Friday, March 06, 2026

La reactivación de YOWIE para el año 2025



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

Con una cierta tardanza hablamos del último disco del ensamble estadounidense de rock experimental YOWIE. Su título es “Taking Umbrage” y fue publicado por el sello Skin Graft Records a inicios de octubre del pasado año 2025, tanto en CD como en vinilo azul. La alineación de YOWIE se renueva con los respectivos ingresos de los guitarristas Daniel Ephraim Kennedy “The Quidnunk” y Jack Tickner “Oakie Doke”, con el baterista cofundador Defenestrator (verdadero nombre Shawn OConnor) completando el trío y afirmando su persistencia histórica. Han pasado 9 años desde “Synchromysticism”, generalmente considerado como un álbum esencial para la carrera de esta banda fundada en St. Louis, Missouri, a inicios del milenio. Tras todo este tiempo, el disco dividido con PILI COÏT & LES EXOCRINES de mayo de 2025 ya nos daba indicios de lo que pasaba en el seno de YOWIE: la transición de la conformación con los dos guitarristas Jeremiah Wonsewitz y Jim Hagerty a la que contiene a los dos nuevos. Ojo que Tickner y Kennedy no son novatos: éste es integrante del grupo prog-metal CLERIC y ha tocado en las bandas de John Zorn y Trey Spruance; aquél es miembro de BASIL’S KITE y tiene un área solista en el avant-rock. El estilo de la banda sigue encauzado por la línea del math-rock contaminado con espasmos Crimsonianos, atmósferas siniestras de índole avant-progresiva y arrebatos estilizados propios del así llamado brutal prog. El grupo se encargó de dirigir las sesiones de grabación y también de la producción, en esto último con las ayudas de Matt Hollenberg y James Jones. Los procesos de mezcla y masterización estuvieron a cargo de Rémy “R3myBoy” Deliers. 


El repertorio de “Taking Umbrage” empieza con ‘Hot Water Heater’, un tema idóneamente indicativo de la posmodernista arquitectura de espasmos geométricos con la que el grupo articula sus improbables grooves. Los fraseos y bases armónicas de las dos guitarras se engarzan en una armonía dadaísta movida por la desaforadamente compleja musculatura de la batería. El día del disco comienza en pleno mediodía. ‘Grimgribber’ sigue a continuación para cumplir con la misión de explayarse en el vitalismo radicalmente neurótico de la pieza inicial y elevarlo a una dimensión más sofisticada. De esta manera, se edifica una agilidad aún más compleja, autocomplaciente con sus propias agitaciones diversas a través de los cambios de ritmo que van surgiendo en el camino. ‘Lemon Stroganoff’ sigue a paso firme por la senda de la pieza precedente y le añade unos retorcimientos vivaces que nos gacen recordar a los legendarios primeros discos de DON CABALLERO. Hay un matiz dadaísta en el modo en que los instrumentistas  articulan sus implosiones ingenieriles. Con igual vitalismo, pero con un enfoque un poco más ligero, ‘Skrimshander’ despliega su sofisticación rockera con imponente fulgor. El trío asienta convincentemente su firmeza mientras realiza los complejos grooves con inmenso garbo: en el caso particular de las dos guitarras, se nota claramente que ya tienen bien fortalecido su vocabulario común con todo lo enredado que es. La bizarra aureola que rodea la maraña triangular que define la pieza ostenta un mayor esplendor que la precedente, lo cual le permite lucirse como un cénit decisivo del disco, aunque lo más relevante es que ambas funcionan perfectamente como una ilación. Cuando llega el turno de ‘Museum Fatigue’, el trio se dispone a elaborar una mezcla de la agilidad alucinada del tema #1 con la ácida grandilocuencia de los dos siguientes, esta vez, con un enfoque un poco más adusto en la gestación de los motivos centrales


‘Throckmorton’ instaura una aguerrida remodelación de las aristas más impetuosas del esquema de trabajo grupal, lo cual se traduce en algo incisivamente festivo bajo el perpetuo manto de neurosis. A mitad de camino, se ensalza aún más la reinante aureola de surrealista agilidad. El cierre del álbum llega de la mano de ‘The Road To Gumbone’ y se trata de un final a lo grande con su incesante despliegue de saltarinas vibraciones donde se sintetiza los espíritus expresivos de los tres primeros temas del repertorio. Los matices relativamente  ceremoniosos con los que se forja parte de la sección epilogar sirven para dar una oportuna variedad al implacable incendio sónico. El disco ha concluido en una movilización ascendente. Toda ésta fue la oferta de “Taking Umbrage” desde los cuarteles de la reactivada banda estadounidense YOWIE. En poco más de 36 minutos, este trío se ha dado abasto para darnos una muestra íntegra y detenida de su particular manera de entender las ansiedades experimentales del rock. Nada mal para este grupo formado en St. Louis, Missouri, en el año 2001 que sepa reactivar con gigantesca solvencia su retorcida y desafiante creatividad de siempre: un disco muy recomendable para cualquier fonoteca con espacios para las vanguardias rockeras de cualquier índole.  


Muestras de “Taking Umbrage”.-  

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