Sunday, September 09, 2018

Los AFTER NATIONS hacen su tercera travesía por constelaciones progresivas



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy es el turno de presentar a “Consteleid”, el más reciente disco de AFTER NATIONS, trío conformado por Andrew Elliott [guitarras], Travis Baker [batería] y Zack Krishtalka [bajo]. En tiempos pasados, el bajista había sido Tyler Mehaffey y el baterista, Alexander Thomas. El grupo en cuestión tuvo sus orígenes en un proyecto solista de Elliott en el año 2012 en Kansas City (Misuri), pero muy pronto el trío conformado bajo esta premisa pasó a convertirse en un grupo propiamente dicho con nombre propio. Así las cosas, los AFTER NATIONS empezaron a componer, almacenar y grabar discos, comenzando con “Wake Of The Mendacon” del año 2014 y continuando con “The Bearing Point”, del año 2016, para ahora mostrarnos su tercer disco “Consteleid”, el cual fue publicado en el primer día del pasado mes de agosto. 


Los primeros 4 ¼ minutos del disco están ocupados por ‘Holon Patterns’, pieza que instala el ideario estético de la banda con su ágil y electrizante mezcla de metal experimental, math-rock y una modalidad particularmente pesada de psicodelia. A través de los complejos flujos y desvíos por los que se orientan los pulidamente calculados cambios de ritmo y motivo, el grupo elabora un desafiante juego de contrastes entre los pasajes más fieros y los más sutiles. Sigue a continuación ‘Manifold Of Aeons’, ítem que recoge y capitaliza la siembra de sofisticado vigor instaurada por el tema de entrada para darle un dinamismo progresivo más filudo al asunto. Así, los pasajes fieros adquieren una dosis mayor de furia y los contrastes con los pasajes constreñidos son más agudos; de rebote, como no puede ser de otra manera, se exige una ingeniería rítmica aún más sesuda que también incluye algunos factores jazz-rockeros en ciertos pasajes. ‘Hierophant Tongues’, el tercer tema del álbum, se caracteriza por una musculatura rotunda donde se sintetizan los legados de los dos temas precedentes y se añade un toque de juguetona majestuosidad al esquema de trabajo recurrente del trío. La miniatura ‘Aurora’ – dura poco más de medio minuto – exhibe unas lánguidas escalas de guitarra; a partir de allí, se abre la puerta para el arribo de ‘Eos’, un número bastante especial dentro del repertorio del disco pues consta de dos secciones claramente diferenciadas entre sí. La primera de ellas se inserta en un estándar post-rockero que asume influencias confluyentes entre el filo visceral del space-rock y el delirio sublime de unos KING CRIMSON de la fase 73-74. La segunda sección se estructura bajo una compleja ingeniería math-rockera donde se fusionan los horizontes paradigmáticos de DON CABALLERO (etapa 1995-8) y GIRAFFES? GIRAFFES!, añadiéndose algunos modismos metaleros en el camino cimentado con asfalto fulguroso. ‘The Janus Head’ vuelve de lleno a la dinámica de musculaturas rotundas que iba en crescendo en la ilación de los tres primeros temas: en esta ocasión específica, los aires de familia más fuertes son con ‘Manifold Of Aeons’.

  

La secuencia de las piezas #7 y #8 repite el proceso de miniatura y pieza plenamente desarrollada: ‘Atora’ es un breve despliegue de centellas neuróticas mientras que ‘Psychlotome’ enarbola un contundente ejercicio de ingeniería rotunda, esta vez un poco menos complejo que el que se exhibe en cualquiera de los temas largos precedentes. De todas maneras, ‘Psychlotome’ luce con robusta gallardía la sucesión de diversos motivos y esquemas rítmicos que fluye por sus conductos sonoros; de hecho, apreciamos muy positivamente el realce del rol del bajo y el empleo de muchos trucos jazz-rockeros de parte de la batería. La dupla de ‘Juggernaut Pendulum’ e ‘Infora’ se encarga de cerrar el repertorio del disco con un pletórico sentido de la compleción coherente de un sistema estético bien perfilado. ‘Juggernaut Pendulum’ elabora un recurso más mesurado para el despliegue de la garra rockera esencial del trío... la cual sigue exhibiendo su furor inmanente con la misma dosis de siempre. La misma dosis, un enfoque menos furioso donde hay cabida para algunos dejos blues-rockeros y jazzeros en medio de la perpetua mezcla de math-rock y post-metal. Por su parte, ‘Infora’ redondea la faena global del disco volviendo con todo a los modismos preeestablecidos en los dos primeros temas, logrando con ello dar una nueva vuelta de tuerca a la incendiaria vitalidad que antes marcó a la pieza #3 en conjunción con el señorío propio de la pieza #8. ¡Gran final de disco! Todo esto fue lo que el trípode musical de AFTER NATIONS nos ha brindado a lo largo del repertorio de “Consteleid”. Este disco encarna una muy estimulante y demasiado vibrante travesía por constelaciones progresivas cuya dinámica ecléctica se pasea solventemente por muchas de las áreas más agresivas del género: más de 42 minutos de música guerrera y sofisticada. Para quienes recién estén descubriendo a los AFTER NATIONS, que sepan que este disco es una estupenda y atractiva vía de entrada a su cosmovisión musical particular.


Muestras de “Consteleid”.-

Wednesday, September 05, 2018

La nueva cabalgata de ATTILION



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión nos complace grandemente presentar el nuevo trabajo fonográfico del grupo indonesio ATTILION, el cual se titula “Little Pony” y ha sido publicado de forma independiente hace muy poco tiempo: más específicamente, antes de que el mes de julio del 2018 llegara a su ecuador. Este trío conformado por Bowo C. [guitarra, ukelele, banjo y mandolina], Mattheus [bajo] y Josh [batería] sigue sacando lustre a su peculiar propuesta híbrida de post-rock, jazz-rock, math-rock y psicodelia refinada dentro de un esquema progresivo vivaz y orgullosamente modernizado. Este trío afincado en Yakarta y que ya tiene más de 10 años de historia tras sus espaldas nos ha dejado muy buenas impresiones con sus dos discos precedentes “It Must Be” (2011) y “Early Dawn” (2015), siendo ahora el momento de “Little Pony”, un disco que sirve principalmente para concretar expansiones ambiciosas para el ideario musical del grupo en cuestión. ¿No se tratará, tal vez, de su mejor disco hasta ahora? Volveremos a esta pregunta que nos hacemos en voz alta una vez revisados todos los detalles del repertorio contenido en el mismo. 



A despecho de su título, ‘Last Promenade’ es la pieza que se encarga en realidad de abrir el repertorio... o tal vez su título aluda a un paseo previo cuyo fin permite dar inicio a las múltiples expansiones musicales que han de completar el presente disco. Como sea, esta pieza ostenta una etérea y parsimoniosa arquitectura sonora cuya externa sencillez temática apunta a asentar un lirismo sutil por vía de un uso moderado del punche rockero. El cuerpo central se reitera con calculada sobriedad hasta que en la última ocasión se crea un oportuno recurso de soltura al insertarse un cadenciosamente expresionista solo de guitarra, lo cual ayuda a crear una sensación de clímax concluyente. ‘The Foolish Search Of Retarded Spirits’ sigue a continuación para explorar la dimensión jazz-rockera de la banda, primero sobre un swing no precisamente frenético pero sí más evidentemente grácil que el que se utilizó para la pieza de entrada, y luego, con un viraje hacia un compás más robusto, llega el turno para que el solo de bajo imponga condiciones protagónicas mientras la guitarra se une a la batería en el refuerzo rítmico. Todo acaba con una flotante coda minúscula, tal vez demasiado pronto pues este tema tiene bastante gancho, pero el disco tiene que continuar y su diseño está orientado ahora hacia la emergencia de ‘Opak’. Volviendo un poco al señorío sereno del primer tema pero con un enfoque muy distinto que resulta cabalmente contemplativo y hasta nostálgico, el grupo explora un swing casi bluesero para elaborar un apacible retrato de una espiritualidad estoica. En algún lugar del intermedio se luce un hermoso solo de guitarra a lo JEFF BECK y, una vez más, se abre un espacio para el resaltado de unas exquisitas florituras de bajo. El cuarto tema del disco se titula ‘The Greatest Defeat’ y dura casi 7 ¼ minutos: su función principal es la de establecer un referente magnífico del tipo de sofisticación musical al cual aspira la banda en sus momentos más espléndidos. Desarrollando un florido y elegante ejercicio de grooves jazz-progresivos a través de una comedida diversidad de ambientes, el trío exhibe una convincente prestancia extrovertida. La batería no solo se luce en su forma de llenar espacios a través de los diferentes niveles de vibración rítmica que van teniendo lugar sino también en un momento contundente para solear. Un cénit del álbum, sin duda, un culmen de la sendas estilísticas proyectadas desde el segundo tema del álbum.

  

Cumpliendo con la función de suceder a un tema tan fastuoso (para los términos de ATTILION) como ‘The Greatest Defeat’, el tema ‘North Vs. South’ se encarga de gestar ciertos climas satíricos que parecen heredar tanto del estándar del math-rock como del FRANK ZAPPA de los 80s. Toda la jovialidad ocurrida durante cuatro minutos termina aterrizando en un epílogo parco y letánico, algo así como el sopor que viene después de un gran momento de gozoso alboroto. Ocupando un espacio de alrededor de 8 ¼ minutos, ‘Epidemic Funk’ es la pieza más extensa del repertorio. ‘Ruined Leaders’ se enfila por el sendero del post-rock con una dosis extra de agilidad rockera: el jam es relativamente simple en sus cimientos armónicos pero los ornamentos que pone la batería al swing persistente y el manejo de un electrizante solo de guitarra que llena espacios con total soltura generan una plenitud sonora especial al asunto. El penúltimo tema del disco, titulado ‘Mission 1079’, es el segundo más largo con sus 7 ½ minutos de duración. Situado medio camino entre la inquietud lisérgica de la psicodelia space-rockera y el talante distante del post-rock en su faceta más introspectiva, este tema. ‘Nebula’ ocupa los últimos 6 minutos y pico del repertorio y lo hace estableciendo una dinámica filuda donde los modelos del jazz-rock y del Crimsonismo 80ero se dan la mano mientras van tomando turnos a lo largo de la ilación multitemática en curso. El prólogo se sostiene sobre un porte marcial para encauzar el enclave de un motivo sereno de tenor jazzero sobre un crepuscular compás bluesero: la presencia de cadencias cósmicas en algunos pasajes del solo de guitarra funciona como un truco bastante simpático. El cuerpo central es sobrio a la par que mantiene su musculatura esencial con un razonablemente patente vigor. La última sección es netamente extrovertida, siendo así que la razonablemente intrincada arquitectura rítmica que la sostiene permite que la vitalidad reinante se encienda con particular fulgor en medio una muy cálida extravagancia progresiva: el asunto de crear un clímax tan estilizado es manejado con un pulso perfectamentemente pulcro.



Todo esto fue lo que el personal de ATTILION nos brindó con “Little Pony”, un disco fenomenal que muy bien podemos apuntar y refrendar como lo más inspirado y también lo más enérgicamente creativo que nos han brindado estos tres grandes músicos hasta la fecha. Por lo pronto, podemos confesar abiertamente que la escucha de esta obra nos ha dejado tremendamente entusiasmados, y por eso lo consideramos muy recomendable para cualquier buena fonoteca de art-rock. La visión musical de ATTILION ha conquistado aquí un punto particularmente excelso dentro de su carrera. 

Tuesday, September 04, 2018

Las ilusiones progresivas de QUARTO VUOTO



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión, con cierta tardanza, presentamos aI grupo italiano QUARTO VUOTO y su disco “Illusioni”, el cual fue publicado por Lizard Records a mediados del pasado año 2017. El grupo se originó en la localidad de Treviso en el año 2010, logrando debutar fonográficamente a inicios del año 2014 con un EP autoproducido que también se titula “Quarto Vuoto”. En aquel entonces, el grupo era un quinteto donde Federico Lorenzon fungía la doble labor de violinista y vocalista. También cabe notar que el grupo obtuvo varios trofeos en concursos de música, como el primer lugar en el FreeYoungMusic de 2011 y las ediciones del Veneto Rock Contest de los años 2013 (puesto 1) y 2014 (puesto 3). Una vez que abandonó Lorenzon el grupo, los otros cuatro decidieron proseguir con el formato de grupo estrictamente instrumental: quienes quedaron a bordo son el bajista Edoardo Ceron, el baterista Nicola D’Amico, el teclista Mattia Scomparin y el guitarrista Luca Volonnino, y fue así que se gestó grabó el repertorio contenido en “Illusioni”. Para completar los encuadres y esquemas sonoros que tenían en mente para la serie de composiciones que integran este álbum, estos músicos se hicieron acompañar ocasionalmente por Giulio Dalla Mora (saxo tenor en dos temas) y el violinista Mauro Spinazzè (violín en uno). Bueno, pasemos ahora a revisar los detalles de este disco que tenemos en nuestras manos. 


La dupla de ‘Nei Colori Del Silenzio’ y ‘Coscienza Sopita’, ocupando conjuntamente un espacio de 12 ¼ minutos, deja bien en claro cuáles son las proyecciones estilísticas y esquemas sonoros a los que el grupo habrá de dar prioridad en el transcurso del disco. En el caso de la pieza de apertura, tenemos un inicial despliegue de minimalistas capas cósmicas de sintetizador (casi al modo de los TANGERINE DREAM de la etapa 1974-6) desde el cual se prepara la emergencia del cuerpo central, el mismo que ahonda y redunda en el fulgor sideral que, con la participación del ensamble entero, se torna poderosamente envolvente. La aparición de cortinas flotantes de guitarra en las últimas instancias del pasaje prologar sustenta el nexo con el cuerpo central, siendo así que el tenor invariablemente reflexivo de la pieza adquiere un matiz un poco más denso mientras el cuerpo central se explaya con meticuloso aplomo. Por su parte, ‘Coscienza Sopita’ permite a la banda explorar un groove más intenso donde la actitud vitalista en curso es dirigida por los riffs y solos de los guitarreos sobregrabados con pulso firme y bien definido. Dentro de los aportes que brindan los demás instrumentos al bloque sonoro, se destaca la labor de la batería, la cual crea un swing genuinamente sofisticado para que el motif central asiente convenientemente las potencialidades más sofisticadas de su desarrollo temático. Durando 11 ½ minutos, ‘Impasse’ resulta ser la pieza más extensa del disco, siendo su función la de fundar e instalar una expansión para la espiritualidad sofisticada que dejó fuertes raíces en la pieza #2. El grupo orquesta una estupenda encrucijada de post-rock, sinfonismo y jazz-rock dentro de una compacta amalgama progresiva donde se dejan notar varios momentos de auténtica fastuosidad sonora. La intervención del saxofón para doblar algunas líneas de ciertos solos de guitarra sirve para realzar eficazmente el sentido de orquestación sistemática sobre el cual se focaliza el grupo. Merece una mención especial un pasaje del intermedio donde la dupla de bajo y batería crea un muscular anticipo del motif que habrá de centralizar los últimos cuatro minutos de la pieza: por un instante nos hizo pensar en el periodo 1981-4 del cosmos de KING CRIMSON.

Durando casi 11 minutos, el cuarto ítem del disco, titulado ‘Apofis’, nos sitúa en un territorio aún más expresionista que aquel donde se situaba el tema anterior. El filo rockero y el punche luminoso aumentan sus respectivas dosis de energía mientras el grupo se dispone a escarbar más a fondo en sus propias inquietudes eclécticas. Los momentos más rudos coquetean abiertamente con el estándar del post-metal y, en el ínterin, algunos espacios se abren para la excursión en una mezcla de psicodelia y free-jazz. En la frontera del séptimo minuto, el piano elabora un suntuoso pasaje impresionista que comienza con mucho nervio y concluye en clave de relajante inspección de la interioridad. Si ‘Impasse’ fue un culmen de radiante poderío rockero dentro de un esquema de juego metódicamente refinado, ‘Apofis’ es un cénit gestado desde una actitud de celebración del propio caleidoscópico sónico que el grupo asume como el centro nuclear de su paradigma musical. ‘Due°Io’ es otra pieza de ambiciosa extensión (dura 9 ¼ minutos) cuya estrategia sonora consiste inicialmente en una remodelación de las facetas más robustas del segundo tema tras un prólogo gestado por efectos de echo y reverb para la guitarra. Para la segunda parte, el grupo adopta un swing blues-rockero para elaborar un jam efectivo y provocativo: posiblemente se trate del momento de mayor gancho de todo el repertorio y se nota que los músicos saben con qué gancho están trabajando en este momento, pues es fácil de advertir la rimbombancia jovial que penetra al jam en cuestión. Los últimos segundos de esta pieza están signados por un reprise de los efectos de guitarra con los cuales se había iniciado. El disco concluye con ‘Tornerò’, una pieza lenta y evocativa donde la guitarra asume completamente el rol protagónico: la cosa suena a un híbrido entre PINK FLOYD y EXPLOSIONS IN THE SKY. El colorido extra que aporta el violín ayuda bastante a realzar el lirismo inherente al desarrollo teemático, impulsándolo un poco más allá de su sencillez estructural. Nos queda la sensación de que el fade-out llega demasiado pronto cuando termina este último tema: tal vez se pudo haber desarrollado un minuto más o algo así, pero bueno, así son las cosas con el momento concluyente de este álbum y así hay que aceptarlas y disfrutarlas.  



Aquí termina nuestro repaso de “Illusioni”, un hermoso disco de madurez para el ensamble de QUARTO VUOTO, un referente impresionante para la nueva generación del rock prgresivo italiano. Vale la pena seguir el rastro de este grupo en cualesquiera aventuras musicales que proyecten para el futuro próximo, pues realmente “Illusioni” nos ha dejado con ganas de más. 


Muestras de “Illusioni”.-

Nei Colori Del Silenzio: https://www.youtube.com/watch?v=plQNZUlTDzg
Apofis: https://www.youtube.com/watch?v=9aHlfAh3mmc

Saturday, September 01, 2018

Un viaje a las tierras bajas con ZEVIOUS




HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da  la ocasión de presentar al nuevo disco del trío estadounidense ZEVIOUS, el mismo que responde al título de “Lowlands”. Publicado a mediados del pasado mes de agosto por el sello Nefarious Industries tanto en formato digital como en una edición limitada en vinilo, este cuarto trabajo del trío afincado en Nueva York se nos muestra justo en el décimo aniversario de su homónimo disco de debut. Desde inicios del milenio, esta cofradía avant-progresiva conformada por el guitarrista Mike Eber, el bajista Johnny DeBlase y el baterista Jeff Eber recoge para “Lowlands” la contundente siembra de filudas experimentaciones rockeras que se ha venido instaurando en la fenomenal secuencia de los dos álbumes precedentes (“After The Air Raid” y “Passing Through The Wall”, de los años 2009 y 2013, respectivamente): la cosecha fue exitosa por lo que este nuevo disco también resultó ser fenomenal con su propio sello, tal vez aportando un poco más de fulgor y una serie más definida de contrastes sónicos en nombre de una coherente evolución musical dentro de los parámetros esenciales que los ZEVIOUS trazan para sí mismos. Aparte de ser socios en esta entidad triádica, Mike Eber participa en Smother Party, su primo Jeff hace lo propio en Dysrhythmia, y DeBlase toca en Many Arms, por lo que estamos hablando de jóvenes y versátiles veteranos en las respectivas áreas del avant-metal, el rock-in-opposition y el noise rock: ZEVIOUS es, en algún sentido, el hogar más estructurado de todos en los que habitan estos tres músicos. Pasemos de una buena vez  a los detalles de “Lowlands”, ¿vale?



Con la dupla inicial de ‘Tube Lord’ y ‘Smear Campaign’, el trío se muestra frontalmente dispuesto a establecer nuevas motivaciones para el agresivo ideario de rock experimental que siempre ha ostentado como su cruzada particular dentro del escenario progresivo del nuevo milenio. ‘Tube Lord’ comienza con una breve secuencia letánica desde la cual se arma el campo para que el parco motivo central marcado por la guitarra se imponga con rotunda contundencia. Las líneas de bajo y la ágil labor de la batería se encargan de llenar espacios con ingenieril vigor en la mayor parte del tiempo, aunque también en algunos pasajes estratégicos asumen una actitud un poco más lacónica, como si quisieran aludir a un aura expectante en medio del patente fragor rockero. Ya para cuando está bien entrado en el último tercio de la pieza, el trío opera como una maquinaria de artillería pesada que articula un robusto equilibrio entre el post-metal, el prog-metal y el jazz-rock. En el caso de ‘Smear Campaign’, contamos con un explayamiento mucho más sofisticado de las pautas de aguerrido señorío antes instaladas en la pieza de apertura. Elaborando una ilación más compleja de los diversos motivos en curso a través de una ingeniería más dinámica y un groove más ágil, los riffs, bases armónicas y ocasionales solos de las guitarras sobregrabadas arman un batallón rockero que se confronta amigablemente con la genialmente inspirada dupla rítmica. En un osado e incandescente hermanamiento entre post-metal, math-rock, stoner y modismos Crimsonianos, dando como resultado una bizarra ensoñación sonora arropada por un fragor majestuoso y belicoso, el grupo gesta el primer cénit definitorio del álbum. La primera mitad del disco se cierra con ‘Slaves Of Rotor’, que con sus poco menos de 8 ¾  minutos de duración se erige como la pieza más extensa del repertorio. Es, de hecho, el ítem más sombrío del repertorio pues establece una ambientación de inspiración stoner dentro de un enclave de psicodelia progresiva signado por una espiritualidad oscurantista. El trío maneja con inteligencia el gancho inherente a este largo ejercicio de fortaleza rockera, por lo que los minutos pasan volando. 

‘Ritual Based Symmetries’ abre la segunda mitad del disco y lo hace estableciendo recursos de neurótica gracilidad y colorida agilidad al modo de una triádica encrucijada entre los paradigmas de AHLECHAUTISTAS, DON CABALLERO (los tres primeros álbumes) y los KING CRIMSON de los 90s. El complejo y tremendamente inspirado juego de contrapuntos y polivalencias armónicas arma una arquitectura que va continuamente retorciéndose en torno a su propio centro y rearmando su consistencia desde el primer instante hasta el último, todo ello con una vitalidad firme que no baja un ápice durante sus casi 4 ½ minutos de duración. ‘Null Island’ recoge en buena medida la herencia de neurótica extroversión heredada del tema inmediatamente precedente, pero lo hace con un filo más crudo y un enfoque más complicado. Hay un carácter más urgente en este tema, como si varios signos de delirio patológico se estuviesen filtrando seriamente en medio de toda la parafernalia fulgurosa en desarrollo: lo que suena aquí es un recio ejercicio de confluencias entre los disímiles modelos de GUAPO, BEHOLD... THE ARCTOPUS, RUSSIAN CIRCLES y KING CRIMSON. estos dos temas instalan conjuntamente otro cénit crucial para el álbum que estamos reseñando. Los trucos de pesadez frontal que tanto protagonismo habían adquirido en los dos primeros temas del álbum regresan de forma severa y convincentemente potenciada en la penúltima pieza del disco, la cual se titula ‘Sensor Recall’. El factor prog-metalero y, en una medida ligeramente menor, también el factor math-rockero, vuelven al frente como enfoques teóricos para las bizarras y musculares secuencias de riffs, armazones armónicos y grooves con los que se construye el cuerpo central de esta pieza. En fin, ‘Slow Reach’ pone el punto final al repertorio de “Lowlands” con una sólida exhibición de síntesis de los recursos post-metaleros y stoner que ya han hecho acto de presencia en varias ocasiones a lo largo de los temas precedentes. Con un inicio parsimonioso y casi tétrico que parecía anticipar un regreso a los senderos inquietantes de ‘Slaves Of Rotor’, el tema no tarda en derivarse hacia una exaltación fabulosa y bien focalizada donde las dimensiones más ásperas de la esencia del nervio rockero se ponen al servicio de la expresión de un vitalismo guerrero y furioso. Así las cosas, la estructura de este tema final se articula en una alternancia de pasajes flemáticamente grisáceos con otros implacablemente exaltados. El drástico golpe final supone un oportuno cortante final para el disco como un todo.

“Lowlands” es, como indicamos en el primer párrafo de la presente reseña y ahora reiteramos, un disco poderoso y fenomenal que sigue de forma muy sólida y creativa por la senda  trazadas en los discos previos de la banda. ZEVIOUS sigue siendo una entidad creativa muy a tener en cuenta dentro de la vanguardia progresiva de nuestros días. ¡Totalmente recomendable este disco!... aunque, sin duda, sus dosis de potencia y de sofisticación obligan a que su apreciación se haga en un momento de calma y detenida concentración.



Muestras de “Lowlands”.-

Wednesday, August 29, 2018

La telúrica magia jazz-progresiva de XAVI REIJA y sus grandes amigos



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión tenemos el enorme placer de presentar un disco concebido y desarrollado con una extraordinaria logística musical: se trata del nuevo disco del baterista y compositor XAVI REIJA que se titula “The Sound Of The Earth”, y donde participan luminarias tales como Tony Levin [Stick, bajo y contrabajo], Markus Reuter [Touch guitar] y Dušan Jevtovič [guitarra]. O sea, tenemos en este ensamble de apoyo para REIJA a dos tercios de los STICK MEN y a uno de los máximos héroes de la avanzada jazz-rockera contemporánea. “The Sound Of The Earth” fue publicado por MoonJune Records el pasado 16 de junio. Aunque en el título el asunto se registra como un nuevo trabajo solista del maestro REIJA, la cosa es que esta obra está centrada en la creación colectiva: las cuatro secciones homóminas son compuestas conjuntamente por los cuatro músicos partícipes, mientras que la figura protagonista se encargó de componer tres piezas y su amigo de siempre Jevtovič hizo lo propio con otros dos. El repertorio de este disco fue grabado en agosto del 2016 en el Club House Studio de Rhineback, Nueva York, siendo llevado el material a tierras españolas para sus sucesivos procesos de mezcla (por Jesús Rovira en La Casa Murada de Banyeres del Penedés) y masterización (a cargo de Álvaro Balañá en Impact Mastering Lab, Barcelona). 
Vitalidad, grandilocuencia y nervio entretejidos bajo ropajes de misterio: he aquí la clave principal de los desarrollos sonoros que se exponen a lo largo de las nueve piezas que conforman este repertorio: veamos ahora los detalles de cada una de sus instancias constituyentes. 


‘Deep Ocean’, con sus casi 6 ¾ minutos de duración, pone inicios a las cosas con un despliegue de vigor expresionista que sabe medir bien los desarrollos y expansiones de su vigor esencial sobre un groove contenido. Así, los filudos golpes de la batería y los no menos entretejidos de guitarra y Touch Guitar instauran una magia robusta  y absorbente que permite al contrabajo de Levin abrirse espacios para la adición de inspirados colores adicionales. Con parsimoniosa majestuosidad, semejante a la que sería propia de un RAY RUSSELL transfigurado a través de un trance Zeppeliano-Hendrixiano, esta pieza construye montes y abre surcos fluviales en el valle del yo interior del oyente. El segundo tema del disco es la primera de las cuatro extensas entregas en las que se reparte el concepto homónimo del disco: ‘The Sound Of The Earth I’, que ocupa un espacio poco menor de 10 minutos, se caracteriza por ostentar un aura permanente de meditabunda solemnidad. Así las cosas, el cuarteto hace gala de su cautelosa astucia común para dejarse guiar por el continuo ascenso de sus estrategias de intensidad expresionista mientras las cosas van fluyendo. En los dos últimos minutos la pieza halla el norte sonoro que buscaba con elegante ahínco, focalizando con nervio decisivo el broche deseado. ‘From Darkness’, por su parte y en contraste con el ítem inmediatamente precedente, es frontalmente punzante en su despliegue de gráciles densidades prog-psicodélicas sobre un compás de 5/8. Nos hallamos ahora en territorio afín al paradigma Crimsoniano con poderosas sazones procedentes del cosmos de los STICK MEN y el mundo musical del propio Jevtovič en su faceta más aguerrida (autor del tema en cuestión, dicho sea de paso). Si ‘The Sound Of The Earth I’ fue una demostración de cauces de aire, entonces los puntos culminantes exhibidos en ‘Deep Ocean’ y ‘From Darkness’ fueron, respectivamente, un muestrario de oleajes señoriales y un escenario de hogueras galácticas. 

‘The Sound Of The Earth II’, en comparación con la primera parte, exhibe un dinamismo más extrovertido sobre un groove más rotundo, lo cual le permite recibir los legado de aire y fuego de los dos temas precedentes con enérgica soltura. El exuberante y grandilocuente hermanamiento entre Reuter y Jevtovič en las capas, fraseos y exigentes bases armónicas que emanan de sus instrumentos hallan el soporte perfecto en la dupla rítmica, la cual decide aumentar su punche por un rato a poco de pasada la frontera del cuarto minuto y medio, dándose así un breve clímax dentro del jam en curso. Pocos instantes de llegar a la barrera del octavo minuto, el cuarteto vira hacia un swing un poco más agudo, lo cual permite que las exploraciones psicodélicas en curso adquieran una intensidad más penetrante, aunque el grupo decide elaborar la antesala de un remanso ulterior durante el último minuto. ‘Serenity’ empieza  como una afirmación sonora de su propio título, exhibiendo un motif envolventemente sereno a partir de un esquema melódico muy lacónico y una pauta rítmica calmada. Es como si aquí estuviese concretándose el espacio de remanso que se anunciaba en las instancias finales de la pieza precedente mientras las capas del transfondo completan los ornamentos requeridos. Pero, en la segunda mitad de este viaje musical, las guitarras elaboran un crescendo situado entre lo rabioso y lo melancólico. Cuando llega la tercera entrega de ‘The Sound Of The Earth’, el ensamble explora un ejercicio de vitalista parsimonia (por paradójica que suene la expresión) por vía de una sinergia autoconstreñida que los músicos utilizan, desde la individualidad de cada uno, para unirse en un ejercicio de contemplación colectiva. Los instrumentos simplemente hacen un paisaje sonoro de lo que sucede en cada una de las cuatro contemplaciones simultáneas dentro de un bien definido esquema  de trabajo. ‘Lovely Place’ es la pieza más lírica del álbum: como ha pasado otras veces en el repertorio precedente, comienza con una actitud calmada y notoriamente sobria para luego derivar hacia algo más explícitamente intenso. El virtuosismo de los actores juega a favor del carácter cautivador del croquis melódico en curso, terminando todo en un regreso a la calma originaria. 

Durando más de 16 ½ minutos, ‘The Sound Of The Earth IV’ resulta ser el ítem más prolongado del disco. El núcleo drásticamente etéreo en torno al cual giran los libres diálogos y reenecuentros entre los cuatro participantes se extiende a través de una vasta dimensionalidad de mantos flotantes en medio de una ambientación free-jazzera, casi al modo de una remodelación krautrockera de la faceta más misteriosa de los WEATHER REPORT en sus dos primeros años. Por un momento, a poco de pasada la frontera del octavo minuto y medio, parece que se va a armar un groove definido, pero en realidad se trata de un espejismo, un breve oasis de estructura que se diluye en la mágica lógica de libres efluvios que va reinando de principio a fin. Los músicos se ponen a retratar el modo en que la tierra se rehace por vía de varias conmociones indeterminadas sucesivas... pero es en los últimos cuatro minutos donde la tierra parece ya totalmente segura de cómo quiere que se afiance su reestructuración. El desarrollo del jam final exhibe un nuevo trance de incandescente vigor dentro del álbum, cerrándose todo con un epílogo onírico e inquietante. El broche del disco llega con el arribo de ‘Take A Walk’, un ejercicio de ingeniería Crimsoniana dentro de un contexto progresivo que tiene algo de sombrío, aunque también emana algunos retazos de luminosidad juguetona. En total, hemos disfrutado de 77 minutos de grandilocuentes y enérgicos viajes sonoros donde las Musas de la música jazz-progresiva han iluminado las facetas más musculares del maestro XAVI REIJA y sus magistrales compañeros de aventuras. “The Sound Of The Earth” es un disco poderoso y fabuloso que está repleto de magia telúrica donde el ideal artístico jazz-progresivo queda vigorosamente revitalizado. Esta asociación de XAVI REIJA con sus ilustrísimos socios Tony Levin, Markus Reuter y Dušan Jevtovič ha gestado un disco muy especial y muy recomendable.


Muestras de “The Sound Of The Earth”.-

Sunday, August 26, 2018

GEPH: la apofenia como nueva estrategia para la garra rockera progresiva



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy se da la ocasión de presentar el nuevo disco del trío estadounidense GEPH, el cual se titula “Apophenia” y ha sido publicado durante la primera semana de julio pasado. La apofenia es la tendencia a percibir conexiones y significados interconectados entre cosas que parecen tener nula relación entre sí o ningún vínculo dentro de un esquema o conjunto realmente definido: se trata de un término acuñado por primera vez por el neurólogo y psiquiatra alemán Klaus Conrad cuando quería focalizar un concepto que señalara la tendencia de las personas psicóticas a encontrar significados y nexos anormales entre experiencias supuestamente casuales e independientes entre sí. En lo referente al rol de la palabra “Apophenia” respecto a este nuevo disco de GEPH, advertimos que ésta se refiere más bien a la maquinación meticulosamente articulada entre grooves y matices individualmente complejos sobre los cuales se forja una sinergia fluida como núcleo musical de cada pieza del repertorio. Este trío asentado en Boston (Massachusetts) y conformado por los Stickistas Josh Goldberg y John Tyler Kent, y el baterista Josh Merhar, hace gala de las virtudes que emanan de su ecléctico enfoque musical que combina modismos Crimsonianos, jazz-rock, prog-metal y psicodelia, junto a ocasionales coqueteos con el rock-in-opposition. El asunto ha rendido enormes frutos; de hecho, el trío se ha lucido a lo grande en la elaboración de este catálogo de estas siete piezas nuevas cuyos detalles pasamos a revisar a continuación. 



Durando poco menos de 7 ¾ minutos, ‘Macroaggressions’ abre el disco con un despliegue de elegantes solturas dinámicas a partir del sobredimensionamiento que se da a los juegos de síncopas y a los silencios dentro del desarrollo temático. De este modo, la vitalidad consistente en el esquema performativo del trío halla sus vías de manifestación alternando pasajes de patente vigor con otros donde rige la ley de la sutileza frontal. En los momentos más vigorosos se da preferencia a los desarrollos armónicos en vez de a la parafernalia solista; más bien, los solos entran a tallar a partir del traspaso de la frontera del quinto minuto, a lo largo del último pasaje sutil y en el estilizadamente aguerrido momento final. (A propósito, la parodia del discurso introductorio del programa Saturday Night Live al inicio de este tema es muy divertida.) Luego sigue ‘Whole Body Headbang’, tema que se focaliza en vibraciones prog-metaleras en su cuerpo central: ya para la coda, el fragor baja drásticamente para darle un etéreo viraje jazzero a los últimos segundos, al modo de una neblina que surge instantáneamente para tapar todo el paisaje con drástica precisión. ‘Little Guy’ es una pieza relativamente breve que se caracteriza por exhibir capas flotantes del solitario Stick de Kent, al modo de un retrato sonoro de un atardecer otoñal. En realidad, su misión principal es la de preparar el terreno para el arribo de ‘Get Your Insignificance On’, un tema bastante lírico donde el trío se dispone a explorar fehacientemente su faceta jazz-rockera. El asunto suena a un híbrido entre la faceta más domesticada de unos GORDIAN KNOT y el paradigma de ATTENTION DEFICIT. ‘Mourningstar’ hace lo propio aunque con una dosis mayor de agilidad tanto en su esquema rítmico como en su atmósfera general. Los dos instrumentos de cuerda se hermanan con ingenieril limpieza tanto en los pasajes gráciles como en los más robustos. La pieza, que vuelve al terreno de GORDIAN KNOT pero esta vez en paralelo con el modelo de unos STICK MEN, mantiene su encanto evocativo con lírica lucidez.

  

El penúltimo tema del repertorio es también el más largo del mismo con sus más de 8 ¾ minutos de duración: se titula ‘W.W.F.D.’ y resulta, en rasgos generales, una síntesis vibrante de los factores más filudos de las dos primeras piezas del disco. Teniendo en cuenta que el tempo y el esquema rítmico apuestan por una modalidad lenta de funk-rock,
‘W.W.F.D.’ se da maña para hacer aspavientos de exhibir una modalidad relativamente tétrica dentro del ideario musical de la banda. De hecho, a mitad de camino, la batería se detiene y los dos Sticks se dedican a trazar y delinear unos matices tenebristas muy efectivos: este paraje que comienza al modo de un interludio aterriza posteriormente sobre un groove aún más lento que el inicial, con lo que la atmósfera reinante para los últimos 2 ¼ minutos del tema ya parece estar metiéndose en el terreno R.I.O. de unos PRESENT. El broche del disco llega de la mano de ‘Back From Space Earth’, tema que en sus más de 5 ½ 
minutos de duración, ejercita una atractiva y señorial combinación de refinadas sacudidas jazz-progresivas y majestuosos despliegues progresivos de talante Crimsoniano. El esquema de trabajo se basa en una remodelación capitalizadora de los ambientes y diagramas musicales antes desarrollados en los temas #4 y #5. Aquí disfrutamos del vitalista esplendor de la mañana y el resplandor de un vivaz mediodía tras la absorbente aura de siniestra nocturnidad que había impuesto la penúltima pieza. Así llegamos al final de “Apophenia”, un disco bastante inspirado y dueño de copiosos momentos marcados por vibrantes sonoridades progresivas. Estos dos motivos son más que suficientes para tener en gran consideración el nombre de GEPH dentro de la actual escena progresiva. Fueron casi 41 minutos de auténtico ingenio musical donde el rock conquista la prestancia del arte con verdadera seriedad sin perder su fulgor excitante: la apofenia ha funcionado como estrategia para la creación de una renovedora garra rockera dentro del ideal progresivo.



Muestras de “Apophenia”.-


Friday, August 24, 2018

STICK MEN (2010-2013)



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se nos antoja repasar la fase de la historia del excelso trío STICK MEN que va entre los años 2010 y 2013, o sea, la que abarca desde el segundo disco “Soup” (el último disco con el Stickista Michael Bernier como socio directo de Tony Levin) y la dupla de “Open” y “Deep” (los dos primeros con el maestro alemán Markus Reuter a las Touch Guitars). Hoy por hoy, esta última alineación de Tony Levin, Pat Mastelotto y Markus Reuter sigue vigente, ondeando con firmeza y tremenda creatividad la bandera del arte del rock y aumentando con cada nueva gira su ya de por sí altísimo prestigio como uno de los pilares más excelsos del movimiento progresivo de este milenio. Pues bueno, el asunto con este grupo tiene su semilla en el disco solista de TONY LEVIN “Stick Man”, publicado en el 25 de setiembre del año 2007. En él colaboraba su colega en KING CRIMSON Pat Mastelotto y un puñado más de músicos de apoyo mientras el buen Tony tocaba el Stick, el bajo, el cello eléctrico, el contrabajo eléctrico y los teclados. El resultado fue tan satisfactorio que llenó de mucha motivación a Mastelotto, quien coincidió con Levin respecto a la idea de convertir esta instancia creativa en un ensamble concreto y firme: su nombre tenía que ser STICK MEN. Así las cosas, antes de que acabara el primer decenio del nuevo milenio, los STICK MEN eran una realidad tangible con Levin, Mestelotto y otro Stickista llamado Michael Bernier. Su primer disco homónimo fue publicado en el año 2009 y al año siguiente fue reeditado con notorias variaciones en el ordenamiento de su repertorio y algún tema adicional bajo el título de “Soup”: veamos ahora sus detalles.


Durando casi 5 ¾ minutos, el tema homónimo abre “Soup” a punta del establecimiento de una engañosa  parsimonia que alumbra el humor propio de la pieza dentro de un contexto de psicodelia pesada con raigambre progresiva. Ya en el preludio, con esos entramados vocales que juegan con las palabras soup y supercollider, uno se da cuenta de que el jolgorio surrealista va a ser la norma nuclear de esta pieza... y mas aún cuando uno se topa con algunos recursos de hip-hop en el desarrollo temático. A continuación sigue la pieza tripartita ‘Hands’, cuya secuencia total se extiende por un total de 8 ¾ minutos. La primera parte es netamente Crimsoniana (combinando las redes arquitectónicas que se ensalzaban en los momentos más fastuosos de los 80s con el vigor contundente que se desprendía de los pasajes más sofisticados de los 90s). La segunda parte juega con una compleja trama rítmica arropada y moldeada por el arsenal electrónico de la sección percusiva; dándose una dimensión futurista a un motif que resulta esencialmente jazz-rockero, el esquema de trabajo cibernético en curso logra plasmar una frescura exultante. En fin, la tercera y última parte tantea directamente recursos de tétrico expresionismo, siempre bajo un manto Crimsoniano: con su relativamente corta duración de 2 minutos y segundos, su función principal parece ser la de operar como epílogo de la secuencia global de ‘Hands’. Con la dupla de ‘Inside The Red Pyramid’ y ‘Fugue’, el trío se dispone a seguir expandiendo sus subterfugios estilísticos. En el caso de ‘Inside The Red Pyramid’, tenemos un ejercicio de serenas luminosidades peogresivas penetradas por una aureola fusionesca y ahormadas por una etérea ingeniería psicodélica. Al comienzo, son las capas de los dos Sticks las que ocupan un rol dominante, pero en una siguiente instancia, los riffs se apoderan de la situación y le dan un poco más de punche al asunto. Por su parte, ‘Fugue’ establece un intrépido viaje jazz-rockero que exige a los tres músicos poner sobre el tapete muchos de los trazos de sus propios virtuosismos individuales. Jolgorio tenso y extroversión solemne se funden una una sola fuerza expresiva. Para el último minuto, el grupo da un drástico viraje hacia un recogimiento introspectivo. ¡De lo mejor que han hecho los STICK MEN con Bernier en sus filas!     


‘Sasquatch’ retoma frontalmente el paradigma Crimsoniano de los 80s y, en parte, también el paradigma de la obra solista de Levin. El factor jazz-rockero sigue siendo extremadamente relevante en la composición así como en el arreglo final, pero tenemos aquí una pieza esencialmente progresiva. Mastelotto le da una densidad bastante vigorosa a sus intervenciones, lo cual realza el carácter misterioso de aquellos pasajes transicionales en los que los dos Sticks se quedan solos gestionando su propia urdimbre común. ‘Scarlet Wheel’ se caracteriza por volver al terreno de lo etéreo, esta vez con un talante un tanto ceremonioso que se hace sentir no solo en la combinación de capas sintetizadas y artilugios que emulan percusiones tonales, sino también en el canto, el cual ostenta algunos quiebres emotivos. El swing de la pieza es contagioso y, a la vez, distante. El momento más ambicioso del repertorio llega con ‘The Firebird Suite’, una versión de la inmortal composición del maestro IGOR FYODOROVICH STRAVINSKY que el ensamble convierte en una genuina aventura progresiva de 13 ¼ minutos. La primera parte se centra en explosivos trucos psicodélicos desde los que los efluvios incendiarios en curso se adentran en una lógica deconstructiva cargada con rabioso brío. Es en la segunda parte donde el trío se dispone a manejar los diversos registros temáticos en una ilación escrupulosa y sesuda que se sumerge una y otra vez en una arquitectura sónica extravagante y desafiante. La tercera parte de la suite comienza con un tenor introspectivo y otoñal, lo cual permite a las notas con las que se desarrolla la envolvente y ensoñadora secuencia armónica enseñorearse de toda la atmósfera. Es prácticamente un sortilegio desde el cual se convoca a alguna luz trascendente revelarse para acabar con un inaguantable misterio. Así las cosas, la cuarta y última parte emerge con un inicial aire de sigilosa sobriedad, perpetuando en buena medida las vibraciones flotantes de la tercera  parte, para luego plasmar un fulgor espléndido categórico para la majestuosa coda. Los últimos 6 minutos del disco están ocupados por ‘Relentless’, una pieza que exhibe una neurótica gracilidad dentro de un nuevo ejercicio de psicodelia progresiva que casi parece coquetear con el modelo del prog-metal. Un interludio bastante sobrio entra a tallar para gestar un preciso recurso de preciosista variedad. “Soup” es, en un balance general, el disco que refuerza la presencia de los STICK MEN en esta primera fase de su trayectoria. 



Bernier abandonó al trío poco tiempo después de la publicación de “Soup”, siendo reemplazado por el Markus Reuter a inicios de agosto del año 2010. Este excelso multiinstrumentista alemán nacido en la localidad de Lippstadt a inicios de setiembre de 1972, en vez de traer consigo otro Stick trajo un arsenal de Touch Guitars y diversos aparatos computarizados de sintetizador (aunque también es un dotado ejecutante del Stick, la Warr Guitar, los teclados, la mandolina y el bajo). Siendo como es un rockero de amplias inquietudes experimentales y un ávido investigador en el uso de la tecnología para la música contemporánea, su presencia  significó (y significa hasta ahora) un gran empuje para el imparable ímpetu autorrenovador del ideario artístico de los STICK MEN. Su debut fonográfico con el trío fue en el EP “Absalom”, publicado en el año 2011, pero fue en “Open”, disco de larga duración que salió al mercado en el primer día del mes de junio del 2012 que su peso dentro del ensamble se hizo notar de forma imponente. Vale precisar que “Open” fue el primer disco enteramente instrumental de los STICK MEN, y de paso, el primero cuyo repertorio estuvo constituido enteramente por ideas improvisadas grupalmente en vez de piezas ya articuladas en composiciones predefinidas antes de entrar al estudio de grabación. Más que un disco en el sentido corriente del término, se trata de un catálogo de diálogos abstractos donde la pluralidad de aportes toca permanentemente la cima de la magnificencia progresiva del nuevo milenio.


‘Amino 21’ inicia las cosas para “Open” con un prólogo marcado por una neblina de sombrío minimalismo que parece esconder un recurso de bizarra vivacidad que logra mantenerse por algún tiempo en un nivel puramente latente. Con el ulterior desarrollo del cuerpo central, todo empieza a soltarse (sin sobresaltos chocantes), lo sombrío va creciendo hasta tornarse tenebrista aunque sin llegar a algo realmente opresivo: más bien se trata de una extroversión inquietante. Se nota un talante futurista en este despliegue de señorial nervio psicodélico. La primera parte del concepto de ‘Open’, que responde al título autónomo de ‘Plunge’, instaura por un par de minutos y cuarto un groove fusionesco de inspiración tribal sobre el cual la Touch Guitar impone fraseos oblicuamente densos: es un encuentro entre lo celebratorio y lo tenso. De este modo, se abren las puertas para el arribo de la extensa pieza ‘Alabaster’, la cual ocupa todo un espacio de 12 minutos. La primera instancia es sigilosa y opaca, casi rozando lo tétrico aunque no llega a ser terrorífico sino más bien onírico con un talante grisáceo al modo de una densa bruma que se lleva los últimos instantes del otoño y anuncia el arribo del cruel invierno. Las capas emanadas por las cuerdas de los instrumentos de Reuter y Levin hallan en el swing exóticamente cadencioso de Mastelotto el mástil idóneo para hacer que sus efluvios iniciales empiecen a focalizarse en grooves razonablemente definidos y sobrios delineamientos melódicos, todo ello mientras el opaco esplendor inicial sigue perviviendo sólidamente en las entrañas del jam en curso. La segunda parte de ‘Open’ se titula ‘Plow’ y se caracteriza por generar un juego de reconstrucciones y deconstrucciones abstractas del groove central de la primera parte para dos cosas: darle un poco más de robustez al asunto y asentar el terreno para un vivaz y entrecortado solo de Touch Guitar (uno de los factores más fulgurosos del disco, cabe añadir). 



Llega ahora el turno para ‘Cyber Shards’, el ítem más largo del disco con sus 12 ½ minutos de duración. Su núcleo temático explora campos de expresión semejantes a los de ‘Alabaster’ pero con la salvedad de que ahora se trabaja un dinamismo psicodélico más abierto y más intenso, permitiéndose así que el trío explore a sus anchas los recursos de garra de cada integrante individual para el beneficio del punche colectivo. La batería sabe cómo salir al frente en un indiscutible primer plano que le hace operar como algo más que el resorte ingenieril para el ritmo: es una fuerza dialogante que va en perfecta sintonía con los otros dos instrumentos, los cuales oscilan inteligente y libremente entre las texturas, solos y contextualizaciones que llenan la arquitectura psicodélica de la pieza en curso. Una vez más, esa inquietud que sabe imponer su aureola amenazante con mayestática actitud; una vez más, ese vitalismo que se regodea grácilmente creando a cada momento un nuevo círculo en torno a sí mismo. Para hacer de una buena vez un viraje hacia una agilidad luminosa, la tercera y última parte de ‘Open’, que se titula ‘Truncheon’, establece una resolutivo y activo groove inspirado en el motif inicial con una disposición más marchosa. Tenemos aquí el momento más patentemente Frippiano de Reuter... y la pieza tiene de por sí tanto gancho que nos gustaría que durara más de los 4 minutos y pico que se le otorgó, pero bueno, las cosas son así. ‘Glass Heart (For Renée)’ se dirige al lado opuesto con su minimalismo flotante y su abrumador reposo cósmico. Las notas que se emanan a lo largo del camino van ondeando con un lacónico garbo en medio de una expectativa interminable. Esta pieza bien puede describirse como el autorretrato de la más tenaz melancolía que busca comprender alguna idea precisa en medio de un solipsista estupor. Durando casi 10 minutos, ‘Time Capsule’ se manifiesta como un híbrido recio y vivaz de space-rock y free jazz dentro de un entramado severamente Crimsoniano. Una vez más, Reuter se luce magistralmente a todo dar; por su parte, la dupla rítmica elabora un astuto crescendo desde el cual se empuja al lucimiento del regio vigor grupal. Un gran final para el disco, sin duda.


  

“Deep” es el segundo disco de larga duración de los STICK MEN con Reuter en sus filas, y en retrospectiva puede ser apreciado y comprendido como el capítulo más profundamente esencial de la banda durante sus cuatro primeros años de existencia. Al menos, a nosotros nos parece el disco más maduro y robusto de todos los que ha publicado el trío durante el periodo que abarca la presente retrospectiva. Publicado en el 19 de febrero del año 2013, este disco contó con un proceso más sesudo de diseño musical y una dosis mayor de fragor rockero durante su proceso de gestación y producción. La tríada inicial de ‘Nude Ascending Staircase’, ‘On/Off’ y ‘Cusp’ nos brinda ostentaciones de grandilocuencia musical para los primeros 13 ¾ minutos de “Deep”. El primero de estos temas ostenta un groove muy marchoso y tremendamente llamativo, haciendo que el centelleo sonoro en curso explote a todo dar la agudeza festiva propia de la pieza. ‘On/Off’, por su parte, despliega una cadencias un poco más serenas aunque recibiendo de frente el impacto de la luminosidad consistente del primer tema del álbum. En todo caso, la norma ahora es trabajar una ambientación fusionesca con su debido toque de señorío que permite al sencillo motif central lucir su prestancia esencial. En el caso de ‘Cusp’ tenemos un ejemplo de remodelación del estándar de los KING CRIMSON de la etapa 81-84, lo cual también nos lleva por vía indirecta al paradigma de la obra solista de TONY LEVIN por el lado de la psicodelia refinada. Esto se traduce en una expansión de grooves ágiles y atmósferas luminosas... que ni exactamente plácidas, pues se siente un tenor de tensión suficientemente remozado como para sonar convincente sin obligarse a sobar chocante.
  

La dupla de ‘Hide The Trees’ y ‘Crack In The Sky’ se ha convertido en un doble estándar importante en la mayoría de las actuaciones en vivo del trío. En ‘Hide The Trees’ un número portador de una intensidad meticulosamente elegante y arquitectónica, siendo así que el grupo se siente a sus anchas elaborando sonoridades gráciles sobre la base de complejas pulsaciones rítmicas que Mastelotto maneja con matemático dinamismo. En muchos sentidos, esta pieza adelanta algo de la aureola cósmica envolvente que de inmediato se revelará en ‘Crack In The Sky’: este quinto tema del álbum instaura un aura de mágica sensualidad arropada bajo un manto de sonoridades flotantes y cautivadoras. Muchas de las intervenciones más alucinantes de Reuter las encontramos en los solos que incesantemente se van elevando a través del éter, logrando con ello que el bloque sonoro adquiera una voracidad mágica; mientras tanto, Levin susurra las letras al modo de un observador filosófico. ‘Horatio’ cumple con la función de sacar a flote la faceta más oscurantista del ideario musical del trío sobre la base de un parsimonioso tempo en 9/8, conquistando así el acceso hacia un paisaje espiritual misterioso y opaco. Es como si los ribetes cósmicos propios de la ilación de las dos piezas precedentes hubiesen servido de paulatina preparación para este viaje musical en particular. A pesar de su talante ceremonioso, la verdad es que ‘Horatio’ es un tema con bastante gancho y tal vez pudo dársele un espacio un poco más grande expansión, pero ya es hora de que arribe ‘Concussion’ para establecer una especie de síntesis entre el swing marchoso que ya apreciamos en los temas #1 y #3, y la densidad espiritual que se ha heredado de ‘Horatio’. De este modo, ‘Concussion’ logra revestir de aguerrida majestuosidad a la fusión de jolgorio e inquietud sobre la cual gira el cuerpo central del desarrollo musical en curso. Dura un poco más que el tema que le precedía pero se siente mucho más imponente mientras el oyente empático se deja llevar sin preocuparse por el paso de los minutos.



Nos vamos acercando al final del disco cuando llega el turno de ‘Sepia’, monumental pieza de casi 9 minutos de duración. Este tema está esencialmente ligado a la faceta más etérea de la banda, signado como está por una permanente aureola flotante. A partir de un encuentro entre climas espaciales, grooves jazzeros de estricto talante fusionesco y el sistemático empleo de fraseos y solos solemnes de parte de la Touch Guitar, la ingeniería sonora de ‘Sepia’ suelta de a pocos su impresionismo celestial. El repertorio culmina con ‘Whale Watch’, ítem que saca buen provecho a su ambicioso espacio de 10 ¼ minutos (es, de hecho, el tema más largo de este disco) con una ampliación de los climas y ambientaciones cósmicas de la pieza precedente dentro de una meticulosa síntesis que también congrega al vigor misterioso de la pieza #6 y a la mágica voracidad de la pieza #5. A diferencia del caso de ‘Sepia’, esta vez  la batería exhibe una labor más explícitamente vigorosa a la hora de afianzar la arquitectura global del bloque sonoro. A poco de pasada la frontera del tercer minuto y medio, el trío realiza un poderoso intermedio tribal que marcará la robusta pauta progresiva a seguir en lo que queda del desarrollo temático: una calculada alternancia entre pasajes introvertidos y extrovertidos. Más adelante, en el mismo año 2013, se hizo una reedición doble especial de “Deep” que incluía como segundo volumen un DVD, el cual contiene el disco en cuestión y un documental del trío durante su gira estadounidense de ese momento. Las versiones en vivo de ‘Cusp’ y ‘Sepia’ son simplemente soberbias, y qué decir de lo electrizante que suena la parafernalia extrovertida y jovial de ‘Truncheon’, la tercera parte del concepto de ‘Open’. Eso sí, el grupo sabe que en estas instancias de su carrera musical, es su versión de ‘The Firebird Suite’ la que recoge el dinamismo adecuado pata un grand finale. También hay varios momentos graciosos en el documental, como cuando le preguntan a Pat Mastelotto qué se siente haber sido algunos años atrás integrante de un grupo tan popular como MR. MISTER y ser ahora un integrante de grupos progresivos cuyo público es más intelectual y adusto. La expresión de pasmado silencio que esboza el buen Pat (seguro que es fingida) es complementada por las risotadas irónicas y cómplices de sus dos colegas. 


  

Hemos procurado echar un vistazo meticuloso a esta etapa de la obra de los STICK MEN con el fin de esclarecer el modo tan veloz y tan firme con el que ellos han logrado establecer un paradigma importante dentro del rock progresivo del presente siglo: ojalá hayamos logrado este cometido. Por lo pronto, nos alegra mucho que el trío esté actualmente comprometido con la realización de una copiosa gira latinoamericana con muchas actuaciones programadas en escenarios de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y México, contando con el mismísimo DAVID CROSS como invitado estelar. Este copioso periplo va desde el 24 de agosto al 24 de setiembre, así que va a ser una retahíla gloriosa de imperdibles acontecimientos progresivos. Echar un vistazo a esta tríada de discos en la que nos hemos concentrado hoy nos ayuda a entender cómo llegó la entidad de los STICK MEN a ser lo que es y promete seguir siendo en muchos años venideros.


Muestras de STICK MEN.-