HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA
CÉSAR INCA.
Hoy presentamos al grupo israelí TELEGRAPH
y su segundo trabajo fonográfico “Topography Of Mind”, el cual fue publicado el
22 de febrero último por vía autogestionada. Este cuarteto conformado por Avi Barak [batería y
flauta], Liran Herrnstadt [bajo y voz], Eze Sakson [teclados y sintetizadores]
y Tal Rubinstein (Stein) [guitarras y coros] cultiva una modalidad híbrida de
psicodelia contemplativa y prog sinfónico a la usanza retro. Su disco anterior “Mir”, que data de
septiembre de 2018, ya había llamado la atención en varios blogs dedicados a la
difusión del art-rock, y ahora, este disco sucesor promete hacerlo aún más. TELEGRAPH se fundó en la ciudad de Tel Aviv en el año 2009 con músicos residentes en varias ciudades (Natanya, Tel Aviv, Ramat Gan y Hod Hashron). Tras un periodo de ruptura, el grupo se reunificó y empezó a centrarse en una carrera más consistente y, bueno, ya tiene en s ucurrículum un segundo disco de estudio. El
material aquí recogido fue grabado en los Shalter Studios en marzo de 2024,
siendo Itai Zichri el ingeniero de sónido. Él mismo compartió con Lenny Ben
Basat las labores de mezcla y masterización. “Topography Of Mind” es un álbum
conceptual sobre la memoria, sus pulsiones internas y sus maneras de
manifestarse exteriormente. El grupo refuerza esta noción con una cita del
poeta judío ucraniano SAUL TCHERNICHOVSKY: “El hombre no es sino el molde
del paisaje de su tierra natal.” En algunos pasajes de este álbum, la gente de TELEGRAPH tuvo la colaboración de Salit Lahav. La portada fue realizada por Michael Druks. Bueno, revisemos ahora los detalles estrictamente musicales del disco que hoy nos convoca.
La pieza justamente titulada ‘Topography Of
Mind’ se encarga de abrir el repertorio y lo hace a lo grande. Tras un breve preludio dirigido por la flauta a la que pronto se unen los demás instrumentos en un efímero delirio cósmico, el grupo arma un motif bastante ágil con nostálgicos ribetes Camelianos; el solo de órgano ostenta una eficiente vivacidad y el posterior solo de guitarra despliega un esplendor bastante estilizado. A mitad de camino emerge un interludio espacial que, de a pocos, pone los cimientos para un segundo despliegue de tonalidades sinfónicas, esta vez, situadas en un terreno híbrido entre los PINK FLOYD de 1975 y los GENESIS de 1976. En este nuevo contexto musical, la atmósfera lánguida sirve para impulsar una espiritualidad relajada e introspectiva. Los efectos finales son de alguien subiendo a un vehículo y encendiendo la radio y es así como llega el turno de ‘Field Of Fade Memory’, la pieza más larga del disco con sus 11 ¾
minutos de duración. Comienza con una aureola de expansiva y envolvente balada pastoral (como WHITE WILLOW y JORDSJØ), acomodándose a una ampliación de las vibraciones introspectivas que ya se introdujeron en la canción de apertura. Una segunda sección anima un poco las cosas con un luminoso motif en 7/8 que parece modelado bajo las guías simultáneas de GENESIS y ELOY. Una vez retornado el foco folk-progresivo, la banda le añade unos matices extra para gestar un epílogo en clave ensoñadora. Posiblemente tenemos aquí el cénit definitivo del álbum. ‘Valley Of Delirium’ perpetúa varios de los índices expresivos anteriores, empezando con un severo ahondamiento en
los colores pastorales para la sección prologar. El notoriamente parsimonioso swing armado para el cuerpo central arrastra la sedosa gentileza del susodicho prólogo para que, en manos de los instrumentos eléctricos, ella adquiera un aura más engalanada. Poco antes se llegar a la frontera del octavo minuto, surge una punzante figura de bajo que empuja al colectivo a dejarse llevar por una luminosidad extrovertida que se deja arropar apropiadamente por texturas joviales dominadas por el sintetizador. El epílogo se basa en una retoma del prólogo.
‘Somewhere Along These Lines’ es el tema
encargado de cerrar el álbum. Su línea de trabajo se asemeja en buena medida a la del tema #2, aunque con una suntuosidad más señorial, mostrando una gran cercanía con el paradigma de los PINK FLOYD de 1973-75. La sosegada estructura rítmica sostiene solventemente a las capas de teclados así como a los sucesivos solos de guitarra y de sintetizador, lo cual se traduce en una sobria suntuosidad que sabe ser elocuente con relativa delicadeza. Alrededor de la frontera del sexto minuto se empieza a instalar un nuevo motif que es, a su vez, más refinado y más misterioso: de este modo, el ambiente general incrementa su aura solemne, la cual incorpora algunos aires post-rockeros en su armazón sónico general. Todo esto es lo que se nos ofrece con “Topography Of Mind” desde los cuarteles de TELEGRAPH: una creativa muestra de reactivación del estándar prog-sinfónico para nuestros tiempos donde la estrategia musical pone énfasis en atmósferas meditabundas y una sistemática claridad melódica en clave de evocadora sencillez. En general, un disco bastante recomendable para cualquier buena colección de art-rock.
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