Saturday, April 18, 2026

BIG BIG TRAIN: un nuevo tallado de la más noble madera del rock progresivo actual


 
HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
 
Hoy se da la ocasión de presentar “Woodcut”, el nuevo trabajo del colectivo multinacional de origen inglés BIG BIG TRAIN, el mismo que fue publicado en la primera semana de febrero por el sello Inside Out Music. Los formatos son en CD, vinilo (colores negro y blanco) y una edición especial de CD + Blu-ray. La alineación de BIG BIG TRAIN consta actualmente de Alberto Bravin [voz, guitarras acústica y eléctrica, sintetizador Moog y mellotrón], Nick D’Virgilio [batería, percusión, teclados, guitarras acústica y de 12 cuerdas, y coros], Oskar Holldorff [piano clásico, pianos eléctricos Wurlitzer y Fender Rhodes, órgano Hammond, sintetizadores, mellotrón y coros], Clare Lindley [violín, guitarra acústica y coros], Paul Mitchell [trompetas y coros], Rikard Sjöblom [guitarras eléctricas de 6 y 12 cuerdas, órgano Hammond y coros] y Gregory Spawton [bajo, pedales bajos, guitarra acústica de 12 cuerdas, mellotrón y coros]. El grupo recibe las colaboraciones ocasionales de Brian Mullan (cello) y Maddie Wegg (clarinete y flauta alto). El propio Mullan alterna con Bravin y Lindley las labores de arreglos de cuerdas. Bravin, quien todavía es visto como el nuevo vecino en el barrio de BIG BIG TRAIN, estuvo muy activo en el proceso de mezcla junto a Rob Aubrey (un amigo de la casa cuyo amplio CV incluye discos de IQ, JADIS, THRESHOLD, LANDMARQ, etc.). Todos los temas siguen una ilación en este álbum conceptual que gira en torno a los momentos de creatividad y agotamiento del artista; la inspiración primaria fue una visita a una exposición de xilografías del maestro noruego EDVARD MUNCH. La mayor parte de las sesiones de grabación para “Woodcut” se llevaron a cabo en los Sweetwater Studios (abril de 2025), aunque también se hizo uso de los Aubitt Studios en el siguiente mes de julio: en ambos estudios también se realizó la mezcla. La imagen de la portada muestra una xilografía de Robin Mackenzie. El disco está dedicado a la memoria de David Longdon, quien desde 2009 hasta su prematura muerte en 2021 fue el frontman de la banda. Veamos ahora los detalles del prolijo repertorio del disco que hoy nos convoca.
 

La miniatura de menos de 1 minuto ‘Inkwell Black’ inicia las cosas con un solemne arreglo de cuerdas al cual se añaden sedosos matices de trompeta. De este ensoñador prólogo emerge ‘The Artist’, una canción bastante ágil que se sitúa cómodamente en un lugar híbrido de sinfonismo y prog-folk. Los aires Genesianos que se usan aquí absorben fluidamente los colores bucólicos que brindan una prestancia encantadora al razonablemente complejo desarrollo temático. Los cambios de ritmo que surgen en el camino son manejados con impoluta fluidez. ‘The Lie Of The Land’ sigue adelante con parte de la distinguida gracilidad que marcó a la canción precedente, bajando un poco la sofisticación e incrementando el fulgor sónico. Definitivamente, hay una mayor dosis de alegría en el despliegue emotivo señalado por el desarrollo melódico. ‘The Sharpest Blade’ cumple con la función de calmar un poco las cosas al modo de una semi-balada acústica donde los matices folk-progresivos aportados por el sintetizador y el violín anuncia lo que pronto será un despliegue de envolvente fastuosidad. Ésta terminará con un fastuoso clímax rockero. ‘Albion Press’ regresa a la estrategia de cadencias y matices refinados que tan buenos réditos dio a la segunda canción,  esta vez, con una mayor musculatura rockera. En la última sección, una espiritualidad ceremoniosa signa al marco musical, anticipando el núcleo central de ‘Arcadia’, la siguiente canción. Ésta es una balada emotiva y suntuosa que bebe por igual de las aguas de GENESIS y CAMEL a través de un filtro moderno. Todo ello se condensa en un inspirado ejercicio de calidez melódica donde, una vez más, se explota cabalmente la fuerza de carácter de la primera voz. La miniatura ‘Second Press’ exhibe otro envolvente arreglo de cuerdas, esta vez, para impulsar la emergencia de ‘Warp And Weft’. Esta octava canción nos muestra nuevamente a un ensamble enfocado en su faceta más vitalista. El groove es razonablemente sofisticado y la musculatura de los guitarreos es sólidamente contundente. Algunas confluencias hay con los patrones estilísticos de SPOCK’S BEARD y ARENA.
 

‘Chimaera’ se centra en una línea de trabajo folk-rockera que sabe asumir un aura progresiva muy pronto con los arreglos de cuerdas y de teclados que van emergiendo a lo largo del camino. La claridad melódica en curso va ganando vigor mientras la canción avanza bajo una atmósfera palaciega. Cuando llega el turno de ‘Dead Point’, el grupo se dispone a seguir esta estela ceremoniosa, operando con un esquema un poco más aguerrido. Mención especial para los señoriales solos de sintetizador y de guitarra que entran a tallar antes del último estribillo. ‘Light Without Heat’ es una balada relativamente sencilla que se enfoca en lo introspectivo con aires Genesianos. ‘Dreams In Black And White’ focaliza su motif central en un complejo arreglo coral que parece tentar al paradigma de GENTLE GIANT, pero más parece encuadrado en un espíritu Yessiano. Sin llegar a tocar la frontera de los tres minutos, dice mucho melódicamente hablando. Cuando llega el turno del extenso instrumental ‘Cut And Run’, el ensamble regresa al camino de vibraciones agitadas y elaboraciones rockeras eclécticas, incluso incorporando algunos recursos de densidad. La fastuosidad más esencial del idesrio histórico de BIG BIG TRAIN ha vuelto al frente con esplendor autoritario y rigurosa exquisitez. La breve pieza ‘Hawthorn White’ es un hermoso ejercicio sinfónico centrado en el hermanamiento de piano y violín, realizándose como un enclave romántico. ‘Counting Stars’ regresa a toda plenitud por la senda de refinadas exploraciones melódicas bajo un esquema de balada prog-sinfónica con una pasión poética. El canto es particularmente intenso y la cualidad evocadora del solo de guitarra hace de su garra inherente una emisión de luminosidad aristocrática. Sus últimas notas arman el puente hacia la canción idóneamente titulada ‘Last Stand’, que es la encargada de cerrar el repertorio. Manteniendo incólume la emotividad esencial de la canción anterior, su expresividad es un poco más solemne. Para la sección epilogar, la banda retoma partes de la segunda canción para cerrar el círculo conceptual sónico con plena efectividad. 


Toda esta fue la oferta presente de BIG BIG TRAIN con “Woodcut”, un disco que, aunque no nos impresiona tanto como la hilera de trabajos entre 2021 y 2024 (de “Common Ground” a “The Likes Of Us”), tiene bastantes méritos de creatividad musical como para merecer un lugar en cualquier buena fonoteca progresiva. Su colorido integral es eficiente y refinado, y logra preservar la voz de BIG BIG TRAIN dentro de la música progresiva de estas últimas décadas.

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