Thursday, January 05, 2017

DAVID CROSS BAND: bajo un nuevo signo


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos en nuestras manos el más reciente trabajo fonográfico de la DAVID CROSS BAND, titulado “Sign Of The Crow” y publicado a inicios de agosto del pasado año 2016 por el sello Noisy Records. Por supuesto, se trata de la banda de David Cross, el nunca olvidado violinista-violista-teclista del KING CRIMSON de la etapa 1972-4. Acompañan a Cross en este discoMick Paul [bajos con y sin trastes], Paul Clark [guitarras eléctricas y acústicas de 6 y 12 cuerdas], el vocalista Jinian Wilde, el baterista Graig Blundell y el teclista Alex Hall. En realidad, Hall solo toca en tres de las nueve piezas del catálogo de “Sign Of The Crow” pero no aparece registrado en los créditos del disco como mero invitado, e incluso está presente en las fotos del interior. Las partes de teclado de las demás canciones están repartidas entre el jefe, el Sr. Cross, Paul y Clark; de hecho, estos tres se encargaron de producir y componer conjuntamente el material del disco. Todos los acompañantes del violinista estrella provienen de las escenas del neo-prog y del prog-metal, así que él sabe muy bien lo que quiere: gestar vibraciones renovadoras y modernas para su eterna visión progresiva del rock. Cross no es el único sobreviviente de esa fase de KING CRIMSON que aparece aquí: también está el letrista Richard Palmer-James, quien aporta su oscura y cínica poesía a los siete temas cantados del álbum. La verdad es que “Sign Of The Crow” fue un disco que tomó un par de años en realizarse a través de intermitentes labores de grabación, pero como el ensamble ha pasado bastante tiempo tocando sobre los escenarios, la cosa fluyó muy bien hasta llegar a este resultado final. De hecho, han pasado nada menos que 11 años desde el anterior disco de estudio de David Cross y su banda de apoyo, “Closer Than Skin”... pero bueno, tampoco estuvo desocupado pues ha grabado discos a dúo con ROBERT FRIPP y como invitado especial de los STICK MEN. Centrémonos ahora en el repertorio de “Sign Of The Crow”, ¿vale?



Durando poco menos de 6 minutos, ‘Starfall’ abre el disco con un rotundo despliegue de fulgor muscular. Con el manejo de complejos esquemas rítmicos para sostener el desarrollo temático y la patente prioridad de síncopas en el groove general, la canción garantiza solventemente el posicionamiento de su sofisticado vigor inherente, erigiéndose así como una espectacular apertura para el álbum. Aunque su presencia no es absorbente, el violín sabe enseñorearse dentro de la armazón instrumental en cada una de sus intervenciones. A continuación sigue el tema homónimo, el mismo que elabora una continuación del fragor y el groove protagónicos en la primera canción, incluso potenciándolos hasta el punto de coquetear abiertamente con estándares prog-metaleros. Eso sí, la inmanencia de una espiritualidad oscura en los desarrollos temáticos y el empleo de ingeniosos solos de sintetizador a lo largo del camino impulsan una voz propia dentro de este contundente ejercicio de música progresiva pesada. La letra es muy elocuente, y como ejemplo citamos este pasaje: “All our decisions are heart-rending, / our departures are long. / All our adventures find no ending / and our compass is wrong.” El turno de ‘Crowd Surfing’ es uno de capitalizar el punche abiertamente predominante en el esquema de trabajo grupal y llevarlo hacia una dimensión más directa y visceral, aunque en lo absoluto estamos hablando de una canción simplona y ramplona. Tanto en las líneas vocales como en las base de violín se nota el matiz arábigo que delinea el núcleo temático, lo cual resulta muy efectivo a la hora de motivar refrescantes aires exóticos al asunto rockero en curso. 

Con sus poco más de 9 minutos de duración, ‘The Pool’ resulta una de las canciones más extensas del disco, y de paso, aporta una aureola de serenidad espiritual que se siente muy oportuna tras el imparable vendaval de impetuosidad rockera que nos trajo la secuencia de los tres primeros temas del disco. Ahora en ‘The Pool’, una canción relativamente sencilla en su estructura compositiva, Cross y sus secuaces nos brindan una balada progresiva netamente marcada bajo el estándar de la tradición sinfónica, a medio camino entre GENESIS y PINK FLOYD. Clark gesta uno de sus mejores solos de guitarra del álbum mientras que las bases de teclado efectúan una eficaz labor de arropamiento del desarrollo melódico en un clima envolvente; de este modo, el terreno queda debidamente preparado para que el próximo solo de Cross exorcice a los fantasmas de la faceta melancólica del Id. ‘Raintwist’ es el primero de los dos instrumentales que forman parte de “Sign Of The Crow”. Centrado en un medio tiempo y manejado con una vibración rockera mesurada, el tema en cuestión nos abre puertas hacia una excitante cruza entre los mundos del PORCUPINE TREE de los cuatro últimos discos y el multívoco universo Crimsoniano (no estamos pensando tanto en el mismo KING CRIMSON sino en el modelo de los STICK MEN). El resultado final es tan épico como refinado. El otro instrumental porta el muy sugerente título de ‘Water On The Flame’. Durando poco menos de 5 ½ minutos, ostenta una naturaleza atmosférica y volátil a lo largo del desarrollo de su tremendamente lírico motif. Entre estas dos piezas si sitúa la ilación de ‘Spiderboy’ y ‘Mumbo Jumbo’. ‘Spiderboy’ regresa de lleno a la vitalidad electrizante y sofisticada de las dos primeras canciones del disco para la elaboración de su cuerpo central, pero los momentos del lucimiento de los solos de violín cuentan con una ambientación convenientemente sutil. ‘Mumbo Jumbo’, por su parte, exhibe la dimensión más grácil de la visión rockera hacia la cual se proyecta el grupo, esta vez con un talante situado a medio camino entre las tradiciones de LED ZEPPELIN y el KING CRIMSON del periodo 73-74, junto a los consabidos factores del lenguaje prog-metalero. 


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Durando 9 ½ minutos, ‘Rain Rain’ es la canción más larga del disco y también es la que le da cierre. Su esquema de trabajo se enfila seria y convincentemente por el sendero de limpio lirismo que antes se había reflejado cabalmente en ‘The Pool’, pero esta
vez la faceta introspectiva está estratégicamente matizada en su combinación con otras atmósferas más sueltas y gráciles: de hecho, se respiran más aires de calidez y optimismo a lo largo de los atractivos desarrollos melódicos diseñados para la ocasión. 
Otra de las muestras más inspiradas de la poesía de Palmer-James se hallan aquí: “Maybe somewhere above / while I am drowning here below, / sweet charity is happening / and life is long enough.” También es demoledor el párrafo final: “So notify Heaven / it’s raining in Hell / and nobody’s burning now. / No peace neverending, / no story to tell / as long as the rain comes down.” Un final impactante por todos los lados, un estupendo broche para un disco consistentemente fenomenal. Bien es verdad que uno puede tener sus momentos preferidos frente a los demás, y en nuestro caso reconocemos que en las dos primeras canciones, ‘The Pool’ y ‘Water On The Flame’ se encuentran los que a nuestros oídos son los pasajes y esquemas sonoros más robustos de “Sign Of The Crow”, pero en lo principal hay que apreciar e internalizar el repertorio que se abre entre nosotros como un todo íntegro de principio a fin, generoso en cuanto a la oferta de momentos estéticamente estimulantes. Con la DAVID CROSS BAND nuestro espíritu melómano está en buenas manos: agradecemos enormemente a los músicos involucrados por revelarnos esta inspiración que surgió bajo un nuevo signo.


Muestras de “Sign Of The Crow”.-
The Pool [radio edit]: https://www.youtube.com/watch?v=gyWRYXJq7QM

Tuesday, January 03, 2017

ALAN PARSONS y su proyecto sinfónico en una plaza colombiana


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión comentamos el DVD de THE ALAN PARSONS SYMPHONIC PROJECT “Live In Colombia”, el cual registra una actuación del grupo de Alan Parsons con el apoyo de la Orquesta Filarmónica de Medellín que tuvo lugar en el último día de agosto del año 2013 en el Parque Pies Descalzos de la susodicha ciudad colombiana. Esto del SYMPHONIC PROJECT es básicamente un eufemismo para resaltar el hecho de que THE ALAN PARSONS BAND actúa con la compañía de una orquesta. Este ítem recién fue publicado en mayo del año 2016, pero se puede decir que la espera valió la pena dado el despliegue de esplendor musical que tuvo lugar en esa ocasión. El DVD refleja fielmente la gran proyección brindada por la congregación de grupo y orquesta, así como la actitud receptiva del público asistente. Parsons, quien se divide entre los teclados y las guitarras acústica y rítmica, y además asume la primera voz a veces, está acompañado por Alastair Greene [guitarras solistas y acústica, coros y primera voz], Guy Erez [bajos y coros], Tom Brooks [teclados y coros], Danny Thompson [batería y coros], Todd Cooper [saxos alto y tenor, guitarra acústica, coros y primera voz], y cómo no, el leal P. J. Olsson a la primera voz y los coros, quien acompaña al grupo del Sr. Parsons desde el año 2002. La orquesta se porta a las mil maravillas bajo la conducción de Alejandro Posada, y además contiene al Coro del Estudio Polifónico de Medellín, el cual se luce en algunos momentos clave del evento. La calidad del audio encuentra un oportuno paralelo en la calidad del vídeo: es un DVD estupendo, claro que sí. También está a la venta en formatos de Blu-ray y en CD, siempre a través del sello Ear Music.


Pasando al repertorio en sí, el icónico instrumental ‘I Robot’ da el puntapié inicial a las cosas, como es lo usual en los conciertos de THE ALAN PARSONS BAND: claro, con la pompa y ceremonia del caso, ya la orquesta está instalada mientras cuatro de los instrumentistas de la banda van tomando sus respectivas posiciones, dejando el último momento para que el Sr. Parsons haga su ingreso al escenario bajo la entusiasta aclamación del público. Con el aura cósmica que envuelve al preludio de sintetizadores y el arreglo coral que ha de entrar a tallar posteriormente, esta pieza inaugural crea un muy efectivo ambiente majestuoso para el punto de partida. Olsson hace su primer acto de presencia con ‘Damned If I Do’, uno de los más notables ejemplos de combinación de estilización sinfónica y sensibilidad pop en el catálogo de THE ALAN PARSONS PROJECT. Por mucho tiempo esta canción ha sido la segunda de los conciertos de la banda, y lo mismo vale para ‘Don’t Answer Me’, que es cuando Parsons asume por primera vez el rol de primer vocalista en reemplazo de su amigo de la eternidad Eric Wooolfson. Lo que nos toma de sorpresa de una forma sumamente placentera es el popurrí de ‘Breakdown’ y ‘The Raven’, pues antes de que la primera termine se crea un momentum con la realización del fastuoso arreglo coral que le daba un dramático final a la versión original. Un pasaje particularmente esplendoroso del concierto, sin duda. ‘Time’ es un clásico infaltable – el primer hit de TAPP con Woolfson a la primera voz – que pone aquí la primera cuota de vulnerabilidad emocional, mientras que ‘I Wouldn’t Want To Be Like You’ nos expone las aristas más filudas de la tradición musical forjada por Alan Parsons y Eric Woolfson por más de 10 años. Este hit del álbum “I Robot” ve ampliada su magia esencial por vía de la inclusión de un estupendo solo de bajo a cargo de Erez, y claro está, la impoluta precisión del baterista Thompson cumple cabalmente el servicio de sostener el groove y mantener su vivacidad esencial. La verdad que este dúo rítmico se porta de las mil maravillas a lo largo del concierto pero incluso antes de llegar al final del DVD podemos sospechar razonablemente este éxito por lo que vemos en esta canción particular. 

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Por supuesto, el momento cumbre del concierto tiene que ser la suite entera de ‘The Turn Of A Friendly Card’, que es tal vez la composición magna por antonomasia dentro del canon de THE ALAN PARSONS PROJECT. Las partes primera y última son manejadas con los oportunos acentos sinfónicos del concepto primario, y además se incluye un solo de saxofón para la coda tras el de guitarra. Tal vez crea el inconveniente de quitar espacio al ensamble de cellos que sucede al de cornos, pero por otra parte, engrandece el esplendor lírico del solo de guitarra que le precede, convirtiéndose en un aliado melódico único. La sección instrumental intermedia ‘The Ace Of Swords’ ostenta un señorío mayúsculo, mientras que ‘Snake Eyes’ y el epílogo de la cuarta sección ‘Nothing Left To Lose’ ofrecen los momentos más aguerridos de la noche. Antes de esta celestial suite, la banda y la orquesta habían ejecutado una correcta aunque (desafortunadamente) reducida versión de ‘La Sagrada Familia’, la última composición épica del tándem Parsons-Woolfson. En el evento que comentamos aquí, esta composición preserva el núcleo de su belleza melódica pero los recortes no ayudan a replicar con toda la prestancia deseada el dinamismo dramático de la versión original. Una sorpresa mucho más lograda está encarnada en ‘Silence And I’: esta poderosa minisuite que cerraba la primera mitad del disco “Eye In The Sky” hace acto de presencia en el repertorio en este contexto tan idóneo en el que el grupo tiene a toda una orquesta a su disposición. El mismo Parsons presenta la canción señalando que es un privilegio poder ejecutar esta pieza donde los colores orquestales son tan pletóricos y tan esenciales. La ejecución es sublime, calcando a la perfección las vibraciones épicas de la versión original de estudio, culminando en una sobria coda tras el majestuoso solo extenso de guitarra que sucede al último párrafo. Olsson hace una buena labor reemplazando al canto de Woolfson, vale mencionarlo también. Con la ilación de ‘What Goes Up…’ y ‘Luciferama’ tenemos otro pasaje de vibrante comunión entre rock y ensamble académico. A pesar de la connotación abstracta que tiene cualquier pieza instrumental, este popurrí es tan vibrante que justifica el que Olsson y Cooper animen al público a bailar y batir palmas sin parar. Para el turno de ‘Prime Time’, el rock se erige en factor protagonista exclusivo. Además de extendidos solos de guitarra a cargo de un exultante Greene (también a la primera voz) disfrutamos de un bello solo de piano de ribetes jazzeros, y algo que no esperábamos, una cita de la famosa Tocata en re menor BWV 565 de JOHANN SEBASTIAN BACH diseñada para reinsertar el groove rockero de la canción. ¡Más de 7 minutos dura esta versión!

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Tras la falsa primera despedida de la banda llega el bis, el cual comienza con esa hermosa balada que se llama ‘Old And Wise’. Esta canción que exhibe una visión entrañable y candorosa sobre la irremediable fatalidad de la muerte crea otro momento de magia emocional: una mención especial debe ir para el vibrante solo de saxofón, pues aunque Cooper no formó parte de la grabación original (ése fue el maestro Mel Collins), él ha sabido apropiarse de la canción con solvencia. Y bueno, el perfecto punto final viene de la mano de la marchosa canción ‘Games People Play’, la cual marca un adecuado aire festivo para la despedida. Parsons y Olsson se alternan en la primera voz y sus lenguajes corporales muestran su gratitud para con el público por la buena recepción… bueno, todo el mundo que está en el escenario está contento. La idea de incluir pasajes orquestales para ‘Games People Play’ (como se hizo para ‘Eye In The Sky’) está bien lograda, y da buena onda ver cómo varios integrantes de la orquesta mueven sus cabezas al ritmo de esta canción. En el momento de la despedida definitiva al público, ALAN PARSONS y su gente añaden al director Posadas para la reverencia... y realmente merece ese lugar no solo por haber sido el aliado perfecto sino por haber demostrado su amor al legado de TAPP: tanto sus interminables sonrisas como su lenguaje corporal le delataban como genuino fan de la banda. Así concluye la experiencia de “Live In Colombia”, una experiencia hermosa para todos los melómanos que hemos seguido la trayectoria de THE ALAN PARSONS PROJECT y la atesoramos como parte importante de nuestras biografías. Bueno, en este caso, resulta más exacto decir que celebramos la iniciativa de THE ALAN PARSONS SYMPHONIC PROJECT.


Muestras de “Live In Colombia”.-
Silence And I: https://www.youtube.com/watch?v=o6o-1N4QoD0

Saturday, December 31, 2016

PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017



HOLA A TODA LA GENTE AMIGA DE AUTOPOIETICAN
¡¡PRÓSPERO AÑO NUEVO 2017 A TODOS!!

Para hacernos eco de esta temporada de danza y júbilo mientras celebramos los momentos alegres que tuvieron lugar en el año 2016 que ya se nos va y nos llenamos de expectativas optimistas y luminosas para el año 2017, nos ponemos a disfrutar de ‘In Dulci Jubilo’, una de las más dulces piezas que forman parte del amplio catálogo de MIKE OLDFIELD. Este tema fue lado A de un single que OLDFIELD publicó por sugerencia de los jefes de Virgin Records a mediados de noviembre de 1975, con miras a convertirlo en un éxito de ventas en temporada navideña, cosa que se cumplió efectivamente. El lado B estaba ocupado por la canción 'On Horseback', que todos conocemos por ser la coda del álbum "Ommadawn". Haciendo gala de sus dotes de multiinstrumentista, OLDFIELD toca en ‘In Dulci Jubilo’ guitarras eléctrica y acústica, piano, bajo, sintetizador Arp String y pandereta, haciéndose acompañara por Leslie Penning a la flauta dulce y el kortholt, y por William Murray a la tarola militar.


El buen OLDFIELD no es el autor original de esta pieza. De autoría anónima que se remonta hasta la Edad Media Tardía  (aunque algunas leyendas sostienen que el autor de la letra y la música era el místico del siglo XIV Heinrich Seuse bajo inspiración directa de unos ángeles cantores, en fin...), en su formato original tenía una letra que combinaba frases en latín con otras en alemán. Más tarde, en la primera mitad del siglo XVII, el maestro Johann Sebastian Bach compuso una cantata navideña (BWV 729) que usaba a la melodía principal de In Dulci Jubilo como preludio. La versiones inglesas más populares son la de John Mason Neale, bajo el título de 'Good Christian Men, Rejoice', y el arreglo vocal polifónico de Robert Lucas de Pearsall, ambas de la primera mitad del siglo XIX. La versión de MIKE OLDFIELD está fluida e ingeniosamente adaptada a la estructura y la vibración de una danza celta, festiva y colorida a su propia manera particular. Por supuesto, el sonido del solo de la guitarra eléctrica en el momento climático porta la mágica belleza que OLDFIELD ha convertido en prototipo dentro del gran universo del rock progresivo: líneas flotantes y contundentes donde se combinan titilación nostágica y lirismo cándido. 




    

EDENSONG: música desde un jardín de delicias progresivas


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos en nuestras manos el segundo disco de la banda estadounidense EDENSONG, titulado “Years In The Garden Of Years” y destacado como una de las obras mejor logradas de la producción progresiva mundial del año 2016. El conjunto está conformado por James Byron Schoen [guitarras y canto], Tony Waldman [batería, percusión, tambores gamelanos, tambor hang y canto], Stefan Paolini [teclados, tambor hang y canto], Barry Seroff [flautas] y T.D. Towers [bajo y canto]. Para el repertorio del álbum, el grupo contó con las adicionales participaciones ocasionales de los cellistas Eric Stephenson y Luna Sky, Malcolm Piper al canto adicional, y también con Adrian Belew (¡nada más ni nada menos!) al canto. Se trata de un disco excelso en cuanto a la inspiración melódica y con mucho músculo, el perfecto sucesor del disco debut “The Fruit Fallen” (del año 2008), el cual permitió a EDENSONG establecer su propio dialecto dentro del gran y diverso cosmos progresivo del nuevo milenio. Este grupo surgió de las cenizas del grupo prog-metalero ECHOES OF EDEN, el cual se mantuvo activo durante los 90s hasta su disolución durante el nacimiento del nuevo milenio. Schoen, siendo presa de un renacer musical en su mente y su corazón, decidió formar este nuevo grupo con la mente puesta en un esquema prog-sinfónico lo suficientemente ecléctico como para incluir también factores pesados, folclórico y académicos. La meta era llevar la idea de lo progresivo hacia una dimensión frontalmente épica: aunque son pocos los que quedan de la alineación que grabó aquel primer disco, el repertorio de “Years In The Garden Of Years” muestra abiertamente que la esencia artística de EDENSONG sigue intacta y con suficiente energía como para seguir cruzando los mares de su ideal estético con el viento a favor. Veamos ahora los detalles de este disco en cuestión, ¿vale?

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A través de la secuencia de títulos autónomos para casi todas las piezas que integran el álbum, cada una de ellas se presenta como una parte específica del concepto de “Years In The Garden Of Years”. Sin embargo, la canción que abre el álbum no es parte de dicho concepto y se titula ‘Cold City’. Ésta nos impacta de entrada con su poderoso y electrizante prólogo instrumental, el cual nos revela una curiosa mezcla de WHITE WILLOW, PORCUPINE TREE (en su faceta pesada) y CLIFFHANGER. Ya en las secciones cantadas, el grupo introduce notables elementos de prog-metal al esquema sonoro, añadiendo factores épicos al estilo de los inolvidables INDUKTI (y tal vez algo de ANTAHEMA). Las dos primeras partes del concepto se titulan ‘End Times In Retrospect’ e ‘In The Longest Of Days’, respectivamente: poco más de 10 ½ minutos de esplendor progresivo para nuestro total deleite. Íntegramente instrumental, ‘End Times In Retrospect’ tiene un cálido preludio de guitarra clásica y cello que pronto es reemplazado por un impetuoso cuerpo central en el que el prog-metal (DREAM THEATER, SHADOW GALLERY) se convierte en el ingrediente principal mas no exclusivo, pues también hallamos algún pasaje marcado por el mellotrón donde surge el paradigma retro-progresivo escandinavo y otro de tenor folk-progresivo. Por su parte, ‘In The Longest Of Days’ nos muestra una vitalista mezcla de los modelos de KARMACANIC y SPOCK’S BEARD. En algún momento gozamos de un solo de sintetizador muy a lo Tony Banks mientras el ensamblaje de guitarra, bajo y batería se mueve en un terreno intermedio entre la tradición sinfónica y el heavy prog de nuestros días. La tercera parte del concepto se titula ‘The Hollowed’ y no solo es una de las canciones más extensas del disco sino que también encarna una de sus máximas expresiones progresivas. En base a una bien perfilada combinación de atmósferas pastorales de tenor prog-folk, elementos renacentistas y recursos manieristas, el grupo gesta una estupenda faena. Alrededor de la frontera del sexto minuto, el grupo elabora, bajo a guía del piano y con relevantes colores aportados por la flauta y los cellos, el camino hacia un glorioso epílogo triunfal. Sin duda, el grupo recibe, en simultáneo, herencias de JETHRO TULL (77-79), MIKE OLDFIELD (78-80), YES y ANTHONY PHILLIPS.

‘Down The Hours’ sucede a las vibraciones coloridamente épicas de ‘The Hollowed’ con un inspirado ejercicio de alternancias entre pasajes extrovertidos e introvertidos, un ejercicio sólidamente instalado sobre complicadas armazones rítmicas. Los aires de familia con la banda compatriota ADVENT son fáciles de advertir, así como con la banda israelí CICCADA. En los pasajes donde se resalta el solo de guitarra, el bloque grupal se torna más aguerrido. Ya a estas alturas del partido estamos convencidos de estar disfrutando de uno de los trabajos progresivos más excelso del año. ‘Chronos’ es otra pieza particularmente extensa dentro del esquema del concepto de “Years In The Garden Of Years”, y en muchas maneras, sigue por el sendero de amables cromatismos de ‘The Hollowed’, pero esta vez el aspecto sinfónico resulta sólidamente afianzado y la batería ocupa un rol mayor en la armazón rítmica. Cabe notar que la batería utiliza algunos recursos jazzeros en el groove que crea, pero los mayores referentes estilísticos aquí son YES, PREMIATA FORNERIA MARCONI (de los discos segundo y tercero) y THE ENID, junto a la vitalidad retro de los THE FLOWER KINGS de los tres primeros álbumes. ‘Generations’ dura poco menos de 3 ¾ y resulta la canción menos larga del disco: su atmósfera es lánguida, casi minimalista, envuelta en ondulaciones sónicas psicodélicamente deconstructivas. Su aura obviamente tétrica es manejada con sutileza, como si el temor ante una indefinida novedad que está a punto de brotar fuese más imponente que el objeto de temor mismo. Pero lo que surge a continuación no es algo terrible sino señorial: se trata de ‘The Atman Apocalypse’, tercera pieza más larga del álbum cuyo esquema sonoro tiende puentes entre el prog-metal melódico (SHADOW GALLERY), el paradigma de EMERSON, LAKE & PALMER y la vitalidad lúdica de unos JETHRO TULL.


La octava y última sección del concepto se titula ‘Regenerations’, y básicamente se trata de una balada sinfónica con raigambre folk, bastante inspirada en su desarrollo temático y apropiadamente ornamentada con varios teclados para el fastuoso – y extenso – pasaje final. Esquemas del GENESIS del periodo 70-71 y del YES de la etapa 71-72 entran a tallar como poderosas fuentes de inspiración para la banda. Durando 6 ¼ minutos, ‘Yawn Of A Blink’ cierra el álbum, y es la segunda canción que no forma parte de la secuencia conceptual. Se trata de una pieza llamativa e intensa, dueña de un patente gancho melódico, y tal como sucedió en otras partes del disco, tiene un esquema sonoro enraizado en la encrucijada entre el prog-metal y la vieja escuela del prog sinfónico. Todo esto fue “Years In The Garden Of Years”, un robusto y consistente delicatessen progresivo que pone a los EDENSONG como parte importante de la élite sinfónico-progresiva estadounidense del nuevo milenio.


Muestras de “Years In The Garden Of Years”.-
Regenerations: https://lasersedge.bandcamp.com/track/years-in-the-garden-of-years-viii-regenerations

Wednesday, December 28, 2016

El bendito paraíso musical del FRED FRITH TRIO


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión tenemos el gozoso honor de traer a colación al ensamble llamado FRED FRITH TRIO, el cual incluye al guitarrista Fred Frith, al bajista-contrabajista Jason Hoopes y al baterista-percusionista Jordan Glenn: el motivo es su disco “Another Day In Fucking Paradise”. Frith es un héroe consumado cuyo impresionante y nutridísimo currículum incluye membrecías en HENRY COW, ART BEARS, MASSACRE, COSA BRAVA, etc., mientras que Glenn ya cuenta con bastante prestigio en la escena del jazz experimental como fundador de WIENER KIDS y Hoopes es un sesionista de gran envergadura. Dos generaciones unen sus mentes y corazones en este estupendo proyecto que es FRED FRITH TRIO… pero más allá de la autoridad que impone el nombre de Fred Frith dentro de la estructura formal de este ensamble, que quede muy claro que este grupo es, ante todo, un triunvirato. Grabado en los Sharkbite Studios de Oakland en enero del 2016 y mezclado dos meses después, este disco que tenemos ahora en nuestras manos fue publicado por el sello Intakt Records a mediados de este año, erigiéndose en una de las publicaciones más notables del 2016 en el área del jazz-rock de vanguardia. De hecho, la sinergia tan fabulosa entre los tres músicos se alimenta de su convivencia en el contexto de una intensa gira europea que tuvo lugar en el 2015. Veamos los detalles del repertorio de Another Day In Fucking Paradise”, ¿vale?


Con la secuencia de ‘The Origin Of Marvels’ y ‘Dance Of Delusions’ comienza el repertorio del disco: el trío comienza ensimismado y sigiloso bajo una aureola de enigmática abstracción para luego arrojarse a una danza que oscila entre el caos de las alucinaciones y la aleatoria libertad del surrealismo más lúdico. Acto seguido, ‘Poor Folly’ exhibe un ejercicio de lúcido dadaísmo, primariamente guiado por el extravagante cántico de Frith mientras la armazón instrumental se inserta en otoñales parajes sónicos que parecen anunciar un atardecer particularmente tenso en el Limbo. ‘La Tempesta’ cumple con la misión de trasladar el aún reinante ímpetu dadaísta hacia niveles de explosiva neurosis, una tempestad donde nuestros pensamientos más siniestros muestran su faz más cínica, mientras que ‘Glimmers Of Goodbyes’ pone un poco de calma en el ambiente pero no con un enfoque lírico sino más bien asumiendo un talante señorial para el viaje en clave de free-jazz que la agenda del trío impone par este momento particular. La estrategia operativa consiste principalmente en que Glenn y Hoopes organizan y deconstruyen continuamente sus diálogos mientras que Frith elabora texturas cósmicas y demás artificios flotantes. Algunos resabios de MASSACRE y de la faceta más osada de HENRY COW se notan aquí Durando 11 ½ minutos, ‘Yard With Lunatics’ es el tema más extenso del disco, y de paso, también uno de los más extrovertidos. Como si se tratara de la cosecha de la siembra plasmada en la ilación de las tres piezas precedentes, este monumental tema explora los variados recursos de fragor impetuoso, inasible misterio y lúdica neurosis que ya se han hecho presentes anteriormente, pero esta vez la ingeniería articulada por los tres músicos bajo la lógica de la libre impredecibilidad se siente genuinamente fastuosa. El primero de estos elementos explota al inicio pero pronto deja paso a los otros dos para que se adueñen del terreno a sus anchas.


Este esquema de trabajo necesariamente se traduce en la exigencia de un nervio más bizarro en los pasajes extrovertidos y una nobleza más grave en los pasajes donde predomina lo hermético. ‘Yard With Lunatics’ es, no nos cabe duda, una cima decisiva del disco, pero la pieza que sigue a continuación, titulada ‘Only Light And Shadow’, no le queda muy a la zaga, pues logra encapsular y potenciar el factor cósmico que el trío ha abrazado como uno de los recursos más llamativos de esta aventura. En efecto, los artilugios de la guitarra ostentan una mayor musculatura mientras la dupla rítmica diseña una arquitectura más sólida dentro de los irrenunciables parámetros dadaístas en los que se mueve tan gozosamente. La ilación de ‘The Sleep Of Reason’ y ‘Straw Men’ es otro punto álgido del disco: los tres músicos se ponen a jugar grácilmente por su cuenta mientras se disponen a buscar algún terreno común, y al encontrarlo, se asocian en un nuevo ejercicio de vitalismo deconstructivo. La actitud de desafío es evidente pero más lo es la de complicidad en un juego sin reglas bien definidas: en todo caso, el resultado es el matrimonio perfecto de free-jazz y psicodelia progresiva. En menos de un minuto y medio, ‘The Deserted Garden’ remueve la atmósfera y altera el ambiente con un filo renovado, lo cual prepara el terreno para que ‘Schlechtes Gewissen’ registre otra instancia de caos intenso y luminoso. El contrapunto entre los tensos retazos que el arco extrae del contrabajo y los fraseos metafísicos que la guitarra emana se sostiene firmemente sobre el majestuoso frenesí que impone la batería. La dupla de ‘Phantoms Of Progress’ y ‘The Ride Home’ cierra el repertorio: el primero de estos temas instaura el esquema más reconocible de todo el disco, sirviendo ello especialmente para el explícito lucimiento del contrabajo, así como para que la guitarra despliegue sus mayores recursos de vigor; por su parte, el segundo tema pone un broche travieso al virar hacia un compás que coquetea con cadencias latinas mientras la guitarra persiste en los ecos de su resoluto vigor.  


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Aunque el título del álbum hace alusión a un jod#%! paraíso, en realidad este disco es una bendición además de ser bals
ámico para los oídos y mentes de exigente sensibilidad vanguardista. Esto que han gestados los Sres. Frith, Hoopes y Glenn es un deleite estupendo de principio y fin, portador de un nervio y una vitalidad que no decaen ni por un instante: el FRED FRITH TRIO nos ha brindado una soberbia cátedra sobre cómo explorar variados matices de experimentación jazz-rockera dentro de un paradigma sólido y consistente. 
“Another Day In Fucking Paradise” no tiene pierde.



Muestras de “Another Day In Fucking Paradise”.-



Sunday, December 25, 2016

El 13er round de VAN DER GRAAF GENERATOR



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy es el día indicado para una reseña muy pero que muy especial. VAN DER GRAAF GENERATOR, esa gran personalidad que se instauró velozmente como una de las figuras campeonas más sólidas del ideal del rock progresivo desde fines de los 60s, vuelve al ring de la lucha de la vida para pelear su round #13; en efecto, el título de su recientemente publicado 13er disco es “Do Not Disturb”. Conformado por el trío de Peter Hammill [voz, guitarras y pianos], Hugh Banton [órganos, teclados, bajo, glockenspiel y acordeón] y Guy Evans [batería y percusión], el legado aún viviente de VAN DER GRAAF GENERATOR se mantiene sólidamente asentado como uno de los referentes más absorbentes del ayer y del hoy del movimiento progresivo. En entrevistas previas al lanzamiento de este nuevo disco, los integrantes señalaron que se trataba de uno de sus trabajos más técnicamente complejos de su trayectoria [veamos el enlace de la página Team Rock: http://teamrock.com/news/2016-06-28/van-der-graaf-generator-talk-technically-demanding-13th-album], y en verdad que estaban siendo totalmente sinceros al respecto. Grabado a fines de octubre del 2015, “Do Not Disturb” pasó por su proceso de mezcla y posproducción durante la primera mitad del 2016 para finalmente ser lanzado al mercado en el último día del pasado mes de setiembre. Veamos ahora los detalles de su repertorio.

  

Ya desde el inicio, de la mano de ‘Aloft’, se nota que el grupo alimenta con genuina fuerza el grosor sonoro con el cual ha ido conquistando la vitalidad que le exigía la situación de fungir como trío desde los tiempos del “Trisector”. La base temática es primordialmente reflexiva y serena, pero siempre hay campo abierto para que los quiebres de atmósfera y motif entren a tallar con miras al enriquecimiento del desarrollo temático. Así las cosas, Evans da cabal muestra de que en su estrategia jazzera cuenta con la herramienta perfecta para sustentar al esquema global de esta espectacular canción de apertura, especialmente con el empleo de factores de bossanova. El viraje que se da a poco de llegar a la barrera del cuarto minuto es simplemente grandioso: se nos regala un minuto y medio de envolvente gravedad. Si tanto gusto nos da que Evans se aferre a sus raíces jazzeras y que Banton se sienta tan libre para explorar texturas psicodélicas para potencializar las texturas y orientaciones emocionales que se aluden desde el núcleo compositivo en curso, pues con ‘Alfa Berlina’ nos espera aún más deleite. Esta balada irradia un aire de inquietante nostalgia mientras su núcleo temático recibe unos arreglos, tan sobrios como impactantes, de parte de un teclado que ocasionalmente irrumpe con ejercicios de mordiente minimalismo. ‘Room 1210’, por su parte, se impone con un señorial híbrido entre la tradición Vandergraafiana de la época 1975-6 y la faceta más majestuosa de la época 2008-11. Nos parece una pena que el interludio extrovertido no tenga mayor duración que la que se le otorgó, pero sin duda que es un recurso esencial para explotar la elocuencia latente de la canción con un efecto dramático. La primera canción netamente marchosa del repertorio es ‘Forever Falling’, y él se instaura sobre un groove lo suficientemente llamativo como para honrar el legado del rock’n’roll… aunque tratándose del trío que es, no esperemos algo obedientemente convencional. Junto a los estimulantemente perturbadores retorcimientos rítmicos que se sitúan en lugares estratégicos tenemos tremendo un viraje temático poco antes de llegar a la marca del minuto y tres cuartos: dicho viraje plantea un desarrollo vivazmente notorio antes de volver al motif inicial para armar un final contundente.  

 

‘Shigata Ga Nai’ (“no hay más remedio” en japonés) es tema instrumental caracterizado por un sombrío sentido de lo etéreo que gira en torno a la armazón de acordeón y glockenspiel elaborada por Banton: las inocultables vibraciones oscuras de este tema nos recuerdan un poco al paradigma del rock-in-opposition de UNIVERS ZERO, lo cual también nos lleva indirectamente a la referencia de la cámara modernista. Una sólida muestra de intensa sobriedad desde la cual lo minimalista muestra su propio fuego sutil. Como estableciendo un contrapunto tajante, emerge a continuación otra de las canciones explícitamente filudas del disco: ‘(Oh No, I Must Have Said) Yes’. Con su guitarra bien ubicada en el centro neurálgico de la instrumentación y un Banton creando una ingeniosa base de bajo para el inusual compás elegido para la ocasión, el trío exorciza en simultáneo los ecos de la vieja psicodelia y los estándares del rock duro clásico, sustentándose así un inquietante primer motif. Como las cosas nunca son normales en el peculiar cosmos musical de VAN DER GRAAF GENERATOR, a poco de pasada la barrera del segundo minuto y medio se da la inescrutable sorpresa de un viraje brusco hacia un clima jazzero donde Evans pasa a ser el dueño de la voz cantante. Con ese sofisticado agente jazzero que brota tan persistentemente de la ingeniería rítmica de un siempre soberbio Evans y el ulterior desarrollo de un electrizante solo de órgano a cargo de Banton (a medio camino entre lo gótico y lo expresionista), el rigor emocional y el vigor visceral con los que comenzó la canción reciben la savia de una renovada vivacidad. Las cosas vuelven un poco al predominio de lo introspectivo con el arribo de ‘Brought To Book’, pero el cuerpo central queda alterado un par de veces con perturbadoramente efectivos quiebres musicales signados por una arquitectónica intensidad. Soberbio como siempre el ingeniero Banton... y todavía le quedan un par de momentos de arrebatador lucimiento en lo que queda del álbum.  

 

La poesía de Hammill sigue siendo inspiradamente contundente y dueña de una lucidez psicologógica y humanista demoledora, tal como lo muestran estas líneas de ‘Brought To Book’: “Finally wearing history naked in my face / I’ll disclose the truth of what I’ve done, / reveal the lines I’ve spun in passing. / I will face up to the music / and with what breath’s left in my lungs / I’ll settle up the score and bid farewell to everyone.” También es notable este retrato de solitario ensimismamiento en ‘Room 1210’: “Time and event disappear / but every wall has ears / and the stories acrue. / Dimly, he notes spinning gears, / he’s one among the ghosts / whose lives have been spent in / Room 1210.” ¡Y cómo ignorar este testimonio de desencantada ansiedad en ‘Forever Falling’!: “Season by season we seek an agreement / beyond rhyme and reason, however estranged. / Meeting and greeting, our time here is fleeting. / Meanwhile we wheel around in an impression of dance.” Digno de un Nobel de Literatura, ¿verdad que sí? Volviendo a lo estrictamente musical, vemos que en el tema que porta el convulsivo título de ‘Almost The Words’, el trío se dispone a remodelar conjuntamente la magia introspectiva de ‘Brought To Book’ y el señorío de ‘Room 1210’, añadiendo algo de la espiritualidad grisácea de los últimos trabajos solistas de Hammill. En la instancia final, cuando la instrumentación acoge su máxima intensidad, Banton nos brinda el mejor solo de órgano del disco. Otro estupendo ejemplo de hibridación de la mejor etapa anterior del trío (08-11) con la etapa 75-76. Cierra el álbum una canción significativamente titulada ‘Go’. Con una parca letra que incluye las líneas “Time to leave, close the door, / you can’t believe you wanted more, / more or less, all for the best / in the end it’s all behind you” y una base instrumental marcada por un parsimonioso minimalismo, aquí se nos muestra la esencia misma de lo crepuscular. Los parcos ornamentos percusivos que entran a tallar con un talante sobriamente caliginoso enfatizan el aura elegíaca de este impactante broche del disco.  

Van Der Graaf Generator

En fin, todo esto fue “Do Not Disturb”, un testimonio de aceptación de la senectud por vía de nuevas expresiones para las inquietudes y preguntas de siempre sobre el sentido de la vida en general y el significado de cada vida particular. Cosas así son parte esencial del ideario musical de VAN DER GRAAF GENERATOR, quienes con este disco han conquistado el cénit hacia el cual apuntaban desde su reformación del decenio pasado, siempre fieles a su ideología estética marcada por una amalgama de estos tres elementos: el fuego de la pasión, el éter del intelecto y la luz de la osadía artística. Con ellos, los VDGG cuentan con armas lo suficientemente poderosas como para seguir siendo victoriosos en este 13er round de su intermitente combate contra los fantasmas del desgaste y el hastío.


Muestras de “Do Not Disturb”.-

Saturday, December 24, 2016

FELIZ NAVIDAD



HOLA A TODA LA GENTE AMIGA DE AUTOPOIETICAN
¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!

En esta ocasión el villancico que nos congrega es el primero que hizo la genial banda JETHRO TULL en un momento en que operaba virtualmente como trío tras la partida de Mick Abrahams y mientras Martin Barre estaba todavía por entrar en el horizonte del grupo liderado por Ian Anderson. Nos referimos, por supuesto, a ‘A Christmas Song’. Fue una de las primera canciones compuestas por Ian Anderson con la mandolina junto a ‘Fat Man’ y Love Story’: la primera de estas canciones habría de formar parte del glorioso segundo álbum de la banda Stand Up mientras que la segunda habría de ocupar el lado A de un single anterior, siendo el lado B justamente ocupado por el villancico sobre el cual estamos hablando ahora. El ítem se publicó a inicios de diciembre de 1968 y llegó a la posición #29 de la lista de sencillos del Reino Unido. Si la grabación de Love Story’ fue una labor grupal – la última con Mick Abrahams como integrante del grupo en cuestión –, la de ‘A Christmas Song’ supuso la primera grabación solitaria de Anderson, cantando, tocando la mandolina y un preludio de flautín. Los arreglos de cuerdas y percusiones orquestales ulteriores fueron aporte del entonces David Palmer (ahora Dee), arreglos que completan hermosamente el carácter solemne de la canción.

 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/thumb/4/42/Jethro-Tull-Love-Story.jpg/220px-Jethro-Tull-Love-Story.jpg

Solemne es ‘A Christmas Song’, y también cínica debido a que su talante retrata el desdén de Anderson por el aspecto comercial y superficialmente lúdico que el mercado moderno le da a las Fiestas Navideñas, traicionando con ello su espíritu original (y más noble) de reflexión, solidaridad y bonhomía en un contexto de seria espiritualidad. En una mezcla de irreverente picardía y surrealista jovialidad, el personaje cantor finalmente le pide a Papá Noel que le pase su botella de licor. Pero... ¿lo hace porque le podrá ayudar a mantener algo de calor corporal en medio de la nieve y la lluvia de fin de año?, ¿o es el simple y llano cinismo de un bebedor empedernido que no pierde ocasión para complacerse en su vicio favorito? 

Como interesante dato histórico dejamos constancia de que las primeras líneas de la canción están casi literalmente tomadas de una oda de autoría de la poeta Cecil Frances Alexander titulada ‘Once in Royal David’s City’, siendo así que ésta fue recogida junto a otras composiciones de varios autores en el volumen Hymns for little children, publicado por Miss Cecil Humphreys en 1848. Un año más tarde, el organista y compositor Henry John Gauntlett le puso música, y muy pronto pasó a convertirse en uno de los villancicos más célebres de la cultura popular inglesa.


    La letra original de ‘A Christmas Song’ es como sigue.-

Once in Royal David’s City stood a lonely cattle shed,
Where a mother held her baby.
You’d do well to remember the things He later said.
When you’re stuffing yourselves at the Christmas parties,
You’ll just laugh when I tell you to take a running jump.
You’re missing the point I’m sure does not need making
That Christmas spirit is not what you drink.

So how can you laugh when your own mother’s hungry?
And how can you smile when the reasons for smiling are wrong?
And if I just messed up your thoughtless pleasures,
remember, if you wish, this is just a Christmas song.

(Hey! Santa! Pass us that bottle, will you?)


    Y ahora ponemos la traducción al español.-

Una vez en la Ciudad del Rey David había un establo solitario,
Donde una madre tuvo a su bebé.
Haríais bien en recordar las cosas que Él más tarde dijo.
Cuando os estáis atiborrando de comida en vuestras fiestas de Navidad
Solo atináis a reíros cuando os mando a la porra.
Perdéis de vista esta idea que seguramente ni hace falta señalar
De que ese espíritu de Navidad no es lo que bebéis.

Así que… ¿cómo podéis reír cuando vuestra propia madre pasa hambre?
¿Y cómo podéis sonreír cuando las razones para ello son erradas?
Y si resulta que justo eché a perder vuestros insensatos placeres
Recordad, si queréis, que ésta es tan solo una canción de Navidad.

(¡Oye, Noel! Pásanos esa botella, ¿vale?)