Saturday, July 11, 2015

TOUNDRA: cuarta exploración en busca del oro rojo


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

TOUNDRA vuelven a la carga por cuarta vez y lo hacen con la maestría de siempre a la hora de dignificar el ideario del post-metal dentro del gran escenario de la avanzada progresiva mundial de hoy en día. Titulado simplemente “IV”, fue publicado en febrero del presente año 2015 por el sello alemán Century Media Records, tanto en formato de CD como de LP; de esta manera, TOUNDRA se proyectan hacia un margen más amplio de público. El cuarteto que lo gestó está actualmente conformado actualmente por los guitarristas Esteban J. Girón y David “Macón” López (este último reemplazando a Víctor García), el bajista Alberto Tocados y el baterista Alex Pérez. Una de las cosas que ha logrado el grupo con éste, su cuarto disco, es algo inaudito: ocupar lugares elevados en los rankings de ventas de discos en los primeros meses del año. Otra cosa que ha gozado este cuarteto asentado en la capital española de Madrid es una gira europea que los ha llevado a escenarios de Gran Bretaña, Suiza, Francia, Alemania, Noruega, Luxemburgo y Dinamarca. Esta espiral de actividades musicales y recepciones positivas no es sino el eco de los rigurosos despliegues de energía y musculatura que la banda ha empleado en el desarrollo de los arreglos musicales que se van mostrando plenamente a nuestros oídos en una ilación imparable. Para empezar, decimos que “IV” es todo un triunfo para la avanzada rockera española pero hasta aquí llegamos con nuestros elogios por ahora: los retomaremos una vez que hayamos repasado los detalles del repertorio y tengamos una perspectiva completa del disco que tenemos en nuestras manos. Lo empezamos a hacer de inmediato.


Durando ¾ minutos, ‘Strelka’ da inicio al álbum comenzando con una actitud sutil y sigilosa, ideal para instalar la primera atmósfera en clave reflexiva. A poco de llegar a la barrera del cuarto minuto, la banda empieza a manifestar una soltura mayor, lo cual catapulta el desarrollo temático a una expresividad explosiva: la banda hace que esta ebullición extrovertida se mantenga dentro de un encuadre bien definido, sin sobresaltos hiperbólicos. Tras este estupendo inicio sigue ‘Qarqom’, pieza que cumple con la misión de traer recursos de agilidad con un elegante aire filudo a lo largo de un espacio de casi 10 ¾ minutos. A través de tan ambiciosa duración que se aprovecha con una buena ilación de variantes temáticas, las series de riffs y armazones rítmicas perpetradas por las dos guitarras ostentan un vigor muy electrizante, el mismo que se sostiene cohesiva y férreamente por la dupla rítmica. Algunas de sus cumbres más rotundas de ‘Qarqom’ se enfilan seriamente por la tradición del rock metálico. Tras este cénit que se instaura tan temprano, la ilación de ‘Lluvia’ y ‘Belenos’ debe darse maña para mantener el momentum solventemente… ¡y lo hace! En efecto, ‘Lluvia’ se explaya en un ejercicio de minimalismo onírico cuya base sonora apunta a lo místico mientras sus ornamentos superiores apelan a una sensación de neurosis anárquica, siempre negándose a concretar la amenazante explosión que late sin cesar; por su parte, ‘Belenos’ irrumpe para barrer de golpe toda esta neblina espiritual e imponer un fragor caluroso de mediodía donde lo vigoroso y lo cálido se funden en una sola fuerza expresiva. Lo que disfrutamos en el esquema de ‘Belenos’ es como el híbrido perfecto de RUSSIAN CIRCLES, MOGWAI y KING CRIMSON. La alternancia de pasajes explícitamente aguerridos y otros más constreñidos resulta clave para mantener la frescura de la pieza consistentemente, lo cual vale especialmente para la aureola de tensión que se manifiesta en el pasaje final. Con ‘Viesca’, el grupo da un nuevo giro al esquema del álbum cuando nos brinda un momento de solaz intimista marcado por la presencia de la guitarra acústica y arreglos orquestales de cuerdas y bronces. Definitivamente tenemos aquí un momento de preciosismo magnífico, pero en vez de sonar pomposo, más bien suena envolvente al modo de un paisaje interior que emana desde algún rincón de la mente del ego para remodelar y renovar el colorido del paisaje externo.


‘Kitsune’ vuelve de lleno a la estrategia de llevarnos por parajes de tensa robustez y electrizante polenta por vía de atractivos juegos de riffs y desarrollos armónicos. La vitalidad sónica del cuarteto se muestra sin tapujos pero administrando siempre los momentos en los que hay que mostrarse con soltura y otros donde hay que apelar a la auto-contención a fin de motivar una expectativa en el oyente. Nos vamos acercando al final del “IV” cuando emerge ‘MRWING’, trayendo consigo retazos de densidad emocional que son heredados de algunos momentos particularmente épicos de piezas anteriores. Con un lirismo bien armado, garantiza su gancho a despecho de su corta duración. El repertorio del disco se cierra con ‘Oro Rojo’, tema que impone una brutalidad rotunda en su sección prologar. El sofisticado encuadre rítmico que elabora la batería no solo complementa sino que completa la labor de las guitarras duales en ese tremendo pasaje inicial, el cual prácticamente suena a un extraño híbrido del primer RUSSIAN CIRCLES y el IRON MAIDEN de la etapa ’82-’83. A partir de allí, el grupo alterna dinámicas etéreas con efluvios ferozmente voraces apelando a su nervio, un nervio que solo puede surgir de una ingeniería compartida entre cuatro mentes que conocen sus oficios individuales con la misma cercanía que su meta común integral. Todo esto fue “IV”, la nueva gozada que nos traen TOUNDRA para el año 2015. No nos cabe duda que este ensamble ya tiene tiempo que ha dejado de ser una unidad de jóvenes músicos para erigirse en un aquelarre de jóvenes veteranos, por lo que interpretamos el rol de “IV” como una nueva carta de declaración de la perpetua supremacía de dicha veteranía. ¡Disco altamente recomendado!


Muestras de “IV”.-


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