Tuesday, August 18, 2026

El mensaje progresivo de los legendarios PALLAS para el año 2023



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

Viajamos al pasado muy lejano, más específicamente, al año 2023, y nos fijamos en el álbum conceptual que la legendaria banda escocesa PALLAS publicó a mediados de diciembre de ese año: “The Messenger” es el título del mismo y fue publicado por vía independiente. Se trata del primer trabajo de PALLAS, tras tantas décadas de existencia (desde su origen en Aberdeen en la segunda mitad de los 70) donde opera el cuarteto de Alan Reed [voz principal], Graeme Murray [bajos y coros], Niall Matthewson [guitarras y programaciones de ritmos] y Ronnie Brown [teclados, coros y programaciones de ritmos]. O sea, no hay un baterista en sus filas. Se trata de un álbum conceptual sobre las actuales amenazas contra la paz, la solidaridad y la justicia que surgen de la política internacional. No se trata de una temática nueva, pues el primer álbum oficial del grupo “The Sentinel” (1984) y su secuela “XXV” (2011) lidiaban con algo así, pero, claro está, ese concepto ponía énfasis en el maniqueísmo global de la Guerra Fría y le añadía elementos mitológicos recreados dentro de una distopia que quería dejar de serlo. Ahora, los integrantes de PALLAS están observando que la desesperación de nuestros tiempos es una reacción a varias fuentes dispersas e igualmente destructivas: “The Messenger” tiene un mensaje más urgente, menos alimentado por metáforas y símiles mitológicos, pero sin negar ese pequeño espacio para la esperanza que nuestro espíritu siempre reclama para sí. Como dijimos más arriba, se trata de un disco muy especial para el grupo pues es el primero donde no hay un baterista real, pero es que también se trata de un proyecto estricto de estudio. Teniendo en cuenta las biografías individuales de cada integrante, este disco se hizo íntegramente por vía de intercambios constantes de archivos de audio entre la localidad escocesa de Aberdeen y Siem Reap, la segunda ciudad más grande de Camboya. Pero, sobre todas las cosas, lo más significativo es que este álbum proclama el retorno de Alan Reed tras un largo periodo de hiato entre él y el resto de la banda que produjo amargas sensaciones a fines del primer decenio del primer milenio. Ese disco del 2011 que mencionamos más arriba se hizo con su sucesor Paul Mackie, quien se mantuvo para un disco más. Bueno, a fin de cuentas, hoy es un tiempo de amistades recobradas en los cuarteles de PALLAS.


Veamos ahora el repertorio específico del disco que hoy nos ocupa. Durando 9 ¼ minutos, ‘Sign Of The Times’ da el puntapié inicial con una exuberante muestra de garra aristocrática tras un breve preludio cósmico de sintetizador
. El nervio rockero que se sostiene sobre los guitarreos y el esquema rítmico se compagina muy bien con los señoriales armazones orquestales emanados de los teclados mientras los tempos inusuales van fluyendo con pulcra naturalidad. Más adelante emerge un extenso intermedio donde predomina la espiritualidad contemplativa, la misma que aprovecha el grupo para hacer gala de un lirismo delicado; a despecho de este imperio de la serenidad, se percibe un trasfondo de tensión que finalmente se enfilará hacia una retoma del fuego inaugural. Una estupenda apertura para esta aventura musical- ‘The Great Attractor’ sigue a continuación para insuflar unos aires más frontales dentro del entramado intenso que es tan habitual en el paradigma de PALLAS. Estableciendo nexos estilísticos con los RUSH de los 80, DEEP PURPLE y ARENA, el cuarteto saca el jugo a una movida llamativa cuyo gancho es innegable. Comenzando con un diálogo de piano y orquesta sintetizada que prepara la fanfarria prologar, ‘Fever Pitch’ pronto muestra un aura ceremoniosa donde las capas flotantes de sintetizador ostentan unas vibraciones grisáceas. La niebla imperante va mostrando sus garras rockeras de manera sostenida mientras la furia del canto va elevándose de a pocos. Persisten unos retazos psicodélicos en el bloque instrumental, los cuales resultan bastante eficaces para realzar la solemne musculatura que sirve de núcleo central para el desarrollo temático. Cerca del final, un potente (aunque demasiado breve) solo de guitarra guía el camino hacia el rotundo epílogo. Un cénit del disco, sin duda, y su impacto se hace sentir en ‘Heavy Air’, el tema siguiente, no tanto en lo que referente al brío rockero como en la magnitud expresiva. La urgente gravedad de ‘Fever Pitch’ asume ahora un talante un poco más melancólico: los aires de familia con los IQ de los tres últimos discos parecen palpables, funciona aquí una perfecta combinación de lo denso y lo ingrávido dentro de una ingeniería melódica suficientemente sofisticada. El solo de guitarra que brota en algún lugar del último tercio brinda a ‘Heavy Air’ una dosis extra de dramática magnificencia.
 
  

Cuando llega el turno de ‘The Nine’, el grupo se dispone a hacer una síntesis de las atmósferas y fulgores sónicos que conformaron los cimientos y esquemas básicos de las dos canciones precedentes, especialmente ‘Fever Pitch’, eso sí, con una mayor acentuación en los ambientes futuristas y una musculatura similar a la de la canción inauguralEl pasaje epilogar transita entre lo mecanicista y lo espectral. La pieza homónima es la encargada de cerrar el repertorio y también es la más extensa del mismo con sus 13 minutos y pico de duración. Lo que hallamos en ‘The Messenger’ es, hasta cierto punto, una retoma del aura majestuosa de la canción inaugural, aprovechando el largo espacio de expansiones melódicas para establecer una rica ilación de motivos, eso sí, con un menor énfasis en la sofisticación estructural. El grupo preserva en muchas instancias un groove ágil enriquecido con diversos niveles de robustez rockera, además de algunos interludios de guitarra clásica o de piano. Para los últimos cuatro minutos, el enclave melódico vira hacia una envolvente calidez donde se plantea una alternativa luminosa a la niebla airada que inundó a buena parte de las composiciones precedentes. La coda dirigida por el piano refuerza esta estrategia expresiva. Idónea combinación de los PALLAS del 2005 y del 2011. En suma, la gente que gestó “The Messenger” se ha lucido a lo grsnde, reforzando la posición de PALLAS como leyenda viviente de esa generación británica de cultores del rock progresivo que salió a la luz a fines de los 70. De hecho, hay que mantenerse al tanto de lo que se sigue haciendo en esta provincia del rock porque este veterano grupo ha anunciado un nuevo disco para el próximo octubre: “A Song For Tomorrow” es su título y desde ya nos sentimos impacientes por saber de qué tratará ese asunto. Mientras tanto, seguimos disfrutando de lo que se hizo en “The Messenger” en manos de los infatigables Sres. Matthewson, Murray, Reed y Brown. ¡Bastante recomendable!

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