Friday, February 13, 2026

Los elementos fundamentales de la visión musical del maestro MARK WINGFIELD



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

Hoy presentamos aquí el más reciente trabajo fonográfico de MARK WINGFIELD, maestro británico del jazz-prog contemporáneo de las últimas décadas. “Elemental” es el título del disco en cuestión, el mismo que fue publicado a inicios de diciembre del pasado año 2025 por vía de la colaboración entre los sellos Dark Energy Music y MoonJune Records. Para el material incluido en “Elemental”, WINGFIELD se hace cargo de toda la instrumentación. De hecho, casi todo el repertorio procede de dos fuentes: grabaciones improvisadas en el estudio sin sobremezclas y un concierto realizado por Livestream  en el mes de septiembre del mismo año 2025. Algunos otros temas (como el inaugural, por ejemplo) tuvieron una producción más meticulosa con el empleo de secuencia de teclados y ritmos, pero, de manera íntegra, es un disco solista en el sentido más literal del término. Eso incluye su posición exclusiva en la mezcla y la masterización del álbum en el Heron Island Studio. Dada esta situación, nos damos cuenta del sentido del título: es un catálogo de instancias expresivas de los elementos fundamentales de la visión musical de WINGFIELD. 

Iniciamos nuestra revisión del disco que hoy nos ocupa. ‘Hope Valley’ abre el repertorio con convincente fuerza de carácter, la cual se manifiesta con un garbo irresistible que se deriva de la confluencia entre cautivadoras líneas de guitarra y seductores grooves fusionescos. Hay algo de cinematográfico atravesando al lirismo perpetuo de la pieza. Tras esta apertura llega el turno de ‘We Live Here’, un tema que vira hacia un talante contemplativo desde la cual el desarrollo melódico exhibe una ensoñadora delicadeza. Lo cristalino de los arpegios básicos se combinan a la perfección con el refinamiento expresionista de los solos. Belleza de composición, uno de varios momentos culminantes dentro de este repertorio. Con la dupla de ‘Tamin Negara’ y ‘Suntar’, WINGFIELD sigue explorando texturas y ambientes como sólo él sabe hacerlo. El primero de estos temas mencionados despliega una agilidad gentil que saca buen provecho de la constante gracilidad de la muy inspirada estructura rítmica creada para la ocasión. WINGFIELD exorciza sus fantasmas Rypdalianos bajo un señorial clima crepuscular que bastante tiene de vivaz. En cuanto a ‘Suntar’, se orienta hacia una espiritualidad introspectiva bajo un manto cósmico. La resultante atmósfera noctámbula es manejada con un sobrio enfoque abstracto: es algo así como viajar en el país de Ray Russell con un vehículo Frippiano. ‘Falcons Ridge’ tiene un ambiente muy semejante al del tema de apertura, aparte de ostentar un fulgor más pronunciado y una soltura más expansiva. De esta manera, los colores más vivaces dentro de la paleta paradigmática del buen MARK pueden lucirse gallardamente. Cuando llega el turno de ‘Zig Zag’, se expresa un dinamismo sobrio dentro del típico discurso del jazz-fusion moderno. El groove de las percusiones programadas tiene un swing bien definido que empuja a las líneas de la guitarra a proyectar unas tonalidades embrujadoras y cristalinamente refinadas. Es una pieza bastante embrujadora, ojalá hubiera durado un poco más... pero es que el disco debe continuar.
 
‘Seven Bridges’, que es el tema más largo del disco con sus 7 ¾ minutos de duración, sintetiza varios aspectos de ciertas pautas musicales que ye hemos visto plasmadas en algunas piezas precedentes: específicamente, la creación de texturas modernistas. Aquí hay un predominio de las cadencias que se refuerza constantemente con el empleo de un juego de minimalismos puntillistas. Los apuntes de la guitarra saben preservar la sutileza y las pasajeras orquestaciones etéreas que emergen más adelante operan como un idóneo paisaje de fondo. Un cénit definitivo del álbum. ‘A Sign In The Weather’ dura 7 minutos y pico y también se encarga de una reiteración, esta vez, del factor flotante. El poder evocador de los celestiales fraseos de la guitarra coquetean con lo dramático en más de una ocasión, apelando a los legados de Rypdal y Holdsworth simultáneamente. Ya van dos cénit sucesivos: ¡Muy bien! La ilación de ‘Silver Wind’ y ‘Tantallon’ refleja los últimos indicios del espíritu ambiciosamente explorador de WINGFIELD. El primero de estos temas mencionados ostenta un cierto parentesco con la expresividad sumamente refinada de ‘Zig Zag’, sólo que esta vez la guitarra suena más punzante en la elaboración de sus fraseos. Muy a lo Holdsworth, a decir verdad. El segundo expone un aura crepuscular sobre una base electrónica que coquetea con al ambient: la idea es dar rienda suelta a vibraciones melancólicas sobre un groove bastante animado, un muy bien perfilado contraste entre las añoranzas que persisten en el mundo interior y el imparable frenesí del entorno exterior. La nostalgia se torna ansiedad cuando cesa el ritmo y la voz del espíritu se eleva más allá de los mundanales mecanismos. Una muy eficaz manera de cerrar el álbum. A fin de cuentas, todo esto fue lo que se nos brindó con “Elemental” desde el cuartel musical del genial músico MARK WINGFIELD: es muy recomendable este disco para cualquier fonoteca actualizada en la experimentación contemporánea dentro de las áreas del jazz y del art-rock.
 
 
Muestras de “Elemental”.-
Hope Valley: https://markwingfield.bandcamp.com/track/hope-valley    

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