HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.
Aquí está lo nuevo del excelso ensamble belga de avant-jazz FLAT EARTH SOCIETY: “Missa Asinorum” es su título y fue publicado el pasado 18 de abril, tanto en CD como en vinilo, por el sello Zonk Records. El copioso personal de la FLAT EARTH SOCIETY para el presente disco está conformado por Gert-Jan Dreessen [batería], Cyriel Obermüller [bajo], Peter Vandenberghe [piano y teclados], Maarten Flamand [guitarra], Wim Segers [vibráfono, percusión y silbido], Berlinde Deman [tuba], Marc Meeuwissen y Peter Delannoye a los trombones, Bart Maris [trompeta y trompeta pícolo], Pauline Leblond [trompeta y fliscorno], Bruno Vansina [saxo barítono y flauta], Benjamin Boutreur [saxo alto], Michel Mast [saxo tenor], Martí Melià Margañon [clarinete y clarinete bajo] y Peter Vermeersch [clarinete, clarinete bajo, efectos electrónicos y canto]. Esther Lybeert colabora al canto en uno de los temas. El material contenido en “Missa Asinorum” se centra en composiciones de Vandenberghe y Vermeersch, siendo el último disco de FES con este último, precisamente, el fundador: dichas creaciones son manifestaciones simbólicas de una sátira social que, en lugar de apelar al llamado a la conciencia, refleja unas observaciones resignadas de las diversas formas de locura masiva que aparecen en el primer plano de nuestro mundo actual. Las sesiones de grabación tuvieron lugar en el estudio Rockstar Recordings, siendo Dieter Claeys y Mathias Stal los organizadores de la ingeniería de sonido. Las ulteriores labores de mezcla y remasterización estuvieron en manos de Joe Talia y Oz Fritz, respectivamente. Dooreman es el autor del arte gráfica. Bueno, ya es hora de pasar a los detalles estrictamente musicales de “Missa Asinorum”.
El repertorio
se abre con la miniatura ‘Kyrie Asini’, la cual evoca un aquelarre envuelto por un delirio místico que se sitúa entre lo sarcástico y lo amenazante. Esto abre campo al mastodonte de 26 minutos ‘Donkey Fever’, un monumental despliegue de exploraciones sónicas sistemáticamente versátiles. Su inspiración está en la crisis febril que asola al País de los Juguetes dentro del imaginario literario de Pinocho. Todo empieza con una sutil figura de guitarra y una recitación distorsionada que anuncia al oyente el pronto arribo de algo masivamente ceremonioso: las intervenciones de la percusión tonal y el piano añaden los primeros colores luminosos del paisaje que todavía se halla en un estatus preparatorio. A poco de pasada la frontera del sexto minuto, nos damos cuenta de que los aportes de los vientos y la guitarra ya han asegurado el refuerzo de los matices principales de la composición, aprovechando el minimalismo repetitivo de la base armónica para desplegar unos aires de libertad dentro de un talante controlado. La batería, poco a poco, se va soltando con la elaboración de exquisitos ornamentos percusivos, los cuales cumplen con la misión de dialogar osadamente con los aristocráticos arrebatos de la guitarra y del piano; mientras tanto, el bajo emplea también sus propios ornamentos en consonancia con las orquestaciones dadaístas de las maderas y metales. A poco de pasada la frontera del décimo minuto, ya dispone el ensamble de una labor colectiva bien definida, una empresa trazada como un rescate del jazz modal en amplio coqueteo con el estándar del free jazz, más algunos detalles señoriales que termina aterrizando en un solo de trompeta. Una vez finiquitado éste, regresa el pleno del ensamble a la estructuración de una nueva labor bien definida, esta vez, con un swing más entusiasta y un enfoque más ostensiblemente sofisticado en la armonización arquitectónica. En este pasaje del trayecto grupal, el sendero sonoro es idóneo para armar varios clímax a lo largo de una caminata dirigida sobre diversos esquemas rítmicos inusuales: la fluida ilación de éstos impulsa el ascenso del fulgor musical en curso. La sección epilogar se centra en un retorno del ambiente inicial mientras se remodela con un colorido aumentado merced a los ecos recibidos de la múltiple apoteosis que la precedió: la ceremoniosidad burlona también regresa con la recitación de despedida. ¡Qué grandiosa maratón!
‘No Side Left’
es otra pieza de ambiciosa extensión, aunque “sólo” dura 17 minutos y pico. Su inspiración proviene de la famosa proclama del maestro compositor FREDERIC RZEWSKI ¿Del lado de quiénes estás?: la amarga réplica de Vermeersch, autor de este tema, es que no existen ya posiciones razonables para adoptar. La introducción de piano exhibe una espiritualidad serena que coqueta con lo misterioso; la orquestación de vientos ayuda a reforzar esta sensación antes de que un saxo dirija la concreción del desarrollo temático diseñado para la ocasión. La batería y el bajo son los portadores de las inquietudes free-jazzeras que promueven la densidad exaltada que en muy breves instantes se apodera de la situación y trastoca parcialmente la expresividad general. De todas maneras, el asunto vuelve a su cauce contemplativo inicial por vía del uso alternando del protagonismo por parte de los instrumentos de viento, así como por la prioridad dada al progreso de las orquestaciones asociadas a las sencillas armonías del piano. Un nuevo esquema orquestal empieza a brotar poco después de pasada la frontera del séptimo minuto, lo cual gesta un nuevo crescendo con el inmenso apoyo de las virguerías de la batería; es el camino de reforzamiento para un breve motif antes de que el ensamble vuelva a la exhibición de un nuevo ejercicio de jazz modal, siendo así que la trompeta se hace cargo del centro protagónico. En la frontera de los 13 ½ minutos, emerge una neblina solipsista marcada por introspectivos efluvios de piano y arcanas líneas de fliscorno y de flauta: esta aura expectante marca el camino del epílogo en un contexto de invitación al reposo concluyente. ‘Washaway’ es una pieza marcada por una gracilidad sobriamente luminosa, afianzada inicialmente por la doble columna de batería y teclados. Poco a poco, con la labor acompañadora del vibráfono a las maniobras minimalistas del piano y el ascenso sostenido de las orquestaciones de vientos, la labor grupal asume un aura cinematográfica. El esquema sonoro resuena como un estándar de eso que se suele denominar nu-jazz. La aparición de un canto ensoñador realza lo cinematográfico, especialmente, porque se hermana con el susurro con un talante cómplice. Todo culmina con ‘Hez! Sire Asnez Hez!’, otra exaltación teatralmente burlona donde el dadaísmo se reviste de oscurantismo para manifestar una socorranería anárquica. No es de extrañar, pues al igual que ‘Kyrie
Asini’, ‘Hez! Sire Asnez Hez!’ es una parte de una canción latino-francesa del
siglo XIII titulada ‘Orientis Partibus’ (Canción Del Asno), la misma que solía
cantarse durante el Festín de los Locos (Fête de l'âne) en Francia.
He aquí la oferta de “Missa Asinorum” brindada por la FLAT EARTH SOCIETY, una gran banda que mantiene viva la fiebre de hacer buena música de vanguardia dentro de la escena mundial del jazz contemporáneo desde su reducto belga. Es bastante copiosa la producción fonográfica realizada desde fines de la década de los 90 y parece que esa fiebre creativa sigue tan intensa como siempre: gracias a todas las personas integrantes por esta obra y gracias adelantadas por las que seguirán.
Muestra de “Missa
Asinorum”.-


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