Tuesday, March 08, 2016

DAVID BOWIE: el destello final de una estrella de todos los colores


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos toca pasar revista al último disco de DAVID BOWIE “Blackstar”, uno de los ítems rockeros más importantes del año – como pasa prácticamente con cualquier cosa que publicaba BOWIE – y que tiene un significado obligatoriamente especial debido a que será por siempre el último disco de este emblemático “Camaleón del Rock”. Publicado en el día 8 de enero de este año, justo en el cumpleaños #69 de BOWIE, resultó ser también su carta de despedida pues solo le quedaban 48 horas para unirse a la órbita del Mayor Tom. El proceso de creación y producción de “Blackstar” tuvo lugar mientras BOWIE batallaba contra el cáncer al hígado, un dato solo conocido por su entorno familiar y su amigo de toda la vida Tony Visconti, quien una vez más fungía de productor para el nuevo disco del genio nacido en Brixton. Lo primero que muchos vimos en las apocalípticas imágenes del vídeo-clip promocional de ‘Blackstar’, difundido por primera vez en la segunda mitad de noviembre del 2015, fue un retrato de la crueldad terrorista fundamentalista, siempre bajo ese embrujo surrealista que BOWIE manejaba tan bien en sus clips más memorables (empezando con el mítico ‘Ashes To Ashes’). Ya con el segundo vídeo-clip promocional que era sobre la canción ‘Lazarus’, publicado al mes siguiente, BOWIE nos regalaba imágenes turbias y grisáceas de él con los ojos vendados en una cama y otras vestido de demacrado “Duque Blanco Delgado” que terminaba entrando en un armario caminando hacia atrás. Esta última escena se reiteró en nuestras cabezas cuando en el fatídico 10 de enero se anunciaba el viaje definitivo del inventor de Ziggy Stardust y el Duque Blanco hacia el más allá: claro, al volver a ver el vídeo de ‘Blackstar’ pudimos reinterpretar apropiadamente esas escenas del astronauta muerto con el cráneo corrompido como las centrales de todo el escenario global. Bueno, “Blackstar” quedó como el álbum testamentario de DAVID BOWIE… ¡y qué disco tan bueno, pardiez! Junto a su laboriosa empresa compositiva y su canto, BOWIE se limitó en esta ocasión a tocar algo de guitarra acústica y un poco de la eléctrica, armónica, además de escribir arreglos orquestales.


En esta jornada de despedida y autoinspección tanática, sus compañeros de viaje fueron Donny McCaslin [saxofones, flauta y clarinetes], Ben Monder [guitarra], Jason Lindner [piano, órgano y sintetizadores], Tim Lefevbre [bajo] y Mark Guiliana [batería y percusión]: un ensamble de personalidades del jazz contemporáneo y el art-rock, un ensamble a la medida de las ambiciones estéticas de BOWIE. Esta cuestión de investigar en los discursos del jazz de última generación, la psicodelia moderna y la electrónica para integrarlas en un esquema rockero no es nueva en la trayectoria de este señor: tenemos los ejemplos de “Black Tie, White Noise”, “Outside” y “Earthling” como testimonios claros de aventuras semejantes en ese periodo tan crucial de reelaboración del espíritu innovador de BOWIE. En el caso específico de “Blackstar”, tenemos una estrategia de énfasis de lo jazzero en cuanto a los grooves predominantes y los ornamentos de los vientos, además de una frescura muy propia que, en cierto modo, hereda el impulso creativo del disco anterior “The Next Day” (2013), aunque sea con un nuevo plan de trabajo. El repertorio de “Blackstar” comienza con la pieza que justamente da título a la placa, la misma que dura casi 10 minutos. Estableciendo ambientaciones etéreas en clave acid house para el motivo central y sustentando a aquéllas sobre un swing herméticamente sensual al modo del nu-jazz, el canto de BOWIE y los ornamentos de viento destilan una aureola de lánguida tristeza. Mientras transcurre el cuarto minuto, la ambientación vira hacia un dinamismo más ágil donde la intensidad psicodélica antes latente se hace ahora patente, imponente, incluso trayendo algo de extroversión al asunto del interludio en curso; al respecto, se nota que BOWIE asume un canto más expresivo mientras el bloque instrumental adquiere una cierta calidez envolvente que casi nos recuerda a la línea de trabajo de los inmortales THE BEATLES de la época 1967-68. Para los últimos dos minutos, el motivo central retorna fortalecido, mostrando aristas bizarramente futuristas bajo un manto de mágica magnificencia. Qué gran manera de comenzar el disco… y qué manera de seguir adelante con la emergencia de ‘‘Tis A Pity She Was A Whore’, una canción bastante marchosa que ostenta un colorido vigoroso cuya raíz central se halla, en no poca medida, en los aportes de vientos a cargo de McCaslin. También hay un mérito especial en la manera tan convincente con que la dupla rítmica instala el groove aparentemente sencillo para motivar un talante sofisticado en la armazón instrumental global. La anécdota es que una asistente de sonido, Erin Tonkon, colabora con los coros. Los teclados aportan capas flotantes a contrapelo del nervio desarrollado por los vientos, acrecentando su grosor mientras la canción va avanzando a su fin.


‘Lazarus’ es la tercera canción del álbum, durando 2 minutos más que en la versión utilizada para el vídeo-clip respectivo. Las primeras líneas nos golpean sin compasión: “Look up here, I’m in heaven. / I’ve got scars that can’t be seen.” Más adelante, llega el implacable anuncio: “You know, I’ll be free just like that blue bird.” El groove cadencioso de la canción, a medio camino entre el jazz y el post-rock, apunta hacia el desarrollo de una atmósfera elegíaca, pero lejos de centrarse en un aura de simple tristeza, llega la energía expresionista a cargo de los adustos guitarreos y el fabulosamente fulguroso solo de saxofón, el mismo que es acentuado en varios pasajes por la batería. Cerca del final, mientras la atmósfera regresa a la sutil melancolía inicial, se abre un espacio para un hermoso solo de bajo. La cuarta canción, que responde al título de ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’, casi nos toma de sorpresa con esa vitalidad señorial que el encuadre de guitarra, bajo y batería nos regala desde el primer instante. Tenemos en esta canción la encarnación perfecta de un híbrido entre la esencia modernista del álbum “Earthling” y la exuberancia tenebrosa del álbum conceptual “Outside”. Posiblemente también sería justo mencionar algo del legado del “Station To Station” en sus pasajes más aventureros, así como a los paradigmas de THE VELVET UNDERGROUND y JOHN CALE (revitalizados bajo una óptica modernista). Con esta inteligente mezcla de psicodelia, dance-music y jazz-rock, pocas veces ha rockeado tan convincentemente el buen DAVID desde fines del milenio pasado. Tanto ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’ como ‘’Tis A Pity She Was A Whore’’ han aparecido anteriormente en el meticuloso disco recopilatorio del 2014 “Nothing Has Changed”, pero ahora vienen en nuevas versiones: en el caso de esta última, todas las partes originales de saxo provistas por BOWIE fueron íntegramente reemplazadas por McCaslin. Menos frenético que ‘Sue’ pero igualmente inquietante y con similares dosis de intensidad expresiva, ‘Girl Loves Me’ se refocila en ambientes futuristas y un inteligente manejo de atmósferas electrónicas para estas aventuras jazz-rockeras que BOWIE y sus compañeros de viaje continúan explorando entusiastamente. En estas dos canciones aparece James Murphy como percusionista adicional. Nos vamos acercando al final del álbum cuando emerge ‘Dollar Days’, diseñada para erigirse en la canción más relajante del álbum. Es como si el espíritu contemplativo de los días del “Hunky Dory” hubiese renacido momentáneamente para ser replanteado bajo estas nuevas pautas: posiblemente sea justo evocar, en parte, a las huellas de los más recientes “Heathen” y “Reality”. La complicidad entre la guitarra acústica de BOWIE y las capas de sintetizador a la hora de desarrollar las bases armónicas de esta canción asienta sólidamente dicha espiritualidad contemplativa, mientras que los exuberantes solos de saxofón y guitarra se encargan de capitalizar la energía inherente al ensamble.

  

El crescendo con el que se arma el cierre de ‘Dollar Days’ sirve para abrir la puerta a la última canción del disco, ‘I Can’t Give Everything Away’, la misma que porta una base melódica y un esquema rítmico muy alegres. Con una armónica que nos recuerda a ese bello instrumental que cerraba el lado A de “Low” (‘A New Career In A New Town’) y un saxofón juguetón que emite vibraciones exultantes, el desarrollo temático adquiere una luminosidad primaveral, casi como evocando a un futuro florecimiento del alma tras el breve tránsito a través del valle de la muerte. Si aquella pieza instrumental del glorioso álbum “Low” reflejaba la sensación de aventura al abandonar su cuartel neoyorquino con miras a rehacer su vida y su trayectoria musical en Berlín, una de las sedes de la vanguardia artística europea, ahora en ‘I Can’t Give Everything Away’ tenemos el relato de una transición definitiva, la transición al más allá, y por eso no puede tratarse de una pieza instrumental; hay algo que decir antes de partir. “Seeing more and feeling less. Saying no but meaning yes. This is all I ever meant. That’s the message that I sent.” – la poesía de BOWIE resulta idóneamente inspirada para reflejar esa sensación de mirar hacia atrás sin una molécula de rabia. Mientras esa última nota de sintetizador de ‘I Can’t Give Everything Away’ se desvanece, solo podemos sentirnos agradecidos por que exista un álbum como “Blackstar”, un disco de grandes méritos artísticos más allá de las tristes circunstancias que le rodearon. Si este disco es la carta de despedida de una estrella fugaz que cae en busca de la eternidad transmundana, la marca de BOWIE como un personaje visionario y creativo a lo largo de varias décadas dedicadas al rock queda perenne, siempre brillando en las alturas del cielo. Esta estrella proclama tener un nombre negro pero su brillo refleja la blancura más pura que es capaz de surgir del arte del sonido. Mientras miramos al Starman volar hacia el más allá como un héroe inmortal cuyas cenizas arrojamos a los cuatro vientos, gritamos desde nuestros escondites subterráneos: “¡DAVID BOWIE VIVE PARA SIEMPRE!”


Muestras de “Blackstar”.-
Sue (Or In A Season Of Crime): https://www.youtube.com/watch?v=MOGPDAFTLQY


Saturday, March 05, 2016

Los primeros sueños cristalinos de SHADOW GALLERY


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

SHADOW GALLERY es el nombre de una de las bandas norteamericanas más celebradas dentro del ayer y el hoy del escenario prog-metalero a nivel mundial. Sus inicios se remontan a inicios de los 80s, en el estado de Pennsylvania, bajo el nombre de SORCERER, enfocándose en hacer versiones de clásicos del heavy metal y el prog: por aquel entonces, el grupo estaba conformado por Mike Baker, Carl Cadden-James, Ron Evans y John Coonie. Fue a mediados fines de los 80s que el grupo comenzó a forjar su camino de madurez estilística, mientras Evans salía el grupo y entraban en escena los guitarristas Brendt Allman y Chris Ingles; en una situación que resultó crucial, este último pronto pasó al rol de teclista, aprovechando además que estaba estudiando piano en el ámbito académico. Con el inicio de la década de los 90s, el grupo pasó a llamarse SHADOW GALLERY y asumió la decisión de combinar las influencias de las entonces novedosas propuestas de DREAM THEATER y FATES WARNING con los legados prog-sinfónicos de unos YES, GENESIS, KANSAS y EMERSON, LAKE & PALMER, más los vigorosos paradigmas de RUSH, IRON MAIDEN y JUDAS PRIEST. En lo referente al departamento vocal, QUEEN, QUEENSRŸCHE y YES son las influencias más patentes. A inicios de 1991, el grupo grabó una maqueta con 8 canciones, y esa maqueta llamó la atención de la gente del entonces nuevo sello Magna Carta: con prontitud y decisión, los jefes de dicho sello propusieron un contrato de grabación, siendo el primer paso el de publicar 7 de esas 8 canciones en un disco homónimo, el mismo que se hizo realidad en abril de 1992. La alineación de SHADOW GALLERY consistía entonces en Mike Baker [voz y coros], Carl Cadden-James [bajos con y sin trastes, flauta y coros], Brendt Allman [guitarras eléctricas y acústicas, y coros], Chris Ingles [piano y sintetizadores] y Ben Timely [batería y percusión]. Ben Timely no era una persona real, sino el bromista apodo que le puso el grupo a la caja de ritmos Alesis HR-16, la cual fue utilizada para la maqueta mencionada anteriormente. Como la gente de Magna Carta decidió publicar la maqueta misma, el baterista real del grupo John Croonie quedó relegado a mero percusionista adicional en algunas secciones del material publicado en “Shadow Gallery”: esto le incomodó mucho, lo suficiente como para que decidiera irse del grupo. Yendo a algo más agradable, la imagen central de la portada es muy ilustrativa: Ícaro está listo para despegar de noche, y eso puede muy bien simbolizar a este momento que vive SHADOW GALLERY, el momento del despegue de su propuesta musical en medio de una noche incierta sin saber qué le traerá el nuevo día que llegará en unas cuantas horas.  


Pasamos ahora directamente a la apreciación del repertorio de “Shadow Gallery”, y nos complacemos instantáneamente con ese magnífico despliegue de barroquismos y esquemas románticos que marcan la esencia dominante de ‘The Dance Of Fools’, hermosa pieza de entrada que se inserta más profundamente en los estándares del viejo sinfonismo británico que en el modelo prog-metalero propiamente dicho. Los arreglos de teclados ocupan un intenso protagonismo en la arquitectura instrumental global, aunque sin cerrar espacios para el lucimiento de robustos riffs y solos de guitarra: YES, EMERSON, LAKE & PALMER y KANSAS son los referentes nucleares. Luego sigue la dupla de ‘Darktown’ y ‘Mystified’, diseñada para aumentar el rol del factor prog-metalero dentro de los encuadres instrumentales en curso, y también para impulsar desarrollos temáticos más multicoloridos. ‘Darktown’ comienza con oscuros ornamentos de teclado que parecen apuntar a envolventes atmósferas góticas, pero en realidad se trata de un solemne ritual de iniciación a un furioso viaje metálico: en el centro de esta introducción instrumental vemos que es posible hacer convivir los guitarreos del estilo de FATES WARNING con saltarines efluvios de flauta a lo JETHRO TULL. El primer pasaje cantado se instaura sobre un compás lento muy a lo GENESIS, el cual sirve idóneamente para que el grupo coquetee igualmente con el sinfonismo clásico y con el neo-prog; el canto de Baker es evocativo y elegante, y así se mantiene en los momentos más frenéticos, los mismos que sirven para que el grupo exorcice su devoción por la aparatosa frescura del modelo prog-metalero. Tras aprovechar bien la expansión temática, la cual incluye un gran duelo entre Allman e Ingles, el grupo vuelve a la sección lenta para el fade-out instrumental. ‘Mystified’, por su parte, establece una modalidad sonora bien enraizada en el hard rock clásico (a medio camino entre DEEP PURPLE y DIO) y el paradigma del primer QUEENSRŸCHE: esto tiene lugar dentro de un desarrollo temático suntuosamente instalado sobre un compás lento y envuelto en un ejercicio de elegante autoconstricción en las labores de las guitarras y los teclados.


‘Questions At Hand’ comienza en plan genuinamente metálico, creando riffs y esquemas rítmicos fieros bajo la inspiración de los modelos de DREAM THEATER y METALLICA. El gancho del primer núcleo melódico ingeniado para esta canción se impone sin atenuantes, mas luego vira hacia unas vibraciones más reflexivas cuando unos interludios más reposados entran a tallar con la finalidad de organizar recursos de variedad temática. Tras volver a las iniciales atmósferas fieras para el pasaje final, el tic-tac de un reloj de salón abre la puerta a la emergencia de ‘The Final Hour’. Siendo ésta la canción más breve del álbum con sus poco más de 5 minutos de duración, comienza como una balada serena y luego instaura su motif central bajo las pautas del metal neo-clásico con las estilizaciones pomposas propias del prog-metal. Con ‘Say Goodbye To The Morning’, la banda regresa plenamente al predominio del aspecto sinfónico: hay un pasaje iniciado por la tríada de piano-guitarra acústica- flauta que porta fuertes aires de familia con el modelo de GENESIS, aunque no tarda mucho en tallar el factor rockero bajo las influencias de KANSAS y STYX, además de contar con algunos solos de guitarra a lo YNGWIE MALSTEEM.Los últimos 17 minutos y pico del disco están ocupados por la suite ‘The Queen Of The City Of Ice’. Los pasajes pastorales gozan de una inmensa presencia a lo largo del ambicioso desarrollo musical de esta suite, siendo así que el tenor renacentista de las líneas vocales y arreglos corales producen una sensación de majestuosa calidez (al modo del GENESIS clásico con algunos matices de URIAH HEEP y el RAINBOW de los primeros discos).En algunas intervenciones corales se añade la intervención de la invitada Lianne Himmelwright. A poco de pasada la barrera del octavo minuto y medio, las cosas se intensifican al nivel de un híbrido de RUSH y YES, pasando luego a territorio prog-metalero: el interludio instrumental se siente robusto, aunque su vuelo no es muy extenso. Tras un momento teatral en el que se desarrolla un breve diálogo, volvemos a la cálida belleza del motivo central, haciendo que el oyente empático se deje seducir por el bello estribillo con el que se arma el fade-out. El balance general de “Shadow Gallery” es que se trata de un disco que contiene un catálogo pensado con sorprendente madurez musical pero que carece de una apropiada producción de sonido; bueno, no olvidemos que se trata de una maqueta.


Si bien este primer disco no fue precisamente un éxito de ventas, sí logró llamar la atención de buena parte del público receptivo a la nueva movida prog-metalera de ese momento. Más aún, el sello Magna Carta aprovechó la buena onda que había en las redes virtuales progresivas para con esta y otras bandas de su catálogo (MAGELLAN, ENCHANT, CAIRO, TRADE WORLD, TEMPEST) para organizar diversos discos de tributo a YES, PINK FLOYD, GENESIS, RUSH, JETHRO TULL, etc., con las participaciones de dichas bandas. La gente de SHADOW GALLERY formó parte de casi todas estas actividades de homenaje, y en el camino, incorporó a sus filas al baterista-percusionista Kevin Soffera y al guitarrista-teclista Gary Wehrkamp: el rol de este último resultó vital para darle un enfoque más redondo al sello personal del grupo, pues no solo es un instrumentista que pueda ampliar las presencias de las guitarras o los teclados según la ocasión, sino que también es un prolífico compositor. Es sintomático que una de sus primeras intervenciones como integrante de SHADOW GALLERY haya sido tocando casi todos los instrumentos (salvo uno de los solos de guitarra) en una versión del clásico de PINK FLOYD ‘Time’ dentro del disco de tributo “The Moon Revisited”. Ahora, como sexteto, el grupo estaba preparado para idear, gestar y registrar una de sus obras maestras definitivas: “Carved In Stone”. Grabado en marzo y abril de 1995, fue publicado en julio del mismo año y hasta el día de hoy es considerado como una de las piedras angulares del revival progresivo estadounidense de los 90s. Es que es un disco donde el grupo funciona más como un grupo… es una orquesta de rock que se mueve por una diversidad de códigos musicales y maneja todos ellos con una solvencia tan vibrante como imponente. El grupo pasó por una etapa no precisamente libre de problemas mientras gestaba esta joya. El apoyo económico y logístico de parte del sello era intermitente, por lo que el grupo no podía agenciarse una gira nacional ni tampoco participaciones en festivales de rock, lo cual les hubiera permitido foguearse. Además, en medio de esta determinada frustración, Ingles dejó por unos meses al grupo para dedicarse en exclusiva a su formación académica; algunas partes de piano escritas por él tuvieron que ser ensayadas y grabadas por Wehrkamp a fin de sacar provecho a la temporada de grabaciones y a la inspiración del momento. De todas maneras, este último impasse se resolvió positivamente con el regreso de Ingles y el reasentamiento del sexteto. La portada de este segundo disco es también muy ilustrativa: un inmenso reloj de sol tiene una antorcha encendida en su centro mientras el amanecer se anuncia en medio del cielo rojizo. Atrás quedó la noche de la portada del primer disco y ahora es el turno de mirar al nuevo día con optimismo y prestancia. Pasemos ahora a los detalles de “Carved In Stone”: valgan verdades, ya no nos aguantamos las ganas de hacerlo.


La canción de entrada ‘Cliffhanger’ comienza con un ambiente misterioso, masivamente marcado por ambientaciones góticas e impresionistas en las que la comunión de piano y sintetizador comandan la vía de emergencia para el cuerpo central. Majestuoso y cadencioso, éste se proyecta hacia un hermanamiento de los paradigmas de FATES WARNING y DREAM THEATER, con trazos del BLACK SABBATH de la época de Dio. Cuando el pasaje instrumental explota con todo su furioso esplendor, toda la tensión antes contenida se suelta con solvencia y gancho, derivando finalmente hacia un reprise del cuerpo central para el fade-out. ¡8 ¾ minutos de pura gloria prog-metalera! El ‘Interlude #1’ perpetúa por unos instantes la aureola amenazante que constituyó la temática de ‘Cliffhanger’ antes de que ‘Crystalline Dream’ – una de las canciones inmortalmente emblemáticas de SHADOW GALLERY – instaure un espíritu extrovertido y autoafirmativo. Las bellas líneas corales y los sucesivos solos de guitarra y sintetizador son simplemente increíbles. Es justo decir que estas dos primeras canciones de “Carved In Stone” exponen de forma clara y definitiva las pautas y las coordenadas para la esencia definitiva del grupo. El ‘Interlude #2’ no es tanto un interludio strictu sensu como un puente de mágica ceremoniosidad entre el fulgor épico de ‘Crystalline Dream’ y la mística solemnidad de ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’, una de las baladas progresivas más bellas que se hayan compuesto en los 90s. Con unas irresistiblemente manieristas bases de piano, unos enormes arreglos orquestales de teclado, sucesivos solos de flauta y guitarra que van desde lo melancólico a lo rabioso, y sobre todo, las bellísimas líneas vocales idóneas para la temática apocalíptica de la letra, esta canción se erige en la perfecta culminación de la serie séxtuple inicial del álbum. Esta serie se cierra con ‘Interlude #3’, miniatura que recoge los ecos de la majestuosa melancolía de ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’ para darle un concluyente reposo sostenido. No podemos realmente descansar de la regia musicalidad que ha exhibido la banda pues acto seguido surge ‘Warcry’, otra canción masivamente épica que nos remite a los legados de YES, KANSAS, GENESIS y IRON MAIDEN. A través de su espacio de 6 minutos, la banda transita a través de los bien hilados desarrollos multi-temáticos con una fluidez absolutamente pulcra. El vigor viril del pasaje final no desparece tras el fin del fade-out, deja una huella perenne en el espíritu del oyente empático. la trilogía de ‘Crystalline Dream’, ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’ y ‘Warcry’ es simplemente monumental. El momento de verdadero reposo surge con el bello instrumental ‘Celtic Princess’, ejecutado a dúo de piano y guitarra acústica. Como su título bien lo señala, el cuerpo central ostenta un colorido céltico, aunque el esquema performativo escogido nos hace pensar más en los tiempos de Chopin y Liszt.

La canción más corta del disco es también la más directamente estandarizada bajo las coordenadas del prog-metal: se titula ‘Deeper Than Life’ y ostenta guitarreos poderosos por todas partes, esquemas rítmicos complejos y gancho melódico ineludible. Es una canción hecha con grandes instintos artísticos a pesar de que se nota que no aspira a las mismas pretensiones estéticas de cualquiera de las anteriores. ‘Alaska’, por el contrario, es una balada acústica respetuosa de los legados pastorales de YES y GENESIS: Baker y sus colegas exploran matices angelicales de sus aportes vocales. Esta balada que expresa una alegre melancolía incluye un refinado solo de flauta además de sobrios pasajes de piano que se amoldan muy bien a los fundamentos establecidos por las guitarras acústicas de 6 y 12 cuerdas. Los efímeros interludios que respectivamente anteceden y suceden a ‘Alaska’ consisten en efectos de sonido que emulan un viento helado; en el caso del segundo de ellos, la noción se realza eficazmente al anunciar la suite de casi 22 minutos de duración titulada ‘Ghostship’. Con esta maratón musical, el grupo nos revela el plato fuerte del álbum. Las secciones responden sucesivamente a los títulos autónomos de ‘The Gathering The Night Before’, ‘Voyage’, ‘Dead Calm’, ‘Approaching Storm’, ‘Storm’, ‘Enchantment’ y ‘Legend’. La secuencia de las dos primeras secciones es una celebratoria manifestación de climas célticos en clave metalera, muy en línea con las épocas más gloriosas de IRON MAIDEN, siendo así que los ornamentos de teclado (a lo EMERSON-con-WAKEMAN) añaden un oportuno aire de estilización fastuosa al asunto. Los efectos cósmicos de sintetizador en las instancias finales de ‘Voyage’ abren la puerta a las ambientaciones etéreas de ‘Dead Calm’, cuya aureola de tensa expectativa resulta bien expresada en las espartanas armonizaciones de la guitarra acústica de 12 cuerdas: se anuncia algo que parece tenebroso sin que suene chocante o apabullador. Con la dupla de ‘Approaching Storm’ y ‘Storm’, la banda nos obsequia los momentos más pesados del disco: ampulosos, amenazantes y robustos, los riffs y solos se desarrollan dentro de una ingeniería progresiva muy sólida, indudablemente deudora del DREAM THEATER de la época 89-95. La inclusión de un pasaje en clave thrash-metal nos remite de lleno al paradigma de SLAYER, y de inmediato se clausura con un puente ceremonioso que abre campo a un maravilloso solo de piano. Éste se titula ‘Enchantment’ y recoge, dentro de su solitaria elegancia, una combinación de temeroso respeto a los misterios del más allá con el colorido propio del florecimiento de lo que renace; de este modo, el terreno está preparado para la sección final, la misma que exhibe una musculatura solemne, propia de lo épico en el sentido más esplendoroso de la palabra.

El final de la suite ‘Ghostship’ no firma todavía el final de “Carved In Stone”, pues tras unos momentos de silencio, suenan los continuos golpes de unos nudillos sobre una puerta de madera. Esos golpes suenan con insistente paciencia por un par de minutos. ¿Qué es lo que está pasando? Se está aguardando el arribo del epílogo del álbum, una hermosa pieza sinfónica compuesta por Wehrkamp que se titula ‘T.G. 1994’, en alusión el Día de Acción de Gracias del año 1994. La ambientación general de este epílogo, generosamente orquestado y elegantemente conducido por las bases de piano, nos recuerda al prototipo de THE ENID, y posiblemente también a la faceta más propiamente académica de RICK WAKEMAN. Lo que más se hace notar de ‘T.G. 1994’ es la amable placidez con la que se desarrolla su espiritualidad épica. En agosto de 2015, el sello Magna Carta – aún vigente pero sin contar en su catálogo actual con las bandas que lo iniciaron – publicó un double feature con estos dos primeros de SHADOW GALLERY. Es un ítem interesante, no nos cabe duda al respecto, pero no cancela la importancia que tiene el retener los ítems individuales originales para quien los tenga. Es que esta doble reedición tiene información muy parca tanto en el arte gráfica como en la información escrita; de hecho, ni siquiera trae las letras de las canciones. Pero bueno, es una buena compra para quien no adquirió los dos discos en su momento y guarda al grupo en lugares muy importantes de su mente y corazón progresivos.


La vida siguió para adelante en la evolución creativa de SHADOW GALLERY, gestando dos discos conceptuales, “Tyranny” y su secuela “Room V”, y un álbum en el ínterin titulado “Legacy”: éste fue el último disco del grupo para el sello Magna Carta, y de paso, también el último con la alineación de sexteto, pues Ingles abandonó definitivamente a la banda en el año 2005, poco antes del inicio de las sesiones de grabación para “Room V”, con lo cual dejaba a Wehrkamp como el único a cargo de los teclados. Hoy por hoy, desde inicios del 2009, el grupo cuenta con un frontman llamado Brian Ashland, ocupando el lugar antes poseído por Mike Baker, quien lamentable y prematuramente falleció el día 29 de octubre del año 2008: tenía solo 45 años. Dedicamos esta retrospectiva de “Shadow Gallery” y “Carved In Stone” a su memoria.


Muestras de SHADOW GALLERY.-
Bridge 1 + Crystalline Dream: https://www.youtube.com/watch?v=t9I3GUfIrW8
Don’t Ever Cry, Just Remember + Bridge 3: https://www.youtube.com/watch?v=ziJ564I6ZWE


[Esta reseña incluye información originalmente publicada en el siguiente enlace de la página web La Caja De Música:http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/shadowgallery_carvedinstone.html]



[Dedico esta retrospectiva a mis amigos Christian Díaz y Rodrigo González Zegarra, quienes me introdujeron en el maravilloso mundo musical de SHADOW GALLERY.]

Thursday, March 03, 2016

VIII STRADA o el ímpetu de la música progresiva babilónica


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos centramos en el grupo italiano VIII STRADA, so pretexto de su álbum conceptual “Babylon”, el mismo que fue publicado a mitad de noviembre pasado a través de la coproducción de Fading Records y AltrOck Productions. Conformado actualmente Tito Vizzuoso [primera voz y coros], Daniele Zigliani [guitarras y coros], Silvano Negrinelli [teclados y coros], Sergio Merlino [bajo y coros] y Riccardo Preda [batería y coros], este grupo se dedica a cultivar una modalidad hard de rock sinfónico al estilo de la larga tradición progresiva de su país desde mediados del primer decenio del nuevo milenio, que fue cuando se formó en la ciudad de Milán. Habiendo debutado con un EP homónimo, y tras la experiencia de una primer disco de larga duración publicado en el 2008 bajo el título de “La Leggenda Della Grande Porta”, con la publicación de “Babylon”, el grupo madura su voz musical generando recursos de sólido eclecticismo a través de una fuerte personalidad sonora que se siente bien definida. Todas las composiciones y letras del disco están a cargo de Negrinelli, y también se ocupa él de aportar todas las pinturas que forman parte del arte gráfica del álbum; el diseño gráfico estuvo a cargo del vocalista Vizzuoso.


Durando 9 ½ minutos, ‘Ombre Cinesi’ abre el álbum con una soltura bárbara que alterna pasajes de ceremoniosa pesadez con otros de tenebrosa agilidad, manteniendo siempre una emotividad oscura como esencia consistente de la expresividad en curso. La pieza bien puede describirse como un híbrido de la vieja escuela de BIGLIETTO PER L’INFERNO y la nueva de L’ALBERO DEL VELENO pero con una acidez directa semejante a la que recordamos en los discos de A PIEDI NUDI y MALIBRAN en aquella década del revival prog 90ero, además de algunos ribetes prog-metaleros que entran a tallar en los pasajes finales. Tras esta poderosa apertura sigue la dupla de ‘Preludio A Eclipse’ y ‘Eclipse Alunaire’: el primero de estos temas es un instrumental sinuoso, generoso en la elaboración de fastuosos climas manieristas y expresionistas a lo largo de su ambiciosa ilación multi-temática; el segundo es un tema cantado cuya dimensión sinfónica queda debidamente marcada por la guía que el teclado emplea a la hora de centrar las articulaciones instrumentales globales, incluso abriendo un espacio a ambientes tétricos en el preámbulo al pasaje de cierre. ‘Deguello’ es un instrumental que cumple con la función de ahondar en la fluida mezcla de tradición prog-sinfónica y prog-metal melódico que la banda maneja con extrema pulcritud e impecable nervio, con lo cual abre la puerta para la mostración de la musculatura más directa de ‘1403, Storia In Firenze’, una canción que se sitúa muy en línea con las líneas de trabajo de otras bandas italianas como PROFUSION y NOT A GOOD SIGN. La canción homónima dura 10 ½ minutos y se erige en la más larga del disco, además de encarnar la cúspide expresiva del álbum. Es que su despliegue de musicalidad a través de sus sesudas variantes de motivos y ambientes resulta extremadamente contundente en lo que parece ser una celebración del dramatismo. Comenzando con una aureola de grisácea solemnidad que parece querer esconder algo inquietante bajo una sutilmente densa superficie, no tarda mucho la armazón instrumental en mostrar sus aristas más enérgicas para así explayarse en una arquitectura sónica donde lo gótico y lo manierista se conjugan en un groove llamativo: en este sentido, se nos recuerda a las líneas de trabajo de las bandas compatriotas IL TEMPIO DELLE CLESSIDRE y LE PORTE NON APERTE, además de los refinados delirios teatrales de unos LA COSCIENZA DI ZENO. Las alternancias entre poderosos pasajes pesados y otros repletos de preciosismo sinfónico tienen lugar en una ilación muy pulcra.

  

Bajo el título de ‘Time Of Stardust’ yace un instrumental sereno y cálido, no ajeno al influjo del estándar clásico de GENESIS, tras el cual emerge ‘Slow’, canción que empieza recogiendo el impacto de las vibraciones intimistas de la pieza precedente para ahondar en ellas con una mirada introspectiva. Cuando llega el momento del interludio instrumental, la banda gesta una intensidad rockera que se halla bien situada dentro del estándar del rock pesado clásico, pero estilizada con matices inconfundiblemente sinfónicos; además, todo este bloque sonoro viene ingeniosamente enriquecido con grooves jazz-rockeros que ayudan a aportar recursos de sutileza mágica en medio del frenesí rockero predominante. Para la elaboración del último pasaje, la banda vuelve a las sensaciones intimistas del inicio pero de una forma distinta, mostrando un grosor lo suficientemente robusto como para sustentar los resabios del interludio que no tardan en resurgir para una miniatura cerca del final. Cierra el disco ‘Ninna Nanna’, cuyas atmósferas eclécticas recogen algunas lecciones de ‘Slow’ mientras retoma modalidades de robusto lirismo que ya apreciamos anteriormente en la canción homónima así como en ‘Eclipse Alunaire’. Queda claro que el rol de ‘Ninna Nanna’ no consiste solo en completar el repertorio con una aureola de exquisitez musical, sino también de brindar una síntesis final de las atmósferas más predominantes en el repertorio precedente. Todo esto fue “Babylon”, un disco exquisito e intenso que confirma a VIII STRADA como una presencia muy relevante en la valoración de la escena progresiva italiana contemporánea.


Muestras de “Babylon”.-
1403, Storia In Firenze [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=Ezzbs3OgG3A

Monday, February 29, 2016

Completando las cuatro dimensiones con WANZWA


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy prestamos atención al peculiar dúo instrumental estadounidense WANZWA, so pretexto del reciente lanzamiento al mercado de su cuarta placa, la cual precisamente se titula “IV”. Conformado por el guitarrista-bajista-teclista Marty Eason y el baterista Russell Richardson, WANZWA surgió en diciembre de 2011 en la ciudad de Carrollton (Georgia), no tardando muchos días en publicar su primer disco, el primer paso de su corta pero muy prolífica e intensa carrera. Publicado en el primer día del presente año 2016, “IV” recoge la cosecha de la evolución de una propuesta musical que apuesta por expresiones radicalmente filudas y alevosamente sofisticadas dentro del área del prog-metal experimental. El material de WANZWA dice mucho siendo exclusivamente instrumental: las herencias estilísticas que recibe el dúo de bandas notables como BEHOLD… THE ARCTOPUS, MESHUGGAH, CANVAS SOLARIS, y en menor medida, el primer CYNIC y THE DILLINGER ESCAPE PLAN. Definitivamente, sus excursiones feroces en terrenos del avant-metal extremo y el mathcore se alimentan sólidamente de elementos propios de la tradición progresiva, específicamente la del KING CRIMSON de los 90s. En son de broma, los WANZWA proclaman en su página de Facebook que hacen música del diablo (devil music). Pero bueno… vayamos ahora a los detalles de “IV” para aclarar un poco nuestras ideas sobre este oscuro fuego sónico que nos brindan los Sres. Eason y Richardson.


Ocupando los primeros 7 ½ minutos del álbum, ‘Skeleyon Key To The Matrix’ impone un complicado juego de osados dinamismos pesados tras una introducción semi-cósmica que aludía a un ambiente expectante. Pero no, las diversas ilaciones de riffs y síncopas que arman el cuerpo central de la pieza instauran una cabal traducción de explosiones de lava al lenguaje del ruido organizado. Jugando permanentemente al borde de la saturación, el dúo se da maña para elaborar frenéticos juegos de luces diversas, y así, darle un sentido orgánico a su propuesta. Más adelante, con ‘Love Vulture’, esta ideología estética alcanza un punto culminante imponente heredando los factores más desafiantes de esta espectacular pieza de entrada: perfeccionando los aspectos más siniestros de este enfoque y reiterando la devoción a la complejidad incandescente del art pour l’art, el dúo engloba con iguales dosis de eficacia e ingenio los discursos del prog-metal técnico extremo, el math-rock, la psicodelia progresiva de inspiración Crimsoniana y la extravagancia del primer PRIMUS. Antes de llegar aquí, los WANZWA nos obsequiaron la secuencia de ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’, ‘Naked Fist Fights With Your Dad’ y ‘Dear Friend Reunion’. ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’ Es un ejercicio de incansable punche, el mismo que sirve para que los fraseos y arpegios de guitarra se hagan notar más; también entran a tallar peculiares ornamentos de teclado en algunas instancias en las cuales el fragor metalero coquetea con lo gótico. A través de su generoso espacio de casi 8 ¾ minutos, ‘Naked Fist Fights With Your Dad’ cumple con la misión de hacerse eco de la neurosis recalcitrante de la pieza inmediatamente anterior para llevarla a niveles épicos. Algunos pasajes en los que se delinea armazones melódicas hacen notar aires de familia con lo que hicieron los legendarios CANVAS SOLARIS en sus tres primeros discos, mientras que otros pasajes más fieros nos remiten al modelo del primer CYNIC y el espíritu permanente de MESHUGGAH. ‘Dear Friend Reunion’ cumple con la función de construir un puente entre los grooves principales de la pieza anterior y los clímax de delirio desafiante que se habrán de acentuar en ‘Love Vulture’: la idea de usar efectos en reserva para las instancias finales es muy efectiva.

Bajo el título de ‘Electroshock Therapy’ se nos brinda un verdadero shock electrizante. Inicialmente, el truco radica en explotar cadencias complicadas y síncopas sorprendentes, dejando que los recursos de explícita explosividad se sitúen en lugares estratégicos. En un ulterior desarrollo, el dúo vuelve a refocilarse en su propio tormento sistemático. Una mención especial debe ir para el fabuloso solo de guitarra que emerge poco antes de llegar a la frontera del segundo minuto y que poco más tarde se repite: es un híbrido de VAI y HOLDSWORTH potencializado para acomodarse a los patrones de la modalidad más extraña de rock metalero que se pueda inventar, el mismo que deja una huella a ser retomada en otro solo más largo que ocurre poco antes del final. ‘Momma Was A Manson Girl’, a pesar de su título con alusiones homicidas, es en realidad un ejercicio más sosegado en comparación con la mayoría de las piezas precedentes. Es una pieza prima-hermana de ‘Predator Pharmaceuticals, Inc.’, incluso más atada a las convenciones del prog-metal en buena parte de su desarrollo temático. ‘Willowbrooke’ sí vuelve de lleno hacia los aspectos más demoledores del paradigma intrínsecamente inquieto y neurótico del dúo. Incluso algunos recursos de variantes y giros inesperados en clave masivamente disonante nos pueden remitir a la esencia estética de FRANK ZAPPA. Con ‘The Ministry Of Propaganda’, las cosas regresan a los territorios de CANVAS SOLARIS y MESHUGGAH: hay que ver cuán humanamente imposibles suenan algunos quiebres rítmicos y algunas expansiones armónicas de la guitarra... pero ciertamente fueron seres humanos quienes grabaron esto, y además, tuvieron el atrevimiento de idearlo previamente. Creando un falso efecto de fade-out, el cierre de‘The Ministry Of Propaganda’ abre inmediatamente la puerta al arribo de ‘Narcoleptic Narc’, pieza que vuelve a retrotraerse a la dimensión más sutil de la banda (dentro de lo que se entiende como sutil en este universo sonoro específico) en algunos pasajes, aunque siempre hay que esperar que surjan exhibiciones de apabullante vigor. Esto es particularmente verídico en los pasajes finales, muy influenciados por el paradigma del thrash-metal. ‘Wesley Crusher’s Holodeck Porn Stash’ pone freno a la explosividad punzante de la pieza anterior y nos mete de lleno en una interesante exhibición de confluencia entre tonalidades prog-metaleras oscuras y dinámicas de inspiración Crimsoniana, además de meter algunos factores jazz-rockeros en ciertos pasajes muy medidos.


El último cuarto de hora del disco se inicia con ‘Pendulum Of Uncertainty’, pieza que recoge decididamente el impacto volcánico de ‘Wesley Crusher’s Holodeck Porn Stash’ con la finalidad de ataladrar el alma del oyente empático y detectar las profundidades más secretas de su sangre espiritual. Acto seguido, ‘The 1984 Experience’ regresa de lleno a los máximos picos de extravagante vitalidad que habían dejado raíces profundas en los momentos más complejos del repertorio precedente. Otra vez nos abruman dichosamente los pasajes humanamente imposibles en la edificación de esquemas rítmicos y el despliegue de orquestaciones guitarreras, otra vez escalamos a un cénit expresivo del disco. La hoguera final llega de la mano de ‘Rings Of Uranus’, pieza que se inicia con el loop final de ‘The 1984 Experience’ y evoluciona con un frenesí muy similar, aunque con justicia cabe decir que porta una dosis un poco menor de sofisticación temática en beneficio de la expansión del gancho metalero. El fade-out da la impresión de que hemos tenido, por casi 80 minutos, una exhibición de fuerza visceral que nunca quiere morir. Pero llegamos ya al final del álbum y el diagnóstico nuestro sobre el mismo es positivo. ¡Casi 80 minutos de deleite enfermizo y catártico! El dinamismo incesantemente implacable del repertorio de “IV” demuestra que WANZWA es un referente crucial para el estado de la situación actual la avanzada metalera. 


Muestras de “IV”.-

Friday, February 26, 2016

FARMHOUSE ODYSSEY: notas para una bella navegación progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA

Hoy prestamos atención al joven grupo norteamericano FARMHOUSE ODYSSEY so pretexto de su segundo disco “Raise Of The Waterfowl”, el mismo que se publicó a inicios del primer mes del año. Conformado desde el otoño de 2012 por el teclista-vocalista Alex Espe, los guitarristas Aaron Laughlin y Alex Pepe (fungiendo el primero de ellos como cantante de apoyo), el baterista Thatcher Holvick-Norton y el bajista Ian Taylor, este grupo residente en la localidad californiana de Arcata se dedica a cultivar un estilo progresivo suntuoso y dinámico que combina fluidamente los legados del sinfonismo clásico y del movimiento jazz-progresivo con raíces en el Canterbury. “Raise Of The Waterfowl” es el disco que sucede al homónimo trabajo de debut que fue publicado en el año anterior 2015. La lína de trabajo practicada por este quinteto le hace afín a las propuestas de bandas como ECHOLYN (y su efímero off-shhot FINNEUS GAUGE), LAND OF CHOCOLATE, A TRIGGERING MYTH, DELUGE GRANDER y THIEVES' KITCHEN; hasta cierto punto, también hallamos compatibilidades con lo que hacen bandas de otros lares como THE WRONG OBJECT, SANHEDRIN y ALCO FRISBASS. Parece que este grupo se halla en un estado de gracia creativa pues se da muy buena mañana para concretar ideas musicales de excelente factura bajo estándares muy exigentes: adelantamos que “Raise Of The Waterfowl” nos parece un firme candidato para aparecer en posiciones privilegiadas dentro de las listas de discos progresivos favoritos del año 2016, aunque es verdad que todavía resulta muy apresurado aseverar cosas así. En todo caso, por ahora solo podemos explicar por qué tenemos tanto entusiasmo con este disco – veamos los detalles del mismo.


La dupla de ‘Daybreak’ y ‘Slumberless Sun’ nos pone en autos sobre la intencionalidad estética del quinteto. La canción que abre el álbum exhibe una agilidad colorida y cautivadora: 6 ½ minutos de magia sinfónica que destila suavidad y convicción en partes iguales, a paso firme hasta el explosivo clímax final. Siguiendo por los mismos pasos, ‘Slumberless Sun’ desarrolla un motif más conciso desde el cual la instrumentación se desarrolla con unas vibraciones un poco más gráciles: ojo al solo de guitarra tan espléndido que entra a tallar a poco de iniciada esta canción. Con la dupla de ‘Brain Song’ y ‘Calligraphy’, la banda empieza a mostrarse notoriamente más ambiciosa en cuanto a los explayamientos temáticos y las expresiones de vigor sonoro, y de hecho, su espacio compartido de 13 minutos y medio conforma uno de los picos máximos del repertorio. ‘Brain Song’ se arma sólidamente en base a los senderos melódicos trazados por la guitarra y los teclados, inspirados en los paradigmas de CARAVAN, GENTLE GIANT y HAPPY THE MAN en proporciones iguales, mientras los arreglos vocales apuntan al modelo Yessiano. El solo de guitarra que emerge poco antes de llegar a la barrera del quinto minuto y medio es simplemente espectacular, capaz de integrar dentro de sí una intensa síntesis de los momentos más enérgicos del vuelo sonoro precedente. Regresando al motif inicial para el epílogo, la pieza completa un bien dibujado círculo musical. Por su parte, ‘Calligraphy’ se mete de lleno en el molde Yessiano mientras establece nexos familiares con las bandas compatriotas ECHOLYN y DELUGE GRANDER. El swing escogido por la dupla rítmica permite al bloque instrumental global a mostrar una soltura refrescante mientras el vocalista explora matices expresionistas especiales de su canto. Para los sucesivos solos de sintetizador y guitarra, las vibraciones inspiradoras son de corte jazzero al estilo Canterbury. Con los 8 minutos y medio de duración que tiene ‘Space Revealed’ llegamos al ecuador del disco. Este extenso instrumental inicialmente se arma bajo la guía del piano y luego integrado orgánicamente en la armazón comunitaria de todos los instrumentos actores. El momento en que se luce el piano eléctrico se traduce en una expresión de sublime elegancia, mientras que el solo de guitarra se impone como un enérgico recurso de explosión de luminosidad musical: es en esta segunda instancia que se construye la ambientación final de la pieza, firmemente asentada sobre su meticulosa ingeniería jazz-progresiva. Hay aquí otro cénit del álbum.


‘Shipwreck’ nos lleva a territorios de ágil dinamismo, heredando el colorido absorbente de ‘Brain Song’ y la extroversión amable de ‘Daybreak’, añadiendo al empaque general varios ingredientes esenciales del estándar de la tradición del jazz-fusion de los 70s (especialmente, la faceta más melódica de unos WEATHER REPORT). Sin duda, tenemos aquí una de las labores más sofisticadas e impresionantes de la dupla rítmica, la cual se luce sin empacho mientras sustenta la exaltación inherente a la pieza con genial solvencia. Lo que viene a continuación es una maratón de poco menos de 16 minutos de duración… ¡y un título muy largo! ‘Speedbump Catalyst: Upon The Wheel, Blessing In Disguise, Energetic Tides, The Road Alone’ comienza exhibiendo una candidez sobria y contemplativa donde lo sinfónico y lo jazzero van de la mano con una fluidez notable. Los momentos de exaltación que entran a tallar en lugares estratégicos no son muy prolongados, pero ostentan suficiente fuerza de carácter como para reavivar la atmósfera dominante de una manera convincente – hasta aquí, tenemos un híbrido bien equilibrado de YES, JETHRO TULL y NATIONAL HEALTH, más ese toque renovador de OBLIVION SUN. Más adelante, la banda se proyecta hacia facetas más calmadas de su visión musical: el piano se hace cargo de la voz cantante en esta instancia. La inserción de este paraje resulta crucial para lo que hemos de disfrutar en lo que queda de esta larga canción, pues la banda cuenta ahora con un foco firme para explayarse cómoda y cohesivamente en ambiciosos esquemas multi-temáticos. El resultado final se traduce en una portentosa cosecha de la siembra realizada con las cinco primeras canciones del disco. ‘Safe Passage’ es el breve puente de piano y sintetizador que sirve para enlazar el final de la mini-suite precedente y la última canción del disco, ‘From The Night Sky’. Esta pieza que dura poco menos de 4 ¼ minutos sirve para que el grupo explore por última vez su gusto por ambientes serenos y grooves jazz-rockeros delicados de talante Canterburyano. Las capas orquestales utilizadas en el interludio portan una magia única mientras que la sección final reitera oportunamente la faceta contemplativa del ensamble.

  

Como balance final, “Rise Of The Waterfowl” se erige como una obra magna dentro de la producción progresiva del año 2016. Más aún, vale la pena explorar sus dos disco y no quedarnos solamente con el más reciente, pero bueno, concentrándonos estrictamente en el presente, vale concluir que la gente de FARMHOUSE ODYSSEY ha hecho un trabajo tremendamente bordado con el repertorio de este disco. ¡Recomendado al 100%!


Muestras de “Rise Of The Waterfowl”.-


Wednesday, February 24, 2016

Una bestia musical de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR, la leyenda viviente de la vanguardia post-rockera canadiense que se convirtió en un referente mundial desde los tiempos de aquel lejano primer disco de 1997 “F A”, volvió a la palestra fonográfica en marzo del año pasado 2015 con el álbum “Asunder, Sweet and Other Distress”. El grupo tuvo un historial muy activo en cuanto a presentaciones en vivo hasta que tuvo lugar un periodo de hiato, el mismo que terminó en el año 2010: ya en el 2012 disfrutamos de una electrizante obra titulada “‘Allelujah! Don't Bend! Ascend!”, y ahora prestamos debida atención a “Asunder, Sweet and Other Distress” (un poco tardíamente, es verdad). Publicado por el sello quebequense Constellation Records, este disco tiene en particular honor de ser el de menos duración de toda la discografía del grupo, durando un total de 40 minutos. Para la gestación de este disco, el personal de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR está conformado por Thierry Amar [bajo, contrabajo], David Bryant [guitarra, sintetizador Yamaha Portasound, órgano, efectos de pedal], Aidan Girt [batería], Timothy Herzog [batería, efectos de pedal], Efrim Menuck [guitarra], Mike Moya [guitarra], Mauro Pezzente [bajo] y Sophie Troudeau [violín]: o sea, casi todo el ensamble que también tocó en el disco anterior con excepción de Herzog. También se da crédito a Karl Lemieux como proyector de películas de 16mm., lo cual para nada es gratuito pues el repertorio contenido en “Asunder, Sweet and Other Distress” es el mismo que el grupo tocaba en su proyecto multimedia “Behemoth”, el cual data del año 2012. Todo el repertorio está hilado en un continuum, lo cual tiene sentido para el talante cinematográfico que es exigido de una concepción musical vinculada un proyecto donde también está involucrada la narrativa filmográfica. Bueno, concentrémonos específicamente en el repertorio del álbum a partir de ahora, ¿vale?

 

Durando casi 10 ½ minutos, ‘Peasantry Or 'Light! Inside Of Light!'’ abre el álbum con una ceremoniosidad rotunda e imponente, empapada de perfumes orientales. Valiéndose de la bien armada confluencia entre una mágica ingeniería de múltiples instrumentos de cuerda y una (engañosamente) lánguida estructura rítmica, el ensamble eventualmente abre paso a un cautivador solo de guitarra así como a caóticas dialécticas de guitarras y violín, antes de llegar a un pasaje sublime donde se resalta una orquestación que tiene mucho de impresionista y algo de siniestro. Después de darle un giro mágico a la atmósfera central de la pieza, las cosas se empiezan realmente a calmar de a pocos en las instancias previas a la frontera del séptimo minuto, lo cual se traduce en un ejercicio de autoconstricción introspectiva: eso sí, los ecos del momento más álgido han dejado una huella sin borrar hasta la culminación de esta pieza. A continuación sigue ‘Lambs’ Breath’, otro tema de razonablemente larga duración (ocupa un espacio de poco menos de 10 minutos), el cual comienza con exploraciones abstractas donde lo denso y lo oscuro reinan con inapelable fragor. Como si la bruma del Limbo se desvaneciera, el grupo sigue a continuación con un aura minimalista de abierta tendencia cósmica, muy reminiscente de los periodos iniciales de TANGERINE DREAM (“Zeit”) y CLUSTER (los dos primeros discos). Con la emergencia de ‘Asunder, Sweet’, el grupo se sigue explayando en estas pautas minimalistas, alimentando al persistente drone con ornamentos flotantes de guitarra y violín, incluyendo acordes sueltos con eco y notas sostenidas. El crescendo del ruido reinante resulta tan amenazante como majestuoso, y es esta misma dicotomía la que muestra al colectivo de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR como una entidad que sabe imponer el imperio de la imaginería abstracta en el arte del sonido.


‘Piss Crowns Are Trebled’ dura poco menos de 14 minutos y está a cargo de aportar el broche de oro al disco; precisamente es una pieza idónea para que el ensamble se tome el momentum final del disco con un señorío totalmente magistral. Los encantamientos vertidos por los efluvios del violín se sienten en casa arropados por los robustos sortilegios encarnados en las múltiples capas de las guitarras, mientras que la dupla de baterías desarrolla una meticulosa puntualización del groove inteligente sincopado que encapsula a la instrumentación global. El breve momentum climático que se inicia al borde del sexto minuto invita a una embriaguez solemne, siendo así que este efímero clímax es seguido por un pasaje arquitectónico donde el grupo se dispone a irradiar toda la luz ígnea que tiene dentro de sí. La vitalidad del trío rítmico. Las capas flotantes del epílogo cierran con una imponente aura cósmica el cúmulo de sensaciones místicas a las cuales nos invitó la banda a entregar nuestra mente y nuestro corazón. De este modo se completa la experiencia de “Asunder, Sweet and Other Distress”, la más reciente obra de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR, la misma que nos muestra a un ensamble que conserva incólume toda la vitalidad de antaño y renovadas energías creativas que motivan inteligentemente nuevas aventuras dentro de un mapa de viaje coherentemente trazado desde mediados de los 90s. Este grupo está tan vigente como siempre y todavía tiene para seguir dando mucho de sí en el horizonte futuro.


Muestras de “Asunder, Sweet and Other Distress”.-

Sunday, February 21, 2016

Quinta jornada de gloria prog-metalera para SCALE THE SUMMIT


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

La gente del cuarteto instrumental norteamericano SCALE THE SUMMIT ha vuelto a lucir la prestancia de su provincia dentro del mundo prog-metalero con su quinto disco, el mismo que precisamente se titula “V”. Este cuarteto de Chris Letchford [guitarra de 7 cuerdas], Travis Levrier [guitarra de 7 cuerdas], Mark Michell [bajo de 6 cuerdas] y J.C. Bryant [batería y percusión] publicó esta quinta placa a mediados de setiembre de 2015 a través del sello Prosthetic Records (el mismo que los apoya desde los tiempos de su segundo álbum “Carving Desert Canyons”, que data del año 2009). La misión esencial de “V” es la de seguir perpetuando sentimientos triunfantes y pensamientos arquitectónicos: el predominio de las atmósferas sugerentes y los esquemas rítmicos exigentes sobre lo melódico marcan decisivamente el modus operandi del grupo. Éste es el segundo disco en el que toca Michell en reemplazo del bajista original Jordan Eberhardt y el primero en el que toca Bryant en sustitución de Pat Skeffington, siendo así que esta ligera modificación de planes no ha afectado en nada al mapamundi musical de SCALE THE SUMMIT. Bueno, veamos ahora los detalles de este disco que tenemos en nuestras manos.


‘Winged Bull’ da inicio al repertorio con una sólida exhibición de gancho en los riffs así como en los trazos melódicos de los solos de las guitarras, mientras la armazón rítmica juega hábilmente con estructuras sincopadas de inspiración jazz-rockera. Tras esta estupenda vía de entrada surge ‘Soria Moria’, durando poco menos de 6 minutos y constituyendo bien pronto un cénit significativo del álbum. El grupo da rienda suelta a su dimensión más progresivamente sofisticada, principalmente bajo la influencia del paradigma Crimsoniano de los 80s, a la par que preserva la vitalidad y la musculatura inherentes a su visión musical. Con la dupla de ‘Pontus Euxinus’ y ‘Trapped In Ice’, el ensamble se dispone a seguir ahondando en la visión musical que nos exhibe con la soltura y clase de siempre: básicamente, encontramos en ‘Pontus Euxinus’ un equilibrio perfecto entre la fastuosidad absorbente de LIQUID TENSION EXPERIMENT y la peculiar exquisitez de GORDIAN KNOT; por su parte, ‘Trapped in Ice’ empieza llevándonos por senderos inundados de incandescente lava rockera donde lo incandescente y lo fulgurante se encapsulan en un dinamismo convincentemente frenético… hasta que llega la coda con una calmada guitarra que elabora una solitaria elegía minimalista. ‘Stolas’ emerge a continuación con la misión de revitalizar las aristas más extrovertidas del vigor musical de la banda, y de este modo retoma el sentido del gancho de ‘Winged Bull’ en combinación con algunos ornamentos propios de la experimentación psicodélica. Situado en el ecuador del disco, ‘The Isle Of Mull’ exhibe un aura de majestuosidad en su sección introductoria, lo cual nos prepara para otro ejercicio de musculares musicalidades y complejos desarrollos rítmicos. Las osadas ingenierías de los riffs y las no menos osadas expansiones armónicas sobre las cuales se elabora el cuerpo central ostentan un vigor genial, hasta que llega el momento del epílogo, un breve momento de serenidad lírica.


Ostentando un porte épico, ‘Kestral’ se siente señorial desde las primas instancias de la instauración de su solemne motif central, no ajeno a la presencia de atmósferas sinfónicas. El despliegue de vigor metálico es notorio, y de hecho, a partir de la frontera del tercer minuto la pieza se torna ominosamente filuda, pero la función principal de ‘Kestral’ parece ser la de enfatizar las inquietudes más sofisticadas del grupo. Luego sigue ‘Oort Cloud’, otra pieza particularmente llamativa dentro del repertorio global del disco: volviendo a los matices Crimsonianos que ya disfrutamos anteriormente en ‘Soria Moria’, el cuarteto también se atreve a coquetear con estándares del math-rock mientras convierte a esta pieza en la más autoconstreñida del álbum. Si además entran a tallar momentáneos grooves jazz-rockeros – solo de bajo incluido –, cómo no advertir confluencias con sus compatriotas de GORDIAN KNOT y AT WAR WITH SELF. Nos vamos acercando al final de “V” cuando emerge ‘Blue Sun’, tema que con su espacio de 7 minutos se erige en el más extenso del repertorio del “V”. Amalgamando influencias de FATES WARNING, STEVE VAI, los CANVAS SOLARIS de los primeros discos y los KING CRIMSON de los 80s, el grupo se explaya en una ilación de poderosos motivos repartidos a través de atmósferas muy diversas: pasando de la musculatura machacante a parajes de arquitectónica sobriedad, transitando con igual solvencia por momentos de calidez melódica y por otros que se centran en lo agresivo, el cuarteto se luce como quiere, haciendo que los 7 minutos pasen volando a la velocidad de la luz. Pero todavía queda un poco más de iluminación musical. En efecto, ‘The Golden Bird’ pone al disco un broche que ostenta la robusta gracilidad de un águila y el brillo de oro: o sea, dignifica su propio título. De hecho, en cuanto a las ideas básicas de esta pieza, se puede decir que la banda recibe el impacto de ‘Blue Sun’ a la par que recupera atmósferas sofisticadas al estilo de ‘Trapped In Ice’ y ‘Kestral’.


Todo esto es “V”, un testimonio fehaciente de cuán incombustible e inagotable es la plantación musical de la cual los SCALE THE SUMMIT extraen sus sucesivas cosechas prog-metaleras. Seguimos convencidos de que la presencia de este grupo es muy valiosa para cualquier buena colección de música progresiva de nuestros tiempos.


Muestras de “V”.-
Stolas [vídeo-clip]: www.youtube.com/watch?v=it5qQtUg9EY



Thursday, February 18, 2016

El gozoso legado de CARPE DIEM



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy volvemos nuestros oídos melómanos a la Riviera Francesa y miramos con nuestros ojos melómanos a los años 1976 y 1977 para contemplar y apreciar el legado fonográfico de la banda francesa CARPE DIEM, la cual se originó en Niza y ofreció, en su corta existencia, una de las propuestas más interesantes de la primera generación del rock progresivo francés. En efecto, hace 40 años se publicó el disco de debut de este quinteto, titulado “En Regardant Passer Le Temps”: al año siguiente se publicó la segunda y última placa del grupo, “Cueille Le Jour”, lo cual es de lamentar en términos cuantitativos… que no cualitativos. Esta asociación cuyo nombre invita a disfrutar al máximo de los momentos que nos quiere regalar la vida creaba una colorida y majestuosa combinación de sinfonismo, space-rock, cámara y jazz-fusión dentro de un mecanismo sonoro cohesivo y llamativo. Además de los exigidos niveles de solvencia performativa que el quinteto asumía como norte de su excelencia particular, se nota en el material de CARPE DIEM una magia muy especial. La simiente de este grupo se ubica en el encuentro entre Christian Truchi y Alain Bergé, quienes pertenecían a diferentes grupos de versiones y estaban ansiosos por hacer algo novedoso en el underground rockero de Niza, a fines de los años 60s: constatando sus coincidentes admiraciones hacia grupos como JETHRO TULL, EAST OF EDEN, THE MOODY BLUES, y especialmente KING CRIMSON, forjaron una instantánea amistad musical a pesar de que les separaban siete años de edad (siendo Truchi un niño prodigio aún por conocer la veintena). Ya a mediados de 1970, el grupo tenía el nombre de CARPE DIEM, con la alineación de cantante-guitarrista-teclista- bajista-baterista: el guitarrista era Gilbert Abbenanti, un joven muy talentoso y cuyo manejo de la guitarra era totalmente empírico, influenciado por JIMI HENDRIX y PINK FLOYD. Mientras el grupo animaba fiestas en clubes y pubs de la Riviera Francesa haciendo versiones de DEEP PURPLE, URIAH HEEP, JOE COCKER, también empezaba a animarse a dar vida a un repertorio propio bajo las pautas progresivas que suponían su amor rockero más íntimo y genuino. Una anécdota muy representativa de este ímpetu creativo es la preocupación de Truchi por modificar su órgano GEM de tal modo que imitara el vibrato del modelo Lowrey tan común en bandas como EGG y CARAVAN, las cuales formaban parte de su cabecera. La primera experiencia de grabar material propio fue un single que contenía las canciones ‘Alesia’ y ‘Le Mangeur D’Herbes’, cuya discreta edición estaba solamente destinada como obsequio para amigos del grupo. Otras composiciones respondían al formato de suites largas con temática apocalíptica, y aunque desgraciadamente nunca vieron la luz del día como parte de un disco oficial, sí sirvieron como experiencias de aprendizaje en la composición de las piezas de sus futuros discos.


En el transcurso del año siguiente, el grupo logró tocar en otras ciudades del país e incluso ganaron concursos de rock, pero ciertos cambios esenciales en la alineación del grupo fueron teniendo lugar mientras se tanteaba posibilidades de obtener un contrato de grabación. En 1973, el vocalista dejó al grupo, el cual decidió seguir adelante como una entidad puramente instrumental, mientras que su público de culto en Niza aumentaba; un momentáneo cambio de idea hizo que el grupo contratara brevemente a otro vocalista, pero la experiencia no fue nada fructífera, por lo que el esquema de trabajo instrumental fue el que prevaleció a fin de cuentas.  En el otoño de 1974, los integrantes de CARPE DIEM decidieron darle un giro exclusivamente profesional a este oficio, y a partir de allí se fue definiendo la primera alineación estable de la banda: primero con el ingreso del baterista-percusionista Alain Faraut (tras las sucesivas deserciones del original Claide Merchard y su efímero reemplazante Jean-Marc Moutain) y del vientista Claude-Marius David: él provenía de RECITALL, una banda de versiones de KING CRIMSON que se había disuelto poco antes. Así las cosas, la alineación clásica de Gilbert Abbenanti [guitarras eléctrica y acústica], Alain Bergé [bajo y pedales bajos], Claude-Marius David [flauta, saxo soprano y percusión], Alain Faraut [batería y percusión] y Christian Truchi [teclados y canto] estaba lista para abordar la grabación de su primer disco en agosto de 1975. Para llegar a este punto, el grupo tuvo que llamar la atención de los productores del programa televisivo “Midi-Prèmiere” y tras presentarse allí, llamaron a su vez la atención de los directores del sello fonográfico Arcane, quienes fueron a verlos actuar en un concierto en la localidad de Dôle. El grupo aceptó la oferta del sello con la condición de que se dejara al grupo las labores de producción de sonido del disco de debut, a titularse “En Regardant Passer Le Temps”. Las cuatro piezas registradas en los diez días de agosto que duraron las sesiones de grabación se revelaron al mercado en febrero de 1976, bajo una bella cubierta ilustrada por Hubert Pattieu, la cual ostentaba intrigantes imágenes cósmicas y surrealistas en un encantador formato de blanco y negro.

   

En general, los aspectos que más nos llaman la atención de este primer álbum de CARPE DIEM son dos elementos cruciales para la esencia artística del grupo: uno, un lirismo bien delineado que inunda la totalidad de las ideas melódicas y que muchas veces se explaya en atmósferas “raras” de tendencia espacial; y dos, el despliegue de energía vertido por el ensamble, el cual algunas veces raya con lo áspero pero que siempre ostenta una presentación pulida. Estando siempre flotando en el aire un aura psicodélicamente oscura, el bloque sonoro de la banda se emparenta con lo que ya hacían sus compatriotas de PULSAR en sus dos primeros discos, y anticipa en parte lo que hará pocos años después el grupo turco-francés ASIA MINOR. También se hacen sentir alusiones al KING CRIMSON de las épocas 70-71 y 73-74, además de ciertas vibraciones ágiles jazz-progresivas propias del Canterbury. A través de estas influencias y confluencias, la gente de CARPE DIEM hace sentir su propia voz a los oídos del oyente atento y cómplice. El comienzo de “En Regardant Passer Le Temps” se da con el instrumental ‘Voyage Du Non-Retour’, que dura poco menos de 4 minutos. Ostentando una vitalidad robusta que paradójicamente se eleva con una luminosidad etérea sobre los aires, expone una gracilidad cósmica a lo GONG con ciertos aires del SOFT MACHINE pre-1969. Este jam se siente en verdad muy corto cuando llega el fade-out, pero bueno, las cosas se ponen eventualmente más coloridas y envolventes con las tres piezas siguientes, las mismas que encajan perfectamente dentro de la descripción general vertida en el párrafo anterior. ‘Réincarnation’ es una suite de casi 13 minutos de duración, que comienza con un acento patentemente lírico: esa flauta pastoral que se explaya con delicadeza sobre los evocadores arpegios de teclado crean un preludio muy efectivo a la hora de plasmar un ambiente onírico. Para cuando llegamos al segundo minuto, las cosas están instaladas sobre una base más pomposa y potente: lo pomposo está bastante medido, eso sí, y no es usado como un recurso para esconder o reemplazar lo melódico, sino para darle una dimensión más estilizada. A partir del sexto minuto encontramos nuevos elementos cósmicos, esta vez cercanos a la faceta más alucinada de GENESIS y al PINK FLOYD del “Meddle”. El clímax final, desarrollado a través de los dos últimos minutos, perpetúa este lado cósmico con notable esplendor. Tan impresionante como nos parece esta primera mitad del disco, admitimos que en la segunda está lo mejor de “En Regardant Passer Le Temps”. En los casi 10 ¼ minutos que dura ‘Jeux Du Siècle’, se establece bajo un parámetro similar al de ‘Réincarnation’, pero en su conjunto nos parece más logrado en lo que se refiere a la integración interna de los motivos y variaciones que se van sucediendo. La breve parte cantada que conforma la coda se instala como un momento de cálido reposo emocional después de los diversos recursos de vitalidad sonora que tuvieron lugar en los primeros 8 minutos. ‘Publiphobie’ concluye el disco poniéndole una guinda progresiva de alto calibre. Casi pegado a la breve sección cantada de cierre del tema anterior, ‘Publiphobie’ emerge como una tormenta distinguida y exquisita de sonoridades progresivas, realizada a punta de una potencia compartida equilibradamente por los cinco músicos. Incluso la dupla rítmica opera como un elemento de creatividad influyente dentro de la riqueza melódica del tema. Ya sea al unísono, o complementándose mutuamente a través de líneas diversas centradas en notas comunes, la cosa es que el quinteto opera con una compacidad increíble. No se nota un espacio vacío, por mínimo que sea, en ninguna de las secciones ni tampoco en el tránsito de una a otra. El aura melancólica de las partes cantadas recibe parte de su fuerza expresiva de la frenética obertura instrumental que le precede, al modo de una huella marcada a fuego lento. El interludio es otro momento clave de esta pieza: trabaja con una tensión evidente, pero sin dejar que ésta explote a pesar del despliegue de polenta emanado por la guitarra y el saxo: la tensión se mantiene contenida dentro de un equilibrio misteriosamente trazado por las pinceladas sonoras que se van sucediendo. El coqueto motif de apertura reemerge para cerrar el tema y el disco redondamente.


Es sin duda el magistral aporte de los vientos de David el elemento más saltante a través de las trayectorias dialógicas que el trío de guitarra-teclado-viento traza en el desarrollo de los motivos; claro, para nada quiero desestimar el buen gusto y sensibilidad de Abbenanti en sus solos, ni tampoco la capacidad de Trucchi para ejecutar mil y un fraseos y orquestaciones (en buena parte, bajo la influencia del Canterbury) que mantienen un núcleo claro y oportuno dentro de las expansiones melódicas. Mientras tanto, la sólida base rítmica Bergé y Faraut, amalgamada a partir de la mezcla entre lo rockero y lo jazzero, ayuda a mantener una fuerza consistente a través de la mágica exuberancia de las expansiones melódicas en proceso. Si “En Regardant Passer Le Temps” fue un gran punto de partida para los CARPE DIEM, todavía falta pasar revista a su siguiente álbum, “Cueille Le Jour”, cuyo título responde simple y llanamente a la traducción francesa del nombre latín del grupo mismo. Este disco grabado en el último mes de 1976 y publicado en marzo del año siguiente apuesta frontalmente por los principios de belleza serena y la creación pausada de ambientes emocionales cautivadores, a través del inteligente empleo de texturas y el sutil artificio de transmitir una energía poética a través de líneas melódicas bien dibujadas, siempre elegantes, nunca llegando a ampulosidades extremas. El sonido grupal se siente acoplado desde sus elementos individuales de una forma más orgánica, lo cual refleja una maduración consistente en CARPE DIEM como entidad. El lado A del CD consiste en una suite de cinco secciones, ‘Couleurs’, y hay que decir desde ya que se trata del punto máximo del disco, ilustrando a la perfección los puntos que se expusieron en las últimas oraciones del párrafo anterior. Dicho sea de paso, nos centramos en la edición de CD porque la edición original del vinilo dejó la suite para el lado B, pero nos parece más acertado tenerla al inicio del repertorio. Seguimos. Los títulos autónomos de las cinco secciones de ‘Couleurs’ son ‘Phase Noir: Premiers Pas’, ‘Phase Orange: La Traversée Des Sables’, ‘Phase Vert: Dernier Village... Premières Neiges’, ‘Phase Violette: Recontre’ y ‘Phase Blanche: Les Portes du Silence’. Los sucesivos motifs centrales son exquisitos, sofisticados sin llegar a ser nunca demasiado ampulosos, incluso recurriendo a la reiteración con la finalidad de apuntar a la gestación de específicos puntos climáticos. El diálogo constantemente fluido entre los músicos ayuda a la suite a preservar incólume su magia esencial a través de sus variantes temáticas. En medio de las texturas predominantes, los solos de guitarra, vientos y teclado que van entrando a tallar logran añadir retazos con pulcra efectividad. También se notan los infaltables quiebres jazzeros en la manera en que el vientista maneja sus solos y algunos ornamentos del órgano – sin duda, producto de la influencia del Canterbury – en nombre de la elaboración de dinámicas interesantes que enriquecen las melodías básicas. El concepto de esta suite se basa en diversos colores, tal como indica el título: la única sección cantada es ‘Phase Violette: Recontre’, la cual empieza a instaurar una aureola extrovertida que se irá prolongando durante el resto de la suite. El clímax final es simplemente soberbio: arquitectónico y visceral a la vez.


Los temas del lado B son más concisos y menos impresionantes que la suite del lado A en e lsentido de ser menos épicos, pero para nada resultan pieza desechables… ¡para nada! Temas como ‘Naissance’ y ‘Le Miracle De La Saint-Gaston’ exhiben recursos de serena y envolvente belleza semejantes a los de la suite, a pesar de no gozar de las mismas dosis de fastuoso esplendor. En todo caso, sus estructuras más concisas motivan a la banda a explorar estrategias meticulosamente orgánicas de colorido sonoro. Tras pasar por un breve momento divertido de tono funky-rock en ‘Laure’, ‘Tramontane’ nos devuelve la faceta serena y reflexiva de la banda, aunque sin dejar de incluir pasajes medianamente veloces y con gancho en su desarrollo temático. El final del disco llega con el melancólico dueto de piano y saxo soprano titulado ‘Divertimento’, el cual muestra la luz interior del alma humana con una pertinente aureola de solemnidad, al modo de una despedida de buenas noches que contrasta con la riqueza lumínica que se nos había regalado en la suite ‘Couleurs’. En las mismas sesiones de grabación se grabó una versión en inglés de la cuarta parte de ‘Couleurs’ con miras a convertirlo en lado A de un single, pero este pequeño plan no prosperó. En todo caso, “Cueille Le Jour” es un éxito artístico de primer nivel. Para el tiempo en que los CARPE DIEM habían logrado publicar este segundo álbum, ya gozaba de una buena reputación en los círculos del art-rock francés. Aparte de sus previas mini-giras en círculos nacionales, de hecho fueron sus participaciones en un festival de enero de 1976 (compartiendo cartel con MONA LISA, ANGE y TANGERINE), así como en la red de conciertos Le Rock d’Ici, en la cual se promovía a la avanzada rockera del país, a mediados del mismo año, ayudaron a poner el nombre de CARPE DIEM con letras grandes en la escena progresiva francesa. La grabación y publicación de “Cueille Le Jour” era el resultado concreto natural de este momento de ímpetu, con el optimismo de haber vendido casi 15.000 ejemplares de “En Regardant Passer Le Temps”. De todas maneras, las inestabilidades en la formación de la banda no tardaron en darse cuando ésta tenía que lidiar con el inconveniente de no contar con una dirección comercial realmente efectiva. Para empezar, el guitarrista Gilbert Abbenanti abandonó la banda en busca de un modo de vida más estable, por lo que tuvo que ser prontamente sustituido por Georges Ferrero; por su parte, Bergé duplicó su labor en el grupo al convertirse en manager de facto del grupo, mas finalmente tuvo que dedicarse a esto último en exclusiva. Así las cosas, tuvo que entrar en escena el guitarrista Gérald Macia (hasta entonces, experto en guitarra acústica y violín) mientras que Ferrero pasó al bajo. Dado el pedigrí folk-rockero de Macia, el estilo de CARPE DIEM empezó a navegar por las aguas del modelo folk-progresivo, algo que de hecho fue bien visto por los integrantes veteranos que aún seguían adelante, era una motivación nueva con miras a la composición de un futuro nuevo repertorio. De hecho, las ideas para un tercer disco estaban madurándose mientras Bergé rompía el contrato con el poco eficiente sello Crypto y la banda busca infructuosamente contratos con otros sellos con mayor infraestructura. La constante sucesión de respuestas negativas y propuestas de contratos demasiado castrantes hicieron que la labor de grabar una maqueta con nuevas composiciones hubiera resultado prácticamente en vano; además, dada la moda del punk y el resurgimiento del rock duro melódico en la escena francesa, las puertas de los escenarios ya no se abrían tan raudamente para el persistente quinteto. La persistencia duró un poco más hasta que la amigable, aunque triste decisión de separarse tuvo que ser tomada: la última actuación de CARPE DIEM fue en un programa televisivo en octubre de 1979, tocando un repertorio de menos de media hora ante las cámaras.


Las reediciones de los discos de CARPE DIEM están dedicadas a la memoria de Claude-Marius David, quien partió al más allá en el año 1993; nosotros hacemos lo propio con esta retrospectiva que humildemente publicamos aquí con el fin de no dejar que este legado no se borre. CARPE DIEM fue – no nos cabe duda alguna – una fuerza creativa importante en el microcosmos progresivo francés de los 70s.


Muestras de CARPE DIEM.-


[Esta retrospectiva incluye información originalmente publicada en los enlaces de La Caja de Música http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/carpediem_enregardantpasser.html y http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/carpediem_cueillelejour.html]