Thursday, June 07, 2018

Segunda caminata de JETHRO TULL por los parajes de la vida rural: el aniversario #40 de “Heavy Horses”


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Todo un placer, todo un honor, toda una aventura retórica tenemos hoy al presentar la reecidión de cuadragésimo aniversario del segundo disco que forma parte de la trilogía folk-rock de JETHRO TULL: por supuesto que nos estamos refiriendo a “Heavy Horses”, disco originalmente publicado en el 10 de abril del año 1978 en el mercado estadounidense y 11 días después en el británico. Si “Songs From The Wood” era un disco celebratorio donde el tenor principal era el del gozo de vivir en un ámbito rural donde Ian Anderson proclamaba reencontrarse con su esencia personal originaria, “Heavy Horses” es un disco que, sin abandonar el talante jovial, abre más campo a lo reflexivo y lo nostálgico, especialmente en lo que concierne a la dualidad entre la pureza del mundo rural y la permanente amenaza invasiva del mundo moderno. De hecho, la canción homónima (una de las composiciones más bellas que Ian Anderson o cualquier otro músico británico haya hecho en el rock de los 70s, según nuestra humilde perspectiva) es una declaración directa sobre esta preocupación al lamentar cómo el tractor está reemplazando al caballo en las labores agrícolas, cada vez más masivas, cada vez más sujetas a las exigencias tecnológicas y comerciales de la gran urbe, cada vez menos dueña de sí misma, cada vez más separando al hombre de sus bestias aliadas. El estribillo es muy locuaz al respecto: “Heavy horses move the land under me, / Behind the plough gliding, slipping and sliding free / And now you’re down to the few / And there's no work to do: / The tractor is on its way.” Pero bueno, ya entraremos después en más detalles sobre esta canción y las otras ocho que conformaban este disco pues es mejor que pongamos orden a esta retrospectiva. Para empezar, la alineación que grabó este disco es la misma que se encargó de “Songs From The Wood”: Ian Anderson [voz, flautas, guitarra acústica y mandolina], Martin Barre [guitarras eléctricas], John Glascock [bajo y coros], John Evan [piano y órgano], David Palmer (hoy Dee) [sintetizadores, órgano de fuelles portátil y arreglos orquestales] y Barriemore Barlow [batería y percusión]. En algún momento, Anderson añade algo de guitarra eléctrica, y en un par de temas, el sexteto cuenta con el apoyo del violinista Darryl Way (sí, el mismo de CURVED AIR y también gestor de su propio proyecto DARRYL WAY’S WOLF). También está el muy triste detalle de que se trata del último disco de estudio donde participa enteramente Glascock, quien para el momento de la publicación de este disco en cuestión solo tenía 19 meses más de vida por delante... ¡solo 19 meses! También se nota que en la serie de 9 canciones incluidas en el disco, los teclados ocupan un rol menos abundante que en el del disco precedente, no solo porque se vuelve a utilizar arreglos orquestales reales sino también porque se da prioridad a la guitarra de Barre sobre los teclados de Evan en casi todos los armazones instrumentales arreglados y utilizados en el disco.


  

Las sesiones de grabación de “Heavy Horses” fueron tan intensas como y fluidas en medio de los exigentes horarios nocturnos con los que Anderson y sus secuaces manejaban la cuestión de grabar el nuevo disco: comenzaron en mayo de 1977, en medio de la muy entusiasta recepción de “Songs From The Wood”, y terminaron en el primer mes del año siguiente.  Todas las labores de grabación tuvieron lugar en el estudio móvil Maison Rouge en un lugar campestre a las afueras del lado suroeste de Londres, en Fulham, más específicamente. La idea para ello era repetir la cálida experiencia de grabar en la Madre Patria como en el álbum precedente, pero en un ambiente relajado y distante del mundanal ruido urbano que solo dé espacio para energías e inspiraciones concentradas en el trabajo musical. Como un ítem aledaño hizo falta construir el estudio fijo Maison Rouge donde se pudiera registrar toda la labor de ingeniería y posproducción del estudio móvil: Sandy Brown Associates fue la empresa contratada para diseñar y edificar el nuevo estudio aprovechando uno de los vastos espacios verdes alrededor de la mansión campestre de Ian y Shona Anderson. Barre menciona que fue una muy bonita experiencia grabar allí pues, al estar todo instalado en la casa de Ian, se sentía como un estudio propio de la banda, un ambiente íntimo y particular. Así resultó “Heavy Horses”, como obra completa, uno de los discos favoritos de Martin y Dee, quienes además coinciden en ubicar a esta fase 77-78 de JETHRO TULL como una de las más sólidas y creativas de toda su historia. También coinciden ambos en indicar a ‘Moths’ como su canción favorita del disco: Dee Palmer añade que su hermano menor Richard conserva una transcripción de la letra enmarcada en su casa desde aquellos años mientras que el Sr. Barre afirma que su amor por esta canción es tan grande que no pudo evitar hacer su propia versión de la misma en el disco “Away With Words”. Barre añade que la foto de la contraportada muestra los rostros genuinos de satisfacción y orgullo compartidos por amigos músicos que saben que han creado un disco muy especial. Sin embargo, el frontman Ian Anderson, quien últimamente ha profesado inquebrantables preferencias por “Stand Up” y “Thick As a Brick”, es menos entusiasta en su valoración personal del disco, al cual prefiere ubicar en la segunda mitad de un Top 10 de disco de JETHRO TULL (o al inicio de la segunda mitad de un Top 20). Eso sí, reconoce que en la concatenación de “Songs From The Wood” y “Heavy Horses” el grupo logró crear un muy buen esquema musical de corte folk-rock-progresivo. Son palabras suyas: admite (por fin) que JETHRO TULL cultivaba en sus tiempos una modalidad de folk-rock progresivo después de haber estado por muchos años enfatizando que la fase progresiva del grupo se limitaba a los años 1972 y 1973. 



Vayamos ahora al repertorio del disco en cuestión. La dupla inicial de ‘... And The Mouse Police Never Sleeps’ y ‘Acres Wild’ pone las cosas en su sitio con inapelable convicción. El primero de estos temas ostenta una exageradamente jovial mezcla de espíritu lúdico y simpleza campesina sobre una excelsa base rítmica en 6/8 (de lo más explosivo que hayan hecho jamás Barlow y Glascock durante sus pocos años de convivencia rítmica). Los contrapuntos de órgano Hammond, flauta y órgano de fuelles que emergen durante el intermedio instrumental aportan un oportuno aire lírico a una pieza específicamente diseñada para llamar la atención principalmente por su groove. El empleo de un groove tan peculiar para el compás básico de esta canción está inspirada en una de las canciones de CAPTAIN BEEFHEART & THE MAGIC BAND preferidas del buen Ian: ‘Click Clack’, del disco “The Spotlight Kid” (1972). También suponemos que esos tiempos en que se conocieron Barlow y Glasock durante la temporada de camaradería entre JETHRO TULL y CARMEN ayudaron a estos dos músicos a pasearse como Pedro por su casa a través de los complicados juegos de síncopas y quiebres rítmicos. A pesar de su complejidad, se trata de una canción con bastante gancho... y eso que su asunto es algo tan trivial como la garra cazadora de los gatos. Ian escribió esta canción pensando en uno de sus tres gatos que aparecen mencionados en los agradecimientos de la contraportada, Mistletoe (los otros dos son Tigger y Fur). Mistletoe era el más pequeño de los tres pero desde sus tempranos seis meses de edad ya mostraba su empeño como compañero de cacería de Ian pues él se empeñaba en arrastrar cualquier paloma que su dueño acababa de disparar a despecho de su inferioridad de tamaño. El gato en cuestión no vivió mucho pues padeció una enfermedad equivalente a la encefalopatía espongiforme bovina (vacas  locas) en los humanos. Por su parte, ‘Acres Wild’ prosigue por esta línea mientras incrementa el peso de los armazones melódicos creados para la ocasión. La presencia del violín de Way realza el embrujo rural que está guiado por la mandolina y las ocasionales florituras de la flauta; el modo en el que el bajo dialoga en varios pasajes estratégicos con la mandolina apuntala el vigor esencial de la canción, cuyo compás céltico se beneficia de ciertos quiebres de claro talante progresivo. Un poco más adelante, ‘Moths’ le dará un giro más cálido y entrañable a esta permanente fiesta campestre mientras preserva, esta vez con ligera tersura, el gusto por lo sofisticado. Su letra, rica en metáforas sobre un par de polillas que flirtean continuamente junto a la luz de un candelabro, está basada en una inusual novela romántica de JOHN LE CARRÉ The Naïve And Sentimental Lover, una obra de inspiración autobiográfica que narra el triángulo amorso de Shamus, Cassidy y Helen. Aquí encontramos unas de las letras más bellas del disco: “Chasing shadows slipping / In a magic lantern slide, / Creatures of the candle / On a night-light-ride. / Dipping and weaving / Flutter through the golden needle’s eye / In our haystack madness. / Butterfly-stroking on a Spring-tide high.” 



A contrapelo con todo esto, antes de ‘Moths’ se sitúa la ponderosa canción ‘No Lullaby’, un ejercicio de robustas y vigorosas expansiones progresivas que se reparten entre compases de blues-rock y rock pesado. La introducción sirve para los sendos lucimientos de Barre y Barlow: las refinadas tormentas cortantes que emite la guitarra de aquél y los suntuosamente sofisticados redobles de éste se abren paso asentando un impresionante punto de partida para capturar fehacientemente la atención del oyente. Ojo al cariz trágico de la letra, para muestra estos dos botones: “There’s a lock on the window; / there’s a chain on the door: / A big dog in the hall. / But there’s dragons and beasties / Out there in the night / To snatch you if you fall.”“Let no sleep bring false relief / From the tension of the fray. / Come wake the dead with the scream of life. / Do battle with ghosts at play.” Las secciones más movidas de la canción brindan una cierta promesa de optimismo en medio del paisaje apocalíptico expuesto en las letras de la sección principal, pero es el optimismo expectante de quien quiere combatir sin perder. El buen Ian se inspiró en los cuentos que inventaba para  su entonces muy infante primer hijo James Duncan, haciéndole dormir con relatos con final feliz: su ego rockero quiso ir a contrapelo del super ego complaciente y escribió esta canción como una anti-nana donde se exhorta al niño a defenderse proactivamente de las amenazas de los demonios y demás criaturas malignas de la noche. La primera mitad del disco se cierra con ‘Journeyman’, una canción un poco “extraña” dentro de los estándares habituales de JETHRO TULL. La poco usual clave de la canción es el empleo de un swing funky con miras a darle un aire diferente a los ambientes y ritmos folclóricos en torno a los cuales gira el cuerpo general del disco. Esta vez es el diálogo entre órgano y bajo el que apuntala el ágil y llamativo swing sobre el que Anderson canta los avatares del vendedor viajante que usa el tren como su medio habitual de transporte, siendo así que el siempre magistral Barlow utiliza su batería y algunas percusiones extra para acrecentar la intención de retratar sónicamente la maquinaria del tren. Siendo la letra mesuradamente pesimista en su retrato de la vida cautiva que sigue el hombre de clase media, la agilidad magnánima de la canción apuntala un colorido peculiar al asunto.   



Abre el lado B una de las canciones que más nos impresionan del disco: ‘Rover’, una pieza que es una de las más emblemáticas de toda su carrera fonográfica – a despecho de no estar entre sus más populares – y, definitivamente, es un perfecto emblema individual del estado de gracia y el enfoque sonoro con los que estaba operando el grupo en esta fase de sexteto folk-progresivo. El preludio instrumental se alimenta sabiamente de las triangulaciones de flauta, percusión tonal y órgano mientras la primera guitarra acentúa ciertas cadencias antes de convertirse en la aliada perfecta de la flauta en el desarrollo del cuerpo central. Anderson da rienda suelta a su representativo rol de trovador mientras sus compañeros de viaje completan el cuadro progresivo del desarrollo melódico en curso. La letra también incluye mágicos delirios poéticos que solo pueden ser cosecha de alguien como Ian Anderson: “As the robin craves the summer / To hide his smock of red, / I need the pillow of your hair / In which to hide my head. / I’m simple in my sadness, / Resourceful in remorse. / Then I’m down straining at the lead / Holding on a windward course.” Es una canción dedicada a otra mascota suya de aquel entonces, el perro Lupus, también mencionado en la lista de agradecimientos de la contraportada. Y bueno, por fin pudo ‘One Brown Mouse’ ser incluida en el repertorio oficial de un long-play. Esta séptima canción del disco estuvo dando vueltas recurrententemente desde los días del “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!” y ahora ya está en un disco, siendo de hecho una de las canciones del disco que formaron parte constante de los repertorios de la consecuente gira. Enfilada hacia el lado más amable del estándar del folk-rock, esta oda a los ratones está inspirada en el famoso poema de Robert Burns To A MouseAl cerrar el álbum, ‘Weathercock’ dice buenos días a la veleta con forma de gallo para evocar a los cuatro vientos y a las fuerzas de la naturaleza para que las labores del nuevo día gocen de su bendición:“Give us direction; the best of goodwill, / Put us in touch with fair winds. / Sing to us softly, hum evening’s song. / Tell us what the blacksmith has done for you.” Según el Sr. Anderson, este artilugio guarda la peculiar dualidad de ir girando con el viento y dictaminar por qué lado va a soplar el viento: esta singular dialéctica amo-esclavo entre la veleta y el viento era una noción demasiado sugerente para dejar escapar a las Musas sin más. En cuanto a lo estrictamente estilístico, la canción recibe directamente los enfoques polícromos y amables que antes se elaboraron sesudamente en ‘Moths’ y ‘Rover’ pero esta vez con un compás más medido. Eso sí, que no se entienda esto como que el resultado es una canción carente de vigor rockero pues la guitarra de Barre sabe imponer su protagonismo en medio de la ingeniería pastoral centrada en el entramado de teclados, guitarra acústica, mandolina y percusiones célticas. El camino hacia el fade-out nos muestra el gozoso y complejo entramado sonoro armado por el sexteto con la misma fuerza reveladora que se empleó en el pasaje introductorio de ‘Rover’.


  

Es una cosa muy curiosa que la veleta haya sido mencionada en la última estrofa de la canción de apertura: posiblemente ello es referente al hecho de que todo lo que se ha dicho en las canciones precedentes “ha sucedido” bajo su vigilia y ahora es el turno de cantar al vigía mismo para completar el viaje poético ínsito en el álbum, pero definitivamente, es la canción homónima, la penúltima del repertorio, la que signa el punto culminante del disco con su manera tan sólida y convincente de vehiculizar y potenciar la esencia global del repertorio hacia su clímax más rotundamente opulento. Ostentando y aprovechando al máximo sus 9 minutos de duración, ‘Heavy Horses’ se articula majestuosamente con el impulso inicial de un mágico prólogo instrumental guiado por la guitarra eléctrica, un cuerpo cantado donde confluyen el corazón del cantautor y la lógica prog-sinfónica, un interludio ágil repleto de coquetos colores célticos y unos tres minutos finales en los que el grupo retoma los elementos más grandilocuentes de esta fabulosa minisuite. No tenemos en claro cuál es nuestro Top 5 de composiciones de Ian Anderson pero ‘Heavy Horses’ tiene un lugar innegable allí junto a la canción también homónima del disco anterior. Tal como lo reconoce el propio Ian Anderson, esta canción exhibe un lamento frontal y claro por el abandono del uso de caballos en las labores de granja a favor del tractor y otros implementos modernos; la primera mudanza, con esa conmovedora manera de armar las líneas vocales, los fraseos de piano y los arreglos de cuerdas (“The Suffolk, the Clydesdale, the Percheron vie / With the Shire on his feathers floating, / Hauling soft timber into the dusk / To bed on a warm straw coating.”), asienta el carácter nostálgico y decadente que en el juguetón interludio danzarín se transforma en la imagen de un tiempo pasado de señorial hidalguía equina (“Standing like tanks on the brow of the hill / Up into the cold wind facing. / In stiff battle harness, chained to the world / Against the low sun racing. / Bring me a wheel of oaken wood, / A rein of polished leather, / A Heavy Horse and a tumbling sky / Brewing heavy weather.”). Además, Ian nos informa que se trató de la primera canción que se compuso para el disco en base a una sencilla idea inicial en sol menor que luego fue desarrollando hasta convertirse en una pieza razonablemente extensa. En retrospectiva, Ian cree que esta canción es sintomática del hecho de que, a despecho de varias muestras de jovialidad musical, había algo grisáceo y oscuro en el horizonte así como en el ánimo general del grupo. ¿Exagera Ian? Según vemos en el testimonio de Martin, parece que sí: él afirma que la banda era un grupo feliz en el año 1977 y lo seguía siendo en el 1978, siendo inevitable que al estar junto a John, Barrie y el entonces David existiera un clima de buen humor y chistes. Dee reflexiona más a fondo sobre esto: “No era ni el buen humor ni la alegría lo que faltaba en los tiempos del «Heavy Horses», sino inocencia entusiasta.”  Teniendo en cuenta que “War Child” y “Minstrel In The Gallery” estuvieron mayormente enfocados en la creatividad de Anderson, el más patente trabajo colectivo de “Songs From The Wood” reactivó el amanecer de nuevos días felices para el grupo, y lo mismo sucedió en el caso de “Heavy Horses”, según Dee, pero también es verdad que el horario de trabajo que se empleó en el material de este nuevo disco fue más exigente (horas de noche hasta la madrugada del día siguiente), y además, estaba la tensión social circundante que era el resultado de la cercanía de The Maison Rouge con el local del Chelsea FC, lo cual implicaba que muchas veces había bandas de hooligans provocando sigilo y temor en la gente de alrededor. “Pero no hay nada de malo con «Heavy Horses» - de hecho, ¡es uno de nuestros mejores álbumes!” 



Entre los bonus tracks agrupados en esta reedición destaca, principalmente para los coleccionistas, la canción ‘Beltane’, la cual había aparecido originalmente en una anterior reedición de “Songs From The Wood” (del año 2003) porque, según Ian, se correspondía temáticamente con la reivindicación de la cosmovisión y las festividades célticas, pero ahora imperó el estricto rigor cronológico y su nuevo rescate se da en la presente reedición de “Heavy Horses”. La canción en cuestión, muy vivaz al modo de ‘Cup Of Wonder’ aunque con un más pronunciado filo en los guitarreos, trata sobre la Festividad de los Mayos (May Day) en los que se celebraba el esplendor de la primavera con un talante totémico dentro de las religiones paganas célticas: “There’s a snap in the grass behind your feet / And a tap upon your shoulder, / And the thin wind crawls along your neck / It’s just the old gods getting older. / And the kestral drops like a fall of shot and / The red cloud hanging high. / Come a Beltane.” También nos topamos con una segunda versión de ‘Living In These Hard Times’ (canción ya escrita en el año 1977) así como la recién develada ‘Everything In Our Lives’: ambas canciones tienen abiertas connotaciones de protesta sociopolítica, estando la segunda de ellas motivada por las preocupaciones que le causaban a Ian el auge del movimiento nacionalista escocés – él siempre pensó que el mejor nacionalismo es aquel que se combina con un espíritu cosmopolita – y los planes para impulsar la industria petrolera en North Sea para así repotenciar un nuevo periodo de riqueza y poderío industrial en la zona – algo que también iba un poco en contra de la pertinaz sensibilidad rural del frontman de JETHRO TULL –, dos canciones muy significativas, en verdad. De paso, también son muy gráciles en su desarrollo temático y en su groove, especialmente ‘Everything In Our Lives’. En ellas tenemos una dimensión anticipatoria del pesimismo modernista que habrá de penetrar más sistemáticamente al cancionero del siguiente disco de estudio, “Stormwatch”, y otros ulteriores. Una curiosidad entrañable es la primera maqueta terminada de ‘Jack-A-Lynn’, una de las pocas canciones románticas que ha compuesto Ian en su vida y que aquí ya tiene forma bien definida (que no definitiva) su amable cadencia pastoral con sus 3 ¾ minutos de duración. Funny how long nights allow / Thoughts of Jack-A-Lynn. / When phantoms tread around my bed / To offer restless dreams they bring / And it’s just the time and place to find / A sad song to play / For Jack-A-Lynn.” La canción estuvo flotando en el aire de los cuarteles de JT por muchos años, incluso en los tiempos del álbum “The Broadsword And The Beast” y aun así nunca formó parte del repertorio oficial de ningún long-play. Es, ciertamente, uno de los ítems más atesorados por los fans eternos de la banda. 

  


Una curiosidad impagable es la de contar con la versión de estudio de ‘Quatrain’, el instrumental compuesto por Barre en tributo a ciertas danzas celtas y que el grupo empleó en la gira de 1978 para introducir a ‘Aqualung’. Aquí se extiende por un lapso de 3 ¾ minutos e incluye joviales interludios breves de mandolina (en manos de Anderson) en los que se afianza la cadencia general de la pieza mientras se da un minúsculo reposo del vitalista armazón de guitarra eléctrica, masas de teclados y saltarines grooves a cargo de la dupla rítmica. De todas maneras, parece que esos breves interludios de mandolina estorban un poco en el potencial afianzamiento del groove general de la pieza y el mismo Ian pide disculpas por eso. Otra curiosidad es el hecho de que Ian Anderson haya hecho una canción dedicada a la persona Jethro Tull, sí, ese mismo agrónomo inventor de una versión perfeccionada de la sembradora mecánica y autor del manual The Horse-Hoeing Husbandry (del año 1731, un clásico de la técnica agrícola)Pues bien, Anderson se sintió en la obligación de hacer una canción titulada justamente ‘The Horse-Hoeing Husbandry’ y así compuso este bello tema que comienza de una forma serena y contemplativa para luego completar su último tercio con una festiva exhibición de ágiles sonoridades celtas donde el flautín ocupa un rol central: “Horse-Hoeing Husbandry; prepare the way for the profut maker; / Black figure economy, red letter day undertaker. / The coin is tosed and spinning lands / On paths of clay, in foelds of sand / And rolling furrows a better land.” Nos parece de lo mejor que hay en esta serie de bonus tracks a pesar de que el propio Ian se reprocha el haber intentado crear una canción con una idea tan rígidamente prefijada en mente sin dejar que la letra y la música fluyan con mayor naturalidad, y encima, dándose un desequilibrio entre el urgente tiempo de la inspiración musical y el reposado tiempo de la investigación bibliotecaria sobre el tema de interés. Pero bueno, esta oportunidad de  escuchar al colectivo rockero JETHRO TULL rendir tributo musical al individuo Jethro Tull no tiene precio. Eso sí, el reproche que Ian se hace a sí mismo es peor en lo concerniente a ‘Botanic Man’, una canción que él escribió para un programa de TV sobre botánica bajo la conducción de David Bellamy. Ian fue persuadido por el entonces David Palmer para escribir una canción que pudiese ser utilizada como tema principal del programa en cuestión: sin más información que el tema general del programa, Anderson y Palmer compusieron y grabaron la canción al día siguiente. El programa televisivo se hizo realidad pero no se sabe qué pasó con la canción que enviaron los dos señores: Ian no pierde el sueño por ello y más bien recomienda a los fans que la escuchen “¡una sola vez!” Ja, ja, ja… Bueno, nosotros no le haremos caso en eso cuando podemos reconocer que se trata solamente de una canción placentera que no iguala la claridad melódica de otros bonus como ‘Everything In Our Lives’ o ‘Jack-A-Lynn’. Además, también disponemos aquí de un arreglo orquestal de la melodía central de ‘Botanic Man’.


  

Pero lo que sí es el rescate más exultante de esta reedición es el concierto que el grupo dio en la localidad suiza de Berna en el Berne Festhalle el 28 de mayo de 1978: ¡cosa seria! En el doble vinilo en vivo “Bursting Out” (publicado originalmente en el 22 de setiembre de 1978 en el mercado británico y tres días después, en el norteamericano) se tomó un puñado de canciones de este concierto y es recién ahora que disfrutamos del evento en su integridad, aunque solo en formato de audio: el concierto ocupa los CD #2 y #3 así como el DVD #2. El concierto es fabuloso y electrizante. El DVD #2 también incluye los vídeo-clips promocionales de ‘Heavy Horses’ y ‘Moths’, así como los anuncios televisivos sobre la publicación de “Bursting Out” y sobre sus tres conciertos en el Madison Square Garden que habrían de tener lugar en los primeros días de octubre de ese mismo año 1978. La pista de ‘Quartet’ (pieza  coescrita en 1974 por Anderson, Evan y el entonces integrante Hammond-Hammond) abre el concierto antes de que Claude Nobs haga su presentación (famosa por su inclusión en el disco doble en vivo antes mencionado) y el grupo entre a todo dar con la dupla de ‘No Lullaby’ y ‘Sweet Dream’. Tras un reposo pastoral provisto por la tríada de ‘Jack-In-The Green’, ‘Skating Away On The Thin Ice Of The New Day’ y ‘One Brown Mouse’, el grupo ejecuta la pieza homónima del álbum respetando íntegramente su estructura completa originalmente. Es un momento particularmente vibrante del concierto, como lo será más adelante ‘Conundrum’. El caso de este instrumental resulta bastante revelador porque el documento de este concierto en Berna muestra que existían algunos recovecos temáticos adicionales a la versión mundialmente conocida antes del arribo del fantástico y supraterrenal solo de batería de Barlow. Tal como lo advertimos en el vídeo del concierto de 1977 que vino con la reedición de “Songs From The Wood”, este excelso estándar de Barlow ya contaba  con un patrón bien definido que podía incorporar ciertas variantes de gira en gira y de concierto en concierto. El bloque temático esencial de ‘Conundrum’ fue compuesto por Barre, estando su motif centrado en aires célticos y manieristas en clave de hard-rock progresivo. La pieza más antigua es ‘A New Day Yesterday’, la cual empuja al momentum del solo de flauta de Anderson, y como ya estaba pautado desde giras anteriores, completado con citas de ‘Living In The Past’ y ‘Thick As A Brick’. ‘Songs From The Wood’ cierra la primera mitad del concierto mientras que la dupla de ‘Aqualung’ (con el prólogo de ‘Quatrain’) y ‘Locomotive Breath’ (con el epílogo de ‘The Dambusters’ March’) concluye el encore definitivo del concierto, algo ya bastante recurrente en el ideario de la banda.


  

Hablando de “Bursting Out”, este disco en vivo fue lanzado al mercado como un ítem precursor a la minigira estadounidense que se iniciaba en el primer día de octubre de 1978 y terminaba el 17 de noviembre. A Ian Anderson no le gusta mucho el título y tiene la hipótesis de que fue idea de Terry Ellis... pero lo más urgente en la agenda de los JETHRO TULL era ahora hacer una gira promocional para el mentado doble disco en vivo. El grupo había estado fuera de los escenarios por cuatro meses aunque no estaba precisamente de vacaciones, pues ya estaba en marcha desde el mes de agosto el proceso de grabación del que habría de ser su siguiente disco de estudio “Stormwatch”. En este pequeño periplo estadounidense no pudo participar John Glascock pues una septicemia resultante de una infección dental afectó a su corazón, el cual ya tenía una malformación congénita; ahora era tiempo de intervención quirúrgica y reposo para el buen John. En su reemplazo entró Tony Williams, un músico de la localidad de Blackpool que se especializaba mayormente en la guitarra y que era amigo muy cercano de Barlow. Es por eso que en un primer momento pensó que Barlow, al proponerle unirse a JETHRO TULL, le estaba recomendando sustituir a Barre, pero no, ahora tenía que fungir de bajista y aprenderse el material del repertorio Tulliano con pocas semanas de antelación, una labor que cumplió cabalmente; de hecho, a pesar de no ser un consumado conocedor de la obra del grupo, el mundo de JETHRO TULL no le era totalmente ajeno pues él había asistido a las audiciones en busca  del futuro reemplazante de Mick Abrahams, esas que acabaron con la elección de Barre. También se añade que fue compañero de departamento de John Evan en los ya lejanos años 60s. 


 

En realidad, Jeffrey Hammond había sido la primera opción propuesta por Anderson, mas el mismo exintegrante declinó la oferta para seguir con su carrera de pintor y no reiniciar labores con un instrumento que no volvió a tocar desde su último concierto como integrante de JT: es algo que Ian agradece como la cosa más sensata que se dijo en aquel momento. Williams no solo supo integrarse musicalmente al grupo sino que también encajó en la buena onda interpersonal; Dee recuerda con actitud entrañable el atuendo ingeniosamente extravagante que Tony llevaba cuando el remodelado sexteto estaba en el Aeropuerto de Heathrow para hacer una nueva gira norteamericana. El buen Tony recuerda que la primera vez que vio a John Evan hacer el acto de desaparecer durante el encore para reaparecer unos segundos por el otro lado del escenario, se asustó al ver un espectro blanco saltar desde atrás suyo... obviamente, era John con su terno blanco, camisa amarilla y corbata roja saltando y vitoreando la garra de la guitarra de Barre mientras Anderson momentáneamente asumía el rol de organista. Pero lo más pavoroso era el concierto que tuvo lugar en la noche del 9 de octubre en el Madison Square Garden (con los URIAH HEEP como teloneros), no solo ante un lleno de público, sino también ante audiencias televisivas de toda Norteamérica y el Reino Unido a través de un enlace satelital. Una total innovación en el mundo de las telecomunicaciones en ese entonces: cámaras y cables por doquier más un enredo de conexiones de audio más sofisticadas que las usadas en un concierto habitual se metían en el escenario mientras los músicos lidiaban con el abrumador prospecto de tocar ante millones de pares de oídos. Una experiencia excitante que el grupo manejó profesionalmente, aunque la mayor parte del peso carismático del evento estaba sobre las espaldas del frontman, claro está. El concierto existe en DVD oficial incluyendo los audios de las canciones previas y posteriores al tiempo que fue efectivamente emitido por TV; es un ítem infaltable en una buena colección Tulliana al igual que el doble en vivo “Bursting Out”.



La idea de la portada estuvo originariamente inspirada en un hermoso cuadro de temática rural titulado The Mangel-Wurzen Wagon, de Lucy Kemp-Welch, pintora experta en paisajes de la vida campestre, especialmente actividades donde aparecían caballos, sus personajes favoritos. Ella vivió entre el 20 de junio de 1869 y el 27 de noviembre de 1958. Dados los enormes gastos de copyright que implicaba el usar ese bello cuadro que tanto gustaba a Ian Anderson, la cual era la idea original para la portada del disco, el líder del sexteto revisualizó la portada con él mismo llevando un par de caballos y un fondo paisajístico emblemático tanto de su nuevo (y definitivo ) modus vivendi como del estilo musical que se estaba reforzando y perfeccionando en esta nueva edad de oro de JETHRO TULL. Y de paso, claro está, imitar el espíritu bucólico y cándido del cuadro antes mencionado. En la campiña de Buckinghamshire allí estaba el bien Ian haciendo la sesión de fotos con dos caballos bastante grandes que incluso le parecían intimidantes a lo largo de una mañana entera, primero, bajando desde la granja hacia una llanura y luego volver a subir por otra colina a fin de que se pudiera contar con el deseado paisaje de fondo. El problema es que se realizaron varias subidas y bajadas para que se completara con tentativa  satisfacción la sesión de fotos. Ian sentía un inicial temor con los caballos (llamados Barley y Sir Jim, respectivamente) debido a su tamaño, pero al final se portaron mansamente cuales gentiles gigantes (palabras del propio Anderson que reflejan simultáneamente un poco velado homenaje a la banda amiga GENTLE GIANT). A pesar de haberse convertido en un hombre de vida rural, hay mucho de artificial en la portada: el hecho es que esos caballos no pertenecían al matrimonio Anderson sino que habían sido alquilados al Courage Shore Horse Centre. La foto de la portada, a fin de cuentas, resultó bastante cercana a Ian y estaba cortada por su cintura, por lo que el ansiado paisaje quedó definitivamente mutilado. Bueno, se trata de una portada paradigmática y desastrosa a la vez. En cuanto al tema específico de los caballos de tiro pesado, el propio Anderson, desde su rol de cantautor, admite no ser en lo absoluto un experto en eso: su esposa Shona sí sabía bastante sobre el tema y varios de los residentes en casas de campo cercanas a las del matrimonio Anderson, por lo que así se iba enterando Ian de varios detalles específicos relativos a los perchersones, los Clydesdale, los Suffolk y los Shire.



A pesar de los irregulares precedentes de relaciones públicas con la prensa y el ímpetu comercial del que gozaba el movimiento punk por aquel entonces, “Heavy Horses” alcanzó el Top 20 de ventas de álbumes en el Reino Unido y en los Estados Unidos. Incluso buena parte de la prensa británica fue benevolente y elogiosa para con el nuevo disco, tal como se refleja en las reseñas publicadas en Record MirrorSOUNDS (“«Heavy Horses» es una gloriosa reunión entre TULL y los asuntos campestres […] que presenta un vibrante paisaje de la belleza y la crueldad de la vida rural”) y Melody Maker. En Rolling Stone se indica que tal vez se está anunciando el fin de los días folclóricos de JT en este disco sucesor de “Songs from The Wood”, (“tal vez el mejor de su carrera”, se añade). En el otro lado de la apreciación de la música de JETHRO TULL, la gente de NME hizo una reseña irónica donde se hacía un paralelo entre la decadencia de las viejas glorias del rock y el supuesto sentimiento de decadencia de Ian Anderson que él mismo estaría proyectando en los caballos de siembra. Una analogía ingeniosa basada en una idea maliciosa, falsa y estulta. Pero lo “mejor” está por llegar: ¿qué tal si leemos estos pasajes de la reseña que se publicó en Creem? – “Having harked back to the albums IronlungThick As A Vienna Sausage and Passion PussHeavy Horsehist is primarily about Anderson’s noted obsession for smelling horse dung.” (“Tras repasar los álbumes Pulmón De AceroGrueso Como Una Salchicha Vienesa y Chocho PasionalMierda Pesada De Caballo trata principalmente sobre la célebre obsesión que tiene Anderson por oler heces de caballo.”) Vaya, vaya... * En todo caso, Darryl Way, entrevistado para el libro que acompaña a esta reedición, recuerda con mucho agrado su intervención en “Heavy Horses” así como los años previos en los que él y la gente de CURVED AIR entablaron amistad con JETHRO TULL, DEEP PURPLE, BLACK SABBATH y el emblemático trío EMERSON, LAKE & PALMER. Darryl recuerda que Ian quería un sonido folclórico muy específico para las dos canciones donde interviene como invitado especial, algo con el florecimiento del folk y con la garra del rock. Él aprendió sus partes rápido, pero debió realizar varias tomas para las dos canciones bajo la constante guía del meticulosamente perfeccionista Ian. También cuenta que, un año después, hubo charlas entre él, Ian y Jon Anderson (sí, el mismo de YES) sobre la creación de piezas  musicales  experimentales para la Compañía Escocesa de Ballet pero, desafortunadamente, nada se concretó al respecto. Maddy Prior también recuerda con mucho agrado esa época porque en aquel entonces Ian Anderson produjo su primer disco solista tras la disolución de STEELEYE SPAN. El disco se titulaba “Woman In The Wings” y entre los muchos músicos invitados ocasionales aparecen los Sres. Barlow, Barre, Palmer, Glascock y el propio Anderson.

  

El libro contiene la usual lista de conciertos, actividades de estudio y demás peripecias musicales entre el 14 de enero de 1977 (inicio de la primera parte de los conciertos en escenarios estadounidenses y británicos para la gira del “Songs From The Wood”) y el 17 de noviembre de 1978 (con seis últimos conciertos en el estado de California). Este periodo incluye las primeras sesiones de grabación para canciones a ser incluidas en el siguiente álbum de estudio “Stormwatch” (entre fines de agosto e inicios de setiembre de 1978), así como la publicación del single ‘A Stitch In Time’ (3 de noviembre de 1978). Dee cuenta dos anécdotas bastante reveladoras. La primera de ellas tiene que ver con John Glascock, quien se quedó a pernoctar en casa de los padres del entonces David Palmer en junio de 1978 mientras se hacía dos conciertos en la ciudad de Manchester. David le hacía compañía en esos días y su madre, quien había tenido experiencia trabajando en la sección de enfermería de un hospital, hizo notar a su hijo que John no estaba bien de salud: bebía mucha leche fría porque sentía algo ardiendo en su metabolismo. El grupo se enteró de su condición cardíaca un tiempo más tarde pero la madre del ahora Dee Palmer vio las señales con anticipación. Otra anécdota tiene que ver con el nacimiento de su desánimo para seguir viviendo la vida de un rock star. Era la mañana del 28 de setiembre y el entonces David Palmer, a punto de viajar en taxi al aeropuerto desde donde el personal de JT tenía que ir rumbo a los EE.UU., se sentía crecientemente incómodo con el prospecto de sacrificar tiempo de calidad en la vida familiar: “Había llevado a mis hijas al colegio y estaba de regreso a mi casa a las nueve menos cuarto con todas mis maletas empacadas. Sonó el timbre de la casa, se trataba del chófer que me iba a llevar al aeropuerto, y fue entonces que me dirigí a mi esposa Maggie y le dije «No puedo irme, no quiero seguir haciendo esto.» Ella me respondió «Nunca me has dicho algo así antes», por lo que repliqué que recién me habia percatado de que cuando sonara el timbre de la puerta, me tendría que ir de casa por otras ocho semanas. Finalmente, ella me dijo «Ve a a abrir la pierta y deja que el chófer entre para llevar tus maletas». Lo hice, y mientras entraba por última vez  a la cocina con Maggie para recoger mi sombrero, me dijo que hablaríamos sobre esto después de que terminara la gira, pero que, mientras tanto, tenía compromisos que cumplir. Dee recuerda que esa sensación no se fue del todo de su mente pero también admite que la excitación y el jolgorio de tocar en vivo fueron emociones que volvieron pronto a él. Dee siempre recuerda a Maggie, su esposa en los tiempos de David Palmer, como su mejor amiga, una persona que siempre estaba a su lado mientras triunfaba poco a poco como compositor y arreglista musical en un trabajo que le permitía tener también una consistente vida familiar. Su membrecía en JETHRO TULL había vuelto esta rutina patas arriba... y todo eso llegó a su final después de la gira de promoción para el siguiente disco de estudio, mas eso será visto en otro momento. Por su parte, Ian Anderson estaba harto no de la vida en la carretera del rock pero sí del hecho de que en los conciertos estadounidenses, el ruido del público fuese infernal y caótico al modo de un evento deportivo, lo cual impedía que las canciones acústicas del repertorio de JETHRO TULL (que no eran muy pocas) pudieran lucirse apropiadamente.



El libro de esta “New Shoes Edition” contiene, además de todo lo que hemos procurado sintetizar y resumir hasta ahora, detalles técnicos sobre el nuevo estudio de grabación, o mejor dicho, la ampliación del Maison Rouge Studio, a través de una  entrevista con el ingeniero de sonido Colin Leggett, además de una breve historia sobre los caballos pesados con información provista por la Shire Horse Society. También hay una pequeña reseña que hace el mismo Ian Anderson sobre la que entonces era la nueva guitarra acústica de su colección: una Martin 0-45, originalmente diseñada para cuerdas de nailon pero que Ian utilizó con cuerdas de acero para componer la canción homónima del disco. El refinado acabado de su estructura de madera la hacía imposible de trasladarse en las giras con los cambios de clima en las diferentes ciudades que pueden afectar a su hechura, pero desde entonces ha formado parte importante de la rutina compositora y las sesiones de grabación del buen Ian. Bueno, aquí concluye nuestro emocionado repaso de “Heavy Horses” y todas las circunstancias relacionadas a él, incluyendo la publicación del disco en vivo “Bursting Out” y el valiosísimo rescate del concierto del 8 de mayo de 1978 en Berna. En esta segunda caminata sistemática por la vida rural que hizo el personal de JETHRO TULL a través de las nueve canciones que forman parte de este disco y otras más que nacieron a lo largo del camino, el grupo asumió un enfoque más profundo que le permitía parar un poco el aura de permanente fiesta expuesta en el precedente “Songs From The Wood” para adoptar una actitud predominantemente más contemplativa. No ha habido aquí un reemplazo de recursos musicales sino una ampliación de los mismos a partir de la exposición de una espiritualidad un poco más reflexiva. “Heavy Horses” siempre ha sido una obra maestra dentro del catálogo histórico de JETHRO TULL y esta reedición nos lo recuerda a voz alta y a todo galope.



Muestras de “Heavy Horses”.-
... And The Mouse Police Never Sleeps: https://www.youtube.com/watch?v=3V_8FByoT4g
Heavy Horses + Moths [vídeo-clips promocionales]:  https://www.youtube.com/watch?v=_GL6F2M7-gA
One Brown Mouse [en vivo en el Madison Square Garden, 1978]: https://www.youtube.com/watch?v=JhU3YzMg8vo
Horse-Hoeing Husbandry: https://www.youtube.com/watch?v=lxMPT5X8c_s


En fin, esto es lo que pasa cuando los delirantes y funestos legados de Lester Bangs y Robert Christgau son llevados a niveles de cloaca pseudointelectual y el más absoluto abandono de la seriedad profesional en el oficio de la información. No, señores de Creem, esos desperdicios que constituyen el producto final del proceso de la digestión emanan de sus máquinas de escribir, no de la música de estos seis maestros. 

Monday, June 04, 2018

LEMMINGS SUICIDE MYTH: la mágica baraja donde conviven diamantes jazzeros y espadas progresivas



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En este día toca el turno de presentar a los franceses de LEMMINGS SUICIDE MYTH por motivo de su disco más reciente, el cual fue publicado en la segunda mitad del pasado mes de mayo y porta al nombre del mismo grupo como título: de hecho, es el segundo disco que el grupo bautiza como sí mismo, por lo que es justo llamarlo “Lemmings Suicide Myth 2”. Este ensamble fundado y asentado en la bella ciudad de Estrasburgo consiste escuetamente en el dúo de Benjamin Bentz [piano] y Philippe Isenmann [batería, glockenspiel y otras percusiones], usando este conciso arsenal sonoro para gestar, gestionar y desarrollar una enérgica y versátil modalidad híbrida de lo jazzero y lo progresivo, modalidad donde los dos componentes nucleares convergen con notable fluidez. El disco que estamos comentando ahora es el tercero del dúo, siendo así que el primero – también homónimo – data del año 2015, mientras que el segundo, “Don’t Try”, data del año siguiente. El repertorio contenido en este segundo “Lemmings Suicide Myth” contiene piezas cuyas respectivas temáticas están basadas en una selección de cartas del Tarot; así, el dúo concreta el concepto con suficientes dosis de reciedumbre, exquisitez y elegancia como para hacer del repertorio una baraja musical donde conviven brillantes diamantes jazzeros e hidalgas espadas progresivas. Se nota en estas palabras que estamos muy impresionados por lo que hemos apreciado en el presente disco... así que vamos a detallar de una buena vez las características específicas de cada ítem contenido en él.



Ocupando los 11 primeros minutos del álbum, ‘Le Fou’ establece una guía musical precisa en su variada ingeniería temática y rotunda en su impecablemente organizada arquitectura rítmica, ricamente fomentada con una sucesión de diversos swings y cadencias. El rol del piano es necesariamente absorbente dentro del esquema de trabajo del dúo, por lo que debe desarrollar las bases armónicas y guiar los filtros melódicos que vayan surgiendo en el camino: el primero de estos factores es predominante, muy al modo de lo que el ya difunto maestro Keith Emerson hacía en THE NICE y en EMERSON, LAKE & PALMER en esas piezas donde el piano llevaba la voz cantante. De todas formas, en cuanto a la estilización performativa de Bentz, éste está más cercano a los modelos de Rick Wakeman y Patrick Moraz que al del propio Keith Emerson. Poco después de superar la barrera del sexto minuto y medio, el vigor imperante  se vuelve más comedido, lo cual parece guiado por el próximo arribo de un pasaje tranquilo y misterioso... y en efecto, eso es lo que sucede durante un efímero interludio que se arma en diálogo entre el piano y el glockenspiel poco antes de llegar a la frontera del octavo minuto y medio. El interludio es muy breve pero marca el talante más sobrio que signa al nuevo dueto de piano y batería, el cual termina aterrizando en parajes ceremoniosos y reflexivos; para este efecto, lo jazzero pasa a ser el factor dominante. Hemos tenido aquí una estupenda vía de entrada y habrá que ver cómo sigue adelante el repertorio, por lo pronto, tenemos a la dupla de ‘Le Diable’ y ‘L’Étoile’, donde el dúo crea sus propios espacios para nuevos trucos expresivos. ‘Le Diable’ dura menos de la mitad de la fabulosa pieza de entrada pero impone su propia fuerza de carácter a través del empleo de una grácil complejidad para la sustentación de las cadencias y consonancias que arman el resonante motif central. Mezclando tensión y estilizado encanto, el desarrollo temático de ‘Le Diable’ resulta lo suficientemente llamativo como para asegurar toda la atención del oyente empático. He aquí un estatuto climático del disco que iguala al de la pieza de entrada. Por su parte, ‘L’Étoile’ tiene un eje temático envuelto por una otoñal atmósfera donde se impone una nebulosa nostalgia, al modo de la faceta introspectiva de un HERBIE HANCOCK. Hay un interludio más ágil que cuenta con un relativamente generoso campo de expansión pero su función no es la de brindar un contraste frente al pasaje inicial que pronto regresará para redondear la faena, sino la de complementar a éste con un recurso de momentánea luminosidad. Una distracción, no una confrontación. 


 

Con ‘L’Hermite’, el grupo regresa cándida y convincentemente al esplendor sofisticado con el que se había elaborado el tema de entrada, tomándose también un razonablemente ambicioso espectro de 8 ¼ minutos para recorrer todos los lugares del mapa sonoro que se ha trazado para la ocasión. Dentro de este nuevo ejercicio de fastuosos encuadres jazz-progresivos, lo jazzero ocupa un poco más del 50% de la amalgama global, siendo así que en varios pasajes lo que suena nos hace recordar a los RETURN TO FOREVER de la época del “Romantic Warrior”... y tal vez, también  a los primeros discos solistas de JAN HAMMER. De todos modos, también vuelven los juguetones fantasmas de ELP a rondar por ahí en ciertos segmentos más cercanos a la cámara modernista. Hemos encontrado aquí otro cénit del álbum junto a las dos primeras piezas del mismo. Durando un poco más de 4 ¼ minutos, ‘XIII’ ostenta, a través de sus vibracions consistentemente introspectivas, la estructura esencial de una balada prog-sinfónica. ‘Le Monde’ es una pieza que casi alcanza a completar los 12 minutos de duración, siendo la más larga del repertorio entero de “Lemmings Suicide Myth” y también la que está a cargo de darle el broche final. Su prólogo, que se extiende casi a lo largo de los dos primeros minutos, porta una aureola expectante que se halla a medio camino entre lo sobrio y lo amenazante. Luego, por un rato no muy largo, las cosas se intensifican con un aura de intensa densidad donde los recursos expresionistas utilizados para la ocasión no apelan tanto a la jovialidad como una dramática magnificencia. Más jovialidad hay en la tercera sección, centrada en un estándar de jazz al estilo de los años 50s (¿tal vez el DAVE BRUBECK QUARTET?), comenzando todo con tenues inhalaciones melódicas del piano para que luego todo se torne más solemne merced a la intervención de la batería, la cual mete añade una oportuna dosis de expresividad colorida al asunto. Para la última sección, el dúo desarrolla un simpático juego progresivo con talante fusionesco de inspiración aflamencada. Los alcances que este recurso tiene a la hora de implantar algo de exótica sensualidad al patentemente suntuoso esquema de trabajo planteado por el dúo llevan a la gestación de un poderoso llamativo clímax concluyente para el álbum. 

  

“Lemmings Suicide Myth 2” y LEMMINGS SUICIDE MYTH son nombres que tiene que ser anotados con buena caligrafía y pulso firme en nuestras agendas melómanas. Hemos descubierto un poco tarde a este fabuloso y gallardo dúo francés pero nos alegramos de haberlo hecho con este reciente lanzamiento fonográfico, el mismo que catalogamos como uno de los más dignos representantes potenciales de cualquier futura lista Top 10 o Top 20 de lo mejor que se ha hecho en el universo progresivo internacional en el todavía vigente año 2018. Vale la pena investigar en y apreciar toda la obra que ha realizado hasta el día de hoy este colectivo de LEMMINGS SUICIDE MYTH del mismo modo que es justo recomendar a
“Lemmings Suicide Myth 2” al 200%. 


Muestras de “Lemmings Suicide Myth 2”.-

Friday, June 01, 2018

NATIONAL HEALTH: la última estocada de magnificencia progresiva del Canterbury de los 70s


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se nos antoja hacer un viaje por la trayectoria de una superbanda de la vertiente del Canterbury cuya obra supuso uno de los puntos más elevados de creatividad y energía expresiva dentro de la escena progresiva británica de la segunda mitad de los 70s, una escena que aún daba manotazos de ahogado y coletazos de orca mientras pugnaba por brindar algo interesante al ideal del rock artístico. Nos estamos refiriendo a NATIONAL HEALTH, combo gestado por las fuerzas conjuntas de dos maestros de los teclados: Dave Stewart y Alan Gowen, entidad llamada a erigirse como la última gran estocada de magnificencia musical del así llamado movimiento Canterbury dentro del escenario progresivo británico de primera generación. Es una cosa muy rara que un amante del rock con estructuras rigurosas y excéntricos enfoques como Stewart pudiera congeniar musicalmente con tanta fluidez con un amante de formas más sueltas propias del jazz y con un vocabulario introvertido como Gowen. Pero sí, ambos tomaron la decisión de unir fuerzas en la composición de material para un grupo coliderado por ambos, y de paso, forjaron una amistad inexpugnable. La iniciativa de NATIONAL HEALTH surgió básicamente como un cobijo para el empuje creativo de ambos maestros y amigos tras las disoluciones de sus respectivas bandas GILGAMESH y HATFIELD AND THE NORTH.  Bien es verdad que la idea inicial era bastante aparatosa: congregar en una sola banda a dos guitarristas, dos teclistas, un trío de féminas vocalistas, más la dupla rítmica de rigor. Vamos, casi nada... Phil Miller y Phil Lee (procedentes de las dos bandas antes mencionadas) eran los dos  responsables de las guitarras, mientras que Mont Campbell (viejo amigo de Stewart desde los tiempos de ARZACHEL y EGG) se encargaba  del bajo, y Bill Bruford (nada menos que Bill Bruford) se hacía cargo de la batería. La decisión de Campbell de centrarse en las artes plásticas le llevaron a ser reemplazado por Neil Murray, mientras que la contratación de Bruford como baterista de apoyo de GENESIS en los conciertos llevaron a que Pip Pyle (ex HATFIELD AND THE NORTH) ocupara su lugar. Lo del trío de vocalistas se redujo a la presencia solitaria de Amanda Parsons. No tardó mucho Miller en quedarse como único guitarrista del ensamble tras un intento de algunas semanas por parte de Steve Hillage de reemplazar a Lee, así que ya teníamos aquí a una nueva versión de unos HATFIELD AND THE NORTH casi íntegramente reconstruidos, noción que se reforzó cuando el mismo Gowen dejó también al grupo (sin romper por ello con la muy cercana, prácticamente fraternal amistad con Stewart) para reformar a GILGAMESH. Parsons había hecho lo propio unas semanas antes. 



Debemos seguir haciendo algo de historia para entender los cimientos y fundamentos del primer disco de NATIONAL HEALTH. Stewart y Gowen se conocieron en 1973 cuando aún existían HATFIELD AND THE NORTH y GILGAMESH, en el departamento del segundo mientras recibía una visita del cuarteto de HATFIELD: en esa misma ocasión, Gowen mostró a Stewart una amplia partitura para un doble cuarteto, hecho que encendió la llama de la comunión musical y la camaradería personal. No tardó mucho Stewart en volverse un asiduo visitante de Alan Gowen y su esposa Celia, y durante todo ese tiempo, las piezas que habrían de conformar el primer disco de NATIONAL HEALTH (recién publicado en el año 1977) estaban empezando a cobrar vida y, posteriormente, llegando a su punto final de estructuras y arreglos. Ya siendo una entidad efectiva NATIONAL HEALTH, el bajista Mont Campbell aportaba también composiciones de su propia cosecha: estaba inspirado el tipo al salir de su reclusión aparte del negocio musical pues sus composiciones eran las más ricas en atonalidades y complejidades rítmicas. Como dijimos antes, Campbell no duró mucho en esta aventura y volvió a retirarse de la música para ser reemplazado por el también muy talentoso Neil Murray (recién llegado de las filas de COLOSSEUM II y viejo conocido de Gowen de los tiempos de GILGAMESH), mientras que John Mitchell reemplazaba a Bruford, siendo finalmente aquél reemplazado definitivamente por el magistral Pip Pyle en 1977. A lo largo del año 1976, el grupo había hecho unas cuantas mini-giras nacionales mientras su alineación pasaba por todas las variantes mencionadas, y de hecho, llamó la atención de un reportero musical de NME, quien escribió: No puedo entender cómo es que este grupo aún no tiene un contrato de grabación. Un misterio exasperante que, en un principio, no preocupaba al buen Stewart, quien en una entrevista del mismo año para Melody Maker aseguraba: Un contrato de grabación no tardará mucho en llegar más adelante... Siempre puede uno toparse con algún Charlie (tipo) que pondrá en tus manos vastas sumas de dinero para que hagas música autoindulgente. Como castigo a su hybris de entonces, y simultáneamente como irónico karma, los NATIONAL HEALTH recién tendrían su contrato de grabación dos años después de su formación, en marzo de 1977... ¡merced al sello Charly Music Ltd.! Enorme anécdota como también lo es la circunstancia en que el maestro Alan Gowen adquirió su primer sintetizador Moog. Tanto él como Stewart habían alquilado un Moog en el pasado y habían jugado con sus diversos botones pero ninguno contaba con suficiente presupuesto para comprar uno. La cosa es que Gowen pudo comprar uno con el sueldo que ganaba al aceptar ser parte de la orquesta de obras musicales del barrio de West End (obras musicales que muchas veces incluían strip-tease). Uno de esos shows más picantes se llamaba Let My People Come y fue realmente un éxito de público: eso no satisfacía para nada a un Gowen lleno de sueños musicales de gran envergadura, pero le resultaba rentable. A veces él se sentía harto de no poder ser un músico realmente creativo bajo esas circunstancias: una vez se le ocurrió llevar una caja de platos de porcelana y los rompió uno por uno durante un solo de batería en medio de una escena intensa. Esta jugarreta no fue sancionada por los productores de la obra porque el público la encontró graciosa.



Pasaban los meses de los años 1975 y 1976 y no llegaba el maldito contrato de grabación que el grupo tanto necesitaba para hacer acto de presencia en el mercado de acuerdo a la dinámica y las ideas musicales que creaban y mostraban en sus actuaciones en vivo.* De hecho, éstas iban decreciendo en el circuito inglés con el paso de los largos meses, siendo así que esto impactó en la mente de Gowen para sentirse motivado a reformar su proyecto GILGAMESH (dato que ya señalamos en un párrafo anterior), reuniéndose con el guitarrista Phil Lee y convocando a la espectacular dupla rítmica de Trevor Tomkins y Hugh Hopper (sí, el mismo maestro del bajo que estuvo en SOFT MACHINE e ISOTOPE). Pero bueno, ya estando reducido el grupo al cuarteto de los Sres. Stewart, Miller, Pyle y Murray, llegó el bendito contrato de grabación por parte del antes mencionado sello Charly Music Ltd. y se pudo iniciar el proceso de grabación y producción del tan ansiado primer disco, el cual habría de titularse como la banda. Los cinco temas de este álbum se grabaron en el estudio The Point, en el distrito del centro de Londres Victoria, en los meses de febrero y marzo de 1977. Mientras Gowen seguía adelante con la segunda fase de GILGAMESH, se dio abasto para aparecer como invitado especial tocando teclados en todos los temas del álbum, y de hecho, él se encarga de tocar todas las partes del sintetizador Moog mientras también interviene a los pianos acústico y eléctrico. Stewart se hace cargo del órgano, los pianos acústico y eléctrico, y el clavinet. Mientras tanto, la cantante Amanda Parsons hace acto de presencia en casi todos los temas del disco. Con la adición de percusiones (gong, glockenspiel y algún que otro artilugio extra) de parte de Pyle y las intervenciones esporádicas de Jimmy Hastings (flauta, clarinete y clarinete bajo) y otras percusiones extra a cargo de John Mitchell, el bloque sonoro de NATIONAL HEALTH resulta bastante pletórico de dinamismo multicolor, teniendo incluso un carácter orquestal en varios pasajes compuestos para los siempre sofisticados temas que ocupan el repertorio del disco. “National Health” se convirtió en una realidad tangible en los escaparates y estantes de las tiendas de discos en febrero de 1978, casi a punto de cumplir el primer aniversario de la conclusión de las sesiones de grabación de los cinco ítems que conforman su repertorio. 


‘Tenemos Roads’ y ‘Elephants’, ambos temas con una duración mayor de catorce minutos y medio, son los que están a cargo de abrir y cerrar el repertorio del disco debut: el primero de ellos fue compuesto por Stewart mientras que el segundo fue coescrito por él y su eterno amigo Gowen. El prólogo de ‘Tenemos Roads’ consiste en unas escalas simultáneas de sintetizador y órgano que, a golpe de imponente gracilidad, abre paso a la rauda instauración del motif principal, el mismo que exhibe un rotundo lirismo bajo la dual guía de la guitarra y el canto femenino mientras el órgano, en medio del arsenal de los teclados, organiza la base armónica. La ambientación general hace gala de su talante colorido por más de cinco minutos y medio, tras lo cual el tema se desvía por una senda melancólica y reposada. El desarrollo temático se focaliza en lo reflexivo, enriqueciéndose un poco más tarde con algunos ornamentos psicodélicos que en cierto modo rayan en los estándares del free-jazz pero de una forma muy controlada y, sobre todo, muy tranquila. Una vez superada la frontera del noveno minuto y medio, el casi solitario piano eléctrico se encarga de realizar un sortilegio celestial que no tarda en ser matizado por las florituras de flauta; bajo esta nueva guarida, con todos los instrumentos uniéndose en un cauteloso crescendo, se prepara el camino para la nueva emergencia del motif inicial en una conclusión mágicamente fastuosa. ¡Qué gran inicio de disco! ‘Elephants’ comienza con una breve secuencia de efectos psicodélicos de sintetizador antes de que un groove robustamente complejo que se conecta con el legado del free-jazz estructure un jam tentativo, el cual a su vez tendrá que abrir paso a un esquema rítmico bien definido en 6/8. Así las cosas, la ocasión es idónea para que la guitarra se explaye en un solo razonablemente largo, tal vez el solo de guitarra más intenso del disco. El groove reinante adquiere un matiz más distinguido cuando llega el turno del extenso solo de sintetizador: la atmósfera jazzera está muy bien lograda y también podemos considerar a esta presencia del Moog como la más electrizante de todo el disco. Tras el turno del órgano para lucirse en un solo magistral surge un inesperado reprise del motif central de Tenemos Roads, lo cual permite a la banda elaborar una relevante variación de esquema armónico a la pieza. Se motiva a partir de aquí un momento de enérgica soltura expresiva pero no se tardará mucho en abrir la puerta al largo epílogo de la pieza, la cual se sumerge en una ensoñación etérea que asegura un exquisito final de disco. Como anécdota, el pasaje introductorio de ‘Elephants’ se tomó de una actuación en vivo en el local M.L.T.S., ubicado en la ciudad neerlandesa de Tiel; un efecto sintetizado de dicha introducción proviene de la manipulación que hizo el operador de sonido Nick Levitt con el Synthi AKS. 



Claro está, en medio de estas fabulosas piezas maratónicas también hay otras joyas enormes. Este superlativo ínterin se inicia con ‘Brujo’, la composición exclusiva de Gowen que sobrevivió dentro del primer repertorio constante de la banda. Sus primeros cuatro minutos están marcados por una cadencia reflexiva y sosegada donde la triangulación de piano eléctrico, sintetizador y flauta se encarga de armar un paisaje impresionista, bastante cálido y bastante introvertido a la vez. Mientras se van alternando los colores de la flauta y los cautivadores tarareos del canto femenino, el ensamble sonoro integral va completando su retrato musical de un sortilegio misterioso aunque no precisamente amenazante. Una vez que se arma un cuerpo central bien definido, el desarrollo temático se deja envolver por una aureola extrovertida donde reina el juguetón mando de la majestuosa luminosidad: en esta situación, el solo de Moog que entra a tallar durante un momento particularmente climático se revela como un prodigio de aguerrida musicalidad estructurada con impoluta exquisitez. Mientras van llegando los sucesivos turnos de los solos de órgano y de guitarra más otro nuevo solo de Moog, el ensamble se halla totalmente dispuesto a manejar las atmósferas expansivas y recovecos variables del cohesivo cuerpo central. Los dos temas restantes de nuestro repaso de este primer álbum son ‘Borogoves (Excerpt From Part Two)’ y ‘Borogoves (Part One)’, así, en ese orden aparentemente inverso, ocupando las dos primeras pistas del lado B del álbum.  Borogoves (Excerpt From Part Two)’ comienza con un swing reposado liderado por los etéreos diálogos de piano eléctrico y sintetizador, siendo así que cuando entra a tallar un enorme solo de bajo a cargo de Murray, parece que se está preparando subrepticiamente el terreno para la derivación hacia un groove más intenso. Dicho y hecho: una vez terminado el solo de bajo con sus hipnóticas líneas alimentadas por un generoso empleo del fuzz, llega la sección final con un swing de tenor-funky-jazz donde la guitarra de Miller funge como agente director mientras la triangulación de clavinet, bajo y batería  instala una base bastante vistosa en 10/8. ‘Borogoves (Part One)’ ostenta una inspirada oscilación entre pasajes solemnes y otros más juguetones, siendo así que estos últimos ocupan más espacios: esto abre campo al lucimiento de la guitarra, y de paso, también a la estructuración de pautas rítmicas y variantes de ambiente al más puro estilo jazz-progresivo. Las últimas florituras del piano eléctrico brindan una aureola de diáfana cordialidad.



Para la etapa de creación, adaptación y grabación del que habría de ser el segundo disco de la banda, “Of Queues And Cures”, ya se había ido el bajista Neil Murray a las filas de una banda muy diferente, WHITESNAKE, con la cual obtuvo, de hecho, gran éxito, además del honor de alternar con figuras de DEEP PURPLE como Jon Lord, Ian Paice y el presuntuoso frontman David Coverdale. Murray se fue cuando faltaba poco menos de un par de semanas para iniciar una gira en la Eiropa Continental: afortunadamente, estaba disponible para reemplazarle el virtuoso John Greaves (exintegrante de HENRY COW y gestor de varios proyectos de jazz y rock vanguardista). Greaves, de hecho, había sido convocado por Stewart en el año 1976 pero en ese momento declinó la oferta; ahora que le convocaba Pyle, sí estaba disponible, y además de eso, deseoso de trabajar en un grupo cuyo primer disco conocía y apreciaba a rabiar. Eso sí, al inicio sentía temor por el tipo de genial complejidad que había en el material de ese primer disco y por las nuevas ideas que ponían sobre la mesa Pyle y Miller junto a Stewart. Greaves también aportó una composición suya mientras el cuarteto ensayaba el repertorio de la antes mencionada gira. Pyle había compuesto una pieza con letra teniendo a Richard Sinclair en mente, y éste la ensayó con la banda una vez  pero solo por el gusto de tocar: a la hora de la verdad, Greaves tuvo que asumir también el rol de cantante para esa canción (‘Binoculars’), y la verdad que no lo hizo mal. El disco fue grabado en julio de 1978 en Ridge Farm, a las afueras de Dorking (Surrey), utilizándose para la ocasión la maquinaria del Mobile Mobile, saliendo al mercado en el mes de noviembre. Los invitados ocasionales fueron Jimmy Hastings (flauta y clarinetes), paul Nieman (trombones), Phil Minton (trompeta), Georgie Born (cellos), Selwyn Baptiste (tambores meálicos), Keith Thompson (oboe) y Petere Blegvad (recitación). ¡Ya tenían los NATIONAL HEALTH dos discos en su curriculum vitae en el mismo año 1978! Después de un periodo de tres años de efervescente creatividad y firmeza en sus principios estéticos a despecho de la implacable inestabilidad de su alineación, ahora el grupo podía presumir de tener una producción oficial consistente en el mercado musical: no podían presumir de tener gran éxito comercial, pero al menos sí de eso otro.


‘The Bryden 2-Step (For Amphibians) (Part One)’ se encarga de abrir el álbum, ocupando un espacio de casi 9 minutos. El pasaje inicial, sigiloso y minimalista, se sostiene a través de una cuidada amalgama de etéreas capas de órgano y gentiles fraseos de bajo, hasta que llega el momento en que el cuarteto en pleno instaura el cuerpo central, tremendamente vitalista y resueltamente cálido. El groove que plantea la dupla rítmica de Pyle y Greaves es lo suficientemente ágil como para permitir al segundo en ciertas ocasiones sumarse al arquitectónico desarrollo melódico guiado por la grácil guitarra de Miller. Luego sigue ‘The Collapso’, pieza que prosigue por la línea de expresividad dinámica de la piez de apertura, ahondando en sus recursos de vigor sonoro mientras introduce algunos elementos de Latin-jazz en ciertos pasajes. El experto de fusión Selwyn Baptiste colabora como invitado con algunos aportes a los tambores metálicos, instrumento del folclore de Trinidad y Tobago (el propio Baptiste es de allí) que influyó en otros tipos de percusiones que existen en países caribeños y en Brasil. Hay algunos momentos donde las vibraciones rockeras dentro del complejo entorno jazz-progresivo que se está armando aquí salen a flote con desfachatada naturalidad, especialmente cuando el órgano asume la posición líder. También son notables las enormes florituras que realiza Greaves con su bajo antes de la sección final, llenando espacios a punta de pura musculatura dentro del nicho que encontró. ‘Squarer For Maud’ es una composición de Greaves bastante compleja que incluso exigía la presencia de cellos y maderas para la concreción de su ambicioso desarrollo temático. Tras un relajado preludio que se sitúa en medio de lo meditabundo y lo sombrío, emerge un primer motif central que se caracteriza por desplegar una aureola de neurótica magnificencia que algo parece tener de jocoso. Los fraseos de la guitarra son refinadamente retorcidos mientras se le abre campo en una proyección de extravagante dinamismo; otro pasaje más propiamente orquestado juega con síncopas y contrapuntos entre varios instrumentos mientras el clarinete desarrolla un alucinado solo de tenor free-jazzero. Tras un corte abrupto y un breve soliloquio del ilustre Blegvad, el ensamble elabora un nuevo motif un poco más contenido, el cual recibe algo de la energía precedente pero con un talante más relajado. De este modo, el terreno está debidamente preparado para el ulterior retorno del primer motif central, esta vez con una ampliación del factor majestuoso (¡qué gran solo de órgano!), finiquitándose todo con un impetuoso golpe de gracia surrealista. 



‘Dreams Wide Awake’ es la composición de Miller para el álbum y se caracteriza por ostentar un aura extrovertida tan absorbente como contundente. El espíritu brioso exigido por la composición pone todas sus cartas sobre la mesa desde el primer instante y el genial Stewart aprovecha el pánico para brindarnos el solo de órgano más salvaje que ha grabado en toda su carrera musical. Más adelante sigue otro solo de órgano con un carácter más refrenado, lo cual permite que la pieza adquiera en su espiritualidad global un talante más relajado, y con ello, el groove de carácter esencialmente fusionesco se haga sentir más diáfanamente. Los solos posteriores de guitarra son líricos, no por ello negándose a aportar algo de vigor al asunto pero sin romper un ápice de la nueva frescura hacia la cual se han estado desplazando el swing y la ambientación general de la pieza. Parece como si con este truco, el grupo hubiese querido anunciar el inmediato arribo de ‘Binoculars’, única pieza cantada del disco y escrita por Pyle: éste tenía en mente a Richard Sinclair para la voz cuando la escribió durante los últimos días de HATFIELD AND THE NORTH, pero dadas las circunstancias, Greaves tuvo que lidiar con la labor de canto, y es justo decir que no le salió mal. (Cabe añadir que Sinclair cantó esta delicia en una maqueta y algún concierto del año 1977.) La canción recibe buena parte del legado del segundo disco del antes mencionado cuarteto, e incluye un hermoso solo de flauta (magistral como siempre Jimmy Hastings) cuya función principal es la de potenciar el preciosismo melódico en curso mientras el groove incrementa su dinamismo y su vivacidad. En algún momento, las cosas se detienen para abrir campo a un dadaísta trío de trombón, trompeta y oboe, un intermedio misterioso que es sucedido por una reformulación de la primera sección en una clave más grácil y ensoñadora. La señorial majestuosidad de la guitarra de Miller guía el camino para un epílogo rotundamente épico, que no explosivo, pues la espiritualidad que se expande a lo lardo del último minuto y medio de la pieza es crepuscular. ‘Phlakaton’ es una chistosa mímica vocal de solo de batería de 10 segundos a cargo de Pyle, la misma que abre la puerta al arribo del último tema del álbum, ‘The Bryden 2-Step (For Amphibians) (Part Two)’. Poniendo al motif principal de la ‘Primera Parte’ en el medio, este broche de oro abre espacios para un esplendoroso solo de sintetizador y un despliegue de algarabía multicolor; ya en las instancias conclusivas, un epílogo calmado que se desliza por el aire hasta desvanecerse con exquisita gracia.


  

¿Y qué tal fue la gira de promoción de este álbum? Pues... no todo salió como estaba planeado, y eso que los planes eran muy pero que muy ambiciosos. La cosa es que el cuarteto, con miras a una serie de conciertos programados para escenarios españoles e italianos, había decidido ampliarse a sexteto con la inclusión de la cellista Georgie Born (quien un año atrás había sido reemplazante del propio Greaves en el último año de existencia de HENRY COW como bajista) y la oboísta-fagotista Lindsay Cooper (excolega de Greaves en la banda mencionada), tomándose esta alineación ampliada una quincena entera para perfeccionar hasta el último detalle su repertorio para la gira.** La idea de expandir sobre el escenario el cada vez más sólido sonido grupal de manera consistente era muy interesante, pero Dave Stewart decidió en último momento abandonar la banda, la misma que realmente giraba en torno a su visión y donde la mayor parte del repertorio era de su autoría. Pero eso fue lo que pasó. Stewart, tras el gozo de haber sido parte del conglomerado de fuerzas humanas que había gestado un fabuloso segundo álbum, se sentía repentinamente amenazado estéticamente por lo que él veía que era un incremento del aspecto free-jazz dentro de la nueva música de la banda (además de dos temas del primer disco y casi todo el material del segundo, se añadieron dos piezas nuevas en el repertorio ensayado por el sexteto).*** Pyle y Greaves, en entrevistas posteriores, señalaron que había algo de verdad en eso pero también enfatizaron que Stewart exageró y no percibió que las partes estructuradas y progresivas del renovado repertorio eran muy predominantes todavía. Por otro lado, Stewart también se mostró muy desencantado con la logística que el sello fonográfico ponía al servicio de la banda, dejándoles pocos réditos económicos mientras daban todo de sí sobre el escenario. Sin importarle si los NATIONAL HEALTH seguían sin él o no y sin intenciones por hacer una pelea legal por la propiedad del nombre del grupo, Stewart cogió su arsenal de teclados y tomó prestados 2 o 3 sintetizadores para trabajar a tiempo completo como integrante de BRUFORD, el proyecto Canterburyano del gran maestro Bill Bruford. Esto enojó mucho a Greaves en su momento pero el buen John, casi sin querer, se tuvo que convertir en la figura líder de NATIONAL HEALTH y sabía que había que hacer algo respecto a la ausencia de Stewart en la máxima brevedad posible. Por lo pronto, las entusiastas Born y Cooper abandonaron este ambicioso plan al día siguiente del anuncio de la partida de Stewart, y con la proximidad del compromiso para la gira europea, valía la pena seguir adelante mientras se pudiera. 



Al final, se tuvo que cancelar la gira pero el grupo solo tuvo que esperar al primer mes de 1979 para que el viejo amigo de Stewart Alan Gowen, tras volver a disolver a GILGAMESH, fuera convocado como el nuevo teclista, una oferta que aceptó de inmediato.**** Años después, Greaves reflexionó lo siguiente: “Si yo fuera un quejica, me quejaría sobre si todavía debimos llamar a la banda NATIONAL HEALTH bajo esas circunstancias. realmente pienso que se trataba de la banda de Dave. Creo que el espíritu del grupo cambió después de que se marchó y que el cuarteto reformado debió asumir un nombre distinto. Me parece que cualquiera coincidiría conmigo en que NATIONAL HEALTH giraba en torno a Dave, sus composiciones, su dirección musical. Sin Dave, se trasformó en algo muy diferente, algo muy bueno, obviamente, pero diferente.Antes de este retorno, Stewart volvió al grupo solo por un día para cumplir con un compromiso previo que el todavía cuarteto había pactado con el programa Old Grey Whistle Test del canal televisivo de la BBC para el 9 de enero de 1979: el grupo tocó ‘The Collapso’, incluyendo payasadas de parte del grupo arrojando utensilios de vajilla al suelo y Greaves agachado para vocalizar fruslerías al micrófono del bombo de la batería de Pyle. La versión que tocaron respetaba el motif central pero también incluía algunas improvisaciones que todos sabían que se ajustaban a la visión enfocada del autor de la pieza, el Sr. Stewart. Aunque se trataba de un retorno de un solo día, esto no fue lo último que aportó Dave Stewart al universo de NATIONAL HEALTH. En efecto, tras la muerte de Alan Gowen por culpa de la leucemia en el día 17 de mayo de 1981, el cuarteto de “Of Queues And Cures se reunió para grabar y producir el tercer y últimos disco de estudio de la banda: “D.S. Al Coda”. Los Sres. Stewart, Pyle, Miller y Greaves unieron fuerzas para registrar una selección de composiciones de Gowen, algunas de ellas datando de su época como reemplazante de Stewart en NATIONAL HEALTH, casi todas ellas compuestas en el transcurso de sus tres últimos años de vida. Las dos únicas excepciones son ‘Arriving Twice’ y ‘TNTFX’, correspondientes respectivamente al primer y al segundo disco de GILGAMESH: “Gilgamesh” y “Another Fine Tune You’ve Got Me Into”. Tras la disolución de NATIONAL HEALTH, Gowen había hecho labores de remodelación y expansión de algunas de sus composiciones para la última fase de NATIONAL HEALTH, algo que el grupo respetó religiosamente a la hora de plasmar el repertorio de este disco. Tengamos en cuenta que esta reunión cumplía solamente la función de grabar este disco en cuestión y organizar alguna actuación in memoriam del buen Alan, (lo cual se concretó en el Festival Musical de Edimburgo a fines de agosto de 1981).

Ya para entonces, Stewart contaba con un par de sintetizadores digitales junto a otro par de análogos y sus habituales pianos, mientras que Pyle añadió algunos tambores electrónicos a su batería. Era el sonido de los tiempos. Esta reunión tuvo lugar en el mes de octubre del mismo año 1981 y puso pronto manos a la obra: entre ese mes y el siguiente se grabó el repertorio de “D.S. Al Coda” en los Matrix Studios de Londres. Los ocasionales colaboradores fueron los infaltables Jimmy Hastings (flauta), y las coristas Amanda Parsons y Barbara Gaskin, además de los legendarios Elton Dean (saxello) y Richard Sinclair (canto), sin obviar al trompetista Ted Emmett y a la trombonista Annie Whitehead. El disco fue publicado en el primer tercio del año 1982 por el sello Lounging Records en el mercado británico y el sello Europa Records para el mercado europeo continental desde su oficina central ubicada en Francia. Cabe indicar que el título del disco indica lo que en el ámbito académico se denomina da capo al coda, abreviado como D.C. al coda, que significa literalmente de la cabeza a la cola. Con ello se indica al intérprete que debe repetir la pieza desde el principio, continuar tocando hasta llegar al primer símbolo de coda, y después, pasar directamente hasta donde esté el segundo símbolo de coda y continuar tocando desde ahí hasta el final. El fragmento que va desde la segunda coda hasta el final es el final propiamente dicho de la pieza. Esto tiene sentido para un conglomerado de músicos versados en el conocimiento teórico de sus instrumentos, pero también coincide con las iniciales de Dave Stewart y el diminutivo del nombre de pila del homenajeado Sr. Gowen.  


Bueno, vayamos ya al repertorio armado por el postrero reencuentro de NATIONAL HEALTH. ‘Portrait Of A Shrinking Man’ lo abre con un espléndido talante extrovertido que se refleja muy bien en los sofisticados arreglos de los múltiples teclados así como en el grácil groove gestado por la dupla Pyle-Greaves. También hay un solo de saxello a cargo de Elton Dean que añade un apropiado toque de coquetería sonora al asunto, con lo cual el caleidoscopio musical que se va desplegando a través de la refinada ingeniería en curso adquiere mayores matices. Vitalidad pura en su máxima expresión dentro del estereotipo jazz-progresivo del Canterbury. ‘TNTFX’ entra aquí como símbolo del segundo álbum de GILGAMESH, recibiendo aquí un arreglo global más filudo que en su versión original; no decimos que mejor o peor, sino más filudo, y eso se debe especialmente al destello señorial que el inolvidable Phil Miller da a sus electrizantes fraseos, apropiándose tiránicamente del motif central usando como única arma su instrumento de 6 cuerdas. ‘Black Hat’ se adentra en terrenos más líricos, coqueteando abiertamente con el pasado sendero de los antes mencionados GILGAMESH y también, por qué no, con la faceta más etérea de los paradigmáticos HATFIELD AND THE NORTH. Hablando del Rey de Roma, aparece aquí como invitado Richard Sinclair al tarareo. Los expresionistas aleteos de la flauta y la eventual emergencia de un fabuloso solo de Mini-Moog acuden a la adición de una efectiva exuberancia para el núcleo grácil que se sostiene sobre las serenas líneas virtuosas de la guitarra. Con el tema proféticamente titulado ‘I Feel A Night Coming On’, el cuarteto se dispone a sacar de sí su grosor más aguerrido, especialmente en lo referente a los ostentosos y psicodélicamente vibrantes solos de sintetizador que nos brinda el genial Stewart. El bloque instrumental se suaviza un poco para que entre a tallar un trepidante solo de saxofón que calienta el ambiente a modo de contrapeso de la serenidad general de los demás instrumentos: solo cuando la guitarra de Miller decide crear un diálogo con el saxofón, la impetuosidad originaria vuelve en pleno. Otro recuerdo de GILGAMESH, esta vez de su homónimo álbum de debut, se encarga de cerrar la primera mitad del disco: nos referimos a ‘Arriving Twice’, una bella pieza que refleja la más pura esencia de lo introspectivo.



‘Shining Water’ abre el lado B del disco, erigiéndose en la pieza más extensa del mismo con sus casi 9 minutos de duración. En líneas generales, su estrategia consiste en dinamizar una suerte de síntesis entre el vitalismo extrovertido y el lirismo envolvente que se han venido exhibiendo e instaurando en las piezas precedentes: si bien el segundo de estos factores goza de cierto predominio, ya no se puede decir que uno de ellos funge de principio rector pues ambos cohabitan en diversos momentos de un paisaje sonoro meticulosamente orgánico e irresistiblemente preciosista. Hay pasajes sobrios donde la sencillez melódica del momento muestra a plenitud la dimensión más explícitamente majestuosa de la visión musical de Gowen. Una mención especial debe ir para el bello solo de guitarra que nos obsequia Miller, uno de muchos en su larga trayectoria. ‘Tales Of Damson Knight’ sigue a continuación para exhibir una breve demostración de estoico sosiego con un moderado cariz ensoñador: encapsulado en una duración que no llega a totalizar dos minutos enteros, el motif central logra capturar un aura de amable fantasía, y no en poca medida ayudan a ello los arreglos corales femeninos. ‘Flanagan’s People’ entra a tallar para brindar un radical contraste frente a  la pieza precedente por vía de una laboriosidad expresionista bastante robusta en su primera instancia. Más adelante, el tema vira hacia una ambientación crepuscular que oscila entre lo misterioso y lo surrealista a través de los inteligentes esquemas disonantes que perpetran el piano eléctrico y el bajo en un sesudo diálogo. Poco a poco, el ensamble en bloque va recuperando buena parte del vigor inicial, pero esta vez con un protagonismo centrado en las orquestaciones de teclado, lo cual hace que el motif retomado esté sujeto más a una estrategia de alusiones que a una de afirmaciones. Se trata de la pieza más extravagante del disco, sin duda, pero aún así, nada chocante, pletórico de la  deliciosa exquisitez que conformaba el núcleo central de las fuerzas creativas de Gowen. Los últimos 5 1/2 minutos del repertorio están ocupados por ‘Toad Of Toad Hall’, y el asunto tiene un principio marcado por una nueva instanciación de misteriosa introversión, esta vez bajo la guía del dueto de flauta y piano eléctrico. Como está engarzado con ‘Flanagans People’, esta forma de empezar permite a ‘Toad Of Toad Hall’ disponer de una precisa autoridad expresiva en medio de la delicada sutilidad que se apodera del ambiente general mientras el cuerpo central se va desarrollando. De paso, tenemos otro ejemplo de cómo Miller sabía sacar el juego a los fraseos livianos de su instrumento y darle una energía especial: es así como la pieza conquista una luminosidad expedita en su segunda mitad. Fuegos artificiales para cerrar el disco al modo de una celebración que llega a una jovial culminación.



La perspectiva sobre este último disco de NATIONAL HEALTH no queda debidamente completa sin volver la vista unos cuantos años atrás para repasar cómo fue esa pujante pero, finalmente, frustrada época en la que el grupo trató de seguir adelante a paso firme sin Stewart y con Alan Gowen como su reemplazante. Definitivamente, sucedió lo obvio: el grupo disminuyó bastante sus implementos y estrategias progresivas en nombre de un predominio casi total de tácticas melódicas, atmósferas y grooves basados en el jazz de vanguardia a través del perenne filtro Canterburyano. Prácticamente eran unos NATIONAL HEALTH que bien podían haber puesto en los carteles promocionales de sus conciertos en anuncio de que no se iba a tocar ‘Tenemos Roads’, tal como dijo alguna vez en son de broma John Greaves. El CD en vivo “Playtime”, recopilado y publicado por Cuneiform Records en el año 2001, recoge este periodo de la banda cuya alineación vigente, paradójicamente, nunca logró plasmar su repertorio nuevo en una grabación oficial de su nuevo material a pesar de que fue la conformación más duradera de NATIONAL HEALTH. Habían planes para ir al estudio de grabación y hacer un registro oficial de la nueva música de NATIONAL HEALTH en julio de 1979, posponiéndose para setiembre y volviéndose a posponer para enero de 1980... y nunca pasó. El grupo tuvo una buena actividad en escenarios de Gran Bretaña, Europa Continental y los EE.UU., pero al final todo acabó para el grupo tras un concierto en la localidad sueca de Vänersborg del 2 de marzo de 1980: Gowen decidió dejar la banda por causa de una combinación de consideraciones financieras y serios problemas de salud, los cuales llevaron al diagnóstico de leucemia. Cosas de la vida, del destino, de la mala suerte, llámesele como se quiera. El hecho es que “Playtime recoge un total de 9 piezas, habiendo sido las 4 primeras registradas el 27 de abril de 1979 en A L’Ouest de la Grosne, en la localidad francesa de Bresse-sur-Grosne; las otras se grabaron en un concierto que tuvo lugar en el primer día de diciembre de ese mismo año en The Main Point, en la localidad de Bryn Mawr (Filadelfia, EE.UU.). En tres de los cuatro temas del concierto en Francia aparece Alain Eckert (en ese entonces, integrante de la alucinada banda de rock-in-opposition ART ZOYD) como guitarrista adicional invitado. Lo que se muestra aquí es simple y llanamente fabuloso. 


‘Flanagan’s People’ da inicio al repertorio proyectándose hacia una duración de poco menos de 16 minutos (casi el triple que en la versión aparecida en “D.S. Al Coda”). Durante los seis primeros minutos, el motif central se desarrolla con mucha vitalidad, mucha de la cual es impulsada por las fieras líneas del bajo. Luego, el grupo transita desde un recurso de mesurada extroversión hacia un pasaje libre donde, primero, los instrumentos van tanteando respuestas aleatorias entre ellos, y, después, el bajo y el piano eléctrico organizan una vía para la instauración de un jam mágico. Antes de llegar a la frontera del décimo primer minuto y medio, el grupo arma el motif final, sereno y colorido a la vez, desde el cual se vuelve a una lógica ingenieril muy precisa. Mientras nos acercamos al final, la agilidad colectiva va en un crescendo bien pulido que se corona con un breve reprise del primer motif. ‘Nowadays A Silhouette’ (composición de Miller que finalmente irá a parar un año y medio después al disco del cuarteto ALAN GOWEN / PHIL MILLER / RICHARD SINCLAIR / TREVOR TOMKINS) sigue a continuación para establecer un dinamismo prístino y diligente bajo la guía de un extenso solo de sintetizador Moog, uno de los usos más hermosos y cautivadores que el buen Alan haya  hecho jamás del susodicho instrumento. En esta instancia, el cuarteto se halla bien compenetrado con los territorios estéticos de WEATHER REPORT y TONY WILLIAMS a través del filtro de GILGAMESH. Es que es imposible desligar al esquema musical de este cuarteto de la personalidad individual del genial Gowen. ‘Dreams Wide Awake’, una de las impugnaciones más explosivas del segundo disco de la banda, aparece aquí parcialmente remodelada debido a la ausencia de órgano en el arsenal de Gowen, por lo que el guitarrista Miller (también autor de la pieza en cuestión) asume el rol protagónico bastante pronto, siendo así que Gowen usa el sintetizador tanto para complementar algunos pasajes decisivos de guitarra como para elaborar algunos solos resolutos y agudos. Las intervenciones del invitado de lujo Eckert también resultan cruciales para reflejar el vigor expresivo de la versión original de estudio. Pleaides’ es una composición entonces nueva de Pyle que se extiende por casi 10 ½ minutos. Los dos primeros minutos de esta pieza están signados por un lirismo reposado y etéreo que coquetea abiertamente con lo introspectivo aunque sin llegar a meterse del todo allí. Para la segunda instancia, el grupo vira drásticamente hacia un fulgor expansivo cuya aureola optimista y expedita se desarrolla sobre un intenso swing donde se alteran compases de 4/4, 7/8 y 9/8. La intensidad se puede prácticamente palpar mientras llena espacios en torno al oyente. La tercera sección baja un poco la dosis de vitalidad para remodelarla bajo una guisa de esplendor señorial bajo la guía de la guitarra solista. Una vez más, se recurre al empleo del motif inicial como epílogo para instaurar la noción de un círculo que se cierra. 

La dupla de las breves piezas ‘Rhubarb Jam’ y ‘Rose Sob’ ostenta un claro ejemplo del tipo de traviesa energía con la cual el cuarteto entonces vigente jugaba: la primera miniatura es un ejercicio deconstructivo mientras que la segunda es una canción de claros tintes burlones cuyo groove donde se mezclan el cabarte y el jazz hubiese llenado de orgullo al mismo FRANK ZAPPA. De todos modos, la función de la ilación de estos dos breves ítems es principalmente la de anunciar que pronto ha de llegar el turno de la composición de Gowen ‘Play Time’ (tomada del segundo disco de GILGAMESH). Aquí, el grupo impone una autoridad sonora peculiar bajo sus propios parámetros estéticos: el solo de bajo inicial de Greaves es poderoso y heroico, usando sonoridades casi siniestras para expresar algo más positivo, una especie de espíritu magnánimo y celebratorio que se completa debidamente con el sucesivo solo de guitarra... ¡un Miller realmente desgarrador! Por un momento, el cuarteto gira hacia un pasaje más abiertamente sereno, pero en realidad se trata de un interludio desde el cual se ha de propulsar una serie de dos secciones arrolladoramente vivaces en las cuales Miller y Gowen alternan roles de liderazgo. Pyle centra la ingeniería rítmica con la precisión valiente y visceral que siempre ha caracterizado a su genio percusivo mientras que Greaves elabora ornamentos virtuosos entre lo esquemático y las formas libres. ‘Squarer For Maude’ aparece en dos partes para finiquitar el repertorio del disco. También alternando pasajes contenidos con otros más expresionistas, su talante de neurótica majestuosidad es plasmada aquí con una razonable dosis de fidelidad a la versión original, aunque definitivamente con más garra. La segunda parte comienza con una orquestación de Moog que reemplaza al surrealista interludio de la versión original, siendo ella seguida por un fraseo de piano eléctrico desde donde el grupo habrá de florecer y madurar la sucesión de los dos cuerpos temáticos que han de llenar los seis minutos restantes. El rol de la guitarra es sumamente destacado dentro de los enclaves colectivos que el grupo desarrolla a lo largo del camino; además, cerca del final nos regala Gowen el mejor solo de piano eléctrico de todo el disco, un solo que parece inspirar a Greaves a resolver algunas de sus más extravagantes líneas de bajo y a Pyle a reforzar la soltura furiosamente laboriosa de su mente rítmica. El grand finale se sostiene eficazmente con el delirante diálogo entre la guitarra y el Moog. Se nota por las ovaciones finales que el grupo no tocó ante una sala llena, pero se nota el genuino entusiasmo que contagió a los presentes.



Hay más ítems donde investigar dentro de las cavernas perdidas del underground progresivo británico en busca de resquicios del inmortal legado de NATIONAL HEALTH. Tenemos la edición de doble CD “Complete” a cargo del sello Easts Side Digital (1990), que incluye un extracto de la composición ‘Paracelsus’ de Mont Campbell y donde la batería está a cargo de Bill Bruford. También está el CD “Missing Pieces”, publicado por el mismo sello 6 años más tarde, que de manera más intensiva recopila un puñado de piezas abandonadas que habían sido compuestas por Stewart y Campbell (incluyendo a ‘Paracelsus’ completo), además un dueto de voz y sintetizador a cargo de Stewart y Barbara Gaskin para la composición de Campbell ‘Starlight On Seaweed’, y una versión en vivo de la clásica canción soul de Rufus Thomas ‘Walking The Dog’. Estos testimonios dan cuenta del estado de gracia creativo así como del ambicioso empuje estético que motivaron el nacimiento y el desarrollo de NATIONAL HEALTH, aunque los enfoques más propiamente concretos de la esencia musical del grupo se estamparon y configuraron en los dos primeros discos de estudio, y, en menor medida, en lo que se recopiló en “Playtime”. NATIONAL HEALTH fue una injustamente ignorada dádiva para la avanzada rockera británica de fines de los 70s, tal vez la última estocada de magnificencia artística dentro de la provincia progresiva del Canterbury. Agradecemos a todos los músicos que pasaron por esta banda por todo lo que nos brindaron y dedicamos esta retrospectiva a la memoria de Philip Paul Miller (22 de enero de 1949 - 18 de octubre de 2017). ¡Descansa en paz, maestro!


Muestras de la obra de NATIONAL HEALTH.-

The Collapso [en vivo en The Old Grey Whitle Test, 1979]: https://www.youtube.com/watch?v=W3dlt1TGAKo
Squarer For Maud: https://www.youtube.com/watch?v=BeHheJ3kqYI
Dreams Wide Awake [en vivo]: https://cuneiformrecords.bandcamp.com/track/dreams-wide-awake


* Un buen día, en esos años iniciales, pensando en la temporada que tuvo HATFIELD AND THE NORTH como banda integrante del catálogo de Virgin Records, Stewart decidió comunicarse por teléfono con la gerencia de dicho sello para proponer a NATIONAL HEALTH. La propuesta fue negada bajo el pretexto de que “esa música que ofrecen ya ha sido hecha por otros y no trae nada nuevo para el mercado, a lo cual un exasperado Stewart airadamente replicó “¿Sí?, ¿quiénes?, a ver, ¿quiénes? Fue el final de una discusión demasiado breve para llevar a algún lado a cualquiera de los contertulianos.

** De hecho, Cooper no era ninguna foránea exactamente pues había intervenido como invitada especial en un puñado de temas de NATIONAL HEALTH en sendos conciertos que tuvieron lugar en la segunda mitad del año 1977 en la Queen Elizabeth Hall y la Roundhouse de Londres, respectivamente.

*** El repertorio ensayado por el efímero sexteto contenía cuatro temas del nuevo álbum, una nueva composición de Pyle, tres composiciones de Greaves y Peter Blegvad (Kew. Rhone.’, una de ellas, era muy estimada por Stewart) y la suite ‘½ The Sky’ que Cooper compuso para el último disco de estudio de HENRY COW “Western Culture”. El tenor general de este repertorio tenía un fuerte componente vanguardista y muchos juegos de atonalidades, pero el espacio para formas libres era muy limitado: la estructura era lo más prevaleciente, según palabras de la propia Born. Simple y llanamente, los horizontes de línea jazzera en el cosmos musical de la cabeza de Stewart tenían un espectro limitado y el prospecto del free jazz le parecía incompatible con su vereda creativa. 

**** En realidad, Gowen no fue la primera opción sino el neerlandés Henk Weltevreden, quien además de ser promotor musical era un eficiente músico experto en teclados. Como él se sentía incapaz de ser un solvente reemplazante de Stewart, declinó la oferta que le hizo Pyle. Tampoco fue la segunda, pues tras la firme renuencia de Weltevreden, el trío decidió jugar con el esquema de dos guitarristas y convocó al francés Alain Eckert. Hubieron ensayos pero en pocos días se vio que la idea no funcionaba bien. Fue el hecho de que Greaves reemplazara a Hugh Hopper en SOFT HEAP, grupo donde también tocaba Pyle, lo que le permitió que ambos se acercaran nuevamente al también integrante Alan Gowen, y así, la reiterada propuesta de unirse a NATIONAL HEALTH fue aceptada esta vez.