Saturday, January 16, 2016

ALEJANDRO MATOS y la evolución de una potestad progresiva argentina


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

ALEJANDRO MATOS vuelve a la carga para hacer acto de presencia en la actual escena progresiva argentina muchos años después de su dupla de “Persona” y “Freak”: este año 2015 es el año de “La Potestad”. Yendo más allá de la búsqueda interior de la persona y no conformándose con ser un simple extraño, Alejandro Matos busca una nueva potestad afirmando un lugar en el mundo. Por eso la música expresada en este nuevo disco tiene tantas secciones tan musculares en cuanto a su estructura sonora: todo un progreso respecto a sus trabajos anteriores, buenos de por sí, sin perder el hilo conductor en cuanto al enfoque estilístico ni las temáticas autorreflexivas sobre el camino del yo y el sentido de la vida. A lo largo del álbum, MATOS se hace cargo de las guitarras, teclados, samples, programaciones y canto, mientras el baterista Javier García Atencio y el bajista Andrés Zadunaisky le acompañan como soporte recurrente (además de algunos colaboradores adicionales que iremos mencionando en el camino). También es oportuno recalcar cuán excelente letrista es MATOS: las inquietudes existencialistas de un KAFKA y las nebulosidades místicas de un HESSE conviven cómodamente con el surrealismo de un SPINETTA y los intrigantes cuestionamientos de un PETER HAMMILL en la elaborada y, a la vez, familiar prosa de este señor. Vayamos ahora a los detalles de este disco en cuestión para concentrarnos en sus igualmente notables méritos como creador musical.


Abre el disco ‘Escindido’, un preludio sombrío y etéreo marcado por espartanas escalas de piano, las mismas a las que se añade luego flotantes efectos cósmicos de fondo, un idóneo ambiente de misterio que abre la puerta a la emergencia de la poderosa canción ‘Cazadioses’, la cual cobija la electrizante energía de una contemplación airada bajo su cubierta de lánguida majestuosidad. La potencia de los riffs básicos y la robusta precisión del esquema rítmico garantizan que se mantenga un alto nivel de atractivo para el foco melódico central, el cual ostenta una aureola oscurantista que se va haciendo más explícita mientras va desarrollándose. ¡Gran clímax inicial! Cuando llega el turno de la canción ‘Potestades’, la pesadez emocional baja un poco pero se mantiene la gravedad en la actitud contemplativa de MATOS, tanto a la hora de cantar la letra como a la hora de dirigir la realización del desarrollo temático. Con los sonidos de bandoneón que entran a tallar en algún momento del intermedio (aporte de Pedro Kiszkurno), el oyente se topa con un ornamento tan llamativo como inesperado: pero, en definitiva, es el solo de guitarra – al modo de un híbrido de STEVE HACKETT y DAVID GILMOUR – el que redondea la faena fehacientemente antes de que surja la última parte, cantada dentro de un engranaje instrumental más relajado. El sentido lírico elaborado aquí llega a niveles de fenomenal esplendor, aunque es una pena que el solo de guitarra en cuestión sea tan breve… pero así lo quiso el autor y, además, ya llega el turno de la cuarta canción, titulada ‘Ángel’. Esta pieza que dura cerca de 6 minutos resulta esencial a la hora de trazar exhibiciones de las facetas más oscuras de “La Potestad”. Un poco siguiendo la huella del aspecto más denso de STEVEN WILSON, MATOS crea una aureola de languidez emocional bajo un ropaje sonoro que se siente grave a través de una sobriedad inquietante, una amenaza de desequilibrio que solamente muestra parte de su sombra. El aporte de Theremín a cargo de Catalina Matos ayuda mucho a completar esta atmósfera que casi, casi invita a la paranoia, aunque tal vez está diseñada para aludir a una presencia trascendente. 

  

Durando 9 ¼ minutos, ‘Anclas’ exhibe recursos de punche sonoro muy oportunos tras la etérea oscuridad de ‘Ángel’, aunque sin hacer de este contraste algo excesivamente chocante. Básicamente se trata de un blues-rock progresivamente estructurado desde el cual MATOS trabaja las influencias de LUIS ALBERTO SPINETTA, el PINK FLOYD de la época 75-77 y GENESIS, todo ello con su toque personal que le permite orientarse hacia vibraciones modernas (como en el lado oscurantista de STEVEN WILSON, por ejemplo). Una mención especial debe ir para el primer solo de guitarra, uno de los más electrizantes de todo el álbum. Un nuevo giro musical en el repertorio del álbum se da cuando emerge ‘Lo Velado’, la que tal vez es la canción más arquitectónicamente lírica del álbum: su talante reposado crea la impresión de que algo esté suavemente oculto, velado como dice el título, pero aún así hay un aire de calma intelectual que resulta gravitante para el ambiente general de la canción. Ciertas partes de piano tienen algo de misterioso y hasta tétrico, en cierto modo, mientras que los sonidos de clarinete y acordeón que entran a tallar en el intermedio instrumental aportan calidez al asunto. El clarinete es real, tocado por la invitada especial Claudia Kutenplan; también está como invitada la contrabajista Mariana Gasloli. ‘La Construcción Del Desierto’ tiene que describirse, ante todo, como una pieza fastuosa que impone su personalidad a través de un bien aprovechado espacio de 6 ½ minutos. Sacando provecho del impacto causado por la musculatura melancólica de canciones como ‘Cazadioses’ y ‘Anclas’, MATOS y sus colegas trabajan con la gestación de una intensidad musical más contenida y más sofisticada: esto último se debe al lugar destacado que ocupan los teclados dentro de la ingeniería instrumental. Hay algo de gótico aquí, cabe señalar.


La extensa composición ‘Pertenencia’ ocupa los últimos 25 minutos del álbum - o casi –, lo cual supone, naturalmente, un recurso de acentuada grandilocuencia para el dramatismo emocional e intelectual que se ha venido desarrollando a lo largo del álbum; eso sí, cabe aclarar que MATOS prefiere no elaborar aquí ningún tipo de exaltación épica sino que simplemente quiere redondear con precisa meticulosidad la atmósfera general del álbum. Las cuatro secciones de ‘Pertenencia’ portan los títulos autónomos de ‘Ser’, ‘Hacer’, ‘Someter’ y ‘Parecer’, sucesivamente. La suite comienza con un groove ligero que permite el desarrollo de ciertos coloridos sonoros amables: estructuración del empalme rítmico de las guitarras acústica y eléctrica, solo de piano. Más adelante, la cosa se pone un poco más aguerrida, indicando así que el espíritu central de la suite apunta a un aumento de la densidad expresiva, cosa que se cumple efectivamente, especialmente cuando llega el momento de un solo de guitarra tan poderoso como los de Alex Lifeson en los mejores tiempos de RUSH y un tufillo Frippiano bastante bienvenido. Poco antes de llegar a la frontera del undécimo minuto y medio, el esquema rítmico se calma un poco para ahondar en el aura reflexiva y abrir campo a una revitalizada musculatura rockera, casi rayana con el post-rock, pero con una pesadez blues-rockera inocultable y una razonable dosis de sofisticación progresiva en las atmósferas subyacentes. Hay ciertos momentos estratégicos dentro del desarrollo temático en curso donde se emplea una medida intensificación del punche rockero. Para la última sección, el asunto se pone un poco fastuoso con esas ágilmente densas orquestaciones de teclado y ese guitarreo Crimsoniano, los cuales se congregan para orientar al epílogo de la suite hacia una grave ceremoniosidad marcada por una envolvente nostalgia. Y todo esto es “La Potestad”, una muestra inconfundible del tipo de magnificencia musical a la cual ha ascendido la evolución artística de ALEJANDRO MATOS a lo largo de su discografía. La escena progresiva argentina tiene en este señor a una figura creativa de enorme calibre.


Muestras de “La Potestad”.-

Wednesday, January 13, 2016

HOMUNCULUS RES - el nexo entre Sicilia y Canterbury


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

Hoy ponemos nuestra atención en el grupo italiano HOMUNCULUS RES, el cual consta Dario D’Alessandro [guitarra, bajo, sintetizadores y voz], Davide Di Giovanni [teclados, bajo y coros], Daniele Di Giovanni [batería], Mauro Turdo [guitarra] y Daniel Crisci [bajo]. Su disco “Come Si Diventa Ciò Che Si Era” fue publicado por el sello AltrOck Records en noviembre del año pasado. Este grupo formado en Sicilia bajo la iniciativa de Dario D’Alessandro tuvo su debut fonográfico en 2013 con el álbum “Limiti All’Eguaglianza Della Parte Con Il Tutto”, también con el sello AltrOck: ese disco fue el que les permitió empezar a llamar la atención del público progresivo actual, y ahora “Come Si Diventa Ciò Che Si Era” siembra esa cosecha creativa con un esquema artístico robustecido y más sólido aún. A lo largo del repertorio de “Come Si Diventa Ciò Che Si Era” – que es un disco conceptual en torno a las vicisitudes propias de un hospital –, los  HOMUNCULUS RES se benefician de las ocasionales participaciones de una pléyade de ilustres invitados que provienen de grupo gigantescos de la vanguardia progresiva como RASCAL REPORTERS (Steven Kretzmer al piano), THE MUFFINS (David Newhouse a los saxos y el clarinete) y PICCHIO DAL POZZO (Aldo Di Scalzi al órgano y la guitarra), así como jóvenes héroes contemporáneos como los franceses de ALCO FRISBASS, el británico Jarrod Gosling (de REGAL WORM) y Paolo Botta (SKE, YUGEN, NOT A GOOD SIGN). También colaboran ocasionalmente el saxofonista Giorgio Trombino, el flautista Dario Lo Cicero y el oboísta Giuseppe Turdo. 


Con la tríada de ‘Operazione Simpatia’, ‘Doppiofondo Del Barile’ y ‘Vesica Piscis’, el grupo nos pone en autos sobre el tipo de dinámica musical que se dispone a plantear para la escena progresiva. El primero de estos temas nos muestra una entrañable dinámica en clave retro-Canterbury sobre un compás de 7/8, creando un híbrido entre el SOFT MACHINE del “Third” y el EGG de los dos primeros álbumes, mientras que el segundo instala una alegre mezcla de CARAVAN y CAMEL a partir de una idea musical grácil oportunamente ornamentada con una razonable sofisticación sonora que se maneja con impoluto tacto. En fin, ‘Vescia Piscis’ saca al frente los muy ocultados matices psicodélicos que se emplearon en algunos momentos de las dos canciones anteriores para instaurarlos como foco del desarrollo instrumental principal. Antes de eso, una sección cantada nos remontaba a una extravagancia teatral de tenor Zappiano (¿o tal vez a lo PICCHIO DAL POZZO?), lo cual implicaba que el grupo estaba bien dispuesto a mostrar sin tapujos su faceta más lúdica. ‘Dogface (Reprise)’ es una pieza que anticipa a la #11, titulada ‘Dogface’, y lo hace con una ingeniería en reversa del bloque instrumental, lo cual alude posiblemente al palíndromo que utilizó ROBERT WYATT para cerrar el primer lado de su LP “Rock Bottom” (‘Little Red Riding Hood Hit The Road’). Más aún, los arreglos vocales que se emplean aquí son muy a lo WYATT. ‘Opodeldoc’ es un hermoso viaje instrumental que comienza remitiéndonos al ambiente general de ‘Operazione Simpatia’ para luego derivar en una sofisticada ilación multi-temática sobre un efectivo y muscular groove jazz-rockero. ‘La Felicità’ usa un motivo de base beat para articular un delicioso viaje proto-progresivo que nos remite al primer álbum de SOFT MACHINE, mientras que la dupla de ‘Ottadero’ y ‘Egg Soup’ nos devuelve al terreno del EGG primerizo: arquitecturas melódicas osadas y bien estructuradas, una atmósfera exquisitamente surrealista que alude inconfundiblemente a un sentido del humor corrosivo.

Si antes mencionamos a PICCHIO DEL POZZO como referencia retórica, lo volvemos a hacer para explicar el despliegue de ingeniosas policromías sónicas que conforma ‘Belacqua’, aunque tampoco sobra una mención al aspecto más extravagante de los legendarios HATFIELD AND THE NORTH. Durando poco menos de 18 minutos, la suite ‘Ospedale Civico’ se instaura inapelablemente como el tour-de-force del álbum. Aprovechando el gran espacio de expansiones musicales proporcionado para la ocasión, la banda elabora una traviesa ilación de motivos diversos que a veces se articula con notoria fluidez y otras veces apuesta por jugar con osados contrastes: con todo, se nota que hay una ingeniería integral que traza la dirección bien focalizada y la ascensión continua de las armazones sónicas que se van desarrollando frente a nuestros oídos. Ora se nos envía a territorios de RASCAL REPORTERS y HENRY COW en aquellos pasajes donde la extravagancia multi-temática impone su inquebrantable lógica dadaísta, ora se nos muestra momentos de burlona ingenuidad bajo los modelos de CARAVAN y el primer SOFT MACHINE, ora se nos reta a racionalizar complejos desarrollos temáticos inspirados en los paradigmas de HATFIELD AND THE NORTH y NATIONAL HEALTH. El empleo de vibraciones cósmicas en algunos de los solos y ornamentos de sintetizador que tienen lugar también nos puede hacer recordar al GONG de la época del “Camembert Electrique”, pero queda claro que este prototipo de dadaísta intensidad es el legado menos influyente en el ideario de HOMUNCULUS RES. Tras este magno momentum, todavía quedan poco más de 8 minutos de material, y este espectro temporal se inicia con ‘Dogface’, una bella canción que nos remite nuevamente a la línea de trabajo del primer CARAVAN pero con los añadidos de una magia etérea a lo WYATT y un dinamismo polícromo a lo PICCHIO DAL POZZO. ‘S Invertita’ se encarga de crear una sátira pseudo-surf al estilo de THE MOTHERS OF INVENTION, mientras que ‘Paum’ exhibe un cálido ejercicio avant-prog a lo AKSAK MABOUL para luego derivar en un pop amable al estilo doo-wop. En fin, ‘Schermaglie’ se centra en el factor jazzero del Cantebury con un aura placenteramente lírico.


Bueno… todo esto fue “Come Si Diventa Ciò Che Si Era”, un disco enorme en su ideología así como en su ingeniería musical, lo cual pone al grupo gestor HUMUNCULUS RES en el centro de nuestra atención melómana. Mucho ojo a este quinteto: ojalá tenga bajo su manga otros nuevos deleites fonográficos en el futuro próximo.


Muestras de “Come Si Diventa Ciò Che Si Era”.-
Vesica Piscis [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=ysonAEUG18Q

Sunday, January 10, 2016

LA CURVA DI LESMO: curva de sabiduría progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos a LA CURVA DI LESMO, un nuevo proyecto progresivo italiano surgido en el seno de la prolífica escena progresiva genovesa, un proyecto donde participa Fabio Zuffanti, el hombre de las mil facetas y de las mil bandas. En este caso, se trata de un ensamble armado bajo el liderazgo dual del mencionado Zuffanti (al bajo y los efectos) y Stefano Agnini, uno de los teclistas de LA COSCIENZA DI ZENO. Creando una línea de trabajo que combina fluidamente el sinfonismo retro con expresiones modernas de la avanzada progresiva de las dos últimas décadas, la dupla de Zuffanti y Agnini se hace acompañar de una miríada de amigos/as y colegas del medio a la hora de concretar el repertorio de este disco homónimo publicado a mediados de octubre pasado. De hecho, la larga lista de figuras invitadas incluye al otro teclista, al bajista, al baterista y al violinista de LA COSCIENZA DI ZENO (Luca Scherani, Gabriele Guidi Colombi, Andrea Orlando y Domenico Ingenito, respectivamente), al bajista de IL TEMPIO DELLE CLESSIDRE que esta vez aporta intervenciones a la guitarra clásica, al inolvidable Boris Valle de FINISTERRE, al flautista de ERIS PULVIA Flavio Romano, a la bella Beatrice Antolini destacando su canto en la primera canción, y al maestro del canto experimental Claudio Milano que se luce como siempre en su peculiar visión artística donde música y teatro se convierten en “una sola cosa”. Agnini escogió el nombre de este proyecto a partir de la primera historieta creada por el maestro del cómic italiano Guido Crepax en torno al personaje de ciencia-ficción Valentina, allá por el año 1965: este personaje surgió inicialmente como prometida de Neutrón y pronto cobró protagonismo propio, asumiendo un rol muy proactivo además de una fuerte carga erótica en medio de un ambiente que oscila entre los futurista y lo surrealista. Nótese que el Sr. Crepax también fue el autor de la portada del primer disco del grupo GARYBALDI “Nuda”.


Bueno, vayamos ahora a los detalles del repertorio de “La Curva Di Lesmo”. A grandes rasgos, los dueños de este proyecto lo describen como una cruza entre la vieja tradición nacional de los 70’s (con especial énfasis en los legados de IL BALLETTO DI BRONZO, CERVELLO, OPUS AVANTRA y SEMIRAMIS), la línea de cantautor (FABRIZIO D’ANDRÉ) y la avanzada electrónica vintage (citando a bandas olvidadas como SIGNORI DELA GALLASSIA y AUTOMAT): definitivamente, ambos “directores de orquesta” dan rienda suelta a la línea de trabajo retro-progresiva que ya han desarrollado en sus propios grupos aparte. Durando poco menos de 8 ½ minutos, ‘La Posa Dei Morti’ pone en marcha las cosas ostentando inicialmente una languidez reflexiva convenientemente arropada bajo una fastuosidad lírica de la mano de las capas de teclado (mellotrón y órgano); el canto de Beatrice Antolini sirve para reforzar el aura reflexiva del momento. A poco de superada la barrera del segundo minuto y medio, el asunto vira hacia un filudo motif en 5/4 donde no solo sale a relucir una precisa polenta rockera sino también una cierta aureola amenazante. Este interludio no es muy extenso que digamos, pero al haber dejado una huella, el momentáneo regreso al pasaje inicial ya instala la expectativa ante variaciones ulteriores, y de hecho, la ilación de los dos siguientes motivos instrumentales desarrolla un perfil sinfónico ameno y agradable, un poco al modo de una cruza entre PREMIATA FORNERIA MARCONI y CAMEL pero con un talante moderno que ya conocemos en el paradigma de LA MASCHERA DI CERA y los primeros álbumes de FINISTERRE. La suave coda con tarareo y piano eléctrico abre la puerta al arribo de ‘L’Isola Delle Lacrime’, pieza que se extiende por un espacio de 17 ¼ minutos. Su espiritualidad general es ceremoniosa, apoyada en climas grisáceos cuyos recursos centrales están a cargo de los colchones de los sintetizadores y los sobriamente aguerridos riffs de guitarra: en los primeros minutos, se siente un aire de gracilidad electrónica al modo de un krautrock “contaminado” con estilizaciones propias del modelo sinfónico. Para cuando llegamos a la frontera del octavo minuto, nosotros ya hemos disfrutado de una sección marcada por un groove ameno y llamativo y otra signada por un romanticismo cálido, siempre contando con la teatralizada dupla vocal de Jenny Sorrenti y Max Manfredi, con aportes adicionales de Claudio Roncone. Las siguientes secciones de esta suite transitan desde el sinfonismo estandarizado hasta el folk-rock de raíces renacentistas (algo así como un paseo por aromas de la tradición progresiva mediterránea bajo la guía del paradigma Genesiano), aterrizando finalmente sobre un reprise del primer motivo que, al preservar la presencia de las flautas que asumieron un rol importante en la sección de cariz renacentista, resulta enriquecido.

En fin, ‘Ho Rischiato Di Vivere’ es la suite más larga del álbum: durando poco menos de 26 ½ minutos, cierra el disco con un esplendor fastuoso y ambicioso. Las cinco secciones de que consta esta suite se titulan ‘Ho Rischiato Di Vivere - Parte Prima’, ‘ Ritratto Di Donna In Nero’, ‘Memoriale’, ‘Gargoyle’ y ‘Ho Rischiato Di Vivere - Parte Seconda’. Para la ocasión, Claudio Milano (sí, el mismo de NICHELODEON y otros proyectos avant-progresivos radicales) se luce como invitado estrella al canto. Con un ritmo marcial de la batería empieza a instalarse el primer motivo, el mismo que guarda enormes aires de familia con precedentes propuestas de música progresiva de tendencia tenebrista (GOBLIN, MORTE MACABRE, DEVIL DOLL), además del proyecto L’OMBRA DELLA SERA (donde también estuvo involucrado Zuffanti, mira por dónde). El siguiente pasaje alterna momentos de ágil luminosidad con otros en los que se perpetúa el tenebrismo antes mencionado, lo cual repercute eficazmente en que se enfatice la teatralidad: una sonata sobriamente fúnebre de piano y unas flotantes capas de sintetizador acompañan a una recitación seguida de un canto sutilmente torturado. En una tercera instancia nos preparamos para recibir un despliegue de musicalidades aguerridas que se emparentan apropiadamente con los pasajes más robustos de la suite precedente. Los ornamentos provistos por los violines ayudan mucho a recordar el parentesco con el paradigma de los legendarios DEVIL DOLL, y lo mismo sucede con el pasaje inmediatamente posterior, el cual comienza con una base de guitarra acústica para luego ir ascendiendo en un crescendo rockero sumamente imponente en su crepuscular densidad emocional. Aquel ritmo marcial del inicio reaparece brevemente para inaugurar la pauta de los siguientes motivos, los cuales despliegan climas de juguetona neurosis sobre esquemas rítmicos viscerales que son manejados con típica exquisitez progresiva: esto nos recuerda una vez más al modelo de LA MASCHERA DI CERA, y cómo no, también a ciertas estrategias creativas que hemos hallado antes en discos de HÖSTSONATEN, LA COSCIENZA DI ZENO, LE PORTE NON APERTE y NOT A GOOD SIGN. Los últimos minutos de la suite se desarrollan sobre un compás lento que irradia una abrumadora nostalgia, no totalmente exenta de las vibraciones claroscuras y tenebristas que tuvieron un peso tan significativo en las primeras secciones: el llenado contundente de los teclados y el peso de las bases armónicas de la guitarra proporcionan un oportuno despliegue de majestuosa emotividad.


Nos ha gustado mucho lo producido por esta nueva iniciativa italiana: LA CURVA DI LESMO y “la Curva Di Lesmo” son nombres a tener muy en cuenta en el catálogo de una buena fonoteca progresiva actualizada pues su propuesta es manifestación de una curva de sabiduría musical.


Muestra de “La Curva Di Lesmo”.-

Thursday, January 07, 2016

SONAR nos brindan su música progresiva de luces y sombras


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos topamos con el cuarteto instrumental suizo SONAR, el cual publicó un muy potente disco de música progresiva de escuela Crimsoniana el año pasado a través de Cuneiform Records: el título del disco en cuestión es “Black Light”. Se trata de la tercera oferta de este grupo formado en Zürich a fines del año 2010, siendo los dos anteriores “A Flaw Of Nature” (2012) y “Static Motion” (2014; el primero en ser publicado por Cuneiform). Los integrantes de SONAR son los guitarristas Stephan Thelen y Bernhard Wagner, el bajista Christian Kuntner y el baterista Manuel Pasquinelli. Decimos que el estilo de la banda es primordialmente Crimsoniano, y con ello nos referimos a su fase 80era, pero también notamos la absorción de influencias de los estándares del math-rock y de la tradición psicodélica con resabios space-rockeros, y tal vez algún que otro coqueteo sutil con el rock-in-opposition aguerrido al estilo de PRESENT. Aires de familia con los franceses de YANG  y los españoles de DIFÍCIL EQUILIBRIO son fáciles de notar, sin duda, pero el caso de SONAR es uno de apuesta total por la sutileza y el empleo de espacios vacíos con una relevancia tan crucial como la de los espacios sonoros. Posiblemente sea que este modus operandi del grupo sea el de hacer de cada golpe de ruido un indicio de sombra mientras que deja instantes vacíos abiertos para que se muestre una luz tan intermitente como consistente: confirmaremos esta conjetura en el posterior análisis del repertorio de “Black Light”. Un dato curioso es que el productor de este disco es David Bottrill, el reputado canadiense que cuenta con un amplio e impresionante CV donde se incluye los nombres de TOOL, KING CRIMSON, PETER GABRIEL, DREAM THEATER, DAVID SYLVIAN & ROBERT FRIPP, SMASHING PUMPKINS, RUSH, y un largo etcétera. Bueno, vamos al disco mismo de una vez…


Durando 9 ¼ minutos, ‘Enneagram’ abre el disco con una actitud decidida respecto a la intención de anunciar claramente al oyente el tipo de arquitectura musical que el grupo sostiene como leitmotiv. Tras un pasaje inicial minimalista y sigiloso, las armonías polícromas de las dos guitarras van dibujando el paisaje cubista sobre el que se siembra el motif central mientras la dupla rítmica construye y reconstruye unas síncopas tan sobrias como efectivas. Podemos muy bien describir a esta pieza como una mezcla de grave serenidad y tensión contenida, siendo así que la sensación permanente en la mente del oyente es que se está elaborando lo que parece ser un crescendo pero, en realidad, es una elaboración sonora de un paisaje abstracto. La segunda pieza del disco es la que justamente le da título: ‘Black Light’ despliega unos juegos de síncopas tan precisos y preciosistas como en la pieza de entrada, pero esta vez el nivel de musculatura es mayor, lo cual hace que la tensión sónica se haga más patente. Incluso se puede decir que la batería se erige como instrumento líder dentro del ensamble global. Con ‘Orbit 5.7’, el cuarteto decide retrotraerse al terreno de ‘Enneagram’ pero esta vez con un carácter más majestuoso y con una sobriedad notoriamente incrementada, ello merced al aura mágica que proporciona el empleo de ciertos ornamentos cósmicos en torno al dueto de las guitarras. Todo el vigor que se muestra en esta pieza está diseñado para que el bloque instrumental integral despliegue un señorío flotante. ‘Angular Momentum’ se sitúa más bien en una zona intermedia entre ‘Enneagram’ y ‘Black Light’, y en ciertos momentos llega a igualar el ambiente sutilmente amenazador de este último.

La penúltima pieza del repertorio se titula ‘String Geometry’ y su función básica consiste en seguir potencializando el modus operandi del disco aunque con un acento jazz-rockero particularmente pronunciado. La alevosa monotonía que sustenta la estrategia musical en curso apunta a gestar una tensión serena que ya hemos apreciado en temas precedentes. ‘Critical Mass’, con sus poco más de 10 ½ minutos de duración, es el tema más extenso del álbum y también el que le da cierre. También se trata del más fastuoso en base al empleo ocasional de algunos riffs llamativos en ciertos lugares estratégicos, y sin duda, también se debe a la vitalidad renovada que emplea la dupla rítmica: esta vez no solo la batería sino también el bajo sale al frente en medio de la amalgama integral del cuarteto, siendo así que la banda saca de sí una espiritualidad densa que era poco de sospechar en la secuencia de las cinco piezas previas. Con este intenso broche de oro culmina el repertorio de estudio, mas todavía quedan 3 piezas como bonus tracks, 2 en vivo y una mezcla diferente de ‘Orbit 5.7’. Los dos temas en vivo son ‘Tromsø’ y ‘Twofold Covering’, procedentes de sus trabajos de estudio precedentes. La ingeniería de matices persistentes del primero y la armazón de densidades diversificadas del segundo completan muy bien el retrato de SONAR ante los ojos y oídos del recién iniciado. En cuanto a la mezcla de ‘Orbit 5.7’, ésta muestra una afinidad moderada con los recursos electrónicos, lo cual refuerza más – si cabe – el patronazgo intelectual del KING CRIMSON 81-84 sobre el ideario estético de este cuarteto.


Pues bueno, es hora de hacer un balance final y éste debe señalar una evaluación muy positiva para con SONAR, grupo que recién conocemos pero que nos ha fascinado sin atenuantes. “Black Light” es un trabajo cabalmente inspirado dentro de la vanguardia progresiva del momento. Vale la pena seguirle la pista así como investigar en sus discos anteriores, claro que sí.


Muestras de “Black Light”.-


Monday, January 04, 2016

JETHRO TULL y el rock'n'roll como ensueño de la eterna juventud


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El legado de JETHRO TULL vuelve a pasar por un hermoso proceso de reactualización con la reedición especial de “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!”, disco originalmente publicado en el 23 de abril de 1976 en los mercados británico y europeo, siendo difundido en el mercado norteamericano y del resto del mundo el 17 de mayo siguiente. Steven Wilson se ha vuelto a hacer cargo de la logística ingenieril del asunto desde antes del 40mo aniversario de este ítem; de hecho, salió al mercado a fines de noviembre pasado. Este disco es muy especial y controvertido dentro y fuera del círculo de fans del grupo, siendo usualmente considerado como una obra menor dentro de su catálogo histórico. De hecho, es fácil de notar que el JETHRO TULL que concibió y grabó este álbum no está en la misma frecuencia que aquél que gestó dos obras tan fastuosas como “Thick As A Brick” y “A Passion Play”, ni tampoco en la de aquél que realizó ese prodigio de exuberancia multicolor que es “WarChild” o esa maravilla de sonoridades contrastadas de “Minstrel In The Gallery”. La recepción comercial del disco fue en su momento un tanto mediocre, siendo así que en las listas de ventas británicas ni siquiera ingresó al Top 20. Y sin embargo, la canción homónima que fungió de sencillo promocional es todo un hito inmortal del grupo, y más aún, el título de la canción es una muletilla relativamente recurrente en la prensa musical cada vez que se habla sobre o se entrevista a un rock star que llega a la cuarentena. Este disco encarna el debut de John Glascock como integrante del universo Tulliano desde su rol de bajista y corista. Procedente de una buena experiencia en la escena del art-rock británico como parte del quinteto CARMEN, reemplazó al emblemático Jeffrey Hammond-Hammond en el ensamble completado por el frontman Ian Anderson [voz principal, flauta, guitarra acústica, armónica, guitarra eléctrica adicional y percusión ocasional], Martin Barre [guitarra eléctrica], John Evan [pianos] y Barriemore Barlow [batería y casi toda la percusión]. El gran implemento que aporta Glascock desde esta primera instancia es hacer del bajo un ítem tan potente como melódico dentro de la dupla rítmica, algo siempre exigido dentro del florido mundo musical de Anderson & co., tan compenetrado en explotar continuamente el eclecticismo grácil e inquieto que late dentro de sí. En este caso, tenemos a unos JETHRO TULL más concentrados en ciertos momentos en esquemas de rock melódico y blues-rock, pero sin dejar de lado el aspecto folk-rock, el intimismo propio del modelo de cantautor, y alguna que otra floritura sinfónica que permite al grupo mantenerse aún ligado a la estilización sistemática que es tan propia del género progresivo.


Desde antes de que terminara el año 1975, y ya finiquitada la gira del “Minstrel In The Gallery”, Glascock era integrante oficial del hasta entonces quinteto. Otro gran acontecimiento en la logística instrumental de JETHRO TULL tiene que ver más bien con la gira de promoción para el disco: David Palmer (actualmente Dee Palmer) ingresa al grupo para “casi convertirlo en sexteto permanente” al instalarse como músico invitado para algunas canciones tocadas en la gira, cumpliendo con el rol de segundo teclista – principalmente, sintetizadores de apoyo – y saxofonista, además de aportar algo de su propio carisma extrovertidamente farsesco. Algo así siempre es estimulado en el modus operandi de JETHRO TULL, lo sabemos muy bien. David Palmer era una persona cada vez más cercana a Ian Anderson, y posiblemente es justo señalar que la instauración de este formato de sexteto era un fruto que ya se caía de maduro: su rol tan activo en las labores orquestales diseñadas para los dos discos precedentes hacían de Palmer casi un miembro de facto, cosa que se confirmará en los tres siguientes discos con sus correspondientes giras. En cuanto a este álbum de 1976, Evan ve reducido su arsenal de teclados al piano de cola Steinway y los pianos eléctricos Wurlitzer y Sound City, dejando así de lado al órgano Hammond y a los sintetizadores que venía utilizando desde 1973. Cualquier capa y textura que sustente y desarrolle el esquema armónico de las canciones procede de los arreglos de cuerdas, maderas y bronces delineados por Palmer, quien también se encarga de dirigir a la orquesta, además de tocar un conmovedor solo de saxofón alto para la balada ‘From A Dead Beat To An Old Greaser’.



El asunto con “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!”, ante todo, es que se trata de un álbum conceptual cuya inspiración en la mente de Ian Anderson venía motivada con un musical rock en mente, un proyecto donde se combinaran rock, drama y comedia al modo de lo que hacían THE KINKS con su concepto dual de “Preservation Act” (además de “Soap Opera” y “Schoolboys In Disgrace”). Resultaba evidente el interés de Ian Anderson por proyectarse nuevos horizontes creativos para su visión musical – no olvidemos que el disco “WarChild” fue concebido inicialmente con una película en mente –, y esta idea tan ambiciosa se sentía como un pretexto perfecto para llevar a JETHRO TULL a una aventura renovadora para su carrera. También era verdad que Anderson estaba preocupado intelectualmente por entender el significado de la música rock como un modo de vida y como expresión artística dentro de un negocio que crea, motiva y destruye modas y tendencias para el público consumidor. En todo caso, la frase que da título al disco provino de su propia reacción preocupada cuando un vuelo nacional en los EE.UU. como parte de la gira del “Minstrel In The Gallery”, le hizo pensar que él estaba demasiado viejo para estas cosas… y en un momento en que el avión recibía una fuerte sacudida por el temporal exterior, el buen Ian exclamó dentro de sí: “¡Pero soy demasiado joven para morir!” Una vez terminada la gira en cuestión y con la alineación renovada al ingresar Glascock, Anderson y Palmer se pusieron a trabajar en la trama del musical mientras que el quinteto de Anderson, Barlow, Barre, Evan y Glascock se ponía a trabajar en algunas composiciones proyectadas para el siguiente álbum de la banda. Tal como señala el propio Anderson, las pocas canciones iniciales para el grupo tenían un aire un poco denso, casi siguiendo el molde de “Minstrel In The Gallery”, mientras que las canciones que se iban escribiendo y arreglando para el musical tenían un aire más ligero en comparación. Bueno, la idea del musical rock quedó abortada debido a la propia carga extra que implicaba para el ímpetu creativo de Anderson, pero su ilación temática sirvió para organizar el material compuesto para el musical dentro del repertorio de un nuevo disco grupal y dejar el proyecto del musical para después… o sea, nunca. Una primera traba para la compleción de ese plan inicial estaba en la indisposición del cantante y actor de Adam Faith, en quien pensaba Ian como el protagonista ideal. Pero más allá de eso, crear un musical implicaba algo más que ser un prolífico escritor de canciones rockeras y la tarea a enfrentar resultaba abrumadora para Ian con tan solo pensar en ella. Adiós musical… ¡a terminar el nuevo disco cuanto antes! Lo que se ganó fue, en todo caso, un decisivo énfasis del rol de Palmer como co-organizador de las ideas que se cocinaban dentro del grupo, y tal como sabemos, era el preludio a la inevitable integración oficial de Palmer dentro del universo Tulliano. Aunque casi todas las canciones del “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!” obedecían a inspiraciones particulares, su secuencia se ajustó para formar una narración conceptual, mal que bien. Con este giro de las cosas, el proceso de grabación de esta novena placa de estudio de JETHRO TULL queda registrado oficialmente entre noviembre de 1975 (apenas ingresado Glascock) y enero de 1976, utilizando el Maison Rouge Mobile Studio, inicialmente en la capital belga de Bruselas (en conexión con Morgan Studios), para luego volver a Montecarlo para realizar la mayor parte de la tarea (en conexión con Monte Carlo Radio, al igual que pasó con “Minstrel In The Gallery”).
  

Veamos ahora el concepto dramático mismo. El protagonista de la narración es un rocker ya algo entrado en años llamado Ray Lomas, quien gusta de ostentar sus jeans, sus chaquetas de cuero negro, melena, barba y sus motocicletas: un “anacronismo andante”, como Ian Anderson describía en los conciertos de la gira de 1976.* A punta de cultura general y experiencia de vida, él logra el primer premio en un concurso televisivo de preguntas-y-respuestas, lo cual le permite ganar una generosa cantidad de dinero y disfrutar de algunos lujos que, más allá del impacto inicial de complacencia, le aburren muy pronto, llegando hasta el punto de darle asco toda la parafernalia que se le vino encima al convertirse en una celebridad efímera… una de tantas. En medio de todo este tedioso barullo conoce a una mujer sexy y glamorosa llamada Salamander, quien se siente inicialmente interesada en este “bicho raro” y parece ver en él un ligue potencial; haciendo una travesura propia del rocker rebelde y desfachatado, Ray se lleva de paseo a Salamander conduciendo un taxi que toma “sin permiso”. Salamander se lo piensa dos veces y decide distanciarse de Ray, aunque no se lo comunica abiertamente: de hecho, queda en citarse con él para unas horas más tarde. Ray decide pasar el tiempo en un bar y allí se topa con un contertuliano inesperado: un cincuentón que se enorgullece de haber pertenecido a la generación beat. La conversación que transcurre entre los dos pierde al poco rato su encanto cuando Ray – ajeno a la rebeldía intelectual y poética propia de los viajeros de la generación beat, y más afín a la rebeldía visceral y ostentosa del rocker, la cual quiere gozar de un lugar bien instalado en el mundo para, desde allí, desatender los estándares de la moral burguesa – ve en su contertuliano a un espíritu avejentado. Ray quiere vivir el sueño del joven eterno en un presente que nunca se hunda en el océano de mundos pretéritos y fútiles nostalgias.


De todas maneras, el presente de Ray no se ve muy dichoso cuando se da cuenta del plantón que le hizo Salamander. ¿Cómo es posible que le planten? En su veintena él era un seductor irresistible e impecable: incluso ostentaba el apodo de “Big Dipper”, un término con inocultadas connotaciones de “macho mujeriego”. En medio de este duro golpe al ego y reflexionando sobre sus propias añoranzas de los “buenos viejos tiempos”, Ray se da cuenta de una terrible realidad: él es un espíritu avejentado… ¡al igual que el beat que antes le había aburrido con su cháchara sobre Jack Kerouac, René Magritte y Charlie Parker! En un acto motivado, ya sea por un arrebato de exaltación autoafirmativa, ya por una grandilocuente conmoción suicida (lo más probable es que se trate de lo segundo), Ray decide dar una vuelta con su moto favorita como lo hacía en las carreras de motocicletas en la autopista A-1: Doris es el nombre de la moto. Nuestro (anti-)héroe va a toda pasta, a todo dar, ascendiendo la velocidad de la máquina a 120 millas por hora sin ninguna intención de apretar los frenos de su moto… y se estrella casi mortalmente, quedando hospitalizado en coma durante bastantes años. Menos mal que no murió, y además, no solo sobrevivió a lo que amenazaba ser un trágico final sin pena ni gloria, sino que en el hospital le sometieron a una eficaz cirugía estética que le hacía parecer más joven. Para colmo de bendiciones, ahora resulta que en los nuevos tiempos ha vuelto a ponerse de moda la onda rocker, con lo cual Ray tiene todo a su favor para convertirse en el héroe de vecindario que había sido durante su veintena, el figura greaser que nunca quiso dejar de ser. El carácter cíclico de las modas permite a lo viejo no estar necesariamente condenado a la fatalidad del museo. Y cómo no, un rocker es un ganador, un hombre al que nunca le fallan los ligues, especialmente las adolescentes que están en el último año de colegio o recién salidas de allí y que quieren presumir de tener un novio “trendy”. Una reflexión final hace a Ray entender que uno debe morir a su hora con estricto estoicismo, y más bien, el sentido de la vida consiste en disfrutar de cada día, ya sea el último o uno más dentro de su agenda existencial. Aunque la historia del cómic anuncia una próxima continuación de la narración, el final feliz se redondea a lo grande con una oferta para grabar un disco de rock’n’roll de parte del sello SBC.


Al hacerse cargo de la logística de esta reedición, Steven Wilson volvió a repartir su labor en una nueva mezcla del álbum en 2 CD  y 2 DVD… aunque, en realidad, esto que acabamos de decir no es tan exacto. Esta edición especial titulada “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die! – The TV Special Edition” pone énfasis no tanto en el disco mismo sino en la versión regrabada que se utilizó para un show promocional televisivo en playback para el canal ITV, como parte de la serie London TV Weekend, diseñada para promover a figuras de música popular del momento. La pista de playback que utilizaron los JETHRO TULL no fue la misma que la del LP: el grupo y sus managers no querían pasar por un oneroso pago para el Sindicato de Músicos a la hora de difundir por la vía televisiva la música grabada por los integrantes de la orquesta que se utilizó. Así las cosas, a fines del mes del mes de marzo anterior, el grupo grabó todo el disco en una nueva versión así como con un ensamble orquestal que constaba de otros músicos, en los Morgan Studios. De hecho, algunos arreglos orquestales utilizados en esta nueva grabación se sienten un poco menos nutridos, llegando hasta el punto de que el sintetizador Elka String de Palmer se hace notar bien en la última canción (‘The Chequered Flag’, claro está) en medio de los arreglos de cuerdas de turno. La emisión de este show tuvo lugar el 16 de julio de aquel año 1976, habiendo sido filmado el 7 de abril anterior: se puede disfrutar tanto en el CD1 como en el DVD1, y como debe ser, la renovada calidad de audio y la imagen mejorada lo convierten en un deleite único. Los JETHRO TULL dan rienda suelta a su humor tipo Monty Python dentro de un contexto que, más allá de la artificialidad de la mímica, les brinda un espacio cómodo para sus empeñosamente lúdicas teatralizaciones. Es emocionante sin paliativos ver a Ian Anderson concentrado en el prólogo del álbum, sentado frente a un coche de bebés mientras rasguea su guitarra acústica. Con el arribo de ‘Quizz Kid’, el quinteto entero entra en acción con una graciosa parafernalia que incluye al buen Ian ostentando una guisa enternada y unos electrodomésticos que encarnan el ambiente incesantemente alocado de la sociedad de consumo. ¿Qué mejor canción que ‘Quizz Kid’ para ostentar ante el público el fabuloso dinamismo concretado por la remodelada dupla rítmica de Barlow y Glascock? Y eso sin mencionar la inclusión de dos espejos retorvisores de motocicleta en la batería de Barlow. Tampoco vale perderse el momento en que Anderson magrea un poco a su colega Barre mientras canta “They’ll wine you, dine you, undermine you… Better not bring the wife”: ¡Ja, ja, ja! Verle destrozando una lavadora y un aparato de televisión es entrañable en su simple jocosidad crítica frente a la sociedad de consumo, una noción a ser continuada en la segunda canción ‘Crazed Institution’. Ésta se centra en parodiar el culto a la imagen glam del héroe del rock: ver a Ian y Barriemore intercambiar implementos de maquillaje es fabuloso y a John Evan presumir de un look rococó (imperdible ostentando su terno azul decó y un lunar en su barbilla) es simplemente fabuloso. El momento de ‘Salamander’ es mágico y sensual, como manda la canción: ese a danza primaveral donde se conjugan lo céltico y lo arábigo refleja muy bien su vitalidad en el baile de la bella Cherry Gillespie (entonces, parte de la troupe coreográfica de Top Of The Pops).



Con una aureola de amena frivolidad se elabora la ambientación visual para ‘Taxi Grab’, canción que nos muestra a un Anderson tomar a la armónica por los cuernos y al grupo jugar con un groove blues-rockero que nos recuerda ampliamente a los tiempos del periodo 69-71. En contraste con la pieza precedente, el aura crepuscular de ‘From A Dead Beat To An Old Greaser’ se refleja idóneamente en el escenario del bar, con un Ian duplicado a través de ambos lados de la mesa central para encarnar a cada uno de los dos interlocutores: el beat y el rocker, frente a frente, aprendiendo a reconocerse mutuamente aunque finalmente todo se traduce en un desencuentro debido a que Ray aún no logra admitir el peso de la decadencia personal que late en su interior. Su aire de insolente autosuficiencia cuando interpela a su compañero de mesa “I didn’t care, friend / I wasn’t there, friend” simboliza el último gesto de soberbia antes de la caída. El momento más especial se da con las aproximaciones de Palmer y Barre a los contertulianos; el bello solo de saxo a cargo de aquél (o aquella) establece el nexo entre la resonancia de la desubicada y decadente nostalgia del beat y la relajada autosuficiencia del rocker. La imagen final de Ray que se va caminando con erguida vanidad mientras el beat recoge la moneda que aquél le arrojó merece también una mención especial por mostrar la mezcla perfecta de lo entrañable y lo patético. En el momento de ‘Salamander’ vemos a un Ian Anderson bajando ceremoniosamente por una escalinata: no tiene a la mano la guitarra acústica con la que supuestamente debería estar haciendo la mímica, lo cual, añadido al hecho de que está descendiendo por la escalinata, refleja a cabalidad la perpleja toma de conciencia sobre la propia decadencia personal que empieza a adoptar el protagonista. Antes de sucumbir a cualquier tentación de emociones autodestructivas siempre viene bien complacerse en las alegres rememoraciones de los buenos viejos tiempos, los tiempos de Ray Lomas como galán indiscutible del barrio: con alusiones a Blackpool y un aura rockera relativamente emparentada con THE ROLLING STONES y THE KINKS (y tal vez algún nexo con ese clásico del primer JETHRO TULL ‘A Song For Jeffrey’), ‘Big Dipper’ se complace en jugar con una picaresca amable y grácil. Las armonizaciones duales de flauta y piano eléctrico sostienen el motif central del desarrollo temático. La canción homónima conforma un momentum dentro del show con esa iluminación azulada oscura que contrasta abiertamente con la luminosidad juguetona que se imponía sobre el escenario para la canción precedente: en efecto, la realidad vacua e insustancial del presente ahoga cualquier luz de falso optimismo motivado por los idealizados recuerdos de una juventud que posiblemente no fue tan heroica como se pretende. Este cántico a la redención por vía del suicidio ritualístico halla una lúdica extensión en el disfraz de rocker glam de Evan, quien se complace en gesticular cual payaso triste en algunas tomas; también resulta muy simpático verle emular el famoso foot-playing de Jerry Lee Lewis, el héroe de ‘Wild One’ y ‘Great Balls Of Fire’, durante el interludio veloz que antecede a la dramática coda. La recuperación y nuevo ascenso de Ray Lomas quedan bien reflejadas en ‘Pied Piper’, canción bellamente juguetona en las que el grupo explora su dimensión folk con el empleo de un desarrollo melódico innegablemente picaresco: Ian da vueltas a lo largo del set con su típica mirada morbosa y no menos típica sonrisa sarcástica, mientras Barlow hace gala de unas baquetas gigantes y Evan hace lo propio con su puro y sus muecas varias.
 

  

El show concluye con ‘The Chequered Flag (Dead Or Alive)’, una canción inocultablemente emotiva, pero claro está, en manos de los JETHRO TULL, adquiere una ambientación humorística en el momento de tornarse al formato audiovisual. La idea dual del heroísmo de los vivos y la dignidad de los moribundos halla un peculiar correlato visual en los hábitos de piyamas y elegantes batas de dormir que ostentan los músicos del quinteto: esa alusión al sueño eterno, siempre inminente e inesperado, simplemente nos “come el coco”. Evan, además de una bata de fino satén negro-vino, fuma un cigarro con boquilla y nos regala nuevas muecas para la historia del humor Tulliano. The deaf composer completes his final score, he'll never hear the sweet encore. / The chequered flag, the bull's red rag, the lemming-hearted hordes running ever faster to the shore singing: «Isn't it grand to be playing to the stand, dead or alive?» – con qué fabuloso genio creativo borra Anderson el límite entre el cantautor y el poeta. Teniendo en cuenta la temprana muerte que tuvo John Glascock, verle echarse a dormir durante las últimas escenas del especial de TV resulta particularmente conmovedor. De hecho, a la memoria de Glascock se le da un generoso espacio especial: además de los testimonios de Anderson y Barlow sobre cuán gentil y amistoso era (“I miss him”, qué forma tan lacónica y tan emotiva a la vez que tiene Barrie de sintetizar sus añoranzas infinitas por el amigo ido hace más de 36 años), también hay un rubro de 7 páginas en las que los hermanos David y Angela Allen, los fundadores del grupo anglo-nortamericano CARMEN, exponen sus memorias sobre cómo le conocieron, cómo ella formó una relación sentimental con John por algunos años, cómo el grupo luchó por mantenerse a flote durante el periodo de grabación del tercer álbum, y al disolverse de inmediato, cómo David animó a John a aceptar la segunda oferta que recibió de parte de la gente de JETHRO TULL para reemplazar a Jeffrey Hammond-Hammond. De hecho, los integrantes de ambos grupos hicieron muy buenas migas cuando CARMEN fungía de banda telonera para Anderson & co. durante 13 semanas en la primera gira del año 1975. CARMEN empezaba a hacerse conocida como una novedosa banda de flamenco-rock-fusión y parecía tener un provenir brillante en el horizonte cercano. Glascock ya contaba desde antes de la formación de CARMEN con una considerable experiencia en bandas como TOE FAT, THE GODS y HEAD MACHINE, lo cual significó hacerse amigo de músicos que luego lograrían el estrellato rockero en las filas de URIAH HEEP.


¿Y cómo suena esta nueva mezcla a cargo de Steven Wilson? Pues muy reveladora, cómo negarlo. Aquellos pasajes donde se hermanan rasgueos de la guitarra eléctrica y la acústica revelan más nítidamente sus matices, mientras que en el caso de ‘Salamander’ redescubrimos la multitud de pistas de guitarras acústicas empleadas para la ocasión, además de algunas líneas de flauta semi-camufladas bajo la voz de Ian mientras canta su pequeña estrofa de turno. También se siente con mayor claridad las atmósferas sutiles que abrigan a los desarrollos temáticos de las baladas que cierran cada lado del vinilo original, ‘From A Dead Beat To An Old Greaser’ y ‘The Chequered Flag (Dead Or Alive)’. También hay partes de los pianos eléctricos que se hacen notar más firmemente en medio de los roles dominantes de la flauta y/o la guitarra eléctrica (como en ‘Crazed Institution’ y en ‘Big Dipper’). Cómo no, tenemos aquí dos bonus tracks infaltables – porque ya aparecieron en una reedición digital anterior – como son ‘A Small Cigar’ y ‘Strip Cartoon’. La primera de estas canciones es una balada de estilo Broadway que fue compuesta obviamente para el musical, y se nota ostensiblemente por el tipo tan peculiar de colorido musical que emana de los efluvios del piano de cola (a cargo de Palmer, dicho sea de paso). La conmovedora letra da cuenta de la inconsciente decadencia y el no menos inconsciente pesimismo que late en el alma de Ray Lomas, y se sitúa narrativamente en medio de la exultante vitalidad de ‘Taxi Grab’ y la nostalgia inane de ‘Big Dipper’. Una bella canción, sin duda, la misma que aparece por partida doble al incluirse una segunda versión con suaves arreglos orquestales y adiciones performativas por parte del resto de JETHRO TULL: en esta segunda versión se preserva el aire de musical mientras se añade un aire jazzero tremendamente exquisito. En cuanto a ‘Strip Cartoon’, este relato de la perversión sexual de un político de alto rango con bellas púberes se ubica cómodamente dentro del estándar folk-rockero del grupo: su gentil vitalidad establece parentescos estilísticos con el material extra que se grabó durante el periodo del “WarChild”, y no es muy de extrañar que pudiese encontrar su lugar como lado B del single ‘The Whistler’, un año después. Yendo a los otros bonus desconocidos hasta la fecha, ‘Commercial Traveller’ es una canción extrovertida que nos retrotrae a aquella productiva época de 1974 al igual que ‘Strip Cartoon’. ‘Salamander’s Rag Time’ combina el folk y el jazz dentro de una esquema sonoro que podemos reconocer dentro de la esencia histórica de la banda: aunque no se trata tampoco de una joya alucinante sino de un entretenimiento trivial, las vibraciones lúdicas de su desarrollo temático y la traviesa letra sobre una mujer cuyo periodo menstrual hace poco posible el disfrute de una sesión amatoria elegante llaman nuestra atención. Una novedad peculiar es la primera maqueta de ‘One Brown Mouse’, canción que habría de formar parte de un álbum de dos años después (“Heavy Horses”, obviamente) con un arreglo distinto en su sección intermedia. Otra novedad es la primera maqueta de ‘Quizz Kid’, cuyas secciones instrumentales son un poco más extensas: se agradece que la versión definitiva puliera esto, pero también agradecemos que este bonus nos muestre algo más de la maestría de los músicos involucrados… especialmente la dupla rítmica de Barlow y Glascock, gestora y administradora de un nuevo nervio para el sonido grupal. A propósito, Ian Anderson decidió renombrar a esta canción con una sola zeta, que es la palabra normal: el título original respondía al simple hecho de que la doble zeta causaba una impresión más fuerte al leerla.


Una de las curiosidades inevitable que tenían que aparecer en este paquete es una entrevista al ilustrador de comics Steve Gibbons, quien se hizo cargo de casi toda la historieta del arte gráfica del álbum, a pesar de que su nombre aparece en los créditos en segundo lugar tras el de Michael Farrell. Resulta que el Sr. Farrell hizo la imagen de la portada y la primera imagen de la caricatura, pero se sentía bloqueado y ansioso por no saber cómo ir más allá: mientras se acercaba el plazo asignado para la compleción de la narración de caricaturas, el trabajo fue delegado a Gibbons – según parece, sin informar debidamente al sello Chrysalis –, quien puso manos a la obra y realizó esta obra que ahora todos conocemos. Es reveladora la anécdota de la visita que Gibbons recibió en casa de sus padres de parte de un preocupado Terry Ellis (el manager) y un enfadado aunque silente Ian Anderson, quienes instantáneamente quedaron muy complacidos con la muy avanzada labor en curso, habida cuenta de que faltaban pocos días para el plazo de impresión de las portadas abiertas. En todos los lugares del mundo se cuecen habas en lo que respecta a la falta de profesionalismo y su contraparte, las oportunidades inesperadas para los jóvenes talentos del futuro. También hay información sobre Tullavision, el proyecto de expansión visual por vía de proyectores para los públicos que asistían a lugares de grandes proporciones. A despecho de los recelos que siempre tuvo Ian Anderson respecto al prospecto de tocar en grandes locaciones como estadios, cuando él se siente más cómodo en teatros, el management de Chrysalis organizó un ambicioso cronograma de 29 conciertos en estadios y coliseos estadounidenses y canadienses entre los meses de julio y agosto de aquel año 1976. La colocación de pantallas gigantes se convirtió en una necesidad para que el grupo pudiera conectarse con el público situado en los lugares más alejados del escenario. También podemos disfrutar en el libro de un revelador reportaje sobre el amor que Ian Anderson (y su familia) siente por las motocicleta, aunque específicamente él nunca fue dueño de ninguna Harley Davidson ni de una Triumph Bonneville. También resulta reveladora la imagen de la portada censurada por el mercado musical español, aún muy mojigato a pocos meses de la muerte del dictador militar Francisco Franco: ¡ahora resulta que este desbarajuste es pieza de colección! 


Y bueno, ¿es o no es una obra menor dentro del catálogo de JETHRO TULL “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!”? Pues no nos parece que lo sea en el sentido más estricto de la expresión, aunque puede aparecer opacada ante la cascada de obras maestras y valientes que el grupo gestó entre 1969 y 1975, y además, luego siguió la trilogía de 1977-9 junto con el tremendo doble en vivo “Bursting Out”. Sí, quedó opacada esta obra, sin duda, pero si este disco tan cañero y multicolor es el menos impresionante de la obra publicada por Ian, Martin y sus diversos compañeros de viaje entre 1969 y 1979, pues el renombre del grupo no puede quedar menos justificado. En palabras de Barlow, “si «Stand Up» merece un puntaje de 10 sobre 10, entonces «Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!» podría merecer un 6. ¡Si se omite la canción homónima, le ponemos un 7!”. Es que el buen Barrie se siente muy disgustado con el solo de saxofón en el interludio alegre de ese himno Tulliano, aunque nos parece que se refiere a la versión en vivo que se arregló para la gira de 1976 y las siguientes.** Por su parte, Anderson dice que el valor musical del álbum le amerita una posición en el lugar medio del catálogo histórico de la banda, “o justo por debajo del medio, principalmente porque se trata de un disco estrafalario, hecho de una forma estrafalaria, con una carga teatral bastante fuerte en lo concerniente al contenido de sus letras, los personajes y los pensamientos y nociones. Ciertamente, algunas canciones me suenan un poco demasiado teatralizadas, afectadas y artificiosas.” Eso sí, Ian reconoce la evidencia de que la canción homónima es todo un himno, tal como señalamos antes, añadiendo que “en términos de estilo, tal vez el disco se acercaba demasiado al pop-rock, sin mucha de esa base bluesera en la cual se enraizaba buena parte del catálogo de TULL. Pero no éramos demasiado viejos para tocarlo.” Esta última cita resuena mucho en el balance final que planteamos para nuestra reseña: “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!” es el manifiesto de la búsqueda de la aeterna juventus desde el rock, con el rock y a través del rock.


Muestras de “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!”
From A Dead Beat To An Old Greaser: https://www.youtube.com/watch?v=s5LpjootD7I
Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die! / Pied Piper [show televisivo]: https://www.youtube.com/watch?v=ymmvGuFlI4s
The Chequered Flag (Dead Or Alive) [show televisivo]: https://www.youtube.com/watch?v=w-Z0Wir3Mlk


* El nombre pertenece a una persona real a quien conocía David Palmer, siendo así que el sonido del nombre le gustó a Ian Anderson; por su parte, al Sr. Lomas le encantó que se utilizara su nombre para este disco.

** Otro motivo de escepticismo estético de parte de este genial baterista está en el uso del sintetizador Elka String en los conciertos como reemplazo del cuarteto de cuerdas que se empleó en las dos giras precedentes: “me sonaba bastante horrible, tanto así que pedí que anularan su sonido de mis monitores audífonos”.

Saturday, January 02, 2016

QUERCUNIAN CAMERATA: en busca de una nueva mitología para el rock sinfónico español


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Desde Sevilla viene emergiendo este proyecto de música progresiva para los tiempos contemporáneos que se llama QUERCUNIAN CAMERATA, cuyo primer trabajo ha sido publicado en su propio blog de Bandcamp en el 1 de enero de 2015 bajo el título de “Prometeia” [enlace: https://prometeia.bandcamp.com/album/prometeia]. El ensamble español está compuesto por Juan Sulis (guitarras eléctrica y acústica), Alejandro Suárez (canto y vibráfono), Rafo (teclados), Ana Fernández (bajo), Cristian Suárez (batería) y Kiaran Gutiérrez (flautas). Con las colaboraciones adicionales de Pablo Esteban López a la guitarra, Mónica Pajares Holguín a las narraciones y Héctor Arroyo Solís al apoyo electrónico, los QUERCUNIAN CAMERATA cuentan con todas las piezas de este ajedrez progresivo conceptual, inspirado en el mito de Prometeo pero con añadidas alusiones al relato del Génesis, la alquimia y el desarrollo de la ciencia. El modus operandi del grupo es netamente retro-progresivo, reactivando la nostalgia por las tradiciones del rock sinfónico y del folk-rock de los 70’s, además de incorporar algunas influencias ocasionales de GENTLE GIANT: nótese colateralmente el aire de familia con la línea de trabajo de AMAROK, y por qué no, también las confluencias estilísticas con los WHITE WILLOW de los primero discos.


El disco se abre con ‘Praeludium’, un cálido prólogo de corte pastoral que nos remite al estándar de meticulosa estilización académica propia de un ANTHONY PHILLIPS, y con él se abre el camino para la instauración de ‘Seasons Change’, una hermosa pieza de moderadamente ambiciosa expansión – dura 7 ½ minutos – en la que el grupo empieza a mostrar buena parte de los ases progresivos bajo su manga. Enlazando el paradigma del primer GENESIS (70-71) y el del JETHRO TULL pastoral, ‘Seasons Change’ nos revela un núcleo temático sumamente refinado desde donde se rescata y revitaliza la espiritualidad reflexiva que resultó tan vital dentro del amplio espectro de la vieja escuela del rock sinfónico. ‘Runaway’ sigue ahondando en la senda trazada por ‘Seasons Change’, añadiendo atmósferas inspiradas en la faceta de cantautor del genio Ian Anderson para la dimensión introspectiva del JETHRO TULL clásico, y lo mismo vale para ‘Winter Will Be Long’, canción signada por una envolvente aura meditabunda. ‘Ethon’ es la primera instancia para la elaboración de recursos de ostentosa expresividad rockera merced a la gravitante presencia de la guitarra eléctrica: aunque el compás es ostensiblemente lento, el vigor impuesto por las florituras de la primera guitarra y la robustez de la dupla rítmica en ciertos pasajes estratégicos sirven para instaurar una polenta genuina. ‘Interludium’ crea un intermedio sereno y etéreo, un poco al modo del MIKE OLDFIELD del “QE2” y THE ENID. Acto seguido, ‘Ascent’ retoma el camino señalado por ‘Ethon’ para instaurar un dinamismo robusto sobre una arquitectura rítmica tan grácil como sofisticada, aunque nos parece que su gancho es tal que pudo haber gozado de un mayor tiempo de desarrollo en su núcleo temático. Su impacto es recogido convenientemente por ‘Matribus’, pieza que sí nos lleva de una forma completamente redonda por variantes y recovecos de talante masivamente ecléctico. La estrategia progresiva de estos dos temas alterna fluidamente los signos de JETHRO TULL (etapa del “Minstrel In The Gallery”), GENTLE GIANT (etapa del “The Power And The Glory”) y GENESIS con una vitalidad cautivadora: ‘Matribus’ supone un cénit decisivo del álbum junto a ‘Seasons Change’.


Con la seguidilla de ‘Cooking Potion’ y las dos partes de ‘Expiatio’ se avanza por los pasajes finales del álbum. ‘Cooking Potion’ es un ejercicio de academicismos modernistas con la percusión tonal ejerciendo un protagonismo casi absoluto, mientras que ‘Expiatio Part I’ nos lleva de nuevo a la cálida placidez de lo pastoral en base a una bellísima armazón de dos guitarras acústicas sobre la que se proyecta un canto melancólico, y poco después, unas gráciles líneas de flauta. ‘Expiatio Part II’ cambia totalmente de registro para crear algo de densidad y excitación al modo de un matrimonio entre el barroquismo pomposo de YES y las polifonías osadas de GENTLE GIANT: el esquema general de los arreglos de guitarra eléctrica nos recuerda un poco a ‘Ascent’ y ‘Matribus’, y una vez más sentimos que el segundo ‘Expiato’ pudo beneficiarse de un desarrollo más extendido, pero, en líneas generales, no hay mucho que reprochar a esta pieza tan llamativa. ‘Epilogus’ ocupa los últimos 105 segundos del álbum como no podía ser de otra manera: en clave acústica pastoral, una vez más siguiendo el patrón de ANTHONY PHILLIPS. De este modo concluye la experiencia de “Prometeia”, una estupenda carta de presentación de parte de QUERCUNIAN CAMERATA, una entidad progresiva de nuestros tiempos a la cual vale la pena prestar atención y seguir la pista. 


Muestras de “Prometeia”.-
Expiatio Part II: http://prometeia.bandcamp.com/track/expiatio-part-ii