El CD 2 de esta reedición está
muy nutrida, y por supuesto, se daba por descontado que aparecieran allí las
canciones que fueron bonus tracks de
la edición de “Stormwatch” de inicios del milenio: ‘Stitch In Time’, ‘King Henry’s Madrigal’, ‘Kelpie’ y ‘Crossword’. Pero además, también está aquí ‘Broadford
Bazaar’, una canción que inicialmente conocimos por una reedición del “Heavy
Horses”. En fin, tiene más sentido porque su letra expone un grave lamento por la ominosamente veloz expansión de la industrialización y el mecanicismo macroeconómico a través de Gran Bretaña. ‘Kelpie’ tiene una
letra referente a la leyenda celta sobre los espíritus del agua (“Well, I’m a man when I’m feeling / The urge
to step ashore, / So, I may charm you, not alarm you, / Tell you all fine
things and more.” – “Say goodbye to all your dear kin / For they hate to see
you go. / In your young prime to this place of mine / In the still loch far
below.”), mientras que ‘Crossword’ se remite directamente al estrés típico de la
vida urbana (“Typewriter turk, telephone
terror takes / Time to wind down, pushbutton finger shakes. / City of dreams
back to your quiet nightmare. / Life is a clue in the crossword.”). Originada a partir de una de las partes estructuradas del solo de flauta que creó Ian para los conciertos de 1978, ‘Kelpie’ evolucionó como una canción inspirada en los espíritus animados del agua imaginados por la mitología pagana escocesa, se convirtió en una celebración juglaresca y saltarina que no hubiese estado fuera de lugar en esa joya de 1977 “Songs From The Wood”. ‘Crossword’, en lo estrictamente musical, es un ejercicio de rock melódico con cierto talante progresivo en el esquema rítmico creado por Barlow y Glascock; una pieza agradable, que no extraordinaria, lo que sí son ‘Kelpie’ y ‘King Henry’s Madrigal’. Por
su parte, el Madrigal es justamente lo que dice el título, una alegre pieza
musical de temática secular compuesta por el rey Enrique VIII a inicios del
siglo XVI; fue idea de Palmer llevarla al repertorio de JETHRO TULL y fue quien se encargó de preparar el arreglo grupal. Jovialidad renacentista y finura barroca se funden en esta gozada progresiva que también pudo estar en un disco de GRYPHON o THE ENID. A propósito, se trata de la primera participación en estudio de Pegg en una grabación de JETHRO TULL. ‘A Stitch In Time’ tiene una letra preciosa de temática simultáneamente ecologista y proletaria donde el buen Ian hace un guiño a William Blake: “I work in dark
factories, a cog in the Big Wheel / Driving gray satanic mills and weaving sad
stories. / And faceless masters, oh, they pay me plenty / Crumbs from their
luncheon packs, / Harsh wine from bottles half empty.” ‘A Stitch In Time’ y ‘Broadford Bazaar’ se ajustan más propiamente a la línea de trabajo folk-rockera proseguida sistemáticamente por el grupo desde 1975. Incluso notamos algunos aires de familia que vinculan a ‘A Stitch In Time’ con ‘Old Ghosts’ en algunas progresiones armónicas que tienen lugar en las mudanzas, pero su talante más recio entra a tallar cuando llega el momento de un gran solo de guitarra eléctrica en medio. Lo que nos suena extraño es el empleo de coros femeninos en los estribillos, pero... bueno... ‘Broadford Bazaar’ es una canción más sencilla y serena, para nada melancólica, pues destila un patente fulgor expresionista a través de su atractivo desarrollo temático. En cuanto a su espíritu, esta canción pudo estar muy a gusto como parte de “Minstrel In The Gallery” o en algún lugar de “Heavy Horses” antes del esplendor épico de la canción titular; como dijimos antes, su temática es anti-industrialista.
Pero eso no es todo, pues también
tenemos aquí versiones iniciales de ‘Dark Ages’ y ‘Orion’, ambas más largas que
las que hemos conocido de siempre (¡el ‘Orion’ primigenio dura más de 9
minutos!), además de una composición de Palmer titulada ‘Urban Apocalypse’. ‘Dark Ages’ exhibe en esta maqueta original un talante un poco más adusto que el que usualmente conocemos, siendo así que la guitarra se siente más presente en algunos de los pasajes sutiles. Además, ocupa un rol más abrumadoramente protagónico en las secciones pesadas, muy a tono con lo que entonces se cultivaba en el gueto de la nueva ola del heavy metal británico (o sea, IRON MAIDEN, por ejemplo). Como es de esperar, la distinguida agilidad de la dupla Barlow-Glascock resulta esencial para la concreción de esta garra rockera a fin de que pueda explotar compactamente el aspecto necesariamente explosivo de las secciones más tormentosas, incluso en el contexto de esta maqueta tentativa. En el caso de ‘Orion’, hay más ideas melódicas desconocidas, tanto en el breve preludio de talante bélico como en el amplio y tortuoso interludio instrumental que se desarrolla después de la segunda mudanza. Es algo así como el intermedio de ‘No Lullaby’ pero llevado hacia una efervescencia vivaz y polícroma al estilo del álbum “Songs From The Wood”. El hecho de que esta versión ampliada tenga registrada la coautoría de Barre es bastante significativo. ‘Urban Apocalypse’ es la composición de Palmer que mencionamos más arriba, y tiene una letra muy penetrada de conciencia social: “«Halt the ringing cry of progress» / Sang the
horseman riding by. / They’ve used up all the good God gave us, / Now we’re
riding back to yesterday. / Turn the tables in the temples, / Break the holy
trinity / Of life assurance, General Motors / And silicon efficiency.” Tras un preludio de piano de tenor impresionista, emerge una canción sobriamente compleja de talante folk-progresivo que se extiende hasta
los 4 ¾ minutos de duración. También hay un efectista preludio jazzero en medio
de toda la magnética fastuosidad que signa a la canción. Esta canción merecía ser lado A de un single, o parte de un EP, no una simple joya escondida por varias décadas dentro del canon Tulliano. Otros ítems son las piezas instrumentales ‘The Lyricon Blues’ y ‘A Single
Man’: esta última, compuesta por Barre, se tocaba mucho en conciertos entre los años 1978 y 1980, y de hecho, es la pieza que suena al final de la emisión televisiva del concierto que el grupo dio en el Madison Square Garden a inicios de octubre de 1978. La introducción de piano a cargo de Evan le da un aire galante a este jam, mientras que las adiciones de flauta brindan un grácil colorido al bloque sonoro. Otra novedad retrospectiva es la primera versión de ‘Dun Ringill’, que fue originalmente arreglada para algo más que dos guitarras; en esta maqueta hay una guitarra acústica, una mandolina doblada y una flauta traversa, además de un flautín, y además, el canto es más ceremonioso que en la versión definitiva. En cuanto a ‘The Lyricon Blues’, se trata de un promisorio jam bluesero que Ian impulsó para experimentar con el Lyricon, un instrumento de viento electrónico que funciona como una especie de saxo soprano sintetizado. El esquema musical es interesante, e incluso hay un viraje hacia el compás de 11/8 en el último tercio, pero pronto Ian se aburrió del instrumento así como de esta idea, así que la cosa quedó así, sin cocinarse del todo. ‘Man Of God’ es una canción rockera de cercanía con URIAH HEEP y los propios JT de la época del “Benefit”, siendo su letra de temática anticlerical. La pieza de 3 ½ minutos que porta el conciso título de ‘Rock
Instrumental’ tiene, a despecho de lo displicente del título, un desarrollo
melódico que se siente bien trabajado, y es una pena que no haya sido un poco
más extenso, y no menos de lamentar es que no se haya trabajado a fondo para
convertirse en una canción con personalidad definitiva.

Los primeros aportes de JETHRO TULL tocando en vivo que aparecen en esta edición son los dos últimos temas del segundo CD: ‘Prelude To A Storm’, una pieza psicodélico-sinfónica compuesta por
Palmer para que Barre, en su momento debido, dé inicio a las primeras líneas
del riff básico de ‘Sweet Dream’, una canción que el sexteto rescató para sus
giras de los años 1978 y 1979, y que de hecho, sirvió como canción de apertura
para los últimos conciertos en los que actuó Glascock. La versión aquí plasmada data de mayo de 1978, durante la sección europea de la gira del “Heavy
Horses”, y con algunas sobremezclas de estudio, apareció como lado B del single
‘A Stitch In Time’. De todas maneras, como no podía ser de otra manera, lo más sustancioso de este ítem es el contenido del concierto realizado en el Congreßgebouw de La Haya. La melodía introductoria del evento es una pieza de casi dos minutos compuesta por Palmer,
titulada ‘Prelude To A Storm’. Sus vibraciones son 100% idóneas para abrir
campo a la fastuosa canción de entrada ‘Dark Ages’. Luego sigue la secuencia de
‘Home’, ‘Orion’ y ‘Dun Ringill’, para que el grupo explore su faceta reflexiva
con diversos niveles de intensidad expresiva. Son las escalas del piano de Evan las que reemplazan a las armonías iniciales de la guitarra acústica en la versión de estudio para darle un cabal empuje a la dimensión épica de la melancolía esencial de ‘Home’, mientras que ‘Orion’ recibe un empuje similar de magnificencia de parte de una introducción grupal guiada por la guitarra (parte de esa maqueta inicial que mencionamos en uno de los párrafos anteriores). Por supuesto, cuando suena una pista narrativa reconocible nos preparamos para disfrutar de ‘Dun Ringill’, canción para la que Barlow y Pegg fungieron de coristas. Un artilugio muy peculiar fue empleado durante la ejecución de ‘esta canción: pequeñas copas de nieve artificiales caían sobre Ian, Dave,
Barriemore y Martin (el penúltimo llevaba puesta una visera con un miniparaguas
incorporado). Un párrafo aparte merece el
señorío barroco de ‘Elegy’, que, en vivo, asume una delicadeza muy especial. La ilación de ‘Old Ghosts’ y ‘Something’s
On The Move’ sirve para
que el ensamble salga a por todo con su mezcla progresiva de folk-rock y rock
duro, aunque se nota en las primeras de estas canciones la urgencia de una robustez especial. No cabe duda de que Barre es una figura protagónica dentro del esquema
instrumental y su esplendor particular cobra creciente peso; por su parte,
Barlow sigue exhibiendo cabalmente su sofisticada musculatura. Como se ve, la idea de Anderson fue la de armar el repertorio como una frontal declaración de principios sobre el nuevo disco, con el grupo tocando varias piezas del mismo en un orden continuo preparado para sorprender al público asistente. Algo así como un poner a prueba a la gente que asistía a los conciertos, una estrategia que Ian defiende sin tapujos: “¡Pues por supuesto que es una prueba! – Como la
primera vez que tocamos Thick As A Brick.
Pero ése es el desafío que uno propone. [..] Puede ser que la gente se haya
sentido un poco atónita, pero eso es parte del acto de poner tensión a las
cosas, introducir el nuevo material antes de brindarle las canciones más
habituales que el público conoce y disfruta, y que son las razones por las
cuales compraron sus billetes. […] Uno no puede ser timorato con cosas así en
el mundo creativo del rock progresivo, uno tiene que confrontarse literalmente con
la situación, en el sentido de que eso supone no solo un reto para la audiencia
sino también para quienes tocamos la música.”

Es sintomático que la primera de las canciones clásicas de JETHRO TULL que aparece en el repertorio sea ‘Aqualung’, la cual se usó por muchos años cerca del final de los conciertos. Por supuesto, es de esperar de Ian que pregunte burlonamente al respetable si es que conoce la siguiente canción... Pero de inmediato, la banda regresa a sus modalidades más recientes al tocar ‘Peggy’s Pub’, una composición de tenor céltico creada por el recién
ingresado Dave Pegg. La canción procedía del álbum de los FAIRPORT CONVENTION “Rosie”. Para la ocasión, Barlow se pasa al bajo mientras Pegg y Barre tocan un dueto de mandolinas, Evan toca el acordeón, Anderson toca la flauta, y Palmer hace unas cosas sencillas a la batería. El título procede la fantasía del propio Pegg de ser dueño de un pub. Se trata, al fin y al cabo, de un momento festivo y colorido que viene muy bien tras el legendario relato trágico del mendigo con tendencias pederastas. ‘Jack-In-The
Green’ continúa fluidamente con la vena folclórica, aunque claramente con una
actitud un poco más solemne. Cuando llega el turno de ‘King Henry’s Madrigal’, el buen Ian deja al entonces buen David Palmer presentar la pieza en cuestión (“El siguiente número no fue compuesto por
Jethro Tull sino por otro caballero británico casi tan famoso como él, el Rey
Enrique VIII. No siendo Enrique VIII miembro de un grupo de rock’nroll, su composición
para nada hubiese sonado como esto.”) Dado el carácter colorido del tema, viene bien que el maestro Barlow inserte su solo de batería, un estándar que ya conocemos desde las giras del año 1977. La retoma de una breve porción del Madrigal abre la puerta al arribo de ‘Heavy
Horses’, que en su versión relativamente reducida sigue mostrando con total
cabalidad su señorial majestuosidad. Uno de tantos momentos en los que se dan
los lucimientos respectivos de Barre y Barlow mientras los dos teclistas se
ocupan de mantener la ingeniería melódica. El volumen 4 comienza con dos instancias de lucimiento particular: el solo de flauta de Anderson y el dueto de Palmer y Evan. El primero incluye secciones de ‘Bourée’,
‘Soirée’, ‘God Rest Ye Merry Gentlemen’ y ‘Kelpie’. Por su parte, el dueto de
teclados se explaya en la faceta académica del ideario musical de JETHRO TULL
pues exhibe el motif central del Preludio en Re Mayor de JOHANN SEBASTIAN BACH
(parte de su opus El Clave Bien Temperado),
y su explícito esplendor saltarín resulta más que idóneo para la emergencia de ‘Songs
from The Wood’, una de las canciones más emblemáticas del aspecto lúduco de
JETHRO TULL, una gozada inapelable e innegable. Aún en esta ya habitual versión acortada que comienza con el interludio de piano, el fuego celebratorio es voraz y contagioso.

Pero para gozadas también está otra
joya del “Songs From The Wood” que se llama ‘Hunting Girl’. En esta canción y la
precedente se nota con cuánta habilidad y frescura se acomodó el nuevo bajista
a los factores más complejos y exigentes del catálogo de JETHRO TULL. Se trata, en efecto, de una canción gestada para pasar a la inmortalidad del paraíso de las juergas rockeras, siemre con ese encanto estilizado y ágil que los JETHRO TULL exploraron con infinita creatividad en esos tiempos en que el ahora Dee era la principal figura asociada de Ian. Esta versión en particular es bastante frenética en comparación con la versión original de estudio. Una
vez que toda esta algarabía de exquisitas y grandilocuentes fastuosidades ha
pasado, es el turno de otra canción fiestera, la cual también es de la cosecha del nuevo integrante de la banda: ‘Jams O’Donnell’s
Jigs’, tema que compuso Pegg para el álbum de FAIRPORT CONVENTION “The Bonny
Bunch Of Roses”, y que él mismo presenta con la autorización de Ian. Durante el desarrollo temático emergen unas florituras de bajo realmente maravillosas. Lo fastuoso ha sido reemplazado por lo muscular. Claro está, no puede
faltar una versión sintetizada de ‘Thick As A Brick’, esta vez solo con la primera sección, el primer interludio, la marcha de los boy-scouts y el epílogo. Con
la dupla hilada de ‘Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die” y “Cross-Eyed Mary”, el
grupo sigue hacienda un repaso de su catálogo más celebrado, y de paso, remodela los aspectos más enérgicos de su ilustre catálogo, y de paso, hace su primera despedida. Mientras las entusiastas ovaciones del público siguen y siguen, Barre sale al escenario para articular su agitado y ecléctico solo de guitarra, el cual juega con aparatosidades pesadas y fraseos blueseros a punta de nervio y distinción. Así las cosas, emerge la introducción de ‘Minstrel In The Gallery’, y ya con todo el grupo en escena, esta canción exhibe todos sus recursos de gancho muscular.
El final del evento llega, como iba siendo habitual durante las últimas giras, de la mano de la dupla de ‘Locomotive Breath’ y ‘The
Dam Busters March’, y la cosa es que se omite aquí la introducción de piano a fin de mantener el empuje rockero sostenido por la canción titular del LP del año 1975. La garra se mantiene mientras el epílogo le pone el último toque de ágil pomposidad al concierto.

En lo
relativo a las anécdotas significativas de esta época final del JETHRO TULL
hexagonal y otros eventos colaterales, el primer dato histórico relevante que
se menciona en el libro acompañante es la encomienda que Ian Anderson recibió
para hacer la música para una de las tres breves piezas de ballet subsumidas bajo
el título de Underground Rumours de
parte de su hermano mayor Robin, administrador general de The Scottich Ballet. Anderson compartió con Palmer y Barre la labor
creativa para la pieza que finalmente se tituló The Water’s Edge.** Ian quería titularla Kelpie, pero la
decisión del director Peter Darrell fue la que, naturalmente, prevaleció. Además,
ese título de todas maneras iba a ser parte del repertorio de JETHRO TULL en el
futuro próximo. También hay algunas páginas dedicadas a la emergente e
inicialmente exitosa empresa de pesca, procesamiento y enlatado de salmones que
Ian inició a fines de los 70s. Habiendo decidido expandir sus actividades
extracurriculares rurales hacia esta industria, Ian pasaba mucho de su tiempo
fuera del rock cerca de las aguas que circundan a la isla escocesa de Skye. Ian
atribuye el predominio de las temáticas ecológicas y marinas no solo a este
hecho sino también a sus recuerdos de infancia. Palabras del propio Ian: “Como siempre, las canciones pueden haber tenido
su origen en un lugar, o ser el resultado de un momento de imaginación en el
que se vuela a otro país ubicado a miles de millas de distancia. Pero de eso se
trata a la hora de escribir canciones, uno toma las ideas consigo a donde uno
vaya, y algunas de ellas pueden estar enraizadas en las etapas tempranas de tu
vida. El haber crecido en Fifeshre al borde del Estuario de Forth, y luego,
unos pocos años más tarde, en Edimburgo, tenía la sensación de que pasé toda mi
infancia junto al mar. […] Por supuesto, más crecido, mi familia se mudó a
Blackpool, que también está junto al mar, aunque con corriente menos
hospitalarias – una zona sucia y turbia con varios desechos, algo que no
animaba mucho a pasear en bote.” Algo que recuerda la banda, pasando a lo estrictamente
musical, es que la camaradería prevalente seguía siendo más o menos la misma,
pero había tensiones inocultables, las mismas que se exacerbaron con la muerte
de Glascock. Más adelante, cuando Pegg entró a la banda, su carácter
extrovertido y su afable sencillez de carácter le permitieron ganarse pronto la
confianza de sus nuevos compañeros de grupo, quienes a veces le tenían como su
confidente para las cosas que les disgustaban de Ian. Eran, más que nada,
catarsis que eficazmente impedían que se produjera discusiones altisonantes. Pero
se respiraba en el ambiente que esta época del grupo tenía sus días contados. La
última actuación del sexteto de Anderson, Barlow, Barre, Evan, Palmer y Pegg
tuvo lugar a fines de abril de 1980, como parte del programa radial Richard Digance
And Friends, en la emisora Capital Radio. El grupo tocó cuatro piezas acústicas y la misma Dee llevó su órgano de fuelles portátil porque no estaba familiarizado con el staff de la radio. Poco antes de eso, el grupo había
realizado una serie de ocho actuaciones de siete actuaciones en Glasgow, Manchester
y Londres para cerrar la gira de “Stormwatch”. Antes de eso, el grupo tocó a lo
largo de todo el mes de marzo y los primeros días de abril en escenarios de
Noruega, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Alemania, Suiza y Francia. Y eso fue todo, así quedó todo, así fue la despedida de un integrante que entró al grupo en 1970, otro que ingresó a fines de fe 1971 y un tercero que comenzó como músico ocasional para la gira de
1976 y ya ingresó como miembro a tiempo completo al año siguiente.
Barlow (quien siempre ostentará el privilegio de ser el mejor baterista que ha pasado por las filas de JT en toda su historia) había anunciado en algún momento de inicios de 1980 que tenía la firme intención de
dejar la banda, y además, encaró a Ian por el hecho de que John Glascock ganara menos que los demás
en la banda; tras la muerte del susodicho, Barrie descubrió que sus deudos no tenían
medios para enterrarlo debidamente, así que él mismo pagó con su bolsillo el entierro. Lo que
él había visto por tantos años como una confraternidad era, en realidad, un
régimen.*** Por su parte, Palmer y Evan se guardaron para sí sus propias
sensaciones de descontento con lo que pasaba en el colectivo así como en sus
propias vidas personales. Palmer quería volver a vivir una vida sedentaria tras
haber probado por unos años lo que es hacer giras, mientras que Evan estaba
atrapado en su propio mundo, afectado simultáneamente por una crisis de la mediana edad y por
un mal matrimonio. Hoy en día, sabemos que John Evans (usamos ahora su nombre real) tuvo un exitoso
negocio de bienes inmuebles en Australia con un nuevo y longevo matrimonio,
mientras que Dee Palmer siguió teniendo trabajo estable en el negocio musical como compositora y arreglista (incluyendo un disco orquestal con música de JETHRO TULL). Pero en aquel entonces, tanta
era la anticipación de Dee por escapar de la maquinaria de JETHRO TULL que, en
esa nefasta noche en que se anunció la muerte de Glascock, él inicialmente
pensó que Ian había convocado una reunión para disolver al grupo. En sus
propias palabras: “Yo pensé «Bien, gracias a Dios que nos van a dar la patada final en el trasero y
bien que nos la merecemos», porque había
un poco de descontento en la gente y ya no tocábamos tan bien como antes. Y no
me habría sorprendido que Ian tuviese la intención de formar un nuevo grupo y
que todos estábamos fuera de él – que no estuvo muy lejos de lo que realmente
sucedió poco después.” El 16 de mayo de
1980 se iniciaron las sesiones de grabación para el primer disco solista de Ian
Anderson en el Maison Rouge Fulham Studio, en lo que él pensaba que era un buen
momento para poner un hiato a la banda (y no tanto un nuevo disco de JETHRO
TULL, aunque fue justamente eso lo que pasó cuando se publicó el disco “A”. En
fin…). Palmer recuerda el extenuante periodo de conciertos en Canadá y los
EE.UU. que tuvieron lugar en dos periodos (entre el 1 de abril y el 1 de mayo y
entre el 5 de octubre y el 18 de setiembre de 1979), teniendo al trío UK como
banda telonera: “No soy una gran fan del
estilo musical de Eddie Jobson, pero pude percibir que Ian estaba muy
impresionado por él, y que estaba tal vez pensando en hacer un proyecto con él.
De hecho, Ian quería trabajar con Terry Bozzio también, pero Terry no estaba
interesado pues él era un músico más enfocado en la técnica del jazz-fusion.”
Según ella, la banda ya estaba perdiendo parte de su clase y su sentido de la
argucia en los escenarios: “Yo estaba al
tanto de que muchos músicos venían a vernos porque éramos muy cohesionados, y
solíamos tocar las partes más complicadas de nuestro repertorio como un
mecanismo de relojería. Estaba orgullosa de pertenecer a una banda porque
podíamos hacer cosas excitantes sin necesidad de convertirlas en algo árido ni
inaudible. Pero ya estábamos empezando a perder el brillo, y creo que eso se
debía a que sentíamos que nuestro destino estaba sellado.”
¿Cómo
fue la reacción de la prensa profesional? El nuevo romance con JETHRO TULL que
surgió en los años 1977 y 1978 terminó, tal como se manifiesta en las reseñas
expuestas en New Musical Express (“El disco consiste en cuatro canciones y un
instrumental por lado, sin títulos que valga la pena mencionar. […] Ian tiene
las indulgencias monetarias de un agricultor nuevo rico convertido en megalómano, cuya sinceridad sobre la visión ecológica
llega no más lejos que añadir otra capa de polución auditiva al mundo.”);
Record Mirror (“Ian Anderson parece hallarse
en la incómoda posición en la que se terminó de arrinconar a sí mismo. Stormwatch es meramente un álbum de canciones de
relleno que solo sirve para demostrarnos que sigue vivo. […] Las canciones del lado 1 son desencajadas, sin espontaneidad y aburriiiiidas. [...] Las canciones del
lado 2 son refritos a medio completar de viejas composiciones de Anderson.”);
Sounds (“El Sr. Anderson todavía está
atrapado en los fines de los 60s. […] Fracasa en su intento de introducir
algunos ornamentos modernos de sintetizador en el grupo. ¿The Human League con flauta? No.”) Por fortuna, Karl
Dallas, de Melody Maker, vio con
buenos ojos la temática ecológica aunque expresó que varias canciones del álbum
no igualaban el poder evocativo de la portada y la contraportada. Con todo, a
pesar de que “las letras de las canciones
no dejan en claro si el deterioro de la humanidad se debe a nuestra propia
culpa, o si es algo escrito en las estrellas, o si se trata del fin del
universo”, señala que en el disco “hay
algunas canciones que están entre las más inspiradas desde Living In The
Past, las melodías son pegadizas, a
menudo con su encanto folclórico bien intensificado.” Este álbum suele ser
percibido como un ítem conectado con los dos discos de estudio precedentes,
pero eso es algo que tanto Barre como el propio Anderson cuestionan: el primero
señala que hay una clara conexión en cuanto a estilo, formato y sentimiento
entre “Songs from The Wood” y “Heavy Horses”, pero “Stormwatch” tiene su propia
posición, separada de los otros dos. Bueno, desde nuestra óptica, nosotros
validamos la opinión popularizada de los fans de que “Stormwatch” es la versión
más sobria, grave y apocalíptica de una mirada sistemática a nuestro entorno
natural que comenzó con un clima de predominante algarabía en “Songs From The
Wood” y que en “Heavy Horses” añadió un toque de vibraciones reflexivas más
algunas ocasionales connotaciones melancólicas. En lo que respecta a la
reacción del público, Pegg recuerda vívidamente la excitación que le producía
el ser bien recibido por una enorme legión de fans, algo a lo cual no estaba
acostumbrado dentro del circuito donde se movía FAIRPORT CONVENTION. En los
conciertos que se realizaron en Alemania, el público aplaudía y pateaba el
suelo hasta por diez minutos después de que el grupo abandonase el escenario. Una
muestra del entusiasmo del público se tradujo en un percance que afectó a un
ojo de Anderson, el 12 de octubre de 1979 en el Madison Square Garden. Una fan particularmente impetuosa quería obsequiar un ramo de rosas a Ian antes del inicio del evento, pero la
gente de seguridad no le permitió acercarse al frontman, por lo que ella le
arrojó una flor… y su tallo se metió en su ojo. Aunque Ian decidió que de todas
formas se debía realizar el concierto, al día siguiente asistió al oculista y
se tuvo que cancelar el concierto siguiente. Durante el resto de esa gira, Ian
usó lentes de contacto que permitían la curación de la córnea herida y unas
gafas de sol photobrown.
¿Y qué piensa la gente de JETHRO TULL sobre “Stormwatch”? Dee
Palmer asevera que se trata de un valioso pero relativamente fallido álbum que
se halla separado de los álbumes precedentes del grupo. Para ella, el disco es
el resultado del deseo de Ian de querer esculpir nuevas canciones con nuevos
mármoles porque él sentía que “Heavy Horses” se había orientado excesivamente
hacia el lado folk. “Pero no era así. Lo que
se había hecho en ese álbum era un refinamiento del aspecto folk-rockero, y la
combinación de lo que había estado buscando JETHRO TULL después de “Stand Up” y
“Benefit”, donde las marcas esenciales de la banda ya resultaban fáciles de
identificar. […] Pero dado que Ian tenía ganas de intentar algo nuevo, se puso
a saltar una valla que no existía, y en cambio, el grupo acumuló 10 canciones
de las cuales solo la mitad, o como mucho 6, dan en el clavo, mientras que otras
resultan demasiado largas. Y pudimos haber mejorado el material de haber
contado con más tiempo de ensayos y grabaciones, pero los continuados tours no
lo hicieron posible.” Barre coincide en el balance de que pudo ser mejor: “Mientras los estábamos grabando, no todo
encajaba bien, y cuando terminó de grabarse, nadie pensó «Buen trabajo, muchachos, ahora vamos a tocar todo
esto en la gira.» Sin querer ser demasiado negativo con este disco, afirmo que
las únicas canciones realmente buenas son estas tres: ‘Home’, ‘Elegy’ y ‘Dun
Ringill’. […] No es un disco innovador para el estándar de TULL, nunca superó a
otros discos espectacularmente buenos que hicimos antes. Pero tenía la misión
de estar a la par con otros discos que estaban muy por encima.” Anderson, el autor principal de todo este material,
afirma que, de habérsele preguntado qué le parecía este disco un par de años
atrás, él hubiese respondido que lo colocaba en la mitad inferior del catálogo
del grupo, pero al haber escuchado meticulosamente el disco en la preparación
de esta reedición, lo sitúa ahora en el lado inferior de la mitad superior. Sus
propias palabras: “Contiene varias
canciones con las cuales estoy muy satisfecho, incluso algunas con las cuales
volé tal vez demasiado – por ejemplo, ‘Orion’, que me parece que abarca varias
ideas inteligentes y no es para nada una mala canción. ‘North Sea Oil’ es muy
buena, y ‘Dun Ringill’ está entre mis favoritas. Y ‘Dark Ages’ es brillante.”
Todo este espíritu optimista y positivo que expresa Ian se oscurece un poco
bajo una nube de infortunio: “En líneas
generales, este álbum está marcado en mi memoria y en las de los demás
integrantes del grupo a esta desafortunada nube de problemas por los que pasó
John Glascock. […] En retrospectiva, siempre persiste esa triste asociación con
este álbum.”

Yendo ahora a la logística visual de la gira promocional del nuevo disco, el grupo contrató a unos diseñadores de interiores para que armaran lo que pareciera la pared de un gran barco, incluyendo también unos mástiles postizos y unas redes que emulaban a los gruesos cordones hechos para la pesca profesional a gran escala. Además, los vestuarios de los músicos se volvieron más sofisticados, incluyendo hombreras, un medallón y una franja militar sobre el usual terno blanco de Evan, un disfraz de vikingo para Palmer, y sendos vestuarios de cazador para Pegg y el propio Anderson. A propósito de Pegg, Barre recuerda entre risas que en la primera entrevista que le hizo Ian, éste le preguntó si era mucho de beber y, sudando frío mientras trataba de no mentir descaradamente, Dave dijo que de vez en cuando disfrutaba de unas cuantas jarras de cerveza. Su integración dentro del mundo musical de JETHRO TULL (además del establecimiento de lazos fraternos con los músicos) fue rápida debido a su notable precisión performativa, aunque él reconoce que, al principio, no apreciaba mucho las canciones más complejas de su repertorio pues, a pesar de ser muy inteligentes en su concepción, le parecían que pasaban de un tempo a otro por el simple gusto de hacerlo. Por su parte, Dee admite que envidia, en cierto modo, a gente como Martin, John Glascock y el nuevo miembro Dave, quienes eran capaces de crear música o seguir instrucciones con la vivacidad propia de quien tiene buen oído y entusiasmo, mientras que ella, con su formación académica, no usaba esa estrategia tan espontánea. Ella recuerda con genuina admiración cuán rápido aprendió Dave todas las canciones que estaban grabando, así como las que ensayaban concretamente para los conciertos. Cuando revisamos el material extra contenido en el segundo CD de esta reedición, nosotros apreciamos varias de estas piezas como bastante dignas de gozar de un lugar oficial dentro del catálogo histórico de JETHRO TULL como parte de un álbum. Tal es el caso de la canción que compuso Palmer bajo el título de ‘Urban Apocalypse’, y de hecho, su letra de crítica social podía funcionar como un complemento de las observaciones que Ian hizo en varias canciones del disco sobre el impacto de la industrialización en el medio ambiente. Sin embargo, el propio Ian no estaba interesado en ponerla en el álbum pues él quería preservar la actitud general de observación y reflexión, y no saltar al terreno del rock de protesta. En cuanto a los casos de ‘Kelpie’ y ‘Broadford Bazaar’, ambas son piezas completas en cuanto a sus respectivos desarrollos melódicos y con suficientes credenciales de colorido folk-rockero dentro de un contexto progresivo como para quedar relegadas al grupo de grabaciones asociadas. La anécdota relativa a la segunda de estas canciones mencionadas es que Anderson y Palmer habían sido invitados a la fiesta de Broadford como miembros de un jurado de un concurso de belleza, y ambos se vieron prácticamente obligados a escoger a la dama asignada por uno de los miembros de la alcaldía del pueblo, aunque ellos pensaban que había otra concursante que era de mejor parecer. Para Ian, se trató de una graciosa ocasión de cómo funciona siempre la política, aún en los eventos más frívolos.
En parte de sus últimas páginas, el libro incluye una entrevista a Leigh Mantle, quien fungió de segundo ingeniero para la grabación de “Stormwatch”. Una de las anécdotas más reveladoras que cuenta es que muchas veces Ian se echaba bajo la consola del Maison Rouge Mobile Studio para escuchar lo que se grabó en la jornada y, cuando alguno de los otros músicos entraba al lugar y empezaba a quejarse de algo que dijo o hizo Ian, él tenía que señalar al suelo para advertirle de que él podía escucharle. Si bien él había colaborado en menor medida en los procesos finales de mezcla para “Heavy Horses” y “Bursting Out”, fue con el disco “Stormwatch” que comenzó a trabajar de manera intensiva y completa como segundo ingeniero bajo la guía del perenne Robin Black. Antes de pasar seis años Maison Rouge Mobile, Mantle ya había tenido experiencia trabajando, ya en estudio, ya en conciertos, con bandas como STEELEYE SPAN, THE STRANGLERS, e incluso con RAINBOW durante la fase de búsqueda de un reemplazante para Ronnie James Dio y el ulterior disco de estudio “Down To Earth”. Él recuerda a los integrantes de JETHRO TULL, o a la mayoría de ellos, como personajes con muy buen humor y buena disposición para la cordialidad, cada uno a su estilo: Martin, como alguien casi tímido pero con agudeza, John, como un tipo extravagante en el día a día (casi tanto como sobre el escenario), Barriemore, con su talante intenso y ligeramente peleón, pero, al fin y al cabo, bonachón. Pero el más entrañable era el entonces David Palmer, quien siempre que le veía en su casa para recoger o devolver alguno de sus sintetizadores, terminaba invitándole a conversar y tomar un té junto a su esposa. Con Ian nunca llegó a tanta cercanía, pero el hecho de trabajar junto a él por varios años le permitió conocer muchos trucos sobre el oficio de hacer una buena mezcla y un buen procesamiento de aportes de diferentes instrumentos. En los días que Ian estaba de buen humor, era un deleite trabajar con él, pero cuando estaba de humor impaciente y alterado, era capaz de expresar su rabia sin tapujos. Una vez hizo eso mientras él hacía una pista vocal para uno de los discos de los 80, y aunque el mismo bardo Tulliano era muy crítico de su propia técnica para cantar y tocar, en una ocasión se borró una pista de canto, pero fue por culpa de Black. El hecho es que la reprimenda cayó sobre Mantle sin que Black se atreviera a aclarar que fue un error suyo; luego, le pidió perdón a su asistente por haberse acobardado y no decir la verdad sobre el error técnico.

Una apreciación bastante significativa que hace Mantle es que mientras duraron las sesiones de grabación de “Stormwatch”, él veía a un grupo en acción (a pesar de las tensiones internas), pero tras la partida colectiva de Evan, Palmer y Barlow, todo se redujo a Anderson y Barre junto a los demás que estaban allí. Esta observación se condice con nuestro balance final sobre “Stormwatch”: es el testimonio de la tormenta que se produjo en la campiña folk-progresiva de JETHRO TULL para que, una vez de regreso a la calma, el grupo elaborara una estrategia de reconstrucción y remodelación bajo las nuevas circunstancias. Lo que implícitamente pensaba Ian como un hiato para explorar momentáneos rumbos en solitario (como el suyo propio) resultó ser, a fin de cuentas, el final de una monarquía. Lo del futuro próximo de Ian Anderson y la resurrección del colectivo musical que siempre lideró no es asunto de explorar aquí, pero sí podemos concentrarnos en lo que se ha expuesto en este ítem del año 1979 para agradecer a los Sres. Anderson, Barlow, Barre, Evan, Glascock, Palmer y Pegg por lo que hicieron entre fines de 1978 e inicios de 1980. Esta reedición centrada en una remezcla hecha por Steven Wilson (y donde también participa Ray Shulman en el ensamblaje) actualiza nuestra valoración de esta obra; además el primer DVD contiene la mezcla original. En verdad, nos parece un disco mucho mejor que lo que algunos de ellos dictaminan, así como algunos fans y conocedores de la banda. Como ya dijimos en párrafos precedentes, el mayor mérito de “Stormwatch” es el de trazar un nuevo paso en el tránsito de apreciaciones y reflexiones sobre la vida rural, un paso más dramático que iba muy acorde con la mirada a la expansión industrial de nuestros tiempos. El repertorio oficial de “Stormwatch” y sus canciones correlativas que ahora descubrimos conforman una extensa elegía en nombre de la agridulce comprensión de que todo lo que llega a existir tiene que morir algún día. Esta retrospectiva va dedicada a la memoria de John Glascock.