Wednesday, May 15, 2019

El corazón indio de Luis Cobo y la MANGLIS COMPÁS MACHINE



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy reseñamos con bastante tardanza “My Indian Heart”, hermoso disco publicado en la primera mitad del pasado año 2018 por el maestro Luis Cobo, “El Manglis”, con el vehículo de MANGLIS COMPÁS MACHINE. Este músico que se hizo inolvidable desde esos dos primeros discos de GUADALQUIVIR (grupo fundamental de la fusión contemporánea andaluza) ha sabido siempre mantener sus mente y sus instintos abiertos a las experimentaciones eclécticas dentro de los derroteros del jazz-rock y la música progresiva con raíces en varios folklores, incluyendo al flamenco, claro está. Asumimos que el título de este disco (un bellísimo disco, nos permitimos adelantar) es una simpática réplica al disco solista de CHICK COREA “My Spanish Heart”. Aunque la curiosidad artística del maestro Luis Cobo respecto a la tradición musical de La India data de mucho tiempo antes, todo empezó para el proyecto específico de este disco en el año 2002 cuando el “Manglis” conoció al percusionista singapurense de origen indio Nantha Kumar mientras éste hacía algunas actuaciones Madrid. Cobo se desdobla en múltiples roles a las guitarras eléctricas de 6 y 12 cuerdas, la guitarra acústica, el bajo, el órgano, el sintetizador, la percusión, la voz, las palmas y el canto konnakol. Pero, claro está, le acompaña un numeroso tinglado de geniales colaboradores para la elaboración del repertorio de “My Indian Heart”: allí están el sitarista Subrata De, el cantante Mohsin Ali Khan, el percusionista Nantha Kumar, el baterista Robert Nalin y el violinista Imran Khan. También han colaborado dos de sus viejos amigos de los tiempos de GUADALQUIVIR, el guitarrista Andrés Olaegui y el saxofonista Pedro Ontiveros, además de los siguientes artistas: Jesús Arispont (bajo), Luis Gallo (guitarra flamenca), Carlos Guerra (bansuri), Manuel Reina (batería), Juan Reina (palmas), Chechu Sierra (bajo), Jorge Pardo (flauta), Kike Perdomo (saxos alto y soprano), Jesús Pardo (piano eléctrico, teclados y pad), Pastora Galván (zapateo), Esperanza Bermúdez (jaleos), Ricardo Miño (piano, teclados, cajón y palmas), Manolo Nieto (bajo), Charlie Moreno (bajo), Carita Boronska (voz), Álvaro Ramos (bajo y contrabajo con arco), Manbue lSutil (percusión), Kilema (marovany y katsa) y Javi Losada (órgano). 


Bajo el muy simpático título de ‘Indian Chill Out To Rita Damásio’, el primer tema del álbum ofrece una expansión electrónicamente modernizada de aires indios, tal como dice el título. Tal como ha hecho varias veces MIKE OLDFIELD en parte de su discografía del nuevo milenio, “El Manglis” y su gran gente de apoyo se dedica a explorar llamativos grooves y plácidas atmósferas exóticas en base a un ritmo electrónico que asienta una amable ligereza pop para los sortilegios de sitar y canto que van surgiendo a lo largo del camino. Luego de este simpático punto de arranque sigue la dupla de la pieza homónima y ‘48x8 Bulería’, las cuales ocupan conjuntamente un espacio de 14 ½ minutos. El primero de estos temas mencionados comienza con un talante sigiloso y evocativo, preparando así el terreno para el cuerpo central, el cual se sitúa a medio camino entre el jazz-rock y la electrónica para desarrollar atmósferas fusionescas repletas de magnífica distinción. Lo indio, lo flamenco y lo arábigo se conjugan en una comunión que suena muy modernista sin renunciar al lirismo. Lo que era celebratorio con actitud sencillamente alegre ahora se reviste de moderada solemnidad. El solo de guitarra que se va despidiendo con el fade-out es simplemente fabuloso... ¿Por qué no pudo durar un poco más? Por su parte, ‘48x8 Bulería’ se enfila hacia una mayor densidad expresiva aunque sin perder un ápice de la espiritualidad celebratoria que hasta ahora se mantiene en una posición dominante e imponente. La amplia soltura de la guitarra eléctrica genera uno de sus más exultantes solos en todo el disco, aunque también cabe mencionar el modo en que las percusiones étnicas se destacan dentro del encuadre instrumental global. El cuarto tema del disco, titulado ‘Soleá – Soler’, es el más extenso del mismo con sus más de 12 minutos de duración. Su talante es definitivamente emotivo y evocativo, todo un cambio frente a lo apreciado y gozado en las tres piezas precedentes. Es ahora la guitarra acústica quien adquiere el rol protagónico y saca buen provecho de este momento de pasión lírica a la hora de hacer lucir sus ansias y añoranzas en medio de la atmósfera sobria planteada por el bloque instrumental. En aquellos momentos cuando la guitarra se hace un lado, la flauta coge el relevo y la proporcionan aire más etéreo al núcleo temático (lo mismo vale para una breve intervención cantada). Un cénit monumental del álbum.

‘Compás Machine Bulería’ se encarga de establecer una nueva vía de expresión para la alegría de vivir en un nuevo ejercicio de dinamismos cruzados entre el folklore hinduista y el flamenco en clave fusión. Con el vitalismo de las partes de guitarra y el señorío esencial del sitar tomando turnos en los momentos de protagonismo, el duende inherente al núcleo temático tiene garantizada su claridad de elocuencia. Los colores del bajo también ayudan bastante a la hora de preservar el bien sostenido ensalzamiento de lo fulguroso en esta pieza. Marcado por un rol destacado del piano en la sección prologar que habrá de continuarse durante su inminente cuerpo central, ‘Carcelero – Carcelero’ se caracteriza por establecer una aureola ceremoniosa para su ostensiblemente reflexivo motif. Este clásico inmortal de la música popular andaluza recibe aquí una renovación refrescante desde la que se respeta la pasión originaria. Algunas confluencias con el mundo musical de PAT METHENY y con el copioso legado de CHICK COREA se hacen notar aquí: se puede decir que tenemos aquí el paraje más cosmopolita del álbum, aunque claro está, aquí no se produce ninguna enajenación en relación con la línea de trabajo general del álbum. ‘Sukkiran’ (composición del percusionista Nantha Kumar) sí se sitúa en territorio más cálido y contundente al insertarse directamente en territorio jazz-rockero sobre un llamativo swing funky que nos remite tanto al jazz-prog contemporáneo de unos NIACIN como al estándar de los WEATHER REPORT en sus últimos años. Elegante y marchoso con su preciso toque de preciosista garra. ‘Smile Of The Beyond’ se queda en el área del jazz-rock contemporáneo pero esta vez con un talante contemplativo y solemne. La alteza flotante que “Manglis” brinda a esta versión de uno de los temas del álbum de la MAHAVISHNU ORCHESTRA “Apocalypse” sirve tanto para explorar excelsos matices de la guitarra eléctrica dentro de una atmósfera líricamente envolvente como para sembrar el campo con aras a la ulterior emergencia de ‘Brother Kilema’, la pieza que está a cargo de cerrar el álbum. Ésta aborda un nuevo giro de tuerca al hermanamiento de lo hindú y lo flamenco, esta vez con un rol muy relevante de los teclados, lo cual ayuda a añadir convincentemente retazos propios del discurso progresivo. Por el lado de los aportes del saxo soprano, éstos potencian el talante vitalista de esta pieza que, de por sí, exuda delicadeza cristalina en su enfoque melódico. El solo de guitarra que se prolonga hasta el fade-out es el elemento final dentro de este hermoso ejercicio de plasticidad sonora.

Todo esto fue “My Indian Heart”, una gozada rotunda que nos brindó el personal de la MANGLIS COMPÁS MACHINE. Bajo la guía de la inteligencia estética y las intuiciones de esa leyenda viviente que es Luis Cobo, toda la congregación de maestros agrupados para la realización de este repertorio concretó una labor bordada y pletórica de vibraciones exquisitas. Este disco ha de pasar a la historia como una de las joyas más alucinantes de la fusión contemporánea que se hayan hecho en España y en cualquier parte del mundo en las últimas dos décadas. 
  

Muestras de “My Indian Heart”.-


Monday, May 13, 2019

MYTHOPOEIC MIND: el rock sinfónico como poesía musical del nuevo milenio



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión presentamos a “Mythopoetry”, el disco de debut de la banda noruega MYTHOPOEIC MIND, el mismo que fue grabado durante en varias locaciones de Oslo entre enero y octubre del año 2018 y que acaba de ser publicado en el primer día del pasado mes de febrero. El nutrido ensamble de MYTHOPOEIC MIND consta de Pål Selsjord Bjørseth [trompeta y teclados], Ola Mile Bruland [bajo], Arild Brøter [batería], Steinar Børve [saxofones soprano y alto, voz, Akai EWI, teclados y programaciones], Trond Gjellum [percusión], Kjetil Laumann [voz] y Jarle G. Storløkken [guitarras eléctricas y acústicas]. También aportan algo ocasionalmente Anders K. Krabberød (Chapman stick en el tercer tema del álbum) y Torgeir Wergeland Sørbye (sintetizadores en la última). Los nombres de Steinar Børve y Jarle G. Storløkken nos suenan porque ellos son miembros de PANZERPAPPA, un referente de la vertiente más experimental del prog escandinavo: un ensamble caracterizado por su avidez para articular confluencias entre el rock-in-opposition, el Canterbury, el sinfonismo y la psicodelia Crimsoniana. Pues bien, ahora Børve y sus talentosos compinches se dedican a cultivar un sinfonismo retro bastante evocador y consistentemente ensoñador, no exento de retazos pastorales y atmósferas bucólicas, así como tampoco reacio a incorporar ocasionales elementos cósmicos de base electrónica dentro de su esquema sonoro integral. Por supuesto,conocemos también a Pål Selsjord Bjørseth por su membrecía en el colectivo de GENTLE KNIFE. 


Oportunamente titulado ‘Prologue Song’, el tema que da inicio al disco proyecta vibraciones intensamente etéreas logran instalar una ambientación pacífica y onírica, haciendo un buen uso de desarrollos armónicos muy sutiles en medio del minimalismo reinante. Cuando llega el turno de ‘Prey’, las cosas se trasladan hacia una dimensión mucho más extrovertida, usando un groove bastante ágil que se abre fluidamente a la organización de ingenierías rítmicas inusuales – principalmente, en 7/8 – mientras el relativamente sencillo motif se ornamenta ingeniosamente con complejas líneas de bajo y estrategias hermanadas de la guitarra y los metales. El asunto suena como un híbrido entre el paradigma de YES (71-72) y KAIPA (los tres primeros álbumes), con algunos recursos de hermanamiento respecto a las bandas coetáneas WOBBLER y GENTLE KNIFE. Hemos tenido con esta canción un atractivo retrato musical de una espléndida mañana soleada tras el sobrio (y sutilmente alegre) aire ceremonioso del primer tema. Así las cosas, llega el turno del poderoso instrumental ‘Mount Doom’, pieza de casi 10 ¼ minutos de duración cuyas coordenadas iniciales se sitúan en una cruza entre el Crimsonismo de los 80s y el modelo de los primeros discos de WHITE WILLOW. Lo que en principio parece que será un proceso de explayamientos en una espiritualidad densa pronto abre vía a una expresión de candor vivaz que debe mucho a las tradiciones prog-sinfónicas británica y escandinava de primera generación (YES, CAMEL, ELK, KAIPA). Los dos primeros motivos se van sucediendo en una ilación marcada por el sistemático aumento de gallardía y garbo. Alrededor de la frontera del séptimo minuto y medio, el asunto vira hacia un talante más ceremonioso, lo cual es aprovechado por el ensamble para volver a la faceta densa con la cual se había iniciado la pieza; más aún, esta densidad se acrecienta con el propósito de garantizar una majestuosidad robusta para los pasajes finales. ¡El cénit decisivo del álbum! 

En el ecuador del repertorio de “Mythopoetry” se sitúa ‘Train Of Mind’, una bella canción que tiende a lo taciturno a pesar de que el swing armado por la dupla rítmica, desplegando una simetría con los sobrios coloridos armónicos del teclado, refleja una moderada y genuina gracilidad. Se nota el nervio jazzero en el entramado rítmico y también algunos recursos propio del sinfonismo fusionesco (ATLAS, los CAMEL de la etapa 77-78) en los arreglos de vientos que entran a tallar a mitad de camino. También hay un momento donde un austero solo de guitarra acústica detalla algunas alusiones al lenguaje folk-rockero en una modalidad que no es muy lejana del ideario de unos WHITE WILLOW. Lozana elegancia y cristalina exquisitez conjugándose con perfecta naturalidad en el realce del desarrollo temático. El penúltimo tema del disco es el más extenso del mismo: se titula ‘Sailor’s Disgrace’ y dura más de 13 ¾ minutos. La pieza comienza con un breve prefacio de talante cósmico cuya función consiste en abrir la puerta al primer motif central, el cual se centra en una languidez contemplativa que nos recuerda un poco al paradigma de los primeros discos de ELOY y de NOVALIS, así como a entidades escandinavas de los viejos tiempos como FINNFOREST y OCTOPUS (el grupo noruego). El compás principal es de 3/4 en clave lenta, lo cual permite a los instrumentistas explorar la atmósfera melancólica del momento. Cuando llega el turno del solo de saxofón soprano, el colorido aumenta, y de paso, se crea un recto augurio de la próxima irrupción de un pasaje más ágil sobre un compás de 11/8: he aquí el segundo motif central. El nuevo esquema melódico se centra en la incursión de notables elementos folklóricos dentro de este momento de bravo dinamismo que el ensamble ha construido con convincente elocuencia: ahora, el grupo ha vuelto al territorio de KAIPA con ribetes Yessianos. Aunque la letra refleja una vivencia dramática, el fulgor musical impone su danzarina luminosidad. A poco de pasada la frontera del décimo minuto, se da un nuevo viraje hacia lo melancólico y lo reflexivo, esta vez con un matiz pastoral que parece diseñado para reflejar una espiritualidad elegíaca. De todas maneras, no es tanto tristeza como una inquietud reflexiva lo que se despliega en esta sección final de la canción. Si ‘Mount Doom’ fue el punto culminante del disco y ‘Train Of Mind’ expuso el trance de mayor candor melódico, podemos decir que ‘Sailor’s Disgrace’ es la composición épica que se sitúa en un punto intermedio entre los dos temas mencionados. 

‘Epilogue Song’ cierra el álbum con un ambiente más lleno que su contraparte inicial (‘Prologue Song’): ahora ya no es hora de hacer relucir la esperanza, ahora es el tiempo de decir adiós al día vivido y empezar a mirar al misterio de la noche sin saber qué hay en el horizonte cercano. Las capas de los teclados exhiben una elegancia solemne muy al estilo de THE ENID, añadiéndose esa nebulosidad grisácea que habitualmente asociamos a la esencia del prog escandinavo. “Mythopoetry” es ,ante todo, un disco bello y melancólico, un muestrario de bien orquestados esquemas sonoros que se alimentan de las bien delineadas expansiones melódicas creadas para la ocasión. Nos ha causado muy buena impresión este primer disco de MYTHOPOEIC MIND y esperamos que nos brinden más cosas en el futuro próximo. 

Friday, May 10, 2019

PANZERPAPPA: una nueva muestra de su genio musical



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Nos complace enormemente contar hoy con la ocasión de presentar el nuevo trabajo fonográfico del grupo escandinavo PANZERPAPPA, uno de los grupos noruegos más celebrados en las redes de difusión de música progresiva en lo que va del milenio... literalmente, pues su álbum de debut “Passer Gullfisk” data del año 2000. “Summarisk Suite”, el disco que hoy traemos a colación y que es el séptimo de su catálogo histórico, ha sido publicado hace muy poco: exactamente, en el tercer día del presente mes de mayo, y desde ese mismo instante amenaza con erigirse como uno de los ítems más refinados dentro de la producción progresiva del presente año 2019. Es un disco con muy elevadas pretensiones estilísticas y con una gran elocuencia progresiva a pesar de que dura poco más de 42 minutos; ciertamente, no necesitaba más tiempo para decir lo que quería decir. La alineación de Steinar Børve [saxofones, Akai EWI y teclados], Trond Gjellum [batería, percusión, samplers y efectos de sonido], Anders Krabberød [bajos, Chapman Stick y teclados], Jarle Storløkken [guitarras, teclados y acordeón] y Torgeir Wergeland Sørbye [teclados] nos brinda un enérgico y sostenidamente sugerente híbrido de avant-prog, psicodelia y sinfonismo que se siente cómodo adquiriendo matices prestados de los paradigmas del space-rock, el jazz-prog y el Crimsonismo de los 70s. Sørbye es el nuevo integrantes del colectivo, reemplazando a Hans-Petter Alfredsen, teclista del grupo en el disco anterior “Pestrottedans”, del año 2016 (es que los PANZERPAPPA operaban como quinteto recién desde entonces tras llevar muchos años siendo un cuarteto). El sello Apollon Records Prog se hizo cargo de publicar “Summarisk Suite” tanto en CD como en vinilo (con una edición limitada de color rojo): repasemos ahora su contenido.


Exhibiendo una exquisita confluencia de ambientes etéreos y señorial languidez, ‘Algerisk Symfo’ abre el disco ofreciéndonos casi 8 minutos de grandeza progresiva. Todo comienza con una óptica de sobria majestuosidad masivamente revestida de sonoridades misteriosas, las mismas que rayan con lo introspectivo durante una buena parte del tiempo que se le asigna. Eso sí, poco antes de llegar a la frontera del tercer minuto, entra a tallar un interludio pletórico de exaltada sofisticación desde el cual el grupo proyecta; no importa que se trate de un interludio minúsculo, su impacto es decisivo para que se genere el viraje a ser fortalecido en lo que queda del tema. El empleo de bases rítmicas sintetizadas y teclados de cercanía cósmica conforma un creativo contrapelo para las sobrias florituras de vientos que se destacan en buena parte de la segunda mitad de la pieza; de todas formas, enaltecen con inapelable señorío el vigor sonoro en curso. Luego sigue ‘Belgerisk Impro’, un tema totalmente penetrado por una espiritualidad otoñal que, en algunos pasajes específicos, coquetea con la grisácea aureola de una inmensa melancolía. Los fraseos de la guitarra y del saxofón van flotando como nubes de la tarde cuyos resabios de bruma anticipan el pronto arribo del atardecer (alternando entre el Crimsonismo de la fase 70-71 y el de la fase 73-74). De todos modos, todavía hay algo de luminosidad en la manera en que el proceso melódico intensifica su fuerza expresiva durante los últimos pasajes que preceden al ejercicio de plácida languidez con el que se arma la coda. ‘Spartansk Mambo No. 5’ cumple con la función de establecer un abierto contraste con la pieza anterior, estableciendo un cálido retrato de elegantes algarabías y regios jolgorios a través de un esquema melódico cuya vivacidad inherente queda debidamente potenciada por el juguetón compás en 7/8 que la dupla rítmica arma para la ocasión. Para hacernos una idea, tenemos aquí algo así como una cruza de SAMLA MAMMAS MANNA, MIRIODOR y TAYLOR’S UNIVERSE en clave folk-progresiva, con algunos ocasionales acentos sinfónicos marcados por los solos de sintetizador. ¡Todo un cénit del disco! Con sus poco menos de 4 minutos de duración, ‘Permutert Panzerrock’ es la pieza más breve del repertorio. Portando tanta jovialidad como la que se lució ampliamente en ‘Spartansk Mambo No. 5’, y también operando con algunos compases inusuales, este tema ofrece una agilidad más llamativa, tal vez una mayor ligereza. Cualquier atisbo de neurosis en medio del jolgorio sistemático del tercer tema del álbum se desvanece para dejar que el fulgor extrovertido sea el monarca exclusivo en la edificación del espíritu predominantemente sinfónico de este cuarto tema.  


El penúltimo tema del disco, que se titula ‘Revidert Malist’, es el más largo del mismo con sus 9 ¼ minutos de duración. Si sección prologar se prolonga por más de tres minutos en la elaboración de un posicionamiento entrelazado de varios recursos minimalistas de sintetizadores y percusión que parece tener algún tipo de resonancia a ERIK SATIE, prólogo que sirve para sembrar el camino donde habrá de brotar el bello y sereno cuerpo central. Las vibraciones jazz-progresivas en curso son bastante amables, enrolladas en torno a su propio eje lírico: ahora la cosa parece una cruza entre los SOFT MACHINE de los tres últimos discos y la dimensión más introspectiva de los HENRY COW del último disco. Los ornamentos de la guitarra crean unos arquitectónicamente efectivos contrapuntos a los trazos melódicos de los vientos, y en algún momento, esa guitarra crea un breve pero muy relevante solo. El epílogo es una especie de reprise del prólogo pero con el impacto de los exquisitos coloridos que se desplegaron en el cuerpo central. El final del repertorio llega de la mano de ‘Seriell Ballade’, una pieza que comienza con la guía del piano y el saxo con algunas pinceladas de percusión tonal y guitarra: este punto de arranque tiene el perfil de ocultar algo siniestro bajo un manto y nuestras sospechas parecen confirmarse cuando a continuación emerge una sección abstracta donde los sonidos interventores imponen su presencia de forma retorcida. En realidad, se trataba de un osado preludio al motif principal, el cual dibuja influencias de PRESENT y UNIVERS ZERO, así como confluencias con YUGEN y con los inolvidables RATIONAL DIET. Late en el desarrollo temático un aire de imponente tristeza pero no ésta no se traduce en un dinamismo conmovedor sino en una mecánica tensa. De hecho, esta mecánica aumenta su tensión y añade densidad cuando el esquema rítmico se impulsa hacia un swing más enérgico: de este modo, el clímax concluyente adquiere una faz genuinamente tétrica. Elegante, sin duda, pero inquietantemente tétrica. La secuencia de estos dos últimos temas gesta un clímax contundente para el álbum como un todo. Concluida nuestra experiencia con “Summarisk Suite”, dictamos el veredicto de que se destaca por la riqueza de los dinamismos y atmósferas reflejados a lo largo y ancho de su repertorio, logrando encapsular una nueva muestra del gran genio musical progresivo del que los PANZERPAPPA han hecho gala desde sus primeros pasos. Este año 2019 también podemos celebrar la gestación de una nueva obra magnífica de su parte, una de las más notables que se han producido en estos momentos en la escena escandinava. ¡Recomendamos este disco el 200%!


Muestras de “Summarisk Suite”.-
Spartansk Mambo No. 5: https://panzerpappa.bandcamp.com/track/spartansk-mambo-no-5 

Tuesday, May 07, 2019

Un viaje melómano con los ojos cerrados bajo el pilotaje de LONG HALLWAYS



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos la ocasión de presentar el más reciente trabajo del grupo estadounidense LONG HALLWAYS, el cual se titula “Close Your Eyes to Travel”. Asentado en Portland, Oregon, este grupo está conformado por el quinteto de Joseph Chamberlain [bajo y contrabajo], Myles Eberlein [cello, trompeta, corno barítono y glockenspiel], Chad Rush [batería y percusión], Dayna Sanders [piano eléctrico, sintetizadores y percusión] y Daniel Staton [guitarra eléctrica y sintetizador]. El grupo cultiva un generoso híbrido de post-rock y psicodelia progresiva dentro de una intensa y muy inspirada ingeniería sonora que también incluye algunos elementos de jazz-rock, Crimsonismo y math-rock de forma medidamente ocasional. “Close Your Eyes to Travel” se publicó a finales del pasado mes de enero. Desde su base en la ciudad de Portland, Oregon, donde el grupo se formó en el año 2012, el grupo ha realizado varios conciertos y tocado en diversos festivales, ganando un creciente público de culto muy receptivo a su forma tan dinámica y tan lírica de abordar estándares y esquemas de rock vanguardista. Este disco que tenemos en nuestras manos es el segundo dentro del catálogo de los LONG HALLWAYS tras su disco del 2013 “Live From Dystopia”: el grupo también tiene un EP titulado “The Way Home” en su C.V.



Yendo ahora al repertorio mismo del álbum, advertimos que el grupo decide abrirlo con el muy asertivo tema ‘The Only Way Out Is Through’, el cual dura poco menos de 5 ½ minutos. El asunto se pone tremendamente revelador desde aquellas primeras notas de trompeta y piano con los que se inicia el desarrollo temático, presto a instaurar un modelo de fastuosa parsimonia a través de una atmósfera relativamente densa y sobriamente otoñal. El asunto vira hacia una grácil luminosidad antes de llegar a la frontera del segundo minuto y medio, haciendo que lo otoñal se torne moderadamente electrizante, al modo de una extroversión emanada desde los más insospechados rincones reflexivos del yo interior. La dinámica contemplativa, con todas sus variantes en curso, nos remite a un híbrido entre DO MAKE SAY THINK (2003-9) y GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR (los tres primeros álbumes). Luego sigue ‘January’, una pieza que es explícitamente más ágil que la de apertura mientras preserva el lirismo otoñal que caracterizó a sus secciones más intensas. También ostenta una sofisticación progresiva más notoria en la elaboración y el refuerzo de la ilación de sus diversas secciones conformantes: incluso hay un empleo de un tempo de 7/8 en el núcleo de su segundo motif. Siendo la única pieza del álbum que dura menos de 5 minutos (le faltan exactamente 5 segundos para completarlos), resulta que se da abasto para decir muchas cosas: más que un cuadro sonoro, es una pinacoteca en sí misma esta pieza. La languidez señorial que signa a su última sección es envolvente y etérea al modo típico de un post-rock que se retuerce en torno a sus instintos Floydianos (etapa 69-71). ¡Qué cosa tan grandiosa es que este álbum nos impacte con dos momentos culminantes desde el punto de partida! Con la dupla de ‘After The Fall’ y ‘Under A Dark Planet’, el personal se dispone a efectuar renovadoras expansiones de su esquema de trabajo. En el caso de ‘After The Fall’, el dinamismo reinante se desarrolla con una soltura vivaz, dueña como es de una prestancia gallarda que no está exenta de ciertas dosis de tensión a lo largo de sus expresionistas bosquejos melódicos. El cello ocupa un rol protagonista en varios pasajes pero es la guitarra quien dirige el desarrollo temático con el elegante punche que le da a sus bases armónicas. Por su parte, ‘Under A Dark Planet’ sí se encarga de darle una vitalidad genuina a los antes moderados recursos de tensión para ahondar en éstos. Hay algo indudablemente tenebrista (definitivamente Crimsoniano, e incluso acercándose al estilo del RIO francófono) en las atmósferas predominantes de esta pieza. Los desvaríos de los metales y los juegos de disonancias armados por los teclados y la guitara en una vibración común se conjugan con los swings neuróticos que la dupla rítmica gesta y gestiona para enfatizar los elementos inquietantes del cuerpo central. Otro cénit del álbum.  



‘On Other Shores’ recoge en parte la semilla de inquietud sembrada por la pieza precedente mientras añade recursos de agilidad y elementos luminosos que antes hallamos en el tema #2. Con el hermanamiento de la guitara y el bajo en el oportuno relleno del swing sostenido por la batería se asienta un terreno lo suficientemente firme para edificar un evocador entramado melódico que nos suena un poco a una mágica encrucijada entre TORTOISE, los últimos discos de TALK TALK y la dimensión más extrovertida de los DO MAKE SAY THINK. Definitivamente, los implementos más virtuosos de la delicada fastuosidad en curso provienen de los aportes de los teclados y del corno, aunque la guitarra siempre se las arregla para saltar al primer plano en varias instancias del delineamiento del cuerpo central. Poco antes de llegar a la frontera del quinto minuto, el grupo vira hacia una atmósfera más reposada, aunque la magnitud del colorido sonoro en curso se mantiene prácticamente igual. Así las cosas, el terreno está preparado para que se abran las puertas a un hermoso epílogo aún más reposado desde el que el ensamble proyecta un escenario emocional melancólico… tal vez con algún elemento de furia muy, pero que muy sutil, latiendo en el trasfondo. Estamos, pues, en la antítesis frontal de la ambientación con la cual se había iniciado la pieza. Un muy bien armado viaje por varios enfoques emocionales, un nuevo cénit del álbum. Nos vamos acercando al final del disco cuando emerge ‘The Tightrope’, pieza asentada sobre un notablemente lento compás de 6/8 que se adentra cómodamente en un ambiente introspectivo: el sencillo motif de base ostenta un talante cinematográfico mientras las calmadas escalas del piano eléctrico pavimentan el camino para toda la amalgama instrumental mientras ésta va en busca de su foco definitorio. Volvemos al terreno de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR para el esquema central de la pieza mientras el epílogo, virando al tempo de 4/4, nos remite al paradigma de MOGWAI con algunos retazos de los SIGUR RÓS de los dos primeros álbumes. ‘Swimming Uphill’, el ítem que cierra el repertorio, se caracteriza por establecer una síntesis entre los temas #2 y #3 mientras incorpora algunos trucos math-rockeros tanto en las vibraciones de algunos fraseos de la guitarra como en ciertos recovecos armados por la dupla rítmica, especialmente en el camino hacia el tirante clímax que antecede al crepuscular epílogo. Con todo, el post-rock sigue siendo el discurso dominante en este ejercicio final, aquel donde las pistas amontonadas de guitarra adquieren su fragor más punzante de todo el disco.



Todo esto fue lo que el personal de LONG HALLWAYS nos brindó en su más reciente trabajo fonográfico: “Close Your Eyes To Travel” es un disco cautivador cuya magia versátil y caleidoscópica sirve como pretexto para apreciar con galante complacencia la propuesta de este grupo de parte de todos los que acabamos de descubrirlo. Vale la pena explorar en la obra de LONG HALLWAYS, sin duda que sí.


Muestras de “Close Your Eyes To Travel”.-
Under A Dark Planet: https://longhallways.bandcamp.com/track/under-a-dark-planet
On Other Shores [vídeo-clip]: https://www.youtube.com/watch?v=EroyTGiw2Jw

Saturday, May 04, 2019

STEPHAN THELEN y la fractalización del discurso progresivo


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

En esta ocasión presentamos a “Fractal Guitar”, un disco solista del guitarrista suizo STEPHAN THELEN, a quien conocemos como parte del genial grupo SONAR: el disco en cuestión fue publicado por el incansable sello MoonJune Records a mediados del pasado mes de enero. El material aquí recogido, un total de cinco piezas, fue grabado en numerosas sesiones de grabación en salas de Europa y los Estados Unidos entre agosto del 2015 y abril del 2018, siendo así que la labor de postproducción tuvo lugar en los meses de abril y mayo en la ciudad alemana de Berlín, terminando todo el proceso logístico con la masterización en un estudio vienés durante el subsiguiente mes de agosto. Solo faltaba la publicación para que saliera al mundo como el fabuloso ítem progresivo que es: ya desde el primer mes del 2019 se avizora como una de las obras más decididamente insuperables del año, tan inmenso es su despliegue de vigor, texturas, riqueza y sofisticación. STEPHEN THELEN, acreditado con la Fractal Guitar, la Tritone Guitar, Blue Sky Guitar, loops granulares, algunas partes de órgano y sampleos, ha contado con una abundante presencia de invitados de lujo pertenecientes a diferentes generaciones del rock y del jazz de avanzada. Están aquí esas ilustres leyendas vivientes que son los guitarristas Barry Cleveland, Henry Keiser y David Torn, y también está aquí el genial Markus Reuter, quien es el único que se hace presente en todos los temas del álbum con su U8 Touch Guitar y mecanismos de soundscapes. Los demás invitados son los bateristas Manuel Pasquinelli (también integrante de SONAR) y Benno Kaiser; Jon Durant a la Cloud Guitar; Bill Walker a la guitarra; Matt Tate a la U8 Touch Bass Guitar; Andi Pupato a la percusión. Estas congregaciones variables garantizan la gestación y la gestión de un bloque sonoro más lleno del que usualmente utilizan THELEN y sus colegas de SONAR. De hecho, según sus propias palabras, THELEN tenía la inquietud de hacer una obra musical donde los efectos ocuparan una parte integral de la música tras estar varios años en SONAR haciendo un uso muy parco y restringido de los mismos. Antes de que existiera SONAR, el maestro THELEN había creado un sistema de efectos de guitarra que él bautizó justamente como Fractal Guitar, un delay rítmico con altos niveles de feedback desde los cuales se podía armar y cruzar patrones rítmicos inusuales como 3/8, 5/8 y 7/8. Claro está, el intermitente desarrollo de este proyecto también sirvió a THELEN para codearse con varios músicos que él fue conociendo y que también se dedicaban a explorar las posibilidades de la tecnología guitarrera para la vanguardia contemporánea. Todo fue encajando en el lapso de casi tres años que mencionamos más arriba. Bueno, ahora sabemos que el título del disco no es producto de un ingenio poético sino la presentación oficial de un artilugio artístico: veamos ahora los detalles del repertorio contenido en él.




Los temas más extensos del repertorio son los que lo abren y lo cierran, respectivamente: ‘Briefing For A Descent Into Hell’ dura poco más de 18 ½ minutos, mientras que ‘Urban Nightscape’ supera ligeramente el espacio de 17 ½ minutos. ‘Briefing For A Descent Into Hell’ comienza con un prólogo sigiloso cuyos matices minimalistas que marcan el camino pronto pasan al trasfondo bajo el peso de los retazos y fraseos musculares que se explayan desde la guitarra y la Touch Guitar: esto último hace que la ingeniería rítmica pase del rol de cómplice al de gestor. Con todo el despliegue de cáustico y circunspecto vigor que se va exhibiendo a lo largo del camino, el esquema general de la pieza se mantiene en un nivel minimalista que tiene mucho que ver con el paradigma de SONAR. Alrededor de la frontera del noveno minuto emerge un momento especialmente incendiario que permite agilizar el aire permanente de misteriosa densidad a pesar de que el swing permanece firmemente sólido bajo la mirada atenta de Pasquinelli. Es un momento breve pero altamente relevante pues prepara el camino para una variante que habrá de forjarse poco antes de llegar a la frontera del undécimo minuto: el armazón de una polifonía muy reconocible por su peso Crimsoniano (al estilo de los 90s) y, de paso, también reminiscente colateralmente a una modalidad etérea de psicodelia progresiva. Se nota una renovada gracilidad que se respira en el ambiente a pesar de que el groove básico no ha cambiado mucho. En todo caso, esa gracilidad no llega en estado puro porque las emergencias de unos solos garantizan que todavía impere una aureola de inescrutable tensión. En los últimos dos minutos, el ensamble desarrolla un sostenido camino hacia un remanso cósmico donde el talante minimalista de la pieza deriva hacia una manifestación flotante de sí mismo. ‘Urban Nightscape’ es la pieza con menos participantes en el disco, son solo cuatro: THELEN, Reuter, el baterista Benno Kaiser y el heroico guitarrista David Torn. Eso no quiere decir que haya un desmedro en la expresión de vigores y rigores rockeros, muy por el contrario, se trata de la pieza más extrovertida del álbum, y parte de la genial culpa de ello radica en no poco medida en el esplendoroso talante expansivo con el que la dupla rítmica establece su posicionamiento fundacional. Al igual que en la otra pieza maratónica, las conexiones estilísticas con SONAR son fuertes, aunque también son bastante fuertes las vibraciones neuróticas y autoritarias que nos remiten a los KING CRIMSON del nuevo milenio, los STICK MEN en su faceta más aguerrida y ciertos estándares del rock-in-opposition de diversas generaciones (PRESENT, NI, XAAL). La arquitectura musical se mantiene firme mientras florecen algunos solos y armonías añadidas en ciertas locaciones estratégicas. El epílogo que ocupa algo más de los seis minutos finales comienza con una proyección crecientemente minimalista que termina ahogándose en algo muy parecido al silencio puro, para luego abrir campo a una breve serie de retazos abstractos y rasgueos mecanicistas. Es como música de fondo para el momento en que la gran ciudad le dice adiós al día que se fue mientras se prepara para acoger al siguiente. Un estupendo cierre de álbum, pero todavía pasana muchas cosas antes de llegar a este punto.

‘Road Movie’ le da una desenvoltura más fresca a la perpetuamente desafiante arquitectura musical desarrollada en el disco. Aquí tenemos una actitud de relativo relax desde el que el núcleo temático pretende exponer las vibraciones introspectivas desde el corazón más íntimo de un espíritu contemplativo. Si bien el groove armado por Pasquinelli y Tate ostenta una musculatura más pronunciada que la empleada en el primer tema del álbum o en la que le sigue, la cosa es que la interacción entre los instrumentos de cuerda es más impresionista que denso. También es verdad que en algunos parajes particularmente extensos de la pieza, la dupla rítmica reitera la lógica arquitectónica que operó en ‘Briefing For A Descent Into Hell’, pero, con todo, se nota más soltura en el dinamismo de su labor. Tenemos algunos ornamentos rudos que entran a tallar como destellos propios de una tormenta pero su posicionamiento es más colateral que otra cosa: los solos que salen al frente están, ora centrados en fraseos limpios y serenos, ora focalizados en un nervio sugerente que apelan a un fulgor psicodélico que no tiene nada de amenazante ni tenso. Eso sí, el último solo ostenta una especie de rabia Frippiana, teniendo el poder de llevar al epílogo de la pieza a un inicialmente insospechado recurso de pirómana neurosis, mas se trata solo de una explosión efímera para los instantes concluyentes. Es obligatorio señalar que tener aquí al maestro Henry Keiser es un lujo. La tercera pieza del álbum es la que justamente se titula igual que él: también aparece como ilustre invitado un veterano del jazz y el rock de vanguardia, quien es Barry Cleveland. Tal vez se podría describir a grandes rasgos a ‘Fractal Guitar’ como un intermedio entre los dos primeros temas del álbum, con una sutil predominancia del primero. Los acentos cósmicos están allí marcando el modo en que los instrumentos de cuerda interactúan, se enhebran, se sueltan momentáneamente para volver a una nueva y fortalecida imbricación. Definitivamente, se nota aquí un impulso intensificado del punche rockero en medio de tanta abstracción progresiva. Poco antes de llegar a mitad de camino se impone un bello y señorial solo de guitarra que es seguido por otro cuyo enfoque es más sobrio en su (innegable) fuerza expresiva. ‘Radiant Day’ (también con Cleveland a bordo) rinde lealtad a su propio título y desde sus instancias iniciales exhibe un clima luminoso a su serie de abstracciones sonoras: ahora los ribetes cósmicos y atmósferas flotantes asumen un candor renovador. Varios breves esbozos armónicos de guitarra se suman para armar una estructura reconocible cuya recurrencia sivre de referencia obligatoria para los fraseos y riffs que van surgiendo a lo largo del camino. El fulgor reinante asimila y organiza recursos de plúmbea intensidad en el momento central, algo eficaz y contundente antes de que las nubes entren a tallar para matizar las cosas con buen pulso: una estrategia muy eficaz a la hora de iniciar el sostenido camino hacia la calma final.      



Toda esta fue la experiencia de “Fractal Guitar”, una experiencia gratificante y excitante con la cual STEPHAN THELEN y sus colegas de turno nos muestran nuevas aristas y matices de lo que es el rock artístico del nuevo milenio. “Fractal Guitar” es un catálogo de expresiones y enfoques musicales donde el pensamiento sobre los posibles esquemas artísticos del futuro diseña la ruta para travesías sonoras de muy alto vuelo. Músculo e inteligencia unidos en un mapa de empujes trascendentes donde los fractales musicales se integran en osadas y estimulantes convergencias progresivas. ¡Recomendado al 500%! 



Muestras de “Fractal Guitar”.-


Wednesday, May 01, 2019

STRATUS LUNA: una nueva luz en la actual escena progresiva brasileña


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

La escena progresiva brasileña tiene una nueva estrella en su firmamento, una nueva luz brotando desde su inmensidad: es la luz de STRATUS LUNA, cuarteto conformado por Giovanni Lenti [batería], Ricardo Santhiago [guitarras eléctrica, acústica y lap steel], Gabriel Golfetti [bajo y teclado] y Gustavo Santhiago [teclados, flautas y sitar]. La propuesta musical que exhibe este grupo en su disco homónimo de debut publicado a inicios de este mismo mes de abril se estructura en torno a un eclecticismo pulcramente organizado que se alimenta con estupendas ideas melódicas y convincentes atmósferas, ideas y atmósferas que se pasean fluidamente por los terrenos del sinfonismo, el space-rock, el jazz-fusion, el Canterbury y la psicodelia ocasionalmente reciclada a través de tintes post-rockeros. Mucha gracia y mucha claridad estética para un ensamble cuyos integrantes (ahora viene lo bueno) tienen edades entre los 17 y los 21 años de edad: ésta era su cronología en el momento de grabar los siete temas que conforman el repertorio de “Stratus Luna”, entre julio del año 2017 y julio del año siguiente. Este disco, vale anticiparlo ahora, es puro fulgor, testimonio indudable de que los STRATUS LUNA son la nueva luz en la actual escena progresiva brasileña. Es impresionante lo claras que tienen sus ideas estos niños prodigio que iniciaron la banda hace 5 años con el formato de trío. El sello MusicMagick se encargó de la publicación nacional mientras que el incansable sello MoonJune Records apoya con la distribución internacional. Bueno, veamos ahora los detalles del disco, ¿vale?


Los 14 primeros minutos del disco están ocupados por la sucesión de ‘Nimue’ y ‘O Centro Do Labirinto’, un momento crucial para instalar un punto de referencia importante para lo que habrá de seguir en adelante. El primero de estos temas comienza con un robusto prólogo cósmico que bien pronto se revela como un híbrido de space-rock y sinfonismo con talante denso. Una vez instalado el cuerpo central, nos topamos con un excelso híbrido de recursos progresivos que combina ángulos jazzeros, psicodélicos y bucólicos dentro de una estrategia sonora impolutamente compacta. Los fraseos de la guitarra se sitúan dentro del paradigma Cameliano mientras los teclados se arman acoplamientos de lo etéreo y lo vigoroso con pulso firme. Cuando llega el turno de ‘O Centro Do Labirinto’, el grupo está preparado para realizar un estupendo híbrido de sinfonismo y jazz-prog que comienza con vibraciones tremendamente ágiles y luego se enfoca en una atmósfera reflexiva, una atmósfera que se apoya en una señorial languidez que nos remite tanto a PINK FLOYD como a GENESIS. A mitad del camino, el desarrollo temático vira inesperadamente hacia una instancia cósmica que se sitúa a medio camino entre el space-rock y el post-rock, explotando con buen pulso el moto perpetuo guiado por el hipnótico fraseo recurrente de la guitarra. Tras un breve intermedio que recapitula los aires ágiles del primer motivo, la pieza se enfila por un epílogo majestuoso cuya lenta base rítmica realza eficazmente la intencionalidad ceremoniosa del momento. ‘Zarabatana’ es la pieza más extensa del repertorio con sus 9 ½ minutos de duración. Su sección inicial se apoya mayormente en el rol protagonista de los teclados mientras el resto de los instrumentos arma un ambiente grácil y luminoso para fundar la exquisita musicalidad en curso. Cuando llega el turno para el lucimiento de la guitarra, el asunto se deriva hacia una encrucijada de fulgores Yessianos y grooves jazz-rockeros. Un interludio de fuerte aura cósmica se centra en climas flotantes mientras el sitar elabora varios fraseos de talante sereno, dándole así una aureola relajada a sus sonidos necesariamente exóticos; así las cosas, se arma un pasaje fusionesco sobre un swing llamativo pero constreñido de tal modo que la serenidad reinante se sigue reforzando, aún cuando la guitarra lap steel se suma al bloque instrumental. El lirismo aquí concretado está muy inspirado. Poco antes de cruzar la barrera del sexto minuto, la batería inicia el camino hacia la instauración de un tercer motivo, el cual se centra sólidamente en lo jazzero dentro de un armazón sonoro que todavía resuena como algo netamente progresivo. Posiblemente son fáciles de advertir los aires a lo MAHTRAK que se insertan en medio de las conexiones con la vieja escuela prog-sinfónica británica, conexiones crecientes se aproxima el final de la pieza. 


‘Pandas Voadores’ establece una proyección jazz-rockera para una idea básica que inicialmente se sustenta en un talante reggae pero que a medida avanza la pieza se orienta más profundamente por los senderos estandarizados del jazz-fusion. En este sentido, el cuarteto focaliza muy bien los aires de WEATHER REPORT y de NATIONAL HEALTH que asimila tanto en el armazón instrumental general como en las aureolas personales que se delinean en los sucesivos solos de guitarra y de teclado. La breve pieza ‘NREM’ exhibe un flotante factor cósmico que se orienta hacia una especie de remodelación Jarreana del paradigma de TANGERINE DREAM (época 74-77): su engarce inicial con la última nota del tema precedente le convierte en un referente de ambientes relajados y reflexivos tras un momento de cálido jolgorio. Así las cosas, estamos preparados para recibir la serie de vitalistas recursos polícromos que nos va a brindar la peníltima pieza del álbum, la cual se titula ‘Onírica’. Tenemos aquí un ejercicio comedidamente enérgico de garra sofisticada al más puro estilo progresivo donde se combinan elementos del space-rock, el jazz-rock y el rock duro melódico. El empleo de tempos inusuales y señoriales juegos de síncopas de parte de la batería ayuda enormemente a realzar la grácil majestuosidad que signa la esencia fundamental de la pieza, y no solo eso, también posibilita que se dé una perfecta fluidez en la ilación de los diversos motivos sucesivos. Siendo menos exultante en su espiritualidad que ‘Pandas Voadores’ o ‘Zarabatana’, por poner dos ejemplos, no tiene nada que envidiarle a ese último en lo referente al ingenio versátil a la hora de crear y organizar la multivocidad sonora armonizada en su esquema musical. Hay, de hecho, un breve interludio de piano solo que permite al tema ahondar un poco en sus vestigios contemplativos. El crescendo de cierre establece un clímax prog-sinfónico de gran belleza. Todo culmina con ‘Efêmera’, tema que dura poco más de 7 ½ minutos. Su esquema sonoro inicial recibe mucho impacto de los aspectos más reflexivos de las piezas precedentes, especialmente de parte de ‘O Centro Do Labirinto’, pero en su interludio el esquema sonoro se agiliza tremendamente en base a la edificación de vibraciones eléctricas muy ágiles. El enfoque se sostiene sobre una confluencia de Canterbury (su faceta serena) y jazz-rock de  vieja usanza. Hay un esplendoroso solo de guitarra que impulsa la pasión particular del desarrollo temático de su último tercio, un solo que exhibe iguales dosis de vigor y melancolía: algunos retazos de sinfonismo entran a tallar con el fin de añadir un espléndido fulgor a tan bien armonizada finalización. Un epílogo así era lo más preciso para un álbum tan estupendo. 


Los nombres de la banda STRATUS LUNA y de su disco “Stratus Luna” deben ser anotados en lugares preferentes de nuestras agendas detectivescas melómanas porque, sin duda, la sorprendente presencia de esquemas y espectros eclécticos tan maduramente cohesionados en las mentes de músicos tan jóvenes merece nuestra máxima apreciación. La vitalidad y el ingenio que en este disco se exhiben en enormes dosis de creatividad musical lo convierten en uno de los ítems más notables de la escena progresiva sudamericana del momento: una luz para una nueva generación de mentes progresivas en Brasil. ¡¡Recomendable al 200%!!


Muestras de “Stratus Luna”.-

Sunday, April 28, 2019

AIN SOPH y los colores de la resurrección progresiva



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Tiempo de resurrección para AIN SOPH, una de las bandas más memorables de la escena progresiva japonesa desde fines de los 70s con su manera tan cálida y entrañable de retomar las influencias del Canterbury, el sinfonismo y el jazz-fusion con su propio enfoque particular. La alineación de Yozox Yamamoto [guitarras], Kikuo Fujikawa [teclados], Masahiro Torigaki [bajo] y Taiqui Tomiie [batería, percusión y voz], la definitoria de AIN SOPH, vuelve a hacer presente su señorío en el mercado musical con su nuevo álbum, el cual fue publicado durante la última semana del pasado año 2018 por el sello Nexus Nova, bajo el título de “Seven Colours”. Este grupo fue en su momento uno de los más admirados por los ávidos prog-melómanos del mundo entero por causa de las grandes dosis de belleza y musicalidad que emenaban de sus dos primeros discos de estudio “A Story Of Mysterious Forest” (1980) y “Hat And Field” (1986), siendo así que para la grabación del primero de estos discos, el teclista era Masey Hattori en reemplazo del histórico Fujikawa. La gente de AIN SOPH obtuvo mucho prestigio con estas obras, las cuales luego fueron sucedidas por “Marine Menagerie” (1991) y “5 Or 9 – Five Evolved From Nine” (1992), este último más específicamente centrado en el estándar jazz-rockero que era tan común entre fines de los 80s e inicios del nuevo milenio. La discografía de AIN SOPH se amplió con publicaciones de varios bootlegs en vivo pero es recién con el arribo de “Seven Colours” que llegamos a tener auténticas nuevas noticias desde sus cuarteles de creación musical. Adelantamos que se trata de un estupendo trabajo que muestra ingenio melódico y frescura, aunque sin igualar del todo la grandeza paradigmática de sus primeros álbumes: como sea, es muy agradable advertir que este colectivo formado a inicios de los 70s con el nombre de TECHNI-SOZO con tres de sus cuatro integrantes históricos ha vuelto a ser una realidad presente en el universo progresivo. Bueno, veamos ahora los detalles de este repertorio.



Ocupando los primeros 9 ½ minutos del álbum. ‘Felix’s Strange Bag – The Sower Of Ther Systems’ pone sobre el tapete esa dinámica híbrida de frescura estilizada y cristalina claridad melódica que el grupo siempre subo exhibir en los momentos más paradigmáticos de su trayectoria. Ostentando un colorido vivaz al modo de un Canterbury (HATFIELD AND THE NORTH, GILGAMESH, CARAVAN) hibridizado con sinfonismo medianamente fastuoso (a lo CAMEL), añadiéndose refinados recursos jazz-rockeros al asunto. El desarrollo temático transita con toda naturalidad a lo largo de todos los motivos que van resurgiendo hasta que poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto, todo deriva hacia una dimensión más reposada a partir de un renacentista interludio de guitarra acústica. Así las cosas, la ambientación se pone a tono con el modelo de FOCUS mientras preserva esa calidez alevosamente ingenua que se siente tan típica de muchas provincias musicales del Canterbury. ‘Moral Hazard’, la segunda pieza del álbum, explora un ahondamiento en la prestancia lírica esencial del grupo, siendo así que el sintetizador que emula la flauta ocupa un rol totalmente protagónico en la guía y la elaboración del cuerpo melódico. El compás en 6/8 es manejado con una oportuna expansión de grooves sofisticados, pero siempre poniendo al virtuosismo de los integrantes de la dupla rítmica al servicio del realce de la magia musical en curso. Para una segunda instancia, cuando se cambia de motivo y de compás (4/4), la guitarra y los teclados alternan los pasajes de elegante lucimiento mientras la calidez predominante adquiere un matiz un poco más sobrio. La presencia invitada de Tomiie Taiki al canto sirve para reforzar la fineza extrema de algunos fraseos de la guitarra. De forma inesperada, todo se detiene para una breve coda de órgano de estilo barroco: nos toma de sorpresa pero tiene sentido como recursos humorístico (que no burlón). La miniatura ‘Seven Up (Intro)’ y el cuerpo central ‘Seven Up (Main)’ completan casi un total de 9 ¼ minutos. La miniatura consiste en un acomodamiento paulatino de la guitarra para armar un pasaje relajante, algo que va a contrapelo del grisáceo cuerpo central en torno al cual gira el tema principal. Operando sobre un semi-lento compás de 7 /8, el esquema de sonoro se basa en un intermedio entre los CAMEL de los dos primeros álbumes y el estándar del jazz-rock de los 90s (a lo NIACIN): hay, sin duda, un mayor nervio roquero en el bloque sonoro, especialmente en lo que concierne a la guitarra. Dicho sea de paso, ésta tiene aquí uno de sus pasajes más lucidos. 

Otra vez nos topamos con una coda sorprendente: el epílogo titulado a secas ‘Seven Up’ cierra el esquema desarrollado en ‘Seven Up (Main)’ con un solitario piano cuyas vibraciones románticas establecen una pauta de atmósferas crepusculares; a su vez, ello marca el camino para los pasajes iniciales de piano eléctrico con los que comienza ‘Cat & Queen’. Este tema vuelve a los ambientes cálidos y un tanto ingenuos (desde el punto de vista de una alegría sobria y despreocupada) que signaron a la primera mitad del tema #1 y a la mayor parte del tema #2. Incluso se hacen sentir algunos aires rocanroleros en unas secciones del primer solo de órgano mientras el motif vigente va reforzando su perpetuo gancho. A mitad de camino, el piano traza unos retazos expresionistas desde los que se quiere enlazar la espiritualidad cordial de la primera sección y las vibraciones melancólicas y contemplativas que se avecinan para la segunda mitad. Afianzada ésta, la guitarra sale al frente para focalizar la nueva atmósfera en una musculatura mesurada que, a la vez, explote cabalmente las alusiones melódicas brotadas desde el trasfondo de teclados y se haga eco de la necesidad de expresar una pasión misteriosa. ‘Cat & Queen’ y ‘The Swan Lake, Pt. 2’ son los dos ítems más extensos del álbum – ambos se prolongan por más de 10 ½ minutos – y es con su ilación que se completa el repertorio de “Seven Colours”. Ambas piezas también tienen en común su enfático interés en ahondar en las influencias recibidas de los tres primeros discos de CARAVAN y los dos primeros de CAMEL. El título del último de estos temas nos remite a la pieza que abría el segundo álbum de la banda “Hat And Field” (del año 1986), y ya se hace notar su parentesco temático tanto en algunas secciones de su motif central (finamente desarrollado por la dupla de guitarra y teclado) como en el asentamiento de su swing principal en 6/8. En todo caso, hay aquí un enfoque distinto que se centra principalmente en el tipo de protagonismo que asume el órgano a la hora de colorear el enfoque temático. También hay que mencionar el modo en que la línea de trabajo se siente más melancólica que en esa otra pieza de 1986; al igual que con el tema precedente, se inserta un interludio lento y sereno, aunque aquí cabe acotar que tras finalizar dicho interludio, la guitarra pasa a primer plano para guiar una remodelación más enérgica del motif inicial.

“Seven Colours” es un estupendo testimonio de cómo la voz de AIN SOPH puede volver a sonar tan fuerte como en sus viejos tiempos dentro de la provincia jazz-progresiva. No nos ha decepcionado para nada este regreso de los Sres. Yamamoto, Fujikawa, Torigaki y Tomiie al fuero de la música más ambiciosa y exquisita dentro del variopinto escenario progresivo de ayer y hoy. Esta resurrección está trazada por hermosos colores hechos sonido.