Pink”: líneas melódicas bien dibujadas, una actitud picaresca y un canto sereno. Una vez más hay que decir que… ¡es una pena que solo dure 3 minutos! La dupla ‘The Old Canal’ y ‘Put Out To Grass’ se encarga de redondear los recursos estilísticos del trío: la primera pieza es una balada serena donde el violín entra a tallar para engalanar la base armónica bien armada por el piano y el órgano; la segunda es una proyección instrumental que se desdobla entre los paradigmas de THE NICE y COLOSSEUM, sacando el jugo al coqueto motivo central que se desarrolla con impoluta fluidez. El repertorio oficial de “Contrasts” se cierra con ‘Storm’, una canción que nos devuelve a la prestancia estilizada y grácil de ‘Let Her Sleep’ mientras reitera algunos guiños al Canterbury lírico de CARAVAN. Da la impresión de que esta canción tiene dentro de sí un potencial épico pero su fade-out final llega antes de que se pueda crear una especie de clímax resonante. Pero la música no acaba aquí, pues tenemos 3 bonus tracks. ‘Set Yourself Free’ se sigue explayando en el patrón de CARAVAN con una soltura llamativa (tal vez afín también al primer YES pero sin guitarra), mientras que los dos instrumentales ‘The River’ y ‘Spring’ se enfilan hacia climas relajantes, uno ostentando un cariz pastoral y el otro centrándose en una languidez etérea en base a amables cadencias blueseras.

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Este legado entero de FIELDS es valioso para conocer un poco más a fondo y apreciar a la vertiente sinfónica del rock progresivo británico que ya tenía sus estándares bien asentados: teniendo en cuenta este entorno inmediato dentro del que se movieron Field, McCulloch, Barry y Farrell, “Fields” y “Contrasts – Urban Roar To Country Peace” son testimonios estupendos del tipo de creatividad musicalidad que se sentía ebullente e incesante dentro del rock artístico británico. Y de paso, nuestro redescubrimiento de FIELDS será un homenaje justo al músico Frank Farrell, quien nos dejó en julio de 1997, a poco de cumplir el medio siglo de edad. 


Muestras de FIELDS.-



[Reseña dedicada con camaradería y profundo agradecimiento a Ernesto Vidal, el jefe de La Progresión, por haberme mostrado a FIELDS]

Monday, May 25, 2015

Un 3 de mayo de hace muchos años, los chicos de la banda GENTLE GIANT...


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Siempre es agradable hablar de GENTLE GIANT, genios indiscutibles de la vieja tradición progresiva británica y gestores de una de las patentes más peculiares de ese movimiento. Tan ignorados por el mainstream como adorados por las generaciones de fans y músicos progresivos que salieron al frente desde esa época del revival de los 90s, el grupo tuvo su alineación clásica y más duradera en el quinteto de Derek Shulman [primera voz, coros, saxo, flauta dulce, bajo ocasional y percusiones adicionales], su hermano Ray [bajo, violines, guitarra acústica, flauta dulce, percusiones adicionales], Kerry Minnear [teclados, vibráfono, cello, coros, primera voz ocasional, glockenspiel y percusiones adicionales], Gary Green [guitarras eléctricas, acústica y de 12 cuerdas, flauta dulce, glockenspiel, percusiones adicionales y coros] y John Weathers [batería, vibráfono, glockenspiel, tambor renacentista, otras percusiones y coros]. Esta formación se inauguró con el disco del año 1973 “In A Glass House”, el primero sin el mayor de los Shulman, Phil, y el segundo con Weathers a cargo de los tambores, platillos, bombos y otros surtidos artefactos percusivos. Es, sin duda, la formación clásica del ensamble surgido de las cenizas de SIMON DUPREE AND THE BIG SOUND. 




Bueno, a fin de cuentas, lo que queremos traer a colación en esta ocasión sobre GENTLE GIANT es la edición que se hizo en noviembre de 2014 de una valiosa reliquia de su gira de promoción del “Interview”, su octavo disco de estudio. La reliquia en cuestión se llama “Live At The Bicentennial 1776-1976”, la misma que recoge la mayor parte del concierto que dio el grupo en el 3 de julio de 1976, en el Calderone Theater, justamente en la víspera del Bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos de América. La existencia de este ítem se debió a la donación que hizo Rich Hilton a Alucard Music – el sello encargado de publicar reediciones y rarezas varias del catálogo de GENTLE GIANT – de la transmisión radial que de este evento realizó en su momento la emisora WLIR. Ha hecho falta un doble CD para develarnos lo que se registró en esta fantástica radio-emisión: strictu sensu, no es una novedad absoluta puesto que de aquí procede el popurrí del “Octopus” que se utilizó como bonus track para la reedición remasterizada del disco en cuestión – publicada en el 2011 – pero sí resulta buenísimo contar con este doble registro a cabalidad.
   

El repertorio el concierto nos muestra varias semejanzas con el que se recoge en el único disco en vivo oficial de la banda que existía hasta ahora: “Playing The Fool”, que data del año 1977. La canción de entrada ‘Just The Same’ (impactante canción inicial del álbum “Free Hand”, a la sazón, el más vendedor de un grupo sistemáticamente ignorado por la prensa musical y por las grandes compañías distribuidoras) viene precedida de una introducción grabada originalmente compuesta por Ray Shulman y Kerry Minnear. Si en el “Playing The Fool” solo se nos mostraba los últimos 25 segundos de esta introducción, pues ahora la escuchamos completa: se trata de un motif fastuoso de claros ribetes renacentistas donde los sintetizadores, violines y percusiones se conjugan en lo que es el anuncio de algo explosivo por venir. Y en efecto, eso es lo que nos brindan los GENTLE GIANT con la secuencia de ‘Just The Same’ y el popurrí de ‘Proclamation’ y ‘Valedictory’ – una serie de sistemáticas explosiones rockeras a través de exraños desarrollos melódicos, complejos juegos de síncopas en las estructuras rítmicas y no menos juegos de contrapuntos entre la guitarra y los teclados, la perfecta combinación de entusiasmo visceral, exquisita inteligencia musical y robustez sonora. Las cosas bajan un poco el nivel de intensidad pero ni una molécula de un ápice de la expresividad musical cuando emerge ‘On Reflection’, pieza que se apoya inicialmente en un hermoso cuarteto de violín, cello, flauta dulce y vibráfono antes de que la segunda sección, basada en polifonías corales, disponga el terreno para la conclusiva sección instrumental (un arreglo diferente al de la versión de estudio que también aparece en “Free Hand”). Haciendo un chiste durante la presentación de ‘On Reflection’, el frontman Derek saluda al público anticipando la felicitación por la celebración del segundo centenario de la independencia del pueblo estadounidense, añadiendo que ellos, como británicos, ahora “harán las paces” con el respetable. Tal como anuncia también el buen Derek, la pieza está organizada para que empiece en clave tranquila para finalmente ponerse un poco más excitante: esos diálogos de guitarra y sintetizador que se desarrollan en la sección final sobre el swing ingenioso de Weathers, mientras un excelso Ray Shulman va llenando espacios a granel entre ritmo y melodía, son elementos esenciales de lo mejor que ha dado GENTLE GIANT a la tradición del rock progresivo.

  

Recién en la cuarta canción el grupo empieza a presentar el que entonces era su nuevo disco, y lo hace precisamente con la canción homónima. Como muy pocas veces se dedicaba el grupo a replicar sobre el escenario los arreglos plasmados en las versiones de estudio, pues que no nos sorprenda que el solo de piano original sea reemplazado por uno de sintetizador en clave muy tirada hacia el jazz-rock, ni tampoco que Weathers y Ray aporten nuevas sonoridades desde el vibráfono y el violín para la sección instrumental que antecede a la última parte cantada. Dadas las circunstancias de la adrenalina que se explaya a la hora de traducir las ideas musicales del estudio al contexto de un concierto en vivo, y sobre todo, dado el hecho de que este quinteto era un aquelarre de maestros del rock, el grupo saca buen provecho de la presencia de la guitarra eléctrica, dejando que sus riffs se erijan en el centro neurálgico de la instrumentación global. Esta incursión en el vigor rockero que es marca registrada de la casa prepara al grupo para dirigir con rectitud y nervio ese vendaval que es el popurrí de ‘The Runaway’ y ‘Experience’. Estas muestras del “In A Glass House” son garantía de electrizante intensidad y grooves contagiosos, son, al fin y al cabo, muestras paradigmáticas de lo que siempre significó el nombre de GENTLE GIANT para la perpetua memoria del rock progresivo británico de los 70s. Con todo, el primer cénit del concierto debemos identificarlo en ‘So Sincere’, la pieza del álbum “The Power And The Glory” que era más celebrada en los conciertos. Y claro, no era para menos, pues incluía una rotunda orgía de batería y percusiones varias en su segunda mitad (el viaje entero dura alrededor de 11 minutos). Es fantástico cómo Derek, Ray, Gary y Kerry amoldan las síncopas y ornamentos de sus timbales y bombos con total destreza bajo la guía que instaura el magistral John Weathers desde su batería. No nos cabe duda de que esta toma es mejor que la ya de por sí excelente experiencia que se plasmó en el “Playing The Fool” y, dada la edición del doble CD, funciona como un estimulante final del primer volumen. Tal como anunciaba Derek, la conclusión de la canción viene con un despliegue de locura de tambores al estilo de Sandy Nelson, Gene Krupa y Cozy Powell”, lleno “de procacidad y analidad”; también comenta orgulloso que “The Power And The Glory” fue un disco importante para la banda porque supuso un cambio de sello y, además, “tuvo tanto éxito como para llegar al Top 2000 de algunos países (ese humor británico, siempre tan pomposo y autodespreciativo a la vez).


Otro momento particularmente ambicioso del repertorio es el popurrí del álbum “Octopus”, el cual se encarga de abrir el segundo volumen de este ítem. Este popurrí sigue el mismo estándar que tenemos en el “Playing The Fool”: sección inicial de ‘The Boys In The Band’ / dueto de guitarras acústicas a cargo de Gary y Ray donde se incluye una cita de ‘Acquiring The Taste’ en clave de madrigal /primera mudanza y estribillo de ‘Knots’ / intermedio de órgano y sintetizador a cargo del maestro Minnear / ‘The Advent Of Panurge’ con un intermedio de cuarteto de flautas dulces y un tambor medieval. Lo que sigue a continuación es una serie de dos canciones del “Interview”: ‘Give It Back’ y ‘Timing’. De hecho, la motivación principal de Alucard Records para publicar esto residía en el hecho de que era la primera ocasión de publicar el registro de un concierto con tantas canciones del “Interview”: ¡en el “Playing The Fool” solo hay una! Bueno, el grupo presenta versiones ampliadas de ambas canciones, siendo la novedad en el caso de ‘Give It Back’ la inclusión de un pasaje instrumental sobre el cual se desarrolla un llamativo solo de vibráfono. Por el lado de ‘Timing’ la cosa es más alucinante porque el arreglo nuevo está hecho para que la canción dé impulso a un largo y simpático solo de violín a cargo del maestro Ray Shulman. En varios momentos el violín es utilizado para imitar los gritos y demás vociferaciones onomatopéyicas que proceden del público: no olvidemos que lo lúdico era algo esencial dentro del estilo de GENTLE GIANT, y en este caso, el genial Ray funge de embajador del progresivo humorístico ante el público. Lo último que escuchamos del solo de violín es la escala que se hace al piano para iniciar a canción ‘Free Hand’: en efecto, el piano eléctrico toma lo que calla el violín para que Ray e cuelgue el bajo sobre los hombros y la maquinaria rockera de GENTLE GIANT se explaye en su peculiar grandiosidad. No sabemos cuánto es el nivel de temperatura que tiene una estrella antes de apagarse, pero sin duda debe ser algo parecido a lo que emana esta combinación de guitarra, teclados, bajo y batería por más de siete minutos mientras el concierto va llegando a su triste final. Monstruoso y fabuloso rock moldeado con esquemas complejos creados con galáctica lucidez estética, eso es GENTLE GIANT en lo esencial y esta canción cierra el “Live At The Bicentennial” declarándolo a los cuatro vientos.

  

Es una pena que sea así, y decimos esto porque el grupo decidió cerrar el concierto con una versión del clásico R’n’B de Wilson Pickett ‘In The Midnight Hour’ (previo popurrí de ‘I Lost My Head’ y  ‘Peel The Paint), aprovechando que el concierto terminaba a poco de pasada la medianoche y la nación estadounidense ya había entrado oficialmente a su día bicentenario. Nade de ello entró en este documento sobreviviente de esa fecha, pero bueno, con todo, “Live At The Bicentennial 1776-1976” es un ítem de lujo dentro de una colección mínimamente buena de rock progresivo. Lo que hicieron los muchachos de GENTLE GIANT en ese concierto del 3 de julio de 1976 fue magistral, brutal y fenomenal, y es una gozada monumental para cualquier coleccionista serio de rock progresivo. 


Muestra del concierto en Calderone Theater, 3 de julio del 1976.-
Excerpts from “Octopus”: https://www.youtube.com/watch?v=ld4ZIV3iMrg


Friday, May 22, 2015

Pavanas y otras danzas en la nueva andanza musical de MINIMUM VITAL


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

MINIMUM VITAL vuelve al ruedo con “Pavanes”: este doble álbum nos muestra a un ensamble que se impulsa desde la faceta más pastoral de su álbum anterior – “Capitaines”, ¡del año 2008! – y reciclan varias pautas de creatividad folk-progresiva del proyecto VITAL DUO. Con eso tenemos que la vuelta a las raíces y el manejo de desarrollos melódicos refinados sean las dos reglas de juego que el conjunto se impone, manejando estas nuevas ideas musicales con el gran oficio habitual a lo largo de su carrera discográfica, la cual se inició a fines de aquella lejana década de los 80s. El trío de los dos hermanos Payssan (Jean-Luc, a las guitarras acústica y eléctricas, oud, saz, percusión y canto; Thierry, a los teclados, percusión y canto) y Eric Rebeyrol (bajo, saz y trompeta) ha hecho un trabajo muy bordado en estos 19 temas que repasaremos individualmente más adelante. La paleta sonora que se explaya a través de esta hermosa pinacoteca del ruido folk-progresivo se completa con los aportes ocasionales de los invitados especiales Gilles Pialat (batería MIDI), Chfab (canto) y Laure Mitou (también al canto). Parece mentira que ya hayan pasado 30 años desde la publicación de su casete “Envol Triangles” de forma independiente… y ahora tenemos al grupo asentada con perenne vitalidad en el Parnaso viviente de los veteranos genios del rock progresivo francés. Bueno, ya es hora de dejarnos de preámbulos… ¡a entrar en los detalles del abundante repertorio del “Pavanes”!

 

‘Javary & Montago’ da inicio a esta doble fantasía con un vigor tremendo que nos remite al aspecto rockero de los dos primeros discos de la banda, así como a entidades vecinas como ECLAT y EDHELS que en su momento fueron cruciales para el revival francés de los 90s. Durando casi 6 ¾ minutos, ‘La Basse Danse’ nos remite a una vitalidad distinta, una inspirada en aires campestres sobre una base rítmica cuyo groove tiene un buen acento jazz-rockero; es en la labor de los teclados donde se garantiza el asentamiento de la identidad sinfónica dentro del entramado sonoro, el cual parece rendir tributo al JETHRO TULL de la etapa 77-79. Una vez que emerge la tercera pieza, ‘Valadôn’, con su ritmo ceremonioso y orgullosa luminosidad añeja, el terreno está fértil para el predominio de climas bucólicos y ensueños pastorales en lo que resta de este primer volumen de “Pavanes”. En efecto, ‘La Pavane’ es literalmente una pavana arreglada con el adecuado color folk-progresivo que hemos gozado en los mejores momentos de JETHRO TULL y GRUPHON. ‘Rodéo’ recibe la aureola de exquisita alegría de las piezas precedentes pero se pone a intensificarla con un ritmo trepidante: esta vez son los instrumentos de cuerda quienes llevan el rol protagónico para el desarrollo temático mientras la base rítmica impone su ágil prestancia para invitarnos a una pletórica danza imaginaria. El sexto tema es una adaptación de una pieza tradicional llamada ‘Le Prisonnier Hollandais’, marcada por ciertos recursos de densidad mientras el colorido esencial del cuerpo central se impone con gracia. El expresivo colorido de los teclados y las líneas de trompeta que aporta el bajista Rebeyrol son vitales para que la pieza se mantenga firme dentro de su esquema pícaramente pomposo.

‘Marie Flies’ se encarga de devolvernos a las atmósferas elegantemente juguetonas que ya habíamos disfrutado en ‘La Basse Danse’: en comparación, el esquema sónico se siente más rebosante aquí no solo porque Thierry añade acordeón a su labor en los múltiples teclados sino porque también interviene la trompeta de Rebeyrol. Por su parte, ‘Suite En Poussière De Lune’ nos muestra una joya de teclados sinfónicos armada sobre un compás de corte renacentista, aunque también se sienten ciertos aires góticos en algunas secciones de la avasalladora arquitectura de órgano y sintetizadores. Con los ornamentos de trompeta y la coda dirigida por la guitarra clásica se completa un cuadro espectacular. ‘Folkish’ dura 8 ¾ minutos y tiene muchos lugares a donde ir en todo ese espacio. En su sección inicial, vuelve a apelar a la natural sencillez de lo campestre, centrándose en cuerdas y percusiones para decir lo que tiene que decir en el momento, pero de forma muy fluida vira hacia un escenario sónico más pomposo, ostentando una fineza majestuosa muy sólidamente armada mientras el aspecto campestre sigue vigente en la armazón rítmica. En todo caso, el esplendor sinfónico debe mucho al paradigma de CAMEL y un poco al de YES: de verdad que no pudimos dejar de pensar en el gusto de Steve Howe por las florituras en clave aguda en algunos momentos de lucimiento de Jean-Luc (lucimiento magistral, cabe añadir). Este primer volumen se cierra con ‘Villages’ pieza que ostenta un colorido saltarín: su muy poderoso magnetismo vuelve a evocar los tiempos de JETHRO TULL donde celebraban el esplendor de la tradición folclórica a todo dar (77-79), pero también supone – ante todo, de hecho – un reencuentro pleno de esta nueva aventura de MINIMUM VITAL con las cartografías progresivas que diseñaron en sus inicios, entre los años 1988 y 1993.


Abre el segundo volumen del disco ‘Saladin’, un tema que parece primo hermano del que había cerrado el primero. Definitivamente, los espacios que crea la guitarra eléctrica en medio de las capas del saz y el oud ayudan a ‘Saladin’ a proyectar una luminosidad especial para el resto del repertorio: así, ‘Yassim’ emerge con un groove parcialmente basado en dinamismos jazz-rockeros aunque con la mira del bloque integral sólidamente puesta en la tradición renacentista mediterránea. Con el aura lúdica de ‘Yassim’ y las vibraciones contemplativas de ‘Sur Tes Pas’, el grupo parece trazar un camino de expresividades introspectivas donde los desarrollos melódicos de turno son manejados con una delicadeza envolvente y conmovedora. ‘L’Enfance Des Sages’ – a la sazón, la pieza más extensa del segundo volumen con sus 8 minutos de duración – sigue adelante en este camino hacia los bosques de la introspección reflexiva, y lo hace dando un giro hacia la tradición del rock sinfónico, muy acorde con los paradigmas de CAMEL y GENESIS, por no añadir también una mención a RENAISSANCE. Es como si el grupo hubiera dejado de pasear por los bosques y aldeas y se hubiese instalado en un palacio, dejando que las imágenes de boato y lujo de la sangre azul les motiven ideas marcadas por una estilización exquisita. Los hermanos Payssan hermanan sus instrumentos de tal manera que la ingeniería global brilla con un esplendor exquisito a través de cada una de sus bisagras y encajonamientos: para cada envolvente línea de guitarra no tarda en emerge una contraparte de parte de los teclados donde se alza un grandioso despliegue de orquestaciones infinitamente meticulosas.


‘Le Tourdion’ se hace eco de este enfoque estilizado mientras nos devuelve a los aires festivos de las danzas campestres, mientras que el esquema rítmico se empapa parcialmente de esa dinámica especial propia del jazz-fusión, particularmente notoria en los arreglos de bajo y la centralización de los instrumentos de percusión. Es fácil ver en esto otro guiño a los tiempos del “Sarabandes”, especialmente porque el modo en que Jean-Luc recicla sus propias influencias de Howe y Latimer resulta crucial a la hora de focalizar apropiadamente el colorido esencial de la composición. Más de lo mismo nos ofrece acto seguido ‘Chanter Toujours’, aunque esta vez la banda se centra más en jugar con un jam básico y añadirle factores sofisticados sobre el camino que en elaborar una arquitectura perfilada como se dio en los casos de los dos temas precedentes. ‘Ende Limbo’ es como la fruta que cae sobre la hierba tras llegar a su máxima expresión de madurez en la rama que la sostenía: se trata de un agradable viaje jazz-progresivo nada ajeno a las líneas de trabajo que actualmente desarrollan bandas como MAGNETIC SOUND MACHINE y ECLAT. Es como si la secuencia de los temas tercero al sexto hubiese sido un trayecto desde la arquitectura del sonido hacia la celebración de la sencilla alegría, siendo el sonido, en este último caso, como la seda para los ropajes que cubren a quienes bailan. ‘Soleil Dén’ nos lleva de regreso hacia las aguas del Mediterráneo, mostrándonos un paisaje sónico gentil antes de que surja ‘Suite Ibérique’ para cerrar el volumen y el álbum: esta pieza se centra en la guitarra española, cuyas líneas melódicas y cadencias guían a los aportes percusivos diseñados para completar el intimista bloque sonoro en curso.

 

Tenemos en “Pavanes”, a fin de cuentas, una labor magistral de rescate y revitalización de las mejores esencias sonoras de MINIMUM VITAL tras la experiencia de VITAL DUO, algo que repetimos del primer párrafo de la presente reseña: eso solo puede significar buenas noticias para el actual estado de cosas de la música progresiva, y sobre todo, que es un disco altamente recomendable en cualquier colección progresiva razonablemente buena.


Muestras de “Pavanes”.-
Javary & Montago [video-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=tTHE39LSYiE


[Dedico esta reseña, con enorme aprecio, a mi amigo y hermano melómano Jol Paiva por haberme presentado a este grupo hace muchos años... y la buena impresión persiste hasta el día de hoy.]

Tuesday, May 19, 2015

ZS: la nueva ley de los lobos vanguardistas


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El ensamble estadounidense ZS vuelve a emerger de su sólido nicho dentro del siempre activo movimiento underground de Nueva York, un incesante hervidero de ideas nuevas que apuntan a hacer de la música futurista algo, de una forma u otra, intangible para el presente e inexorable frente al pasado. “Xe” es el título de la nueva aventura fonográfica que nos brinda el trío de Sam Hillmer [saxo y efectos computarizados], Greg Fox [batería, percusión y sintetizador] y Patrick Higgins [guitarra y efectos computarizados] para el presente año 2015. El trío repite plato después del disco “Grain”, que data del 2013. El grupo se originó en el año 2000 por iniciativa de Hillmer aunque recién dos años después hizo su debut en los escenarios… y ahora les tenemos aquí gestando vías de desafiante expresividad. Su propuesta es muy sui generis, donde la electrónica, el rock, el jazz de avanzada y la musique concrete fungen de cuatro elementos para la constitución de un kosmos nuevo que se resiste a ajustarse uniformemente a un orden totalmente constante. Si en “Grain” el trío abrió puertas y ventanas a las musas de la abstracción vigorosa en busca de una neurosis metafísica, “Xe” encarna la acción de salir de la casa para investigar de dónde sacan dichas musas su luz inspiradora: concretemos esta expresión con una detallada descripción del repertorio de este álbum. 


Empezando con una base de palmas simuladas sobre la cual se sustenta la arquitectura rítmica, ‘The Future Of Royalty’ abre “Xe” desarrollando un ejercicio de vitalismo dadaísta donde los riffs de guitarra y las pulsaciones del saxofón (fuertemente filtrado por efectos sintetizados) se amalgaman en un puzle cibernético intenso y rotundo. ‘Wolf Government’ emerge cortando de cuajo este clímax inicial elaborando un radical juego de deconstrucciones sónicas donde la lógica surrealista de resplandores oníricos se conjuga a la perfección con el paradigma futurista de celebrar el auge de la máquina. La naturaleza abrumadoramente punzante de los sonidos organizados en esta pieza simbolizan los abusos del monstruo metálico que agita el corazón de la sociedad urbana moderna y continuamente devora a las últimas generaciones de seres humanos. Cuando se abre campo a un solitario delirio cacofónico de guitarra, el camino está preparado para que emerja la tercera pieza del álbum, la misma que se titula ‘Corps’. Aquí, el grupo empieza a explayarse en sus vuelos musicales apelando a una combinación de jazz vanguardista a lo JOHN ZORN, climas krautrock a lo CAN y teorías minimalistas propias de la musique concrete: es como si el caos agobiante de la pieza anterior hubiera motivado un sistema de ordenamiento musical donde lo obsesivo no es exceso sino el nuevo camino de la prudencia. La batería de Fox aprovecha las cadencias y espacios de esta ambientación general para elaborar una ingeniería pulsátil que se siente tan desafiante como cálida. Por su parte, el saxo de Hillmer se focaliza en crear exorcismos neuróticos e inquietantes ansiedades: esto viene muy bien cuando en ciertos momentos específicos, la guitarra abandona parcialmente sus vibraciones maquinistas para elaborar breves explosiones de formas libres.


Tras los amplios pasajes de señorial ensoñación sónica que conformaron el cuerpo central de ‘Corps’ llega una coda caótica, anuncio del pronto arribo de la cuarta pieza del álbum, ‘Weakling’: en esta instancia, el grupo elabora unos climas aleatorios semejantes a los del limbo modernista rimbombante de ‘Wolf Government’, pero esta vez con un tenor etéreo que los acerca al paradigma del TANGERINE DREAM pre-“Zeit” y de los dos primeros álbumes de CLUSTER. En fin, los últimos 18 minutos y pico del álbum están ocupados por la pieza homónima, la cual nos revela que la misión principal de ‘Weakling’ había sido la de asentar un puente entre ella y ‘Corps’. Tras una breve introducción minimalista donde la guitarra juega con fraseos graves, la marca principal de ‘Xe’ se explaya en el trabajo de cadencias tribales de su armazón rítmica: desde ese empuje, el saxo y la guitarra exploran los recursos minimalistas y cacofonías embrujadoras necesarios para mostrarnos un ejercicio de exorcismos envolventes. Hay un momento de frenesí lunático que, a pesar de no ser particularmente extenso, deja una huella en lo que ha de ser el desarrollo temático de los últimos cuatro minutos de la pieza: tenemos la consonancia de una batería embrujadora, guitarreos sutiles recurrentes y un saxo que se ata y desata en las alternancias de su fiera expresividad. Así concluye “Xe”, una nueva muestra del ingenio aventurero e implacable que mantiene a ZS como una de las figuras con mayor autoridad de la vanguardia estadounidense. 


Muestra de “Xe”.-

Saturday, May 16, 2015

Un nuevo orden y un ritmo diferente para AT WAR WITH SELF


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos toca el turno de revisar la nueva obra de AT WAR WITH SELF, titulada “Circadian Rhythm Disorder”: la nueva instancia fonográfica de este proyecto dirigido por el multi-instrumentista Glenn Snelwar estadounidense se basa en el “Normalizar Project II” de Marco Minnemann, un solo de 51 minutos que ya desde el año 2010 ha motivado trabajos tan alucinantes como el “Evidence Of Humanity” de MIKE KENEALLY, el “Modulator” de TREY GUNN, el “24 Tales” de ALEX MACHACEK y el “Deeper With The Anima” de PHI YAAN-ZEK. Al igual que en el penúltimo de estos discos mencionados, Snelwar – quien luce sus dotes a las guitarras y mandolinas eléctricas y acústicas, bajo sin trastes y teclados – ha decidido plantear su enfoque personal a partir de 24 segmentos. Snelwar no es un desconocido para quienes conocen a GORDIAN KNOT (proyecto liderado por Sean Malone y donde el mismo Snelwar era cofundador) pero es en los discos de AT WAR WITH SELF donde hallamos su aporte más esencialmente significativo a la escena progresiva contemporánea. Los tres discos anteriores “Torn Between Dimensions”, “Acts Of God” y “A Familiar Path”, que datan entre 2005 y 2009, le muestran como un ingenioso compositor y un muy pulido instrumentista que se siente cómodo oscilando en áreas musicales tan diversas como el prog-metal, la psicodelia progresiva, el jazz-rock, la línea acústica de tendencia académica y el rock sinfónico a la vieja usanza. Ahora, con “Circadian Rhythm Disorder”, toda esta inquietud ecléctica tiene la oportunidad de integrarse de una manera renovadora dentro de un continuum donde la ilación integral de los 24 pasajes es más relevante que la identidad individual de cada uno de éstos. Queda claro que cada sección se arma con una sensibilidad orfebre única, pero… ¿cómo resulta el conjunto?


Veamos. La primera sección ‘Slate Wiper’ instaura una atmósfera ácida en base a riffs ostentosamente pesados, pero dejando algunos espacios para que los duetos de mandolina y guitarra acústica muestren algo de cálida luminosidad. La dupla de ‘Seeds Of Doubt’ y ‘Seeds Of Love’ nos lleva por caminos aún más intrincados: el primero trabaja un perfilamiento más sofisticado de la pesadez inicial en base a unas cadencias que exploran grooves jazz-rockeros con buen pulso, mientras que el segundo se enfila por una espiritualidad reflexiva, abriendo así camino a un lirismo cristalino. ‘The Mirror’ nos devuelve a lo más electrizante del paradigma prog-metalero, creando un espacio idóneo para un espectacular solo de guitarra; dado que ‘Mirage’ crea un groove sincopado para explorar el rol hipnótico de unos riffs repetitivos, puede emerger cómodamente ‘Stumbling To Sleep’ con el propósito de reinstaurar fluidamente la fiereza metalera anterior con un frenesí renovador. La secuencia de ‘Daydream’ y ‘This Is Not My Reflection’ se encarga de instalar un dinamismo extrovertido y sofisticado en clave jazz-rockera, dejando bien sentado cuán importante fue la visión de Snelwar en la forja de GORDIAN KNOT: siendo la segunda de estas secciones la más larga, goza de mayor espacio para trabajar con texturas de inspiración Crimsoniana y atmósferas fusionescas dentro de un bloque sonoro que mantiene un nervio rockero único y genuino. Es por eso que la muy breve sección ‘Smash The Mirror’ puede insertarse como una coda electrizante para ‘This Is Not My Reflection’, traduciendo la robusta expresividad reinante en fiereza pura y dura. Las secciones 10-12 son las tres partes del concepto de ‘Shards’. Son 6 ½ minutos repartidos entre estas tres secciones donde Snelwar vuelve a senderos de sutilezas sonoras donde las elegantes florituras del bajo y las bases armónicas de las guitarras acústicas ocupan roles protagónicos alternantes. ‘Nightmare’ se conecta hermosamente con el espíritu general de ‘Shards’ pero introduce una dimensionalidad nebulosa en las orquestaciones de teclado, como si anunciara la irrupción de algo tétrico y amenazante… y eso es lo que sucede cuando surge ‘Running From The Dream’, un ejercicio de intensidad urgente que comienza bien compenetrado en el modelo del death-metal progresivo para terminar en una suntuosidad heavy que nos remonta al mejor IRON MAIDEN.

Cuando estamos en la sección ‘N.D.E.’, la cosa se pone en plan sigiloso dentro de una exploración de espacios vacíos a través de un juego de síncopas simplemente brillante, lo cual funciona como preparación para la fastuosidad incandescente de ‘Tunnel Of Light (The Road Back)’. ‘Re-birth’ se siente bien perfilada dentro de la faceta más frenética del álbum, mientras que ‘First Breath’ abre un espacio relajante para que el bajo pueda lucirse, y así disipar gradualmente las huellas de la tensa densidad que crearon los guitarreos de las dos secciones precedentes. Es así como se inicia la serie de las dos partes de ‘New Life’: la primera parte ostenta orientaciones hacia el modelo del jazz-fusión aflamencado y la segunda toma impulso a partir de aquí para crear una aureola de ensoñación rockera donde la fuerza expresiva de los riffs y solos está al servicio de una melodía que va madurando sobre el camino. La sección #21 retoma los aspectos sutiles de ‘Slate Wiper’ (de hecho, se titula ‘Slate Wiper, Pt. Two’) para sembrar el camino de la aguerrida oscuridad de ‘A Day’s Death’, sección diseñada para retomar las vías de expresión de ‘Running From The Dream’ y ‘Re-birth’. Mientras nos acercamos al final de la suite, ‘Completion Of The Cycle’ explora recursos de claridad melódica mientras articula parajes donde la guitarra puede solear con un dinamismo sensible y virtuoso: el bloque sonoro es tremendamente extrovertido, incluso portando un fulgor volcánico en varios momentos, pero el tenor del núcleo melódico tiene un perfil más bien nostálgico. Todas las aristas de este último despliegue melódico se terminan resolviendo en la última sección, titulada ‘One And All’: poco a poco se construye una atmósfera de paz donde lo introspectivo, lejos de acentuar la nostalgia, brinda la paz añorada y que ahora se hace realidad con un aura envolvente.


Todo esto fue  “Circadian Rhythm Disorder”: la lectura que ha hecho Glenn Snelwar de la elocuencia percusiva de Marco Minnemann nos ha dejado plenamente satisfechos, ha sido un experiencia melómana intensa y enriquecedora. Esta obra de AT WAR WITH SELF implica un nuevo orden para el proyecto en base a un ritmo diferente, y por eso resulta muy recomendable para cualquier buena discoteca progresiva.



A escuchar “Circadian Rhythm Disorder”: https://soundcloud.com/glenn-snelwar/circadian-rhythm-disorder

Wednesday, May 13, 2015

Segunda expedición terrenal de JULIAN JULIEN



 

HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy estamos con el nuevo disco del francés JULIAN JULIEN “Terre II” en nuestras manos. JULIEN se hace cargo exclusivo de las composiciones que integran el repertorio del álbum, además de hacer las programaciones de ritmos y atmósferas de teclado, y tocar percusiones: deja de lado su pericia al saxo y asume fehacientemente la labor de “director de orquesta”. El ensamble instrumental que se une a JULIEN en la aventura de “Terre II” está compuesto por el guitarrista Guillaume Billaux, el flautista Siegfried Canto, el cornetista Médéric Collignon, el clarinetista Rémi Dumoulin, el saxofonista Michaël Havard y la violonchelista Adeline Lecce.

 

Durando poco menos de 3 minutos, ‘Prélude’ abre el repertorio con un aura de majestuosa solemnidad donde la guía de la flauta y la exótica prestancia de la estructura rítmica conforman el encuadre para el bloque sonoro. Una oportuna orientación musical para que emerja ‘Terre II’ y desarrolle una vitalidad melódica etérea, tremendamente rica en matices y convincentemente llamativa: esta vez son el clarinete y el saxo quienes se apoderan del rol protagónico. ‘Iris I’ es el primero de los seis temas que portan el concepto de ‘Iris’ dentro del repertorio del álbum: esta primera entrega se basa en atmósferas sintetizadas que tienen algo de misterioso y también algo de siniestro, aunque este último factor queda inmerso en una extraña incertidumbre. ‘Ailleurs’ surge para instaurar un notable contraste frente a la pieza precedente y ponerse a colorear todos los sitios y contornos del paisaje mental que el oyente proyecta dentro de sí: la cálida gracilidad con la que vientos, percusiones y teclados se engarzan para crear esta cautivadora musicalidad con una inconmensurable inteligencia musical hace que esta pieza se alce como un cénit fundamental del álbum. Luego sigue la dupla de ‘Iris II’ e ‘Iris III’, entregas que, al ser más extensas que la primera, gozan de la oportunidad de mostrar otras facetas del álbum con mayor meticulosidad: ‘Iris II’ toma la esencia misteriosa de ‘Iris I’ y la transforma en una demostración de pulsaciones cósmicas que orbitan dentro de un sistema solar hecho música; por su parte, ‘Iris III’ se mete de lleno en ejercicios de introspección electrónica, ahondando en lo cósmico de ‘Iris II’ y dándole un aire más luminoso merced a la presencia del saxo (filtrado abundantemente con efectos de computadora). La verdad que estas dos exploraciones sónicas juntas sirven como inspiración para el talante reflexivo, y es por eso que al darse el turno de ‘Une Attente’, el oyente está totalmente dispuesto a dejarse llevar por el lirismo imponente que se desborda por todos los poros del celestial esquema temático en curso. El canto de Hélène Argo se hace destacar en la apertura y el cierre de esta pieza, enfatizando en sus contadas intervenciones la aureola poética de la pieza.

‘Iris IV’ nos brinda un ejercicio de tensión bajo un ropaje etéreamente minimalista, con una corneta que exorciza los peores temores del ego: posiblemente se pueda advertir aquí ciertas huellas del paradigma del ART ZOYD post-1982. ‘Doudou’ explora la faceta cándida de la World Music mientras la reviste del misterio nebuloso que había marcado los pasajes más oscuros del repertorio precedente; este enfoque sónico es pertinente para preparar el ingreso de ‘Iris V’, cuyas abstracciones futuristas se sitúan a medio camino entre la tradición del krautrock sintetizado (TANGERINE DREAM, CLUSTER) y el jazz electrónico. Durando casi 8 minutos, ‘Non-sens’ se erige como la pieza más extensa del álbum. Sucediendo a una larga introducción minimalista de corte cósmico, el núcleo temático de la pieza consiste en un llamativo jam marcado por una cadencia elegante que nos remonta al paradigma histórico de WEATHER REPORT pero con aires modernistas a lo TORTOISE: volviendo a asumir un rol protagónico, la corneta se centra esta vez en elaborar líneas evocativas, no exentas de refulgente nostalgia. ‘Iris VI’ prosigue con el factor krautrock, esta vez con un férreo espíritu espacial, durante un minuto y segundos, antes de abrir la puerta a la última pieza del álbum, ‘Mr. John Barry’: su espíritu es marchoso, muy acorde con el estándar del nu-jazz además de ostentar esa amabilidad melódica que encontramos en el TANGERINE DREAM de inicios de los 80s.

 

JULIAN JULIEN y sus compañeros/as de viaje nos han regalado un muy placentero trayecto musical que, por tres cuartos de hora, reflejan un amplio espectro de imágenes y sensaciones del mundo que nos rodea. “Terre II” es una agradable sorpresa dentro del actual estado de la situación en el jazz-progresivo mundial, y no solo eso, sino también una obra de exquisita factura. Aún si en esta ocasión específica él ha decidido mantener un perfil un tanto bajo dentro del ensamble, JULIEN debe seguir siendo apreciado como un talento máximo de la vanguardia europea actual.


Muestra de “Terre II”.-

Monday, May 11, 2015

PEPERI PARTUM: un nuevo vigor en la escena progresiva argentina


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

PEPERI PARTUM es el grupo sobre el cual centramos nuestra atención hoy. Banda oriunda de la capital argentina de Buenos Aires y conformada por Luis Campodónico [guitarra y voz], Jean Paul Miquet [bajo y voz], Micaela Cabral [batería, percusión y voz] y Gonzalo Narpe [saxos alto y tenor]. Fundado en 2012, el grupo se dio la ocasión de grabar su disco debut homónimo en setiembre de 2013 en el Estudio A Cuenta Gotas, logrando publicarlo en enero del año siguiente: lo que encontramos allí es un muestrario de ingenioso y vitalista eclecticismo de psicodelia pesada, jazz-rock, rock duro y elementos fusionescos dentro de un esquema progresivo que ostenta equitativos niveles de sofisticación y vigor en esta catálogo de 7 piezas que la banda ha desarrollado para mostrarnos su visión del rock artístico. Vayamos a los detalles de “Peperi Partum” para aclarar nuestras ideas, ¿vale?


El disco empieza con ‘Funk People’, un título parcialmente engañador porque, aunque sin duda en sus pasajes explícitamente marchosos, el cuarteto juega con llamativas dinámicas funky, el tenor general de su desarrollo temático se define más bien por una refinada confluencia de jazz-rock y space-rock… ¡incluso con una coda en clave stoner que toma al oyente por sorpresa! Tras esta impresionante vía de entrada se da el turno de ‘Urano’, pieza que se caracteriza por un talante reflexivo que se explaya fehacientemente a través del compás relajado que sirve como sostén de su flotante musicalidad. Alternando tempos de 7/8 y 4/4, el grupo parece moverse cómodo en este clima de psicodelia etérea (no ajeno a la tradición de INVISIBLE), e incluso se atreve a incluir un breve pasaje cantado antes del final. Se engarza con ‘Urano’ el tercer tema del álbum, titulado ‘La Gota Pendulante’: aunque su compás básico y talante son inicialmente muy semejantes a los de ‘Urano’, se nota que aquí hay una disposición más clara hacia el potencial desborde de vigor rockero, y efectivamente, este potencial se empieza a cumplir a partir de la barrera del segundo minuto. A partir de allí, el grupo desarrolla una ascensión rockera deudora de las viejas tradiciones del stoner y la psicodelia progresiva, añadiéndole un punche moderno que casi parece post-metal. Cuando emerge ‘Mozambique’, pasamos al sendero del funky-jazz con una actitud sobriamente celebratoria: algunos grooves nos pueden hacer recordar al WEATHER REPORT de la segunda mitad de los 70s, pero el grupo no olvida su nervio rockero en el pasaje final. ‘Dingo’ parece hacerse eco justamente de este cierre del tema anterior y nos pinta un paisaje sónico jazz-rockero donde las manchas y retazos de colorido musical se dibujan con vigorosa elegancia. Aunque la mayor parte de su estructura se centra en pasajes de talante sutil, incluso en ellos se nota que el nervio expresivo está muy a flor de piel, y siempre tenemos la sensación de que alguna ebullición rockera va a tener lugar en el horizonte cercano... y de hecho, eso sucede por unos breves momentos antes de la sección final. Sentimos que esta triada de ‘La Gota Pendulante’, ‘Mozambique’ y ‘Dingo’ encarnan el cénit decisivo del íntegro repertorio del álbum.


‘Bondi’ alterna recursos de jazz-rock, psicodelia pesada y metal dentro de sus poco menos de 3 minutos de espacio: extravagancia arquitectónica y concisa. En fin, ‘Nada El Pez En El Bosque’ cierra el disco en clave de blues-rock pesado bajo la inspiración de ALMENDRA y PESCADO RABIOSO, con algunos matices Zeppelinianos por allí: los guitarristas Mano Acosta, Matías Monzón y Edu Mauro participan en esta sonoridad pletórica. La vitalidad permanente de una furiosa nostalgia es el truco para garantizar el poderoso impacto conclusivo que proporciona esta canción. Así terminan los casi 35 minutos que dura el repertorio de “Peperi Partum”, pero realmente ése es todo el tiempo que necesitan Campodónico, Miquet, Cabral y Narpe para dar cuenta de los niveles de vigor y maestría musical que son capaces de crear por vía de la conjunción de sus mentes. Designamos desde ya a PEPERI PARTUM como una figura fuerte dentro de la vanguardia progresiva argentina actual y consideramos a su disco homónimo como totalmente recomendable para cualquier buena fonoteca de rock artístico.


Muestras de “Peperi Partum”.-



[Reseña dedicada con extrema gratitud a Gustavo Bolasini por presentarme la música de este grupo y a Felipe Abel Surkan por recordármelo]