Saturday, July 07, 2018

OUTER LIMITS: mágicas escenas y neblinosos laberintos de su trilogía inicial



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos ponemos a hacer una retrospectiva sobre una de las bandas pilares y rectoras de la movida progresiva que tuvo una peculiar efervescencia durante la década de los 80s: nos referimos a OUTER LIMITS, banda tokiota que empezó sus días bajo la iniciativa del virtuoso teclista Shusei Tsukamoto, quien de adolescente, en 1976, formó parte de un trío que hacía versiones de KING CRIMSON llamado MOEBIUS antes de entrar a la Musashino Music University. Juio de 1979 fue el tiempo en que Tsukamoto decidió formar OUTER LIMITS con sus viejos amigos de MOEBIUS Noboyuki Fujii [guitarra] y Nobuyoki Sakurai Kawagushi [batería y percusión], más la pronta incorporación de Tadashi Sukimoto [bajo y canto] y Takashi Kawaguhi [violín]: el nombre del grupo estaba inspirado en esa famosa serie televisiva de ciencia-ficción. El grupo tuvo su concierto de debut en diciembre del mismo año en la Toshima Kokaido Hall de Tokio y tras unos cuantos conciertos más en la primera mitad del año siguiente, el grupo pudo asegurarse un contrato con el sello Made In Japan Records tras conocer al productor Shingo Ueno. El debut fonográfico de los OUTER LIMITS consistió en un LP dividido con otro grupo llamado KANZEON que se publicó en diciembre de 1981: el aporte de nuestro quinteto fue un solo tema de casi 20 minutos de duración que respondía al poético título de ‘The Scene Of Pale Blue’. Por aquel entonces, Tsukamoto era el autor exclusivo del material del grupo. A pesar de poder mantenerse en actividad, el grupo se sintió desanimado por la ausencia de éxito real para su labor por lo que decidió separarse en el último cuarto del año 1982 tras un puñado de conciertos en el famoso Silver Elephant Club. Pero la insistencia del productor Ueno en que el grupo se reforme y vuelva a la actividad rockera rindió frutos a inicios de 1984 cuando Tsukamoto, Kawagushi, Sakurai y los nuevos integrantes Takashi Aramaki [guitarras y bajo] y el hermano de Shingo Tomoki Ueno [canto y teclados] grabaron el sencillo ‘Saturated Solution’ y pocas semanas después hicieron lo propio con ‘Platonic Syndrome’ para un flexi EP. Ya en el año 1985 se realizó un gran festival de rock progresivo nacional en la ciudad de Tokio entre los días 2 y 5 de mayo, siendo así que la participación de OUTER LIMITS estuvo entre las más celebradas por el público asistente. Ya había un momentum bien definido para el grupo, una atmósfera un poco más amigable que la de los primeros años de actividad, ya era hora de lanzar al público un disco completo de debut, grabado en agosto de ese mismo año y publicado dos meses después. Para la canción homónima aparece Yukihiro Fujimura en los coros. 


El repertorio de la primera edición de “Misty Moon” estaba compuesto por cuatro temas: ‘Prelude’, ‘Misty Moon’, ‘Saturated Solution’ y ‘Subetawa – Kazenoyouni’. Teniendo en cuenta que el reformado quinteto tenía a un integrante que alternaba funciones de guitarrista y bajista, a veces el violinista se hacía también cargo de la guitarra. Como este disco fue grabado simultáneamente para sus ediciones de vinilo y CD (ya estaba emergiendo un mercado para los registros musicales digitales en el pais nipón), resulta que la reedición de Musea de 1997 incluye las versiones de vinilo de los temas ‘Misty Moon’ y ‘Saturated Solution’, siendo así que en ellas toca el bajo el invitado Tadashi Ichikawa. La última de estas piezas mencionadas era una de las más celebradas por el público de culto que la banda fue cautivando desde sus inicios. Realmente se trata del ítem más alucinante de este disco – secuencias rítmicas complejas, líneas melódicas inspiradas y bien realizadas a través de arreglos grupales pletóricos de exquisita vivacidad, grandilocuentes arreglos de teclados asociados con excelsos solos de violín, todo eso está aquí. La mayor expresión de las virtudes técnicas y creativas de que es capaz la gente de OUTER LIMITS en este disco de debut hace de ‘Saturated Solution’ un auténtico arquetipo de la esencia estética del grupo. La línea general de la labor creativa plasmada por el grupo en éste, su primer LP, se centra en un dinámico equilibrio entre la patente fastuosidad arquetípica del discurso del rock sinfónico y el vitalismo expresionista del así denominado neo-progresivo. Esto último se nota especialmente en el extenso tema homónimo que ocupa el segundo lugar dentro del repertorio: en él se recicla la prestancia ampulosa del sinfonismo de vieja escuela a través de una luminosidad accesible, estructurada a través de ganchos melódicos efectivos que irradian una genuina luminosidad al más puro estilo Cameliano. El tema de entrada ‘Prelude’, en cambio, es más leal al sinfonismo de vieja escuela, al modo de GENESIS, CRAFT y el RICK WAKEMAN de la fase 76-79, siempre con el violín aportando matices a lo U.K.: siendo en la práctica un extenso preludio a la configuración global del disco, las ambientaciones orquestales asumen e imponen un tenor solemne y envolvente. La música de este preludio se basa en motivos originales de Carl Orff. 


‘Subetawa – Kazenoyouni’ es otra pieza extensa, y al igual que ‘Misty Moon’, guarda una dosis muy mesurada de complejidad y sofisticación... o sea, tiene una estructura más tirada hacia el neo-prog. El CD cuenta con un bonus track titulado ‘Spanish Labyrinth’, originalmente publicado como un flexi single a fines de 1985. Al igual que ‘Saturated Solution’, esta pieza recupera más concienzudamente el nivel de complejidad que el personal de OUTER LIMITS sabe sacar a la luz cuando quiere. El desarrollo temático está cargado de aires exóticos arabescos, propios de las pautas armónicas habituales del folklore flamenco, pero no pensemos que se trata de un tema de jazz-fusión o un guiño al movimiento del rock andaluz: se trata de una pieza netamente enmarcada en el estándar del rock progresivo sinfónico donde el núcleo melódico del motif central destila un andalucismo estilizado, como si se tratara de un homenaje a las estampas más estereotipadas del sur de España. El tema es realmente bello: los solos y bases melódicas de violín de Kawagushi son formidables (recibiendo por igual las influencias de Eddie Jobson y Darryl Way), sabiendo explotar con razonable solvencia esas texturas especiales que solo lo arabesco y lo aflamencado pueden brindar. Respecto a la construcción de este eje temático específico, es de gran ayuda la labor de sostén sonoro que proporcionan las sólidas orquestaciones de teclado y el ágil empuje de la dupla rítmica. El CD de Musea no termina con este tema sino con la versión original para CD de ‘Saturated Solution’, virtualmente idéntica a la que aparece en la versión del LP. A fin de cuentas, el disco tuvo buena aceptación dentro de los confines del underground capitalino de la escena musical japonesa, algo suficientemente motivador para que el grupo se pusiera a preparar su siguiente disco, el concept-album “A Boy Playing the Magical Bugle Horn”. El relato tiene lugar en un pueblo llamado Bergoch donde residen los adolescentes Julius y Herberager: aquél le cuenta a éste un extraño sueño en el que recibía un corno mágico de parte de una muchacha vagabunda, quien le encargó que hiciera un viaje para poder tocar el instrumento en cuestión y así invocar a la paz mundial. A la mañana siguiente, caminando por la plaza central del pueblo, Julius halló el corno junto a la torre principal de la iglesia. Los dos jóvenes viajan por un trayecto indefinido que de alguna manera los lleva hacia un valle silencioso; allí se topan con una sombra que reza, y luego, caminando más allá, encuentran una torre muy alta donde deciden ingresar. Perdidos en su inmensidad, encuentran en uno de sus ambientes a una hermosa doncella llamada Liris. Más adelante, ella  se revela como el espíritu de una víctima de Zamuza, un espíritu maligno: Julius lucha contra éste y le derrota destrozando el corno sobre su cabeza. Al romperse, el corno emite un ruido poderoso. Tras huir del castillo con alas artificiales al modo de Dédalo e Ícaro, los tres personajes disfrutan del espectáculo de los aldeanos tocando música jovial y festiva por inspiración del ruido portentoso que ocasionó el corno mágico al romperse. El espíritu de Liris puede ya descansar en paz eterna, despidiéndose de los dos héroes y diciéndole a Julius que no llore, y más bien concentre sus energías en seguir predicando la paz y la concordia a través de la música. 


Conservando la misma alineación que gestó el primer álbum (con el guitarrista-bajista Aramaki tocando también algo de flauta), el grupo tenía listo el nuevo disco para que saliera al mercado en setiembre de 1986 tras haber pasado buena parte de agosto en su grabación y posproducción. El grupo contó con las colaboraciones vocales ocasionales de Kaoru Shimohara, Seiichi Furukawa y Fumiaki Ikoma, además de un cuarteto de cuerdas para un tema (Tadashi Sugimoto al contrabajo, Masako Hara y Yuko Sato a los violines, y Yumiko Koakutu al cello). El sonido de este grupo evoluciona en sus expansiones y obsesiones eclécticas para incluir masivamente vibraciones melódicas ostentosas a lo RICK WAKEMAN y fantasías sinfónicas al modo de THE ENID, preservando algo de la gracilidad luminosa del paradigma neo-progresivo mientras se añade un ímpetu más glorioso de lo gótico y lo psicodélico dentro del esquema de trabajo. Incluso notamos en ciertos desarrollos temáticos insertados en esta o aquella pieza algunos guiños poco disimulados a los KING CRIMSON de la etapa 73-75. Siendo “A Boy Playing the Magical Bugle Horn” un disco conceptual con ribetes místicos, no es de extrañar que el acento de la mayoría de las piezas esté en lo épico – incluso  aparecen emulaciones de barítono jocoso en varios pasajes del disco, de tal modo que todo se muestra muy teatral desde los simplemente auditivo. Por supuesto, tenemos en la funda interior del disco las imágenes de la historieta donde se desarrolla la narrativa fundamental del relato: la edición original de vinilo tenía una funda de tres pliegues que se abría por el medio. Pero es que en varios de los pasajes más obviamente cándidos desde el punto de vista conceptual puede darse el caso de que el resultado sonoro global no llegue a ser tal; casi siempre hay una tensión latente, la misma que oscila entre lo sutil y lo tétrico dependiendo del momento. Por poner un ejemplo, ‘Sail And The Shadow’ nos suena a una especie de música de fondo para un circo tenebroso, algo así como si se tratara de una recreación de una parte de la banda sonora del clásico de horror B Carnival of souls que ha sido remodelado por ANTHONY PHILLIPS para que sea ejecutado por un combo de músicos de YES y GENESIS. Las refinadamente amables texturas de los teclados emulan a un ensamble de maderas para crear una especie de “velo de Maya” que disfraza momentáneamente la oscuridad emocional subyacente. El uso de extrañas secuencias de acordes y adornos disonantes que aparecen en varios pasajes estratégicos nos pueden hacer evocar también a lo que después encontraremos en los discos de ISILDUR’S BANE post-“The Voyage”... hecho por la gente de OUTER LIMITS con diez años de antelación.


En líneas generales, el rol del violinista Kawagushi es fundamental a la hora de sostener el aura de esplendor que el material exige; de hecho, Kawagushi se concentra ahora en estos instrumentos de cuerda que pega su hombro y no se requiere de él que añada aportes a la guitarra. Más bien, las guitarras suelen suelen limitarse a riffs y armonías (Aramaki se especializa en el bajo) mientras que los teclados de Tukamoto y Ueno se concentran principalmente en las labores de orquestación y ambientación, soleando de forma ocasional. El tema de entrada ‘Magical Bugle Horn’ y el que sigue después, ‘The Silent Valley’, instauran y disponen el núcleo esencial de los despliegues estilísticos que se encapsularán en el repertorio íntegro del disco. ‘Magical Bugle Horn’ consta de dos secciones tituladas respectivamente ‘The Voice Of Wanderer’ y ‘Julius Going To...’. En bloque, la pieza funciona muy orgánicamente a través de sus despliegues sólidos de suntuosa musicalidad y estilizado vigor sinfónico. Por su parte, ‘The Silent Valley’ enfatiza el asunto ceremonioso mientras el violín refuerza su lugar protagónico dentro del entramado instrumental con candente exuberancia. De todas maneras, la guitarra también encuentra algunos espacios para salir al frente durante un interludio, y cuando lo hace, elabora recursos de densidad tenebrosa a través de un inquietante solo que nos toma por sorpresa. Es una pena que sea un solo tan breve pues este viraje prometía instaurar una imaginería ansiosa y tensa, pero bueno, por lo menos hemos disfrutado de esta sección mientras duró. Tras el cénit instalado por esta segunda canción llega de inmediato el siguiente con ‘Tower Over The Clouds’, un festín sonoro que contiene algunas de las ideas compositivas más robustas del disco, hiladas en un continuum que mantiene un contundente nivel de esplendor melódico. Con la extraña y, a la vez, efectiva confluencia de colores Genesianos, tensiones Crimsonianas y ampulosidades a lo U.K., el grupo delinea unos horizontes melódicos realmente alucinantes. A lo largo del camino, Ueno imposta diversas modalidades de canto. La idea de concluir todo con un clima de bolero sinfónico es bastante eficaz. ‘Liris’ cierra la primera mitad del repertorio en clave de cantata de soprano (Kaoru Shimohara) con el apoyo de un ensamble de cuerdas, gestando algo evocativo con su apropiado toque de mágica extroversión: algo muy a lo GIUSEPPE VERDI.

‘Out Of The Castle’ recibe la herencia del lirismo extrovertido de ‘Liris’ pero esta vez lo traslada a un contexto grupal desde el que los detalles más juguetones adquieren una viveza envolvente y precisa. Tal como dijimos en un párrafo anterior, ‘Sail And The Shadow’ ostenta en varios segmentos de su ilación multitemática un aura un tanto tenebrosa, mas el enclave sonoro creado por el colectivo instrumental se encarga de preservar consistentemente un hálito de cándida luminosidad. ‘Whispering In The Wind’ es una semibalada sinfónica que encaja muy bien dentro de los patrones de YES, o en su defecto, en un álbum solista de RICK WAKEMAN durante la época 1974-5. La pieza más larga del disco es la que cierra el mismo, ‘Beyond Good and Evil’, durando casi 10 ½ minutos. A pesar de las alusiones irreverentes del título, este tema es, de hecho, uno de los menos filudos del disco: su desarrollo temático busca reflejar paisajes emocionales de pura candidez mientras los músicos realizan sus interacciones y amalgamas en un conglomerado de enfoques instrumentales que, por lo general, apuestan por rumbos no demasiado abstrusos. El grupo parece decidido a apartarse un poco de las estrategias compositivas antes expuestas en los dos primeros temas del álbum. Por otro lado, queda claro que ni siquiera en esta pieza diseñada para exponer el esplendor de revelaciones místicas del final de la historia que sustenta al disco quiere el grupo renunciar del todo a la tensión recurrente, pero una vez más debemos matizar que el nivel potencial de expresividad rockera se sacrifica un poco en aras de realzar lo evocativo. Los últimos tres minutos de esta pieza se centran en un epílogo lento edificado sobre una culminación introspectiva: las líneas del violín son realmente hermosas, expandidas sobre un primer plano que deja a las bases de los teclados en un segundo plano. Tras el refinado y tenso fulgor desarrollado en ‘Sail And The Shadow’ y la calidez casi primaveral de ‘Whispering In The Wind’, viene muy bien que ‘Beyond Good and Evil’ diera rienda suelta a sus recursos de crucial y exquisita fastuosidad para completar el concepto de este segundo disco que significaba para OUTER LIMITS un gran paso adelante en su misión de renovar la herencia del rock progresivo sinfónico de primera generación bajo sus propios términos. Misión cumplida... y ahora, a dar un nuevo gran paso adelante.


La trilogía inicial de OUTER LIMITS se cierra a lo grande con “The Scene Of Pale Blue”, ítem que, al igual que el segundo, fue reeditado por Musea en el año 1999: no somos pocos los que consideramos a este tercer disco de OUTER LIMITS como su obra cumbre dentro de la temporada de su cosecha musical de los 80s, y no solo eso, sino también como un cénit decisivo de toda la historia del rock progresivo japonés (y eso incluye, claro está, ponerlo en la cima del revival progresivo japonés de aquella década de los 80s). ¿Nos suena a algo el título de este disco en cuestión? Claro que sí, pues se trata del nombre de una de las primeras composiciones del grupo, y lo mejor de todo es que la encontramos plasmada aquí en su definitiva versión de estudio para ocupar enteramente el lado B del vinilo original. Aprovechando la coyuntura de que el grupo incorporaba a un sexto integrante en la mayoría de sus actuaciones en vivo, ahora el grupo se convertía oficialmente en un sexteto que podía replicar la densidad y la plenitud de los conciertos en el contexto más controlado de los estudios de grabación: es así como Tadashi Ishikawa [bajos y pedales bajos] se une a los Sres. Tsukamoto, Kawagushi, AramakiNobuyuki Sakurai y Ueno. El proceso de grabación de este disco tuvo lugar entre los meses de febrero y marzo de 1987, teniendo su lanzamiento al mercado en el subsiguiente mes de abril, siempre por vía de Made In Japan Records. Como invitados especiales en el disco aparecen los componentes del trío vocal de Fumiaki Ikoma, Hideki Kadoya y Seiichi Furukawa. Para la suite homónima, Tsukamoto tocó el órgano de fuelles de la Iglesia de San Saregio. Desde los tiempos de sus primeros conciertos, se trataba de una de las piezas más celebradas por parte de su cada vez más amplio público de culto. 


El repertorio original del disco consiste en los temas 2-5 de la edición posteriormente publicada por el sello francés Musea a fines de los 90s: en ésta se incluye como tema de apertura a ‘Marionette’s Lament’, canción incluida originalmente en un EP publicado por el grupo dos años después de este LP en cuestión (“Silver Apples Of The Moon”), mientras que ‘Pteridophyte’, el sexto y último tema del CD, es un instrumental proveniente de un disco recopilatorio de rock progresivo japonés. Precisamente el tema ‘Marionette’s Lament’ sirve como un entrador adecuado para el disco, pues ofrece una efectiva y extravagante exhibición de ambientes misteriosos sobre un formato más afín al primer MARILLION y al TWELFTH NIGHT clásico con sus oportunas cuotas de matices góticos. El manejo de la diversidad de motivos en curso y de los quiebres rítmicos que entran a tallar en ciertos momentos estratégicos permite sustentar cohesivamente una permanente aura de refinado preciosismo. La inclusión de teatralizaciones vocales ocasionales una vez que ha quedado bien reforzado el norte temático de la pieza añade más boato al asunto. ‘Mixer’ ofrece una ambientación más amable, cercana en verdad al sonido estándar del pop europeo ochentero, pero sin un nivel excesivo de complacencia: su manera de comenzar, con el bloque instrumental y la línea vocal irrumpiendo en el instante inicial, funcionaba en su momento como una especie de enérgica declaración de principios que exige resolutamente la atención del oyente. En el fondo, no nos habría molestado mucho que el CD hubiese comenzado con este tema en vez del que describimos anteriormente. Los adornos de sintetizador y violín proporcionan ciertas cadencias que evocan a los tópicos habituales del folklore japonés. ‘Platonic Syndrome’ es otra pieza  del álbum cuyos orígenes  se remontan al tiempo precedente al primer álbum, concretando aquí su versión definitiva. Se trata de un instrumental poderoso, rebosante de elegancia y portador de un sentido comedido en el manejo de la complejidad efectista propia de los estándares del sinfonismo: su carácter sombrío con claras referencias Crimsonianas es lo predominante aunque también hay momentos fulgurosos que entran a tallar a modo de recurso de diversidad ambiental. De hecho, la sección epilogar porta un ambiente luminoso mientras el solo de guitarra contamina la ciudadela sonora con unos fraseos etéreamente inquietantes, casi Frippianos. Mención especial para el envolvente solo de violín que se desarrolla en el interludio sobre una secuencia sobria de acordes de piano.


‘Antipodean’ sigue también por el sendero marcado por el tema de entrada, como si fuera una continuación de un concepto semejante, aunque hay notablemente una mayor agilidad en la elaboración de los diversos motivos que se van sucediendo, así como un mayor acento dramático en el esquema global de su enfoque compositivo. En realidad, no podría ser de otra manera pues se trata de un tema de poco más de 12 minutos de duración. La primera sección es ágil, con su buena cuota de misterio en la ambientación general, y un pulso perfecto en el manejo de los diversos recursos de fluidez melódica y tensión rockera que tienen lugar: para añadir más drama al asunto, el cantante juega con los lados más graves de su canto, jugando a ser un barítono que viene a cantarnos un mensaje cáustico. En el minuto sexto comienza la segunda parte de la canción, la cual se introduce con una hermosa secuencia de guitarra clásica, utilizada no para efectos bucólicos sino para añadir una variación dentro del ambiente general de la pieza, esta vez con un viraje nostálgico, incluso agridulce. Este giro románticamente agridulce se instala primero con la triangulación de guitarra clásica, flauta mellotrónica y canto sereno, siendo en una segunda instancia dilatado con un exultante ejercicio sinfónico donde la banda en pleno mantiene un moto perpetuo ceremonioso en camino hacia el fade-out. El solo de sintetizador que ocupa el rol protagónico en los últimos minutos registra las herencias de Banks y Bardens por igual. Declaramos a ‘Antipodean’ como nuestra canción favorita de todo el catálogo de OUTER LIMITS, así de directos somos, así de convencidos estamos. Tal como dijimos antes, la suite homónima ocupa la segunda mitad del repertorio original del disco, ocupando un espacio de 20 ½ minutos. Comenzando con un preludio de órgano de iglesia en clave románica y enfocada en una espiritualidad invernal y enclaustrada, luego el ensamble entra de lleno para una sección progresiva bombástica y moderadamente agresiva que llega a su clímax con la elaboración de un llamativo motif en 7/8. Todo este esplendor rockero se interrumpe secamente para abrir paso al regreso del órgano y la instauración de una coral gregoriana para instaurar una sección misteriosa con matices lúgubres. Lo lúgrube abre paso poco después a lo contemplativo cuando el piano entra en acción con una base armónica en 3/4, el cual comienza siendo ornamentado con efectos espectrales de guitarra y sintetizador, derivando finalmente hacia un vals progresivo guiado por el violín; mientras esto sucede, la guitarra sigue elaborando efectos espectrales en el trasfondo. Definitivamente, hay algo retorcido en este despliegue de señorial lirismo. endo  espartana, como siempre, afín al espíritu general de las películas de horror. La primera sección propiamente cantada se da en clave de balada ensoñadora que se mueve a medio camino entre el paradigma neo-progresivo y el esquema de trabajo que siguieron los GENESIS en su breve fase de cuarteto: sí, algo de la aureola del clásico álbum “Wind & Wuthering” se hace presente aquí. La última sección, también cantada, dobla por un sendero sinfónico patentemente jovial, todo un cambio hacia un talante optimista y plácido que nos recuerda a la faceta más cándida del largo legado de YES.

   


‘Pteridophyte’ cierra el CD con un efectivo despliegue de colorido: el violín recurre a dosis de clasicismo más opulentos que a las de cualquier otra pieza anterior, la guitarra ofrece algunos punteos bizarros (siempre vuelve el factor Frippiano por este frente del ejército progresivo de OUTER LIMITS) y los teclados establecen ornamentos atractivos, los cuales van desde orquestaciones disonantes hasta armonizaciones efectistas, incluyéndose ambientaciones góticas (tan obviamente recurrentes en este disco). En lo referente a lo que es la lógica creativa de las orquestaciones de los teclados y el esplendor sonoro general sobre el cual se explaya el violín, notamos aquí un guiño claro al clasicismo vertido principalmente en los dos primeros álbumes del grupo. En 1989, ya con el grupo desintegrado, la gente de Made In Japan publicó el disco recopilatorio “The Silver Apples On The Moon”, el cual incluía los hasta entonces muy difíciles de ubicar bonus tracks de la posterior edición en CD del tercer álbum (‘Platonic Syndrome’ y ‘Marionette’s Lament’) más un tema del primer álbum, otro del segundo y una parte de la suite ‘The Scene Of Pale Blue’. Más adelante, en 1994, el sello Belle Antique publicó “Outer Mania”, una recopilación de maquetas que datan entre los años 1980 y 1984: solo aparece Ueno en una versión primigenia de ‘Marionette’s Lament’, mientras que aquí aparecen tesoros tales como la primera versión de ‘The Scene Of Pale Blue’ (con el bajista Sugimoto a la primera voz) y ‘Misty Moon’ (con el violinista Kawaguchi y el bajista alternando roles al canto principal). También hay una balada sinfónica titulada ‘I Love You’, en la cual el baterista Sakurai asume el rol de vocalista: esta composición iba a ser parte de una suite basada en la novela de DANIEL KEYES Flores para Algernon, pero esto fue lo único que se concretó de esa idea. Algo es algo. 9 años más tarde, los franceses de Musea Records hicieron una edición con cierta labor adicional de remasterización de este ítem que, a su manera, no solo brinda un testimonio de cuán consistente fue la evolución estilística del grupo en sus años previos a su primer disco sino que también cierra el círculo de la obra gestada durante su época de los 80s. En el nuevo milenio, los OUTER LIMITS se reunieron congregando al quinteto de Shusei Tsukamoto [teclados, mellotrón, órgano de fuelles y coros], Nobuyuki Sakurai [batería y percusión], Takashi Kawaguchi [violín y viola], Tadashi Sugimoto [bajo, contrabajo, cello, Chapman Stick y voz] y Takashi Aramaki [guitarras y voz], llegando a grabar un estupendo disco llamado “Stromatolite” en el año 2007, pero esa es una historia para otro momento. Hasta aquí llegamos con la presente retrospectiva, la cual solo puede terminar con palabras de agradecimiento a los OUTER LIMITS de los 80s por habernos regalado música tan ingeniosa, colorida y refrescante en esos tres primeros discos de estudio que signaron una cima en la escena progresiva japonesa de ese tiempo. 


Muestras de OUTER LIMITS.-
Beyond Good And Evil: https://www.youtube.com/watch?v=hUtQOWXFPUc
The Scene Of Pale Blue [en vivo, 1987]: https://www.youtube.com/watch?v=mu1Td01sYsQ
Platonic Syndrome [primera versión]: https://www.youtube.com/watch?v=LQm7XQixnX0





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