Sunday, January 25, 2026

EMILIO MOLINA y el arte de nadar en las aguas de la vanguardia progresiva chilena

 

HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy echamos la mirada atrás hacia la segunda mitad de agosto del año 2024 y nos topamos con “Nadador”, una estupenda obra de música progresiva vanguardista y ecléctica gestada por el músico y compositor chileno EMILIO MOLINA. Siendo el autor de toda la música aquí registrada, MOLINA también se hace cargo de las guitarras, el bajo, el piano, los sintetizadores, la voz, la batería digital, las percusiones y los efectos de sonido MIDI. Colaboran con él Fabián Fernández (batería), Rubens Bustamante (flauta, saxofón barítono y sintetizador Korg MS 20), Pablo Fernández (bajo), Cris Áneta (percusión), Simón Asenjo (darbuka) y Morus (sintetizador King Korg). Radicado en Valparaíso, EMILIO MOLINA es un joven veterano de la vanguardia rockera que se aventuró en “Nadador”, su tercer disco, con una obra conceptual centrada en los viajes terrenales y espirituales del Teniente Clark Niggeriah, apodado como El Nadador de Diáfanas Aguas, quien se dispuso a recorrer el universo para desentrañar las grandes interrogantes de la conciencia, pero que en realidad se trató de una prueba para hallar la iluminación que le haría fundirse con el cosmos. Cedemos la palabra a MOLINA: “La inspiración, tanto de la música como de las ideas conceptuales vienen principalmente de mi viejo, Marko Molina, un gran y multidisciplinar artista, y particularmente de un cuadro suyo realizado en técnica de litografía, del cual tomé el título y decidí incluir como contratapa para la edición física de este disco.” La etapa de composición comenzó en el año 2021, pero fue cuando ganó en el año 2024 una beca otorgada por el Instituto Profesional Arcos para viajar al Encuentro Internacional de Industria Musical BIME en Bogotá, Colombia. Eso implicó una maduración renovadora del proyecto que ahora se concreta en “Nadador”.*
 
La dupla de ‘Nadador De Aguas Diáfanas’ y ‘Liebestod’ pone varias cartas sobre la mesa sonora del álbum para dar pistas relevantes al oyente empático. 
‘Nadador De Aguas Diáfanas’ comienza con una atmósfera expectante, casi amorfa, buscando lugares donde asentar la fuerza latente de las guitarras y teclados actuantes, y finalmente se instaura una sugerente figura de piano que muy pronto asume un aura señorial, aura realzada por las suaves capas de sintetizador que también hacen acto de presencia. He aquí una exhibición de sinfonismo que no vimos venir. Una vez que emerge ‘Liebestod’ (muerte de amor en alemán), el bloque instrumental se torna más asertivo, apelando a una espiritualidad extrovertida que se maneja con razonable complejidad en la ingeniería rítmica e inspirados juegos de contrastes entre los diversos grooves que se van sucediendo. De hecho, alrededor de la frontera del primer minuto y medio, surge una sección cuasi-pastoral que evoca aires reflexivos en un primer momento, impulsando poco después un nuevo despliegue de fulgor progresivo no exento de densidad. Dicha densidad sirve principalmente para activar algunos matices oscurantistas en medio de la refulgencia sónica. A continuación, llega el turno de ‘Descenso’, pieza que empieza con un enfoque oscurantista del impresionismo para luego virar hacia un exhaustivo trayecto laberíntico con talante Zeuhl, más algunos aspectos distinguidamente densos al estilo de PRESENT (y también un poco de MASAL). Algunos minúsculos pasajes líricos aportan detalles cinematográficos al laberinto  musical en curso. En suma, un cénit decisivo del álbum. ‘La Edad De la Pirámide’ comienza con una actitud muy ágil que opera con un enfoque progresivo impulsado por algunos grooves de inspiración jazz-rockera. Incluso más adelante, el factor fusionesco sale al frente para proveer al bloque instrumental de un colorido renovador. A mitad de camino, la pieza vira hacia un sinfonismo etéreo que tiene bastante de misterioso, para luego aterrizar brevemente en un pantano caótico. Finalmente, todo se reconstruye con una reactivación de la atmósfera inicial con un añadido factor neurótico. ‘El Viejo Mapa Del Mundo’ se centra en un ambiente relajado mientras da rienda suelta a una elegante prestancia progresiva con patentes ribetes jazzeros, especialmente, en la labor de los teclados. Éstos se apropian de la mayor parte del núcleo temático. 
 
Durando cerca de 11 minutos, ‘Circunstancias Circenses’ es la pieza más larga del repertorio. Muchos de sus índices sonoros y arreglos siguen una senda semejante a la del tema precedente, añadiéndose el detalle de que hay una dosis incrementada de gracilidad. Cabe decir que los arpegios iniciales de teclado dejan entrever el arribo de algo épico, lo cual se define con el despliegue de caleidoscópicas solturas que conforma el núcleo central. A partir de allí, la ingeniería musical en curso despliega un aura aristocrática que algo tiene de rimbombante y bastante tiene de inquietante, sin llegar nunca a lo sórdido ni lo chocante. El tema que cierra el álbum es el que justamente le da título. ‘Nadador’ se centra en una masiva orquestación ambiental que algo tiene de elegíaco bajo su prestancia melancólica. Los cánticos ceremoniales despliegan una misteriosa emotividad. El pasaje epilogar se desarma en una sombría solemnidad que nos recuerda en algo al krautrock electrónico (o como se le quiera llamar), sólo que con un talante cinematográfico. Un final de disco que nos toma por sorpresa de una manera muy sugerente. 
Todo esto fue lo que nos ofreció EMILIO MOLINA con su álbum conceptual “Nadador”, un ítem bastante recomendable para cualquier buena fonoteca abierta a las propuestas musicales más vanguardistas dentro del multifacético ideal progresivo. Llega bastante tarde esta reseña, pero los elogios aquí vertido son totalmente genuinos.



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