Friday, July 13, 2018

Tercera estancia en la ruta space-rock-progresiva de los HUMAN FACTOR



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos centramos en el fabuloso cuarteto ruso HUMAN FACTOR y su nuevo trabajo fonográfico, el cual se titula “Let Nature Take Its Course” y es una realidad desde el primer día del presente mes de junio. Este ensamble space-rock-progresivo conformado por Pavel Vorobyov [guitarras y teclados], Sergey Volkov [teclados], Alexander Meshcheryakov [bajo] y Konstantin Shtirlitz [batería]. Se trata ya de su tercer disco – tras “4.Hm.f” (2014) y “Homo Universum” (2016) – y podemos afirmar, de entrada, que los HUMAN FACTOR siguen con muy buena salud en la creatividad musical que brota de las mentes de sus integrantes tanto como en el vigor patente en las interacciones sonoras que operan en conjunto. También se trata del primer disco que el grupo acomete con el nuevo guitarrista Vorobyov... y no sabemos si eso tendrá algo que ver con el tipo incremento sistemático que se ha dado en la energía expresiva que el grupo ha manifestado en el repertorio de este nuevo disco en comparación con los también excelentes discos que le han precedido, pero el hecho es que “Let Nature Take Its Course”, esta tercera instancia de HUMAN FACTOR dentro de su curso space-rockero, se nos muestra a una banda más robusta en su ingeniería rockera. Vamos los detalles de este nuevo disco más de cerca, ¿vale?


Ocupando los primeros 7 ½ minutos del disco, ‘Longyear’ impone desde el punto de partida una espiritualidad robusta y contundente sobre un constante groove de 6/8. La dupla rítmica hace sentir su magnífica mezcla de precisión y exuberancia a la hora de instalar la ingeniería básica de la pieza mientras los guitarreos y las capas de sintetizadores ostentan una vibrante confluencia de lirismo y densidad. El vehemente señorío que se proyecta a lo largo del último minuto y medio da buena muestra de cómo el grupo es capaz de darle mil y una vueltas a un motif sencillo y ayudarle a mantener su frescura a través de una extensión relativamente generosa de tiempo. Luego sigue ‘A.L.F.’, pieza que ostenta una ambientación general muy semejante a la de la pieza de apertura pero con un desarrollo melódico un poco más elaborado: de hecho, varios de los fraseos sobregrabados de guitarra y el bloque general de los solos de sintetizador le dan a la ingeniería sonora en curso una prestancia totalmente empadada de cautivadora energía expresiva. Los discursos del space-rock, el prog-metal y el post-rock melódico van reforzando su exaltada convivencia con un impolutamente calculado crescendo. Esta pieza encarna muy bien el modo en que un impacto ejecuta su potencia sin quedarse en el mero instante del golpe, sino por el contrario, dejando que la huella se asiente mientras el impacto se regodea en su propia magia recia. Los factores jazz-rockeros que usa el baterista en varios momentos conforman un elementos clave para el asentamiento de toda esta majestuosidad. Un cénit decisivo del disco como también lo es la pieza que sigue a continuación, titulada ‘1816’. No sabemos si tiene que ver con el título pero el hecho es que en el primer día de ese año, el entonces zar Alejandro I decretó la expulsión de los sacerdotes jesuitas de Rusia. Bueno, el hecho es que este tema le da una nueva vuelta de tuerca a los recursos de lirismo que ya se estaban anunciando fuertemente en las dos piezas precedentes mientras aumenta un poco más el punche rockero por vía de la imponente labor de la guitarra y los incesantes ornamentos que gesta la batería. Además, tenemos aquí el que posiblemente sea el mejor solo de sintetizador del disco. 

 

Cuando llega el turno de ‘Lake Of Solitude’, el grupo empieza a darle un matiz más reflexivo y contenido a la esencia grandilocuente y densa de su propuesta space-rock-progresiva. Así, dándole un interesante viraje relativamente etéreo a la permanente exuberancia grupal, el desarrollo instrumental establece conexiones con la lógica de las estilizaciones melódicas que es tan propia del inmortal paradigma prog-sinfónico. ‘Touch Of Chixculub’ se encarga de seguir las rúbricas de los temas #2 y #3 mientras hace una interesante revisión de la plantilla de expresividad sobiramente melancólica que hizo su primera entrada en la instalación de Lake Of Solitude’. Vuelven a salir al primer plano varios recursos de inspiración jazz-rockera de parte del baterista en algunos pasajes, pero dada la musculatura predominante que se da aquí, el encuadre sonoro integral exige de él que dé prioridad al nervio y a la contundencia. ‘Alarm #1202’ también se enfila por el camino de la síntesis de ideas y vías ya recorridas, pero esta vez es entre el señorío frontal de la pieza de entrada y la arrolladora exuberancia de la segunda; hay un cierto predominio de esto último, lo cual redunda en otro nuevo síntoma de atractiva y efectiva fastuosidad progresiva. Los últimos 12 minutos del repertorio están ocupados por la dupla de ‘Red Shift’ y ‘Nubo Vetera Promesas Pluvon’: para este último tema, el cuarteto tuvo la colaboración de David Paulley al canto. En ‘Red Shift’ disponemos de una reconstrucción de las atmósferas y grooves primordiales de Lake Of Solitude’ dentro de un encuadre sonoro donde lo etéreo y lo macizo se conjugan de una manera bastante fluida. Los teclados filtran sólidamente sus policromías espaciales a través de las paredes de rotundos guitarreos. ‘Nubo Vetera Promesas Pluvon’, por su parte, brinda una nueva dimensionalidad a la faceta contemplativa de la banda así como a sus inclinaciones más sinfónicas: los sintetizadores vuelven a asumir cierto protagonismo importante aunque esta vez no es para la pirotecnia sino para el realce del núcleo melódico en curso, un poco en semejanza con sus colegas espaciales de QUANTUM FANTAY. 



Todo esto fue “Let Nature Take Its Course”, un disco agudo, corpulento y melódicamente consistente en el que los HUMAN FACTOR. La verdad que nos ha parecido una experiencia inmensamente grata el notar cómo este grupo logra mantener e incluso aumentar su fuerza expresiva y su frescura creativa dentro de la provincia progresiva donde ha decidido situarse desde sus tiempos iniciales. La verdad que este disco es bastante recomendable. 


Muestras de “Let Nature Take Its Course”.-

Tuesday, July 10, 2018

La misión evolutiva de ALBERTO RIGONI para su visión particular de la música progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy es el turno de presentar el nuevo trabajo del músico y compositor italiano ALBERTO RIGONI, el cual se titula “EvoRevolution”: se trata del séptimo trabajo de estudio de RIGONI (el primero data del año 2008) y su logística de post-producción fue financiada a través de una campaña de crowdfunding. RIGONI se hizo  notar primero como integrante de la banda de versiones de prog-metal ASCRA en 1998; su siguiente paso fue unirse a la emergente banda prog-metalera TWINSPIRITS a inicios del nuevo milenio hasta que tomó la iniciativa para iniciar su carrera solista con el disco “Something Different”, el mismo que data del año 2008. Siendo eminentemente un bajista, RIGONI ha utilizado para este nuevo disco un arsenal que no solo incluye un bajo Cort Action DLX V Plus, un bajo de 8 cuerdas LTD B-208FM y un bajo sin trastes de 5 cuerdas Ibanez GWB35, sino también toda una ingeniería de efectos analógicos y digitales con los que se construye los núcleos melódicos, atmósferas y ornamentos que van más allá de lo que se espera de un bajo habitualmente. A todo esto se añade el atractivo de que el invitado ilustre encargado de la batería en el presente disco es nada más ni nada menos que Marco Minnemann (bien reputado virtuoso de la batería que no solo tiene una ocupada agenda solista sino que además es integrante de THE ARISTOCRATS, LEVIN MINNEMANN RUDESS y un largo etcétera de proyectos asociados efímeros). La fecha oficial de salida al mercado de “EvoRevolution” ha sido el 8 de junio del presente año 2018 pero ya desde varias semanas antes habían ejemplares del mismo en posesión de quienes contribuyeron a la antes mencionada campaña de crowdfunding con oportuna antelación. Parte de las ganancias obtenidas en la campaña fue destinada a la asociación Lega del Filo D’oro, la cual ayuda a niños sordos y ciegos. Bueno, habiendo sido nosotros parte de ese grupo humano y contando con el privilegio de nuestro ejemplar particular firmado por el propio ALBERTO RIGONI, no esperamos más a plasmar nuestra óptica con la debida objetividad razonable sobre el repertorio contenido en “EvoRevolution”. Manos a la obra.



La suite homónima ocupa un espacio de casi 32 3⁄4 minutos, siendo así que casa una de sus s
secciones transitorias tiene un título autónomo: a la sazón, las seis secciones se llaman 
‘Evolution’, ‘Revolution’, ‘Illusion’, ‘Desolation’, ‘Destruction’ e ‘Involution’. Junto a la instrumentación suena también una serie de sampleos de discursos y narraciones, las cuales ayudan a aportar un matiz un tanto cinematográfico al esquema de trabajo desarrollado por RIGONI  y su cómplice de lujo Minnemann. Estableciendo un groove relativamente sencillo y una atmósfera cósmica de talante parsimonioso, ‘Evolution’ se dispone a plantear un inicio de viaje genuinamente majestuoso desde el cual se abren espacios y anchuras donde la batería puede enriquecer el asunto con robustos ornamentos percusivos. Mientras tanto, las múltiples capas y líneas de bajo van delineando un sobrio marco melódico que se desarrolla grácilmente dentro de un esquema sereno que oscila entre lo contemplativo y lo sombrío. Cuando emerge el momento de ‘Revolution’, el entramado sonoro se torna más fiero, dejando el terreno preparado para instaurar un coqueteo abierto con estándares del Crimsonismo y el prog-metal bajo un vigoroso ropaje space-rockero. Ya se nota aquí la gestación de un clímax expresionista contundente y cautivador, y de paso, se nos anuncia implícitamente que algo más enérgico está a la vuelta de la esquina. Dicho y hecho: ‘Illusion’ nos brinda una magnífica exhibición de encrucijadas poderosas entre psicodelia Crimsoniana, musculatura progresiva al estilo de GORDIAN KNOT y avant-jazz, todo ello sobre un compás constante de 15/8. Es una pena que esta sección solo llegue a durar un poco más de cuatro minutos y cuarto porque la verdad que su sofisticada diagramación sonora portaba un gancho mágico e inquietante que la hacía irresistible a nuestros oídos, pero el caso es que tenía que llegar el turno de ‘Desolation’. Esta cuarta sección de la suite, mientras preserva varias instancias de la densidad flotante psicodélica que ya se había hecho presente en las secciones precedentes, también tiene un bien definido lirismo en su motif central, un lirismo penetrado por una aureola melancólica que no hace ninguna mella en su patente fastuosidad estructural.


La dupla de ‘Destruction’ e ‘Involution’ ocupa conjuntamente los últimos 14 minutos de la suite. ‘Destruction’ irrumpe como un estallido de exquisita rabia aristocrática sin recurrir a ninguna transición desde el último instante de la sección precedente. La verdad que el groove y el arrojo incandescente usados para este momento nos recuerda por igual a los modelos de BOZZIO LEVIN STEVENS, ATTENTION DEFICIT y GORDIAN KNOT en sus respectivos segundos discos. Siendo la sección más breve con sus poco menos de 3 ¾
minutos de duración, la verdad que ‘Destruction’ deja una huella difícil de borrar en la mente del oyente empático. Con el último redoble de esta sección se abre automáticamente la puerta a ‘Involution’, cuya misión consiste principalmente en desarrollar bajo una modalidad más majestuosa e intrincada el motif central y las cadencias creadas antes para la primera sección de la suite. Para los dos últimos minutos del jam en curso, el dúo estructura un dinamismo aguerrido que casi parece marcial: no es algo definidamente belicoso pero sí se centra en enfatizar una ambientación tensa donde lo pesado y lo psicodélico confluyen hercúleamente. Tras el final de la suite hay un poco más de música: el disco concluye con la pieza ‘Back To Life’, la cual ostenta una actitud alegre y vivaz a través de su estilizado desarrollo temático y sus complejos armazones rítmicos. Se nos vuelve a venir a la cabeza el paralelo con el inolvidable trío BOZZIO LEVIN STEVENS pero esta vez se nota que hay un talante celebratorio que se destila libre y ágilmente a través del motif central. Es, en efecto, una pieza con bastante gancho cuyo rotundo final nos toma por sorpresa, pero que también nos deja satisfechos. Y no solo esta pieza final nos satisface grandemente, sino el despliegue musical entero que se ha desarrollado en “EvoRevolution”; ALBERTO REGONI nos ha brindado un disco estupendo repleto de garra e ingenio aventurero, dos de los rasgos más esenciales del rock progresivo. 





Saturday, July 07, 2018

OUTER LIMITS: mágicas escenas y neblinosos laberintos de su trilogía inicial



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos ponemos a hacer una retrospectiva sobre una de las bandas pilares y rectoras de la movida progresiva que tuvo una peculiar efervescencia durante la década de los 80s: nos referimos a OUTER LIMITS, banda tokiota que empezó sus días bajo la iniciativa del virtuoso teclista Shusei Tsukamoto, quien de adolescente, en 1976, formó parte de un trío que hacía versiones de KING CRIMSON llamado MOEBIUS antes de entrar a la Musashino Music University. Julio de 1979 fue el tiempo en que Tsukamoto decidió formar OUTER LIMITS con sus viejos amigos de MOEBIUS Noboyuki Fujii [guitarra] y Nobuyoki Sakurai Kawagushi [batería y percusión], más la pronta incorporación de Tadashi Sukimoto [bajo y canto] y Takashi Kawaguhi [violín]: el nombre del grupo estaba inspirado en esa famosa serie televisiva de ciencia-ficción. El grupo tuvo su concierto de debut en diciembre del mismo año en la Toshima Kokaido Hall de Tokio y tras unos cuantos conciertos más en la primera mitad del año siguiente, el grupo pudo asegurarse un contrato con el sello Made In Japan Records tras conocer al productor Shingo Ueno. El debut fonográfico de los OUTER LIMITS consistió en un LP dividido con otro grupo llamado KANZEON que se publicó en diciembre de 1981: el aporte de nuestro quinteto fue un solo tema de casi 20 minutos de duración que respondía al poético título de ‘The Scene Of Pale Blue’. Por aquel entonces, Tsukamoto era el autor exclusivo del material del grupo. A pesar de poder mantenerse en actividad, el grupo se sintió desanimado por la ausencia de éxito real para su labor por lo que decidió separarse en el último cuarto del año 1982 tras un puñado de conciertos en el famoso Silver Elephant Club. Pero la insistencia del productor Ueno en que el grupo se reforme y vuelva a la actividad rockera rindió frutos a inicios de 1984 cuando Tsukamoto, Kawagushi, Sakurai y los nuevos integrantes Takashi Aramaki [guitarras y bajo] y el hermano de Shingo Tomoki Ueno [canto y teclados] grabaron el sencillo ‘Saturated Solution’ y pocas semanas después hicieron lo propio con ‘Platonic Syndrome’ para un flexi EP. Ya en el año 1985 se realizó un gran festival de rock progresivo nacional en la ciudad de Tokio entre los días 2 y 5 de mayo, siendo así que la participación de OUTER LIMITS estuvo entre las más celebradas por el público asistente. Ya había un momentum bien definido para el grupo, una atmósfera un poco más amigable que la de los primeros años de actividad, ya era hora de lanzar al público un disco completo de debut, grabado en agosto de ese mismo año y publicado dos meses después. Para la canción homónima aparece Yukihiro Fujimura en los coros. 


El repertorio de la primera edición de “Misty Moon” estaba compuesto por cuatro temas: ‘Prelude’, ‘Misty Moon’, ‘Saturated Solution’ y ‘Subetawa – Kazenoyouni’. Teniendo en cuenta que el reformado quinteto tenía a un integrante que alternaba funciones de guitarrista y bajista, a veces el violinista se hacía también cargo de la guitarra. Como este disco fue grabado simultáneamente para sus ediciones de vinilo y CD (ya estaba emergiendo un mercado para los registros musicales digitales en el pais nipón), resulta que la reedición de Musea de 1997 incluye las versiones de vinilo de los temas ‘Misty Moon’ y ‘Saturated Solution’, siendo así que en ellas toca el bajo el invitado Tadashi Ichikawa. La última de estas piezas mencionadas era una de las más celebradas por el público de culto que la banda fue cautivando desde sus inicios. Realmente se trata del ítem más alucinante de este disco – secuencias rítmicas complejas, líneas melódicas inspiradas y bien realizadas a través de arreglos grupales pletóricos de exquisita vivacidad, grandilocuentes arreglos de teclados asociados con excelsos solos de violín, todo eso está aquí. La mayor expresión de las virtudes técnicas y creativas de que es capaz la gente de OUTER LIMITS en este disco de debut hace de ‘Saturated Solution’ un auténtico arquetipo de la esencia estética del grupo. La línea general de la labor creativa plasmada por el grupo en éste, su primer LP, se centra en un dinámico equilibrio entre la patente fastuosidad arquetípica del discurso del rock sinfónico y el vitalismo expresionista del así denominado neo-progresivo. Esto último se nota especialmente en el extenso tema homónimo que ocupa el segundo lugar dentro del repertorio: en él se recicla la prestancia ampulosa del sinfonismo de vieja escuela a través de una luminosidad accesible, estructurada a través de ganchos melódicos efectivos que irradian una genuina luminosidad al más puro estilo Cameliano. El tema de entrada ‘Prelude’, en cambio, es más leal al sinfonismo de vieja escuela, al modo de GENESIS, CRAFT y el RICK WAKEMAN de la fase 76-79, siempre con el violín aportando matices a lo U.K.: siendo en la práctica un extenso preludio a la configuración global del disco, las ambientaciones orquestales asumen e imponen un tenor solemne y envolvente. La música de este preludio se basa en motivos originales de Carl Orff. 


‘Subetawa – Kazenoyouni’ es otra pieza extensa, y al igual que ‘Misty Moon’, guarda una dosis muy mesurada de complejidad y sofisticación... o sea, tiene una estructura más tirada hacia el neo-prog. El CD cuenta con un bonus track titulado ‘Spanish Labyrinth’, originalmente publicado como un flexi single a fines de 1985. Al igual que ‘Saturated Solution’, esta pieza recupera más concienzudamente el nivel de complejidad que el personal de OUTER LIMITS sabe sacar a la luz cuando quiere. El desarrollo temático está cargado de aires exóticos arabescos, propios de las pautas armónicas habituales del folklore flamenco, pero no pensemos que se trata de un tema de jazz-fusión o un guiño al movimiento del rock andaluz: se trata de una pieza netamente enmarcada en el estándar del rock progresivo sinfónico donde el núcleo melódico del motif central destila un andalucismo estilizado, como si se tratara de un homenaje a las estampas más estereotipadas del sur de España. El tema es realmente bello: los solos y bases melódicas de violín de Kawagushi son formidables (recibiendo por igual las influencias de Eddie Jobson y Darryl Way), sabiendo explotar con razonable solvencia esas texturas especiales que solo lo arabesco y lo aflamencado pueden brindar. Respecto a la construcción de este eje temático específico, es de gran ayuda la labor de sostén sonoro que proporcionan las sólidas orquestaciones de teclado y el ágil empuje de la dupla rítmica. El CD de Musea no termina con este tema sino con la versión original para CD de ‘Saturated Solution’, virtualmente idéntica a la que aparece en la versión del LP. A fin de cuentas, el disco tuvo buena aceptación dentro de los confines del underground capitalino de la escena musical japonesa, algo suficientemente motivador para que el grupo se pusiera a preparar su siguiente disco, el concept-album “A Boy Playing the Magical Bugle Horn”. El relato tiene lugar en un pueblo llamado Bergoch donde residen los adolescentes Julius y Herberager: aquél le cuenta a éste un extraño sueño en el que recibía un corno mágico de parte de una muchacha vagabunda, quien le encargó que hiciera un viaje para poder tocar el instrumento en cuestión y así invocar a la paz mundial. A la mañana siguiente, caminando por la plaza central del pueblo, Julius halló el corno junto a la torre principal de la iglesia. Los dos jóvenes viajan por un trayecto indefinido que de alguna manera los lleva hacia un valle silencioso; allí se topan con una sombra que reza, y luego, caminando más allá, encuentran una torre muy alta donde deciden ingresar. Perdidos en su inmensidad, encuentran en uno de sus ambientes a una hermosa doncella llamada Liris. Más adelante, ella  se revela como el espíritu de una víctima de Zamuza, un espíritu maligno: Julius lucha contra éste y le derrota destrozando el corno sobre su cabeza. Al romperse, el corno emite un ruido poderoso. Tras huir del castillo con alas artificiales al modo de Dédalo e Ícaro, los tres personajes disfrutan del espectáculo de los aldeanos tocando música jovial y festiva por inspiración del ruido portentoso que ocasionó el corno mágico al romperse. El espíritu de Liris puede ya descansar en paz eterna, despidiéndose de los dos héroes y diciéndole a Julius que no llore, y más bien concentre sus energías en seguir predicando la paz y la concordia a través de la música. 


Conservando la misma alineación que gestó el primer álbum (con el guitarrista-bajista Aramaki tocando también algo de flauta), el grupo tenía listo el nuevo disco para que saliera al mercado en setiembre de 1986 tras haber pasado buena parte de agosto en su grabación y posproducción. El grupo contó con las colaboraciones vocales ocasionales de Kaoru Shimohara, Seiichi Furukawa y Fumiaki Ikoma, además de un cuarteto de cuerdas para un tema (Tadashi Sugimoto al contrabajo, Masako Hara y Yuko Sato a los violines, y Yumiko Koakutu al cello). El sonido de este grupo evoluciona en sus expansiones y obsesiones eclécticas para incluir masivamente vibraciones melódicas ostentosas a lo RICK WAKEMAN y fantasías sinfónicas al modo de THE ENID, preservando algo de la gracilidad luminosa del paradigma neo-progresivo mientras se añade un ímpetu más glorioso de lo gótico y lo psicodélico dentro del esquema de trabajo. Incluso notamos en ciertos desarrollos temáticos insertados en esta o aquella pieza algunos guiños poco disimulados a los KING CRIMSON de la etapa 73-75. Siendo “A Boy Playing the Magical Bugle Horn” un disco conceptual con ribetes místicos, no es de extrañar que el acento de la mayoría de las piezas esté en lo épico – incluso  aparecen emulaciones de barítono jocoso en varios pasajes del disco, de tal modo que todo se muestra muy teatral desde los simplemente auditivo. Por supuesto, tenemos en la funda interior del disco las imágenes de la historieta donde se desarrolla la narrativa fundamental del relato: la edición original de vinilo tenía una funda de tres pliegues que se abría por el medio. Pero es que en varios de los pasajes más obviamente cándidos desde el punto de vista conceptual puede darse el caso de que el resultado sonoro global no llegue a ser tal; casi siempre hay una tensión latente, la misma que oscila entre lo sutil y lo tétrico dependiendo del momento. Por poner un ejemplo, ‘Sail And The Shadow’ nos suena a una especie de música de fondo para un circo tenebroso, algo así como si se tratara de una recreación de una parte de la banda sonora del clásico de horror B Carnival of souls que ha sido remodelado por ANTHONY PHILLIPS para que sea ejecutado por un combo de músicos de YES y GENESIS. Las refinadamente amables texturas de los teclados emulan a un ensamble de maderas para crear una especie de “velo de Maya” que disfraza momentáneamente la oscuridad emocional subyacente. El uso de extrañas secuencias de acordes y adornos disonantes que aparecen en varios pasajes estratégicos nos pueden hacer evocar también a lo que después encontraremos en los discos de ISILDUR’S BANE post-“The Voyage”... hecho por la gente de OUTER LIMITS con diez años de antelación.


En líneas generales, el rol del violinista Kawagushi es fundamental a la hora de sostener el aura de esplendor que el material exige; de hecho, Kawagushi se concentra ahora en estos instrumentos de cuerda que pega su hombro y no se requiere de él que añada aportes a la guitarra. Más bien, las guitarras suelen suelen limitarse a riffs y armonías (Aramaki se especializa en el bajo) mientras que los teclados de Tukamoto y Ueno se concentran principalmente en las labores de orquestación y ambientación, soleando de forma ocasional. El tema de entrada ‘Magical Bugle Horn’ y el que sigue después, ‘The Silent Valley’, instauran y disponen el núcleo esencial de los despliegues estilísticos que se encapsularán en el repertorio íntegro del disco. ‘Magical Bugle Horn’ consta de dos secciones tituladas respectivamente ‘The Voice Of Wanderer’ y ‘Julius Going To...’. En bloque, la pieza funciona muy orgánicamente a través de sus despliegues sólidos de suntuosa musicalidad y estilizado vigor sinfónico. Por su parte, ‘The Silent Valley’ enfatiza el asunto ceremonioso mientras el violín refuerza su lugar protagónico dentro del entramado instrumental con candente exuberancia. De todas maneras, la guitarra también encuentra algunos espacios para salir al frente durante un interludio, y cuando lo hace, elabora recursos de densidad tenebrosa a través de un inquietante solo que nos toma por sorpresa. Es una pena que sea un solo tan breve pues este viraje prometía instaurar una imaginería ansiosa y tensa, pero bueno, por lo menos hemos disfrutado de esta sección mientras duró. Tras el cénit instalado por esta segunda canción llega de inmediato el siguiente con ‘Tower Over The Clouds’, un festín sonoro que contiene algunas de las ideas compositivas más robustas del disco, hiladas en un continuum que mantiene un contundente nivel de esplendor melódico. Con la extraña y, a la vez, efectiva confluencia de colores Genesianos, tensiones Crimsonianas y ampulosidades a lo U.K., el grupo delinea unos horizontes melódicos realmente alucinantes. A lo largo del camino, Ueno imposta diversas modalidades de canto. La idea de concluir todo con un clima de bolero sinfónico es bastante eficaz. ‘Liris’ cierra la primera mitad del repertorio en clave de cantata de soprano (Kaoru Shimohara) con el apoyo de un ensamble de cuerdas, gestando algo evocativo con su apropiado toque de mágica extroversión: algo muy a lo GIUSEPPE VERDI.

‘Out Of The Castle’ recibe la herencia del lirismo extrovertido de ‘Liris’ pero esta vez lo traslada a un contexto grupal desde el que los detalles más juguetones adquieren una viveza envolvente y precisa. Tal como dijimos en un párrafo anterior, ‘Sail And The Shadow’ ostenta en varios segmentos de su ilación multitemática un aura un tanto tenebrosa, mas el enclave sonoro creado por el colectivo instrumental se encarga de preservar consistentemente un hálito de cándida luminosidad. ‘Whispering In The Wind’ es una semibalada sinfónica que encaja muy bien dentro de los patrones de YES, o en su defecto, en un álbum solista de RICK WAKEMAN durante la época 1974-5. La pieza más larga del disco es la que cierra el mismo, ‘Beyond Good and Evil’, durando casi 10 ½ minutos. A pesar de las alusiones irreverentes del título, este tema es, de hecho, uno de los menos filudos del disco: su desarrollo temático busca reflejar paisajes emocionales de pura candidez mientras los músicos realizan sus interacciones y amalgamas en un conglomerado de enfoques instrumentales que, por lo general, apuestan por rumbos no demasiado abstrusos. El grupo parece decidido a apartarse un poco de las estrategias compositivas antes expuestas en los dos primeros temas del álbum. Por otro lado, queda claro que ni siquiera en esta pieza diseñada para exponer el esplendor de revelaciones místicas del final de la historia que sustenta al disco quiere el grupo renunciar del todo a la tensión recurrente, pero una vez más debemos matizar que el nivel potencial de expresividad rockera se sacrifica un poco en aras de realzar lo evocativo. Los últimos tres minutos de esta pieza se centran en un epílogo lento edificado sobre una culminación introspectiva: las líneas del violín son realmente hermosas, expandidas sobre un primer plano que deja a las bases de los teclados en un segundo plano. Tras el refinado y tenso fulgor desarrollado en ‘Sail And The Shadow’ y la calidez casi primaveral de ‘Whispering In The Wind’, viene muy bien que ‘Beyond Good and Evil’ diera rienda suelta a sus recursos de crucial y exquisita fastuosidad para completar el concepto de este segundo disco que significaba para OUTER LIMITS un gran paso adelante en su misión de renovar la herencia del rock progresivo sinfónico de primera generación bajo sus propios términos. Misión cumplida... y ahora, a dar un nuevo gran paso adelante.


La trilogía inicial de OUTER LIMITS se cierra a lo grande con “The Scene Of Pale Blue”, ítem que, al igual que el segundo, fue reeditado por Musea en el año 1999: no somos pocos los que consideramos a este tercer disco de OUTER LIMITS como su obra cumbre dentro de la temporada de su cosecha musical de los 80s, y no solo eso, sino también como un cénit decisivo de toda la historia del rock progresivo japonés (y eso incluye, claro está, ponerlo en la cima del revival progresivo japonés de aquella década de los 80s). ¿Nos suena a algo el título de este disco en cuestión? Claro que sí, pues se trata del nombre de una de las primeras composiciones del grupo, y lo mejor de todo es que la encontramos plasmada aquí en su definitiva versión de estudio para ocupar enteramente el lado B del vinilo original. Aprovechando la coyuntura de que el grupo incorporaba a un sexto integrante en la mayoría de sus actuaciones en vivo, ahora el grupo se convertía oficialmente en un sexteto que podía replicar la densidad y la plenitud de los conciertos en el contexto más controlado de los estudios de grabación: es así como Tadashi Ishikawa [bajos y pedales bajos] se une a los Sres. Tsukamoto, Kawagushi, AramakiNobuyuki Sakurai y Ueno. El proceso de grabación de este disco tuvo lugar entre los meses de febrero y marzo de 1987, teniendo su lanzamiento al mercado en el subsiguiente mes de abril, siempre por vía de Made In Japan Records. Como invitados especiales en el disco aparecen los componentes del trío vocal de Fumiaki Ikoma, Hideki Kadoya y Seiichi Furukawa. Para la suite homónima, Tsukamoto tocó el órgano de fuelles de la Iglesia de San Saregio. Desde los tiempos de sus primeros conciertos, se trataba de una de las piezas más celebradas por parte de su cada vez más amplio público de culto. 


El repertorio original del disco consiste en los temas 2-5 de la edición posteriormente publicada por el sello francés Musea a fines de los 90s: en ésta se incluye como tema de apertura a ‘Marionette’s Lament’, canción incluida originalmente en un EP publicado por el grupo dos años después de este LP en cuestión (“Silver Apples Of The Moon”), mientras que ‘Pteridophyte’, el sexto y último tema del CD, es un instrumental proveniente de un disco recopilatorio de rock progresivo japonés. Precisamente el tema ‘Marionette’s Lament’ sirve como un entrador adecuado para el disco, pues ofrece una efectiva y extravagante exhibición de ambientes misteriosos sobre un formato más afín al primer MARILLION y al TWELFTH NIGHT clásico con sus oportunas cuotas de matices góticos. El manejo de la diversidad de motivos en curso y de los quiebres rítmicos que entran a tallar en ciertos momentos estratégicos permite sustentar cohesivamente una permanente aura de refinado preciosismo. La inclusión de teatralizaciones vocales ocasionales una vez que ha quedado bien reforzado el norte temático de la pieza añade más boato al asunto. ‘Mixer’ ofrece una ambientación más amable, cercana en verdad al sonido estándar del pop europeo ochentero, pero sin un nivel excesivo de complacencia: su manera de comenzar, con el bloque instrumental y la línea vocal irrumpiendo en el instante inicial, funcionaba en su momento como una especie de enérgica declaración de principios que exige resolutamente la atención del oyente. En el fondo, no nos habría molestado mucho que el CD hubiese comenzado con este tema en vez del que describimos anteriormente. Los adornos de sintetizador y violín proporcionan ciertas cadencias que evocan a los tópicos habituales del folklore japonés. ‘Platonic Syndrome’ es otra pieza  del álbum cuyos orígenes  se remontan al tiempo precedente al primer álbum, concretando aquí su versión definitiva. Se trata de un instrumental poderoso, rebosante de elegancia y portador de un sentido comedido en el manejo de la complejidad efectista propia de los estándares del sinfonismo: su carácter sombrío con claras referencias Crimsonianas es lo predominante aunque también hay momentos fulgurosos que entran a tallar a modo de recurso de diversidad ambiental. De hecho, la sección epilogar porta un ambiente luminoso mientras el solo de guitarra contamina la ciudadela sonora con unos fraseos etéreamente inquietantes, casi Frippianos. Mención especial para el envolvente solo de violín que se desarrolla en el interludio sobre una secuencia sobria de acordes de piano.


‘Antipodean’ sigue también por el sendero marcado por el tema de entrada, como si fuera una continuación de un concepto semejante, aunque hay notablemente una mayor agilidad en la elaboración de los diversos motivos que se van sucediendo, así como un mayor acento dramático en el esquema global de su enfoque compositivo. En realidad, no podría ser de otra manera pues se trata de un tema de poco más de 12 minutos de duración. La primera sección es ágil, con su buena cuota de misterio en la ambientación general, y un pulso perfecto en el manejo de los diversos recursos de fluidez melódica y tensión rockera que tienen lugar: para añadir más drama al asunto, el cantante juega con los lados más graves de su canto, jugando a ser un barítono que viene a cantarnos un mensaje cáustico. En el minuto sexto comienza la segunda parte de la canción, la cual se introduce con una hermosa secuencia de guitarra clásica, utilizada no para efectos bucólicos sino para añadir una variación dentro del ambiente general de la pieza, esta vez con un viraje nostálgico, incluso agridulce. Este giro románticamente agridulce se instala primero con la triangulación de guitarra clásica, flauta mellotrónica y canto sereno, siendo en una segunda instancia dilatado con un exultante ejercicio sinfónico donde la banda en pleno mantiene un moto perpetuo ceremonioso en camino hacia el fade-out. El solo de sintetizador que ocupa el rol protagónico en los últimos minutos registra las herencias de Banks y Bardens por igual. Declaramos a ‘Antipodean’ como nuestra canción favorita de todo el catálogo de OUTER LIMITS, así de directos somos, así de convencidos estamos. Tal como dijimos antes, la suite homónima ocupa la segunda mitad del repertorio original del disco, ocupando un espacio de 20 ½ minutos. Comenzando con un preludio de órgano de iglesia en clave románica y enfocada en una espiritualidad invernal y enclaustrada, luego el ensamble entra de lleno para una sección progresiva bombástica y moderadamente agresiva que llega a su clímax con la elaboración de un llamativo motif en 7/8. Todo este esplendor rockero se interrumpe secamente para abrir paso al regreso del órgano y la instauración de una coral gregoriana para instaurar una sección misteriosa con matices lúgubres. Lo lúgrube abre paso poco después a lo contemplativo cuando el piano entra en acción con una base armónica en 3/4, el cual comienza siendo ornamentado con efectos espectrales de guitarra y sintetizador, derivando finalmente hacia un vals progresivo guiado por el violín; mientras esto sucede, la guitarra sigue elaborando efectos espectrales en el trasfondo. Definitivamente, hay algo retorcido en este despliegue de señorial lirismo. endo  espartana, como siempre, afín al espíritu general de las películas de horror. La primera sección propiamente cantada se da en clave de balada ensoñadora que se mueve a medio camino entre el paradigma neo-progresivo y el esquema de trabajo que siguieron los GENESIS en su breve fase de cuarteto: sí, algo de la aureola del clásico álbum “Wind & Wuthering” se hace presente aquí. La última sección, también cantada, dobla por un sendero sinfónico patentemente jovial, todo un cambio hacia un talante optimista y plácido que nos recuerda a la faceta más cándida del largo legado de YES.

   


‘Pteridophyte’ cierra el CD con un efectivo despliegue de colorido: el violín recurre a dosis de clasicismo más opulentos que a las de cualquier otra pieza anterior, la guitarra ofrece algunos punteos bizarros (siempre vuelve el factor Frippiano por este frente del ejército progresivo de OUTER LIMITS) y los teclados establecen ornamentos atractivos, los cuales van desde orquestaciones disonantes hasta armonizaciones efectistas, incluyéndose ambientaciones góticas (tan obviamente recurrentes en este disco). En lo referente a lo que es la lógica creativa de las orquestaciones de los teclados y el esplendor sonoro general sobre el cual se explaya el violín, notamos aquí un guiño claro al clasicismo vertido principalmente en los dos primeros álbumes del grupo. En 1989, ya con el grupo desintegrado, la gente de Made In Japan publicó el disco recopilatorio “The Silver Apples On The Moon”, el cual incluía los hasta entonces muy difíciles de ubicar bonus tracks de la posterior edición en CD del tercer álbum (‘Platonic Syndrome’ y ‘Marionette’s Lament’) más un tema del primer álbum, otro del segundo y una parte de la suite ‘The Scene Of Pale Blue’. Más adelante, en 1994, el sello Belle Antique publicó “Outer Mania”, una recopilación de maquetas que datan entre los años 1980 y 1984: solo aparece Ueno en una versión primigenia de ‘Marionette’s Lament’, mientras que aquí aparecen tesoros tales como la primera versión de ‘The Scene Of Pale Blue’ (con el bajista Sugimoto a la primera voz) y ‘Misty Moon’ (con el violinista Kawaguchi y el bajista alternando roles al canto principal). También hay una balada sinfónica titulada ‘I Love You’, en la cual el baterista Sakurai asume el rol de vocalista: esta composición iba a ser parte de una suite basada en la novela de DANIEL KEYES Flores para Algernon, pero esto fue lo único que se concretó de esa idea. Algo es algo. 9 años más tarde, los franceses de Musea Records hicieron una edición con cierta labor adicional de remasterización de este ítem que, a su manera, no solo brinda un testimonio de cuán consistente fue la evolución estilística del grupo en sus años previos a su primer disco sino que también cierra el círculo de la obra gestada durante su época de los 80s. En el nuevo milenio, los OUTER LIMITS se reunieron congregando al quinteto de Shusei Tsukamoto [teclados, mellotrón, órgano de fuelles y coros], Nobuyuki Sakurai [batería y percusión], Takashi Kawaguchi [violín y viola], Tadashi Sugimoto [bajo, contrabajo, cello, Chapman Stick y voz] y Takashi Aramaki [guitarras y voz], llegando a grabar un estupendo disco llamado “Stromatolite” en el año 2007, pero esa es una historia para otro momento. Hasta aquí llegamos con la presente retrospectiva, la cual solo puede terminar con palabras de agradecimiento a los OUTER LIMITS de los 80s por habernos regalado música tan ingeniosa, colorida y refrescante en esos tres primeros discos de estudio que signaron una cima en la escena progresiva japonesa de ese tiempo. 


Muestras de OUTER LIMITS.-
Beyond Good And Evil: https://www.youtube.com/watch?v=hUtQOWXFPUc
The Scene Of Pale Blue [en vivo, 1987]: https://www.youtube.com/watch?v=mu1Td01sYsQ
Platonic Syndrome [primera versión]: https://www.youtube.com/watch?v=LQm7XQixnX0





Wednesday, July 04, 2018

El sortilegio israelí de MARBIN en la brujería jazz-progresiva



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Siempre ha sido un deleite hablar en este blog del grupo MARBIN por motivo de los discos que ha publicado a lo largo de los años y en esta ocasión no tendremos una excepción a la regla, por el contrario, comentar aquí y ahora su nuevo disco “Israeli Jazz”, el mismo que ha sido publicado a mediados del pasado mes de marzo, es un placer enorme para nosotros. La alineación codirigida por el guitarrista Dani Rabin y el saxofonista Danny Markovitch, y completada por el bajista Jon Nadel y el baterista Blake Jiracek nos brinda casi 58 minutos de vigoroso sortilegio jazz-progresivo en éste, su sexto trabajo de estudio. Aquí se repite la alineación que también hizo el disco precedente “Goatman & The House Of The Dead” (2016), y al igual que en este disco, aquí en “Israeli Jazz” hay una táctica de patente vigor y hay una logística entusiasta desde las cuales el cuarteto busca dar una nueva inspirada vuelta de tuerca a su vitalista propuesta musical. La búsqueda fue exitosa; veamos ahora los detalles de este triunfo artístico tal como se han plasmado en el repertorio de este disco que tenemos en nuestras manos.


Durando poco menos de 9 ½ minutos (siendo, de hecho, la segunda pieza más larga del disco), ‘The Old Ways’ pone en marcha las cosas con una modalidad que ya sabemos inconfundible según el sello estilístico que el cuarteto ha ido madurando y afianzando a lo largo de los años. Sobre un persistente compás de 6/8 y un manejo mesurado de la garra colectiva sonora, el cuerpo central es dibujado hermosamente por el saxo mientras la guitarra añade ornamentos oportunos en aquellos momentos en los que sus fraseos se sitúan en el centro del bloque instrumental. La cándida vitalidad de esta estupenda pieza de entrada nos predispone a la actitud adecuada para apreciar el segundo tema del disco, el mismo que se titula ‘Swamp House’. Su talante es más ceremonioso y también más denso que el del primer tema del álbum, como si se tratara de una versión lírica del estándar de los WEATHER REPORT mientras se alivia un poco los matices nebuloso de sus primeros discos y se añade algo del misticismo alegre de los primeros álbumes de RETURN TO FOREVER. Eso sí, todo ello con una aureola de exquisita rudeza, si es que tiene sentido exponer esta expresión que parece tal vez un oxímoron. Es ahora la guitarra el instrumento protagónico a la hora de instaurar el cuerpo central y focalizar la mayor parte de las variantes que se van elaborando a lo largo del camino. La dupla de ‘Arkansas Jumper’ y ‘Moscow Mule’ cumple con la función de seguir ajustando todas las bisagras y acoplamientos del modus operandi de MARBIN. En efecto, ‘Arkansas Jumper’ se enfila sesudamente hacia lo aguerrido y lo extrovertido. Atención al soberbio solo de guitarra que se inicia poco antes de llegar a la frontera del segundo minuto, es como un híbrido de John McLaughlin y John Petrucci; atención también al tremendamente ágil solo de saxo que dirige los minutos finales con una impetuosa mezcla de nervio y emotividad. ¿Furioso desahogo o alegría neurótica? Tal vez un poco de ambos. Por su parte, ‘Moscow Mule’ remodela la extroversión heredada de la pieza anterior y la lleva hacia terreno folclórico en clave celebratoria. El saxo sabe cómo explotar su lirismo esencial en medio del fragor general, un fragor donde el macizo núcleo sonoro que se encadena, al modo de las Columnas de Hércules, entre el guitarreo y la dupla rítmica gestiona y orienta el llamativo desarrollo temático con particularmente inspirada brillantez. Genial mezcla de jazz-fusion y punk-jazz.
           

La pieza más extensa de “Israeli  Jazz” es ‘Pirate Punch’, cuyo espacio ocupa más de 9 ¾ minutos. Su esquema rítmico entra en el groove esencialmente jazzero, comenzando con un talante relajado y discreto para luego exponerse hacia un vitalismo muscular bajo la guía de la guitarra, la cual porta sobre sus hombros el bloque sonoro grupal mientras elabora un fastuoso y largo solo. Una vez terminado éste, el saxo y la guitarra se hermanan en un reprise del sereno motivo inicial, lo cual sirve tanto para coronar el solo de guitarra previo como para abrir la puerta a una variante inesperada: un pasaje de festivo jolgorio arquitectónicamente melódico sobre una base rítmica alegre de frontal inspiración étnica. Bajo el peculiar título de ‘Magic Burro’ se revela el penúltimo tema del repertorio, el cual comienza recogiendo la semilla de jolgorio sembrada por el epílogo de ‘Pirate Punch’, pero es tan solo el inicio de un sofisticado y vigorosamente sólido ejercicio de musicalidad jazz-progresiva que incluye sus oportunas variantes de ambientes y motivos. Los MARBIN muestran aquí sus confraternidades sónicas con LED BIB, SLIVOVITZ y los legendarios MAHAVISHNU ORCHESTRA mientras mantiene su esencia histórica. En los últimos minutos, el saxofón vuelve a ocupar seriamente el protagonismo dentro del bloque grupal mientras dibuja y define un núcleo melódico es realmente hermoso. El tema homónimo pone el cierre al disco y lo hace con un esplendor expresionista bárbaro, el mismo que se basa en una entusiasta retoma de los aires más coloridos y enérgicos que se habían expuesto en la ilación de los tres primeros temas del álbum. Con un dueto de saxofón y guitarra que establece un patrón melódico llamativo que se enriquece con las furiosas vibraciones emitidas desde el más virtuoso solo de guitarra de todo el disco. Por su parte, la batería gestiona y resuelve el obligatoriamente elegante swing de base con un punche abismal, siendo así que el bajo se da buena mañana para dibujar ciertos fraseos mágicamente enrevesados en el trasfondo del fuego guitarrero. El cuarteto maneja con impoluta prestancia sus coqueteos con el punk-jazz en momentos como estos. Cuando llega el turno del solo de saxofón, la furia es sustituida por una neurosis risueña y traviesa, la cual determina que la labor de la batería ha de ser más adornada.   



Todo esto es lo que nos ha brindado el cuarteto MARBIN, otro maravilloso ejemplo de prestancia y vigor dentro del discurso jazz-rockero progresivo de nuestros días. Con lo mostrado y demostrado en “Israeli Jazz”, las Antorchas Divinas de la Música siguen firmes en las manos de los integrantes de MARBIN mientras dan una nueva vuelta olímpica en el estadio universal del arte. ¡Que nunca fenezca esta brujería!


Muestras de “Israeli Jazz”.-

Sunday, July 01, 2018

PINIOL: una exquisita bestia avant-progresiva de dos cabezas



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos complacemos enormemente en presentar al ambicioso ensamble avant-progresivo francés PINIOL y su disco “Bran Coucou”, el mismo que ha sido publicado en el día 27 del último mes de abril. Lo que opera en PINIOL es la asociación de dos bandas experimentadas en esto de proponer formas ostentosamente asadas e intensas de vanguardismo progresivo: POIL y NI. La alineación de esta fusión de bizarras mentes colectivas queda así: Antoine Arnera [teclados y voz], Boris Cassone [bajo y voz], Guilhem Meier [batería y voz], Anthony Béard [guitarra y voz], François Mignot [guitarra y voz], Benoit Lecomte [bajo y voz] y Jean Joly [batería]... ¿Una  banda de rock progresivo? ¡Más bien una orquesta eléctrica dedicada a cultivar una modalidad ecléctica de Zeuhl donde se abren campos diversos para recursos del math-rock, el avant-jazz, el rock-in-opposition de raíz francófona, la tortuosa ingeniería Crimsoniana y, como ingrediente extra, algunos elementos de psicodelia libre de inspiración ruidista!


Ocupando los 14 primeros minutos del disco, ‘Pilon Bran Coucou’ establece desde el mismo punto de partida las pautas de diversión dadaísta y vitalidad surrealista desde las cuales el ensamble ha de encuadrar el vigor de sus ideas musicales y performances. En su momento inicial, la cosa es paulatina: hay que esperar hasta casi tocar la frontera de los 2 ¾ minutos para que el malabarísticamente sostenido crescendo abra paso a la instauración del motif central, el cual se centra en tensos juegos de síncopas y densas exhibiciones de neurótica vivacidad. Se combinan los universos sonoros de KING CRIMSON, MAGMA y PRESENT dentro de unos aires extrovertidos que nos remiten tanto al FRANK ZAPPA de los 80s (pensemos en ese jazz-prog tecnificado de “Jazz From Hell”) como a la nueva escena Zeuhl (NEOM, SETNA, UNIT WAIL, GA’AN). Los encuadres respectivos entre las dos baterías y las dos guitarras empujan, a su vez, el encuadre de la instrumentación general en bloque. La sección final se reserva un momento de crucial mordacidad cuando el esquema rítmico se intensifica hasta niveles furiosos… y salen por fin al frente los dos bajos mientras el clímax concluyente va rumbo a su poderoso cierre. ‘Pogne’, el segundo tema del disco, dura casi la mitad que el primero mientras le da una nueva vuelta de tuerca a las polivalentes tácticas sonoras dentro de su misión de crear neurosis festiva y oscurantista. Eso sí, la niebla inherente a este oscurantismo adquiere ahora un fragor más ligero por vía del proceso más mesurado de los aportes aguerridos de las guitarras y el realce de los bajos y el teclado en algunos pasajes estratégicos. Ahora se hermanan math-rock, Zeuhl y jazz-rock con un descaro apabullante y una creatividad genialmente peculiar. En la ocasión del tercer tema del disco, titulado ‘Mimolle’, el septeto opta por hacer una síntesis netamente instrumental de la esencia musical del tema precedente pero con un poco más de punche y un posicionamiento aún más destacado de los bajos ya las baterías dentro del entramado general. Esta pieza bien puede definirse como un híbrido de DON CABALLERO (discos segundo y tercero) y KING CRIMSON (81-84) bajo la guía compartida de los PRESENT y los SONAR.  



Durando poco más de 14 ½ minutos, ‘Shô Shin’ se erige como la pieza más extensa del álbum, siendo patentemente diseñada para plasmar un momentum dramático del repertorio. El preludio está marcado por un juego de lúgubres síncopas y lóbregas pulsaciones hasta que la segunda sección, donde ya interviene el canto, instaura una diligente ilación de pasajes aguerridos y otros contenidos. Hay una sensación de indescifrable tragedia en algunos de estos pasajes contenidos mientras que los más aguerridos focalizan su ingeniería en seguir la pauta trazada anteriormente en el primer tema del álbum. De hecho, las vibraciones trágicas son predominantes en buena parte de los primeros tres quintos de la pieza, pero a poco de pasada la frontera del octavo minuto y medio, el grupo se decide a gestar un interludio de talante frontalmente bélico. Con puentes caídos y barcos quemados tras sus espaldas, los músicos se enfrascan en la creación de un equivalente sonoro de arquitectónicas metrallas musicales de lo que sería un cuadro cubista. Hace falta extender los estertores de los últimos golpes para emular el eco de una explosión, el mismo que abre las iniciales agitaciones de las cuerdas con las que comienza ‘François 1er’. Este tema #5 del repertorio hace uso de este truco muy propio del estándar post-rockero solo como ornamento, pues no tarda mucho en asentarse un cuerpo central definido por una nerviosa y vitalista encrucijada de math-rock y jazzcore dentro de una amalgama progresiva muy fiel al paradigma Crimsoniano (tanto de los 80s como de la etapa 94-03). Por ahora, ya no hay nada nuevo bajo el sol pero sí se nota una refrescante aura de señorío revitalizante en el desarrollo temático compuesto para esta ocasión. Cuando llega el turno de ‘Kerberos’, el grupo está más que preparado para llevar esta línea de trabajo hacia niveles más explosivos de incandescencia y tensión, coqueteando incluso con las vertientes vanguardistas del prog-metal en ciertos pasajes donde los guitarreos edifican recursos estilizados.  



Los últimos 12 minutos y pico del disco están ocupados por ‘Orbite’, pieza diseñada para infiltrar de tenebrosos y oscurantistas tonalidades propias del rock-in-opposition (a lo UNIVERS ZERO) a un motif estructurado en torno a una confluencia de post-metal y stoner dentro de una matriz progresiva donde la regla de oro es la de mantener a raya una furia solipsista para que nunca muestre sus verdaderas garras de ira y desconcierto. El truco de la revalidación monótona del motif central ayuda bastante a comprender cómo la idea del encierro la furia bajo siete llaves es una labor que exige un inconmensurable tesón“Bran Coucou” es, a fin de cuentas, una obra excelsa y magnífica que honra infinitamente el ideal del rock progresivo en su vertiente más radical: este colectivo de PINIOL se ha lucido a placer, ha demostrado con creces ser una bestia bípeda que sabe hacer brillar con lúcida garra e inquietante intensidad su versátil ingenio musical. Esta asociación de POIL y NI ha funcionado a las mil maravillas y no tenemos ningún empacho en recomendar a “Bran Coucou” al 500% a todo fan del rock progresivo con aspiraciones pérfidamente desafiantes.


Muestras de “Bran Coucou”.-
Pilon Bran Coucou: https://piniol.bandcamp.com/track/pilon-bran-coucou