Friday, March 18, 2016

SYDERALUS: una nueva vía para la experimentación progresiva argentina


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Desde San Miguel de Tucumán llega el cuarteto argentino SYDERALUS con su disco homónimo… o casi, pues se titula “SyderaluS”, así, con las eses mayúsculas al inicio y al final de la palabra. Este disco fue grabado entre diciembre de 2013 y mayo de 2014, para ser publicado en octubre del mismo año 2014. Con Nico Auvieux a la guitarra y los efectos, Fernando Ferro a la guitarra y la voz, Augusto Gallegos al bajo y los efectos, e Isaac Llovera a la batería, la voz y los teclados, este cuarteto gesta un estilo progresivo muy particular donde se funden prog-metal, space-rock, recursos diversos de psicodelia y post-metal, con momentáneas incursiones a formas extremas de metal experimental. Por supuesto, esta propuesta está diseñada para que el ensamble ostente su musculatura esencial y la desarrolle con una actitud tan aguerrida como sofisticada: lo aguerrido está en la fiereza que recurrentemente atraviesa a las expresividades musicales diseñadas por la banda, mientras que la sofisticación se desarrolla osada y desafiantemente en los continuos contrastes de ambientes que tienen lugar a través de cada una de las tres extensas composiciones que conforman el disco “SyderaluS”: ‘The Dork’, que dura 14 ½ minutos, ‘Wrong Number’, que dura casi lo mismo, y ‘Vegital Moun’, que se extiende hasta casi 16 ½ minutos. El grupo proclama en su página de Facebook las influencias de TOOL, TESSERACT, OPETH, PORCUPINE TREE, THE MARS VOLTA, BLACKFIELD, RADIOHEAD y otras entidades que son hoy por hoy veneradas por su compromiso con la experimentación en la diversidad de modismos rockeros que se han ido desarrollando desde los últimos años del milenio pasado. Veamos ahora cómo hacen los SYDERALUS para forjar su voz propia dentro de este ideal experimental.


Las secciones de ‘Dork’ se titulan ‘The Fat’, ‘E’, ‘Go’, ‘Old Old Bitch’, más la coda ‘(The Scratch Thing)’. La primera sección es etérea y cósmica dentro de una aureola sutilmente inquietante, siendo así que la segunda llega a sacar dicha inquietud en todo su robusto esplendor, siendo la función de la tercera el focalizar la cosecha de las dos anteriores bajo una atmósfera introspectiva: lo que tenemos hasta aquí es una vitalista mezcla de los estándares de TOOL y ISIS. Para ‘Old Old Bitch’, el cuarteto vira hacia un groove blues-rockero que parece emanar un aire un tanto cálido al asunto, con lo cual la espiritualidad reinante en curso adquiere un tono más relajado. Es una pena que esta sección no llegue siquiera a los 2 ½ minutos de duración, pues ostenta un gancho muy interesante, pero resulta que esta primera suite del álbum debe terminar con una sección electrónica donde los arreglos sintetizados en clave chill-out sirven como puente hacia la segunda suite, titulada ‘Wrong Number’. ‘The Beginning’ es la primera sección de ‘Wrong Number’ y exhibe muy bien la destreza que tiene el cuarteto para desarrollar motivos pesados en una amalgama compleja donde se conjugan fluidamente los modelos del prog-metal y el post-metal. Con las secciones ‘The Sky Flouts’ y ‘The Light’, el cuarteto explora ingenierías  sincopadas con el propósito de proporcionar un aura de inteligente distinción a su esencial vigor rockero; hay una especie de rabia autoafirmativa que se destila en las letras (“I can feel so lifted like every soul created. I can go on.”) así como en el canto de Ferro y Llovera. Por su parte, la siguiente dupla de ‘The Continuance’ y ‘…………. The Dark Fall’ sirve para que la gente de SYDERALUS se dedique a concentrarse en dicha robustez para capitalizarla con sofisticada soltura. Finalmente, la coda ‘(Suffocated By The Smoke)’ nos devuelve a climas cósmicos de base electrónica, esta vez con una vibración grisácea, a lo RADIOHEAD en sus pasajes más abstractos. Esta coda parece hacerse eco de la rabia de los momentos más intensos de la suite, y esto resulta muy oportuno para abrir la puerta a la última suite del álbum, ‘Vegital Moun’.

  

‘Vegital Moun’ es no solo la suite más extensa sino también la que consta de más secciones: nueve en total. Las tres primeras, ‘First Contact’, ‘The Intruder’ y ‘Discovering The Knowledge’, elaboran una ilación muy fiel a la furia ecléctica y bipolar que tan fuerte presencia ha tenido en las otras dos suites: eso sí, notamos en ésta una musicalidad más inspirada, y de hecho, nos parece que en ‘Vegital Moun’ está el clímax decisivo del álbum. Una vez que emerge ‘Into The Space Hole’, el grupo explora pasajes minimalistas con un engañoso clima de serenidad, que, en realidad, esconde una densidad emocional filuda bajo su ropaje de distanciamiento. Las secciones ‘Spinal Zorba’ y ‘The Marauder’ se encargan de aportar sucesivas señales de filuda musculatura y lirismo grácil, mientras que la dupla de ‘True Abstinence’ y ‘Eclectical Noise’ nos lleva desde un aura de electrizante caos a un despliegue de explosividad rockera. Respecto a ésta, es una pena que no tenga una duración mayor, pues su groove tan marchoso es sumamente contagioso. En fin, como es usual, la coda ‘(Goneid Rest)’ elabora ambientes cósmicos electrónicos, esta vez en clave minimalista. “SyderaluS” es una obra que resulta importante para entender las cosas que se están cocinando actualmente en las esferas más vanguardistas de la escena progresiva argentina. Hemos descubierto un poco tardíamente a SYDERALUS, y de hecho nos enteramos de que hoy por hoy opera como el trío de Gallegos, Llovera y Auvieux, pero ahora que les hemos descubierto, podemos decir que la experiencia nos ha resultado satisfactoria y también que debemos estar pendientes de lo que la banda nos pueda brindar en el horizonte cercano.


Muestra de “Syderalus”.-


Wednesday, March 16, 2016

La segunda conexión de PARALLEL MIND


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

PARALLEL MIND, la banda jazz-progresiva estadounidense  formada en la ciudad de Chicago a fines del pasado milenio por el baterista Joe Babiak y el teclista Nibandh Nadkarni volvió al ruedo fonográfico con el disco “Connections” a inicios de agosto del año pasado. A pesar de su larga existencia (y persistencia), el grupo solo tiene un disco anterior a éste, “Colossus ADEA”, el cual fue grabado bajo el formato de trío y ha recibido merecidos elogios en varias redes progresivas por causa de su sabia mezcla de jazz-rock, sinfonismo y jazz-fusion, con algunos trucos avant-progresivos utilizados en ocasiones precisas. PARALLEL MIND aumentó su formato a cuarteto incluyendo en sus filas al guitarrista Aaron Harris y al bajista Tim Seisser para la grabación de este nuevo álbum, y con este factor, el sonido grupal de PARALLEL MIND se focaliza voluntariamente en lo jazz-rockero dentro de su convincentemente ecléctica apuesta musical. Dicho de forma más concisa, tenemos en “Connections” un disco más filudo que su predecesor. Cabe anotar que recientemente, Seisser ha sido reemplazado por Phil Reiner. En cuanto a los méritos individualmente específicos de “Connections”, se trata de un disco muy ameno e intenso: veamos los detalles del mismo ahora mismo.  

El repertorio del disco comienza con las cuatro partes del concepto de ‘Colossus 2’, ocupando todas juntas un espacio de casi 15 minutos. La primera parte está asentada sobre un groove llevadero, ostentando un motif de matices arábigos en clave hard-rockera donde confluyen fluidamente el legado de LED ZEPPELIN y el paradigma de LIQUID TENSION EXPERIMENT; la segunda parte se encarga de explorar tales matices arábigos armando un esquema sereno donde la banda se centra en lo etéreo, al modo de un puente de acceso hacia ese castillo de dinamismos fieros y robustos que es la tercera parte. En efecto, la tercera escala del viaje musical que nos brinda ‘Colossus 2’ nos lleva por senderos sonoros donde se alternan exaltaciones propias del prog-metal y estilizaciones melódicas de raíz prog-sinfónica. Estas dinámicas que sucesivamente se han armado en las partes segunda y tercera son básicamente estrategias preparatorias para la ulterior instauración de la última parte, la cual se regocija en su propia fastuosidad sobre un esquema rítmico bastante marchoso. Lo que tenemos en este gran final es algo emparentado con AYREON y KARMACANIC, elaborando una atmósfera épica con una luminosidad entrañablemente pomposa. Tras esta suite llega la pieza homónima, la cual dura poco más de 7 ½ minutos… ¡y es una joya absoluta! La belleza de las ilaciones armónicas y desarrollos melódicos que se arman al alimón por Harris y Nadkarni es simplemente abrumadora, pero además, hay que resaltar la vitalidad así como la precisión con la que la dupla rítmica elabora el swing apropiado para la ocasión. El desarrollo temático central en 7/8 agiliza las cosas para darle matices renovadores a la sobriedad reinante, algo así como un fulgor primaveral que se complace en contemplarse a sí mismo como motivador de vida nueva. Tenemos aquí una de las cúspides definitivas del disco. ‘Confession Of Faust’ es una composición en la que el grupo explora su rincón prog-metalero, y de paso, tiene la peculiaridad de contar con presencia de canto, específicamente a cargo de Erik Martinez. La canción es amena y ostenta una robusta arquitectura sónica, pero tal vez se siente como un injerto dentro del flujo del repertorio del álbum: suena más a una versión de una canción de DREAM THEATER o de SHADOW GALLERY y no a una pieza gestada desde las entrañas creativas de PARALLEL MIND. Pero bueno, apreciémosla como una canción buena que nos permite tomarnos unas momentáneas vacaciones del cosmos musical del cuarteto.

Y en eso estamos cuando nos ponemos a escuchar ‘Resyduel’, tema que  vuelve un poco al talante de ‘Connections’ pero con una extroversión más pronunciada, la cual nos remite a un pasaje intermedio entre los paradigmas de TRIBAL TECH y HAPPY THE MAN, con algunos matices emparentados con la faceta más robusta del inolvidable power-trío BOZZIO LEVIN STEVENS. En todo caso, queda claro que es en estos valles jazz-progresivos donde la maquinaria de PARALLEL MIND transita con mayor comodidad, aunque siempre hay un espacio reservado para la edificación de momentos rockeramente robustos. Algunos de ellos están focalizados en algunos breves interludios, mientras que otros se centran en la elaboración de grooves notoriamente filudos que sustentan las bases para el poderoso clímax conclusivo. Nos vamos acercando al final del álbum cuando emerge ‘Monochrome Carousel’, una pieza que en buena medida capitaliza el dinamismo ostentoso de la pieza anterior y trabaja más a fondo el factor prog-metalero en los arreglos globales. Es en la labor de los teclados que se asegura una relevancia genuina para el factor sinfónico. Sobre todo, ‘Monochrome Carousel’ se encarga de edificar la conclusión climática del álbum junto a ‘The Great Divide’, pieza que ocupa los últimos 9 ½ minutos del disco. En ‘The Great Divide’, el cuarteto realmente sabe sacar provecho del poderío musical que se está imponiendo: en muchas maneras, esta pieza final recoge el legado de majestuosa vitalidad de la suite cuatripartita que abrió el álbum, añadiendo a la receta sónica algo de la electricidad épica que marcó a ‘Monochrome Carousel’. Así de esplendorosa es la finalización de nuestra experiencia con “Connections”, un muy buen disco que nos hace recordar lo importante que es el rol que cumplen PARALLEL MIND dentro de la actual escena progresiva estadounidense.


Muestras de “Connections”.-
Monochrome Carousel [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=f3R-eWdqY1g
Resyduel [en vivo en Reggie’s Rock Club, en Chicago]: https://www.youtube.com/watch?v=LHdywR8zLQk


Sunday, March 13, 2016

SPUTNIK, la paralaje del jazz-prog canadiense de hoy en día


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy presentamos a SPUTNIK, cuarteto instrumental canadiense conformado por la dupla rítmica del bajista Leigh Fischer y el baterista Doug Northcott junto a los dos guitarristas Barry G. Player y Tristan Rivers. Su disco “Parallax Vol. 1” – que sucede al trabajo debut del año 2012 “Space Junk” – ha sido publicado en el pasado mes de enero y resulta una experiencia excitante y reveladora. Este cuarteto formado a inicios del segundo decenio del presente milenio describe su propuesta como jazz-rock-fusión con elementos funk de corte intergaláctico: para decirlo de forma más concisa, hacen jazz-rock con fuertes componentes funk y varias excursiones ocasionales en el lenguaje ecléctico propio del estilo progresivo. Como referentes contemporáneos, podemos ubicar a la gente de SPUTNIK como emparentada con THE ARISTOCRATS, ATTENTION DEFICIT y, hasta cierto punto, TRIBAL TECH.


Ocupando los primeros 7 ¾ minutos del álbum, ‘Atomic Biscuit’ exhibe unas efectivas vibraciones cósmicas sobre un groove poderoso y muy marchoso. La vitalidad propia del discurso del jazz-rock convive a las mil maravillas con los ornamentos psicodélicos de los guitarreos, y sobre todo, se completan muy bien cuando los sucesivos solos de guitarra – uno de tendencia Crimsoniana y otro de tendencia pesada – alimentan el jam con rotunda musculatura. A poco de pasada la barrera del quinto minuto y medio, pasamos a un paraje calmado que abre campo para el lucimiento de un elegante solo de bajo; este paraje calmado no es sino el preámbulo a la coda que reitera el groove general. Hemos tenido un buen comienzo y las cosas se siguen poniendo bien con el arribo de ‘Milky Way’, una pieza cálida y amable donde la gracilidad esencial del cuarteto se maneja con una aureola de exquisitez. Copiando un poco la extroversión fastuosa de TRIBAL TECH pero portando un esquema sónico más cercano al de CAB, el grupo demuestra que tiene un buen feeling para entretenerse a sí mismo mientras entretiene al oyente empático. ‘Flat Earth’ es una breve miniatura de batería elaborada con serena pulcritud: su principal función es la de allanar el camino para ‘Rooftop Garden’, pieza en la que el grupo acentúa solventemente el factor funky con el que siempre viene coqueteando. La labor de la dupla rítmica se siente particularmente sofisticada aquí, como la que conforman Dennis Chambers y Billy Sheehan en NIACIN, pero también podemos citar a los clásicos PARLIAMENT FUNKADELIC como una inspiración esencial para la armazón grupal. A través de su ambicioso espacio de 8 minutos, ‘Extra Terrestrial Techonology’ cumple con la función de sustentar las facetas más ambiciosas del grupo, lo cual se traduce en un mágico vigor donde conviven jazz-rock y prog-metal. El ascenso en el frenesí expresivo para los últimos dos minutos y medio dan pie a que el cuarteto revise matices psicodélicos tanto en algunos fraseos solistas de guitarra como en los flotantes arpegios de base. Esta pieza supone un cénit del álbum diseñado para anunciar el pronto arribo de otros picos posteriores.

  

‘Dark Matter’ es un etéreo dueto de guitarra y bajo que nos remite parcialmente a las dimensiones sombrías de la tradición psicodélica de aquellos inicios de los 70’s, pero éste es un recurso engañoso, pues principalmente se trata de un breve preludio a ‘Critical Mass’. Este tema que dura poco más de 8 minutos y cuyo foco temático sirve para que el grupo explore serenos recursos líricos nos revela el lado contemplativo de la banda, haciendo que su perenne e irrebatible vigor halle nuevos y refrescantes vías de expresión. El parentesco con el aspecto más extrovertido de los inolvidables ATTENTION DEFICIT se notan fácilmente. Cierra el álbum ‘Mars Atlas’, otra pieza que se prolonga por más de 8 minutos. Aquí tenemos el último cénit del disco, una pieza robusta, dueña de una arquitectura musical bien delineada que comienza con un motivo de talante ligeramente Crimsoniano y continúa con otro de base jazz-funky que se deja complementar por ornamentos pesados.  Para las instancias finales, el factor progresivo vuelve a imponerse mientras un desquiciado solo de guitarra entra a tallar con incendiaria energía y la dupla rítmica elabora un groove osadamente sofisticado. Los ya mencionados aires de familia con THE ARISTOCRATS se muestran aquí con un esplendor vital. A pesar de que el asunto termina con un fade-out, incluso el descenso del volumen no acalla el impacto de esta efervescencia final. Todo esto fue “Parallax Vol. 1”, un muestrario jazz-rock-progresivo vigoroso y moderno que ha de poner a SPUTNIK en el centro de atención de nuestra mirada a la avanzada canadiense actual: definitivamente, este disco ha despertado grandemente nuestra curiosidad sobre este cuarteto, cual paralaje que mide la expansión de la avanzada jazz-progresiva canadiense.


Muestras de “Parallax Vol. 1”.-

Friday, March 11, 2016

Las primeras travesías de MAGELLAN


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

MAGELLAN es el grupo estadounidense que recordamos hoy, más específicamente, sus dos primeros álbumes “Hour Of Restoration” e “Impending Ascension”, los mismos que han sido reeditados por Magna Carta en un double feature publicado en agosto del 2015. Este grupo fue gestado en California a mediados de los 80s por los hermanos Trent y Wayne Gardner, amantes nostálgicos del clásico rock progresivo setentero y con ganas de replantear sus estándares para los entonces nuevos tiempos del rock a nivel mundial. Siendo el primero teclista y cantante y el segundo guitarrista, ellos han sido los creadores y directores del esquema sonoro esencial de MAGELLAN, un esquema que ostenta orgullosamente las principales influencias de YES, KANSAS y EMERSON, LAKE & PALMER mientras coquetea con los estándares del prog-metal. Todo esto se traduce en el esplendor fastuoso de las orquestaciones de teclado y variaciones de ambientes en las composiciones y la pomposidad explosiva. Incluso hay momentos en que se desarrolla una sensibilidad melódica frontal que usualmente se considera típica del neo-progresivo. Con la incorporación del bajista Hal “Stringfellow” Imbrie, el entonces trío quedó completo mientras se resignaba a no contar con un baterista interesado en completar el cuadro; así las cosas, las partes de batería y percusión para las composiciones de Trent Gardner quedaban bajo la “responsabilidad digital” de secuenciadores de ritmo manejados por los tres músicos. Afortunadamente, este factor restrictivo no significó un hándicap sino un estímulo creativo para la banda, pues las secuencias rítmicas se ajustan a los cambios de patrones rítmicos y variaciones de atmósferas que caracterizan a su ambición musical. Publicado a fines del año 1991, “Hour of Restoration” no solo marca el debut discográfico de MAGELLAN, sino también la apertura del sello Magna Carta, la cual en su momento funcionó como un punto de referencia crucial para lo que algunos denominaron el revival progresivo de los 90s en la zona estadounidense. Incluso el susodicho sello se bautizó a partir del primer tema de este disco. El material del disco se basa en grabaciones de las primeras composiciones de la banda, realizadas en dos temporadas: de agosto a setiembre de 1990, y de julio a agosto de 1991. La portada revela a un barco alado surcando un cielo azul oscuro: este Magallanes progresivo está dispuesto a dar la vuelta al cosmos y tiene el propósito muy firme desde esta primera travesía.


Los exigentes parámetros artísticos que se plantea la gente de MAGELLAN, junto con el nivel de entusiasmo y energía invertidos en las ejecuciones, conforman la mayor virtud de este disco debut, el cual también muestra los defectos que suelen afectar a todo disco de debut: momentáneos signos de inmadurez en la ilación de varias ideas musicales y un armado incompleto de la cohesión que debería guiar dicha ilación. Todo ello, los puntos fuertes y los débiles, son fáciles de detectar en la primera de las dos piezas de largo aliento, que se titula ‘Magna Carta’, aunque afortunadamente los aspectos positivos se imponen con mayor consistencia que los negativos. De hecho, podemos decir que “Hour Of Restoration” comienza a lo grande dado que los 14 ¾ minutos que ocupa ‘Magna Carta’ para instaurar sus desarrollos multi-temáticos sirven para dejar en el oyente empático una primera impresión tremendamente fuerte. La presencia de los teclados es decisivo para el enfoque global de la instrumentación: llena espacios con las orquestaciones y capas que salen a colación en cada sección sucesiva, y además elaboran algunos solos muy líricos en ciertos momentos en que el bloque sonoro se torna sutil. El epílogo se arma en base a capas etéreas de sintetizador sobre un compás de corte tribal, más una minúscula emulación de sonata de clavicordio. Por su parte, ‘Union Jack’ – la cuarta canción del disco – destaca por mantener un esplendor fabuloso y robusto a través de su sólida arquitectura. En líneas generales, logra encarnar un espíritu más cohesivo que la suite de entrada y elabora un vigor rockero más convincente a través de su aureola de sofisticación netamente progresiva. Los mejores 9 minutos del álbum, no nos cabe duda alguna sobre ello. En medio de estas dos composiciones alevosamente épicas se sitúa la dupla de ‘The Winner’ y ‘Friends Of America’: la primera de estas canciones porta una vitalidad sobria cuya fastuosidad estilizada nos remite a una mezcla del YES de fines de los 70s y al KANSAS clásico, mientras que la segunda coquetea con el estándar del prog-metal sin renunciar al rol preeminente de los teclados. Ahora bien… ¿qué diablos pasa con estas canciones? ¿Por qué tienen que ser tan cortas cuando contienen ideas melódicas tan atractivas y ostentan un gancho rockero innegable? Bueno, el hecho es que el trío se limitó a reducirlas a ítems cortos intercalados entre los dos temas de largo aliento: nos parece que daban para arreglos más expansivos, por supuesto.


En fin, el disco sigue adelante con dos canciones muy poderosas que responden a los títulos respectivos de ‘Another Burning’ y ‘Breaking These Circles’, más la relativamente breve pieza intermedia ‘Just One Bridge’. ‘Another Burning’ parece hacer algunas concesiones al modelo del AOR de los 80s, pero lo más predominante está en su manera de vehiculizar el estándar del neo-prog (al modo de MARILLION y PENDRAGON) a través de una genuina nostalgia por la faceta más pomposa del YES clásico. ‘Just One Bridge’ es una canción basada en un sereno juego de escalas de guitarra con tenues capas de teclado, derivando finalmente a una fastuosa sección instrumental desde la cual se prepara la emergencia de ‘Breaking These Circles’. Ésta encarna otro momento particularmente espectacular del disco, pues encapsula las mejores virtudes de ‘Friends Of America’ y ‘Union Jack’ en un espacio de 5 ¼ minutos, mientras asume también alguna herencia de los contrastes atropellados de ‘Magna Carta’. Tal vez sea adecuado señalarla como la síntesis perfecta de los recursos estéticos más notables del repertorio precedente. Aunque no era precisamente mala la idea de ubicar a esta canción como el broche de oro de “Hour Of Restoration”, la pieza final resulta ser ‘Turning Point’, durando poco menos de un minuto y medio. Básicamente se trata de un himno ceremonioso en el que Gardner apela a la misión de unir metas con el prójimo más allá del enfoque materialista y despótico del mundo moderno; esto le permite definirse como el epílogo de ‘Breaking These Circles’. En efecto, estas tres últimas canciones conforman un continuum interesante y cautivador para el repertorio íntegro del disco.


Con la concreción de “Hour Of Restoration” como un ítem real en el mercado fonográfico y un sello que estaba en rápida fase de auge con la incorporación de otras bandas notables (como SHADOW GALLERY, ENCHANT, ALTURA, y los holandeses de LEMUR VOICE), el trío californiano que ahora nos ocupa se sintió muy entusiasmado con el prospecto de crear el próximo disco, el mismo que – según nos parece desde nuestra humilde perspectiva – supuso una notoria mejoría en la capitalización de las mejores cualidades musicales del primer disco. De hecho, aún para muchos es uno de los mejores discos de MAGELLAN hasta el día de hoy. Nos referimos a “Impending Ascension”, el cual fue publicado en agosto de 1993. Para esta ocasión, el grupo se esmeró en muchos detalles no solo musicales sino también de imagen: por ejemplo, hay dos labores de dibujo hechas por Wayne Gardner en el libro de la edición original, aunque sin duda, la imagen de la portada es única: futurista y gótica, esta portada refleja una sensación de algo siniestro que se impone a pesar del tenor vivaz de los colores utilizados para las figuras. La primera canción del álbum fue grabada en junio de 1992, mientras que las demás lo fueron entre octubre del mismo año y marzo del siguiente: veamos cómo resultó esta segunda travesía de MAGELLAN.


Los dos primeros temas del disco son sendas piezas de largo aliento, dispuestos para envolver al oyente con su tenor épico y los abrumadores desafíos que suponen sus cambios de motivos, ritmo y ambientes: durando cada uno 11 minutos y pico, el grupo aprovecha a lo grande estas expansiones de espacio musical para elaborar exigentes armazones multi-temáticas. ‘Estadium Nacional’ tiene una letra basada en el ominoso golpe de estado dirigido por el chileno Pinochet. La introducción de cadencias tribales y cósmicas cortinas de sintetizador abre paso prontamente al primer cuerpo central, el cual es motivado por una ágil confluencia de sinfonismo clásico y prog-metal melódico. Las confluencias de los legados de GENESIS, EMERSON, LAKE & PALMER y el DREAM THEATER de la época 89-92 salen al frente con un groove particular que es uno de los sellos propios de la banda. También es de notar la inclusión de un hermoso interludio instrumental que se centra en el paradigma Genesiano, la misma que reaparece brevemente antes de la sección final; ésta, a su vez, vuelve a los climas exóticos que signaron la introducción, pero esta vez hay un tenor elegíaco en el esquema sonoro global, lo cual indica claramente el inicio de una etapa de oscurantismo y censura. En cuanto a ‘Waterfront Weirdos’, tiene una temática sobre los indigentes sin techo, siendo así que la letra adopta un aire tremendamente cínico en varios momentos. Para esta segunda pieza, el grupo conto con un colaborador de lujo: el baterista de JETHRO TULL Doane Perry, quien aborda un kit electrónico en su intervención a fin de mantener una coherencia con respecto a los sonidos percusivos plasmados por los secuenciadores. El enfoque creativo para ‘Waterfront Weirdos’ se plasma en una mezcla de sinfonismo de primera escuela (YES, GENESIS, KANSAS) y sinfonismo moderno al estilo neo-progresivo (MARILLION, IQ). Sobre un compás que alterna compases de 7/8, 4/4 y 6/8 con eficaz soltura, el motif se desarrolla con un gancho tan llamativo como robusto. También tenemos un intermedio instrumental muy marchoso cuyos matices industriales retratan muy bien el incesante fragor de las monumentales urbes modernas. El clímax final de esta mini-suite nos parece realmente fascinante, y es uno de los motivos por los que nos parece una de las cimas creativas de todo lo que ha venido haciendo la gente de MAGELLAN hasta la fecha. Ese efecto de señal de barco que interrumpe la fanfarria sintetizada final es una estupenda metáfora del nivel de deterioro que ha de sufrir una sociedad al dejar que la marginalidad se amplíe desde su propio seno.


Cuando surge ‘Songsmith’, el grupo se siente preparado para trabajar con espacios más concisos, los cuales aprovecha para elaborar ideas cercanas al estándar del prog-metal aunque sin perder de vista el aspecto sinfónico que se siente siempre tremendamente arraigado en el modus operandi de MAGELLAN. La canción tiene un gancho innegable y sus variantes de ritmo y atmósfera son fáciles de seguir de parte del oyente. Una línea de trabajo muy parecida se plasma en la siguiente canción, titulada ‘Virtual Reality’. En cuanto a gancho, éste se mantiene coherente a lo largo del desarrollo temático pero pierde en la comparación; por otro lado, sus niveles de complejidad compositiva en obediente clave sinfónica juegan a su favor para la experiencia melómana, siendo así que los aspectos patentemente digitales de la base rítmica son dirigidos con refinada sensibilidad. Un factor común en estas dos canciones es que Imbrie cuenta con claras oportunidades para sacar a relucir sus aportes como fundante de la labor rítmica, actuando con notoria soltura en varios momentos. Como dato adicional, Hope Harris aporta una narración femenina durante el prólogo. El impresionante instrumental ‘Storms And Munity’ dura poco menos de 2 ¼ minutos, poco tiempo en verdad, pero suficiente para establecer un dinamismo ingeniosamente vigorosoen una confluencia de los paradigmas de ELP y KANSAS (casi como un hermanamiento del tema inicial de ‘Tarkus’ y ‘The Spider’), pero aparte de sus méritos individuales, su misión principal consiste en tender un puente hacia la tercera mini-suite del álbum, ‘Storms And Mutiny’: tema inspirado en los dramáticos altibajos que tuvo que padecer la misión de Fernando de Magallanes hasta antes de su póstuma compleción de la primera vuelta al mundo por mar, nos brinda la usual serie de variaciones melódicas y rítmicas que se espera de toda composición progresiva de largo aliento y narrativa erudita. Aunque en conjunto no nos impresiona tanto como cualquiera de las dos primeras suites, también resulta bien lograda en su estructura diversa y en su afilado punche. Los últimos minutos están dedicados a un atmósfera serena que se extiende a través de un aura etérea. Lo único que nos intriga es por qué ‘Under The Wire’, un tema de clara tendencia prog-metalera que pudo haber cerrado el disco con un explosivo broche de oro, se limita a ser una simple coda de un minuto y medio: pudo haber sido un buen tema, pero ya sabrán sus gestores cuál era el motivo para darle ese espacio y ese rol de mero epílogo para el repertorio de “Impending Ascension”.


En suma, “Impending Ascension” supuso una franca evolución para mejor respecto a “Hour Of Restoration” en términos de inteligencia invertida en los arreglos y una mayor solidez en las performances, todo ello mientras sigue explorando los mismos esquemas estilísticos. Por supuesto, la banda aún estaba en una fase de tanteo con miras a proyectarse hacia un sonido más pulido en sus dos discos siguientes – “Test Of Wills” y “Hundred Year Flood” –, pero por ahora, el trío de Gardner, Gardner e Imbrie demostraban fehacientemente una capacidad para ascender en el afinamiento de su particular ingenio navegador a través de los mares y océanos del rock progresivo de los 90s. De hecho, la atención que recibieron estos dos primeros discos de MAGELLAN forjó el camino para que Trent Gardner se convirtiera en algo así como una personalidad en el mundillo del art-rock. Aparte de su labor en MAGELLAN, el buen Trent fundó y dirigió el proyecto colateral EXPLORER’S CLUB, creó la ópera-rock-progresiva “Leonardo: The Absolute Man” (inicialmente planeada como un disco de MAGELLAN con muchos invitados especiales), fue activo integrantes de los discos de tributo que Magna Carta produjo sobre PINK FLOYD, YES, GENESIS, EMERSON, LAKE & PALMER y JETHRO TULL. Y para añadir más méritos a este CV, fue coautor de algunos temas del primer disco de MULLMUZZLER (proyectos solista del frontman de DREAM THEATER James LaBrie) y del segundo disco solista de STEVE WALSH “Glossolalia”. Mucho hay que escribir sobre Trent Gardner y MAGELLAN, pero por ahora nos ceñimos a lo que nos muestran estos dos primeros discos del grupo en cuestión. Hoy por hoy, MAGELLAN no pertenece al catálogo de Magna Carta, y de hecho, todas las bandas y proyectos que alguna vez fueron arropadas por él guardan malos recuerdos de ese tiempo, aunque también algunas le reconocen el haberles dado su primera tribuna. Al igual que en el caso de SHADOW GALLERY, este double feature de “Hour Of Restoration” e “Impending Acension” no reemplaza a los ítems originales por tener datos tan parcos en su empaque, pero de todas maneras será importante de obtener de parte de quienes hayan llegado a conocer y admirar la obra de MAGELLAN fuera de las “vías “normales”.


Esta retrospectiva está dedicada a la memoria del guitarrista Wayne Gardner, quien tomó su propia vida en un fatídico día de febrero del año 2014, agobiado física y mentalmente por la imparable migraña que, a su vez, era producto de un tumor cerebral cancerígeno. Gracias a Wayne por todo, y en general, gracias a todos los que han trabajado con los hermanos Gardner en este grupo cuya época inicial celebramos en esta reseña.


Muestras de MAGELLAN.-


[Esta reseña incluye información originalmente publicada en los siguientes enlaces de la página web La Caja De Música:http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/magellan_hourofrestorarion.html + http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/magellan_impendingascension.html]


[Dedicamos esta retrospectiva a Gustavo Bolasini, quien a través de la radio internauta El Retorno Del Gigante me presentó la existencia de esta reedición especial de MAGELLAN.]


Tuesday, March 08, 2016

DAVID BOWIE: el destello final de una estrella de todos los colores


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos toca pasar revista al último disco de DAVID BOWIE “Blackstar”, uno de los ítems rockeros más importantes del año – como pasa prácticamente con cualquier cosa que publicaba BOWIE – y que tiene un significado obligatoriamente especial debido a que será por siempre el último disco de este emblemático “Camaleón del Rock”. Publicado en el día 8 de enero de este año, justo en el cumpleaños #69 de BOWIE, resultó ser también su carta de despedida pues solo le quedaban 48 horas para unirse a la órbita del Mayor Tom. El proceso de creación y producción de “Blackstar” tuvo lugar mientras BOWIE batallaba contra el cáncer al hígado, un dato solo conocido por su entorno familiar y su amigo de toda la vida Tony Visconti, quien una vez más fungía de productor para el nuevo disco del genio nacido en Brixton. Lo primero que muchos vimos en las apocalípticas imágenes del vídeo-clip promocional de ‘Blackstar’, difundido por primera vez en la segunda mitad de noviembre del 2015, fue un retrato de la crueldad terrorista fundamentalista, siempre bajo ese embrujo surrealista que BOWIE manejaba tan bien en sus clips más memorables (empezando con el mítico ‘Ashes To Ashes’). Ya con el segundo vídeo-clip promocional que era sobre la canción ‘Lazarus’, publicado al mes siguiente, BOWIE nos regalaba imágenes turbias y grisáceas de él con los ojos vendados en una cama y otras vestido de demacrado “Duque Blanco Delgado” que terminaba entrando en un armario caminando hacia atrás. Esta última escena se reiteró en nuestras cabezas cuando en el fatídico 10 de enero se anunciaba el viaje definitivo del inventor de Ziggy Stardust y el Duque Blanco hacia el más allá: claro, al volver a ver el vídeo de ‘Blackstar’ pudimos reinterpretar apropiadamente esas escenas del astronauta muerto con el cráneo corrompido como las centrales de todo el escenario global. Bueno, “Blackstar” quedó como el álbum testamentario de DAVID BOWIE… ¡y qué disco tan bueno, pardiez! Junto a su laboriosa empresa compositiva y su canto, BOWIE se limitó en esta ocasión a tocar algo de guitarra acústica y un poco de la eléctrica, armónica, además de escribir arreglos orquestales.


En esta jornada de despedida y autoinspección tanática, sus compañeros de viaje fueron Donny McCaslin [saxofones, flauta y clarinetes], Ben Monder [guitarra], Jason Lindner [piano, órgano y sintetizadores], Tim Lefevbre [bajo] y Mark Guiliana [batería y percusión]: un ensamble de personalidades del jazz contemporáneo y el art-rock, un ensamble a la medida de las ambiciones estéticas de BOWIE. Esta cuestión de investigar en los discursos del jazz de última generación, la psicodelia moderna y la electrónica para integrarlas en un esquema rockero no es nueva en la trayectoria de este señor: tenemos los ejemplos de “Black Tie, White Noise”, “Outside” y “Earthling” como testimonios claros de aventuras semejantes en ese periodo tan crucial de reelaboración del espíritu innovador de BOWIE. En el caso específico de “Blackstar”, tenemos una estrategia de énfasis de lo jazzero en cuanto a los grooves predominantes y los ornamentos de los vientos, además de una frescura muy propia que, en cierto modo, hereda el impulso creativo del disco anterior “The Next Day” (2013), aunque sea con un nuevo plan de trabajo. El repertorio de “Blackstar” comienza con la pieza que justamente da título a la placa, la misma que dura casi 10 minutos. Estableciendo ambientaciones etéreas en clave acid house para el motivo central y sustentando a aquéllas sobre un swing herméticamente sensual al modo del nu-jazz, el canto de BOWIE y los ornamentos de viento destilan una aureola de lánguida tristeza. Mientras transcurre el cuarto minuto, la ambientación vira hacia un dinamismo más ágil donde la intensidad psicodélica antes latente se hace ahora patente, imponente, incluso trayendo algo de extroversión al asunto del interludio en curso; al respecto, se nota que BOWIE asume un canto más expresivo mientras el bloque instrumental adquiere una cierta calidez envolvente que casi nos recuerda a la línea de trabajo de los inmortales THE BEATLES de la época 1967-68. Para los últimos dos minutos, el motivo central retorna fortalecido, mostrando aristas bizarramente futuristas bajo un manto de mágica magnificencia. Qué gran manera de comenzar el disco… y qué manera de seguir adelante con la emergencia de ‘‘Tis A Pity She Was A Whore’, una canción bastante marchosa que ostenta un colorido vigoroso cuya raíz central se halla, en no poca medida, en los aportes de vientos a cargo de McCaslin. También hay un mérito especial en la manera tan convincente con que la dupla rítmica instala el groove aparentemente sencillo para motivar un talante sofisticado en la armazón instrumental global. La anécdota es que una asistente de sonido, Erin Tonkon, colabora con los coros. Los teclados aportan capas flotantes a contrapelo del nervio desarrollado por los vientos, acrecentando su grosor mientras la canción va avanzando a su fin.


‘Lazarus’ es la tercera canción del álbum, durando 2 minutos más que en la versión utilizada para el vídeo-clip respectivo. Las primeras líneas nos golpean sin compasión: “Look up here, I’m in heaven. / I’ve got scars that can’t be seen.” Más adelante, llega el implacable anuncio: “You know, I’ll be free just like that blue bird.” El groove cadencioso de la canción, a medio camino entre el jazz y el post-rock, apunta hacia el desarrollo de una atmósfera elegíaca, pero lejos de centrarse en un aura de simple tristeza, llega la energía expresionista a cargo de los adustos guitarreos y el fabulosamente fulguroso solo de saxofón, el mismo que es acentuado en varios pasajes por la batería. Cerca del final, mientras la atmósfera regresa a la sutil melancolía inicial, se abre un espacio para un hermoso solo de bajo. La cuarta canción, que responde al título de ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’, casi nos toma de sorpresa con esa vitalidad señorial que el encuadre de guitarra, bajo y batería nos regala desde el primer instante. Tenemos en esta canción la encarnación perfecta de un híbrido entre la esencia modernista del álbum “Earthling” y la exuberancia tenebrosa del álbum conceptual “Outside”. Posiblemente también sería justo mencionar algo del legado del “Station To Station” en sus pasajes más aventureros, así como a los paradigmas de THE VELVET UNDERGROUND y JOHN CALE (revitalizados bajo una óptica modernista). Con esta inteligente mezcla de psicodelia, dance-music y jazz-rock, pocas veces ha rockeado tan convincentemente el buen DAVID desde fines del milenio pasado. Tanto ‘Sue (Or In A Season Of Crime)’ como ‘’Tis A Pity She Was A Whore’’ han aparecido anteriormente en el meticuloso disco recopilatorio del 2014 “Nothing Has Changed”, pero ahora vienen en nuevas versiones: en el caso de esta última, todas las partes originales de saxo provistas por BOWIE fueron íntegramente reemplazadas por McCaslin. Menos frenético que ‘Sue’ pero igualmente inquietante y con similares dosis de intensidad expresiva, ‘Girl Loves Me’ se refocila en ambientes futuristas y un inteligente manejo de atmósferas electrónicas para estas aventuras jazz-rockeras que BOWIE y sus compañeros de viaje continúan explorando entusiastamente. En estas dos canciones aparece James Murphy como percusionista adicional. Nos vamos acercando al final del álbum cuando emerge ‘Dollar Days’, diseñada para erigirse en la canción más relajante del álbum. Es como si el espíritu contemplativo de los días del “Hunky Dory” hubiese renacido momentáneamente para ser replanteado bajo estas nuevas pautas: posiblemente sea justo evocar, en parte, a las huellas de los más recientes “Heathen” y “Reality”. La complicidad entre la guitarra acústica de BOWIE y las capas de sintetizador a la hora de desarrollar las bases armónicas de esta canción asienta sólidamente dicha espiritualidad contemplativa, mientras que los exuberantes solos de saxofón y guitarra se encargan de capitalizar la energía inherente al ensamble.

  

El crescendo con el que se arma el cierre de ‘Dollar Days’ sirve para abrir la puerta a la última canción del disco, ‘I Can’t Give Everything Away’, la misma que porta una base melódica y un esquema rítmico muy alegres. Con una armónica que nos recuerda a ese bello instrumental que cerraba el lado A de “Low” (‘A New Career In A New Town’) y un saxofón juguetón que emite vibraciones exultantes, el desarrollo temático adquiere una luminosidad primaveral, casi como evocando a un futuro florecimiento del alma tras el breve tránsito a través del valle de la muerte. Si aquella pieza instrumental del glorioso álbum “Low” reflejaba la sensación de aventura al abandonar su cuartel neoyorquino con miras a rehacer su vida y su trayectoria musical en Berlín, una de las sedes de la vanguardia artística europea, ahora en ‘I Can’t Give Everything Away’ tenemos el relato de una transición definitiva, la transición al más allá, y por eso no puede tratarse de una pieza instrumental; hay algo que decir antes de partir. “Seeing more and feeling less. Saying no but meaning yes. This is all I ever meant. That’s the message that I sent.” – la poesía de BOWIE resulta idóneamente inspirada para reflejar esa sensación de mirar hacia atrás sin una molécula de rabia. Mientras esa última nota de sintetizador de ‘I Can’t Give Everything Away’ se desvanece, solo podemos sentirnos agradecidos por que exista un álbum como “Blackstar”, un disco de grandes méritos artísticos más allá de las tristes circunstancias que le rodearon. Si este disco es la carta de despedida de una estrella fugaz que cae en busca de la eternidad transmundana, la marca de BOWIE como un personaje visionario y creativo a lo largo de varias décadas dedicadas al rock queda perenne, siempre brillando en las alturas del cielo. Esta estrella proclama tener un nombre negro pero su brillo refleja la blancura más pura que es capaz de surgir del arte del sonido. Mientras miramos al Starman volar hacia el más allá como un héroe inmortal cuyas cenizas arrojamos a los cuatro vientos, gritamos desde nuestros escondites subterráneos: “¡DAVID BOWIE VIVE PARA SIEMPRE!”


Muestras de “Blackstar”.-
Sue (Or In A Season Of Crime): https://www.youtube.com/watch?v=MOGPDAFTLQY


Saturday, March 05, 2016

Los primeros sueños cristalinos de SHADOW GALLERY


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

SHADOW GALLERY es el nombre de una de las bandas norteamericanas más celebradas dentro del ayer y el hoy del escenario prog-metalero a nivel mundial. Sus inicios se remontan a inicios de los 80s, en el estado de Pennsylvania, bajo el nombre de SORCERER, enfocándose en hacer versiones de clásicos del heavy metal y el prog: por aquel entonces, el grupo estaba conformado por Mike Baker, Carl Cadden-James, Ron Evans y John Coonie. Fue a mediados fines de los 80s que el grupo comenzó a forjar su camino de madurez estilística, mientras Evans salía el grupo y entraban en escena los guitarristas Brendt Allman y Chris Ingles; en una situación que resultó crucial, este último pronto pasó al rol de teclista, aprovechando además que estaba estudiando piano en el ámbito académico. Con el inicio de la década de los 90s, el grupo pasó a llamarse SHADOW GALLERY y asumió la decisión de combinar las influencias de las entonces novedosas propuestas de DREAM THEATER y FATES WARNING con los legados prog-sinfónicos de unos YES, GENESIS, KANSAS y EMERSON, LAKE & PALMER, más los vigorosos paradigmas de RUSH, IRON MAIDEN y JUDAS PRIEST. En lo referente al departamento vocal, QUEEN, QUEENSRŸCHE y YES son las influencias más patentes. A inicios de 1991, el grupo grabó una maqueta con 8 canciones, y esa maqueta llamó la atención de la gente del entonces nuevo sello Magna Carta: con prontitud y decisión, los jefes de dicho sello propusieron un contrato de grabación, siendo el primer paso el de publicar 7 de esas 8 canciones en un disco homónimo, el mismo que se hizo realidad en abril de 1992. La alineación de SHADOW GALLERY consistía entonces en Mike Baker [voz y coros], Carl Cadden-James [bajos con y sin trastes, flauta y coros], Brendt Allman [guitarras eléctricas y acústicas, y coros], Chris Ingles [piano y sintetizadores] y Ben Timely [batería y percusión]. Ben Timely no era una persona real, sino el bromista apodo que le puso el grupo a la caja de ritmos Alesis HR-16, la cual fue utilizada para la maqueta mencionada anteriormente. Como la gente de Magna Carta decidió publicar la maqueta misma, el baterista real del grupo John Croonie quedó relegado a mero percusionista adicional en algunas secciones del material publicado en “Shadow Gallery”: esto le incomodó mucho, lo suficiente como para que decidiera irse del grupo. Yendo a algo más agradable, la imagen central de la portada es muy ilustrativa: Ícaro está listo para despegar de noche, y eso puede muy bien simbolizar a este momento que vive SHADOW GALLERY, el momento del despegue de su propuesta musical en medio de una noche incierta sin saber qué le traerá el nuevo día que llegará en unas cuantas horas.  


Pasamos ahora directamente a la apreciación del repertorio de “Shadow Gallery”, y nos complacemos instantáneamente con ese magnífico despliegue de barroquismos y esquemas románticos que marcan la esencia dominante de ‘The Dance Of Fools’, hermosa pieza de entrada que se inserta más profundamente en los estándares del viejo sinfonismo británico que en el modelo prog-metalero propiamente dicho. Los arreglos de teclados ocupan un intenso protagonismo en la arquitectura instrumental global, aunque sin cerrar espacios para el lucimiento de robustos riffs y solos de guitarra: YES, EMERSON, LAKE & PALMER y KANSAS son los referentes nucleares. Luego sigue la dupla de ‘Darktown’ y ‘Mystified’, diseñada para aumentar el rol del factor prog-metalero dentro de los encuadres instrumentales en curso, y también para impulsar desarrollos temáticos más multicoloridos. ‘Darktown’ comienza con oscuros ornamentos de teclado que parecen apuntar a envolventes atmósferas góticas, pero en realidad se trata de un solemne ritual de iniciación a un furioso viaje metálico: en el centro de esta introducción instrumental vemos que es posible hacer convivir los guitarreos del estilo de FATES WARNING con saltarines efluvios de flauta a lo JETHRO TULL. El primer pasaje cantado se instaura sobre un compás lento muy a lo GENESIS, el cual sirve idóneamente para que el grupo coquetee igualmente con el sinfonismo clásico y con el neo-prog; el canto de Baker es evocativo y elegante, y así se mantiene en los momentos más frenéticos, los mismos que sirven para que el grupo exorcice su devoción por la aparatosa frescura del modelo prog-metalero. Tras aprovechar bien la expansión temática, la cual incluye un gran duelo entre Allman e Ingles, el grupo vuelve a la sección lenta para el fade-out instrumental. ‘Mystified’, por su parte, establece una modalidad sonora bien enraizada en el hard rock clásico (a medio camino entre DEEP PURPLE y DIO) y el paradigma del primer QUEENSRŸCHE: esto tiene lugar dentro de un desarrollo temático suntuosamente instalado sobre un compás lento y envuelto en un ejercicio de elegante autoconstricción en las labores de las guitarras y los teclados.


‘Questions At Hand’ comienza en plan genuinamente metálico, creando riffs y esquemas rítmicos fieros bajo la inspiración de los modelos de DREAM THEATER y METALLICA. El gancho del primer núcleo melódico ingeniado para esta canción se impone sin atenuantes, mas luego vira hacia unas vibraciones más reflexivas cuando unos interludios más reposados entran a tallar con la finalidad de organizar recursos de variedad temática. Tras volver a las iniciales atmósferas fieras para el pasaje final, el tic-tac de un reloj de salón abre la puerta a la emergencia de ‘The Final Hour’. Siendo ésta la canción más breve del álbum con sus poco más de 5 minutos de duración, comienza como una balada serena y luego instaura su motif central bajo las pautas del metal neo-clásico con las estilizaciones pomposas propias del prog-metal. Con ‘Say Goodbye To The Morning’, la banda regresa plenamente al predominio del aspecto sinfónico: hay un pasaje iniciado por la tríada de piano-guitarra acústica- flauta que porta fuertes aires de familia con el modelo de GENESIS, aunque no tarda mucho en tallar el factor rockero bajo las influencias de KANSAS y STYX, además de contar con algunos solos de guitarra a lo YNGWIE MALSTEEM.Los últimos 17 minutos y pico del disco están ocupados por la suite ‘The Queen Of The City Of Ice’. Los pasajes pastorales gozan de una inmensa presencia a lo largo del ambicioso desarrollo musical de esta suite, siendo así que el tenor renacentista de las líneas vocales y arreglos corales producen una sensación de majestuosa calidez (al modo del GENESIS clásico con algunos matices de URIAH HEEP y el RAINBOW de los primeros discos).En algunas intervenciones corales se añade la intervención de la invitada Lianne Himmelwright. A poco de pasada la barrera del octavo minuto y medio, las cosas se intensifican al nivel de un híbrido de RUSH y YES, pasando luego a territorio prog-metalero: el interludio instrumental se siente robusto, aunque su vuelo no es muy extenso. Tras un momento teatral en el que se desarrolla un breve diálogo, volvemos a la cálida belleza del motivo central, haciendo que el oyente empático se deje seducir por el bello estribillo con el que se arma el fade-out. El balance general de “Shadow Gallery” es que se trata de un disco que contiene un catálogo pensado con sorprendente madurez musical pero que carece de una apropiada producción de sonido; bueno, no olvidemos que se trata de una maqueta.


Si bien este primer disco no fue precisamente un éxito de ventas, sí logró llamar la atención de buena parte del público receptivo a la nueva movida prog-metalera de ese momento. Más aún, el sello Magna Carta aprovechó la buena onda que había en las redes virtuales progresivas para con esta y otras bandas de su catálogo (MAGELLAN, ENCHANT, CAIRO, TRADE WORLD, TEMPEST) para organizar diversos discos de tributo a YES, PINK FLOYD, GENESIS, RUSH, JETHRO TULL, etc., con las participaciones de dichas bandas. La gente de SHADOW GALLERY formó parte de casi todas estas actividades de homenaje, y en el camino, incorporó a sus filas al baterista-percusionista Kevin Soffera y al guitarrista-teclista Gary Wehrkamp: el rol de este último resultó vital para darle un enfoque más redondo al sello personal del grupo, pues no solo es un instrumentista que pueda ampliar las presencias de las guitarras o los teclados según la ocasión, sino que también es un prolífico compositor. Es sintomático que una de sus primeras intervenciones como integrante de SHADOW GALLERY haya sido tocando casi todos los instrumentos (salvo uno de los solos de guitarra) en una versión del clásico de PINK FLOYD ‘Time’ dentro del disco de tributo “The Moon Revisited”. Ahora, como sexteto, el grupo estaba preparado para idear, gestar y registrar una de sus obras maestras definitivas: “Carved In Stone”. Grabado en marzo y abril de 1995, fue publicado en julio del mismo año y hasta el día de hoy es considerado como una de las piedras angulares del revival progresivo estadounidense de los 90s. Es que es un disco donde el grupo funciona más como un grupo… es una orquesta de rock que se mueve por una diversidad de códigos musicales y maneja todos ellos con una solvencia tan vibrante como imponente. El grupo pasó por una etapa no precisamente libre de problemas mientras gestaba esta joya. El apoyo económico y logístico de parte del sello era intermitente, por lo que el grupo no podía agenciarse una gira nacional ni tampoco participaciones en festivales de rock, lo cual les hubiera permitido foguearse. Además, en medio de esta determinada frustración, Ingles dejó por unos meses al grupo para dedicarse en exclusiva a su formación académica; algunas partes de piano escritas por él tuvieron que ser ensayadas y grabadas por Wehrkamp a fin de sacar provecho a la temporada de grabaciones y a la inspiración del momento. De todas maneras, este último impasse se resolvió positivamente con el regreso de Ingles y el reasentamiento del sexteto. La portada de este segundo disco es también muy ilustrativa: un inmenso reloj de sol tiene una antorcha encendida en su centro mientras el amanecer se anuncia en medio del cielo rojizo. Atrás quedó la noche de la portada del primer disco y ahora es el turno de mirar al nuevo día con optimismo y prestancia. Pasemos ahora a los detalles de “Carved In Stone”: valgan verdades, ya no nos aguantamos las ganas de hacerlo.


La canción de entrada ‘Cliffhanger’ comienza con un ambiente misterioso, masivamente marcado por ambientaciones góticas e impresionistas en las que la comunión de piano y sintetizador comandan la vía de emergencia para el cuerpo central. Majestuoso y cadencioso, éste se proyecta hacia un hermanamiento de los paradigmas de FATES WARNING y DREAM THEATER, con trazos del BLACK SABBATH de la época de Dio. Cuando el pasaje instrumental explota con todo su furioso esplendor, toda la tensión antes contenida se suelta con solvencia y gancho, derivando finalmente hacia un reprise del cuerpo central para el fade-out. ¡8 ¾ minutos de pura gloria prog-metalera! El ‘Interlude #1’ perpetúa por unos instantes la aureola amenazante que constituyó la temática de ‘Cliffhanger’ antes de que ‘Crystalline Dream’ – una de las canciones inmortalmente emblemáticas de SHADOW GALLERY – instaure un espíritu extrovertido y autoafirmativo. Las bellas líneas corales y los sucesivos solos de guitarra y sintetizador son simplemente increíbles. Es justo decir que estas dos primeras canciones de “Carved In Stone” exponen de forma clara y definitiva las pautas y las coordenadas para la esencia definitiva del grupo. El ‘Interlude #2’ no es tanto un interludio strictu sensu como un puente de mágica ceremoniosidad entre el fulgor épico de ‘Crystalline Dream’ y la mística solemnidad de ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’, una de las baladas progresivas más bellas que se hayan compuesto en los 90s. Con unas irresistiblemente manieristas bases de piano, unos enormes arreglos orquestales de teclado, sucesivos solos de flauta y guitarra que van desde lo melancólico a lo rabioso, y sobre todo, las bellísimas líneas vocales idóneas para la temática apocalíptica de la letra, esta canción se erige en la perfecta culminación de la serie séxtuple inicial del álbum. Esta serie se cierra con ‘Interlude #3’, miniatura que recoge los ecos de la majestuosa melancolía de ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’ para darle un concluyente reposo sostenido. No podemos realmente descansar de la regia musicalidad que ha exhibido la banda pues acto seguido surge ‘Warcry’, otra canción masivamente épica que nos remite a los legados de YES, KANSAS, GENESIS y IRON MAIDEN. A través de su espacio de 6 minutos, la banda transita a través de los bien hilados desarrollos multi-temáticos con una fluidez absolutamente pulcra. El vigor viril del pasaje final no desparece tras el fin del fade-out, deja una huella perenne en el espíritu del oyente empático. la trilogía de ‘Crystalline Dream’, ‘Don’t Ever Cry, Just Remember’ y ‘Warcry’ es simplemente monumental. El momento de verdadero reposo surge con el bello instrumental ‘Celtic Princess’, ejecutado a dúo de piano y guitarra acústica. Como su título bien lo señala, el cuerpo central ostenta un colorido céltico, aunque el esquema performativo escogido nos hace pensar más en los tiempos de Chopin y Liszt.

La canción más corta del disco es también la más directamente estandarizada bajo las coordenadas del prog-metal: se titula ‘Deeper Than Life’ y ostenta guitarreos poderosos por todas partes, esquemas rítmicos complejos y gancho melódico ineludible. Es una canción hecha con grandes instintos artísticos a pesar de que se nota que no aspira a las mismas pretensiones estéticas de cualquiera de las anteriores. ‘Alaska’, por el contrario, es una balada acústica respetuosa de los legados pastorales de YES y GENESIS: Baker y sus colegas exploran matices angelicales de sus aportes vocales. Esta balada que expresa una alegre melancolía incluye un refinado solo de flauta además de sobrios pasajes de piano que se amoldan muy bien a los fundamentos establecidos por las guitarras acústicas de 6 y 12 cuerdas. Los efímeros interludios que respectivamente anteceden y suceden a ‘Alaska’ consisten en efectos de sonido que emulan un viento helado; en el caso del segundo de ellos, la noción se realza eficazmente al anunciar la suite de casi 22 minutos de duración titulada ‘Ghostship’. Con esta maratón musical, el grupo nos revela el plato fuerte del álbum. Las secciones responden sucesivamente a los títulos autónomos de ‘The Gathering The Night Before’, ‘Voyage’, ‘Dead Calm’, ‘Approaching Storm’, ‘Storm’, ‘Enchantment’ y ‘Legend’. La secuencia de las dos primeras secciones es una celebratoria manifestación de climas célticos en clave metalera, muy en línea con las épocas más gloriosas de IRON MAIDEN, siendo así que los ornamentos de teclado (a lo EMERSON-con-WAKEMAN) añaden un oportuno aire de estilización fastuosa al asunto. Los efectos cósmicos de sintetizador en las instancias finales de ‘Voyage’ abren la puerta a las ambientaciones etéreas de ‘Dead Calm’, cuya aureola de tensa expectativa resulta bien expresada en las espartanas armonizaciones de la guitarra acústica de 12 cuerdas: se anuncia algo que parece tenebroso sin que suene chocante o apabullador. Con la dupla de ‘Approaching Storm’ y ‘Storm’, la banda nos obsequia los momentos más pesados del disco: ampulosos, amenazantes y robustos, los riffs y solos se desarrollan dentro de una ingeniería progresiva muy sólida, indudablemente deudora del DREAM THEATER de la época 89-95. La inclusión de un pasaje en clave thrash-metal nos remite de lleno al paradigma de SLAYER, y de inmediato se clausura con un puente ceremonioso que abre campo a un maravilloso solo de piano. Éste se titula ‘Enchantment’ y recoge, dentro de su solitaria elegancia, una combinación de temeroso respeto a los misterios del más allá con el colorido propio del florecimiento de lo que renace; de este modo, el terreno está preparado para la sección final, la misma que exhibe una musculatura solemne, propia de lo épico en el sentido más esplendoroso de la palabra.

El final de la suite ‘Ghostship’ no firma todavía el final de “Carved In Stone”, pues tras unos momentos de silencio, suenan los continuos golpes de unos nudillos sobre una puerta de madera. Esos golpes suenan con insistente paciencia por un par de minutos. ¿Qué es lo que está pasando? Se está aguardando el arribo del epílogo del álbum, una hermosa pieza sinfónica compuesta por Wehrkamp que se titula ‘T.G. 1994’, en alusión el Día de Acción de Gracias del año 1994. La ambientación general de este epílogo, generosamente orquestado y elegantemente conducido por las bases de piano, nos recuerda al prototipo de THE ENID, y posiblemente también a la faceta más propiamente académica de RICK WAKEMAN. Lo que más se hace notar de ‘T.G. 1994’ es la amable placidez con la que se desarrolla su espiritualidad épica. En agosto de 2015, el sello Magna Carta – aún vigente pero sin contar en su catálogo actual con las bandas que lo iniciaron – publicó un double feature con estos dos primeros de SHADOW GALLERY. Es un ítem interesante, no nos cabe duda al respecto, pero no cancela la importancia que tiene el retener los ítems individuales originales para quien los tenga. Es que esta doble reedición tiene información muy parca tanto en el arte gráfica como en la información escrita; de hecho, ni siquiera trae las letras de las canciones. Pero bueno, es una buena compra para quien no adquirió los dos discos en su momento y guarda al grupo en lugares muy importantes de su mente y corazón progresivos.


La vida siguió para adelante en la evolución creativa de SHADOW GALLERY, gestando dos discos conceptuales, “Tyranny” y su secuela “Room V”, y un álbum en el ínterin titulado “Legacy”: éste fue el último disco del grupo para el sello Magna Carta, y de paso, también el último con la alineación de sexteto, pues Ingles abandonó definitivamente a la banda en el año 2005, poco antes del inicio de las sesiones de grabación para “Room V”, con lo cual dejaba a Wehrkamp como el único a cargo de los teclados. Hoy por hoy, desde inicios del 2009, el grupo cuenta con un frontman llamado Brian Ashland, ocupando el lugar antes poseído por Mike Baker, quien lamentable y prematuramente falleció el día 29 de octubre del año 2008: tenía solo 45 años. Dedicamos esta retrospectiva de “Shadow Gallery” y “Carved In Stone” a su memoria.


Muestras de SHADOW GALLERY.-
Bridge 1 + Crystalline Dream: https://www.youtube.com/watch?v=t9I3GUfIrW8
Don’t Ever Cry, Just Remember + Bridge 3: https://www.youtube.com/watch?v=ziJ564I6ZWE


[Esta reseña incluye información originalmente publicada en el siguiente enlace de la página web La Caja De Música:http://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/shadowgallery_carvedinstone.html]



[Dedico esta retrospectiva a mis amigos Christian Díaz y Rodrigo González Zegarra, quienes me introdujeron en el maravilloso mundo musical de SHADOW GALLERY.]

Thursday, March 03, 2016

VIII STRADA o el ímpetu de la música progresiva babilónica


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos centramos en el grupo italiano VIII STRADA, so pretexto de su álbum conceptual “Babylon”, el mismo que fue publicado a mitad de noviembre pasado a través de la coproducción de Fading Records y AltrOck Productions. Conformado actualmente Tito Vizzuoso [primera voz y coros], Daniele Zigliani [guitarras y coros], Silvano Negrinelli [teclados y coros], Sergio Merlino [bajo y coros] y Riccardo Preda [batería y coros], este grupo se dedica a cultivar una modalidad hard de rock sinfónico al estilo de la larga tradición progresiva de su país desde mediados del primer decenio del nuevo milenio, que fue cuando se formó en la ciudad de Milán. Habiendo debutado con un EP homónimo, y tras la experiencia de una primer disco de larga duración publicado en el 2008 bajo el título de “La Leggenda Della Grande Porta”, con la publicación de “Babylon”, el grupo madura su voz musical generando recursos de sólido eclecticismo a través de una fuerte personalidad sonora que se siente bien definida. Todas las composiciones y letras del disco están a cargo de Negrinelli, y también se ocupa él de aportar todas las pinturas que forman parte del arte gráfica del álbum; el diseño gráfico estuvo a cargo del vocalista Vizzuoso.


Durando 9 ½ minutos, ‘Ombre Cinesi’ abre el álbum con una soltura bárbara que alterna pasajes de ceremoniosa pesadez con otros de tenebrosa agilidad, manteniendo siempre una emotividad oscura como esencia consistente de la expresividad en curso. La pieza bien puede describirse como un híbrido de la vieja escuela de BIGLIETTO PER L’INFERNO y la nueva de L’ALBERO DEL VELENO pero con una acidez directa semejante a la que recordamos en los discos de A PIEDI NUDI y MALIBRAN en aquella década del revival prog 90ero, además de algunos ribetes prog-metaleros que entran a tallar en los pasajes finales. Tras esta poderosa apertura sigue la dupla de ‘Preludio A Eclipse’ y ‘Eclipse Alunaire’: el primero de estos temas es un instrumental sinuoso, generoso en la elaboración de fastuosos climas manieristas y expresionistas a lo largo de su ambiciosa ilación multi-temática; el segundo es un tema cantado cuya dimensión sinfónica queda debidamente marcada por la guía que el teclado emplea a la hora de centrar las articulaciones instrumentales globales, incluso abriendo un espacio a ambientes tétricos en el preámbulo al pasaje de cierre. ‘Deguello’ es un instrumental que cumple con la función de ahondar en la fluida mezcla de tradición prog-sinfónica y prog-metal melódico que la banda maneja con extrema pulcritud e impecable nervio, con lo cual abre la puerta para la mostración de la musculatura más directa de ‘1403, Storia In Firenze’, una canción que se sitúa muy en línea con las líneas de trabajo de otras bandas italianas como PROFUSION y NOT A GOOD SIGN. La canción homónima dura 10 ½ minutos y se erige en la más larga del disco, además de encarnar la cúspide expresiva del álbum. Es que su despliegue de musicalidad a través de sus sesudas variantes de motivos y ambientes resulta extremadamente contundente en lo que parece ser una celebración del dramatismo. Comenzando con una aureola de grisácea solemnidad que parece querer esconder algo inquietante bajo una sutilmente densa superficie, no tarda mucho la armazón instrumental en mostrar sus aristas más enérgicas para así explayarse en una arquitectura sónica donde lo gótico y lo manierista se conjugan en un groove llamativo: en este sentido, se nos recuerda a las líneas de trabajo de las bandas compatriotas IL TEMPIO DELLE CLESSIDRE y LE PORTE NON APERTE, además de los refinados delirios teatrales de unos LA COSCIENZA DI ZENO. Las alternancias entre poderosos pasajes pesados y otros repletos de preciosismo sinfónico tienen lugar en una ilación muy pulcra.

  

Bajo el título de ‘Time Of Stardust’ yace un instrumental sereno y cálido, no ajeno al influjo del estándar clásico de GENESIS, tras el cual emerge ‘Slow’, canción que empieza recogiendo el impacto de las vibraciones intimistas de la pieza precedente para ahondar en ellas con una mirada introspectiva. Cuando llega el momento del interludio instrumental, la banda gesta una intensidad rockera que se halla bien situada dentro del estándar del rock pesado clásico, pero estilizada con matices inconfundiblemente sinfónicos; además, todo este bloque sonoro viene ingeniosamente enriquecido con grooves jazz-rockeros que ayudan a aportar recursos de sutileza mágica en medio del frenesí rockero predominante. Para la elaboración del último pasaje, la banda vuelve a las sensaciones intimistas del inicio pero de una forma distinta, mostrando un grosor lo suficientemente robusto como para sustentar los resabios del interludio que no tardan en resurgir para una miniatura cerca del final. Cierra el disco ‘Ninna Nanna’, cuyas atmósferas eclécticas recogen algunas lecciones de ‘Slow’ mientras retoma modalidades de robusto lirismo que ya apreciamos anteriormente en la canción homónima así como en ‘Eclipse Alunaire’. Queda claro que el rol de ‘Ninna Nanna’ no consiste solo en completar el repertorio con una aureola de exquisitez musical, sino también de brindar una síntesis final de las atmósferas más predominantes en el repertorio precedente. Todo esto fue “Babylon”, un disco exquisito e intenso que confirma a VIII STRADA como una presencia muy relevante en la valoración de la escena progresiva italiana contemporánea.


Muestras de “Babylon”.-
1403, Storia In Firenze [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=Ezzbs3OgG3A