Tuesday, August 07, 2018

AESTHESYS: el ambicioso cromatismo de la nueva hornada del rock progresivo ruso



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Desde la capital rusa de Moscú llega el cuarteto instrumental AESTHESYS, el mismo que está conformado por Sasha Coudray [bajo], Victor Krabovich [guitarra y teclados], Eldar
Ferzaliev [guitarra] y Nik Koniwzski [violín y teclados]. Su disco “Achromata” fue publicado a inicios de abril último por el sello alemán Narshardaa Records tanto en CD como en doble LP. El cuarteto antes mencionado contó con las colaboraciones del baterista Maximilian Maxotsky y el teclista Jamie Ward (principalmente, al mellotrón y los sintetizadores) para llenar los respectivos bloques sonoros diseñados y creados para las ocho piezas que completan el disco en cuestión. De paso, Ward también fungió de ingeniero de sonido para este disco en el Just Studio de Moscú. El estilo progresivo de AESTHESYS es ostentosamente ecléctico al combinar estándares y estrategias de sinfonismo, post-rock, math-rock y electrónica que oscila entre el ambient y el space-rock. El disco que tenemos ahora en nuestras manos es el segundo de su trayectoria, siendo el primero “Camera Obscura”, el cual data del año 2013. Ya en ese tiempo, el grupo llamó la atención en varias redes especializadas en rock progresivo y experimental, pero es este segundo disco “Achromata” el que ya está consagrando al grupo como un referente nuevo importante para la vanguardia progresiva de hoy en día. Vale la pena contar que este grupo inició sus días, a inicios del nuevo milenio, como un proyecto solista de Koniwzski, pero pronto las cosas derivaron hacia una proyección de creatividad grupal para el año 2011, primero como cuarteto y luego como quinteto. Veamos ahora los detalles específicos de “Achromata”.



Los primeros 5 ¼ minutos de “Achromata” están ocupados por ‘Grauer Wald’, pieza que tiene un pie el área de los TANGERINE DREAM del “Tangram” y otro en el terreno de los GRAILS de los dos últimos álbumes. En este sentido, estamos hablando de una ingeniería sonora que ostenta vibraciones etéreas mientras las enriquece con una elegante fuerza de carácter gestada con el fuego post-rockero y el éter prog-sinfónico, añadiéndose algunos coqueteos indirectos con el vitalismo señorial de los últimos discos de los PORCUPINE TREE. Luego sigue ‘Filis Aureis’, pieza tremendamente vitalista que nos suena claramente a un tributo simultáneo a los estándares históricos del space-rock y del math-rock (con cierta prioridad del primero de estos dos aspectos) que sabe dar vueltas al encanto bien delineado de su motif sencillo de base mientras elabora un inteligente crescendo en torno al mismo. Con la dupla de ‘Marea’ y ‘Himmelbarn’ (siendo este último el tema más extenso del disco con sus poco más de 7 minutos de duración), el grupo sigue explorando matices y tonalidades a fin de seguir enriqueciendo su dinámico enfoque musical. Lo que se desarrolla en ‘Marea’ es un recursos de luminosa magnificencia melódica desde la cual se sintetiza el sortilegio etéreo del primer tema del álbum con el vigor envolvente del segundo, gestándose así el primer momento totalmente climático del repertorio. Lo que comenzó con un talante jubiloso terminó con una explosión de emociones celebratorias. Por su parte, ‘Himmelbarn’ – el tema más largo del álbum con sus casi 7 ¼ minutos de duración – se encarga de elaborar una arquitectura bipolar donde conviven pasajes lánguidos de corte reflexivo (al modo de una remodelación del paradigma Floydiano a manos de una asociación de OCEANIC y RED SPAROWES) con otros bastante poderosos en los que el punche rockero estalla frenéticamente… Claro está, ese frenesí se ajusta oportunamente a las exigencias expresivas concretas de la pieza. Un cénit inmediatamente después de otro cénit.  
  


Cuando llega el turno de ‘Melanocardia’, el ensamble se dispone a realizar un típico jam post-rockero con una adecuada dosis vitamínica rockera rayana con el stoner. El tempo constante es en 11/8 y la estrategia sonora se encauza mayormente en un centramiento de parte del bloque integral en torno a las robustas y recias capas armadas por las guitarras duales. Los momentos en los que el violín sale al frente sirven para dar tintes refrescantes al muy ostentosamente muscular cuerpo central. Acto seguido, ‘Sapatha’ se hace cargo de aligerar un poco las cosas por vía de una inspirada confluencia de jazz-rock, sinfonismo y post-rock para el diseño y la estructuración de un desarrollo melódico que oscila entre lo atmosférico y lo fusionesco. Esos momentos en los que los guitarreos aumentan su filo están lo suficientemente controlados como para mantener incólume la esencia del groove y la atmósfera predominante. El sereno epílogo armado por las dos guitarras redondea la fanea coherentemente. Una pieza muy bella, por cierto, tras cuyo cierre nos vamos situando más cerca del final del disco: es ahora cuando emerge ‘Apogeion’, otra pieza signada por la pura belleza y que está diseñada para establecer una especie de recuento sintético entre ‘Sapatha’, ‘Grauer Wald’ y los aspectos más señoriales de ‘Himmelbarn’. Dada esta logística sonora en curso, el grupo decide operar con una ambientación que permita confeccionar un bien afiatado equilibrio entre el violín y las dos guitarras a la hora de expandir las pulsaciones melódicas en curso. Siendo la segunda pieza más larga del disco con sus poco más de 6 ¼ minutos de duración, su exquisita majestuosidad lograr completar el culmen expresionista y cálido que se había iniciado con la pieza precedente. El último tema del repertorio es ‘Eosfyllon’, un elegante prodigio de fineza melódica donde el violín vuelve a coger la batuta del desarrollo temático: melancolía y serenidad son las claves inspiradoras para el motif que el ensamble desarrolla por 5 ¾ minutos.


  


Todo esto fue lo que la gente de AESTHESYS nos brindó en esta oferta de  “Achromata”, un disco superlativo dentro de los siempre inquietos cánones del rock progresivo ecléctico de nuestros días: su ambicioso y enérgico cromatismo lo hace un disco perfectamente recomendable.



Muestras de “Achromata”.-

Saturday, August 04, 2018

Una nueva festividad japonesa en clave Zeuhl con KOENJI HYAKKEI


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión estamos de fiesta por causa del nuevo disco del ensamble japonés KOENJI HYAKKEI, el cual se titula. “Dhorimviskha” y acaba de ser publicado en este 11 de julio último. Es una grandísima alegría la que sentimos por el regreso de este grupo a los estudios de grabación  yla publicación de su nuevo material 13 años tras la aparición del disco antecesor 
“Angherr Shisspa”. Este intenso, fenomenal y travieso grupo recoge ostentosa y orgullosamente el legado de la música progresiva Zeuhl desde antes de que la década de los 90s alcanzara su ecuador, cuando fue fundado por el genial y trabajólico baterista-percusionista-cantante Yoshida Tatsuya. El ahora sexteto se completa con las presencias de Sakamoto Kengo [bajo y voz], Komori Keiko [saxofones y clarinete], Yabuki Taku [teclados], Koganemaru Kei [guitarra y voz] y Ah [voz principal]. El najista y la vientista son los mismos del “Angherr Shisspa”. Hasta ahora, el grupo había operado principalmente como quinteto tras iniciar sus días como cuarteto: se nota que ahora el grupo aspira a concretar una dimensionalidad más estilizada y más fastuosa para su, de por sí, bastante rimbobante propuesta musical. Este disco tiene una edición en CD y otra en doble vinilo por vía del sello Magaibutsu, el cual pertenece al maestro Yoshida. 



Veamos ahora los detalles de “Dhorimviskha”. ‘Vreztemtraiv’ ocupa los primeros 10 ¼ minutos del disco y empieza de entrada exhibiendo un fabulosamente intenso encuadre rítmico potenciado por un exquisito solo de guitarra. Un poco más adelante, serán los sintetizadores los que ocupen el rol protagónico en el desarrollo temático antes de que llegue el momento de los lucimientos coetáneos del canto femenino y del saxofón. La cuestión suena como un festivo híbrido entre la faceta más celebratoria de unos MAGMA y la vitalidad llamativa de los ESKATON en sus dos primeros discos. Lo jazzero es lo prioritario en la elaboración de los diversos esquemas rítmicos que Yoshida desarrolla a lo largo del camino salvo en un pasaje de tenor relativamente tétrico que emerge poco antes de llegar a la barrera del quinto minuto y medio: allí el asunto vira drásticamente hacia un parentesco con los estándares de PRESENT y SHUB-NIGGURATH (el primer álbum). Cuando las cosas retornan a lo extrovertido, regresa la aureola festiva aunque con añadido toque de neurosis que se puede interpretar como resultado del impacto producido por el interludio tétrico. En este momento final de la pieza nos topamos con un excelso solo de órgano antes de que el reprise las corales más alegres sustente la coda. La siguiente pieza se titula ‘Levhorm’, la cual nos sorprende con su manera de fusionar estándares de hard rock con elementos jazz-progresivos en su primera parte, algo así como una encrucijada entre COLOSSEUM y la faceta más cañera de FRANK ZAPPA & THE MOTHERS OF INVENTION. Lo que suena aquí es complejo pero resulta con una apariencia más asequible que lo que usualmente se nos brinda desde el cosmos musical de la banda. La segunda sección se torna más ágil y vibrante en un retorno al modelo Zheul, aunque con un realce de la robustez en los grooves creados para la ocasión. La meticulosa arquitectura melódica armada en la triangulación de teclado, bajo y saxofón asienta un desafío dialéctico frente a la fiereza de la batería. Si ‘Vreztemtraiv’ había instaurado el valiente cénit de entrada para el álbum, el rol de ‘Levhorm’ es el de establecer una pauta de punche rockero para perturbar vivarachamente el diseño general del álbum.



‘Zjinhaiq’ cumple con la misión de instaurar una ingeniería melódica majestuosa tras un preludio frontalmente delineado sobre un compás marcial. El dinamismo de los arreglos vocales de esta pieza comienza en clave cálida pero más adelante da un viraje hacia lo denso, a veces coqueteando con lo tétrico: es en esta última instancia que el grupo saca lustre a la faceta grandilocuente de su esencia magníficamente tensa. En algún momento emerge un aura misteriosa de la mano de un solo de bajo y los ornamentos cósmicos de guitarra mientras el piano y la batería azuzan el señorial fuego con el que se gesta y desarrolla el variopinto esquema rítmico. Otro cénit del disco. ‘Phlessttighas’ nos muestra a la banda recogiendo y combinando las herencias de la pieza precedente y de la que abrió el álbum. Durando menos de 6 ½ minutos, esa fórmula que combina elegante energía neurótica con desafiantes arquitecturas de síncopas es manejada con una prestancia que, sin ser precisamente austera, porta cierto sentido de la mesura. Cuando llega el turno de ‘Djebelaki Zomn’, la banda se centra minuciosamente en retomar los recursos de vitalidad y vivacidad que más se han resaltado en los dos primeros temas del álbum para otorgarle un nervio más filudo y una intensidad más aguerrida. Un hermoso interludio jazzero (muy al estilo de los RETURN TO FOREVER) surge a mitad de camino para realzar la faceta lírica de esta pieza y, de paso, construir el puente hacia una sección particularmente serena de la misma. En esta última se luce a placer el dueto de clarinete y canto femenino. Tercer cénit de este repertorio y, de hecho, se trata de un culmen muy especial porque abre una ventana a aires nuevos y es por eso que de inmediato emerge ‘Palbeth Tissilag’, pieza que consta de dos partes bien diferenciadas entre sí. La primera mitad se focaliza en el lenguaje del jazz-fusion en clave serena y contemplativa, valiéndose de un cálido y envolvente motif de inspiración mediterránea. La segunda mitad nos muestra a una banda centrada en desarrollar un fiero ejercicio jazz-progresivo empoderado por sendos solos de guitarra  y de órgano mientras los vericuetos de la batería y la energía derrochada en las partes cantadas se encargan de encauzar el señorial troquelado del foco melódico. En líneas generales, tenemos aquí lo más cálido del disco.

  

La pieza homónima del disco es la más larga del mismo y también la que se hace cargo de cerrarlo a lo grande: ocupa un espacio de 11 ¾ minutos y sus explosivas vibraciones hipersónicas se articulan en una amalgama exhaustivamente penetrante. Todo comienza con una furia dadaísta que ya se nos hace habitual, pero un poco más adelante, tras un interludio cuasicircense, se produce un genial viraje hacia atmósferas jazz-progresivas que se sitúan a medio camino entre la dimensión humorística del Canterbury y los HENRY COW de los dos primeros discos. Ya en el transcurso de los dos últimos minutos y medio, se produce un engarce entre la tensión Zeuhl y el dinamismo jazz-progresivo, añadiéndose algunos aspectos de caos controlado a lo ZAPPA, culminando todo en una coda explosiva. Con este tema homónimo se ha provisto de un broche de oro contundente e irrebatible para “Dhorimviskha”, un disco realmente fenomenal que sirve para volver a escribir con letras de oro forjado en la fábrica del Olimpo cada letra del nombre de este grupo; los KOENJI HYAKKEI siguen siendo, y según parece, serán por siempre unos maestros absolutos de la avanzada progresiva radical del nuevo milenio.


Muestras de “Dhorimviskha”.-


[Dedicamos esta reseña a Rodrigo Ibarra con gratitud por habernos presentado a este grupo años atrás. Nos convertimos en fans de KONEJI HYAKKEI de inmediato.]

Wednesday, August 01, 2018

La jornada borrascosa de STEVE HACKETT & co. en Birmingham



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos el enorme agrado de reseñar el ambicioso ítem en vivo de STEVE HACKETT “Wuthering Nights: Live In Birmingham”, el cual fue publicado por Inside Out Music a fines del pasado mes de enero. El concierto registrado aquí tuvo lugar en el contexto que STEVE HACKETT y su banda realizó en el año pasado 2017 por motivo del 40mo aniversario de “Wind & Wuthering”, el último disco de estudio donde el genial guitarrista formó parte de la alnieación de GENESIS. El disco en cuestión, publicado el 17 de diciembre de 1976 pero fue en el primer mes de 1977 donde tuvo su publicación nortamericana; el hecho de que alcanzara el puesto 7 en las listas oficiales de ventas de LP en Gran Bretaña demostraba que el grupo seguía en buena forma tanto en lo creativo como en lo comercial dentro del siempre cambiante mundo financiero del mainstream musical. Para la ocasión, HACKETT cuenta con su arsenal de guitarras eléctricas, guitarra-sintetizador y guitarra clásica, además de la armónica y el canto a la primera voz, mientras le acompaña permanentemente el ensamble de Nick Beggs [bajos, guitarra gemela de bajo y de 12 cuerdas, pedales bajos, guitarra adicional y coros], Gary O’Toole [batería, percusión, voz y coros], Roger King [teclados] y Rob Townsend [saxofones, flauta, flautín céltico, teclados adicionales, percusión, pedales bajos y coros]. Para un puñado de temas de la primera parte del evento, Amanda Lehmann (cuñada del buen STEVE) aporta una segunda guitarra eléctrica además de su canto para los coros y la primera voz. Además, aparece un invitado muy especial para una canción: John Hackett, quien fue un integrante recurrente en los primeros 14 años de las diversas bandas de apoyo de su hermano, el protagonista de la noche. Para la segunda mitad del evento sale al frente el cantante Nad Sylvan, quien a estas alturas es ya considerado como una figura heroica dentro del actual mundo musical de STEVE HACKETT. Es en esta segunda parte del concierto que se concreta el verdadero homenaje a “Wind & Wuthering”, junto a un justo repaso de varios clásicos del inmortal catálogo de GENESIS.


Todo comienza con el viento favor y una operatividad mágica del engranaje instrumental mientras suena el riff inicial de ‘Every Day’, una de las piezas más llamativas y simbólicas del polícromo ideario estético de HACKETT. La limpieza lírica de la sección cantada y la parte segunda guiada por la delirante ingeniería de la guitarra de HACKETT se suceden con muy buen oficio. Luego sigue ‘El Niño’ para desarrollar una cálida y fogosa exploración en una efectiva diversidad de atmósferas que van desde la intensidad tribal hasta el señorío parsimonioso. Esta fastuosa pieza instrumental es uno de los tres ítems extraídos del entonces reciente  disco de estudio “The Night Siren”. Con la dupla de ‘The Steppes’ e ‘In The Skeleton Gallery’, la banda sigue explorando recursos expresivos y ambientes exóticos con miras a crear el primer clímax musical de la noche. El primero de estos viajes musicales data del año 1980 (para ser exactos, del disco “Defector”) y nos muestra una mágica traducción progresiva de la aureola misteriosa propia del folklore siberiano con sus sutiles matices opresivos, no exentos de magnética brujería; el preludio de saxo soprano es un preciso anticipo de los sortilegios que habrán de brotar pronto de la guitarra de HACKETT sobre el sólido trasfondo de los teclados. Por su parte, el segundo de ellos ofrece un aire más familiar debido a la participación de las voces pero su compás ceremonioso nos sigue invitando a evocar paisajes potencialmente peligrosos, esta vez en el campo abierto de Norteamérica. El dueto entre la armónica de HACKETT y el saxo de Townsend que emerge en algún paraje intermedio opera no solo como un momento de creativa expectativa  sino también como antesala a la sección marcada por un poderoso groove blues-rockero. Los recursos de densidad sonora que el ensamble es capaz de gestar y gestionar con excelso pulso cada vez que la ocasión lo requiere salen a la luz a lo grande con la ilación de diversos motivos que conforman ‘In The Skeleton Gallery’ y aún más a lo grande cuando llega el turno de ‘Behind The Smoke’. Esta dramática pieza tiene una letra escrita por Jo Hackett (esposa de STEVE) y que se  basa en el perpetuo drama de los refugiados de guerra. La canción refleja muy bien los sentimientos de pavor, alineación y furia que emergen en los corazones de quienes se ven desgajados de su propia tierra por culpa de las desgarradoras tensiones civiles que siempre parecen requerir de una manifestación bélica. La ambientación psicodélica de esta canción abre campo a los tortuosos fraseos y solos de guitarra, los cuales ostentan un electrizante tenor apocalíptico. Ya en la sección final se da el viraje hacia el sinfonismo, siendo así que el esquema sonoro global se va  haciendo gradualmente filudo hasta el momento final. 


‘Serpentine Song’ (procedente del álbum “To Watch The Storms”) da un viraje a las cosas con su lirismo de tendencia predominatemente pastoral. Para la  ocasión, teniendo en cuenta que se trata de una canción cuya letra está inspirada en la infancia y la admiración que el buen STEVE siempre expresó por su padre, viene bien que salga al escenario su hermano John. Su flauta hace un excelente dueto con la flauta céltica de Townsend mientras se va delineando el desarrollo melódico de este tributo que escribió HACKETT a la clásica balada de los primeros KING CRIMSON ‘I Talk To The Wind’. Pero, como dijimos, aquí hay una adición de elementos folklóricos que, con convicción y sin aspavientos, realza con suma eficacia los colores pastorales de la canción. ‘Rise Again’ – que, debemos confesar, es una de nuestras composiciones favoritas de HACKETT de los últimos 20 años desde que la conocimos como parte del disco “Darktown” – se encarga de establecer un nuevo clímax de señorío progresivo. Basada en la poesía de los nativos norteamericanos y sus añoranzas de un retorno a la vitalidad perdida tras la llegada de los invasores, la canción comienza con un aura reflexiva para luego explotar con una vivacidad potente donde los aleteos melódicos de la guitarra resuenan desde la más pura esencia Hackettiana. El primer tramo del concierto concluye con ‘Shadow Of The Hierophant’, esa canción que cerraba el primer disco solista de HACKETT “Voyage Of The Acolyte” y que aquí se ejecuta en su integridad provechando la presencia de Amanda Lehmann: ella usa su registro contralto para reemplazar al canto soprano de Sally Oldfield. El ensamble da rienda suelta a su habilidad de crear atmósferas inquietantes y tenebrosas cuando toca el posludio de esta épica pieza, ese moto perpetuo que se regodea en un sublime tenebrismo que se retroalimenta a placer tras el paso del encuadre de sinfonismo etéreo y colorido renacentista que ocupa a los primeros 5 minutos con la sección cantada y al sereno interludio instrumental. A propósito, qué gracioso es que el Sr. O’Toole haga una reverencia tan exagerada ante el público tras tocar la campana de mano al finalizar el primer fraseo de glockenspiel sintetizado a cargo de King: un momento de humor antes de la gloriosa letanía de tormentosa densidad que se nos viene encima. También hay que destacar cómo se luce el mencionado baterista durante esta letanía; por su parte, Beggs es todo un espectáculo cuando maneja los pedales bajos Moog Taurus con sus manos.


Ahora pasamos al segundo tramo de esta jornada borrascosa en la ciudad natal del pintor Edward Burne-Jones y las estrellas rockeras de BLACK SABBATH, que es donde realmente empieza el homenaje concreto a los últimos meses de HACKETT como integrante de GENESIS, siendo así que “Wind & Wuthering” es uno de los discos de los cuales el cuarteto de Banks-Collins-Hackett-Rutherford han mostrado mayor orgullo en varias entrevistas. Nad Sylvan es un frontman bastante carismático que en estos últimos años se ha ganado el aprecio de la inmensa mayoría de la fanaticada de STEVE HACKETT; además, el público melómano progresivo tiene mucho que agradecerle por los granos de arena que aporta para la vigencia del género con sus discos solistas así como su presencia en proyectos como UNIFAUN y AGENTS OF MERCY. Lo que no podemos agradecerle en este caso específico es el que no dé para nada la talla en el canto de ‘Eleventh Earl Of Mar’ – aunque sí se ve simpático fumando una pipa al inicio con actitud rimbombante, aludiendo al trágico protagonista de la canción, John Erskine, el conde cuya torpeza hizo fracasar la Rebelión Jacobita de 1715 –, o para ser más precisos, en casi todo el tema hace una labor que fluctúa inanemente entre lo insustancial y lo espantoso. El hecho es que Sylvan pelea sin éxito por plasmar con fluidez y solvencia a los pasajes más intensos del canto: en lo que respecta a los instrumentistas, todos son impecables, especialmente Townsend con su eficaz labor de intermediario entre los teclados de King y la guitarra de HACKETT. Eso sí, Sylvan se reivindica solventemente con ‘One For The Vine’, esa fastuosa composición de Banks donde se relata el círculo inapelablemente vicioso de la vida que nos lleva desde el desencanto ante las cosmovisiones dominantes hasta la conversión de nuestra visión rebelde en otra cosmovisión ulterior. El cantante ahora se porta muy bien y el ensamble realiza un tributo muy bien logrado de la versión original: claro está, es un momento para el brillo particular de King. 

  

Con la ilación de la ‘Acoustic Improvisation’ y ‘Blood On The Rooftoops’ (uno de los últimos aportes compositivos que nuestro héroe dio al legado de GENESIS) llegamos al momento más relajante e introspectivo de la noche. Antes de llegar a la bellísima introducción de guitarra clásica de esa sexta canción del “Wind & Wuthering”, HACKETT aplica unas citas breves de ‘Cavalcanti’ y ‘Black Light’, y ya cuando llega el turno apropiado de la canción, O’Toole se hace cargo de la primera voz, algo que ha venido haciendo desde el tiempo de su ingreso en la banda de apoyo de HACKETT (a inicios del milenio). Lo hace muy bien, siempre le ha salido muy bien y siempre le ha dado una musculatura especial a los estribillos. La dupla de ‘In That Quiet Earth’ y ‘Afterglow’ es manejada con majestuosamente arraigada solvencia por los músicos, siendo así que King respeta fehacientemente los despliegues arquitectónicos de las partes de teclado mientras que HACKETT le da un viraje un tanto furioso a su solo. Sylvan vuelve al frente para la cándida y dulce balada post-apocalíptica ‘Afterglow’: se le nota más cómodo que en ‘Eleventh Earl Of Mar’ pero su intervención para las últimas líneas nos hace preguntarnos si no hubiese sido mejor dejarle la labor nuevamente a O’Toole pues el estribillo final le tiene un poco abrumado, bastante abrumado para ser más exactos. En fin… así se hicieron las cosas esa noche y así quedan plasmadas en este documento audiovisual. Paso a lo que sigue. Es innegable la perfección e indudable la magnificencia con la que el bloque aborda a dos piezas con tanta fuerza de carácter musical como son ‘Dance On A Volcano’ e ‘Inside And Out’. La canción que abría “A Trick Of The Tail” (el primer disco de GENESIS como cuarteto) exhibe aquí sus galones de fastuoso rebuscamiento prog-sinfónico y lo mismo hace esa otra canción que quedó fuera del disco homenajeado de la noche. HACKETT siempre ha declarado un profundo amor por esta canción y ésta era una ocasión imperdible para reivindicarla plenamente sobre el escenario: el lirismo limpio y melancólico de la sección cantada obedece al patrón Genesiano que se había remodelado tan solventemente desde el año 1972 mientras que el intensamente colorido despliegue instrumental de la segunda parte, alimentada por tenues vibraciones latinas, exhibe una vitalidad que para entonces ya estaba plenamente madurada en esta demasiado breve época de cuarteto. La alternancia entre los oleajes arquitectónicos del solo de sintetizador y la señorial vivacidad del solo de HACKETT son los vehículos perfectos para el debido realce de los grooves y las bases armónicas que se instalan de buenas a primeras en esa segunda  sección. Enorme canción que HACKETT ha rescatado de un injusto segundo plano dentro de la historia oficial de GENESIS. En ‘Inside And Out’, Sylvan nos vuelve a sonar tan irregular (no necesariamente fatal) como en ‘Afterglow’... pero bueno, cosas de la vida.

  

Nos queda siempre claro que un clásico inmortal de GENESIS y una de las composiciones más celebradas de Banks y Rutherford es ‘Firth Of Fifth’, canción cuya tajante generosidad en grandilocuencias melódicas parece que siempre encuentra un cobijo perfecto en cualquier lugar donde toquen HACKETT y sus compañeros de viaje. Esta vez no fue la excepción y King volvió a brillar con luz propia en medio de la arquitectura colectiva. Cuando llega el turno para una nueva demostración de y la rotunda magnificencia de ‘The Musical Box’, al igual que en los casos de ‘Dance On A Volcano’ y ‘Firth Of Fifth’, no se brinda al público nada nuevo siempre viene bien como parte del repertorio de un show de HACKETT y sus compañeros de turno. Beggs se comporta a la perfección como compañero guitarrista de HACKETT y Sylvan muestra su dominio de esta parte del catálogo histórico de GENESIS. Su dominio escénico viene muy bien cuando llega la hora del culmen satírico y robusto que termina a lo BEETHOVEN. ‘Los Endos’, al ser ejecutado con un vigor tan especialmente vibrante, sintetiza y capítaliza las esencias majestuosas de las cinco piezas que le precedieron. Se incluyen extractos de ‘Myopia’ y ‘Slogan’ (piezas del “Till We Have Faces” y del “Defector”, respectivamente) en el esquema de juego que emplea el bloque instrumental, lo cual añade punche a una exhibición rockera que de por sí suena bastante aguerrida y rebosante de arrolladora incandescencia, algo totalmente cañero hasta que tiene que llegar el epílogo ceremonioso y medio cósmico que todos conocemos. Los vítores finales del público reflejan muy bien la comunión permanente que se ha venido afianzando entre los músicos y la gente congregada en el auditorio: una jornada exitosa fue esta de Birmingham. Pero hay algunas cosas más de gran interés en el doble DVD además de este concierto. Hay un documental ‘Behind The Scenes’ y sendos vídeo-clips para las canciones ‘Behind The Smoke’, ‘Fifty Miles From The North Pole’ y ‘West To East’, todas ellas procedentes del disco “The Night Siren”.


El documental, filmado en los preámbulos, el ínterin y el final del concierto, se centra en entrevistas a los diversos integrantes de la banda, siendo así que HACKETT muestra su agrado por el hecho de que “The Night Siren” haya obtenido altas ventas en varios países de la Europa Continental y también por el hecho de que “Wind & Wuthering” es un disco que preserva una personalidad intemporal y actual a través de sus largas 4 décadas de existencia. King se muestra complacido con el ethos de trabajo musical que mantiene desde hace muchos años con HACKETT tanto en los estudios de grabación como en los escenarios, mientras que Sylvan confiesa que un sueño hecho realidad el dedicarse profesionalmente a la música al 100%, alternando etapas como parte de la banda de HACKETT con otras dedicadas a sus discos solistas y otros proyectos grupales. También aparece Jo, la esposa del maestro HACKETT, contando un par de cosas sobre cómo ella está pendiente de que todo vaya bien en los recientes proyectos de su esposo. O’Toole y Townsend son los más chistosos en las entrevistas tras bambalinas mientras que Beggs adopta una actitud más seria, mostrando su orgullo por formar parte de la banda: de hecho, designa explícitamente a HACKETT como el señor que porta la esencia más real del legado de GENESIS, música con la que él creció y a la que considera como una muestra muy importante del arte,  algo que seguirá siendo crecientemente importante a lo largo de los tiempos venideros. John Hackett habla de lo emocionante que fue para él tocar para la canción ‘Serpentine Song’, lo extrañi y, a la vez, vibrante que fue volver al escenario como músico de apoyo de su hermano tras muchos años de ausencia sobre los escenarios. Por otro lado, los vídeo-clips se centran en imágenes digitalmente estilizadas de paisajes cinematográficos intercalados con la presencia de HACKETT tocando su guitarra de turno. Todo esto fue “Wuthering Nights: Live In Birmingham”, una experiencia intensa e intensiva de lo que fue la labor de STEVE HACKETT durante el pasado año 2017, una labor permanente de reivindicación de su obra solista y revitalización de la esencia histórica de GENESIS. Muchos de los temas de la época 76-77 de este grupo así como de sus discos más recientes han seguido siendo parte del repertorio constante de su actual gira de este año (la misma que tuvo su sección latinoamericana en el primer tercio del año). STEVE HACKETT y sus compañeros de viaje saben cómo llevarnos una y otra vez por territorios conocidos (con algunas sorpresas incorporadas por aquí y por allá) mientras mantienen la excitación y la altivez esenciales de uno de los paradigmas más definitorios del rock progresivo británico.



Muestras de “Wuthering Nights: Live In Birmingham”.-
Behind The Smoke [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=IkjNNClccOI
Fifty Miles From The North Pole [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=BjW6JLXu7wQ

Monday, July 30, 2018

SIMON FITZPATRICK: revisión progresiva de un clásico viaje interplanetario



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da el turno – bastante tardío, valgan verdades – de presentar en este blog el disco del vituoso bajista-Stickista británico SIMON FITZPATRICK “The Planets Suite”, el cual fue publicado en abril del 2016. Tal como lo indica su título, se trata de una adaptación progresiva de esa gran obra del maestro inglés GUSTAV THEORORE HOLST que es la inmortal suite Los Planetas, Op. 32, una obra de siete partes que le tomó desde 1914 hasta 1916 completar, y cuyo estreno tuvo lugar en el 9 de setiembre de 1918 en el Queen’s Hall de Londres. Pues bueno, lo que hace FITZPATRICK aquí es revisar y redimensionar la riqueza lírica y las grandilocuentes atmósferas esenciales de esta gran obra armado de un arsenal de bajos eléctricos, el Chapman Stick y un sintetizador Minotaur. “The Planets Suite” es su segundo trabajo fonográfico, sucediendo así a su disco del 2013 “Reflections”, el cual incluía versiones de piezas de música clásica e himnos rockeros de diversas épocas, además de un par de composiciones propias. FITZPATRICK, quien es un erudito de sus instrumentos en tanto egresado de The Institute Of Contemporary Music Performance en Londres, es principalmente conocido en el ambiente del rock progresivo como integrante de la banda de Carl Palmer (actualmente embarcada en la gira internacional ELP Legacy en homenaje póstumo de los fallecidos maestros Keith Emerson y Greg Lake), aunque de por sí tiene un amplio CV como músico de sesión y compañero de tour para muchas estrellas del rock, del pop y del blues (Dave Bainbridge, Kee Marcello, Joe Lynn Turner, Michael Hill’s Blues Mob, etc.). Este currículo también incluye al virtuoso guitarrista compatriota Paul Bielatowicz, quien también es su compañero en la banda del antes mencionado Carl Palmer. Bueno, vayamos ahora a los detalles específicos de “The Planets Suite”.



‘III. Mercury, The Winged Messenger’ inicia la secuencia del disco con poco menos de 4 minutos de pura excitación jovial y traviesa.  Toda la ingeniería de simétricos alborozos que se plasman en las líneas melódicas centrales a través de los vericuetos inherentes al desarrollo temático son ejecutados con espléndida magnificencia. Incluso en esos momento donde se impone una prestancia más sutil, las cuerdas elaboran su trayecto con una gracilidad que nunca puede contradecir a la aureola festiva que se impone por todos lados. A continuación sigue ‘II. Venus, The Bringer Of Peace’, tema que asume una prestancia más sobria, muchas veces internándose en atmósferas misteriosas pero siempre preservando una agradable calidez melódica portadora de un inmenso garbo. La saltarina vitalidad que fue rebosante en la pieza de inicios es ahora reemplazada por una serenidad que transita fluidamente entre lo plácido y lo sedoso. De hecho, se nota que en el largo pasaje que enfila el cuerpo central de la pieza, que los recursos de sutileza se van ampliando crecientemente de una forma meticulosamente sostenida. Para su epílogo, la pieza aterriza sobre un breve acento en el núcleo temático con el que se había iniciado todo. Con el arribo de ‘I. Mars, The Bringer Of War’, FITZPATRICK escoge poner un énfasis firme y compacto en la cadencia marcial sobre la cual se sostiene la que tal vez es la sección más afamada de esta obra de HOLST. El talante tenebrosamente impresionista del cuerpo central es manejado con inteligente obediencia a través de la espartana utilización de claves minimalistas al Stick. Las ceremoniosas vibraciones de las bases melódicas y el panorama general de la pieza se refuerzan continuamente en un imperioso señorío que se revela, en simultáneo, denso y cósmico: lo cósmico se realza en la coda que ocupa el último medio minuto. ‘IV. Jupiter, The Bringer Of Jollity’ se hace eco de la intensidad de la pieza precedente pero su espiritualidad es otra muy distinta, es un muestrario de esplendores vivarachos y extroversiones vivaces que se adornan apropiadamente con algunos pasajes signados por una clarividente potestad lírica. Dado el enfoque jazzero que FITZPATRICK le da al asunto, la jovialidad esencial de esta sección se convierte en una especie de campechanía estilizada. Poco antes de llegar a la frontera del segundo minuto, las diversas intervenciones de los instrumentos edifican una columna sonora contundente, tras lo cual sigue un momento un poco más contenido donde se realiza un preámbulo al retorno del cuerpo central.  



‘V. Saturn, The Bringer Of Old Age’ es la pieza más extensa del disco con sus 9 minutos de duración. En muchos sentidos, se puede decir que su talante misterioso y su señorío muchas veces reservado nos hacen recordar a la segunda pieza de este repertorio, pero hay aquí algo peculiar respecto a la espiritualidad tan taciturna y meditabunda que se impone con cautelosa firmeza. Cada nota parece brotar con altanera suavidad desde detrás de una cortina del más refinado terciopelo, cada ornamento armónico parece salir con sublime suavidad desde debajo de un manto de la más refinada seda hasta que nos damos cuenta, poco antes de llegar a la frontera del cuarto minuto y medio, que se está construyendo un crescendo majestuoso cuya cobertura relativamente minimalista nos tenía despistados con una insoslayable argucia. El clímax  del crescendo dura poco y tampoco es demasiado arrollador, pues FITZPATRICK decide que el talante misterioso inicial sea quien guíe la pauta global de la estructura temática en curso. Nos acercamos al final de la suite conceptual cuando llega el turno de ‘VI. Uranus, The Magician’, pieza que recibe buena parte del legado de ceremoniosa distinción que había signado al cuarto tema del álbum mientras retoma también algunas pistas de la serena plasticidad del segundo tema. Así, toda esta amalgama de cuerdas orquesta un refinado empaque de hidalga fosforescencia donde se combinan la autocomplacencia de la sabiduría mágica y la templanza de una reflexión metafísica. Azulada y espléndida, durando poco menos de 8 minutos, ‘VII. Neptune, The Mystic’ se encarga de cerrar el repertorio a lo grande, proyectando y confeccionando una síntesis entre el salero vivaracho de ‘Mercury’, la serenidad sigilosa de ‘Saturn’ y la hechicería estilizada de 
‘Uranus’, estableciéndose así un poderoso encuadre melódico donde la ley de lo refinado impone su norma de belleza sofisticada. La confluencia de grisáceas capas de sintetizador y virtuosos fraseos de bajo evocan imágenes de un mar galáctico que recrea cautivadoras variantes en su cúmulo de mareas expresivas.



Todo esto fue lo que el genio musical de SIMON FITZPATRICK ideó para su propia redefinición de lo que puede ser el legado de “The Planets Suite” en este contexto de sistemática revitalización en el discurso del rock artístico. Se trata, con toda certeza de nuestra parte, de un disco altamente recomendable porque, en él, FITZPATRICK ha sabido darle un giro interesante a una de las obras más habitualmente visitadas por las figuras históricas del rock progresivo, reformando su inherente majestuosidad y su relevante variedad de atmósferas con un arsenal poco abundante. ¡Muy bien hecho, señor!


Muestra de “The Planets Suite”.-
III. Mercury, The Winged Messenger: https://www.youtube.com/watch?v=H_TJc5f_urY

Saturday, July 28, 2018

La estupenda aventura neoyorquina de WEINBERG, LEGUÍA y WALTER


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy es el momento de presentar un disco muy especial, uno que recoge una actividad de improvisaciones experimentales por medio de la triple asociación de los músicos SAM WEINBERG [saxofón tenor], TETÉ LEGUÍA [bajo preparado] y WEASEL WALTER [batería]: dos estadounidenses y un peruano. Esta actividad que se realizó en el mes de julio del 2017 durante un viaje de LEGUÍA a Nueva York, en el Brooklyn Navy Yard. El sello peruano Buh Records se hizo cargo de la producción física del CD en la segunda mitad del pasado mes de mayo, titulándolo simplemente “Weinberg / Leguía / Walter”. El propio WEINBERG se hizo cargo del arte gráfica del disco. Las tres piezas contenidas aquí tienen también títulos muy sencillos: ‘1’, ‘2’ y ‘3’, ocupando en total un espacio de 39 minutos. WEINBERG es un veterano del free jazz, la musique concrète y la improvisación de formas libres, mientras que su compatriota WALTER es un multi-instrumentista que se mueve versátilmente en las áreas del punk-jazz, el avant-metal, el free jazz y el noise rock a través de su paso por bandas como THE FLYING LUTTENBACHERS, CELLULAR CHAOS, BEHOLD... THE ARCHTOPUS, además de haber colaborado con una miríada de figuras de la avanzadas jazzera y rockera. Aquí, él se centra en la batería. Por su parte, LEGUÍA es un joven prodigio bastante curtido en las escenas del jazz, la fusión contemporánea (como parte de la banda de MANONGO MUJICA, por ejemplo), la improvisación y la musique concrète, siendo así que buena parte de su trayectoria como bajista consiste en explorar sus diversos formatos preparados con el empleo de utensilios y efectos ruidistas. Es una combinación totalmente natural la que se produce en el encuentro de estas tres mentes creativas, sin duda alguna... y vamos ahora a los detalles de lo que se nos muestra en “Weinberg / Leguía / Walter”.

‘1’ dura poco menos de 14 ¾ minutos, resultando ser el viaje musical más extenso de este repertorio. Todo empieza de inmediato respecto a los efluvios dramáticamente histéricos del saxofón, los no menos dramáticos estallidos caóticos de la batería y los flotantes efectos cósmicos del bajo: es como una tormenta que emerge de la nada, sin una causa gradual como sustento, simplemente imponiéndose brutal y robustamente sin un mecanismo arquitectónico de por medio. A partir de la frontera del cuarto minuto y medio, el tropel empieza a encontrar una especie de foco a través del irrefrenable ímpetu deconstructivo que impone sin piedad su autoridad sónica: el bajo se focaliza particularmente en explorar las alteraciones más agudas de sus cuerdas, llegando incluso a conquistar un breve momento de protagonismo cuando el saxofón se echa momentáneamente hacia atrás. Poco antes de llegar a la frontera del noveno minuto y medio, el ensamble crea un momento de expectante solipsismo mientras la batería se queda provisionalmente detenida: eso no es sino el preámbulo de un último ataque signado por el fragor deconstructivo de siempre, pero esta vez la cosa parece adquirir un tono extravagantemente celebratorio, lo cual se debe principalmente al modo en que el bajo incrementa su punche con la finalidad de hacerle frente ladinamente al saxofón. Cuando llega el turno de ‘2’, el ensamble remodela el nervio deconstructivo y agitado de la primera pieza para llevarlo a extremos mayores de talante surrealista. Esta vez, la batería asume la iniciativa de tantear la primera estrategia sonora del momento para el bloque general, el cual solo tarda unos pocos segundos en desplegar incendiarios síntomas de histeria sonora atravesados por un belicoso dadaísmo. En una firmemente instalada combinación de cerebral vehemencia y aleatoria aspereza, los instrumentistas van desarrollando juegos de desafíos interconectados con reglas libres; cada instrumento está concentrado en una labor de acecho de algún fuego interior mientras se mantiene atento a los enérgicos efluvios emanados por los otros dos. Poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto, el fragor desciende un poco aunque la tensión permanece imbatible. El asunto se va encaminando hacia lo etéreo hasta el punto de que el enfoque abstracto en curso se va tornando cada vez más nebuloso: todo concluye en un ambiente de neurótico reposo y un golpe final al borde de uno de los tambores. 

Ocupando los últimos 11 minutos y pico del repertorio, ‘3’ se orienta hacia una recapitulación de la garra implacable que había signado a la segunda mitad de ‘1’, dándole incluso una consistencia más combativa. Esta vez se nota que el saxofón es el instrumento protagónico dentro de la belicosa parafernalia que hace del caos su oxígeno que le permite sobrevivir en medio de las crueles llamas que consumen y reconstruyen imparablemente el incendio sonoro en curso. Bien se puede bautizar a esta última pieza del disco como la que más enérgicamente encarna la mezcla de free jazz y vanguardia deconstructiva que el trío ha proyectado para este disco. Así concluye esta compleja y vitalista aventura musical de los Sres. WEINBERG, LEGUÍA y WALTER, una estupenda aventura neoyorquina cuyo registro físico sabrán apreciar con sumo deleite los amantes del ideario posmoderno de la música contemporánea y, en general, los apreciadores de la idea de música como esquema cerebralmente abierto a la incertidumbre creativa.


Muestra de “Weinberg / Leguía / Walter”.-
‘1’: https://buhrecords.bandcamp.com/track/01-2

Wednesday, July 25, 2018

NIM SADOT y un cuarteto que dignifica el actual escenario de la avanzada jazz-rockera



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy llega el turno de presentar el disco “Nim Quartet” del músico NIM SADOT, residente en Londres; como bajista y compositor, SADOT lleva bastantes años cultivando una modalidad de jazz-rock contemporáneo que incorpora elementos progresivos, psicodélicos y de nu-jazz a su inteligentemente ecléctico enfoque artístico. El título del disco se corresponde con este proyecto de cuarteto que se completa con el teclista Hamish Balfour, el trompetista Nick Walters y un baterista que a veces puede ser Laurie Lowe y, en otras, Yuval “Yuba” Wetzler. En un tema del disco, el baterista es Bence Bolygo; también aparecen como invitados ocasionales el violinista Mei Segev y el armonicista Graham Pike. La publicación de este material data de la primera mitad del pasado mes de enero, siendo así que sus elegantes e imponentes despliegues de gran personalidad estética lo convierten en un ítem sumamente importante para el afianzamiento del jazz contemporáneo. Bueno, veamos ahora los detalles de “Nim Quartet”.



Durando 6 minutos exactos, ‘John’ abre el repertorio ostentando una espiritualidad serena que se siente genuinamente etérea, casi como absorbida por una leve niebla otoñal. Mientras el bloque instrumental va exhibiendo sus vibraciones espirituales con un lirismo sobrio, nos damos cuenta que la parquedad de los primeros segundos no tarda en abrir paso a una luminosidad más definida, aunque siempre permaneciendo fijamente encuadrada en lo otoñal. Luego sigue ‘Woodo 3’, pieza encargada simultáneamente de ahondar en la herencia de climas etéreos del prime tema mientras desarrolla un fulgor sonoro más amplio: lo segundo se nota en la aureola más extrovertida que dirige las expresividades de los sucesivos solos de trompeta y piano que van surgiendo a lo largo del camino, mientras que lo primero se nota en los pasajes donde la batería se detiene para dejar que las capas de teclado ocupen el espacio central del desarrollo temático en un interludio estratégico. El tercer tema del disco se titula ‘Ima’ y es el más extenso del mismo con sus poco más de 8 ¼ minutos de duración. El pasaje inicial de piano solo se engarza con la labor que el propio piano hacía en las instancias finales del segundo tema: cuando emerge el cuerpo central, recibimos el groove más llamativo del disco hasta ahora, al menos, durante los primeros cuatro minutos y medio. A partir de entonces, la pieza vira hacia una atmósfera melancólica e introspectiva, siendo así que las frases de la trompeta y las contenidas líneas del bajo se encargan de encuadrar el recto equilibrio entre la libertad flotante del desarrollo melódico y el swing reciamente calmado sobre el que ahora reposa la instrumentación global. La pieza termina como empezó, con un solo de piano, pero esta vez el instrumento ostenta una aureola crepuscular, a diferencia del solo inicial, que más bien parecía anunciar la inminente plenitud de un fabuloso amanecer. Tal vez éste ha sido el paisaje sonoro retratado por esta bella pieza, el tránsito del día a la noche con un preludio de alba y un intermedio de atardecer. Definitivamente, esta pieza presenta un culmen definitivo del álbum. 

Cuando llega la hora de ‘MTB’, el ensamble retoma su faceta más extrovertida y, de hecho, empieza a elaborar recursos de auténtica exuberancia bajo un clima contagiosamente expresionista. Los solos de sintetizador se dejan llevar por su propio esplendor inherente mientras que la dupla rítmica exhiba una soltura tremendamente llamativa. Bajo el amenazante título de ‘Obey The Fist’ emerge una pieza aún más vitalista que la precedente, siendo así que el bajo asume un rol más explícitamente virtuoso que en cualquiera de los temas anteriores dentro del repertorio. Por supuesto, la trompeta sigue abriéndose campo para sus oportunos lucimientos bajo las pautas trazadas por el colectivo sonoro, y también volvemos a disfrutar de nuevas oportunidades de lucimiento para el sintetizador. Con la dupla de ‘Children’s Crusade’ y ‘Good Cat, Bad Cat’, el ensamble se dispone a seguir expandiendo su bien definido núcleo estilístico tras haber abierto las puertas de la jovialidad y la vivacidad. Así, ‘Children’s Crusade’ recoge con elegante sobriedad el legado de colorido sonoro recibido del crescendo elocuente expuesto en la cadena de las tres piezas precedentes y lo utiliza para volver, con renovadas reglas de juego, al mundo de lo reflexivo y lo introspectivo. El peculiar sonido de la armónica y el bello solo de piano eléctrico en los que se centran los dos primeros tercios de esta pieza dejan el terreno preparado para que el bajo de SADOT nos obsequie un impresionante solo de tenor evocativo antes de que regrese la armónica para la conclusión del motif central. Por su parte, ‘Good Cat, Bad Cat’ nos transporta hacia una cruza entre los WEATHER REPORT de la fase 1976-80 y el legado del Canterbury a través de los modelos de GILGAMESH y NATIONAL HEALTH. Esta dupla conforma conjuntamente el testimonio perfecto de lo más estilizado y lo más elocuente que late dentro de las esferas más consistentes dentro del área estilística del ensamble; la importancia de este testimonio se asienta en su transición interna de lo introvertido a lo extrovertido. esta dupla conforma, como no podía ser de otro modo, el cénit definitivo del álbum. Cierra el álbum ‘This ‘N’ That’, pieza que se caracteriza por explorar un groove funky a la vieja usanza (no ajena a la tradición de los nuevamente mencionados WEATHER REPORT) pero con matices contemporáneos que se emparentan con el paradigma de eso que se ha dado por llamar nu-jazz.


“Nim Quartet” es, ante todo, un disco excelso y radiante, un disco que exuda lozanía y fuerza de carácter sin apelar en ningún momento a esquemas sonoros que puedan cabalmente describirse como filudos o agresivos. NIM SADOT no es ningún novato en el negocio musical pero se siente como nueva y muy fresca esta música que ha creado para el cuarteto cuya propuesta hemos disfrutado una barbaridad. Ojalá broten más obras de este ensamble en el futuro próximo: por lo pronto, refrendamos a “Nim Quartet” como un ítem apropiado para sibaritas de la vanguardia jazzera y la escena progresiva de proyecciones eclécticas.


Muestras de “Nim Quartet”.-