Monday, October 17, 2016

SINAGOGA ZEN: presencia de sangre joven en las venas del rock progresivo brasileño


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos la ocasión de presentar al grupo brasileño SINAGOGA ZEN y a su homónimo disco de debut, publicado en el año 2014. Este grupo asentado en la localidad de Beto Gonçalves (Rio Grande do Sul) se originó en el 2001 con la meta de que sus diversos integrantes originales trajeran consigo sus bagajes y experiencias individuales en el jazz el barroco, la cámara modernista, la fusión folclórica, y cómo no, el rock. Diseñado para hacer, al fin y al cabo, rock progresivo, el ensamble de SINAGOGA ZEN se empapó de influencias de la vieja escuela mientras recibía el impacto de propuestas  contemporáneas mientras maduraba la ingeniería esencial de su estilo propio. A través de los años, la alineación aumentaba y variaba, llegando incluso a contar en algún momento a contar con tres vocalistas, dos bateristas y dos guitarristas… ¡qué tremenda ocurrencia! La alineación ya estable que se encargó de grabar “Sinagoga Zen” consta de Alison Seben [batería, percusiones], Felipe C. Taborda [guitarras eléctrica, acústicas de 6 y 12 cuerdas, bajo ocasional], Giulia F. Dall’oglio [canto], Rafael Vignatti [teclados, piano] y Wilian M. Baldasso [bajo, guitarras acústica y eléctrica ocasional, violín]. Con el patrocinio del Fundo Municipal de Cultura de Beto Gonçalves y el apoyo dl Conselho Municipal de Política Cultural, el grupo logró completar fehacientemente la producción y edición finales de este disco en el año 2014, y ahora nos toca repasar el repertorio contenido en él.


El repertorio se inicia con la extensa suite ‘Mudança Dos Tempos’, la cual se extiende más allá de los 20 minutos de duración: una manera muy osada de dar inicio al repertorio, sin duda. El prólogo consiste en una armazón de densas capas de sintetizador que emulan a un mellotrón, preparando el terreno para que el primer cuerpo instrumental irrumpa con un vigor rotundo. La fastuosidad inherente a las diversas ideas melódicas que se van hilando a lo largo del camino y la meticulosa estilización con que se registran los múltiples arreglos instrumentales establecen nexos claros con la vitalista añoranza sinfónica bajo la que se encuadran bandas compatriotas como QUATERNA RÉQUIEM y TEMPUS FUGIT, y también con otras bandas foráneas como IL TEMPIO DELLE CLESSIDRE y THIEVES’ KITCHEN. La alusión a este último punto de referencia cobra especial sentido en relación con el empleo de algunos grooves jazz-rockeros por parte de la dupla rítmica. La sección dominada por el violín es notable por su empleo tan exquisito de la vitalidad rockera en curso – un poco a lo CURVED AIR –, con lo cual completa el espíritu iniciado por el solo de piano precedente. En algún momento después de superada la barrera de los 14 ½ minutos emerge un interesante interludio polícromo a lo GENTLE GIANT: ¡qué pena que sea tan breve! El último pasaje cantado de ‘Mudança Dos Tempos’ nos lleva al muy popular terreno del paradigma Genesiano con elementos de la inmortal tradición sudamericana: lirismo en estado puro alimentado por una magnificencia renovadora. Tras esta maratón progresiva de tan ambiciosa envergadura, ‘2014’ emerge para articular y desarrollar una juguetona gracilidad rockera que nos remite por partes iguales a los paradigmas de BACAMARTE y al modelo del CAMEL de la etapa 74-76. Las capas de guitarras acústicas que complementan a las bases y las florituras de los teclados construyen con la colorida base rítmica el swing adecuado para la ocasión.

Con ‘Presença’ llegamos al ecuador del repertorio y con ello se nos brinda una óptica más jazzera dentro de la variopinta visión progresiva del grupo. Ya desde la introducción notamos un cierto apego a los paradigmas de HATFIELD & THE NORTH y de CARAVAN, aunque de hecho también hay intensos antecedentes de amistad con los estándares del jazz en la misma tradición progresiva brasileña (TERRENO BALDIO y SOM NOSSO DE CADA DIA). Recapitulando y capitalizando los aspectos más rotundos de la canción precedente, ‘Presença’ genuinamente llega a instaurar un cénit decisivo del álbum. La vitalidad de esta pieza es de claro talante primaveral, mientras que la que resuena en la siguiente canción, ‘Abdu Pensante’, se expresa dentro de un esquema de trabajo más sofisticado, elaborando fluidos contrastes entre pasajes reposados y extrovertidos: mientras tanto, queda claro que el grupo se dedica a  preservar el aspecto jazzero de ‘Presença’ y a seguir ahondando en la claridad melódica que sistemáticamente ha estado guiando y desplegando la continua inspiración melódica, y así gozamos de la sensación de un cénit musical que se va perpetuando con solvencia y frescura. Durando poco menos de 10 ¾ minutos, ‘Instante De Velejar’ cierra el disco con una disposición para retomar la estrategia de discursos polivalentes y caleidoscópicos que tan buenos resultados había dado en la suite inicial, con una convincente prestancia para cosechar una siembra igual de disfrutable. Pero ante todo, ‘Instante De Velejar’ luce sus propias características peculiares, como es el hecho de que el aspecto fusionesco aparezca de forma más pronunciada en medio de toda la versatilidad melódica en el desarrollo de la pieza. También es de notar que hay más espacio para el explayamiento de momentos melancólicos y lánguidos: es en algunos de estos momentos que los sobrios fraseos solistas de la guitarra suenan bien Floydianas, mientras que en otros el asunto se orienta hacia el candor pastoral de inspiración folklórica (especialmente como el GENESIS de la etapa 70-71). El epílogo traduce todo esto a una ceremoniosidad envolvente que recoge el aspecto épico de la esencia del prog sinfónico latinoamericano (y también el italiano): eso sí, creemos que su efectivo dramatismo pudo ser más explotado de haber tenido una duración mayor... pero como sea, el cierre ostenta una innegable belleza.


Todo esto fue “Sinagoga Zen”, un disco enérgico y bello que pone a su quinteto gestor en un lugar altivo y señorial dentro de las ligas de las más brillantes promesas de la nueva generación del rock progresivo sudamericano. No sabemos qué nos depara el destino pero los horizontes artísticos hacia los que se proyectan los SINAGOGA ZEN portan una presencia muy luminosa: por lo pronto, esta carta de presentación nos ha dejado muy impresionados. ¡Recomendado al 100%!


Muestras de “Sinagoga Zen”.-


Friday, October 14, 2016

EVELINE'S DUST y la dialéctica placer-dolor en clave progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy es el turno de presentar al grupo italiano EVELINE’S DUST, formado en la ciudad de Pisa en el año 2012 y conformado por Lorenzo Gherarducci [guitarras eléctricas y acústica], Nicola Pedreschi [teclados y canto], Marco Carloni [bajo] y Angelo Carmignani [batería]. Su disco de debut se titula “The Painkeeper” y fue publicado a inicios del presente año 2016, mostrando las influencias propias de encuadres sonoros tan diversos en su espectro temporal como son la primera escuela del rock sinfónico, la escena neo-progresiva renovada de los 90s, el escenario retro-prog del nuevo milenio italiano, el jazz-rock y el vitalismo pesado que se desprende tanto de la última época de PORCUPINE TREE como el estándar prog-metalero. Se trata de una estrategia convincente y sólidamente ecléctica que se termina plasmando en “The Painkeeper”, álbum conceptual de temática introspectiva relativa a la lucha que entabla el yo contra un ser misterioso que pretende destrozar los sueños que dan sentido a la vida y creatividad al espíritu: la mirada que echa el yo a su propia prestancia interior en esta lucha se traduce en sonoridades poderosas y resolutas en manos de estos cuatro músicos que integran EVELINE’S DUST. En alguna ocasión aparece como invitado Federico Avella al saxo soprano, y lo mismo hace la cantante Carolina Paolicchi. Bueno, ya es hora de revisar los detalles de “The Painkeeper”.




El breve prólogo ‘Awake’ – no llega a los dos minutos de duración– da inicio al repertorio con una aureola de robusta rotundidad. El terreno está preparado para que entre a tallar la canción homónima, la misma que dura casi 8 ¼ minutos. El primer motivo es ceremonioso, bien centrado en su propio lirismo a través del uso contenido de expresividad rockera que el grupo maneja con muy buen pulso. En la segunda mitad, la pieza evoluciona hacia una atmósfera densa y con razonables dosis de tenebrismo; para la sección final, la polenta se endurece y se torna un tanto opresiva, aunque sin exagerar, al modo de un campo intermedio entre sus paisanos de CAMERA CHIARA y el paradigma de ANEKDOTEN. Luego sigue ‘NREM’, un instrumental centrado en atmósferas sobrias donde se el esquema grupal parece insertarse en terreno neo-progresivo: tras un arreglo que sigue el modelo de los SPOCK’S BEARD clásicos cuando emulan los contrapuntos vocales de GENTLE GIANT, el bloque instrumental se instala con una refinada afabilidad que tiene mucho del CAMEL de los 80s. Además, el color aportado por el saxo soprano ayuda bastante a enriquecer el esquema melódico en curso. Cuando emerge ‘Clouds’, el grupo reinstaura las aristas más sofisticadas de su esquema musical, y lo hace a lo grande: estableciendo vasos comunicantes con sus compatriotas de UNREAL CITY y NOT A GOOD SIGN, además de ARENA, el grupo desarrolla transiciones ambiciosas desde lo aguerrido hasta lo sereno con una bien lograda fluidez. El momento del solo de piano expone un gran recurso de elegancia melódica con sutiles resabios jazzeros, y lo que sigue a continuación, que es la coda, es un breve despliegue de vitalidad rockera en la que curiosamente confluyen estándares de GENESIS y DREAM THEATER, retomándose el motif inicial.

La segunda canción más larga del disco es ‘Joseph’ (la más extensa es la homónima) con sus poco más de 8 minutos de duración. Comienza con un lirismo cuasi-pastoral que nos remite al paradigma del SPOCK’S BEARD de los primeros cuatro álbumes, pero pronto se nos revela que esta primera sección es en realidad la antesala al motif que se desarrolla allende la frontera del tercer minuto. Con este motif, la banda elabora un dinamismo vigoroso donde se alternan pasajes liderados por una guitarra pesada y otros en los que un piano de talante gótico dirige el entramado instrumental; es justamente a partir de este último que se ha de gestar el clímax conclusivo de la pieza. Al instante en que se evaporan los sonidos de la última nota de teclado de ‘Joseph’ emerge la vitalista pieza ‘A Tender Spark Of Unknown’, la cual se caracteriza por establecer un bien focalizado eclecticismo bajo las inspiraciones simultáneas de ECHOLYN, LA MASCHERA DI CERA y YES. En sus 4 ¼ minutos de duración, esta canción nos obsequia un estupendo equilibrio de gancho y sofisticación, por lo que su rol puede interpretarse como el de capitalizar la riqueza musical que tan ostentosamente se había cimentado en ‘Joseph’ bajo una óptica más luminosa. Cuando llega el turno de ‘Vulnerable’, el grupo se explaya en su faceta romántica y nos obsequia un momento de cándido lirismo. El sorpresivo viraje temático que se da en la coda exhibe un intenso y complejo ejercicio de dinamismo musical al estilo de los momentos más filudos del estándar Genesiano. Los últimos 10 ¼ minutos del disco están ocupados por la ilación de ‘HCKT’ y ‘We Won’t Regret’. En el caso de ‘HCKT’ disfrutamos de una imponente reactivación del modus operandi expuesto antes en ‘Joseph’, incluso con una elegancia mejor perfilada en los arreglos musicales. Se trata del último cénit de la faceta furiosa de la banda antes de que la bella semi-balada en 5/4 ‘We Won’t Regret’ nos brinde un mágico momento plenamente sinfónico donde el paradigma Genesiano es sazonado con calculadas dosis de vigor inspiradas en la plataforma sonora que STEVEN WILSON desarrolla en los momentos épicos de su discografía solista.

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Todo esto fue “The Painkeeper”, la carta de presentación perfecta para que los EVELINE’S DUST se aseguren de dar una más que buena primera impresión al oyente progresivo promedio. Vale la pena seguir la pista a este grupo en sus posibles próximos proyectos.


Muestras de “The Painkeeper”.-
A Tender Spark Of Unknown [en vivo en Lumière, Pisa]: https://www.youtube.com/watch?v=y1NaJZRihr8





Tuesday, October 11, 2016

Explorando la infinita expansión del espacio psicodélico-progresivo con JAY TAUSIG



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El prolífico multi-instrumentalista JAY TAUSIG vuelve a la carga en el año 2016 con más y más discos: esta vez nos ocupamos del que se titula “Of Infinite Space” (“Crystalline”, “Excess Refraction” y “HERE” son los títulos de los otros discos de este año). Haciéndose cargo de un generoso surtido de sintetizadores y artefactos análogos, guitarras eléctricas, bajo, batería y saxofón, TAUSIG.El prolífico multi-instrumentalista estadounidense JAY TAUSIG vuelve a la carga en el año 2016 con más y más discos: esta vez nos ocupamos del que se titula “Of Infinite Space” (“Crystalline”, el disco de versiones del maestro PETER HAMMILL “Excess Refraction” y “HERE” son los títulos de los otros discos de este año). Haciéndose cargo de un generoso surtido de sintetizadores y artefactos análogos, guitarras eléctricas, bajo, batería y saxofón, TAUSIG sigue adelante a paso firme con su misión de revitalizar la tradición del sueño progresivo desde su castillo musical situado en algún lugar de California. Pasemos de una buena vez a revisar y degustar los detalles de “Of Infinite Space”, ¿vale?

La pieza homónima es toda una suite que se explaya por más de media hora de duración, de hecho, casi 31 ½ minutos. De entrada, se nos brinda un ejercicio de pulsátil y estilizada musculatura space-rockera donde confluyen vívidamente los paradigmas de HAWKWIND (etapa del “Doremi Fasol Latido”), el primer GONG y THE COSMIC JOKERS (los dos primeros álbumes), pero con el refinamiento de unos AGITATION FREE. Las capas de sintetizador siguen las pautas de matices pluralistas que fácilmente podemos apreciar en los trabajos más importantes de KLAUS SCHULZE mientras que las equilibradas florituras de los múltiples guitarreos superpuestos se encargan de perpetuar recursos de electrizante vitalidad. Poco antes de llegar a la frontera del séptimo minuto, el groove vira hacia un dinamismo un poco menos frenético a fin de que el fuego aguerrido imperante extienda unas llamas más cadenciosas, aunque no por ello menos incendiarias. La cosa vira ahora hacia una mezcla del GUGU GURU del “Känguru” y el STEVE HILLAGE de los tres primeros discos. Aunque esta instancia es (lamentablemente) breve, tiene la crucial utilidad de preparar el terreno para una tercera sección más lenta, la cual sirve para traducir el elemento stoner-psicodélico a un esquema de raigambre Floydiana: mientras el guitarreo asume algunos matices de inspiración blues-rockera y el compás se ralentiza con el propósito de dejar que la amalgama de teclados y guitarras se centre en crear una atmósfera lisérgica, los efectos cósmicos de cuerda y teclado que circundan vigorosamente asientan un aura de intensa inquietud. ¿Nos han arrojado a un universo paralelo en el que un combo de músicos de KING CRIMSON de los 70s y los 90s han sido secuestrados para mostrarnos una versión deconstructiva del clásico Floydiano ‘Echoes’? Tal vez esto es lo que ha sucedido, pero no pasa mucho tiempo hasta que nos devuelven a nuestro universo habitual para que disfrutemos de un groove tremendamente llamativo a partir de la frontera del decimocuarto minuto. Si esta vez volvemos a lo Hillageano mientras se persiste en el elemento Crimsoniano en su expresión más fiera, la estrategia ahora consiste en alternar estos momentos de extrovertida explosividad cósmica con otros en los que predomina la densidad lisérgica Floydiana y aquellos más tirados a un híbrido de krautrock y stoner; es en esta última estrategia que se coquetea sugerentemente con lo caótico, usando el caos como una modalidad diferente de articulación rockera. Nada aburrida esta pieza, toda una suite en verdad.

‘The Vortex’ es la segunda pieza de este álbum y goza de una no desdeñable duración de casi 15 minutos. En comparación el maratónico tema de entrada, su esquema ecléctico no es tan vertiginoso pero igualmente se proyecta hacia una ingeniería de variantes sólidamente entrelazadas. La primera mitad transita entre una psicodelia robusta explayada sobre un groove de raigambre jazz-rockera y focalizaciones de tenor acid-folk oportunamente arropados por una parafernalia psicodélica signada por un fragor volcánico. Para la segunda mitad, el castillo de roca se disuelve para transformarse en polvo lumínico de aurora borealis que se encuadra dentro de un colorido ritualístico emanado de una paleta diseñada por una remodelación free-jazzera del discurso del krautrock. Los últimos cuatro minutos sirven para que el bloque instrumental se plantee la misión de fusionar todas las libres expansiones que ahora se desatan, y lo hace dándole una mayor musculatura al factor free-jazzero que había entrado a tallar para no irse. Teniendo en cuenta la atmósfera de ensueño bajo el cual se encuadra esta última sección, los agentes del caso sonoro se cuidan de hundirse en la anarquía. Una pieza electrizante y compleja, la verdad que sí. Un minuto más breve es ‘Extensions Of Infinity’, tema cuyo prólogo se centra en una espiritualidad contemplativa de inspiración Floydiana, aunque el tenor tan vibrante del solo de guitarra nos recuerda no tanto a DAVID GILMOUR como a MANUEL GÖTTSCHING: este detalle resulta de gran interés descriptivo, pues cuando la instrumentación global llega a instaurar el bloque temático central de la pieza, el asunto suena muy emparentado con el paradigma de ASH RA TEMPEL (más algunos recursos también focalizados en los legados del krautrock guitarra-céntrico de GURU GURU y AMON DÜÜL II). No faltan tampoco los momentos gruesamente vibrantes abiertamente inspirados en HAWKWIND, y justamente es con este esquema de trabajo que este tema se enrumba hacia su climático final. Con esta dupla de ‘The Vortex’ y ‘Extensions Of Infinity’ tenemos las instanciaciones de focalización que hacían falta para el pletórico cosmos sónico que se había desplegado en ‘Of Infinite Space’.

Los últimos 16 ¼ minutos del repertorio de “Of Infinite Space” están ocupados por ‘Expansion’, tema que se distancia explícitamente de las estrategias y esquemas rutilantes de la suite inicial para focalizarse exclusivamente en las facetas más sofisticadas del fragor psicodélico que dibuja, cual monarca ilustradamente despótico, los delineamientos estéticos de este disco. Con un cimiento rítmico bastante tirado hacia el free-jazz (al modo del GURU GURU del primer disco y también de los geniales DZYAN) durante los nueve primeros minutos, los vuelos de la guitarra y los excelsos acicalamientos de los sintetizadores nos remiten simultáneamente a los paradigmas de STEVE HILLAGE, CLUSTER y ASH RA TEMPEL. En un segundo momento, el esquema se deconstruye mientras replantea su musculatura esencial a fin de cosechar cabalmente la siembra de la labor precedente: lo amorfo es aquí un signo del instante sónico que se regodea en su propio solipsismo, quedando claro desde poco antes de llegar a la frontera del decimoprimer minuto y medio que ha llegado el momento de proyectarse hacia un nuevo motif de tenor jazz-rock-psicodélico. En este contexto donde las cosas se vuelven a encauzar, la instancia precedente de energías libres se transforma en empuje para el hermanamiento entre el esquema rítmico y la primera guitarra: el terreno está preparado para el imparable clímax conclusivo. Tras este repaso del repertorio de “Of Infinite Space” solo nos queda dictaminar un diagnóstico sumamente positivo sobre lo que nos ha brindado JAY TAUSIG en este estado de gracia de su inspiración musical: este disco provee de bocados de sibarita al banquete mundial de la psicodelia progresiva.


Muestras de “Of Infinite Space”.-

Saturday, October 08, 2016

La marcha trifónica de PABLO EL ENTERRADOR


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da la muy placentera ocasión de presentar esta joya del rock progresivo-sinfónico titulada “Threephonic”, nada más y nada menos que la obra que completa la trilogía de PABLO EL ENTERRADOR, grupo rosarino que siempre ha sido apreciada como una figura señera y decisiva de la historia y el presente del movimiento progresivo argentino. Desde los tiempos de su homónimo disco de debut que fue grabado a fines de los 70s pero publicado recién a inicios de la década siguiente, las letras de PABLO EL ENTERRADOR quedaron escritas con oro sempiterno. Con el trío histórico de Jorge Antún [sintetizadores Oberheim OBX6, Korg T3, Yamaha CD1X y Ensoniq SD1, piano Yamaha CP70, órgano Hammond, bajos y coros], José María Blanc [Guitarras PRS, Gibson Les Paul, Ibanez JEM7V y Epiphone 335] y Marcelo Salí [Batería ZZ, percusión, bajo y máquina de ritmo Alesis], el material recogido en “Threephonic” contiene las últimas grabaciones caseras realizadas con la participación del maestro Antún (apodado entrañablemente “El Turco”) en el año 2004. A mediados de setiembre último es que este disco pudo ver la luz del día a través del siempre atareado sello argentino Viajero Inmóvil Records, y desde ya se deja sentir como uno de los discos progresivo sudamericanos más notables del año. Un dato curioso es que entre estos 9 temas del álbum hay dos versiones de sendos temas instrumentales que datan de la primera fase histórica del grupo. Como músicos invitados hacen ocasional presencia el bajista Nahuel Antuña y el guitarrista  Pablo López, además de que hay en algún lugar efectos de risas provistos por Bautista Campisciano. Bueno, vayamos ahora a los detalles específicos de los 50 minutos y pico de gloria progresiva que nos brinda “Threephonic”.


‘La Marcha Del Regreso’ abre el repertorio del álbum con una grandilocuencia inapelable: el esplendor innato de su ambicioso esquema melódico y el carácter urgente que late continuamente en los arreglos utilizados para su desarrollo nos remiten a las aristas más electrizantes del paradigma prog-sinfónico de todos los tiempos (GENESIS, YES). Definitivamente, las bien nutridas orquestaciones de teclados llevan la batuta en todo el proceso mientras la guitarra se centra en completar el colorido inherente al desarrollo melódico, todo ello mientras la batería se hace cargo de sustentar toda esta magnificencia con magnífico pulso. La segunda pieza se titula ‘Pasión’ y es el primer ítem cantado del álbum; armado como balada sinfónica y con una letra frontalmente contestataria, aunque con la poesía de siempre (recordemos los casos de ‘Elefantes De Papel’ y ‘La Ciudad Eterna’ de discos precedentes). Esta vez la guitarra ocupa un rol más protagónico, armando un solo que se hace eco de la furia vertida antes en el canto, y por su parte, los demás instrumentos construyen una armazón que se siente tan intimista como cósmica. Atención a ese arreglo sofisticado cerca del final pues realza muy bien la reinante tensión emocional. ‘Caída Libre’, el tercer tema, está cargo de volver a explotar los explayamientos instrumentales que a la banda siempre se le han dado tan bien. Estableciendo una mágica arquitectura donde las transiciones entre diversos motivos y el empleo de inusuales compases son las normas impasibles, el grupo gesta una magnífica joya sonora; con el empleo del mismo motif al inicio y al final como coda, se asegura la coherencia de todo este sinuoso trayecto. Aquí se expresa a cabalidad el perfecto equilibrio entre el aprendizaje de las tradiciones sinfónicas primigenias (británicos, aunque algo de lo italiano también se puede sospechar desde los paradigmas de LE ORME y BANCO DEL MUTUO SOCCORSO) y el patrón esencial particular del grupo.


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Al emerger ‘Entre El Bien Y El Mal’, el trío varía de registro para elaborar una etérea mezcla de psicodelia electrónica moderna y el paradigma del GENESIS de los primeros 80s. El cuerpo central mantiene una cadencia flotante sobre una base rítmica electrónica y bajo la guía de las abundantes armonías de los teclados, pero en la frontera del cuarto minuto y medio vira hacia otra cadencia que la banda aprovecha para motivar un mayor grosor sónico. Así las cosas, el brío expresivo de la canción conquista una renovadora sofisticación, lo cual redunda en un buen efecto dramático que se preserva hasta el instante final de la canción. ‘Páginas De Cristal’ da inicio a la segunda mitad del repertorio heredando buena parte del ideario estructural de ‘Entre El Bien Y El Mal’ en lo referente a brindar una versión modernizada del fragor melodioso esencial del rock sinfónico, pero esta vez la ambientación emocional que se muestra es más extrovertida. Además, el empleo del compás de 7/8 le da una gracilidad muy particular al asunto, y eso se traduce en que el expresionismo polícromo en curso se alimenta de una exquisitez soberbia en lo referente al brío rockero. Los siguientes 12 ½ minutos están ocupados por la ilación de ‘Encontraré Un Lugar’ y ‘Los Cielos De Irak’. ‘Encontraré Un Lugar’ es una canción que explota el aura romántica de su esquema melódico con arreglos muy vitalistas de los teclados mientras el esquema rítmico hace gala de un nervio particularmente vigoroso. Tal vez pueda disfrutarse como la contraparte luminosa a la melancolía crepuscular de ‘Pasión’. Por su lado, ‘Los Cielos De Irak’ desarrolla un nuevo ejemplo de mezcla de sinfonismo moderno y electrónica: algunos recursos exóticos que emanan del compás programado y ciertos ornamentos de sintetizador se hacen eco de la letra. Mientras nos acercamos al final del disco, ‘Solo Y Desafinado’ nos muestra unos aires de sofisticado rock-funky que, naturalmente, es sazonado y remodelado a partir de la paradigmática estilización de la banda. A propósito, el solo de guitarra que emerge antes de la última parte cantada ostenta un colorido soberbio… pero qué pena que tenga que ser tan breve y que sea retomado en las instancias finales con otra duración efímera. Así son las cosas de la vida, pero bien que deja una huella fuerte en nuestra memoria esa vibración de la guitarra.




‘Clave De Sol’ ocupa los últimos 3 ¾ minutos del disco: se trata de una semi-balada amable armada con un desarrollo melódico preciso. Si pudiésemos imaginar un híbrido entre los CAMEL de la primera mitad de los 80s y el SPINETTA-JADE de los dos últimos álbumes en un universo paralelo y le damos la sazón del PABLO EL ENTERRADOR del segundo disco en este universo nuestro, pues podemos hacernos una idea certera del esquema sonoro que se emplea para esta canción tan sencilla como poderosa. Un decir adiós mirando hacia atrás para no dejar morir nunca lo que está ya tras nuestra espalda. 
Todo esto fue el contenido de “Threephonic”, el documento testamentario de PABLO EL ENTERRADOR como entidad musical, la cual siempre habrá de permanecer viva mientras sigamos escuchando los discos que ha logrado poner en la oferta fonográfica desde su provincia argentina. Estos héroes progresivos de Rosario. El guitarrista-vocalista José María Blanc pone muy en claro la noción de que “más allá de un estilo de música, esta banda era una bandera”, por lo que los nuevos shows que da el ensamble aunado en torno a él bajo el nombre de LA HERENCIA DE PABLO responde a la necesidad de cumplir con su historia [enlace de una entrevista: http://www.lacapital.com.ar/pablo-el-enterrador-presenta-manana-su-nuevo-material-la-herencia-pablo-n1134967.html].
En sí mismo, “Threephonic” es la marcha triunfal de PABLO EL ENTERRADOR en el Olimpo de las páginas musicales escritas con rayos de sol y que se escribieron para no borrarse jamás.  


Muestras de “Threephonic”.-
Páginas De Cristal: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/p-ginas-de-cristal



Wednesday, October 05, 2016

PERIDONI: un nuevo plano paralelo para el art-rock estadounidense


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

PERIDONI es un novel cuarteto estadounidense originario de Cincinatti (Ohio) cuyos primeros pasos tuvieron lugar en el año 2013 pero fue solo a partir del 2015 que contó con la formación estable y actual. El personal de PERIDONI está conformado por Ben Steinkamp [batería], Kaleb Perrin [bajo y canto], Cory Donnini [guitarras] y Kevin Harris [teclados y sintetizadores], el grupo focaliza el esquema general de sus intereses estéticos en una ágil y atractiva confluencia de space-rock, art-rock contemporáneo (RADIOHEAD, las facetas cósmicas de MUSE y PLACEBO), los aspectos más líricos del estándar Floydiano y formas contemporáneas de heavy prog (THE PINEAPPLE THIEF, RIVERSIDE, el PORCUPINE TREE de fines del pasado milenio), además de algunos oportunos toques de sinfonismo que sirven para redondear con meticulosa estilización ciertos pasajes melódicos de particular orientación épica. “Pixel Pieces On A Parallel Plane” es, ante todo, un disco agradable donde las complejidades temáticas que salen a colación en este y aquel momento son manejados con un nervio poco pretencioso, que no vulgar: en efecto, los momentos de fuerte carga melódica son moldeados con muy buen gusto y los recursos psicodélicos enfatizan generalmente el lado etéreo de la experimentación rockera. Para citar al grupo mismo tal como se autodescribe en su perfil de Facebook, su modus operandi es el de crear jams de inspiración emotiva mezclando “grooves y texturas modernas con agresivos solos de guitarra e improvisaciones progresivas”. Jamebo Corsini es un socio cercano del grupo desde su rol de operario de los efectos de iluminación para los conciertos. Pues bueno, ya va siendo hora de que pasemos a los detalles del repertorio de este disco.



El disco se inicia con la efectiva pieza ‘Climbing The Hill’, la cual despliega una espiritualidad vulnerable bajo un detallista atavío de sintetizadores y guitarras donde se celebra la luminosidad del espacio exterior. El dinamismo establecido por la dupla rítmica se siente genuinamente sólido para sostener la sobria fosforescencia de los recursos cósmicos aportados por los teclados; mientras tanto, la guitarra se concentra mayormente en crear oportunas amalgamas melódicas destinadas a enriquecer el motivo central. El instrumental ‘Magnet’ perpetúa en parte la etérea vitalidad que había ungido al tema de apertura pero, además y ante todo, crea unos matices jazzeros que sirven para llevar al ideario psicodélico de la banda a una nueva instancia. Como si se tratase de una reconstrucción del esqueleto del clásico de THE BEATLES ‘I Am The Walrus’ bajo las pautas combinadas del STEVE HILLAGE en la época de “L” y el PINK FLOYD del “Wish You Were Here”, la pieza se desarrolla dentro de un enclave tan etéreo como expresionista. Cuando emerge otro instrumental titulado ‘Eupotamic’ – el segundo tema más largo del repertorio con sus 7 ¾ minutos de duración – se nota que el grupo se siente preparado para explorar a fondo su preocupación por las meticulosas ingenierías melódicas a través de su irrenunciable amor por las atmósferas flotantes y los esquemas rítmicos sobrios. La prestancia tan serena con la cual el grupo trabaja esta fastuosidad aquí conquistada hace de esta pieza un cénit decisivo del álbum, aunque todavía quedan algunos otros picos creativos por disfrutar. ‘Lack Of Words’ establece una ágil cruza entre el RADIOHEAD del “Hail To The Thief” y el PORCUPINE TREE del “Signify” con algunos toques extra del paradigma del OZRIC TENTACLES de los últimos diez años. Los climas envolventes tributan un generoso pago de auras exquisitas para el gancho natural de la canción.


Ocupando un espacio de 8 ¼ minutos, ‘Klotter’ se erige como el tema más largo del repertorio. Tercer instrumental del álbum, su función no es tanto la de incluir novedades especiales en el esquema sonoro que se maneja hasta ahora en el repertorio sino el de potenciar el factor jazz-rockero y, en simultáneo, alimentar las vibraciones sinfónicas, mientras se preserva el dominante talante space-rockero con la equilibrada fineza de siempre. En ciertos momentos creemos escuchar a STEVE HACKETT a la guitarra, pero la mayor parte del tiempo nos ponemos a evocar el legado de JEFF BECK; mientras tanto, el encuadre de batería y teclado impulsa el asentamiento de un groove sumamente llamativo, el mismo que sustenta la armazón global de los instrumentos, y así llegamos a un nuevo cénit del disco. A continuación sigue ‘The Hole’, que es precisamente el tema más breve del disco con sus poco menos de 4 minutos de duración. Su esquema es esencialmente popero, incluso portando un espíritu de agradable liviandad optimista en su núcleo temático. Posiblemente se trata de exponer un momento de candidez en medio de dos piezas tan abiertamente sofisticadas en sus ambiciones musicales específicas. ‘Progress’ cierra el disco con el despliegue más verídico de expansiones rockeras de todo el álbum: la agilidad de los grooves generales sobre los que se asientan los desarrollos temáticos y la estilizada gracilidad exhibida por los hermosos solos de sintetizador en todos los lugares reflejan esa faceta extrovertida que la banda solo nos había mostrado de forma muy mesurada en el repertorio precedente. Para la extensa sección final, volvemos a la parsimonia preciosista habitual para que la guitarra se regodee en una magnífica combinación de los legados de DAVID GILMOUR y JEFF BECK – tenemos aquí un auténtico broche de oro para el álbum con una coda marcada por efectos percusivos cibernéticos. 



Todo esto fue “Pixel Pieces On A Parallel Plane”, un disco que nos ha sorprendido de una forma muy grata: hay que seguir la pista a PERIDONI, un grupo que demuestra tener un empuje creativo considerable a despecho de su juventud. Definitivamente, tenemos que recomendar a todos los apreciadores y coleccionistas de rock progresivo y/o experimental que le den un espaldarazo justo a este cuarteto que ha dado la talla con esta tarjeta de presentación fonográfica.


Muestras de “Pixel Pieces On A Parallel Plane”.-


Sunday, October 02, 2016

RESONANCE BAND: agitaciones nuevas en la resonancia actual del jazz-progresivo finlandés


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos a la banda finlandesa RESONANCE BAND, un cuarteto instrumental dedicado a cultivar una modalidad de jazz-rock progresivo con un enfoque equitativamente focalizado en el punche y la elegancia. “Vibing” es su disco de debut, publicado a inicios de junio pasado por vía del sello Impossible Music. Los guitarristas Tuomo Dahlblom y Saku Mattila, el bajista Pekka Lehti y el baterista Marko Timonen conforman esta alineación asentada en la misma capital Helsinki. Dahlblom es el compositor de todo el repertorio de la banda y hace algunos solos por aquí y por allá, pero es su colega Lehti quien se pone a cargo de la mayor parte de los solos y de las melodías. El estilo de la banda es tremendamente estilizado, rico en matices y muy preocupado por elaborar desarrollos temáticos meticulosamente dibujados: música jazz-progresiva de elegante factura y selecta personalidad. Pasemos ahora a los detalles del repertorio de “Vibing”, ¿vale?


La primera pieza del álbum, que se titula ‘As The Wonder Comes’, establece una atractiva ambientación sobria en la que el estándar del jazz-rock se reviste de meticulosa sutileza de claros tintes post-rockeros. Entre el groove en 7/8 de la batería y los retazos de la primera guitarra se arma sólidamente el bloque general del cuarteto. El segundo tema se titula ‘Since I’ve Been Gone’ y consiste en un explayamiento de serenos matices bucólicos a cargo solamente del dueto de guitarras acústicas. Es cuando emerge el tercer tema, que responde al título de ‘Flags’, que el cuarteto ya empieza a poner toda la carne en el asador; a lo largo de su casi 5 ¾ minutos de duración, el grupo hace gala de una exquisita combinación de garra y elegancia con el despliegue de una pulida ilación de cuerpos centrales sobre un medio tiempo que se enriquece convenientemente con cada variación de atmósfera que tiene lugar. ‘Lucky You’, que es una pieza un poco más larga, se llena de jovialidad con el empleo de una cadencia de sorprendente cariz pop-rock en su esquema básico, aunque la armazón del groove se sofistica con suficiente solvencia como para sustentar la vitalidad rítmica del bajo y la segunda guitarra, así como para motivar el despliegue de los bien armados solos de guitarra que entran a tallar. Si ‘Flags’ simbolizaba el esplendor de una tarde de otoño, ‘Lucky You’ hace lo propio con la imagen de un mediodía primaveral: se puede interpretar su ilación como un continuum de expresividad jazz-rockera donde la extroversión se impone como una reina absolutista. Cuando llega el turno de ‘Conviction’, el grupo reafirma la actitud esencial de la pieza precedente reelaborando un tenor más estilizado para la extroversión reinante. Eso sí, los fraseos de algunos solos de guitarra se adentran seria y convincentemente en el terreno del rock duro, casi bordeando el prog-metal melódico.

En este momento del disco, ‘Observer’ emerge para generar una impresión de falsa frivolidad al centrarse en un swing burlonamente jovial (un tanto a lo ZAPPA), el mismo que recibe ocasionales recursos de sofisticación en su desarrollo, incluyendo una breve incursión en cadencias jazzeras en algún lugar del intermedio. ‘My Anthem’ es el tema más extenso del disco con su duración de 6 ¾ minutos: su estrategia básica consiste en establecer un nexo fluido entre la estilización preclara del jazz-rock y las vibraciones evocativas del post-rock. Tenemos aquí un cénit particular del álbum, queda claro. Nos vamos acercando al final del disco cuando nos topamos con ‘Mentors Of Life’, pieza que en su espacio de 4 ½ minutos despliega un lirismo bien asentado, con unos diálogos bien arraigados entre el delicado groove de la dupla rítmica y la sobriamente maciza labor de las guitarras duales. Vemos aquí una cálida confluencia entre la faceta serena de un STEVE VAI y algunos dejos propios del modelo de CAMEL. Durando poco menos de 3 minutos, el irónicamente titulado ‘First Waltz’ está a cargo de cerrar el repertorio y lo hace ostentando una belleza inapelable en su muy sereno motif en 3/4. El aire de relax en medio de un paisaje nocturno es simplemente irresistible: el grupo aprovecha muy bien la sencillez estructural del motif para convertirlo en algo rotundamente etéreo… una cierta confluencia con el lado acústico de PAT METHENY se respira en el aire, y sobre todo, un compromiso convincente con los ideales más “puros” de belleza en el arte de la música. Todo esto fue “Vibing”, un disco parejo y atractivo que nos hace prestar atención seriamente a RESONANCE BAND. Estemos atentos a sus futuras actividades fonográficas en el futuro próximo para esta banda portadora de las llamas más resonantes de la hoguera de la avanzada jazz-progresiva escandinava.   

Saturday, October 01, 2016

1981, el año del amanecer y auge de una nueva disciplina de KING CRIMSON

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HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy echamos una mirada atrás hacia una de las joyas más rotundas e imponentes del legado viviente de KING CRIMSON: nos referimos al álbum “Discipline”, el que marcó el inicio de la no muy larga pero sí muy intensa etapa ochentera de esta regia entidad progresiva. En efecto, el periodo iniciado entre los primeros meses de 1980 (cuando Robert Fripp quería volver a los escenarios en un contexto grupal) y culminado en el 11 de julio de 1984 tras un fabuloso concierto en el Spectrum de Montreal, Canadá, el cuarteto conformado por el propio Fripp [guitarra y guitarra-sintetizador], Bill Bruford  [batería y percusión acústica y electrónica], Adrian Belew [voz principal y guitarra] y Tony Levin  [Chapman Stick, bajo y coros] gestó una trilogía poderosa donde confluían fluida e incendiariamente el estándar tradicional del Crimsonismo de mediados de la década anterior, las inspecciones en una nueva psicodelia rockera que Fripp traía de sus experimentos con Brian Eno así como de su disco solista “Exposure”, la maduración del fundamento jazz-rockero que Bruford ya había acuñado bajo su propia personalidad y los aspectos más bizarros del discurso de la new-wave (a partir del paso de Belew por TALKING HEADS como músico de apoyo y también del paso del mismo Fripp por el efímero proyecto THE LEAGUE OF GENTLEMEN): “Discipline”, “Beat” y “Three Of A Perfect Pair”. Unánime es el clamor que declara al primero de estos discos como el cénit de esta etapa del legado Crimsoniana y nosotros ciertamente formamos parte de este coro mayoritario. Como parte de la serie de reediciones de la 40th Anniversary Series, “Discipline” reapareció en el mercado fonográfico, en el año 2011, como un ítem doble de CD y Blu-ray con la labor de Steven Wilson a cargo de la meticulosa ingeniería de sonido.

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Lo curioso es que Fripp, cuando convocó a Bruford y luego hizo lo propio con Belew (ya famoso por haber estado en las bandas de apoyo de FRANK ZAPPA y DAVID BOWIE, además de lo de los TALKING HEADS), no tenía en mente reformar KING CRIMSON sino un nuevo grupo, el cual tuvo como primer nombre a DISCIPLINE. Ya completo el cuarteto con el ingreso de Tony Levin (afamado y ocupado sesionista, entre otros, para PETER GABRIEL, ALICE COOPER y JOHN LENNON) y con algunos días de ensayos y preparación de nuevo material, Fripp reconoció el sonido que se estaba gestando desde las entrañas, cerebros y sistemas nerviosos de los músicos: era el sonido de KING CRIMSON, con una nueva actitud, pero con esa esencia tan particular e inconfundible, así que era natural que se retomara el nombre directamente. Para Bruford ésa fue una buena noticia, pues aunque la expectativa de ver a unos veteranos del rock juntarse para formar un nuevo grupo llamado DISCIPLINE era patente, sin embargo, fue cuando se readoptó el nombre de KING CRIMSON que el asunto pasó a ser la resurrección de una banda venerada de la élite rockera de los 70, por tanto, las cosas mejoraron notablemente en cuanto a financiación y logística para el cronograma de conciertos. De todas formas, los primeros conciertos del grupo fueron programados todavía bajo la etiqueta de DISCIPLINE. Los Island Studios fueron los que albergaron las labores de grabación del nuevo disco, un proceso que tomó 3 semanas después de una gira europea que duró 3 semanas, la cual comenzó a los 3 semanas de iniciarse las sesiones de primeros ensayos y composición del nuevo repertorio Crimsoniano... o Disciplinario, si se le prefiere llamar así. Levin estaba pletórico de felicidad y buenas sensaciones con su situación de integrante de una banda firme, pues ya en los albores del nuevo milenio y cerca de llegar a los 35 años de edad, se sentía preparado para ser algo más que un sesionista. El genio de Levin no pasó inadvertido a Fripp cuando se estaba germinando este nuevo KING CRIMSON: el hecho de que organizara audiciones para integrar al bajista faltante (siendo uno de los candidatos más notables nada menos que el mismísimo Jeff Berlin) se debió a que él sabía que Levin tenía una agenda muy ocupada, pero apenas supo de las intenciones del buen Tony de situarse en una posición profesional más estable, el cuarteto se completó al instante. El primer concierto de DISCIPLINE tuvo lugar en el Moles Club de Bath – una de las ciudades británicas más abiertas a la difusión y expansión del rock experimental – en el último día de abril de 1980, y ya la cosa no tenía cómo parar hasta que el cuarteto pudiese, como mínimo, grabar un álbum de estudio. Ya sabemos que todo se extendió hasta una trilogía.


Bueno, repasemos ahora los detalles del legendario “Discipline”. El inicio del álbum es todo un clásico: ‘Elephant Talk’ es una canción eufórica y traviesa, a la par que cerebral y seria. Mientras Belew exorciza los fantasmas de TALKING HEADS capitalizando el estilo vocal de David Byrne y Fripp retoma los asuntos pendientes desde el último disco de estudio de KING CRIMSON (“Red”) y su propio álbum solista “Exposure”, el magistral Bruford sigue ahondando en las vibraciones más intensas de su corazón jazzero, haciéndose eco de su propia experiencia con una banda de apoyo. En medio de toda esta trifulca armónica de dispares fuentes de inspiración, Levin convierte a su Stick en instrumento protagónico tanto en el incendiario prólogo como en su manera tan robusta de articular su presencia como una especie de tercera guitarra. La letra expone una inmisericorde crítica contra la cultura del talk-show y los opinólogos en los medios televisivos, algo que todavía aumenta su presencia en la cultura popular de nuestros días. ‘Frame By Frame’ es la canción que sigue a continuación y proyecta un esplendor progresivo aún mayor, explayándose con un dinamismo apabullante a través de la alternancia de tempos en 7/8 y 4/4. Los ornamentos que impone Bruford a su ingeniería rítmica son divinamente diabólicos mientras que los instrumentos de cuerda elaboran una arquitectura tan tensa como luminosa. Todo un cénit del álbum… y no será el único. ‘Matte Kudasai’ brinda un momento de serenidad desde el cual se exhibe una aureola de cálida melancolía: básicamente se trata de un blues-rock progresivo marcado con un swing jazzero sobriamente sofisticando, combinando aires hawaianos y orientales en su desarrollo melódico. ‘Indiscipline’ es otro cénit, un clásico indiscutible del legado post-70ero de KING CRIMSON. Estando musical y poéticamente centrado en la tensión propia del diálogo confrontacional con el yo que enfrenta una artista ante la elaboración de una escultura que a ratos le complacía y a ratos le aborrecía (la entonces esposa de Belew Margaret escribió sobre esta experiencia en una carta). La pieza comienza con un dueto de Stick y batería donde el primero mantiene un groove minimalista y la segunda arroja algunos redobles impacientes que anticipan el maelstrom turbiamente inteligente que ha de expandirse cual lava psicótica en las tres secciones instrumentales, todas ellas marcadas por el 5/4 del Stick para que las guitarras alternen y combinen solos y riffs. Para las partes habladas, la instrumentación se retrotrae para crear una densidad sutil. El espasmódico mantra “I repeat myself when under stress” y el clamor final “I like it!” son de antología. Esta canción y la primera muestran a un Belew capaz de superar a David Byrne en el desarrollo de su dadaístamente intenso paradigma vocal: se vuelve “Belewiano”, realmente. 

  

Solo una canción como ‘Thela Hun Ginjeet’ puede asumir la tarea de seguir adelante con el repertorio tras el fenomenal cierra de la primera mitad que impuso ‘Indiscipline’ con su cerebralmente desatado arrebato. Recibiendo la herencia del fragor inconmensurable de ‘Indiscipline’ tanto como la de la extroversión jovial de ‘Elephant Talk’, ‘Thela Hun Ginjeet’ abre la segunda mitad del repertorio con extrema fuerza de carácter. La autoritaria musculatura de los guitarreos y los robustos juegos de pulsaciones creados por la dupla Levin-Bruford. El título es un anagrama de la frase heat in the jungle (calor en la jungla) y hace directa alusión a una anécdota muy desagradable – aunque amena cuando es vista desde afuera –que vivió Belew justo en la época de los primeros ensayos del grupo en Londres. Resulta que el buen Adrian estaba paseando con una grabadora para registrar ruidos y voces callejeras en algunas calles londinenses cuando, primero, unos rastafaris de mala actitud trataron de robarle su grabadora, para luego toparse con unos agentes de policía que le llamaron la atención por exponerse innecesariamente a pasear a solas por un lugar tan peligroso. Su nerviosa narración de la anécdota fue secretamente grabada por Fripp y finalmente buena parte de su monólogo quedó registrada como “letra oficial” de la canción. Cuando se evaporan los últimos ecos de las pesadamente distorsionadas notas finales de guitarra de ‘Thela Hun Ginjeet’, nos preparamos para disfrutar del momento místico del disco: ‘The Sheltering Sky’. Bruford inicia las cosas tocando un hipnótico compás con un tambor de madera propio del folclore norteafricano mientras la guitarra rítmica de Belew se encarga de acentuar ciertos golpes percusivos de su colega, una instalación segura de la atmósfera exótica que ha de completarse mágicamente con la imponente acción exorcista que Fripp perpetra a la guitarra-sintetizador. Por su parte, Levin sustenta todo a paso firme mientras añade algunos vibratos que gestan recursos de determinante tensión. En algún momento de la segunda parte, Belew elabora un solo sobrecogedoramente místico mientras Fripp pasa a crear capas tan densas como minimalistas; como contrapelo, la labor del bajo se torna un poco más suntuosa. Para el último minuto, Belew y Fripp regresan a sus respectivos roles iniciales hasta dejar a Bruford dar unos golpes solitarios para el cierre.


Los últimos 5 minutos y pico del álbum están ocupados por el instrumental homónimo, el cual crea de por sí un estándar definitivo para el aspecto de minimalismo matemático que KING CRIMSON instaura para el resto de su etapa 80era y su futura resurrección de las tres décadas posteriores. La idea era crear una estrategia de férrea disciplina a cuatro bandas donde cada instrumento debía constreñirse de asumir cualquier tipo de protagonismo sin por ello limitarse a acompañar a los demás: de hecho, en esta estrategia proactiva compartida, los cuatro músicos se hacen cargo de armar un fundamento temático al mismo tiempo que un groove consistente y continuo. Aunque el sistema de cambiantes compases da la apariencia de caos al oído desatento, el asunto se resuelva realmente con un obsesivamente arquitectónico groove. El mismo Bruford se encarga de armar un tempo de 17/16 para sustentar la base de dicho groove. Este instrumental tan fabuloso era una pieza clave para este KING CRIMSON reformado, y no solo porque indicaba el nombre original del cuarteto, sino también porque era la pieza inicialmente indicada para abrir el disco. En efecto, la secuencia del repertorio que Fripp tenía inicialmente en mente una vez completo aquél era así: ‘Discipline’ / ‘Thela Hun Ginjeet’ / ‘Matte Kudasai’ / ‘Elephant Talk’ / ‘The Sheltering Sky’ / ‘Frame By Frame’ / ‘Indiscipline’. O sea, la idea era seguir el camino desde una estructura inicial hasta la desintegración de la misma en el tramo final mientras se seguía un proceso de alternados momentos de focalizada reflexividad y demoledora ansiedad. El orden de este repertorio en una mezcla especial aparece como uno de los ítems del Blu-ray que acompaña al CD en esta reedición. También aparecen imágenes de programas televisivos en los que el cuarteto presentaba algunas de sus piezas más llamativas: un programa de 1981 con ‘Elephant Talk’ y otro de inicios de 1982 con ‘Frame By Frame’ e ‘Indiscipline’. Vale resaltar cuán ensimismado se ve al público cuando se le brinda una versión particularmente intensa y extensa – 6 ½ minutos – de esta última canción, y por otra parte, es una pena que ‘Elephant Talk’ aparezca con el audio del disco. Se nota que el grupo toca en vivo pero en los archivos del canal televisivo parece que decidieron que el audio original no se podía usar. En fin, al final de esta reseña ponemos un vídeo con otra actuación televisiva de ‘Elephant Talk’ para compensar por esta “fechoría” del mainstream del show business.

  

Otra “fechoría discográfica”, perpetrada esta vez por la misma gente de KING CRIMSON, es el ocultamiento desde las reediciones de fines de los 80s, de la mezcla original de la hermosa balada ‘Matte Kudasai’, la cual incluía un solo de notas sostenidas de Fripp. Si bien es verdad que Fripp y Belew coincidieron en que dicho solo se sentía superfluo dentro de la estructura general de la pieza en cuestión, la cosa es que algo se sentía “raro” cuando comparábamos reediciones digitales anteriores con nuestro vinilo original de 1981. En fin, todo terminó bien pues esa versión original (ahora bautizada como alternativa) está incluida como bonus track en el remaster del 30mo aniversario, como parte del Blu-ray de esta reedición que tenemos ahora en nuestras manos. Una anécdota jugosa respecto a este solo del cual se renegó en el “Index Crimsoniano” es que los primeros acordes de dicho solo citan al bello instrumental ‘Peace’ de ese lejano segundo álbum “In The Wake Of Poseidon”, tal vez la más bella pieza de guitarra clásica que haya compuesto jamás el maestro Robert Fripp. Una segunda anécdota referente a esta bella balada es que la edición surcoreana del disco tuvo que hacerse cambiándole el título a la traducción inglesa ‘Please Wait For Me’ debido al aspecto antinipón de la idiosincrasia de dicho país: la alternativa de omitir la canción no era práctica para efectos de apreciación estética del disco ni para el respeto a la integridad de la visión de los artistas que lo forjaron. Otras novedades reveladoras de esta reedición incluyen una selección de loops vocales de Belew, algunos de los cuales fueron integrados a algunos de los temas del disco, además de las mezclas alternativas que registra Wilson de ‘Thela Hun Ginjeet’ y ‘The Sheltering Sky’, y la versión de 12” para las pistas de baile de ‘Elephant Talk’ (muy marchosa, la verdad que sí). Como curiosidad especial, se nos brinda un audio-documental sobre la aterradora historia de ‘Thela Hun Ginjeet’.


Toda la experiencia de gestar, arreglar, grabar y promocionar “Discipline” como una obra no solo de resurrección sino de remodelación de KING CRIMSON está perfectamente plasmada en estas palabras de Robert Fripp: “Sí, de seguro que esto se trata de KING CRIMSON. Pero es una banda de rock moderno que toca en 1981 y me atrevería a decir que algunos fans tradicionales de KING CRIMSON pueden ir a vernos esperando que toquemos las canciones rutinarias, pero si yo fuera un seguidor de KING CRIMSON tendría la expectativa de no recibir lo que me dictan mis expectativas”. Por su parte, Adrian Belew pontifica sobre la perfecta retrospectiva: “¡Pienso que era probablemente la mejor banda del mundo que existía entonces! Era simplemente la mejor alineación y se dio la perfecta combinación de elementos: lo pesado lo ligero, lo divertido y lo oscuro. Simplemente creo que había algo absolutamente mágico en la banda y ese primer disco es la prueba de ello. Aún suena novedoso”. No podríamos tratar de mejorar la precisión conceptual que atraviesa a estas palabras tan directamente entusiastas del entonces frontman y perfecto socio guitarrista de Fripp, ni tampoco nos esforzaremos en hacer una hermenéutica de las mismas, algo que sería soso, redundante y trivial. Simple y llanamente, celebraremos en estas palabras finales que en el año 2011 se hizo esta reedición de “Discipline”, una obra monumental e intensa que testimonia cómo se hacían las cosas en la élite rockera de inicios de los 80s. WE LIKE IT!!!


Muestras de “Discipline”.-
Matte Kudasai [version original del 1981]:  https://www.youtube.com/watch?v=4407HSVi-GA
Elephant Talk [en vivo en Fridays, 1981]: https://www.youtube.com/watch?v=GTQrlDzqUCA
Indiscipline [en vivo en Old Grey Whistle, 1982]:  https://www.youtube.com/watch?v=JmvA7oWGb40

Wednesday, September 28, 2016

Segunda arremetida de AMOEBA SPLIT

Second Split cover art

HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da la ocasión de celebrar el regreso al fuero fonográfico de una de las bandas más talentosas y creativas del actual escenario progresivo español: nos estamos refiriendo al ensamble gallego AMOEBA SPLIT, el cual se hace presente en nuestros actualizados estantes de discos con un disco buenísimo que se titula “Second Split” – claro juego de palabras que alude al hecho de que se trata de su segundo ítem de larga duración. Con la alineación hexagonal de Ricardo Castro Varela [órgano Hammond, piano, sintetizador Moog y mellotrón], Alberto Villarroya López [bajo, sintetizador Moog, piano eléctrico y guitarra de 12 cuerdas], Fernando Lamas [batería y percusión], Pablo Añón [saxo alto], Eduardo “Dubi” Baamonde [saxo tenor y flauta] y Rubén Salvador [trompeta y fiscorno], el grupo nos brinda un genial repertorio de seis piezas que representa un rotundo impulso desde las pautas estilísticas antes trazadas en el álbum del año 2010 “Dance Of The Goodbyes”. Para completar la arquitectura sónica diseñada para este álbum en particular, el sexteto cuenta con las ocasionales participaciones de una generosa cantidad de invitados: Israel Arranza al vibráfono, el cuarteto de cuerdas conformado el contrabajista Risto Voluanne, la cellista Lucía Quintero, la violista Elena Fernández y la violinista Sara García (violín), Félix Arias a la guitarra de 12 cuerdas, y la violinista Arantxa Vera. Pero el colaborador más recurrente es Iago Mouriño, quien aporta relevantes adiciones de teclados en dos tercios del repertorio. Ha sido un parto lento y esforzado el que ha experimentado “Second Split”, pues el proceso de grabación de su repertorio ha tenido lugar en dos episodios distintos: en abril del 2013 en los Estudios Abrigueiro de Lugo, y en diciembre del 2014 en Santa Cruz Recording de A Coruña. Pero bueno, ya es un ente tangible publicado por el sello mexicano Azafrán Media., el mismo que había reeditado hace un par de años el primer disco con un bonus track. Veamos ahora los detalles de “Second Split”, ¿vale?


‘Clockwise’ abre el disco con un despliegue de refinadísima musical que se enraíza sobre un groove llamativo dentro de su esencial sobriedad: la ambientación general es de sobria jovialidad revestida de etiqueta blanca y dorada. El breve inicio de ensayo simulado y puesta de orden es un válido recurso humorístico antes de que se explaye ante nuestros oídos y mentes una monumental ingeniería melódica que transita fluidamente entre el paradigma de NUCLEUS y el del SOFT MACHINE de la época 71-73. Con el simpático título de ‘Sundial Tick’, el ensamble elabora un estándar jazzero muy amable en su calidez esencial. La jovialidad instaurada en la pieza de inicia permanece incólume pero esta vez cambia de ropaje para mostrar una apariencia ligeramente más etérea, lo cual hace que los colores sónicos perpetrados por los vientos ostenten un talante ensoñador en medio de la obvia plenitud exhibida por la instrumentación íntegra. Algunos quiebres a lo FRANK ZAPPA entran a tallar para descuadrarnos en instancias efímeras bien calculadas. Una mención especial va para el bello solo de sintetizador que emerge a poco de pasada la frontera del tercer minuto: su grácil extravagancia nos llama la atención a pesar de su brevedad. ‘The Book Of Days’ se enfoca en una ambientación de cámara a través de un etéreo trabajo realizado por el ensamble de un cuarteto de cuerdas y un vibráfono. El resultado se traduce en un momento de embrujadora calma desde la cual la música se convierte en herramienta de estimulación para una actitud contemplativa. Dado que dura menos de 2 ½ minutos, el rol de ‘The Book Of Days’ resulta ser principalmente el de preámbulo a la siguiente pieza, titulada ‘Those Fading Hours’, la cual nos muestra por primera vez la faceta más densa de la agenda musical de AMOEBA SPLIT.

En efecto, ella  se enraíza en la heredada aura de recogimiento del tema precedente y la traduce en algo más majestuoso e inquieto: portando iguales dosis de herencias del SOFT MACHINE de la época del “Six” y del WEATHER REPORT de la etapa pre-“Mysterious Traveller”, además de algunos retazos del primer MAHAVISHNU ORCHESTRA, el grupo se explaya en una fenomenal oleada de cadencias recurrentes que apelan a nuestras sensibilidades más lisérgicas. La agitación estética que experimenta el oyente empático es rotunda mas para nada aparatosa; por el contrario, se da en un ambiente de estricta sobriedad reflexiva. La coda espacial marcada por efectos en reversa de vientos y cuerdas sobre una secuencia de guitarra de 12 cuerdas, añadiéndose efectos de risas de bebé, refuerza la idea de ponderada meditación que ha reinado a través de los 8 ½ minutos que dura la pieza. ‘Backwards All The Time’ (título que parece un homenaje a los aportes que hizo el maestro Mike Ratledge al ideario musical de SOFT MACHINE). El esquema de trabajo que exhibe esta pieza recibe algo de la densidad antes presente en ‘Those Fading Hours’ pero se nota aquí una actitud más abierta hacia la exteriorización de caleidoscopios sonoros mientras el grupo preserva su energético jam de base: esto conlleva una efectiva retoma del majestuoso esparcimiento que caracterizó al tema de entrada. Los ecos de los legados de KEITH TIPPETT y HERBIE HANCOCK (pre-1973) se hacen notar firmemente. El cierre del disco viene con el que según nuestra humilde opinión es el mejor tema del repertorio: ‘About Life, Memories And Yesteryears’. En poco más de 8 minutos, el grupo desarrolla una exuberancia señorial a punta de trabajar sonoridades y armonizaciones majestuosas entre los instrumentos involucrados, cuidándose mucho de llegar a lo pomposo mientras elabora diversos grooves a lo largo del camino, mayormente serenos: el epílogo de piano impone su belleza a despecho de su efímero espacio. La estrategia musical aquí empleada es realmente mayúscula, como mayúscula es también la idea de colocar a esta cima insuperable en el último lugar del repertorio, algo impactante y duradero en la memoria del oyente cómplice.

Todo esto fue “Second Split”, una labor jazz-progresiva sublimemente inspirada que refuerza la ubicación de los AMOEBA SPLIT en la primera línea de la avanzada progresiva española contemporánea, y de hecho, no solo es eso, sino que también les confirma como parte de la élite campeona de las diversas escenas progresivas que se siguen desarrollando en el circuito europeo. Disco altamente recomendado.


Muestras de “Second Split”.-
About Life, Memories And Yesteryears: https://amoebasplit.bandcamp.com/track/about-life-memories-and-yesteryears