Tuesday, March 08, 2016

DAVID BOWIE: el destello final de una estrella de todos los colores


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos toca pasar revista al último disco de DAVID BOWIE “Blackstar”, uno de los ítems rockeros más importantes del año – como pasa prácticamente con cualquier cosa que publicaba BOWIE – y que tiene un significado obligatoriamente especial debido a que será por siempre el último disco de este emblemático “Camaleón del Rock”. Publicado en el día 8 de enero de este año, justo en el cumpleaños #69 de BOWIE, resultó ser también su carta de despedida pues solo le quedaban 48 horas para unirse a la órbita del Mayor Tom. El proceso de creación y producción de “Blackstar” tuvo lugar mientras BOWIE batallaba contra el cáncer al hígado, un dato solo conocido por su entorno familiar y su amigo de toda la vida Tony Visconti, quien una vez más fungía de productor para el nuevo disco del genio nacido en Brixton. Lo primero que muchos vimos en las apocalípticas imágenes del vídeo-clip promocional de ‘Blackstar’, difundido por primera vez en la segunda mitad de noviembre del 2015, fue un retrato de la crueldad terrorista fundamentalista, siempre bajo ese embrujo surrealista que BOWIE manejaba tan bien en sus clips más memorables (empezando con el mítico ‘Ashes To Ashes’). Ya con el segundo vídeo-clip promocional que era sobre la canción ‘Lazarus’, publicado al mes siguiente, BOWIE nos regalaba imágenes turbias y grisáceas de él con los ojos vendados en una cama y otras vestido de demacrado “Duque Blanco Delgado” que terminaba entrando en un armario caminando hacia atrás. Esta última escena se reiteró en nuestras cabezas cuando en el fatídico 10 de enero se anunciaba el viaje definitivo del inventor de Ziggy Stardust y el Duque Blanco hacia el más allá: claro, al volver a ver el vídeo de ‘Blackstar’ pudimos reinterpretar apropiadamente esas escenas del astronauta muerto con el cráneo corrompido como las centrales de todo el escenario global. Bueno, “Blackstar” quedó como el álbum testamentario de DAVID BOWIE… ¡y qué disco tan bueno, pardiez! Junto a su laboriosa empresa compositiva y su canto, BOWIE se limitó en esta ocasión a tocar algo de guitarra acústica y un poco de la eléctrica, armónica, además de escribir arreglos orquestales.


En esta jornada de despedida y autoinspección tanática, sus compañeros de viaje fueron Donny McCaslin [saxofones, flauta y clarinetes], Ben Monder [guitarra], Jason Lindner [piano, órgano y sintetizadores], Tim Lefevbre [bajo] y Mark Guiliana [batería y percusión]: un ensamble de personalidades del jazz contemporáneo y el art-rock, un ensamble a la medida de las ambiciones estéticas de BOWIE. Esta cuestión de investigar en los discursos del jazz de última generación, la psicodelia moderna y la electrónica para integrarlas en un esquema rockero no es nueva en la trayectoria de este señor: tenemos los ejemplos de “Black Tie, White Noise”, “Outside” y “Earthling” como testimonios claros de aventuras semejantes en ese periodo tan crucial de reelaboración del espíritu innovador de BOWIE. En el caso específico de “Blackstar”, tenemos una estrategia de énfasis de lo jazzero en cuanto a los grooves predominantes y los ornamentos de los vientos, además de una frescura muy propia que, en cierto modo, hereda el impulso creativo del disco anterior “The Next Day” (2013), aunque sea con un nuevo plan de trabajo. El repertorio de “Blackstar” comienza con la pieza que justamente da título a la placa, la misma que dura casi 10 minutos. Estableciendo ambientaciones etéreas en clave acid house para el motivo central y sustentando a aquéllas sobre un swing herméticamente sensual al modo del nu-jazz, el canto de BOWIE y los ornamentos de viento destilan una aureola de lánguida tristeza. Mientras transcurre el cuarto minuto, la ambientación vira hacia un dinamismo más ágil donde la intensidad psicodélica antes latente se hace ahora patente, imponente, incluso trayendo algo de extroversión al asunto del interludio en curso; al respecto, se nota que BOWIE asume un canto más expresivo mientras el bloque instrumental adquiere una cierta calidez envolvente que casi nos recuerda a la línea de trabajo de los inmortales THE BEATLES de la época 1967-68. Para los últimos dos minutos, el motivo central retorna fortalecido, mostrando aristas bizarramente futuristas bajo un manto de mágica magnificencia. Qué gran manera de comenzar el disco… y qué manera de seguir adelante con la emergencia de ‘‘Tis A Pity She Was A Whore’, una canción bastante marchosa que ostenta un colorido vigoroso cuya raíz central se halla, en no poca medida, en los aportes de vientos a cargo de McCaslin. También hay un mérito especial en la manera tan convincente con que la dupla rítmica instala el groove aparentemente sencillo para motivar un talante sofisticado en la armazón instrumental global. La anécdota es que una asistente de sonido, Erin Tonkon, colabora con los coros. Los teclados aportan capas flotantes a contrapelo del nervio desarrollado por los vientos, acrecentando su grosor mientras la canción va avanzando a su fin.


‘Lazarus’ es la tercera canción del álbum, durando 2 minutos más que en la versión utilizada para el vídeo-clip respectivo. Las primeras líneas nos golpean sin compasión: “Look up here, I’m in heaven. / I’ve got scars that can’t be seen.” Más adelante, llega el implacable anuncio: “You know, I’ll be free just like that blue bird.” El groove cadencioso de la canción, a medio camino entre el jazz y el post-rock, apunta hacia el desarrollo de una atmósfera elegíaca, pero lejos de centrarse en un aura de simple tristeza, llega la energía expresionista a cargo de los adustos guitarreos y el fabulosamente fulguroso solo de saxofón, el mismo que es acentuado en varios pasajes por la batería. Cerca del final, mientras la atmósfera regresa a la sutil melancolía inicial, se abre un espacio para un hermoso solo de bajo. La cuarta canción, que responde al título de ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’, casi nos toma de sorpresa con esa vitalidad señorial que el encuadre de guitarra, bajo y batería nos regala desde el primer instante. Tenemos en esta canción la encarnación perfecta de un híbrido entre la esencia modernista del álbum “Earthling” y la exuberancia tenebrosa del álbum conceptual “Outside”. Posiblemente también sería justo mencionar algo del legado del “Station To Station” en sus pasajes más aventureros, así como a los paradigmas de THE VELVET UNDERGROUND y JOHN CALE (revitalizados bajo una óptica modernista). Con esta inteligente mezcla de psicodelia, dance-music y jazz-rock, pocas veces ha rockeado tan convincentemente el buen DAVID desde fines del milenio pasado. Tanto ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’ como ‘’Tis A Pity She Was A Whore’’ han aparecido anteriormente en el meticuloso disco recopilatorio del 2014 “Nothing Has Changed”, pero ahora vienen en nuevas versiones: en el caso de esta última, todas las partes originales de saxo provistas por BOWIE fueron íntegramente reemplazadas por McCaslin. Menos frenético que ‘Sue’ pero igualmente inquietante y con similares dosis de intensidad expresiva, ‘Girl Loves Me’ se refocila en ambientes futuristas y un inteligente manejo de atmósferas electrónicas para estas aventuras jazz-rockeras que BOWIE y sus compañeros de viaje continúan explorando entusiastamente. En estas dos canciones aparece James Murphy como percusionista adicional. Nos vamos acercando al final del álbum cuando emerge ‘Dollar Days’, diseñada para erigirse en la canción más relajante del álbum. Es como si el espíritu contemplativo de los días del “Hunky Dory” hubiese renacido momentáneamente para ser replanteado bajo estas nuevas pautas: posiblemente sea justo evocar, en parte, a las huellas de los más recientes “Heathen” y “Reality”. La complicidad entre la guitarra acústica de BOWIE y las capas de sintetizador a la hora de desarrollar las bases armónicas de esta canción asienta sólidamente dicha espiritualidad contemplativa, mientras que los exuberantes solos de saxofón y guitarra se encargan de capitalizar la energía inherente al ensamble.

  

El crescendo con el que se arma el cierre de ‘Dollar Days’ sirve para abrir la puerta a la última canción del disco, ‘I Can’t Give Everything Away’, la misma que porta una base melódica y un esquema rítmico muy alegres. Con una armónica que nos recuerda a ese bello instrumenta que cerraba el lado A de “Low” (‘A New Career In A New Town’) y un saxofón juguetón que emite vibraciones exultantes, el desarrollo temático adquiere una luminosidad primaveral, casi como evocando a un futuro florecimiento del alma tras el breve tránsito a través del valle de la muerte. Si aquella pieza instrumental del glorioso álbum “Low” reflejaba la sensación de aventura al abandonar su cuartel neoyorquino con miras a rehacer su vida y su trayectoria musical en Berlín, una de las sedes de la vanguardia artística europea, ahora en ‘I Can’t Give Everything Away’ tenemos el relato de una transición definitiva, la transición al más allá, y por eso no puede tratarse de una pieza instrumental; hay algo que decir antes de partir. “Seeing more and feeling less. Saying no but meaning yes. This is all I ever meant. That’s the message that I sent.” – la poesía de BOWIE resulta idóneamente inspirada para reflejar esa sensación de mirar hacia atrás sin una molécula de rabia. Mientras esa última nota de sintetizador de ‘I Can’t Give Everything Away’ se desvanece, solo podemos sentirnos agradecidos por que exista un álbum como “Blackstar”, un disco de grandes méritos artísticos más allá de las tristes circunstancias que le rodearon. Si este disco es la carta de despedida de una estrella fugaz que cae en busca de la eternidad transmundana, la marca de BOWIE como un personaje visionario y creativo a lo largo de varias décadas dedicadas al rock queda perenne, siempre brillando en las alturas del cielo. Esta estrella proclama tener un nombre negro pero su brillo refleja la blancura más pura que es capaz de surgir del arte del sonido. Mientras miramos al Starman volar hacia el más allá como un héroe inmortal cuyas cenizas arrojamos a los cuatro vientos, gritamos desde nuestros escondites subterráneos: “¡DAVID BOWIE VIVE PARA SIEMPRE!”


Muestras de “Blackstar”.-
Sue (Or In A Season Of Crime): https://www.youtube.com/watch?v=MOGPDAFTLQY


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